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La tragedia de Argentina

La tragedia de Argentina

Por Pierpaolo Barbieri

The Wall Street Journal Americas

La decisión de la presidenta Cristina Kirchner de renacionalizar a YPF, la petrolera argentina controlada por la española Repsol, tomó a muchos por sorpresa. Pero para alguien que creció en Argentina, era predecible. Mi país una vez más se ha convertido en un sinónimo de disparate económico. Lo que me parece realmente increíble es que comentaristas serios como el economista Nouriel Roubini ofrezcan a Argentina como un modelo para Grecia.

Las recientes escenas en las calles de Atenas evocan vívidamente los últimos meses de la convertibilidad a principios de la década de 2000. Según parece, los países en camino al colapso, están condenados a ver a sus políticos discutiendo entre sí al borde del precipicio mientras que desadaptados lanzan cocteles Molotov a edificios públicos.

No obstante, al pedir que Grecia siga los pasos de Argentina, es decir, una cesación de pagos, una devaluación profunda y su salida de la euro zona, los comentaristas están sacando todas las lecciones erróneas de la historia reciente de mi patria.

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Cuando se implementó en 1991, la decisión de Argentina de atar el peso al dólar fue una política económica astuta: terminó con el ciclo de hiperinflación y devaluaciones crónicas que habían obstaculizado el crecimiento por décadas. Argentina finalmente había escapado a los trastornos de la inestabilidad democrática posterior a la dictadura. Las reformas, privatizaciones y la convertibilidad generaron una nueva legitimización del Estado.

Las bajas tasas de interés, ganadas a pulso, llevaron a un frenesí domestico de gasto y préstamos, similar al de Grecia después que se unió a la euro zona. La estabilidad de precios, el crecimiento y una renovada fe en la fortuna económica del país, terminaron por darle paso a un desempleo por las nubes, una expansión de la pobreza y líneas de crédito del Fondo Monetario Internacional.

En 1999, en medio de la recesión, los argentinos eligieron a un político sobrio y poco carismático como presidente. Fernando de la Rúa prometió limpiar el corrupto sector público y no cambiar la política monetaria, manteniendo la popular paridad de “un peso, un dólar” de su predecesor.

Los déficit crónicos y la fuga de capitales empeoraron a medida que se profundizó la recesión. En algo que sólo puede ser descrito como un fallo de liderazgo, los políticos se aferraron a una tasa de cambio sobrevalorada que había recordado al país, por un fugaz momento, su otrora gloria económica. Los recortes de gastos en medio de la recesión fueron insuficientes para restaurar el balance fiscal y el gobierno resultó ser demasiado débil para implementar reformas más difíciles y que impulsaran la productividad, como el reducir la burocracia o mejorar el dinamismo del mercado laboral.

En poco tiempo, los argentinos clamaban por “sacar a todos los políticos”. Para finales de diciembre de 2001, de la Rúa sucumbió a la presión, escapando del palacio presidencial en un helicóptero y dejando un caos institucional detrás de él. El 23 de diciembre, el tercer presidente de Argentina en cuatro días declaró una cesación de pagos unilateral frente al Congreso. Si ve las imágenes de los legisladores aplaudiéndolo, podría pensar que acababa de anunciar la victoria de Argentina en el Mundial. En cambio, fue la mayor cesación de pagos en la historia moderna.

En el poder desde 2003, los gobiernos sucesivos de los Kirchner, liderado primero por el difunto Néstor y ahora por su viuda Cristina, han caracterizado a la cesación de pagos como un acto de heroísmo contra los acreedores ilegítimos y el FMI. “Neoliberal” sigue siendo un insulto fuerte en Buenos Aires. Es en este contexto que algunos economistas, impresionados con el alto crecimiento nominal de Argentina, urgen a Grecia a que siga este ejemplo.

No obstante, en Argentina el crecimiento se ha presentado pese a la cesación de pagos y no a causa de ella. Un auge de commodities dirigido principalmente por la soya, se encuentra en el núcleo del desempeño del país, ayudado por las inversiones estructurales y tecnológicas de la neoliberal década de los 90 y los lazos comerciales con un Brasil al alza.

