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Argentina: Dos enfoques sobre la cultura kirchnerista

Argentina: Dos enfoques sobre la cultura kirchnerista – por Nicolás Márquez

“No vamos a pagar la deuda a costa del hambre del pueblo” (Néstor Kirchner, mayo 2003); “Hemos depositado los fondos en la Reserva Federal de los Estados Unidos” (Néstor Kirchner, en la Conferencia Cumbre de las Américas en Monterrey, enero 2004); “Hoy podemos decir que le pagaremos al FMI toda la deuda antes de que termine el año” (Néstor Kirchner, octubre 2005); “El dinero estaba guardado en un placard. No tengo caja fuerte, por eso lo dejé ahí” (Felisa Miceli, Julio 2007); “El tren bala funcionará en tres años y no es sólo una obra pública con altísima tecnología, sino que estamos dando un salto importante hacia una Argentina distinta” (Cristina Kirchner, enero del 2008); “Eskenazi es un patriota y además es inteligente” (Cristina Kirchner, octubre 2008); “Como en las peores etapas del 55 y del 76 salen como comandos civiles y grupos de tareas, para agredir a los que no piensan como ellos, en forma vergonzosa” (Néstor Kirchner, en alusión a los a los campesinos durante la crisis por las retenciones de la resolución 125, julio 2008); “La inseguridad es una sensación” (Aníbal Fernández, febrero 2009); “Antonini Wilson jamás estuvo en la Casa Rosada” (Aníbal Fernández septiembre del 2009); “Néstor Kirchner no se enriqueció ilícitamente” (Juez Norberto Oyarbide, 20 diciembre 2009); “La carne de cerdo mejora la actividad sexual; mejor que el Viagra” (Cristina Kirchner, enero 2010); “No hay inflación sino un reacomodamiento de precios” (Amado Boudou, febrero 2010); “No sé ni lo que es un troquel de medicamentos” (Hugo Moyano, noviembre 2010); “La inflación es algo que sólo afecta a la clase media y la clase media alta” (Amado Boudou, noviembre 2010); “La Argentina es uno de los países más seguros de la región” (Héctor Timermann, marzo 2011); “En nuestra gestión hicimos 800 mil viviendas, el Estado recuperó ese rol indelegable” (Cristina Kirchner, junio 2011); “No le robé un mango a nadie con la construcción de viviendas” (Sergio Shocklender, septiembre 2011); “Los hijos de la señora de Noble provenían de la apropiación de los nietos nuestros” (Estela Carlotto, julio 2011); “La inflación del 2011 fue del 9,5 (informe anual del INDEC); “Emitir billetes no genera inflación” (Mercedes Marcó del Pont marzo, 2012); “No conozco a Vanderbruole” (Amado Boudou, abril 2012)

Este brevísimo e incompleto cúmulo de célebres pensamientos y aforismos textualmente transcriptos de los mas altos referentes de la cultura kirchnerista merece dos interpretaciones posibles acerca de la naturaleza de este singular movimiento político y gubernamental.

Una es la que ofrece Página 12 y los medios oficiales, la cual nos dice que  el kirchnerismo es una corriente de pensadores y dirigentes comprometidos tenazmente con una causa filosófica y política que, la cual más allá de eventuales imperfecciones, defiende con honestidad intelectual, coherencia y perseverancia una redentora causa nacional y popular.

Un enfoque alternativo podría decirnos que en rigor de verdad, el kirchnerismo no es más que una verdadera pandilla de protervos. Es decir, una ominosa recua integrada mayormente por caraduras y saqueadores que se enriquecen a cuatro manos lucrando con el Estado en el marco de negociados espurios y que encima nos toman por idiotas al mentirnos sin sutileza alguna con llamativa desvergüenza.

¿A Usted cual de ambos enfoque le resulta más convincente?.

Fuente: La Prensa Popular (Argentina)

Escuche la edicion de esta semana de “Contracorriente”, el programa de Radio de Nicolas Marquez y la Prensa Popular en Radio Nova Internacional aqui:

 

Avanza proyecto de ley sobre nacionalización de YPF

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Crece la incertidumbre sobre el verdadero estado de salud de Hugo Chávez

AP: Crece la incertidumbre sobre el verdadero estado de salud de Hugo Chávez

Foto: REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

(Caracas -AP) – Las dudas sobre la capacidad del presidente Hugo Chávez de continuar en funciones, y en particular sobre su verdadero estado de salud, siguen creciendo entre los venezolanos, sorprendidos repetidamente por anuncios que ponen en entredicho su declarada recuperación.

