Tag Archives: mercados

¿Quién va ser el próximo presidente?

Luis Gutiérrez Poucel

Consultor Económico:  Economista en Jefe en LEGS Consultores y Asociados.  Anteriormente, durante 11 años, Economista Principal en el Banco Mundial.  Educado en Harvard University.

El tema de actualidad en el país es:

¿Quién va ser el próximo presidente?

Cada seis años a los mexicanos nos gusta jugar al presidencialismo, como si esto pudiera cambiar el pasado, o mejorar los resultados de la administración que está a punto de concluir. En efecto, lo último que muere en los mexicanos es el sentimiento de la esperanza, la esperanza de que el próximo presidente vaya a ser mejor del que está por terminar.

Por el momento tenemos a tres candidatos de los tres principales partidos con posibilidades presidenciables, por orden alfabético de los partidos: Josefina Vázquez Mota (PAN), Andrés Manuel López Obrador (PRD) y Enrique Peña Nieto (PRI). Las encuestas sugieren que Enrique es el puntero, a pesar de los descalabros que le han causado las muestras que ha dado de falta de cultura y preparación. Sin embargo, Andrés Manuel y Josefina están mejorando su posición en las encuestas.

¿Qué tal si pudiéramos evaluar a los tres presidenciables desde el punto de vista del bienestar nacional, de lo que le importa al pueblo de México, considerando la trayectoria que han tenido y su desempeño en el pasado? Eso es lo que pretendemos hacer en este artículo: evaluarlos de la manera más objetiva posible, lo cual es muy difícil, porque hay mucho de subjetividad en cualquier evaluación; pero a riesgo de pecar de sesgos ideológicos y políticos, aquí les va mi modesta evaluación.

Índice de la Esperanza

Pero antes de calificarlos, tenemos que ponernos de acuerdo sobre qué bases los vamos a evaluar. Si tomamos el Índice de Desarrollo Humano propuesto por los organismos internacionales, los tres indicadores relevantes serían (1) el PIB per cápita, (2) la educación y (3) la esperanza de vida. Pero como nosotros sabemos, el bienestar de una nación requiere de otros elementos, tales como la seguridad, combate a la corrupción y la efectividad del gobierno para gobernar, entre otros.

El Banco Mundial ha propuesto el Índice de Gobernabilidad, compuesto por los siguientes indicadores: (1) voz y rendición de cuentas, (2) estabilidad política, (3) efectividad del gobierno, (4) calidad regulatoria, (5) imperio de la ley y (6) control de la corrupción.

Para el caso de México, vamos a tropicalizar dichos índices para aterrizar más de cerca a nuestra realidad, construyendo el Índice de la Esperanza. ¿En qué consiste este índice?, se preguntarán. Este índice se compone de seis indicadores: (1) el PIB per cápita, (2) distribución del ingreso, (3) educación, (4) efectividad para gobernar (gobernabilidad en corto), (5) seguridad y (6) corrupción.

Pasemos ahora a la evaluación de cada presidenciable.

Josefina Vázquez Mota
La administración de JVM probablemente mantendría el blindaje económico de la economía, respetaría la autonomía del Banco Central y conservaría la prudencia fiscal. El Producto Interno Bruto per cápita crecería a igual ritmo o un punto porcentual por arriba del PIB per cápita de los Estados Unidos, que es nuestro principal punto de referencia. Tendríamos estabilidad económica durante todo su sexenio.

La distribución del ingreso seguramente se mantendría igual que como estamos ahora, no habría grandes avances en la reducción de la pobreza, no se lograría la reforma fiscal y la gestión del Ejecutivo Federal tendría el mismo impacto sectorial que el gobierno de Felipe Calderón.

El gobierno de Josefina evitaría confrontaciones con el sindicato de la maestra Gordillo; mantendría los mismos niveles de gasto e inversión en educación que la de los gobiernos panistas recientes. En suma, en el campo de la educación no habría grandes avances, mantendríamos nuestros bajos niveles educativos que observamos cuando nos comparamos con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El gobierno panista tendría las mismas dificultades para alcanzar acuerdos con el Congreso que sus predecesores para llevar a cabo las reformas estructurales que el país requiere y para controlar los excesos de los gobiernos estatales. El nivel de gobernabilidad sería equivalente al de los gobiernos panistas del 2000 al 2012.

En cuanto a la seguridad, su gobierno mantendría las mismas líneas de confrontación militar contra el crimen y la delincuencia organizada, no legalizaría las drogas cuyo tráfico hacia EUA ocasionan más daño al país en términos de violencia e inseguridad.