La devaluación y la cesación de pagos borraron una década de ahorros de la clase media argentina y de sus jubilados, a la vez que premiaron a aquellos con suficientes dólares como para esconderlos en bancos extranjeros. También puso fin a una necesaria reforma estructural, llevando al poder a personas ansiosas de hacer crecer al estado para perpetuar su poder político.

El devaluado peso abarató la mano de obra argentina, pero la productividad cayó aún más. La competitividad duró poco. Los gobiernos Kirchner regresaron a una estrategia desacreditada en los años 80: altas tasas de crecimiento con una inflación aún mayor. Una década después de la cesación de pagos Argentina aún es ignorada por los mercados de crédito. No es capaz de financiar inversiones a largo plazo y necesita devaluaciones periódicas para mantener la “productividad”. Cuando el gobierno tomó prestado dinero del “camarada” de Kirchner, Hugo Chávez, hace algunos años, la alta tasa de interés no reflejó la hermandad socialista

El gobierno ha implementado controles draconianos sobre todas las importaciones. Controles de capital al estilo de los años 70 están de moda, sumados a estrategias arbitrarias de balance comercial. Ahora todas las importaciones requieren aprobación, medicamentos esenciales se han desvanecido de las farmacias, aunque de alguna forma los amigos del gobierno pueden importar lo que deseen.

“El balance comercial específico para cada compañía” conduce a escenarios demenciales como el de los importadores de autos, quienes tienen que comprar vino argentino para exportar, para que así puedan contar con cuotas de importación.

Mientras tanto, el gobierno de Kirchner publica estadísticas oficiales que no presentan una imagen real de la inflación y las batallas de distribución del país. El gobierno primero saqueó (“nacionalizó”) el sistema privado de pensiones y luego se apropió (“recalculó”) las reservas del banco central, poniendo fin abruptamente a la independencia del banco, que de por si era una de las reformas más importantes de los 90.

Escaso de efectivo una vez más y aprehensivo de las importaciones de energía, el gobierno puso su mira en YPF. Los apologistas del gobierno tienen razón al quejarse de que los dueños españoles no cumplieron con sus promesas de inversión, pero se les olvida que el gobierno ha fijado los precios del crudo para que ninguna empresa independiente tenga incentivos para invertir. De nuevo en manos del gobierno, YPF bombeará más favores políticos que petróleo.

La cesación de pagos unilateral también creó un desastre legal que cumple una década y se rehúsa a desaparecer. Jueces en todo el mundo aún consideran casos presentados por acreedores que reclaman activos argentinos en el exterior. En este contexto no es de sorprenderse que las inversiones domésticas en sectores que van desde la energía a las comunicaciones se hayan estancado y que sólo los miembros del gobierno puedan obtener un crédito razonable.

En resumen, aquellos que alaban el sendero argentino deberían ir más allá de las engañosas tasas de crecimiento nominal del país. El auge de los commodities esconde una caída de la competitividad, una corrupción rampante y un colapso de las inversiones productivas.

Las lecciones para Grecia son claras. Aunque los ajustes son inevitables, Atenas forma parte de un proyecto europeo más grande y valioso. Claro, el “núcleo” alemán necesita moverse con mayor celeridad hacia una verdadera unión económica, junto a un federalismo fiscal e inversiones para frenar el desempleo, pero Grecia ha sido sostenida a través de la reforma y se le ha dado un sustancial recorte a su deuda en manos privadas.

Por lo tanto, Atenas tiene una elección: puede continuar con las dolorosas pero necesarias reformas estructurales, o puede tomar el sendero argentino. Sin embargo, debería tener cuidado, una salida del euro probablemente traería de regreso el ciclo de inflación e inestabilidad. Argentina es un recordatorio del pasado del que escapó Grecia y es un futuro que debería evitar,

Barbieri es un académico del Kennedy School de Harvard. Su libro, “Hitler’s Shadow Empire: Nazi Economics and the Spanish Civil War,” será publicado a finales del año por Harvard University Press.