En la víspera, el mandatario venezolano había expresado que aún no decidía si asistir o no a la Cumbre de las Américas en Cartagena este fin de semana debido a razones médicas. Su ausencia fue confirmada el sábado por el canciller Nicolás Maduro desde esa ciudad del Caribe colombiano.

De ese modo, una vez más, Chávez se ve obligado a salir de la escena nacional e internacional para abocarse a su lucha contra el cáncer, que lo ha mantenido alejado del país numerosos días en La Habana, donde decidió recibir atención médica desde que en junio pasado se le detectó esa enfermedad.

La recidiva del tumor maligno en febrero ha generado una oleada de versiones sobre la salud de Chávez en medios de comunicación y es frecuente tema de discusión entre los venezolanos en la calle.

José Vicente Carrasquero, profesor de ciencia política de la Universidad Simón Bolívar, comentó que es evidente que “su condición física no le esta permitiendo hacer las cosas que hacia antes”.

“Es evidente que en Venezuela hay un problema ahorita de gobernabilidad, que se expresa en un presidente ausente”, destacó.

Chávez, quien durante sus casi 14 años de mandato se convirtió en una de las voces más estridentes e ineludibles de América Latina, también ha visto limitada su presencia a nivel internacional.

“Yo creo que eso es evidente porque si algo ha procurado el presidente es proyectar su imagen internacional”, indicó Carrasquero. “Yo creo que ya se esta empezando a activar un mecanismo según el cual el presidente en cualquier momento va a aceptar que el no va a estar en una posibilidad de enfrentar la campaña presidencial (de octubre)”, afirmó.

“Chávez no está en posibilidad de mantenerse responsablemente en el poder”, dijo José Vicente Carrasquero.

“Chávez no está en posibilidad de mantenerse responsablemente en el poder, donde responsablemente significa… ‘tengo control de las cosas que están pasando, tengo control de la situación, puedo resolver problemas’. Eso no esta pasando en Venezuela”, agregó.

Durante su convalecencia, el mandatario venezolano se ha esforzado en mostrar que está frente del gobierno y sólo en ocasiones ha delegado algunas funciones administrativas a sus más cercanos colaboradores.

Chávez dijo el viernes “me voy a La Habana a un nuevo ciclo de tratamiento” y anunció que allí permanecerá al menos dos semanas.

En las pasadas tres semanas, le aplicaron en La Habana los tres primeros ciclos de radioterapia, cada uno de ellos de cinco sesiones como parte del tratamiento que está siguiendo luego de que en febrero le detectaron un segundo tumor canceroso en la región pélvica.

“Como vamos a entrar a la segunda y última etapa del tratamiento, estoy pensando pedir permiso (a la Asamblea Nacional) para no regresar a mitad de semana, sino quedarme en Cuba… para no estar yendo y viniendo”, señaló el líder izquierdista.

Zambrano: se dio el permiso para el viaje porque es un problema humanitario

El legislador opositor Edgar Zambrano adelantó que el nuevo y largo viaje del mandatario a La Habana sería aprobado – como lo exige la ley cuando el jefe de estado se ausenta más de cinco días- “porque se trata de un problema humanitario”, sumando sus votos a los del oficialismo.

Sobre las versiones en torno a una complicación, Zambrano comentó que los venezolanos “sabemos lo que por cuenta gota llega a través de los medios de comunicación y a través de otros factores. Conocer a plenitud cual es la magnitud de la enfermedad del presidente no ha sido posible todavía a nadie”.

Chávez, quien aspira a la reelección para otro mandato de seis años en octubre y que ha declarado profusamente sobre su estado de salud, nunca ha precisado el tipo de cáncer que padece, dónde fue localizado ni cuáles son los pronósticos médicos.

“Lo lógico sería que se conociera ampliamente cual es el estado de salud del primer mandatario”, dijo Edgar Zambrano.

“Lo lógico sería que se conociera ampliamente cual es el estado de salud del primer mandatario. Es lo que sucede con cualquier primer mandatario o jefe de estado en otros países del mundo”, indicó Zambrano.