Finalmente, en la lucha contra la corrupción el gobierno de Josefina Vázquez Mota no iría contra los presidentes, gobernadores de los estados ni secretarios de Estado que robaron en el pasado. Mantendría los mismos niveles de monitoreo y control de la corrupción tan suaves para los niveles altos como los que mantuvieron los gobiernos panistas que la antecedieron. La corrupción en los altos niveles de los gobiernos estatales continuaría con algunos de ellos endeudándose masivamente para financiar proyectos cuestionables. Los elementos de control de la corrupción y abuso de confianza de los niveles medios y bajos probablemente mejorarían un poco.

 

Andrés Manuel López Obrador
¿Qué tal le iría al gobierno de AMLO con el Índice de la Esperanza? Para empezar, el ingreso per cápita probablemente crecería por debajo del ritmo del de los EUA, difícilmente alcanzaría en promedio durante el sexenio el nivel americano, por las siguientes razones: el gobierno de AMLO eliminaría el blindaje económico, terminaría con la autonomía del Banco de México, no seguiría una política de prudencia fiscal e iniciaría una confrontación abierta contra los inversionistas privados nacionales y extranjeros; su administración introduciría nuevamente el financiamiento deficitario, acelerando la inflación y devaluando el valor del peso; la inversión privada disminuiría; el déficit comercial aumentaría junto con el proteccionismo comercial y los precios de los productos nacionales e importados aumentarían en el mercado interno. En otras palabras, la economía perdería competitividad, tendríamos una crisis económica durante la mayor parte del sexenio y aumentaría la dependencia a las exportaciones de petróleo crudo.

La distribución del ingreso se deterioraría por los efectos inflacionarios, por la disminución en la tasa de crecimiento económica, por la confrontación entre clases de diferente ingreso, por la reducción de la inversión privada y por la disminución en la creación de empleos. La administración mejoraría los programas de reducción de la pobreza extrema, aumentando el gasto para necesidades sociales del 7.2% del PIB al 10%, pero este esfuerzo no sería suficiente para contrarrestar la reducción del ingreso de la clase media y de los más pobres por la inflación y el aumento del desempleo. Seguramente no habría reforma fiscal, y si la hubiera, sería en contra del crecimiento económico y de la inversión, su énfasis sería en mayores ingresos fiscales penalizando la inversión y favoreciendo al consumo. El ejecutivo federal tendría un fuerte impacto sectorial, a través de grandes proyectos públicos, habría gran participación de contratistas, en especial aquellos que apoyasen financieramente al PRD y de nuevos contratistas que nacerían al amparo de los contratos del gobierno. Los mexicanos terminaríamos pagando doble por estos grandes proyectos populistas, primero porque para desarrollarlos se necesitarían de los impuestos que pagamos, y segundo por las molestias que ocasionarían su construcción y por el impuesto inflacionario que eventualmente tendríamos que pagar todos los mexicanos.

En el terreno de la educación, si Andrés Manuel no puede controlar al sindicato de Elba Esther Gordillo, luchará en su contra, tratando de crear su propio sindicato incondicional a sus políticas. Habría un fuerte aumento en los niveles de gasto e inversión para la educación, pero tendría poco impacto en la calidad de la educación, así como en el nivel de calificación de la mano de obra, pues el énfasis sería más en la cantidad que la calidad, sería una educación politizada.

En cuanto a gobernabilidad habría una abierta confrontación con el Congreso, las reformas que se aprobarían serían populistas, no para mejorar la efectividad del gobierno, sino para vender la imagen de buen gobierno a la opinión pública. El estilo de gobernar produciría un diálogo aguerrido con los estados gobernados por la oposición. Habría inestabilidad política durante la mayor parte de su sexenio.

En lo que toca la seguridad, el gobierno de Andrés Manuel trataría de pactar y dirigir a la delincuencia organizada: su lema sería “si no es posible combatirlos, preferible controlarlos y dirigirlos”. Seguramente legalizaría algunas de las drogas cuyo tráfico más perjudican al país: la marihuana y la cocaína.

En cuanto al control de la corrupción, el gobierno de Andrés Manuel mantendría muy abierto los ojos monitoreando y criticando a los gobernadores de los partidos de oposición y cerrando sus ojos a los excesos en los estados manejados por sus correligionarios y de los que apoyan a su administración. Los mecanismos de manejo y castigo de la corrupción de los niveles medios y bajos probablemente no serían efectivos.

