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Rajoy: Expropiar a Repsol causa más daños a Argentina

Rajoy: Expropiar a Repsol causa más daños a Argentina

 

EL PRESIDENTE de España, Mariano Rajoy, habla durante una conferencia de prensa en el palacio presidencial en Bogotá.
EL PRESIDENTE de España, Mariano Rajoy, habla durante una conferencia de prensa en el palacio presidencial en Bogotá.

LUIS ACOSTA / AFP/Getty Images

CESAR GARCIA

AP

BOGOTA — El presidente Mariano Rajoy aseguró el jueves durante una visita a Colombia que la inminente expropiación de las acciones que una empresa española tiene en la petrolera argentina YPF, causará más daño a Argentina que a España, al tiempo que descartó que esa decisión repercuta en otras naciones latinoamericanas.

La decisión anunciada el lunes por la presidenta Cristina Fernández de promover la expropiación del 51 por ciento de las acciones que tiene la española Repsol en YPF “no es justo ni bueno ni para España, porque no lo es. Pero es mucho peor… para Argentina”.

“No voy a hacer ningún anuncio ni tengo porque decir nada en estos momentos” sobre medidas que su gobierno adoptará en respuesta a la movida argentina, agregó el dirigente español en una rueda de prensa junto al mandatario colombiano Juan Manuel Santos después de un encuentro en el que trataron desde cooperación económica hasta la inmigración de unos 300,000 colombianos a la nación ibérica a la que Rajoy le dio la bienvenida.

“¿Qué si la decisión del gobierno argentino de expropiar (las acciones de) YPF va a provocar alguna duda sobre resto de las economías latinoamericanas, esa es la pregunta no? Vamos, yo le puedo asegurar que no, desde luego a mí no me provoca la más mínima duda”, dijo Rajoy.

La visita de un día a Colombia, añadió, es para “precisamente animar a los inversores españoles a que trabajen en Colombia, a que hagan esfuerzo para ganar licitaciones, a que se alíen con empresarios colombianos, es lo que he venido a hacer hoy aquí como el presidente del gobierno de España y eso que naturalmente le transmito a todo el mundo”.

Santos dijo que su gobierno no comentaría la decisión argentina, pero que eran “amigos de Repsol”, empresa que dijo lleva planes de exploración gasífera en el norte colombiano junto con la estatal Ecopetrol.

Rajoy dijo además que medidas anunciadas por su gobierno, como por ejemplo que los jubilados españoles, que actualmente no pagan nada por los medicamentos, deberán abonar un 10% de su valor hasta un máximo de $23 al mes, al tiempo que se prohibirá a los extranjeros no residentes en España usar gratuitamente los servicios sanitarios; son medidas que “a nadie le gusta tomar”, pero que son necesarias para paliar la grave crisis económica que vive el país.

“Es necesario, es imprescindible…en este momento no hay dinero para atender el pago de los servicios públicos porque hemos gastado mucho en los últimos años”, explicó.

Temprano, el presidente español, que llegó el miércoles por la noche a Bogotá tras una visita oficial a México y prevé retornar a Madrid al final de la jornada de este jueves, dijo en un foro empresarial que España “apuesta por fortalecer sus relaciones con Colombia en todos sus ámbitos, pero no se trata de una apuesta nueva. Las empresas españolas llevan tiempo viniendo a Colombia y han creído firmemente en el futuro” de esta nación.

“Conscientes de la importancia de la relación bilateral, desde el gobierno español se ha impulsado la adopción de un acuerdo comercial entre Colombia y la Unión Europea”, aseguró el dirigente español.

El acuerdo de Colombia, y que también incluye a Perú, con los 27 socios de la UE fue firmado en 2010 en Madrid, pero falta la aprobación legislativa.

Rajoy vaticinó hoy que el mandatario colombiano “acertará” en la resolución del conflicto interno y apoyó su decisión de resolverlo sin intermediarios internacionales.

“Aceptará, como acierta siempre en las grandes decisiones que ha adoptado desde que es presidentes de la República, yo en ese sentido estaría muy tranquilo”, dijo Rajoy en una rueda de prensa junto a Santos en la Casa de Nariño, sede del Ejecutivo colombiano.