Los rumores sobre supuestas complicaciones se acrecentaron el pasado Jueves Santo, al día siguiente de regresar de Cuba de la anterior fase de tratamiento con radiación. El mandatario asistió a una misa de acción de gracias por su salud en la que participaron sus más cercanos familiares, entre otras personalidades, en la que imploró a Dios por su vida y donde admitió que estuvo a punto de romper a llorar.

Un conmovido Chávez, al culminar la misa en su estado natal de Barinas, expresó “dame vida aunque sea vida flameante, vida dolorosa, no me importa, dame tu corona Cristo, dámela, que yo sangro”.

“Dame tu cruz, 100 cruces, que yo la llevo, pero dame vida porque todavía me quedan cosas por hacer por este pueblo”, añadió.

El gobernante afirmó el viernes en un acto multitudinario en el palacio de gobierno, que tras la operación de febrero pasado, “sigo recuperándome… recibiendo el tratamiento de radioterapia en su tercer ciclo, tratamiento que tiene algún impacto en el organismo, son radiaciones que tienen impacto en la fortaleza física; pero vamos bien y con el favor de Diosito Santo y la Virgen… vamos adelante”, acotó.

No convence a sus seguidores ni criticos

“Quiero creerle, pero el presidente ya ha dicho que esta bien y luego que no, espero que regrese sano y salvo, lo necesitamos”, se lamento Ricardo Peña, un vendedor ambulante de 45 años.

En ese tenor, Cristina Flores, una comerciante de 47 años, expresó que a Chávez “no se le puede creer”.

“Insulta, grita como siempre, pero siempre de lejos, en televisión; yo creo que Chávez no quería que de cerca lo vieran débil, enfermo”, conjeturó Flores, quien afirma “nunca he votado por él”.

En octubre, Chávez había anunciado públicamente que ya no tenía células cancerosas en su cuerpo. Luego sorprendió al reconocer que sufrió una recaída.

Chávez, de 57 años, fue intervenido el 26 de febrero de 2012 en La Habana para extirparle una lesión cancerosa de dos centímetros que apareció en el mismo lugar donde hace casi 10 meses le operaron un tumor del tamaño de una pelota de béisbol.

En junio, Chávez se sometió a dos intervenciones en Cuba para atenderse un absceso pélvico y un tumor canceroso. Entre julio y septiembre le aplicaron cuatro fases de quimioterapia en La Habana y Caracas.

“La decisión de Chávez de no asistir a la cumbre de Cartagena sólo alimenta las especulaciones”

Michael Shifter, presidente del centro de investigación Diálogo Inter-Americano, en Washington, opinó que “la decisión de Chávez de no asistir a la cumbre de Cartagena sólo alimenta las especulaciones de que está gravemente enfermo”.

Le convenía políticamente asistir. Los colombianos querían que fuera allí, al igual que los demás. Durante más de una docena de años ha sido el centro de la atención en estas reuniones hemisféricas. Su cáncer, junto con los problemas políticos en el país, limita su papel regional y global”, enfatizó.

Sobre la servidumbre voluntaria

Sobre la servidumbre voluntaria

No veo un bien en la soberanía de muchos;
uno solo sea amo, un solo sea rey.

Así hablaba en público Ulises[1], según Homero. Si hubiera dicho simplemente: “No veo bien alguno en tener a varios amos”, habría sido mucho mejor. Por lógica, debería haber dicho que la dominación de muchos no puede ser buena y que la de uno solo, en cuanto asume su naturaleza de amo, ya suele ser dura e indignante.

Añadió todo lo contrario: “Uno solo sea amo, uno solo sea rey”.No obstante, debemos perdonar a Ulises quien, entonces, se vio obligado a utilizar este lenguaje para aplacar la sublevación del ejercito, adaptando, según creo, su discurso a las circunstancias más que a la verdad. Pero, en conciencia, ¿acaso no es una desgracia extrema la de estar sometido a un amo del que jamás podrá asegurarse que es bueno porque dispone del poder de ser malo cuando quiere?

Y, obedeciendo a varios amos, ¿no es tantas veces más desgraciado? No quiero, de momento, debatir tan trillada cuestión: a saber, si las otras formas de república son preferible a la monarquía[2]. De debatirlas, antes de saber que ligar debe ocupar la monarquía entre las distintas maneras de gobernar la cosa pública, habría que saber si hay incluso que concederle un lugar, ya que resulta difícil creer que haya algo público en su gobierno en el que todo es de uno. Sin embargo, la cuestión puede dejarse para otro momento y realmente requeriría el tratamiento separado que implica por su misma naturaleza todo tipo de discusión política.