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Argentina desafía al mundo

Argentina desafía al mundo

La expropiación de Repsol levanta una ola de críticas en Europa, el FMI y Estados Unidos

 

UN HOMBRE camina junto a un afiche que hace referencia a la nacionalización de la petrolera YPF el miércoles, en Buenos Aires (Argentina). La intervención estatal en la petrolera argentina YPF ha puesto en tención las relaciones con España.
UN HOMBRE camina junto a un afiche que hace referencia a la nacionalización de la petrolera YPF el miércoles, en Buenos Aires (Argentina). La intervención estatal en la petrolera argentina YPF ha puesto en tención las relaciones con España.

LUIS ZABREG / EFE

Agence France Presse

BUENOS AIRES — La presidenta argentina Cristina Kirchner abrió varios frentes conflictivos al expropiar 51% de acciones de la española Repsol en la petrolera YPF, una medida que junto a trabas comerciales, busca salvar su modelo económico a pesar de duras críticas en todo el mundo.

Washington expresó este miércoles que está “muy preocupado” por el proyecto de ley de expropiación que afecta a Repsol.

Kirchner justificó la iniciativa por una caída de la producción de crudo y el aumento de las importaciones de hidrocarburos al doble en 2011 respecto de 2010, que el gobierno achaca a una falta de inversiones de la petrolera.

La decisión en tanto, fue duramente criticada en España, la Unión Europea, el FMI y los centros económicos mundiales.

“Argentina tiene un problema de conducta en su relacionamiento con el resto del mundo que ha ido agravándose en los últimos años”, dijo a la AFP Emilio Cárdenas, embajador argentino en Naciones Unidas en los años 90.

El ex diplomático cuestionó que un país que pertenece al G20 (países ricos y emergentes) aplique medidas proteccionistas “como el cierre de los mercados cambiario y la restricción al máximo de la circulación comercial”.

El país sudamericano había recibido cuestionamientos en una presentación ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) por Estados Unidos, la Unión Europea y países asiáticos como Japón y latinoamericanos como México por trabas al comercio.

Cárdenas advirtió que “el episodio de YPF va a acelerar esas reacciones” y no descartó represalias.

“No creo que Argentina vaya a ser expulsada del G20, pero si creo que puede ser suspendida”, sostuvo.

Con las medidas proteccionistas, el gobierno pretende mantener el superávit comercial que es su principal fuente de divisas, ante el cierre de los mercados financieros tras el default de 2001.

El politólogo Edgardo Mocca aseguró a la AFP que el tema en la OMC “está relacionado con un cierto grado de beligerancia de los países más desarrollados que se proponen descargar parte del peso de la crisis que atraviesan en el exterior”, ante lo cual los países en desarrollo adoptan “estrategias defensivas”.

Varios países expresaron en la OMC sus “inquietudes continuas y crecientes sobre la naturaleza y la aplicación de medidas restrictivas para el comercio” en Argentina.

El comunicado lo firmaron Estados Unidos, la Unión Europea, Australia, Israel, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Noruega, Panamá, Suiza, Taiwán, Tailandia y Turquía.

A mediados de marzo, Perú, Chile, México y Colombia también evaluaban demandar a Argentina ante la OMC. Sus socios en el Mercosur, Brasil, Paraguay y Uruguay, se quejaron por las medidas burocráticas de control de importaciones adoptadas por Buenos Aires.

En el caso de YPF, la decisión “tiene que ver con la estructura productiva del país”, porque es necesario producir más energía para sostener el vigoroso crecimiento de los últimos años y el ‘modelo kirchnerista’, que se funda en el “consumo (interno) masivo como motor de la economía”, los superávit comercial y fiscal y el desendeudamiento, explicó.

El gobierno argentino también otorga fuertes subsidios a sectores de la economía que favorecen el consumo como transporte público y energía.

El presidente de México, Felipe Calderón, cuyo país es accionista de Repsol, lamentó la decisión de Kirchner sobre YPF y dijo que “el camino correcto para el mundo es abrir mucho más las economías”.

El ex ministro de Economía Roberto Lavagna (2002-2005) dijo que “Repsol no invirtió lo que debía e hizo enormes distribuciones de beneficios y esto deberá considerarse al momento de fijar los valores de expropiación”.