“En relación a las FARC, España apoya la solución que pueda darle el gobierno legítimo de Colombia, se debe producir una decisión del gobierno de Colombia, sin nadie de fuera”, agregó el gobernante español

 

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Rajoy según el cristal con que se mire: “Entregar el petróleo a extranjeros es de un país de quinta”

Rajoy según el cristal con que se mire: “Entregar el petróleo a extranjeros es de un país de quinta”

La Nación

En la misma semana en que el gobierno argentino decidió expropiar a Repsol la petrolera YPF argumentando fundamentalmente razones de “recurso estratégico para un país”, se dio a conocer un video de 2008 en el que el actual presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, defendía en su rol de opositor la propiedad energética, petrolera y gasífera de su país frente al avance privatizador sobre Repsol de una empresa rusa.

“Nuestro petróleo, nuestro gas y nuestra energía no se pueden poner en manos de una empresa rusa porque eso nos convertiría en un país de quinta división”, expresó enérgicamente el entonces líder de la oposición ante la posibilidad que la empresa rusa Lukoil comprara a Repsol.

“Por tanto no lo vamos a aceptar, que lo tenga claro el señor Rodríguez Zapatero”, advertía Rajoy al entonces mandatario español José Luis Rodríguez Zapatero.

Incluso llegó a citar a su rival político, el dirigente del PSOE Felipe González, cuando dijo: “No lo he hecho nunca en mi vida, nunca utilice a Felipe González como argumento de autoridad, pero en esto caso le pido a Zapatero que le haga caso a Felipe, que ha dicho que no se puede poner el petróleo, el gas y la energía española en manos de los rusos”.

Distinta visión

En un intento de defensa sobre los intereses de la petrolera española, Rajoy aseguró esta semana que la expropiación de YPF por parte de Argentina era “injustificable” y que lo ocurrido “afecta y mucho a la reputación internacional de Argentina”.

Durante su participación en el Foro Económico Mundial en el balneario mexicano de Puerto Vallarta, indicó que “es una decisión negativa para todos, y desde luego para la empresa que se ha visto expropiada sin justificación alguna ni razón económica”.

Rajoy reiteró que el anuncio argentino “rompe el buen entendimiento que había existido entre ambas naciones”, por la Argentina y España, y aseguró, sin embargo, que su gobierno buscará que ese episodio no afecte o empañe la relación con otros países de Latinoamérica..

Rajoy llega a México con el respaldo de Calderón en el caso Repsol – YPF

Rajoy llega a México con el respaldo de Calderón en el caso Repsol – YPF

Foto: EFE/José Méndez

(PUERTO VALLARTA, México, 16 Abril. AFP) – El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, llegó el martes a México para participar del Foro Económico Mundial, con el respaldo del presidente Felipe Calderón tras el anuncio de Argentina de expropiar 51% de YPF, filial de la petrolera española Repsol.

Rajoy llegó al balneario de Puerto Vallara (Jalisco, oeste) para participar en el Foro Económico Mundial de Latinoamérica, tras lo cual viajará a Ciudad de México para una visita oficial en la que se espera se reúna con Calderón, quien ya respaldó a España en su diferendo con Argentina.

“Me parece muy lamentable que el gobierno de Argentina, nuestra amiga Cristina Fernández, haya tomado una medida que no le va a hacer bien a nadie”, incluídos a los argentinos, dijo el lunes Calderón al hablar ante un grupo de lideres empresariales menores de 40 años.

“Todos los países en desarrollo necesitamos inversiones y nadie en sus cinco sentidos invierte en un país que expropia las inversiones”, se trata de una medida “claramente violatoria de acuerdos y tratados recíprocos de inversiones”, añadió Calderón al hacer votos para que “Argentina pueda rectificar esa medida”.

La petrolera estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) tiene una participación de 9,5% en Repsol.

El gobierno español tachó el lunes de “decisión hostil” la expropiación por parte de Argentina de un 51% de la petrolera YPF y anunció “medidas claras y contundentes” contra una iniciativa que “rompe el clima de cordialidad y amistad entre ambos países”.

El gobierno de México consideró, a través de un comunicado de la Secretaría de Energía, que América Latina debe tener en cuenta que para alcanzar crecimiento con empleo y desarrollo, “el camino no son las expropiaciones, el camino es el comercio, el intercambio y las inversiones recíprocas”.