De momento, quisiera tan sólo entender cómo pueden tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soportar a veces un solo tirano, que no dispone de más poder que el que se le otorga, que no tienen más poder para causar perjuicios que el que se quiera soportar y que no podría hacer daño alguno de no ser que se prefiera sufrir a contradecirlo. Es realmente sorprendente.

Sin embargo es tan corriente que deberíamos más bien deplorarlo que sorprendernos ante el espectáculo de ver cómo un millón de hombres son miserablemente sometidos y sojuzgados, la cabeza gacha, a un deplorable yugo, no porque se vean obligados por una fuerza mayor, sino, por el contrario, porque están fascinados y, por decirlo así, embrujados por el nombre de uno, al que no debería ni temer (puesto que está solo), ni apreciar (puesto que se muestra para con ellos inhumano y salvaje).

¡Grande es, no obstante, la debilidad de los hombres! Obligados a obedecer y a contemporizar, divididos y humillados, no siempre pueden ser los más fuertes. Así pues, si una nación, encadenada por la fuerza de las armas, se somete al poder de uno solo (como cuando la ciudad de Atenas sirvió a los treinta tiranos[3]), no deberíamos extrañarnos de que sirva, debemos tan solo lamentar su servidumbre; mejor dicho, no deberíamos no extrañarnos ni lamentarnos, sino más bien llevar el mal con resignación y reservarnos para un futuro mejor. Nuestra naturaleza es tal que los deberes cotidianos de la amistad absorben buena parte de nuestras vidas.

Es natural amar la virtud, estimar las buenas acciones, agradecer el bien recibido e incluso, con frecuencia, reducir nuestro bienestar para mejorar el de aquéllos a quienes amamos y que merecen ser amados. Así pues, si los habitantes de un país encuentran entre ellos a uno de esos pocos hombres capaces de darles reiteradas pruebas de su predisposición a inspirarles seguridad, gran valentía en defenderlos y gran prudencia en guiarlos; si se acostumbran paulatinamente a obedecerle y a confiar tanto en él como para concederle cierta supremacía, creo que sería preferible devolverle al lugar donde hacía el bien que colocarlo allí donde es muy probable que haga el mal. Empero, es al parecer muy normal y muy razonable mostrarse buenos con aquel que tanto bien nos ha hecho y no temer que el mal nos venga precisamente de él.

Pero, ¡oh, Dios mío!, ¿qué ocurre? ¿Cómo llamar ese vicio, ese vicio tan horrible? ¿Acaso no es vergonzoso ver a tantas y tantas personas, no tan sólo obedecer sino arrastrarse? ¿No ser gobernados, sino tiranizados? Sin bienes, ni parientes, ni mujeres, ni hijos, ni vida propia.

Soportar saqueos, asaltos y crueldades, no de un ejército, no de una horda descontrolada de bárbaros contra la que cada uno podría defender su vida a costa de su sangre, sino únicamente de uno solo. No de un Hércules o de un Sansón, sino de un único hombrecillo, las más de las veces el más cobarde y afeminado de la nación, que ni siquiera husmeado una sola vez la pólvora de los campos de batalla, sino a pensar la arena de los torneos, y que es incapaz no solo de mandar a los hombres, sino también de satisfacer a la más miserable mujerzuela.

¿Llamaremos eso cobardía? ¿Diremos que los que se someten a semejante yugo son viles y cobardes? Si dos, tres y hasta cuatro hombres ceden ante uno, nos parece extraño, pero es posible. En este caso, y con razón, podríamos decir que les falta valor. Pero si centenares, miles de hombres se dejan someter por uno solo, ¿seguiremos diciendo que se trata de falta de valor, que no se atreven a atacarlo, o mas bien que, por desprecio o desdén, no quieren ofrecerle resistencia?

En fin, si viéramos, ya no a cien ni a mil hombres, sino a cien países, mil ciudades, un millón de hombres negarse a atacar, a aniquilar al que, sin reparos, los trata a todos como a siervos y esclavos, ¿cómo llamaríamos a eso? ¿Cobardía? Es sabido que hay un límite para todos los vicios que no se pueden traspasar. Dos hombres, y quizás diez, pueden temer a uno. ¡Pero que mil, un millón, mil ciudades no se defiendan de uno, no es ni siquiera cobardía! Asimismo, el valor no exige que un solo hombre tome de asalto una fortaleza, o se enfrente a un ejército, o conquiste un reino. Así pues, ¿qué es ese monstruoso vicio que no merece siquiera el nombre de cobardía, que carece de toda expresión hablada o escrita, del que reniega la naturaleza y que la lengua se niega a nombrar?