 

Enrique Peña Nieto
Finalmente, ¿cómo saldría la evaluación del candidato puntero EPN? Seguramente la administración de Enrique trataría de manipular el blindaje económico, socavaría la autonomía del Banco Central y se alejaría de la prudencia fiscal cuando así le conviniera y fuera necesario para sus fines políticos o personales. El ingreso per cápita de los mexicanos posiblemente crecería al mismo ritmo que el de los americanos, quizás un poco por encima. Habrían grandes proyectos y mucha participación de especuladores y contratistas, por lo que los mexicanos terminaríamos pagando triplemente por estos gigantescos proyectos de desarrollo: primero para financiar su desarrollo con nuestros impuestos, segundo por las molestias durante su construcción y tercero terminaríamos pagando peaje por el uso de los servicios de infraestructura que generarían. Posiblemente habría una crisis económica al final del sexenio cuando el gobierno tratase de apurar la terminación de sus grandes proyectos con financiamiento deficitario.

La distribución del ingreso probablemente empeoraría por los efectos inflacionarios de su oportunista política fiscal. No habría grandes avances en la reducción de la pobreza, manteniéndose los niveles actuales de 52 millones de pobres. Indudablemente no habría acuerdos para llevar a cabo una reforma fiscal.

En cuanto a la educación, el gobierno de Peña Nieto continuaría apoyando al sindicato de Elba Esther Gordillo. Habría un aumento en los niveles de gasto e inversión dedicados a la educación pero con poco impacto en la calidad educativa, probablemente habría inclusive un retraso en los indicadores de calidad de la educación debido al mayor énfasis que se daría a la cantidad más que a la calidad, favoreciendo y compensando la trayectoria política de los maestros y oponiéndose a su evaluación y premiación de sus conocimientos.

En términos de gobernabilidad habría una mejora, dada la mayor experiencia que tienen los priistas para manejar al país, pero continuarían las dificultades de entendimiento con el Congreso y para llevar a cabo las reformas estructurales que necesita el país. El nivel de control y supervisión en los gobiernos estatales mejoraría un poco, pero el cambio no sería sustancial.

En términos de seguridad, el gobierno de Enrique trataría de pactar con los criminales y la delincuencia organizada lo que a la postre, nos resultaría muy caro. Es ridículo e infantil pensar que se puede negociar y pactar con pillos que por definición no tienen palabra ni honor. Precisamente por ello son criminales, porque no tienen escrúpulos ni respeto al derecho ajeno. Probablemente no logre legalizar las drogas para sacar de la ecuación de la oferta al elemento criminal.

Finalmente en lo que toca al control de la corrupción, el gobierno de Peña Nieto no iría contra los gobernadores, secretarios de estados ni presidentes ladrones; trataría de pactar para que a él y a sus allegados, al terminar su administración, no les hicieran lo mismo. Los mecanismos de control de la corrupción y abuso de confianza de los niveles medios y bajos probablemente mejorarían.

Boletas de calificaciones:

En la evaluación comparativa de los presidenciables, considerando las calificaciones a cada uno de los indicadores del Índice de la Esperanza, ninguno de los tres candidatos aparece como la mejor opción para México, pero la opción menos mala parece ser Josefina Vázquez Mota con un promedio de 6.5. El presidenciable más malo sería Andrés Manuel López Obrador con una calificación promedio de reprobado de 3.6. Enrique Peña Nieto pasaría de panzaso con un 6 de promedio. Ninguno de los dos candidatos aprobados figuraría en el cuadro de honor.

 

Evaluación de los presidenciables: Un ejercicio en razón a la esperanza

 

JVM

AMLO

EPN

PIBPC

8.0

2.0

7.8

Distribución del ingreso

6.0

4.0

5.2

Educación

5.5

4.0

4.2

Gobernabilidad

6.5

3.5

7.8

Seguridad

7.5

5.0

4.7

Corrupción

5.5

3.0

6.3

Índice de la Esperanza

6.5

3.6

6.0

Resultado de la evaluación

Seguramente otro evaluador modificaría alguna que otra calificación, pero dudo mucho que el resultado final cambiara mucho en lo fundamental: en las próximas elecciones no vamos a votar por el mejor candidato, sino por el menos malo.

Los líderes políticos que tenemos son los que merecemos. Si algo nos dice nuestra historia es que los mexicanos generalmente votamos por sentimiento, por interés propio y para alcanzar beneficios a corto plazo. Los mexicanos no contemplamos el beneficio a largo plazo, el interés de nuestros hijos y nietos, el bienestar del pueblo. ¿Por qué desde la independencia hasta hoy hemos tenido mayoritariamente entre malos y pésimos líderes que han llevado al país a estadios económicos muy por debajo de los niveles que hubiéramos podido alcanzar? Y no es porque no haya buenos líderes, los hay, es porque nosotros, los votantes no sabemos meditar nuestro voto.

El votante mexicano desgraciadamente es egoísta, no altruista, por lo que existe la posibilidad de que vayamos a votar mayoritariamente en las próximas elecciones, no por el menos malo, sino por el más malo, el que más promesas haga, el que más despensas reparta.