Los presidentes de España y México estarán presentes en una parte de los trabajos del Foro Económico Mundial de Latinoamérica, junto con sus homólogos de Guatemala, Otto Pérez; Panamá, Ricardo Martinelli; y Surinam, Desi Bouterse.

El foro en América Latina, a celebrarse el 17 y 18 de abril, estará centrado en analizar las oportunidades para la región en medio de un entorno global de incertidumbre económica internacional.

Marisol Argueta de Barillas, directora en Latinoamérica para el Foro Económico Mundial, consideró de su lado que la región se encuentra en una situación privilegiada con disciplina fiscal, control en el gasto público y bajos niveles de endeudamiento, pero tiene un gran reto para incrementar el comercio entre las naciones de la región.

El comercio intrarregional apenas llega al 20% respecto al 46% de Asia y el 67% de Europa.

El foro se produce un mes después de que Brasil, la mayor economía regional, lograra renegociar con México el acuerdo bilateral para limitar el comercio de vehículos entre ambos países, una demanda imitada después por Argentina.

Argueta consideró que la región tiene desafíos comunes como la simplificación de regulaciones y la seguridad jurídica, condiciones relevantes para la competitividad.

El encuentro reunirá a 900 empresarios, funcionarios, académicos y líderes de opinión de 71 países.

Al término del Foro Económico Mundial regional, se llevará a cabo en el mismo centro turístico la reunión del G20 con la participación de 19 ministros de Economía y Comercio y seis viceministros de las principales economías del mundo

España: Rajoy, otro socialista

España: Rajoy, otro socialista

por Juan Ramón Rallo

Juan Ramón Rallo es Director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana (España).

Mariano Rajoy nunca debería haber despertado demasiado entusiasmo entre los liberales. No ya porque hace ahora cuatro años animó a todos los liberales a que salieran del Partido Popular (PP), sino por algo todavía más importante: en sus casi diez años como líder de los populares, jamás se le conoció una sola arenga digna de tal nombre a favor de la libertad económica. Pese a que tuvo ingentes oportunidades, sobre todo en los últimos años, para reivindicar un mayor papel de los mercados libres y un adelgazamiento radical del Estado, el hoy presidente del Gobierno español optó por ponerse de perfil.

Mientras Zapatero y su corte de sectarios ideólogos se aprovechaban de la crisis para tejer un discurso fanático en contra del capitalismo y de las sociedades libres, Rajoy guardaba un inquietante silencio. Algunos lo interpretaron como una simple estrategia electoral: dado que una parte muy importante del electorado español tenía un perfil marcadamente izquierdista, había que evitar incomodarles hasta los próximos comicios. Otros, en cambio, nos temíamos que la vacuidad en las formas fuera de la mano con la vacuidad en las convicciones: a la postre, a uno le costaba entender que mientras arreciaba el discurso estatista y liberticida, un liberal no oportunista pudiera morderse la lengua.

Rajoy, empero, devino especialista en semejante arte, así que algunos evitamos prejuzgarlo en la medida de lo posible y esperamos, cortésmente, hasta después de las elecciones para emitir un primer veredicto sobre el verdadero programa de gobierno que nos aguardaba con el Partido Popular. Por suerte o por desgracia, pronto supimos a qué atenernos. Apenas dos semanas después de alcanzar el poder, Rajoy y sus cuates anunciaron, en contra de todas sus promesas y discursos anteriores, que acometerían una de las mayores subidas de impuestos de toda la historia de España.

Un auténtico atraco que ha llevado los tipos impositivos sobre la renta de España a uno de los niveles más elevados de toda Europa,  comparables a los de las socialdemocracias nórdicas. Para que nos hagamos una idea, el gravamen para rentas mayores de 33.000 euros se sitúa en el 40%, superior al 35% que se paga en EEUU para rentas superiores a 379.150 dólares.

A los españoles, y sobre todo a los liberales que engañados votaron al PP, el nuevo Gobierno trató de tranquilizarlos con diversos mensajes: el primero, que en el ideario del PP sigue grabado con fuego su apuesta por los impuestos bajos; segundo, que esta salvaje subida de impuestos será temporal (apenas dos años); y tercero, que el recargo tributario era imprescindible para reducir el déficit que el anterior Ejecutivo socialista había dejado en el altísimo 8,5% del PIB (frente a su compromiso con Bruselas de rebajarlo al 6%).