Que se pongan a un lado y a otro a mil hombres armados, que se les prepare para atacar, que entren en combate, unos luchando por su libertad, los otros para quitársela: ¿de quienes creéis que será la victoria? ¿Cuáles se lanzarán con más gallardía al campo de batalla: los que esperan como recompensa el mantenimiento de su libertad, o los que no pueden esperar otro premio a los golpes que asestan o reciben que la servidumbre del adversario?

Unos llevan siempre como bandera la felicidad similar en el porvenir; no piensan tanto en las penalidades y en los sufrimientos momentáneos de la batalla como en todo aquello que, si fueran vencidos, deberían soportar para siempre, ellos, sus hijos y toda la posteridad. Los otros, en cambio, no tienen mayor incentivo que la codicia, que, con frecuencia, se mitiga ante el peligro y cuyo ficticio ardor se desvanece con la primera herida.

En batallas tan famosas como las de Milcíades[4], Leónidas[5] y Temístocles[6] que tuvieron lugar hace dos mil años y que están tan frescas en la memoria de los libros y de los hombres como si acabaran de celebrarse, ¿qué dio -para mayor gloria de Grecia y ejemplo del mundo entero- a tan reducido número de griegos, no el poder, sino el valor de contener aquellas formidables flotas que el mar apenas podía sostener, de luchar y vencer a tantas naciones, cuyos capitanes enemigos todos los soldados griegos juntos no habrían podido rivalizar en número? En aquellas gloriosas jornadas, no se trataba tanto de una batalla entre griegos y persas como de la victoria de la libertad sobre la dominación, de la generosidad sobre la codicia.

Son, en verdad, extraordinarios los relatos que se refieren a la valentía que la libertad pone en el corazón de quienes la defienden. Sin embargo, en todos los lugares y todos los días ocurre que un solo hombre oprime a cien mil y les priva de su libertad. ¿Quién podría creerlo si se lo contasen pero no lo viese con sus propios ojos? Si esto sólo ocurriese en países extraños y tierras lejanas, ¿quién no creería que tal relato era pura invención?

No obstante, a tal tirano único no es preciso combatirle ni abatirle. Se descompondría por sí mismo, a condición de que el país no consienta en servirle. No se trata de quitarle nada, sino de no darle nada. No sería necesario que el país haga nada por sí mismo, a condición de no hacer nada en su propia contra. Son pues los pueblos los que se dejan, o, mejor dicho, se hacen maltratar, ya que para librarse de ello bastaría con que dejasen de servir.

Es el pueblo quien se esclaviza y se degüella a sí mismo; quien, pudiendo escoger entre estar sometido o ser libre, rechaza la libertad  y admite el yugo; quien consiente su propio mal, o, más bien, lo busca. Si recobrar su libertad le costase algo, yo no le urgiría a ello. Aunque lo primero que debiera tener en su corazón es recuperar sus derechos naturales y, por así decirlo, dejar de ser bestia para volver a ser hombre, no espero de él tanta audacia. Admito que prefiera la seguridad de vivir miserablemente que una dudosa esperanza de vivir a su manera.

Ahora bien, si para tener libertad basta con desearla y con un simple quererla, ¿habrá una nación en el mundo que crea que la paga demasiado cara si la adquiere con un simple deseo? ¿Quién lamentaría tener la voluntad de recobrar un bien que se debería rescatar incluso pagando sangre por ello, un bien cuya pérdida hace que para todo hombre de honor la vida sea amarga y la muerte un beneficio?

Es cierto que, al igual que el fuego de una pequeña chispa crece y se refuerza, haciéndose más devorador cuanta más madera encuentra para quemar, pero al final se consume y termina extinguiéndose por sí mismo en cuanto deja de ser alimentado, también los tiranos cuanto más roban, más exigen, y cuanto más arruinan y destruyen, más obtienen y más servidumbre obtienen. Se hacen tanto más fuertes, tanto más descarados y dispuestos a asolar y destruir todo. Pero si no se les da nada, si no se les obedece, aunque no se les combata ni golpee, quedan desnudos y derrotados. Ya nada son, como la rama se seca y muere cuando su raíz queda sin jugo y alimento.