Anuncios

España: Diez razones para secundar la huelga general

 

TenPor Juan Ramón Rallo

Libertad Digital, Madrid

La reforma laboral del Gobierno, sin ser en todos sus aspectos la que necesitaba el país, supone una mejora muy sustancial con respecto a la legislación precedente; sin ser la reforma laboral que uno hubiese rubricado, es una reforma laboral aceptable. Sindicatos y partidos de izquierdas, empero, han optado por abrazar el populismo más primario para forzar, huelga general mediante, la retirada de estos tímidos pero decididos avances en la dirección adecuada.

Este jueves 29 de marzo los trabajadores españoles, aquellos que todavía no hayan perdido su empleo como consecuencia de la espantosa política económica socialista promovida hasta hace tres cuartos de hora por los convocantes y simpatizantes de la huelga, han sido llamados a no acudir a sus puestos de trabajo para protestar contra la los principales progresos de esta reforma.

Personalmente, el ‘derecho’ de huelga me parece un privilegio estatista que viola de manera flagrante los auténticos derechos nacidos de los contratos voluntarios, pero dejando de lado este importante debate, lo cierto es que quienes secunden este 29 de marzo la huelga general estarán a su vez secundando un programa político, ideológico y (anti)económico muy concreto: el de la extrema izquierda. Quienes muestren su apoyo al paro sindical deberían, por consiguiente, ser muy conscientes de aquello que promueven y de aquello a lo que se oponen.

En particular, dado que el propósito de la huelga es enmendar la totalidad de la reforma laboral del Gobierno, sólo deberían adherirse a la misma aquellas personas que muestren su devota aceptación de la legislación laboral anterior y de sus consecuencias económicas y sociales. Dicho de otro modo, sólo deberían secundar la huelga aquellas personas que vean con buenos ojos las siguientes disfuncionalidades de nuestro mercado de trabajo (a las que, mejor o peor, pretende poner fin la reforma del Gobierno):

  1. Que la situación laboral de una parte de nuestros trabajadores esté ultraprecarizada (trabajadores temporales) porque la de otra parte está ultraprotegida (trabajadores indefinidos).
  2. Que los aumentos del paro se ceben siempre de manera extraordinaria en los jóvenes y en los trabajadores temporales: Desde el primer trimestre de 2007 al último de 2011, el número de ocupados de entre 16 a 25 años se redujo un 52%, mientras que el de personas mayores se 25 apenas cayó un 7%; asimismo, el número de ocupados con contrato temporal disminuyó un 30%, mientras que el de ocupados con contrato indefinido apenas lo hizo un 1%.
  3. Que un trabajador con contrato indefinido y que lleve muchos años dentro de la empresa pueda cobrar un salario muy superior a un recién llegado aun cuando sea mucho menos productivo.
  4. Que la reorganización funcional o geográfica de los trabajadores con el propósito de que una empresa capee el temporal o gane competitividad se vuelva prohibitivamente cara y, en numerosos casos, del todo inmanejable.
  5. Que, en consecuencia, el despido sea el remedio más rápido y flexible al que puede recurrir una empresa ante una caída severa de sus ingresos.
  6. Que si una empresa en graves dificultades intenta acogerse al despido por causas económicas, los juzgados de lo social puedan encarecer astronómicamente, vía salarios de tramitación, el coste final del despido únicamente retrasando su (en muchas ocasiones arbitraria) resolución sobre la procedencia o no del despido.
  7. Que todas las empresas sitas en un mismo territorio y dentro de un mismo sector estén sometidas a una misma normativa laboral en materias tan diversas como los salarios, bases de contratación, jornada laboral, horas extras, pensiones o incentivos a la productividad: es decir, un restaurante ubicado en la zona residencial rica de una ciudad o provincia soportará el mismo convenio colectivo que un restaurante situado en la zona residencial pobre de esa misma ciudad o provincia.
  8. Que los sindicatos puedan recurrir caprichosamente a la ultraactividad de los convenios para prorrogar de manera indefinida las condiciones laborales negociadas en un convenio colectivo aun cuando el contexto económico de esa negociación haya cambiado radicalmente (pasando, por ejemplo, de expansión artificial a profunda crisis).
  9. Que, por tanto, los salarios de la mayoría de trabajadores sigan aumentando automáticamente aun cuando los ingresos de la empresa se desmoronen, abocando a muchos más trabajadores de lo necesario al desempleo.
  10. Que los representantes de los trabajadores de una empresa no tengan permitido en muchas ocasiones alterar las condiciones laborales impuestas a esa empresa por un convenio de ámbito superior, aun cuando lo consideren imprescindible para la supervivencia de esa compañía.