Dos meses después, uno a uno esos en parte tranquilizadores mensajes se han ido derrumbando. Primero, Rajoy no dudó en apoyar sin fisuras el establecimiento de una Tasa Tobin para toda Europa: ¿fiscalidad baja y moderada? No lo parece. Segundo, el presidente del Ejecutivo se desmarcó hace unos días con unas declaraciones parlamentarias en las que dejaba entrever sus auténticos propósitos: “Me gustaría aumentar los gastos un 20% para hacer muchas cosas. No hay Gobierno que no tenga ese objetivo”. Vamos, que lo que realmente está escrito con letras de fuego en el ideario del PP de Rajoy no son los impuestos bajos, sino el Estado enorme: ya podemos ir olvidándonos de que el recargo tributario sea temporal, pues este Gobierno confía más en gastar nuestro dinero que en que lo retengamos los ciudadanos. Y tercero: hasta el momento los recortes del gasto han sido tan mojigatos e insuficientes que a Rajoy no le ha quedado más remedio que reconocer que, en contra de lo aducido para justificar el sangrado fiscal, no cumplirá con el objetivo de déficit de Bruselas para este año (el 4,4% del PIB) sino que se quedará, en el mejor de los casos, en el 5,3%.

No hay otra: desde el momento en que se toma la determinación de no reformar a fondo un modelo de Estado gestado y edificado sobre la recaudación fiscal extraordinaria de los años de la burbuja inmobiliaria, resulta del todo imposible dejar de endeudarse a ritmos muy elevados. No es que sea imposible atajar el déficit: lo es sólo en la medida en que se escoge apuntalar un Estado hipertrofiado a todas luces insostenible.

Si algunos pensaban que, tras las recientes elecciones, España había dejado atrás el socialismo, ya pueden ir olvidándose. Es cierto que en casi todas las materias económicas tenemos a gestores más sensatos y experimentados que los anteriores y que en algunos ámbitos, como el laboral, se han obtenido avances importantes, pero la desconfianza hacia los mercados libres y la idolatría hacia el Estado niñera omnipresente siguen siendo el verdadero marco ideológico dentro del que se mueve toda nuestra clase política. También, por supuesto, el Partido Popular de Rajoy.

España: Diez razones para secundar la huelga general

 

TenPor Juan Ramón Rallo

Libertad Digital, Madrid

La reforma laboral del Gobierno, sin ser en todos sus aspectos la que necesitaba el país, supone una mejora muy sustancial con respecto a la legislación precedente; sin ser la reforma laboral que uno hubiese rubricado, es una reforma laboral aceptable. Sindicatos y partidos de izquierdas, empero, han optado por abrazar el populismo más primario para forzar, huelga general mediante, la retirada de estos tímidos pero decididos avances en la dirección adecuada.

Este jueves 29 de marzo los trabajadores españoles, aquellos que todavía no hayan perdido su empleo como consecuencia de la espantosa política económica socialista promovida hasta hace tres cuartos de hora por los convocantes y simpatizantes de la huelga, han sido llamados a no acudir a sus puestos de trabajo para protestar contra la los principales progresos de esta reforma.

Personalmente, el ‘derecho’ de huelga me parece un privilegio estatista que viola de manera flagrante los auténticos derechos nacidos de los contratos voluntarios, pero dejando de lado este importante debate, lo cierto es que quienes secunden este 29 de marzo la huelga general estarán a su vez secundando un programa político, ideológico y (anti)económico muy concreto: el de la extrema izquierda. Quienes muestren su apoyo al paro sindical deberían, por consiguiente, ser muy conscientes de aquello que promueven y de aquello a lo que se oponen.