Para adquirir el bien al que aspira, el hombre audaz no teme ningún peligro y el hombre prudente no se desanima ante ninguna fatiga. Los cobardes y aletargados son los únicos que no saben ni aguantar el mal ni recobrar el bien que ellos se limitan a codiciar. La energía para pretender tal bien les es arrebatada por su propia cobardía y sólo les queda el deseo natural de poseerle. Este deseo, esa voluntad común a los sabios y a los imprudentes, a los valerosos y a los cobardes, les hace desear toda las cosas cuya posesión les haría más felices y contentos.

Sólo hay una cosa para la que los hombres, ignoro el motivo, no tienen la fuerza necesaria para desearla: ¡la libertad, bien tan grande y dulce! Una vez perdida la libertad, todos los males llegan uno tras otro, y sin ella todos los demás bienes, corrompidos por la servidumbre, pierden todo su gusto y sabor. Parece que los hombres sólo desdeñan la libertad porque, si la deseasen, la tendrían; da la impresión de que rehúsan alcanzar tan preciosa adquisición por ser demasiado fácil de conseguir.

¡Pobres gentes miserables, pueblos insensatos, naciones que os acomodáis a vuestro mal y os cegáis ante vuestro bien! Os dejáis arrebatar ante vuestros ojos lo más bello y luminoso de vuestras rentas, dejáis que saqueen vuestros campos y que roben y despojen vuestras casas de los viejos muebles legados por vuestros antepasados. Tal y cómo vivís, ya no tenéis nada vuestro. Parece que seríais felices si sólo quedase a vuestra disposición la mitad de vuestros bienes, de vuestras familias, de vuestras vidas.

Y tales estragos, tales desgracias y tal ruina no os llegan de mano de los enemigos, sino de un enemigo, de aquél al que vosotros habéis convertido en lo que es, aquél para el que marcháis valerosamente hacia la guerra y por cuya grandeza no rechazáis echaros en brazos de la muerte. Y, sin embargo, ese amo sólo tiene dos ojos, dos manos, un cuerpo, nada que no tenga el último de los habitantes de nuestras ciudades. Él sólo tiene de más aquello que vosotros le dais para que os destruya.

¿De dónde saca todos esos ojos que os espían, sino de vosotros mismos? ¿Cómo tendría todas esas manos que os golpean, sino os las tomase en préstamo? Los pies con que pisotea vuestras ciudades, ¿no son vuestros? ¿Qué poder tiene sobre vosotros, salvo a vosotros mismos? ¿Cómo se atrevería a agrediros si no fuese porque lo hace de acuerdo con vosotros? ¿Qué mal podría haceros si no fueseis los encubridores del ladrón que os roba, los cómplices del asesino que os mata, los traidores de vosotros mismos?

Sembráis vuestros campos para que él los devaste, amuebláis y acondicionáis vuestra casa para proveer su pillaje, educáis a vuestras hijas para entregarlas a su lujuria, alimentáis a vuestros hijos para que, en el mejor de los casos, les convierta en soldados, para que los lleve a la guerra y a la masacre, para que los haga ministros de sus codicias y ejecutores de sus venganzas. Os acostumbráis a la pena para que él pueda regalarse todas sus delicias y repantigarse en sus sucios placeres. Os debilitáis para que él sea más fuerte y pueda teneros agarrados por la brida con mayor rudeza. Tantas y tantas indignidades que las propias bestias se negarían a soportar si las sintiesen, y de las que podríais liberaros si intentaseis, no ya lograr vuestra liberación, sino solamente quererla.

Tomad la resolución de no servir más y seréis libres. No os pido que le empujéis y le hagáis tambalear, sino sólo que no le sostengáis. Entonces veríais como un gran coloso, al que se le ha roto su base, se derrumba por su propio peso y se destruye.

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Fidel Castro aplaude “las valientes palabras” de Maduro sobre la “Cumbre de las guayaberas”

Foto: EFE/Estudios Revolución / Archivo

(LA HABANA, 14 Abr 2012 AFP) – El líder cubano Fidel Castro, cuyo país está excluido de la Cumbre de las Américas, afirmó que esa reunión “pasará a la historia”, pues a juzgar por los “valientes” discursos de los cancilleres, se logrará un consenso frente a Washington.