Si usted otorga su bendición a la totalidad o a la mayoría de los puntos anteriores y si, además, usted aspira a que España se vaya helenizando poco a poco, entonces sí: debe secundar la huelga general. En caso contrario, piénseselo mejor. No vaya a ser que esté siendo utilizado como ariete político por la extrema izquierda contra la, de momento, única reforma sensata de este Gobierno.

El Sr. Rallo es profesor de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos I. Su último libro publicado es Los errores de la vieja economía (Unión Editorial, 2012). Editor de Economía del programa Es la Noche de César, de esRadio. Miembro del Panel de Opinión de Libertad Digital.

La amnesia de la crisis financiera

Por TIM GEITHNER

Hace cuatro años, una noche de marzo de 2008, recibí una llamada del presidente ejecutivo de Bear Stearns en la que me informaba que planeaban declararse en bancarrota por la mañana.

Bear Stearns era la más pequeña de las grandes instituciones de Wall Street, pero estaba profundamente arraigada en los mercados financieros y tenía la mezcla perfecta de vulnerabilidades. Tomó demasiados riesgos. Dependía de miles de millones de dólares de financiación riesgosa a corto plazo. Y tenía miles de contratos derivados con miles de empresas.

Estas debilidades convirtieron a Bear Stearns en la baja inicial más importante en lo que se convertiría en la peor crisis financiera desde la Gran Depresión. Pero como vimos a fines de 2008, esas debilidades no eran exclusivas de esa firma.

En la primera mitad de 2008, más estadounidenses comenzaban a afrontar pagos de hipotecas más altos a medida que las tasas de interés aumentaban y ya no podían recurrir a una refinanciación para evitarlas porque el valor de sus hogares dejó de subir: la primera señal de una ola de ejecuciones y una terrible caída en los precios de las viviendas. Para cuando Bear Stearns quebró, la recesión ya había comenzado varios meses atrás, pero por supuesto empeoraría mucho más en los meses siguientes.

Chad Crowe

Estos problemas eran en parte el resultado de una amnesia. No había recuerdos de una crisis extrema, ningún recuerdo de lo que puede suceder cuando un país permite que grandes cantidades de riesgo se acumulen fuera de las barreras de protección que requieren todas las economías.

Cuando el presidente ejecutivo de Bear Stearns llamó esa noche, no fue porque yo fuera el supervisor o regulador de su firma, sino porque en ese momento era el director del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, que se desempeña como el departamento de bomberos del sistema financiero.

Las barreras de protección financieras en la ley en ese momento eran trágicamente anticuadas y débiles. Ni la Fed, ni ninguna otra agencia federal, tenían la amplia autoridad necesaria sobre firmas de inversión como Bear Stearns, aseguradoras como AIG, o los gigantes hipotecarios respaldados por el gobierno Fannie Mae y Freddie Mac.

Los reguladores no tenían la autoridad que necesitaban para supervisar e imponer límites prudentes sobre el riesgo general y el apalancamiento de grandes instituciones financieras no bancarias. Y no tenían la autoridad para llevar a estas firmas, o holdings bancarios, a una quiebra administrada que redujera su tamaño de forma ordenada o de otra forma contener el daño causado por su quiebra. Las barreras de protección sobre los bancos eran mucho más severas que las aplicadas en cualquier otro rincón del sistema financiero, pero incluso esas medidas no eran lo suficientemente conservadoras.

Se había desarrollado un enorme sistema bancario en las sombras sin regulación significativa, que usaba billones (millones de millones) de dólares en deuda a corto plazo para financiar actividades financieras inherentemente riesgosas. Los mercados de derivados crecieron a más de US$600 billones, con poca transparencia o supervisión. La deuda de los hogares aumentó a un alarmante 130% de los ingresos, y una enorme porción de esos préstamos se originaron con poca o ninguna supervisión y débiles protecciones para el consumidor.

El fracaso en modernizar el sistema de supervisión financiera antes de que se presentaran los problemas es el motivo más importante por el que esta crisis fue más severa que cualquier otra desde la Gran Depresión, y por el que fue tan difícil apagar el incendio de la crisis. La inhabilidad de implementar reformas rápidamente fue la razón por la que la crisis causó una caída del producto interno bruto a una tasa anual de 9% en el último trimestre de 2008; el motivo por el que millones de estadounidenses perdieron sus empleos, hogares, empresas y ahorros; la razón por la que el mercado de la vivienda aún está lejos de la recuperación; y explica por qué nuestra deuda nacional ha crecido de forma tan significativa.