En particular, dado que el propósito de la huelga es enmendar la totalidad de la reforma laboral del Gobierno, sólo deberían adherirse a la misma aquellas personas que muestren su devota aceptación de la legislación laboral anterior y de sus consecuencias económicas y sociales. Dicho de otro modo, sólo deberían secundar la huelga aquellas personas que vean con buenos ojos las siguientes disfuncionalidades de nuestro mercado de trabajo (a las que, mejor o peor, pretende poner fin la reforma del Gobierno):

  1. Que la situación laboral de una parte de nuestros trabajadores esté ultraprecarizada (trabajadores temporales) porque la de otra parte está ultraprotegida (trabajadores indefinidos).
  2. Que los aumentos del paro se ceben siempre de manera extraordinaria en los jóvenes y en los trabajadores temporales: Desde el primer trimestre de 2007 al último de 2011, el número de ocupados de entre 16 a 25 años se redujo un 52%, mientras que el de personas mayores se 25 apenas cayó un 7%; asimismo, el número de ocupados con contrato temporal disminuyó un 30%, mientras que el de ocupados con contrato indefinido apenas lo hizo un 1%.
  3. Que un trabajador con contrato indefinido y que lleve muchos años dentro de la empresa pueda cobrar un salario muy superior a un recién llegado aun cuando sea mucho menos productivo.
  4. Que la reorganización funcional o geográfica de los trabajadores con el propósito de que una empresa capee el temporal o gane competitividad se vuelva prohibitivamente cara y, en numerosos casos, del todo inmanejable.
  5. Que, en consecuencia, el despido sea el remedio más rápido y flexible al que puede recurrir una empresa ante una caída severa de sus ingresos.
  6. Que si una empresa en graves dificultades intenta acogerse al despido por causas económicas, los juzgados de lo social puedan encarecer astronómicamente, vía salarios de tramitación, el coste final del despido únicamente retrasando su (en muchas ocasiones arbitraria) resolución sobre la procedencia o no del despido.
  7. Que todas las empresas sitas en un mismo territorio y dentro de un mismo sector estén sometidas a una misma normativa laboral en materias tan diversas como los salarios, bases de contratación, jornada laboral, horas extras, pensiones o incentivos a la productividad: es decir, un restaurante ubicado en la zona residencial rica de una ciudad o provincia soportará el mismo convenio colectivo que un restaurante situado en la zona residencial pobre de esa misma ciudad o provincia.
  8. Que los sindicatos puedan recurrir caprichosamente a la ultraactividad de los convenios para prorrogar de manera indefinida las condiciones laborales negociadas en un convenio colectivo aun cuando el contexto económico de esa negociación haya cambiado radicalmente (pasando, por ejemplo, de expansión artificial a profunda crisis).
  9. Que, por tanto, los salarios de la mayoría de trabajadores sigan aumentando automáticamente aun cuando los ingresos de la empresa se desmoronen, abocando a muchos más trabajadores de lo necesario al desempleo.
  10. Que los representantes de los trabajadores de una empresa no tengan permitido en muchas ocasiones alterar las condiciones laborales impuestas a esa empresa por un convenio de ámbito superior, aun cuando lo consideren imprescindible para la supervivencia de esa compañía.

Si usted otorga su bendición a la totalidad o a la mayoría de los puntos anteriores y si, además, usted aspira a que España se vaya helenizando poco a poco, entonces sí: debe secundar la huelga general. En caso contrario, piénseselo mejor. No vaya a ser que esté siendo utilizado como ariete político por la extrema izquierda contra la, de momento, única reforma sensata de este Gobierno.

El Sr. Rallo es profesor de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos I. Su último libro publicado es Los errores de la vieja economía (Unión Editorial, 2012). Editor de Economía del programa Es la Noche de César, de esRadio. Miembro del Panel de Opinión de Libertad Digital.

España: Rajoy, otro socialista

por Juan Ramón Rallo

Juan Ramón Rallo Julián es Director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana (España).

Mariano Rajoy nunca debería haber despertado demasiado entusiasmo entre los liberales. No ya porque hace ahora cuatro años animó a todos los liberales a que salieran del Partido Popular (PP), sino por algo todavía más importante: en sus casi diez años como líder de los populares, jamás se le conoció una sola arenga digna de tal nombre a favor de la libertad económica. Pese a que tuvo ingentes oportunidades, sobre todo en los últimos años, para reivindicar un mayor papel de los mercados libres y un adelgazamiento radical del Estado, el hoy presidente del Gobierno español optó por ponerse de perfil.