“Escuché valientes palabras pronunciadas por varios de los oradores que intervinieron en la reunión de cancilleres de la llamada Cumbre de Cartagena“, dijo Castro en un artículo publicado este sábado en la prensa local, en el que resaltó las palabras del canciller venezolano Nicolás Maduro: “del Consenso de Washington se pasó al Consenso sin Washington”.

“El tema de los derechos soberanos de Argentina sobre las Malvinas -cuya economía es brutalmente golpeada al privarla de los valiosos recursos energéticos y marítimos de esas islas- fue abordado con firmeza”, dijo Castro en su artículo “La Cumbre de las Guayaberas”.

Castro, quien permaneció 48 años en el poder hasta que se alejó en 2006 por una grave crisis de salud, opinó que “no es posible pasar por alto el grotesco papel” de la Organización de Estados Americanos (OEA), institución de la que Cuba fue expulsada en 1962.

Aseguró que tal vez “cientos de miles de personas” fueron “secuestradas, torturadas y desaparecida” en Guatemala, durante el golpe de Estado contra Jacobo Arbenz en 1954 y que países de Centroamérica y del Caribe” fueron víctima de la furia intervencionista de Estados Unidos a través de la OEA”.

También mencionó los gobiernos militares en América del Sur en la década de los 70 y el organizado contra Hugo Chávez en Venezuela, hace 10 años.

En otro artículo, publicado en lunes, Castro se mofó de las guayaberas (camisa originaria de Cuba) que usará el presidente de Estados Unidos, Barack Obama en la reunión.

Recordó que esas camisas son originarias de las márgenes del rio Yayabo
, en el centro de la isla, por lo que su nombre original fue “yayaberas”.

Retomando la ironía, Castro concluye su artículo de esta jornada afirmando “ahora tenemos la Cumbre de las guayaberas. El río Yayabo y su nombre indio, totalmente reivindicado, pasarán a la historia”

Colombia: ¿Diagnósticos errados sobre las Farc?

Colombia: ¿Diagnósticos errados sobre las Farc? – por Eduardo Mackenzie

Cuidémonos de darle peso excesivo a ciertos diagnósticos sobre el estado de las Farc.  La frase “las Farc están debilitadas y reducidas”, o su variante “las Farc no están derrotadas, pero sí debilitadas”, alcanza hoy el rango de categoría política intocable.  Y todo el mundo  debe estar tranquilo tras oír eso. Con esa expresión comienza y culmina el análisis de ciertos especialistas y hasta de los voceros del gobierno y de algunos jefes militares. Tal diagnóstico cobra fuerza, sobre todo, después de cada golpe contra ellas, como los ocurridos en Arauca y Meta, en marzo pasado, donde hubo casi 70 guerrilleros abatidos, y tras la puesta en libertad,  sin contraprestación evidente, de los últimos 10 uniformados que tenía ese movimiento armado.

Sin embargo, un éxito militar de hoy contra la guerrilla puede ocultar una derrota política futura del Estado.

El análisis sobre la seguridad nacional no debe partir de la situación física y psicológica de la guerrilla. Debe comenzar, por el contrario, con un diagnóstico lo más exacto posible sobre la capacidad  de lucha, militar, intelectual y política, del Estado que hace frente a ese difícil adversario.  Lo fundamental es saber cómo está el Gobierno, el Ejército, la Justicia y, sobre todo, si hay unidad entre éstos y la sociedad civil en la lucha contra el proyecto y las acciones del terrorismo. Ese es, quizás, el buen enfoque.

¿Cuál es el análisis que hace el Gobierno en estos días? Que todo va muy bien.

Sin embargo, eso podría ser sólo un espejismo. ¿De qué sirve saber que las Farc  “están debilitadas y reducidas” si lo que sigue, tras esa constatación, es que el Gobierno estima que es necesario negociar con ellas?  ¿De qué sirve saber que la guerrilla está “aislada” si  los medios envían a la población un mensaje peor aún: que hay que ceder pues la victoria militar contra ella “no es posible”?

Si el Gobierno se muestra confuso y vacilante sobre lo que debe hacer en el terreno político luego de propinarle golpes al terrorismo, dando a entender que podría dialogar si ellos dejan de secuestrar, o de reclutar niños (como si ese viraje fuera posible),  y si precisa que podría negociar (“personalmente”, es decir en secreto y a espaldas de todo el mundo), el panorama del fin de conflicto no es claro.