Por todos estos motivos, el presidente Obama le pidió al Congreso que aprobara reformas difíciles con rapidez, antes de que se desvaneciera la memoria de la crisis. La Reforma Dodd-Frank de Wall Street y la Ley de Protección al Consumidor, convertida en ley por el presidente el 21 de julio de 2010, pusieron en vigencia reglas más seguras y modernas en el camino de la industria financiera. Sin embargo sólo cuatro años después de que comenzara a desatarse la crisis financiera, algunas personas parecen sufrir amnesia sobre lo cerca que estuvo EE.UU. de completar el colapso financiero bajo el sistema regulatorio anticuado que teníamos antes de la reforma de Wall Street.

Recuerden la crisis cuando escuchen quejas sobre la reforma financiera; quejas sobre los límites sobre la toma de riesgo o los requisitos de transparencia o revelar información. Recuerden la crisis cuando leen sobre los cientos de millones de dólares que ahora se gastan en lobby intentando debilitar o repeler la reforma financiera. Recuerden la crisis cuando piensen en las decenas de editoriales y columnas contra la reforma publicada en las páginas de opinión de este diario durante los últimos tres años.

¿Son altos los costos de la reforma? Sin duda no en relación a los costos de otra crisis financiera. El crédito es relativamente barato y crece en la mayoría del sistema financiero de EE.UU., aunque aún es escaso para algunos prestatarios. Si los costos de la reforma fueran una carga material para el crecimiento del crédito, entonces los préstamos a empresas no hubieran crecido más rápido que la economía en general desde que se aprobó la ley y comenzó su implementación.

¿Son complejas estas reformas? No más complejas que los problemas que fueron diseñadas para solucionar. Y, debería señalarse, la mayoría de la extensión y complejidad de las reglas en consecuencia del cuidado requerido para apuntar a barreras de protección cuando son necesarias, no donde tendrían un efecto negativo.

¿Hay cierto riesgo de que estas reformas vayan demasiado lejos con consecuencias imprevistas? Eso depende de la calidad del juicio de los reguladores durante los próximos meses, a medida que les den forma a las reformas que faltan. Pero nuestro sistema provee una considerable protección contra ese riesgo, y las reglas están sujetas a largos períodos de comentarios y análisis públicos, y con margen legal para que el balance sea correcto. El mayor error sería que el Congreso y los reguladores, bajo una presión tremenda de los grupos de presión volvieran a dejar a grandes porciones de la industria financiera exentas de reglas contra el abuso.

Estas reformas no son perfectas, y no impedirán todas las crisis financieras futuras. Pero si estas reformas hubieran estado vigentes hace una década, entonces el aumento de la deuda y el apalancamiento hubiera sido menos peligroso, los consumidores no hubieran sido tan vulnerables a la depredación y el abuso, y el gobierno hubiera podido limitar el daño que podría tener una crisis financiera sobre la economía en general. El presidente Obama, junto con el senador Chris Dodd y el representante Barney Frank, merece un enorme crédito por impulsar reformas severas con rapidez.

Mi esposa a veces levanta la vista del periódico con desconcierto cuando lee otra historia sobre gente en el mundo financiero o sus lobbistas que se quejan sobre la reforma de Wall Street o afirman que no necesitaban el programa de alivio financiero conocido como TARP. Me recuerda las llamadas de pánico que contestó por mí en casa, tarde por la noche o temprano por la mañana, en 2008, de los entonces gigantes de nuestro sistema financiero.

No podemos darnos el lujo de olvidar las lecciones de la crisis y el daño que causó a millones de estadounidenses. Amnesia es lo que causa la crisis financiera. Vale la pena luchar por preservar estas reformas.

—Geithner es secretario del Tesoro de EE.UU.

 

El dólar brilla entre las hermanas feas

Por NICHOLAS HASTINGS

LONDRES (Dow Jones)–Nuevamente nos encontramos en el concurso de las feas.

Mientras la recuperación del crecimiento mundial comienza a debilitarse, los inversionistas están una vez más atrapados ante la cruda opción de elegir a la menos mala o la menos fea entre las grandes economías Y una vez más, parece que será Estados Unidos.

En cada vuelta de página de los últimos días ha crecido la evidencia de que la economía mundial aún está pasando momentos difíciles.

Reuters

En primer lugar está China.

Aunque Beijing podría aún evitar un aterrizaje forzado, nuevas cifras muestran que las manufacturas siguen contrayéndose mientras que las presiones inflacionarias siguen siendo altas, lo que sugiere que el aterrizaje será muy agitado.

Las expectativas de que las autoridades serían capaces de relajar la política e incluso comenzar a recortar pronto las tasas de interés se están desvaneciendo a pasos agigantados y el rol de China como principal motor de la recuperación mundial rápidamente se está volviendo una cosa del pasado.