Pero sobre la eficacia de la decisión, Lavagna advirtió: “Muchas veces los argentinos festejamos aquello de lo cual debemos arrepentirnos después”, algo que sucedió, por ejemplo, cuando el Congreso aclamó en pleno la declaración de moratoria de la deuda en 2001.

Argentina tiene además litigios pendientes en Estados Unidos, donde fondos de inversión adelantan procesos judiciales en busca de cobrar los adeudos en mora tras el default de 2001. Varios acreedores privados no se adhirieron a los canjes propuestos por Buenos Aires.

Otro frente abierto con los británicos

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Otro frente abierto es con Gran Bretaña, país con el cual escaló el enfrentamiento verbal en el marco del 30 aniversario de la guerra por las Malvinas de 1982.

En ese marco, la ministra de Industria, Débora Giorgi, propuso a gerentes de al menos 20 empresas que importan bienes e insumos desde Gran Bretaña que reemplacen ese origen por otros mercados.

El superávit comercial argentino bajó en 2011 a 10.000 millones de dólares, un 11% menos que en 2010, según el Ministerio de Economía.

Y las importaciones de hidrocarburos van en camino de triplicarse este año respecto de 2010, según el Instituto Argentino de Petróleo.

Argentina adoptó además restricciones cambiarias y afronta este año vencimientos de la deuda por más de 6.000 millones de dólares en un marco de escasez de divisas.

 

Argentina: Cristina destroza la Bolsa de Buenos Aires

Argentina: Cristina destroza la Bolsa de Buenos Aires – Urgente24

A principios de marzo  destacamos la recuperación de los activos financieros que, desde fines de 2011, se estaba registrando a nivel global. Este rally benefició a la Argentina por la suba en los precios de los commodities agrícolas (la soja superó los 500 US$/tn) pero, por factores domésticos, la euforia a nivel acciones (renta variable) y bonos (renta fija) fue moderada.

Si bien el mercado de capitales local es acotado, es importante analizar su dinámica ya que es indicativo del clima de inversión, refleja la confianza (o el humor) de los agentes y tiene poder explicativo a la hora de anticipar la dinámica del ciclo económico.

En líneas generales, hacia fines de 2011 los mercados internacionales preveían un evento crediticio en Europa: Grecia estaba al borde del default, Italia y España pagaban 7% por los bonos a 10 años y el clima era de creciente desconfianza.

Sin embargo, una serie de factores revirtió la situación. Dentro de ellos, se destacó a fin de año la fuerte inyección del Banco Central Europeo (seguida por los bancos de Inglaterra y Japón), que al inundar la plaza de liquidez “calmó” los miedos de los inversores.

Pero no fue el único elemento. Por caso, los datos macroeconómicos de Estados Unidos no eran óptimos pero se ubicaron por encima de lo que esperaba el mercado: el “Surprise Index” (diferencia entre el dato y el consenso esperado) que subió fuertemente entre octubre y diciembre. Además, se concretó el “exitoso” canje de deuda griega que apuntaló el buen momento.

Finalmente, el comportamiento en manada o “momentum” no fue un dato menor: cuando los mercados en general suben (o bajan) se disparan compras (o ventas) que refuerzan la tendencia.

En cambio, mirando entre las puntas del rally, los activos bursátiles argentinos exhibieron un comportamiento más modesto, mostrando cómo la incidencia de los factores domésticos puede opacar las “buenas noticias” del mundo.

Por caso, si bien en lo que va del año el MerVal ganó 8%, en línea con otros importantes índices como el Dow Jones, el Eurostoxx, la dinámica fue dispar: hasta casi fines de enero, el MerVal había subido más que muchos de los índices mundiales, amplificando el buen humor global frente al escenario de “sintonía fina” planteado por el Gobierno. Sin embargo, desde entonces fue prácticamente el único que perdió (y fuerte). 

Cabe recordar que en enero se conocieron los requerimientos adicionales de capitales de los bancos (que les impediría girar utilidades), al tiempo que comenzó el conflicto entre el Gobierno y la principal petrolera del país. Hasta el 25 de enero, el MerVal había ganado 18%, pero desde entonces perdió 9%, con los papeles bancarios cayendo 11% y la acción de YPF retrocediendo 37%.