Sobre todo si el Gobierno, tras verificar que la guerrilla está menguada, hace lo indispensable para cambiar la Constitución para que, mediante la llamada “justicia transicional”,  los jefes terroristas, en últimas,  tras  la supuesta “negociación”, no sean castigados sino premiados, y para que  las víctimas de éstos no sean reconocidas sino ignoradas.  ¿Qué habremos ganado si los que buscan encarcelar a los militares y a otros servidores de la Patria, en lugar de protegerlos y honrarlos,  son los nuevos orientadores del Gobierno?

La cosa, entonces, va mal, a pesar de los aparentes descalabros del terrorismo.

En otras palabras, si  la actividad militar, aún la más exitosa y heroica,  no va acompañada de una postura política firme, a corto, mediano y largo plazo, de desmantelamiento militar y político efectivo del terrorismo, no sólo de su  capacidad ofensiva, sino de su “filosofía” social, el país va en la dirección errada: avanza, es cierto, pero hacia la derrota, no hacia el triunfo de la libertad sobre la violencia.

El combate que hace la guerrilla contra el Estado democrático no es una guerra ordinaria, es una guerra total y sobre todo política. Esta consiste en algo muy simple: la guerrilla mata, destruye, corrompe y hasta pierde en el terreno militar, pero gana, al final, en el terreno político, gracias a la llamada “salida negociada”.

La guerrilla es algo muy particular. Tiene un doble carácter  que se mantiene oculto: ella siempre es débil y siempre es fuerte. Es débil ante a un Estado democrático, único actor legítimo, y es fuerte pues dispone de aliados extranjeros y porque logra convencer a su adversario de que su legitimidad es dudosa. Éste debe, en consecuencia, rendirse políticamente, incluso tras años de violentos combates.

La guerrilla es fuerte porque su debilidad militar no es el factor central. Es fuerte pues pretende tener un punto de vista político y moral “superior”. ¿Por qué? Porque el Estado que reprime la violencia comunista, dice, no es democrático sino “fascista”.  Convencer a su adversario de esa impostura es el arma más letal y más secreta de todas las direcciones comunistas que en el mundo han sido.

El Estado que no se protege contra esa labor insidiosa, política y psicológica a la vez, termina vencido.

Por eso no existe guerrilla comunista sin aparatos de propaganda, sin agentes de influencia, sin infiltraciones calculadas y a largo plazo, y sin agitadores que mienten y aparentan no compartir aquellos objetivos ni aquellos métodos.

En esas condiciones, cuando una guerrilla gana (fenómeno muy raro en la historia) no es por sus acciones armadas, sino por el empuje de su falsa dialéctica dentro de la sociedad abierta.

La lucha ideológica, política, intelectual y filosófica contra la subversión armada comunista es, pues, un factor decisivo. La sola acción militar no basta para derrotarla. Es lo que creía Chan Kai-chek cuando luchaba contra Mao. Es lo que creía Batista cuando combatía a Fidel Castro.

Si por ceguera, cobardía o complicidad, esa lucha ideológica, política e intelectual no la hace el Estado, las libertades no tienen futuro. En esas circunstancias, no le queda más remedio a la sociedad civil que apersonarse de eso. Es lo que está ocurriendo en Colombia. La batalla intelectual, filosófica y cultural en defensa de la democracia está hoy en manos de un puñado de políticos, intelectuales y periodistas abnegados, que deben abrirse paso no sólo contra los aparatos bien financiados de la subversión, enquistados en  puntos claves de la sociedad, sino contra la hostilidad del gobierno, que llegó a acusarlos, por puro atraso, de ser una “mano negra”. La lucha es también contra la misma justicia, que los amenaza con procesos absurdos y que hasta ha pedido la censura para algunos de ellos.

Cuando el combate político del campo democrático da pasos para organizarse y extenderse a nivel del continente, la subversión armada deviene histérica: hace unos días, la prensa chavista de Venezuela saltó como una cabra para estigmatizar al ex presidente Álvaro Uribe y la Fundación Internacionalismo Democrático. Chávez ve en ello una amenaza contra él y contra los supuestos “gobiernos progresistas” de la región. Ellos son más conscientes que otros que la información y el combate ideológico es principalísimo. Veremos algo más de eso, con gesticulaciones ridículas, en la VI Cumbre de las Américas, el 14 y 15 de abril próximo en Cartagena, pues el “movimiento bolivariano”  piensa transformarla en tribuna para agitar sus tesis.

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