El acuerdo final del último rescate a Grecia ha proporcionado un breve respiro para el euro, ante las expectativas de que la economía alemana aún estuviera lo suficientemente fuerte para sacar del hoyo a los deudores periféricos.

Pero ahora la confianza en la economía alemana también ha comenzado a diluirse. Nuevas cifras de los gerentes de compras muestran una sorpresiva caída en las manufacturas durante el mes pasado, lo cual -combinado con cifras débiles en la mayoría de los otros países de la región- asegura que la actividad en los sectores de manufacturas y servicios de la zona del euro estaría perdiendo fuerza.

Con el deterioro en las perspectivas de crecimiento y el aumento en los costos del endeudamiento de España, los temores de una cesación de pagos en ese país han regresado con fuerza.

Incluso las expectativas de que el Reino Unido podría salir adelante han sido frustradas por sus propias débiles cifras de actividad económica. Los datos nuevos de ventas minoristas muestran una caída del 0,8%, lo que sugiere que después de una Navidad bastante sólida, los consumidores también han dejado de comprar.

Tal vez uno de los indicadores más elocuentes del cambio en la suerte de las economías mundiales proviene de las nuevas cifras de comercio de Japón. Según Morgan Stanley, aunque las ventas a China cayeron un 13,9% en febrero, y a la Unión Europea disminuyeron un 10,7%, las dirigidas a Estados Unidos crecieron un 11,9%.

Esto sugiere, una vez más, que aunque las economías de Asia y Europa se están derrumbando, la de Estados Unidos es una de las pocas que sigue mejorando.

La recuperación estadounidense difícilmente sea perfecta. El mercado de viviendas del país sigue siendo muy frágil y la Reserva Federal mantiene viva la opción de lanzar una mayor flexibilización cuantitativa si fuera necesario.

Su extrema cautela ciertamente contrasta con la zona del euro, donde hay rumores de que el Banco Central Europeo ya está preparando su salida de una política ultraexpansiva destinada a fortalecer el sistema bancario.

A medida que los inversionistas digieren todos estos detalles, un escalofrío pareció recorrer a los mercados financieros, asestando un abrupto golpe bajista para el euro, el dólar australiano y la libra frente al dólar.

Por el momento, solo el yen pareció ser capaz de apreciarse frente a la moneda estadounidense. Pero incluso esas ganancias podrían revertirse si los inversionistas dejan de enfocarse en las cifras de comercio que sugieren que Japón se está volviendo nuevamente más competitivo.

 

Puede que las noticias sean buenas en EE UU, pero aún hay problemas

Por: Paul Krugman 

Usa2
Steve Pearlstein, columnista de The Washington Post, es un buen tipo. Por eso me desespera tanto el artículo que publicaba en Internet no hace mucho.

“Hay algunos en la izquierda que también se aferran a la opinión de que la economía está sumida en una recesión, por miedo a debilitar sus críticas sobre la deplorable insuficiencia del estímulo fiscal y la urgente necesidad de que haya más”, escribía Pearlstein el 4 de marzo.

Y proseguía: “La alternativa que nos presentan entre más estímulo y más recortes presupuestarios es falsa. A estas alturas de la recuperación, la política adecuada es recortar e invertir, y tener paciencia y humildad para permitir que la economía siga recobrando el equilibrio”.

Lo que dice Pearlstein es que hay muchas señales de que la economía se está reanimando, lo cual es cierto (aunque no todo sea prometedor). Por lo tanto, afirma, no más estímulos; de hecho, impongamos más recortes al gasto estatal y local para equipararlo con los ingresos a largo plazo. Además, los estímulos entorpecerían el ajuste estructural necesario.

En primer lugar, ya hemos estado en esta situación (a principios de 2010). A lo mejor ahora es distinto y Lucy no vuelve a llevarse el balón de la recuperación, pero ¿por qué actuar antes de estar seguros?

En segundo lugar, incluso si en esta ocasión la recuperación es sólida, nuestra economía seguramente seguirá deprimida bastante tiempo. Usen la Calculadora de Empleos de la Reserva Federal de Atlanta (en frbatlanta.org/chcs/calculator); para alcanzar una tasa de desempleo del 5,5% dentro de cuatro años -¡cuatro años!- necesitaríamos crear 179.000 puestos de trabajo al mes. ¿Están seguros que nos irá así de bien?

En tercer lugar, la pregunta retórica de Pearlstein -¿por qué posponer los necesarios ajustes fiscales?- tiene una muy buena respuesta: porque nos encontramos en una trampa de liquidez y la Reserva Federal no puede contrarrestar las complicaciones económicas. Es un momento muy malo para la austeridad.

