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CONVERSACIONES CON EL TIO GILBERTO XVIII

REFLEXIONES LIBERTARIAS
CONVERSACIONES CON EL TIO GILBERTO XVIII
Ricardo Valenzuela

En mi siguiente reunión con Don Gilberto, llevaba yo ya una clara idea de los sucesos que agredían al liberalismo al inicio del Siglo XX. Un parte aguas en esta contra ofensiva, sería la creación del Fondo de la Reserva Federal en los EU, luego que el cartel de banqueros encabezados por J. P. Morgan, se reunieran en una isla en la costa de Georgia en 1913 para establecer la estrategia y convencer al Congreso de la necesidad de un banco central, cuando la realidad era la edificación de un arma para eliminar la competencia. En esa reunión nacería el FONDO DE LA RESERVA FEDERAL (FED) y se conocería por muy pocos como; La Creatura de Jekyll Island.

Ahora entendía con más claridad la famosa parábola de la piñata del tío Gilberto en la cual, al romperse , los niños mas grandotes eran los que se hacían de la mayoría de las golosinas. El liberalismo era, como inclusive Marx lo había definido, una gran maquinaria de creación de riqueza pero, siendo algo novedoso, no existían los marcos para que el juego fuera justo y parejo por lo cual, manipulando sus esquemas, esa riqueza se concentraba en muy pocas manos creando los grandes capitales de la era: Morgan, Rockefeller, Rothschild, Warburg, Kuhn—Loeb en al área de la banca mundial, y en otras como la del petróleo, el mismo Rockefeller llegó prácticamente a tener el monopolio mundial, puesto que, las reservas de Arabia todavía no eran descubiertas.

Entre el compulsivo deseo del viejo establishment de  recuperar control que perdían con el liberalismo, y esa concentración de riqueza provocada por la ausencia de reglas, creaban un campo muy fértil para las agresiones que se preparaban en contra de esas nuevas libertades civiles. Se creaban, como consecuencia, dos bandos; los redentores de los abandonados por ese liberalismo que ahora calificaban de cruel y, los que identificaban la oportunidad de una vez más apropiarse del poder. Los segundos utilizarían diferentes estrategias, pero una de ellas, era el identificarse como los del bando contrario, redentores de los desvalidos y de esa forma, su mensaje cobraría una fuerza descomunal. Los nuevos capitalistas, ya fueran parte del cartel amafiado o realmente auténticos empresarios, se convertían en los culpables de todos los males de la humanidad.

Así me presento a la siguiente reunión con el tío quien sonriendo me recibe preguntando; ¿Descubriste algo? Creo que si, le respondo, aunque también se me presentan infinidad de dudas. A ver, me dice don Gilberto, exponlas. En primer lugar, no entiendo por qué al arribar el liberalismo, se formó esa concentración de riqueza en muy pocas manos. Piensa por unos segundos e inicia: “Ya hemos hablado de que el liberalismo era algo novedoso y por lo mismo, aun en pañales. La base de esta filosofía, el mercado, realmente no existía como tal después de siglos de feudalismo, mercantilismo y economías totalmente controladas y manipuladas por los diferentes estilos de gobierno. Pero es importante aclarar el que a pesar de esa concentración, la población en general prosperaba, pues algo le salpicaba de esa nueva riqueza. Cuando la marea sube, todos los botes suben con ella.

En una economía moderna siempre ese tipo de hombres emprendedores son necesarios, y siempre, óyelo bien, siempre, habrá cierta concentración de riqueza, puesto que, son ellos los que la están creando. Ahora, la función de un buen gobierno debe ser el crear las avenidas para esa formación, y nunca, óyelo bien igual, vestirse de redentor invadiendo ese campo que tanto ha perjudicado a la humanidad; la redistribución de la riqueza, porque es cuando los gobiernos se convierten en esos entes de la demagogia, con el poder para destruir decidiendo quien es merecedor de esa riqueza y, sobre todo, quienes deben ser los ganadores o los perdedores. Pero además, en ese proceso de transferencia, se forman las inmensas burocracias dedicadas a ello, y en el tránsito, lo que les llega a los necesitados es tal vez el 10% de lo expropiado.

Ante la nueva avenida del liberalismo, se reunieron dos de las pasiones mas poderosas del hombre, por un lado la ambición que en si, es el motor que impulsa las economías libres, pero llevada a ciertos extremos y sin las avenidas legales para darle curso, es cuando se pierde la proporción de las realidades y, como la calificara Ayn Rand, se convierte en irracional. En la otra cara de la moneda y ante esos nuevos millonarios, nacía la envidia de los que no tenían lo mas elemental, e inclusive, de los que si lo tenían pero compulsivamente deseaban mucho más. El poder de esos nuevos capitalistas, llegaba a tales niveles que rivalizaba con el de los gobiernos, y ello, se convertía en el gran dolor de cabeza para la clase política que no quería compartirlo.

Los representantes clásicos de esa nueva fuerza, eran primero, John D. Rockefeller, quien prácticamente llegaba a tener el monopolio del petróleo a nivel mundial, y segundo, J.P. Morgan, quien llegaba a controlar los mercados financieros de tal forma que se convertía en el perpetuo salvador del gobierno de los EU en sus crisis financieras, cuando él mismo orquestaba sus rescates. Se convertían también en los hombres más odiados, no solo de los EU, sino del mundo. Sin embargo, a 60 años de distancia de esos acontecimientos, yo ahora los observo como un proceso natural de algo que iniciaba y debía construir sus avenidas. Pero al inicio del siglo, el potaje estaba listo para la gran ofensiva en su contra.

En México, la situación era muy diferente, puesto que, al no haber participado en la Revolución Industrial, no se creaba la riqueza de la forma que lo hacían los EU, y por ello, el problema era más grave. La economía feudal, que existía desde la época de la colonia, creaba la concentración de la poca riqueza existente, y sobre todo, la concentración de la tierra. Sin embargo, de ello se culpaba al “liberalismo” de la dictadura Porfirista que nada tenía de liberal.

Ahora, si nos trasladamos a 1929, cuando Calles iniciaba la estructura política para el control total del país, nos daríamos cuenta de que coincidía con el estallido de la Gran Depresión iniciada en EU que tomara proporciones mundiales. La idea de Calles era aglutinar a todos los segmentos de la población en el partido, para de esa forma, evitar la emergencia de una verdadera sociedad civil, y así, identificar el Estado como el padre amoroso a cargo de todas las necesidades de sus hijos. Ya el estado controlaba la tierra a través del ejido, ahora con esta nueva tenaza, se proponía controlar el resto de la actividad económica ,y por supuesto, concentrar todo el poder político en su persona.

Por ello fue que nos rebelamos contra lo que Calles cocinaba; la dictadura de un partido, pero controlado por él, y eso era la dictadura de Calles que le diera vida al sistema político de la autocracia que actualmente tenemos. Pero nuestro movimiento fue ferozmente aniquilado por las fuerzas del ejército regular muy superiores, cuando el mismo Calles asumiera la Secretaría de Guerra. De esa forma nacía el Maximato y la dictadura de Calles, para luego convertirse en la dictadura del PRI. Ante el fracaso de nuestra campaña, yo tuve que abandonar el país puesto que Calles ya fusilaba a los Generales y líderes militares que habían logrado apresar.

 

Carlos Slim necesita más competencia

Carlos Slim necesita más competencia

Por EMILIO AZCÁRRAGA

El mes pasado trajo noticias contradictorias para Carlos Slim, el hombre más rico del mundo. La Comisión Federal de Competencia de México rechazó una inversión de Televisa, la cadena de televisión más grande del país, en Iusacell, compañía de teléfonos celulares. Esa fue una buena noticia para Slim porque obstaculizó a un rival de su imperio de telecomunicaciones.

La mala noticia: la Comisión Federal de Telecomunicaciones de la nación no logró llegar a un acuerdo para allanar el camino para una tercera y cuarta cadena de televisión abierta. Slim quiere a toda costa entrar al negocio de la televisión. Ambas decisiones aseguran el estatus quo, son malas para los consumidores, malas para México y malas para Televisa, la compañía que presido, administro y en la cual soy el mayor accionista.

BloombergCarlos Slim

Primero lo primero. Aunque podríamos haber parecido estar en contra de esto en el pasado, Televisa no se opone a la creación de una tercera, cuarta o hasta quinta cadena televisiva nacional. Si acaso la Comisión de Telecomunicaciones anuncia los términos de una subasta para más frecuencias de televisión, no la desafiaremos legalmente, siempre y cuando que las reglas creen una igualdad de condiciones para la competencia.

Tampoco retaríamos un intento para una nueva cadena televisiva apoyada por un socio estadounidense, siempre que recibamos un trato recíproco en Estados Unidos. En la actualidad, la ley estadounidense prohíbe a los extranjeros ser propietarios de más de 25% de cualquier estación de televisión.

Le damos la bienvenida a una mayor competencia en el mercado mexicano de los medios masivos de comunicación, particularmente en la televisión, porque creemos que nuestra compañía es la mejor, y lo ha sido durante más de medio siglo. Antes de lanzar nuevas cadenas, sin embargo, es esencial establecer regulaciones que igualen las condiciones para la industria de las telecomunicaciones. De otro modo, el futuro del negocio de la televisión abierta, por cable y por satélite estaría seriamente en peligro.

El total de la publicidad televisiva abierta de México es ligeramente superior a US$2.500 millones al año; el mercado de la televisión pagada son otros US$2.500 millones. Sin embargo, aunque 95% de los hogares mexicanos tiene televisor, la televisión por cable (en la que poseemos una gran filial) sólo alcanza 30% de todas las viviendas. Y ya que la ley estadounidense nos dificulta ampliar nuestra participación en Univisión (la mayor cadena en idioma español de EE.UU. y la número cinco en general), Televisa tiene que diversificarse para crecer.

Es por eso que el año pasado hicimos un trato con Iusacell, un pequeño operador de telefonía móvil con una participación de mercado de 4%, propiedad de nuestra competencia televisiva TV Azteca (que tiene casi 30% del mercado de televisión de aire). Nosotros queremos participar activamente en el mercado de las telecomunicaciones, especialmente en telefonía celular. El mercado de los teléfonos móviles de México tiene un valor actual de casi US$15.000 millones.

La Cofeco, la agencia antimonopolio de México, bloqueó nuestra transacción con Iusacell por preocupaciones de que dos cadenas de televisión unidas en una empresa en común en la industria de las telecomunicaciones pudieran confabular en el mercado de los medios masivos. Esto nunca ha sucedido y no es la intención de Televisa. Estamos preparados para establecer barreras con el fin de abordar las preocupaciones de la agencia.

La agencia antimonopolio debería entender que no solamente es un buen negocio para nosotros entrar al mercado de las telecomunicaciones, sino que también es una buena noticia para México. Eso se debe a que el mercado de las telecomunicaciones en México lamentablemente carece de competencia. Las compañías de Carlos Slim controlan 70% del mercado de teléfonos móviles de México, 74% de los servicios fijos de banda ancha y 80% del mercado de teléfonos fijos del país.

De acuerdo con un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México pierde 2,2% de su Producto Interno Bruto cada año debido a las tarifas astronómicamente altas de los teléfonos celulares, a la baja penetración de Internet y a la mediocre conectividad. México tiene 10% de los suscriptores de Internet inalámbrico por cada 100 habitantes que tiene Turquía. Sus tarifas de telefonía celular son por mucho las más caras en la OCDE. En relación a otros países de la OCDE, México está clasificado en el último lugar en términos de inversión per cápita en telecomunicaciones; pero, señala el estudio, ” Los márgenes de rentabilidad del incumbente casi duplican el promedio de la OCDE”.

Nosotros vemos con buenos ojos la competencia en televisión. Pero Slim ha luchado con uñas y dientes para bloquear la competencia en las telecomunicaciones, y ha retrasado los intentos del gobierno para regular su firma de telefonía fija Telmex y su proveedor de telefonía celular Telcel en los tribunales de México.

La OCDE recomienda que “Telmex no debe recibir autorización para prestar servicios de televisión, a menos que esté sujeto a una adecuada regulación asimétrica, que exista evidencia de que cumple con ésta y de que no recurre a impugnaciones o apelaciones judiciales para demorar o suspender su cumplimiento”. Esas regulaciones “asimétricas” regularían a Telmex más estrictamente que a compañías que intentan entrar al mercado para compensar el dominio del mercado de Telmex.

México está cambiando para mejorar. Televisa también. Entonces también debería hacerlo alguien con la visión, el talento y la influencia de Carlos Slim.

—Emilio Azcárraga es presidente de Televisa, con sede en la Ciudad de México.

 

 

México habla de una reforma del monopolio

Por MARY ANASTASIA O’GRADY

México anunció la semana pasada un crecimiento económico de 1,34% en el tercer trimestre, lo que colocó su tasa de crecimiento anual en 5,5%. Pero durante una visita a The Wall Street Journal este mes, el candidato presidencial mexicano Enrique Peña Nieto resaltó que el crecimiento promedio anual del país durante los últimos 10 años ha sido un anémico 1,7%. Se trata, afirmó el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), del período de crecimiento de 10 años más lento de los últimos 70 años.

Para que México crezca en forma estable a largo plazo, sostuvo Peña Nieto, necesita volver a instalar a su partido (alejado del poder desde 2000) en el palacio presidencial de Los Pinos para que pueda impulsar las políticas que generen la expansión que el país necesita. Una de sus propuestas es sorprendente viniendo de un candidato del PRI: una reforma constitucional que permitiría la inversión privada en Pemex, el sacrosanto monopolio nacional de petróleo.

Associated Press

Enrique Peña Nieto

Hablar de inversión privada en Pemex hubiera sido herejía dentro del PRI hace sólo una década. Pero los calificativos que Peña Nieto le asigna a su “reforma” demuestran que la batalla para crear una verdadera competencia energética aún está por delante. También vale la pena señalar que la reforma constitucional liderada por el PRI requerirá de la ayuda del Partido de Acción Nacional (PAN). No queda claro si el PAN cooperará.

De todos modos, la idea refleja lo mucho que está cambiando México. Al contrario de lo ocurrido en Estados Unidos, el presidente Felipe Calderón, del PAN, rechazó propuestas keynesianas para que México recurriera al gasto fiscal deficitario para combatir la caída posterior a la crisis financiera de 2008. Peña Nieto está de acuerdo. Con una inflación que se ubica alrededor de 3,4%, considera que la estabilidad macroeconómica es una “condición” necesaria para el crecimiento económico”.

La tasa de crecimiento a la que alude Nieto Peña fue, por supuesto, reducida por la recesión en EE.UU. Sin embargo, la caída —exacerbada por la falta de competitividad en industrias clave— dejó al electorado insatisfecho. Por eso, cuando faltan siete meses para los comicios, Peña Nieto parece encaminado a un triunfo.

Para lograr un crecimiento más acelerado, afirma que México debe aumentar la competitividad de las empresas estatales, comenzando por Pemex. Hay una “ventana de oportunidad si abrimos Pemex al sector privado”, sostiene, aunque se apresura a agregar que “esto no significa que el Estado deba ceder la propiedad de Pemex o sus hidrocarburos”. El monopolio será protegido, dice, mientras la empresa es “fortalecida” a través de la inversión privada en exploración, explotación y refinación. Peña Nieto cree que esto cambiará las reglas del juego. “Es asombroso que seamos uno de los productores de petróleo más importantes [del mundo] e importemos gasolina”, observa.

La propuesta de Peña Nieto parece extraña al provenir del partido que casi deificó el monopolio estatal desde que el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolera en 1938. El candidato, no obstante, sostiene que los prolongados lazos del PRI con Pemex son justamente el motivo por el que es el único partido capaz de modernizar la empresa. Agrega que la idea no ha generado mucha resistencia. “Creo que el PRI ha avanzado a una [postura] muy pragmática” y que “debido a la base de apoyo del PRI, su conexión con distintos sectores, yo diría que está—sin arrogancia— en la mejor [posición] para realizar estas reformas estructurales en México”. Piense en “Nixon va a China”, afirma Peña Nieto, en referencia al histórico viaje del presidente republicano y ferviente anticomunista a principios de los 70 que relanzó las relaciones sino-estadounidenses.

Para la creciente clase media mexicana sin dudas es una buena noticia que el PRI reconozca el costo que un monopolio petrolero nacional sin inversión le ha impuesto al crecimiento del país. Sin embargo, declarar la victoria sería prematuro.

Un problema es que la energía sigue siendo una papa caliente. Calderón y el PAN también quisieron liberalizar la regulación en torno a Pemex, pero no tuvieron los votos suficientes en el Congreso para aprobar su reforma sin la ayuda del PRI. El PRI los obligó a diluir la legislación y se cree ampliamente que Peña Nieto lideró los esfuerzos tras bambalinas. Al PAN no le quedó otra que conformarse con una ley tímida limitada a nuevos incentivos privados en los nuevos contratos perforación en aguas profundas.

La jugada del PRI tuvo sentido en lo político: ¿por qué permitir que el PAN se quede con el crédito por una victoria histórica mientras el PRI recibía las críticas de los intereses especiales que dependen del monopolio y que son parte de su electorado? El PAN tampoco tenía mucho de que quejarse. Después de todo, cuando el presidente del PRI Ernesto Zedillo, que gobernó entre 1994 y 2000, intentó introducir la inversión privada en la electricidad, el PAN, encabezado por Calderón, se opuso al proyecto de ley.

El PAN aún debe elegir a su candidato presidencial, aunque la ex secretaria de Educación Josefina Vásquez parece ser la favorita para ganar las primarias. Vásquez es liberal en lo económico y Peña Nieto ya ha expresado su intención de instaurar reformas, por lo que la campaña podría darles a los mexicanos su primera oportunidad de escuchar un debate serio sobre la profundidad y el alcance de la tarea por delante. El PAN debería aprovechar esta realidad y obligar a Peña Nieto a entregar más detalles sobre su plan. Peña Nieto, en tanto, haría bien en recordar que cuando Nixon fue a China no necesitó de la asistencia de los demócratas.

 

Carlos Slim necesita más competencia

Por EMILIO AZCÁRRAGA

El mes pasado trajo noticias contradictorias para Carlos Slim, el hombre más rico del mundo. La Comisión Federal de Competencia de México rechazó una inversión de Televisa, la cadena de televisión más grande del país, en Iusacell, compañía de teléfonos celulares. Esa fue una buena noticia para Slim porque obstaculizó a un rival de su imperio de telecomunicaciones.

La mala noticia: la Comisión Federal de Telecomunicaciones de la nación no logró llegar a un acuerdo para allanar el camino para una tercera y cuarta cadena de televisión abierta. Slim quiere a toda costa entrar al negocio de la televisión. Ambas decisiones aseguran el estatus quo, son malas para los consumidores, malas para México y malas para Televisa, la compañía que presido, administro y en la cual soy el mayor accionista.

Bloomberg

Carlos Slim

Primero lo primero. Aunque podríamos haber parecido estar en contra de esto en el pasado, Televisa no se opone a la creación de una tercera, cuarta o hasta quinta cadena televisiva nacional. Si acaso la Comisión de Telecomunicaciones anuncia los términos de una subasta para más frecuencias de televisión, no la desafiaremos legalmente, siempre y cuando que las reglas creen una igualdad de condiciones para la competencia.

Tampoco retaríamos un intento para una nueva cadena televisiva apoyada por un socio estadounidense, siempre que recibamos un trato recíproco en Estados Unidos. En la actualidad, la ley estadounidense prohíbe a los extranjeros ser propietarios de más de 25% de cualquier estación de televisión.

Le damos la bienvenida a una mayor competencia en el mercado mexicano de los medios masivos de comunicación, particularmente en la televisión, porque creemos que nuestra compañía es la mejor, y lo ha sido durante más de medio siglo. Antes de lanzar nuevas cadenas, sin embargo, es esencial establecer regulaciones que igualen las condiciones para la industria de las telecomunicaciones. De otro modo, el futuro del negocio de la televisión abierta, por cable y por satélite estaría seriamente en peligro.

El total de la publicidad televisiva abierta de México es ligeramente superior a US$2.500 millones al año; el mercado de la televisión pagada son otros US$2.500 millones. Sin embargo, aunque 95% de los hogares mexicanos tiene televisor, la televisión por cable (en la que poseemos una gran filial) sólo alcanza 30% de todas las viviendas. Y ya que la ley estadounidense nos dificulta ampliar nuestra participación en Univisión (la mayor cadena en idioma español de EE.UU. y la número cinco en general), Televisa tiene que diversificarse para crecer.

Es por eso que el año pasado hicimos un trato con Iusacell, un pequeño operador de telefonía móvil con una participación de mercado de 4%, propiedad de nuestra competencia televisiva TV Azteca (que tiene casi 30% del mercado de televisión de aire). Nosotros queremos participar activamente en el mercado de las telecomunicaciones, especialmente en telefonía celular. El mercado de los teléfonos móviles de México tiene un valor actual de casi US$15.000 millones.

La Cofeco, la agencia antimonopolio de México, bloqueó nuestra transacción con Iusacell por preocupaciones de que dos cadenas de televisión unidas en una empresa en común en la industria de las telecomunicaciones pudieran confabular en el mercado de los medios masivos. Esto nunca ha sucedido y no es la intención de Televisa. Estamos preparados para establecer barreras con el fin de abordar las preocupaciones de la agencia.

La agencia antimonopolio debería entender que no solamente es un buen negocio para nosotros entrar al mercado de las telecomunicaciones, sino que también es una buena noticia para México. Eso se debe a que el mercado de las telecomunicaciones en México lamentablemente carece de competencia. Las compañías de Carlos Slim controlan 70% del mercado de teléfonos móviles de México, 74% de los servicios fijos de banda ancha y 80% del mercado de teléfonos fijos del país.

De acuerdo con un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México pierde 2,2% de su Producto Interno Bruto cada año debido a las tarifas astronómicamente altas de los teléfonos celulares, a la baja penetración de Internet y a la mediocre conectividad. México tiene 10% de los suscriptores de Internet inalámbrico por cada 100 habitantes que tiene Turquía. Sus tarifas de telefonía celular son por mucho las más caras en la OCDE. En relación a otros países de la OCDE, México está clasificado en el último lugar en términos de inversión per cápita en telecomunicaciones; pero, señala el estudio, ” Los márgenes de rentabilidad del incumbente casi duplican el promedio de la OCDE”.

Nosotros vemos con buenos ojos la competencia en televisión. Pero Slim ha luchado con uñas y dientes para bloquear la competencia en las telecomunicaciones, y ha retrasado los intentos del gobierno para regular su firma de telefonía fija Telmex y su proveedor de telefonía celular Telcel en los tribunales de México.

La OCDE recomienda que “Telmex no debe recibir autorización para prestar servicios de televisión, a menos que esté sujeto a una adecuada regulación asimétrica, que exista evidencia de que cumple con ésta y de que no recurre a impugnaciones o apelaciones judiciales para demorar o suspender su cumplimiento”. Esas regulaciones “asimétricas” regularían a Telmex más estrictamente que a compañías que intentan entrar al mercado para compensar el dominio del mercado de Telmex.

México está cambiando para mejorar. Televisa también. Entonces también debería hacerlo alguien con la visión, el talento y la influencia de Carlos Slim.

—Emilio Azcárraga es presidente de Televisa, con sede en la Ciudad de México.

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