En suma, los factores domésticos que habían amplificado las buenas noticias globales, opacaron parte del rally bursátil que se vivió a nivel global, al dejar atrás la “sintonía fina”.

Los bonos en dólares como refugio

Al igual que las acciones, los bonos emergentes también vivieron la bonanza del contexto global durante el primer trimestre del año, como se ve en la disminución del costo de los seguros de default (CDS) en la región. Sin embargo, la trayectoria de los títulos argentinos resultó claramente underperformance, beneficiándose mucho menos del mejor clima internacional respecto de sus pares. 

De hecho, actualmente el costo de asegurarse contra un default argentino es el más caro de la región, superando incluso a Venezuela. Esto sucede aunque los fundamentals macroeconómicos de corto plazo no lo ameriten (Argentina tiene más baja deuda pública en relación al PBI y el programa financiero está cerrado).

Esto también pone en evidencia que la incertidumbre doméstica neutralizó parcialmente el mayor apetito por riesgo emergente. En efecto, el riesgo país (EMBI) de Argentina cayó 3,5% en el primer trimestre, cuando el promedio de emergentes (EMBI+) lo hizo en 14%. Sin embargo, el EMBI sólo considera bonos en Dólares bajo legislación americana  por lo que para completar el análisis se debe computar la dinámica de los bonos en Pesos y Dólares bajo legislación local.

En efecto, la dinámica de los títulos públicos locales fue muy heterogénea en los últimos meses, motivada por los vaivenes de los factores domésticos. Por ejemplo, hacia fines del año pasado resaltaron los bonos ajustados por BADLAR, mientras que actualmente suben fuerte los bonos cortos en dólares.

En esta dinámica los factores locales fueron excluyentes: el shock de tasas de septiembre-octubre de 2011 propulsó los bonos en Pesos ajustables por BADLAR. Sin embargo, como tras los controles a la demanda de dólares se inundó de liquidez el sistema y las tasas volvieron a los niveles previos al shock resurgieron los incentivos a la dolarización: en lo que va del año los títulos en pesos ajustables por BADLAR cayeron cerca de 1,5% mientras que los denominados en dólares subieron 14%.

A esto se le sumó que estos bonos cortos y medianos en dólares (BODEN 12, BODEN 15, BONAR X) son también una alternativa hacerse de moneda extranjera. En efecto, el dólar “contado con liqui” pasó de $/US$ 4,73 a $/US$ 5,20 en el primer trimestre del año, duplicándose la brecha con el tipo de cambio oficial (actualmente en 19%). (N. de la R.: hoy lunes 03/04 cerró a $ 5,28).

En el mismo sentido, otros inversores han optado por hacerse de estos bonos cortos aguardando a su vencimiento para cobrar los dólares. El instrumento más demandado en esta operatoria es el BODEN 12 (vence el 3 de agosto), que en el año subió 11% ya que su pago se encuentra virtualmente garantizado por las reservas.

En efecto, por cada US$ 100 de BODEN 12 hoy se pagan $ 515, lo que implica convalidar un tipo de cambio de $/US$ 5,15, 18% por encima del oficial.

Es decir, un contexto de mucha liquidez, tasas de interés reales negativas, fuertes controles a la demanda de dólares y por ende, pocas alternativas de inversión, explica buena parte de la buena performance de los bonos en dólares dentro del segmento de renta fija doméstica durante el primer trimestre del año. 

En síntesis, más allá de que la Argentina se benefició por el rally financiero que se vivió desde fines del año pasado en los últimos meses distintos factores internos parecen haber “desacoplado” este buen humor del clima interno local. La reversión del MerVal, los altos precios de CDS, el nivel del riesgo-país y que parte de la suba de los bonos en dólares se deba a querer hacerse de divisas muestran el“ruido” que agrega la coyuntura local.

Obviamente, para que se traslade este pesimismo del plano financiero al real hay un largo trecho, el mercado de capitales argentino es aún acotado y poco representativo.

 

De cómo Peña enterró el caso Montiel

Leo Zuckermann

   
   

Al parecer, la apuesta de Enrique Peña Nieto le funcionó. Aproximadamente un año después de que tomó posesión como gobernador del Estado de México, por allá de finales de 2006, el hoy candidato presidencial del PRI le dio “carpetazo” al caso de su antecesor en el gobierno mexiquense, Arturo Montiel. Lo hizo de manera rápida apelando a la memoria de corto plazo de la gente para minimizar un futuro costo político. Hasta ahora, el escándalo Montiel no ha sido un tema de campaña que haya dañado las intenciones de voto a favor de Peña en las encuestas.

Recordemos que fue Roberto Madrazo, quien competía en contra de Montiel para conseguir la candidatura presidencial del PRI en 2006, quien destapó, en el noticiero de Joaquín López-Dóriga, el asunto de las propiedades del gobernador del Edomex, su esposa y familiares cercanos. Investigaciones periodísticas posteriores demostraron que Montiel habitaba en lujosas mansiones en Metepec, Las Brisas, Careyes y España.

Ya como gobernador del Edomex, Peña formó una Fiscalía Especial para investigar la fortuna de su antecesor. El Ministerio Público investigó y, de acuerdo a sus conclusiones, la Procuraduría de Justicia del Estado de México resolvió que “no hubo incremento al patrimonio” de Montiel durante su gestión como gobernador y por tanto recomendó “el no ejercicio de la acción penal”. De esta forma, Peña exoneró a su padrino político, el que lo escogió para que fuera candidato a la gubernatura mexiquense, el que lo catapultó en la política del Estado de México, plataforma para eventualmente convertirse en candidato presidencial del PRI.

¿Cómo es posible que los fiscales de Peña no hayan encontrado pruebas cuando el mismo Montiel había reconocido la propiedad de su residencia en Careyes en enero de 2006? ¿Acaso Roberto Madrazo se equivocó cuando le había dicho a López-Dóriga en televisión nacional que Montiel y su familia se habían enriquecido misteriosamente durante su gestión como gobernador mexiquense? ¿No encontró la Fiscalía Especial las múltiples propiedades? ¿No hallaron a posibles testaferros?

Hace seis años me quedó claro, y aún tengo esa idea, de que los fiscales de Peña sólo buscaron por encimita. Que el entonces gobernador mexiquense estaba solapando la presunta corrupción de su antecesor en el cargo comportándose como miembro de una familia política que, en lugar de cumplir la ley, se tapan las espaldas entre ellos. Así ocurrió: Montiel fue exonerado, cosa que nunca perdonó, y con toda razón, el gran columnista y escritor Germán Dehesa quien, hasta el último de sus artículos, nos recordó la impunidad en la que quedó este escándalo de políticos priistas.

Lo increíble es que, seis años después, todo indica que Peña se salió con la suya: el asunto Montiel se ha olvidado. Poco se habla de él. Ni siquiera Josefina Vázquez Mota ni Andrés Manuel López Obrador se han encargado de recordárselo al electorado. ¿Por qué? ¿Acaso se la van a perdonar al joven y carismático priista quien, a la hora de la verdad, prefirió solapar la corrupción en lugar de castigar?

Hoy, mientras Peña navega con pocas dificultades hacia la Presidencia, Arturo Montiel se pasea tranquilamente por el país. Incluso asistió a la toma de posesión de Eruviel Ávila quien sustituyó a Peña como gobernador del Estado de México. Ahí, en el Teatro Morelos de Toluca, la clase política mexiquense lo ovacionó y la cúpula priista nacional lo abrazó. Él, muy campante, sonreía: se había salido con la suya. Nunca le investigaron a profundidad los millones de dólares de su fortuna, el tráfico de influencias durante su gestión, la corrupción rampante en los permisos de construcción en la zona conurbada de la Ciudad de México y, desde luego, las mansiones y palacios en los que habitaba.

Todo bajo la complicidad implícita o explícita de su sucesor en el palacio de gobierno de Toluca: Enrique Peña Nieto. Ahora que este viernes comienzan las campañas presidenciales, habría que preguntarse, como lo hizo en tantas ocasiones Germán Dehesa, ¿y Montiel?

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