Mientras Zapatero y su corte de sectarios ideólogos se aprovechaban de la crisis para tejer un discurso fanático en contra del capitalismo y de las sociedades libres, Rajoy guardaba un inquietante silencio. Algunos lo interpretaron como una simple estrategia electoral: dado que una parte muy importante del electorado español tenía un perfil marcadamente izquierdista, había que evitar incomodarles hasta los próximos comicios. Otros, en cambio, nos temíamos que la vacuidad en las formas fuera de la mano con la vacuidad en las convicciones: a la postre, a uno le costaba entender que mientras arreciaba el discurso estatista y liberticida, un liberal no oportunista pudiera morderse la lengua.

Rajoy, empero, devino especialista en semejante arte, así que algunos evitamos prejuzgarlo en la medida de lo posible y esperamos, cortésmente, hasta después de las elecciones para emitir un primer veredicto sobre el verdadero programa de gobierno que nos aguardaba con el Partido Popular. Por suerte o por desgracia, pronto supimos a qué atenernos. Apenas dos semanas después de alcanzar el poder, Rajoy y sus cuates anunciaron, en contra de todas sus promesas y discursos anteriores, que acometerían una de las mayores subidas de impuestos de toda la historia de España.

Un auténtico atraco que ha llevado los tipos impositivos sobre la renta de España a uno de los niveles más elevados de toda Europa,  comparables a los de las socialdemocracias nórdicas. Para que nos hagamos una idea, el gravamen para rentas mayores de 33.000 euros se sitúa en el 40%, superior al 35% que se paga en EEUU para rentas superiores a 379.150 dólares.

A los españoles, y sobre todo a los liberales que engañados votaron al PP, el nuevo Gobierno trató de tranquilizarlos con diversos mensajes: el primero, que en el ideario del PP sigue grabado con fuego su apuesta por los impuestos bajos; segundo, que esta salvaje subida de impuestos será temporal (apenas dos años); y tercero, que el recargo tributario era imprescindible para reducir el déficit que el anterior Ejecutivo socialista había dejado en el altísimo 8,5% del PIB (frente a su compromiso con Bruselas de rebajarlo al 6%).

Dos meses después, uno a uno esos en parte tranquilizadores mensajes se han ido derrumbando. Primero, Rajoy no dudó en apoyar sin fisuras el establecimiento de una Tasa Tobin para toda Europa: ¿fiscalidad baja y moderada? No lo parece. Segundo, el presidente del Ejecutivo se desmarcó hace unos días con unas declaraciones parlamentarias en las que dejaba entrever sus auténticos propósitos: “Me gustaría aumentar los gastos un 20% para hacer muchas cosas. No hay Gobierno que no tenga ese objetivo”. Vamos, que lo que realmente está escrito con letras de fuego en el ideario del PP de Rajoy no son los impuestos bajos, sino el Estado enorme: ya podemos ir olvidándonos de que el recargo tributario sea temporal, pues este Gobierno confía más en gastar nuestro dinero que en que lo retengamos los ciudadanos. Y tercero: hasta el momento los recortes del gasto han sido tan mojigatos e insuficientes que a Rajoy no le ha quedado más remedio que reconocer que, en contra de lo aducido para justificar el sangrado fiscal, no cumplirá con el objetivo de déficit de Bruselas para este año (el 4,4% del PIB) sino que se quedará, en el mejor de los casos, en el 5,3%.

No hay otra: desde el momento en que se toma la determinación de no reformar a fondo un modelo de Estado gestado y edificado sobre la recaudación fiscal extraordinaria de los años de la burbuja inmobiliaria, resulta del todo imposible dejar de endeudarse a ritmos muy elevados. No es que sea imposible atajar el déficit: lo es sólo en la medida en que se escoge apuntalar un Estado hipertrofiado a todas luces insostenible.

Si algunos pensaban que, tras las recientes elecciones, España había dejado atrás el socialismo, ya pueden ir olvidándose. Es cierto que en casi todas las materias económicas tenemos a gestores más sensatos y experimentados que los anteriores y que en algunos ámbitos, como el laboral, se han obtenido avances importantes, pero la desconfianza hacia los mercados libres y la idolatría hacia el Estado niñera omnipresente siguen siendo el verdadero marco ideológico dentro del que se mueve toda nuestra clase política. También, por supuesto, el Partido Popular de Rajoy.

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