En cuarto lugar, se han hecho muchos cálculos sobre si esta es realmente una recesión estructural, la consecuencia  de que los trabajadores estén en los lugares o sectores equivocados. Ninguno de ellos corrobora la opinión de que esto sea algo más que un factor secundario. ¿Por qué desempeña un papel tan esencial en el criterio general sobre lo que debe hacerse?

Por último, simplemente no es verdad que un ajuste estructural, en la medida en que efectivamente lo necesitemos, avance con más rapidez y facilidad cuando la economía está deprimida. Los trabajadores no van a dejar su empleo si no están razonablemente seguros de que encontrarán otro; y las empresas no invertirán ni siquiera en nuevas tecnologías útiles a menos que haya suficiente demanda.

Mantener la debilidad de la economía es una forma de posponer los cambios buenos, no de acelerarlos.

Así que esto me parece muy deprimente. Una vez más, ante el primer indicio de buenas noticias, la peña de siempre, incluso los tipos majos como Pearlstein, está deseando huir del empleo.

Wall Street se desinfla al cierre: el Dow Jones pierde un 0,33%, hasta los 13.197,73

WallStreetdelado.jpg

La bolsa de Nueva York se ha venido abajo en la recta final de la jornada y ha cerrado con pérdidas en todos sus índices. De este modo, el Dow Jones se ha dejado un 0,33%, hasta los 13.197,73 puntos, mientras que el selectivo S&P 500 ha bajado un 0,28%. Por su parte, el tecnológico Nasdaq ha perdido un tímido 0,07%.

Los inversores se volcaron en la última hora de la sesión a la recogida de beneficios tras la subida de la víspera, en la que el Dow Jones anotó su mayor alza en dos semanas impulsado por el presidente de la Reserva Federal de EEUU, Ben Bernake, quien defendió la política monetaria expansiva del banco central.

En el ánimo vendedor del final de la sesión también tuvieron que ver los datos macroeconómicos peores de lo previsto sobre el mercado inmobiliario y la confianza de los consumidores difundidos esta jornada en EEUU.

Así, más de dos tercios de los componentes del Dow Jones cerraron hoy en terreno negativo liderados por Bank of America (-3,32%), la operadora de telefonía Verizon (-1,7%), el productor de aluminio Alcoa (-1,57%) y la tecnológica Hewlett-Packard (-1,13%).

También bajó en ese índice el grupo industrial United Technologies (-0,47%) después de que la Comisión Europea abriera una investigación sobre la compra del fabricante estadounidense de equipos para aviación Goodrich por parte de ese grupo industrial al considerar que podría violar las normas comunitarias antimonopolio.

Apple, protagonista un día más

En el mercado Nasdaq sorprendió una vez más el gigante tecnológico Apple, que subió un sólido 1,24% en una jornada en la que volvió a tocar un máximo histórico en el precio de sus acciones, en esta ocasión de 616,28 dólares.

Precisamente esta jornada el consejero delegado de la firma de la manzana mordida, Tim Cook, visitaba China para reunirse con altos cargos del gobierno de un país en el que busca una mayor expansión.

Por otro lado, la tienda por internet Amazon avanzó el 1,27% un día en el que anunció que contratará a 1.050 empleados e invertirá 150 millones de dólares hasta 2015 en un nuevo centro de distribución y logística en EEUU.

Además, la firma se vio favorecida por el acuerdo que ha alcanzado para que los lectores electrónicos Kindle ofrezcan los siete títulos que conforman la exitosa saga “Harry Potter”, creada por J.K. Rowling.

En otros mercados, el petróleo subió hasta 107,33 dólares por barril, el oro descendió a 1.687,7 dólares la onza, el dólar ganaba terreno frente al euro (que se cambiaba por 1,3317 dólares) y la rentabilidad de la deuda pública estadounidense a diez años retrocedía al 2,18%.

 

Wall Street abre estable tras escalada desatada por los anuncios de la FED

 

Foto: Spencer Platt / Getty Images / AFP

(NUEVA YORK, 27 de marzo. Reuters) Las acciones de Estados Unidos abrieron estables el martes, tras la escalada desatada por los comentarios del jefe de la Reserva Federal sobre la necesidad de acelerar la expansión de la mayor economía del mundo.

El promedio industrial Dow Jones ganaba 8,78 puntos, o un 0,07 por ciento, a 13.250,41 unidades, mientras que el S&P 500 subía 0,96 puntos, o un 0,07 por ciento, a 1.417,47 unidades. El índice tecnológico Nasdaq Composite, en tanto, trepaba 0,61 puntos, o un 0,02 por ciento, a 3.123,18 unidades.

A %d blogueros les gusta esto: