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Paraísos fiscales: Refugios de libertad

Paraísos fiscales: Refugios de libertad

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Escrito por Gorka Etxeberria para Ahorro Tributario. El sector financiero offshore está creciendo a un ritmo varias veces superior al del PIB mundial. En los últimos años se ha acentuado la transferencia masiva de capitales desde los países convencionales hacia paraísos fiscales -estos refugios de libertad donde la gente se encuentra a salvo de la voracidad de Hacienda. Este boom de lo offshore presagia un futuro en el que los países “normales” se van a ver obligados a reconocer por fin la libertad económica de las personas y de sus empresas.

El siglo XX pasará a la Historia como el siglo del máximo protagonismo del Estado. Los Estados-nación compactos, con pretensión de uniformidad etnocultural y con vocación de compartimentos estancos tuvieron su mayor auge en la primera mitad del siglo. Su glorificación condujo al totalitarismo y, después de la terrible conflagración bélica de los años cuarenta, mantuvieron su vigencia durante cuatro décadas más a causa de la Guerra Fría. Sólo el abrupto e inesperado final de ésta —y de la correspondiente situación de bipolaridad— ha hecho posible que asistamos ahora a un considerable cuestionamiento del exceso de Estado, y pueda el ciudadano individual recuperar poco a poco fragmentos de la soberanía que, de forma tan sutil como implacable, le había ido arrebatando la insaciable maquinaria estatal. Casi todas las voces coinciden en señalar que, si efectivamente el siglo XX fue una centuria marcada por la hegemonía social, cultural, política y económica de los Estados, el nuevo siglo será el de la máxima devolución de poder a la persona.

Un indicio fundamental de esta tendencia podemos encontrarlo en el auge imparable de la resistencia ciudadana a las hasta ahora numerosas y frecuentemente dolorosas imposiciones del Estado en todos los órdenes de la vida. Esta resistencia, que constituye una auténtica rebelión silenciosa de las generaciones finiseculares contra el poder, ha tenido una multiplicidad de expresiones, desde la temprana revolución sexual de los años sesenta hasta la espiritual de los setenta y la moral de los ochenta, desde el movimiento mundial contra el servicio militar hasta la presión social en favor de la soberanía individual respecto a cuestiones como el aborto, la eutanasia o el consumo de estupefacientes, y desde el cuestionamiento de muchos elementos del Estado-providencia hasta la generalización y popularización de los paraísos fiscales y otras fórmulas de protección frente a la fiscalidad. En todos los casos expuestos, la persona ha reivindicado su libertad y el ámbito en el cual ésta se ejerce, es decir, su propiedad (la propiedad de su vida, de su cuerpo, de sus decisiones, de su trabajo y de su patrimonio). Esta reivindicación choca frontalmente con la autopercepción de los Estados, herederos directos del Antiguo Régimen, que se han civilizado y democratizado en su relación con las masas, pero no tanto en su relación directa con el individuo —relación que constituye la gran asignatura pendiente de la organización sociopolítica actual—.

El Estado tal como hoy todavía lo conocemos, pese a ser consciente de una acelerada deslegitimación por parte de las personas —a la cual, naturalmente, se resiste—, se percibe a sí mismo como el dueño último de cuantos recursos de toda índole se encuentran en su territorio, siendo los ciudadanos una especie de pseudopropietarios a quienes en cualquier momento se puede expropiar si es necesario (antes en nombre de la “patria” o del rey, ahora en función del “interés general” o de la sociedad). Esta condición de dueño último de todo y de todos, de señor absoluto de vidas y haciendas, se denomina “soberanía” y explica la arrogancia con la que los estados se han adueñado de todo tipo de bienes, desde el cuerpo y el trabajo de los seres humanos obligados a trabajar gratis para él (como soldados o en cualquier otra actividad) hasta tierras para construir autopistas, y, explica también el crecimiento desmedido de la presión fiscal a lo largo del siglo, que en algunos países occidentales ha alcanzado más del ochenta por ciento de los ingresos laborales de una persona o de los beneficios de la actividad empresarial, en lo que contituye una auténtica nulificación del autogobierno personal y una infantilización casi total de los seres humanos, con la administración pública como paternal tutor de todos los ciudadanos.

Este nuevo “sheriff de Nottingham”, como el malvado personaje de la novela “Robin Hood”, está siempre al acecho para quitarle a la gente lo que es suyo. Ha moderado sus maneras y ha convencido a la mayoría de la conveniencia de sus impuestos, deslumbrando a las masas con todo tipo de infraestructuras y sistemas de “protección” social (logros, ambos, que la gente habría alcanzado por sí misma y en mejores condiciones mediante esa espontánea organización social que llamamos mercado). Pero la base del sistema sigue siendo la expropiación, y por montos mucho mayores en el siglo XX que los antiguos diezmos.

El Estado enseña los dientes a cualquiera que cuestiona su soberanía, porque es plenamente consciente de que sin este atributo tan cuestionable y obsoleto —al menos en su formulación presente y con sus actuales contenidos—, se tambalearía y daría paso a una situación de máxima libertad en la que los soberanos serían directamente los individuos, y las escasas funciones a desempeñar por entes colectivos no justificarían un Estado como el actual sino uno cien veces más pequeño y limitado. Esto asusta a millones de personas con un interés directo o indirecto en la continuidad del statu quo, desde los empresarios mercantilistas que viven de la protección estatal frente a sus competidores extranjeros hasta los líderes sindicales, desde los enormes regimientos de funcionarios públicos hasta la clase política en pleno. Todos estos sectores representan una coalición formidable, invencible por el ciudadano solo en una confrontación directa con semejante monstruo.

Pero David está ganando a Goliat escapando del sistema, refugiándose en las oportunidades de afirmación de la soberanía individual que hoy permiten las nuevas tecnologías y la popularización de los transportes y las comunicaciones. ¿El Estado le sustrae su derecho a consumir marihuana? Vaya usted a Amsterdam. ¿Le impide abortar? Cruce la frontera o vuele al país más cercano con una legislación más liberal al respecto. ¿Le perjudica la debilidad de la moneda estatal? Protéjase cambiando su dinero a una moneda fuerte. ¿Le está robando a través de unos impuestos confiscatorios? Acuda a un paraíso fiscal. La globalización y la tecnologización de nuestra vida cotidiana son las grandes aliadas de la persona individual en su heroica resistencia frente al megaestado. Lo que no han conseguido los partidos políticos liberales o libertarios, ni los economistas “austriacos” ni el ejemplo de los grandes éxitos del sistema de pensiones chileno o de la revolución económica neozelandesa, lo están logrando los vuelos asequibles, las conexiones a Internet y, en definitiva, la abolición de las distancias en nuestro mundo.

Refugios de libertad

La presión fiscal, la política arancelaria y las diversas formas de intromisión del Estado en los asuntos de la gente son las causas principales, si no únicas, de que en el mundo existan hoy más de cuarenta paraísos fiscales. Es una constante histórica que allí donde alguien intenta limitar la libertad humana, otro se ingenia un sistema para preservarla. No se trata de lugares gobernados por perversos políticos locales decididos a minar la “base fiscal” de los países “normales”, ni de jurisdicciones corrompidas por el dinero de malvados millonarios. Se trata de países y colonias que de forma absolutamente ética y legítima ofrecen a la gente un respiro, una válvula de escape frente a la persecución, es decir, un refugio. De ahí viene su nombre original en inglés: “tax havens” (refugios fiscales), mal traducido al español como “paraísos”. Aunque la palabra “paraísos” es bastante ajustada a la realidad, en contraposición con el infierno fiscal que representa la Hacienda pública de las jurisdicciones ordinarias, creo que el nombre original, “refugios”, da una idea más precisa de lo que acontece en esos lugares. La gente se refugia, se asila. Y si siente esa necesidad es porque en sus lugares de origen ocurre algo injusto. Nadie se tomaría las molestias —y hasta los riesgos— de refugiarse en Liechtenstein o en las Bermudas si se le cobraran unos impuestos de un cinco o diez por ciento, si montar una compañía en los países “normales” fuera cuestión de horas y costara mil dólares, si la actividad empresarial o la simple gestión de los ahorros no fuera una carrera de obstáculos en la que uno percibe siempre en la nuca el aliento amenazador de esos perros de presa humanos: los inspectores de Hacienda.

Cuando una ley es injusta, la gente se resiste a cumplirla. Así, miles de jóvenes en todo el mundo se han resistido a cumplir el servicio militar —y muchos han ido a prisión por ello— y las sociedades generalmente les han dado la razón, hasta el punto de que este intolerable abuso estatal sobre la vida, el tiempo, el cuerpo y el trabajo de las personas ha quedado socialmente deslegitimado y está siendo abolido país tras país. Pues bien, aunque tenga un estigma social a veces insoportable —fomentado por la propaganda estatal pagada con los impuestos de la misma gente a la que se dirige—, el hecho de refugiarse en un paraíso fiscal no dista mucho conceptualmente, mutatis mutandis, de la insumisión a otro supuesto deber como es éste de prestar servicio armado al país.

Una palabra viene de inmediato a la mente cuando se discute la justificación moral de las obligaciones de toda índole que el Estado impone a las personas: “solidaridad”. La conclusión a la que el mundo está llegando tras las últimas décadas de rebelión individual en diferentes campos es que la solidaridad es una cualidad humana indisociable de la voluntad. Se puede incentivar pero no imponer, y suele aflorar por sí sola en cuantía suficiente —como demuestra el auge de las ONG— si se permite la actuación libre de la conciencia humana, en vez de organizarla desde un poder superior y paternal. La solidaridad es demasiado importante para dejarla en manos de los burócratas, y la gente empieza a darse cuenta de ello. La solidaridad forzada no es solidaridad sino abuso y expolio, y si se puede justificar en algún caso sería en muy contadas y excepcionales ocasiones, jamás como un mecanismo sistemático, articulado y planificado desde el poder político. ¿Es insolidario el emigrante que se lleva su capacidad intelectual y física a otro país porque las condiciones laborales creadas por la legislación corporativista y mercantilista le hacen imposible encontrar empleo? ¿Es insolidario el joven que se niega a perder un año de su vida —o su vida entera— en el servicio militar a esa entelequia que llaman “patria”? ¿Es insolidario quien refugia su dinero fuera de las fronteras nacionales, harto de que el “Gran Hermano” le succione su patrimonio para alimentar un sistema caduco e ineficaz? Insolidarios son quienes, ante cualquiera de estas situaciones, criminalizan al individuo en lugar de replantearse el sistema.

El auge de lo offshore

La palabra inglesa “offshore” (“fuera de la costa”) se emplea como sinónimo eufemístico de “paraíso fiscal”, ante la criminalización social a la que estas jurisdicciones han sido sometidas por los medios de propaganda estatales. El sector financiero offshore representa hoy, según los expertos, entre el diez y el quince por ciento de la riqueza mundial, cuando en 1994 no pasaba del cinco por ciento. El crecimiento es tan rápido que al término de la década de 2000 bien podría estar refugiado en estos lugares más de la mitad del capital mundial. Hasta hace unos años, los paraísos fiscales se consideraban como países y territorios reservados a grandes empresas y, sobre todo, a fortunas personales enormes. Pero la elevada presión fiscal del mundo desarrollado, que se ha reducido algo pero que sigue estando muy por encima de la medida esperada por la gente, junto a la simplificación y el abaratamiento de los viajes y las telecomunicaciones, ha hecho de lo offshore un entorno tentador y al alcance de cualquiera. Tener una cuenta cifrada o una sociedad exenta de impuestos ya no es un lujo, y en muchos casos es una necesidad.

¿Quién y cómo puede beneficiarse de los paraísos fiscales? En primer lugar son un refugio ideal para las personas que han ido ahorrando durante años y que o bien viven en países donde se les obliga a tener sus cuentas personales en una moneda nacional insegura (caso de varios países latinoamericanos) o bien han generado parte de su ahorro “en negro”, es decir, fuera del control estatal. En lugar de tener cantidades importantes debajo de la cama o perdiendo valor en la caja fuerte de un banco, ese dinero puede hacerse productivo realizando cualquier clase de inversión bursátil o simplemente manteniéndolo en una cuenta remunerada en un paraíso fiscal. Cualquier suma a partir de unos pocos miles de dólares justifica el recurso a estos territorios. Además, en los banco offshore se puede uno beneficiar de la ausencia de control de cambios y del uso exclusivo de monedas fuertes. Las cuentas bancarias normalmente admiten fondos en varias monedas, por lo que se puede diversificar cómodamente el capital teniendo en la misma cuenta una parte en dólares, otra en yenes y otra en francos suizos, por ejemplo. Las tarjetas de crédito emitidas por estos bancos se pueden utilizar en el país de residencia del interesado, y a veces sin dejar rastro. Y, por supuesto, estos bancos están obligados por ley a no suministrar información a las haciendas de los países “normales”, cosa que tampoco hace el propio gobierno del paraíso fiscal. Las cuentas se abren con enorme facilidad y las comisiones bancarias no son, por lo general, mucho más elevadas de lo habitual. Además de miles de bancos dedicados en exclusiva al negocio offshore, la mayoría de los principales bancos de cada país tienen bien organizada su estructura exterior y ofrecen a sus clientes todo tipo de facilidades para realizar y controlar sus depósitos, muchas veces sin siquiera desplazarse al paraíso fiscal en cuestión.

Empresarialmente, los paraísos fiscales constituyen en la actualidad una pieza clave del comercio internacional. En ellos se puede constituir una empresa en cuestión de horas, sin que se inmiscuya en ello la administración y por unas cantidades asequibles a cualquier bolsillo. Cada vez son más los profesionales independientes que cobran a sus clientes en el extranjero mediante este tipo de sociedades, cuyo precio no suele superar los mil quinientos dólares como mucho. Evitar la doble imposición, aliviar la carga fiscal que soportan y mantener el secreto de algunas operaciones comerciales son los principales motivos por los que las empresas acuden a un paraíso fiscal. No hay una sola multinacional que no tenga una sofisticada estructura offshore, y el tamaño de las compañías usuarias de estos territorios se ha reducido hasta alcanzar a muchas pequeñas y medianas empresas. Una de las ventajas del paraíso fiscal frente a la jurisdicción convencional es que la identidad de los verdaderos propietarios y administradores puede protegerse mediante figuras jurídicas que impiden a los Estados acceder a esa información. La extrema seriedad y confidencialidad de los despachos de abogados y del sector bancario son la clave del éxito de estos territorios, por lo que en la práctica totalidad de los casos uno puede estar tranquilo respecto a la seguridad de sus datos, de su identidad y de su patrimonio.

La hipocresía anti-offshore

Los Estados convencionales han reaccionado de dos formas ante el espectacular incremento del sector financiero offshore. Por una parte, han lanzado toda suerte de campañas de propaganda destinadas a deslegitimar y desprestigiar a los paraísos fiscales, presentándolos ante la opinión pública como nidos de terroristas, narcotraficantes y millonarios egoístas. Por otro, han intentado ponerle puertas al campo, legislando innumerables normas destinadas a dificultar el acceso de los ciudadanos a estos lugares y a asustar a la gente respecto a la utilización de un paraíso fiscal. Pero la realidad se impone y de nada le han servido a los Estados ni sus legislaciones liberticidas ni su hipocresía. Esta última tiene su mayor expresión en la tolerancia de facto de casi todos los grandes Estados frente a aquellos pequeños paraísos fiscales con los que comparten un mismo entorno geográfico y de idioma (Italia sobre San Marino, Francia respecto a Mónaco, Alemania con Luxemburgo, Gran Bretaña respecto a las islas de Man, Jersey y Guernsey, España frente a Andorra, Estados Unidos sobre Bermudas y Grand Cayman, etc.). Esa tolerancia se debe a la presión de la comunidad financiera de cada país, y a la preferencia de las haciendas públicas por mantener esas fortunas cerca, de forma que reviertan de una u otra manera en el país.

Los paraísos fiscales, salvo Suiza, suelen ser países minúsculos. Unos son antiguos y respetados microestados europeos. Otros son pequeñas islas del Caribe o del Pacífico sin muchos más recursos que el turismo y el sector offshore. Muchos son todavía países colonizados cuya escasa extensión y población les mantienen aún bajo depedencia política de la metrópoli, pero con una plena autonomía económica y fiscal. Todos ellos compiten entre sí por el aluvión de dinero que cada año huye de las economías ordinarias hacia el sector offshore. Son en la práctica totalidad de los casos territorios democráticos y con un correcto manejo de la economía doméstica. Algunos han logrado generar un elevadísimo nivel de vida para sus ciudadanos. Sin embargo, no faltan voces puritanas que exigen la anulación de sus “privilegios” y hasta la anexión a los países grandes cercanos, en el colmo de la arrogancia. Es lo que sucedió hace poco en Alemania, cuando se descubrió que el partido democristiano CDU tenía cuentas en Liechtenstein y hubo quienes se permitieron incluso reclamar la anulación de este pequeño país centroeuropeo. La OCDE intentó en 1998 y 1999 organizar a sus Estados miembros en una especie de cruzada contra el sector offshore, pero los mismos países que tanto vociferan contra los paraísos fiscales encontraron mil y un impedimentos para coordinarse. Tampoco las alarmistas conclusiones de la comisión Ruding del Parlamento Europeo motivaron acción alguna por parte de los Quince. En definitiva, la hipocresía no sirve cuando la realidad se impone, y la propaganda anti-offshore no es ni creíble ni eficaz. El dinero es de la gente y la gente quiere ser libre.

Un futuro “paradisiaco”

Los paraísos fiscales no son un mal sino un síntoma. La enfermedad que señalan es el prepotente soberanismo fiscal de los países frente a sus ciudadanos, la glorificación del Estado y la continua amenaza de éste a la propiedad de las personas y de las empresas. Esa y no otra es la dolencia, y la medicina que la combate se llama libertad económica. La globalización está suministrando a los individuos amplias dosis de ese medicamento milagroso. En el Occidente desarrollado hemos conquistado la libertad política, y América Latina se ha incorporado a ella tarde pero bien. Falta la libertad económica, y por ahora sólo los paraísos fiscales nos la proporcionan, mientras nuestros Estados nos la niegan. Además nos ayudan a forzarles para que nos la reconozcan de una vez. La tendencia apunta hacia un mundo donde el sheriffde Nottingham terminará recibiendo un sonoro y humillante corte de mangas y, en vista de no tener nada que recaudar por haber refugiado todos los aldeanos su dinero en el bosque offshore de Sherwood, bien custodiado por Robin Hood y sus amigos, se irá a casa con los bolsillos vacíos y dejará en paz, por fin, a las antiguas víctimas de su vampirismo convertidas ya en ex-súbditos económicamente libres.

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En defensa propia

En defensa propia

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A favor de la defensa propia, escrito por Guillermo Ramírez. Las armas como defensa legítima de la vida, libertad y propiedad de uno mismo.

Imagina que estás en tu habitación, en cama, durmiendo. Son las 3 de la mañana y tu esposa está a tu lado. Ambos intentan recuperar un poco de sueño antes de volver a arrancar la jornada laboral en apenas un par de horas. De repente un sonido extraño es detectado por tu oído y tu sentido natural de alerta hace que abras los ojos y busques en la oscuridad la fuente de ese ruido. A medida que tomas conciencia de tu ubicación y de la naturaleza de los sonidos tu cuerpo empieza a liberar adrenalina, tu corazón empieza a acelerarse y el letargo del sueño te abandona remplazado por una sensación de peligro. Tus ojos encuentran a un extraño hurgando tus cosas, revisando tus cajones, arma en mano. Afortunadamente tu también tienes un arma, está sobre tu mesa de noche, esperando a que la tomes.

Supongamos también que en ese mismo instante puedes presionar el botón de STOP de un control remoto mágico como el del personaje de Adam Sandler en la comedia con moraleja “Click” y logras parar el tiempo. En ese mismo instante, siendo invadido por un criminal armado y teniendo un arma a tu alcance cercano debes tomar una decisión:

  • a) Te haces del dormido y dejas que el maleante se vaya con tus propiedades, fruto de tu esfuerzo, y luego haces una denuncia policial. Sabes que te arriesgas a que nunca recuperes tus posesiones ya que es la norma en este tipo de situaciones pero decides hacerlo porque cazar al criminal es tarea de la Policía.
  • b) Forcejeas con el maleante inclusive amenazándolo con tu arma para que se rinda y deje tus posesiones en su lugar. Llamas a la policía que viene a recogerlo y se inicia un proceso judicial en su contra en donde probablemente ganes ya que fue detenido en delito flagrante. El riesgo es que el maleante busque venganza al salir de la cárcel o a través de amigos o familiares.
  • c) Tomas el arma de tu mesa de noche y sin mediar palabra disparas a matar. El maleante muere y tu argumentas defensa propia sabiendo que de cualquier manera la Justicia abrirá un proceso en tu contra por, muy probablemente, homicidio doloso con el atenuante de la excitación emocional. Te arriesgas a una demanda por resarcimiento económico de parte de la familia del maleante y a la presión de los grupos llamados de defensa de los derechos humanos. Así mismo disparar a herir para luego entregar a la policía trae los mismos inconvenientes que el punto B.

Ahora volvamos a la realidad. No tenemos ese control remoto mágico que nos permite utilizar tiempo parado para pensar y tomar la decisión que creemos correcta. El maleante está al acecho, cada vez más cerca y debes actuar. ¿Qué harás? ¿Qué decisión tomarás? ¿Defenderás a tu familia y a tu propiedad a todo lugar o buscarás ayuda de las agencias del Estado? Es una pregunta que todos deberíamos hacernos desde ya, en el seguro refugio de nuestra imaginación. Personalmente he pensado en esta situación durante mucho tiempo y mi mente ya está entrenada para tomar la legítima decisión de defender mi vida y mis posesiones aunque esto implique tomar la vida de quien decidió no respetar la mía.

Este es un llamado a la defensa propia como argumento legítimo para la protección de la vida y propiedad de cada uno. Es hora de que la Justicia del Estado deje de procesar a quienes, amparados en su derecho natural, defienden lo que es suyo.

Te pido que comiences a pensar en qué harías tú.

Sociedad Propiedad y Libertad: La Internacional anarcocapitalista

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Sociedad Propiedad y Libertad: Reflexiones a los cinco años. Apertura pronunciada por Hans-Hermann Hoppe y traducida por Rodrigo Betancurt, en mayo de 2010 a los 5 años de fundación de la Sociedad Propiedad y Libertad – Radicalismo intelectual sin compromisos (Property and Freedom Society, PFS), la primera Internacional anarquista de propiedad privada. N. del E. Antes de la ponencia transcrita, a modo de introducción subimos el About Us  en español de la PFS.

Historia de la Property and Freedom Society

(traducido por José Carlos RodriguezManuel Lora)

La Property and Freedom Society (PFS), creada por el renombrado filósofo libertario y economista austriaco Hans-Hermann Hoppe, fue establecida en mayo del 2006 en el Hotel Karia Princess en Bodrum, Turquía.

La idea de fundar una organización para promover el “Austro-libertarismo”, la filosofía económica y social caracterizada de la manera más prominente durante el siglo 20 por el economista austriaco Ludwig von Mises y su estudiante estadounidense Murray N. Rothbard, y atado a los economistas franceses decimonónicos Frederick Bastiat y Gustave de Molinari, fue presentada por Hans-Hermann Hoppe en agosto del 2005 durante una pequeña reunión informal en el Summer University del Mises Institute en Auburn, Alabama. Los que estuvieron presente en la reunión, Thomas DiLorenzo, Guido Hulsmann y Ralph Raico, le dieron la bienvenida al proyecto, y Guelcin Imre ofreció ser la anfitriona de la reunión inaugural de la sociedad en Bodrum, Turquía. Poco después, Walter Block, Joseph Salerno, y Stephan Kinsella se unieron al proyecto.

Fundamentos de la Property and Freedom Society

Declaración inaugural de la reunión en Bodrum, Turquía, mayo 2006
La Property and Freedom Society se manifiesta por un radicalismo intelectual sin compromisos: en defensa de la propiedad privada justamente adquirida, la libertad de contratos, la libertad de asociación, que lógicamente implica el derecho de no asociarse con (o discriminar contra) cualquiera, en los asuntos personales, así como un libre comercio sin condiciones. Condena el imperialismo y el militarismo y a quienes los fomentan, y lucha por la paz. Rechaza el positivismo, el relativismo y el igualitarismo en cualquiera de sus formas, ya sea de resultados o de oportunidad, y tiene un manifiesto distanciamiento de los políticos y la política. Como tal, busca evitar cualquier asociación con las políticas y propuestas de los intervencionistas, que Ludwig von Mises identificó en 1946 como el error fatal, en el plan de muchos antecedentes y contemporáneos intentos de los intelectuales, alarmados por la creciente ola de socialismo y totalitarismo, que se encuentra en el movimiento ideológico antisocialista. Mises escribió: “Lo que no comprendieron estos asustados intelectuales era que todas esas medidas de interferencia gubernamental en los asuntos que ellos defienden son abortivas… No hay tercera vía. O los consumidores son soberanos, o lo es el Gobierno”.

Como libertarios culturalmente conservadores, estamos convencidos de que el proceso de descivilización ha alcanzado un punto de crisis y que es nuestro deber moral e intelectual llevar a cabo un serio esfuerzo de reconstruir una sociedad libre, próspera y moral. Es nuestra profunda creencia que una aproximación desde el radicalismo políticamente intransigente es, en el largo plazo, el camino más seguro para nuestro querido objetivo de un régimen totalmente libre de trabas a la libertad individual y a la propiedad privada. En esa búsqueda de un nuevo comienzo joven y radical, nos dirigimos a esas viejas y olvidadas palabras de Friedrich A. Hayek: “Debemos tomar la construcción de una sociedad libre de nuevo como una aventura intelectual, un acto de coraje. Lo que nos falta es una utopía liberal, un programa que no parezca ni una mera defensa de las cosas como están ni una forma diluida de socialismo, sino un verdadero radicalismo liberal que no excuse las susceptibilidades de los poderosos… que no es practicado demasiado concienzudamente y que no se conforma con lo que aparece hoy como políticamente imposible. Necesitamos líderes intelectuales que estén preparados para resistir las lisonjas del poder y la influencia, y que estén dispuestos a trabajar por un ideal, por muy escasas que sean las perspectivas de su pronta realización. Han de ser hombres que estén dispuestos a aferrarse a los principios y a luchar por su plena realización, aunque fuere remota… A no ser que seamos capaces de hacer de los fundamentos filosóficos de una sociedad libre de nuevo un asunto intelectual vivo, y su puesta en práctica una tarea que rete la imaginación y el genio de nuestras mentes más despiertas, las perspectivas para la libertad serán muy oscuras. Pero si podemos recuperar esa fe en el poder de las ideas que fue la característica del mejor liberalismo, la batalla no está perdida”.

*Hans-Hermann Hoppe, Economista de la Escuela Austriaca y filósofo libertario/anarcocapitalista, es Profesor Emérito de Economía en la Universidad de Las Vegas, Miembro Distinguido en el Ludwig von Mises Institute, Fundador y Presidente de la Sociedad “Propiedad y Libertad”, y ex-editor de la Revista de Estudios Libertarios. Recibió su doctorado y realizó sus estudios posdoctorales en la Universidad Goethe en Frankfurt, Alemania. Es autor de, entre otras obras, Teoría del Socialismo y el Capitalismo, Economía y Ética de la Propiedad Privada,La Democracia, el Dios que falló.

Apertura

Cuando por primera contemplé la idea de esta Sociedad, hace más de 10 años y en esa época era aún una sociedad sin nombre, sólo había tenido experiencia directa con otras dos sociedades de las cuales aprender.

Mi primera experiencia fue con la Sociedad Mont Pelerin, la cual había fundado Friedrich Hayek en 1947.

Durante la década de 1990, asistí tres veces, como orador invitado, a las reuniones de la Sociedad Mont Pelerin en las ciudades de Cannes, Ciudad del Cabo y Barcelona. Cada vez, con documentos atacando la democracia y el igualitarismo, defendiendo las monarquías vs democracias, eviscerando la idea liberal clásica del estado mínimo como contradictorio en sí mismo, y propagando un orden natural anarco-capitalista sin estado, mi aparición era considerada como algo escandaloso: demasiado irreverente, demasiado conflictivo, y también demasiado sensacional.

Fuera cual fuera la función que la Sociedad Mont Pelerin pudiera haber tenido en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, en el momento de mi encuentro con ella, no la sentí especialmente de mi gusto.

Por cierto, conocí muchas personas brillantes e interesantes. Pero, en esencia, las reuniones de la Sociedad Mont Pelerin fueron giras de empleados del Think Tank del “mercado libre” y del “gobierno limitado” y empleados de la Fundación, varios de sus profesores afiliados y protegidos, y los principales donantes financieros de todo esto, sobre todo de los EE.UU., y más específicamente, de Washington DC. Durante mucho tiempo la Fundación Heritage, fue el principal Think Tank del Partido Republicano y cómplice intelectual de la política del Estado de Bienestar y de Guerra de cada administración del gobierno republicano, desde Reagan hasta Bush Jr, y de manera característica, el Presidente de la Fundación, Ed Feulner, quien además fuera ex-presidente de la Sociedad Mont Pelerin y, más significativamente, su tesorero por largo tiempo.

Desde el principio hubo escepticismo sobre la Sociedad Mont Pelerin. Ludwig von Mises, maestro y amigo de Hayek, expresó dudas graves sobre su plan, simplemente al ver la lista de los invitados iniciales de Hayek: ¿cómo una sociedad llena de intervencionistas de estado, certificados, podría promover el objetivo de una comunidad libre y próspera?

A pesar de sus reservas iniciales, sin embargo, Mises se convirtió en miembro fundador de la Sociedad Mont Pelerin. Sin embargo, su predicción resultó correcta. En un hecho famosamente conocido, en una reunión en la etapa inicial de la Sociedad Mont Pelerin, Mises se retiró del recinto denunciando a oradores y panelistas como a una caterva de socialistas.

En esencia, ésta también fue mi primera impresión cuando entré en contacto con la Sociedad Mont Pelerin y esta impresión se ha confirmado desde entonces. La Sociedad Mont Pelerin era una sociedad en la que todo social-demócrata de derecha podía sentirse como en casa. Cierto, de vez en cuando unas pocas aves extrañas eran invitadas a hablar, pero las reuniones estaban dominadas, y el rango del discurso aceptable era definido, por intervencionistas de estado certificados: directores de Fundaciones o Think Tanks capitalizados por, o conectados con el gobierno, por burócratas en la nómina del banco central, por entusiastas del papel-dinero, y por un surtido internacional de “edúcratas” y “cienciócratas” dentro y fuera del gobierno. Nunca se han discutido, en los sagrados recintos de la Sociedad Mont Pelerin el imperialismo de los EE.UU. ni los crímenes de guerra de Bush, por ejemplo, ni los crímenes financieros cometidos por el Banco de la Reserva Federal -y , por supuesto no ha habido discusión alguna sobre cualquier asunto racial sensible.

De nada de todo esto se puede culpar a Hayek, ni que decir. Había perdido cada vez más el control de la Sociedad Mont Pelerin ya mucho antes de su muerte en 1992.

Pero también: Hayek tuvo mucho que ver con la evolución de la Sociedad Mont Pelerin. Porque, como Mises podía haber sabido en ese entonces, y como finalmente se pudo observar, en 1960 con la publicación de la Constitución de la Libertad, Hayek mismo demostró ser un probado intervencionista. En la tercera parte de este famoso libro, Hayek había presentado un plan para una sociedad “libre” tan plagada de diseños intervencionistas que cualquier socialdemócrata moderado – de la variedad escandinava y alemana – fácilmente podía haber suscrito. Cuando, con motivo del cumpleaños número 80 de Hayek en 1979, el Social Demócrata, y entonces Canciller de Alemania Occidental, Helmut Schmidt, envió a Hayek una nota de felicitación proclamando que “todos somos Hayekianos ahora”, no se trataba de una frase vacía. Era cierto, y Schmidt hablaba en serio.

Me di cuenta, entonces, de lo siguiente: El desarrollo deplorable – juzgado desde el punto de vista del libertario clásico – de la Sociedad Mont Pelerin no fue un accidente. Más bien, fue la consecuencia necesaria de una falla teórica fundamental cometida no solamente por Hayek, sino, en última instancia, también por Mises, con su idea de un Estado mínimo.

Esta falla no se limitó a afligir a la Sociedad Mont Pelerin. Afectaba todo el Think Tank industrial del gobierno limitado que había surgido como su heredero desde la década de 1960 en todo el mundo occidental, dominado por los EE.UU., y por lo que la Sociedad Mont Pelerin había asumido la función de “Internacional”.

La meta de “gobierno limitado” o “constitucional“, que Friedrich Hayek, Milton Friedman, James Buchanan y otros grandes de la Sociedad Mont Pelerin habían tratado de promover y que cada Think-Tank del mercado libre de hoy proclama como su objetivo, es una meta imposible, tanto como lo es la meta imposible de intentar la cuadratura del círculo. En primer lugar, no se puede establecer un monopolio territorial de ley y orden y luego esperar que este monopolio no haga uso del poderoso privilegio de legislar a su favor. Del mismo modo: no se puede establecer un monopolio territorial de producción de papel moneda y esperar que el monopolio no utilice su poder de imprimir siempre más y más dinero.

Limitar el poder del Estado, una vez que se le ha concedido un monopolio territorial de legislación, es una meta imposible, auto-contradictoria. Creer que es posible limitar el poder del gobierno- en forma distinta a someterlo a la competencia, es decir, a no permitir ningún tipo de privilegios monopolísticos que surjan, en primer lugar – es asumir que la naturaleza del hombre cambia como resultado del establecimiento de un gobierno (muy parecido a la milagrosa transformación del Hombre que los socialistas creen que sucederá con la llegada del socialismo).

Esto es todo: un gobierno limitado, es una meta ilusoria. Creer que sea posible es creer en milagros.

La estrategia de Hayek y de la Sociedad Mont Pelerin, tenía entonces que fracasar. En lugar de ayudar a reformar – a liberalizar – el Estado (occidental), como era su intención (o su pretensión?), la Sociedad Mont Pelerin y el Think Tank industrial internacional del “gobierno limitado” se convertirían en parte integrante de un sistema estatal de bienestar y de guerra en continua expansión.

Los indicios de este veredicto abundan: La ubicación típica de los Think Tanks dentro o cerca de la capital, prominentemente Washington, DC., ya que su destinatario principal era el gobierno central. Reaccionan a las medidas y a los anuncios del gobierno y proponen y formulan propuestas al mismo gobierno. La mayoría de los contactos de los think-tankers fuera de su propia institución son políticos, burócratas del gobierno, grupos de presión, y una variedad de empleados y auxiliares. Junto con los periodistas relacionados, estos también asisten regularmente a sus conferencias de prensa, sesiones, recepciones y cocteles. Hay un constante intercambio de personal entre Think Tanks y gobiernos. Y los líderes de la industria del gobierno limitado son, con frecuencia, por sí mismos, miembros prominentes de la élite del poder y de la clase dominante.

La más indicativo de todo: Durante décadas, la ideología del gobierno limitado ha sido una industria en crecimiento. Sus gastos anuales en ejecución actualmente llegan a los cientos de millones de dólares, y en total probablemente se han gastado miles de millones de dólares. Al mismo tiempo, los gastos del gobierno, nunca, en ninguna parte, ni una sola vez siquiera, han caído, sino que siempre, y sin interrupción, han aumentado en forma cada vez más vertiginosa.

Y, sin embargo, este evidente fracaso de la industria del gobierno limitado al no entregar el bien prometido, no es castigado, sino que, contra toda lógica, es recompensado con fondos cada vez más amplios. Cuanto más fallan los Think Tanks, más dinero reciben.

El Estado y el Think Tank de la industria del gobierno limitado viven por lo tanto, en perfecta armonía, el uno con el otro. Crecen juntos, al unísono.

Para los defensores del gobierno limitado, como Hayek y toda la industria del Think Tank del mercado libre, esto es una vergüenza. Tienen que explicarlo de alguna manera, o se trata de un accidente o de una coincidencia. Y simplemente lo explican con el argumento de que sin la financiación y la operación continua de ellos, el asunto sería aún peor.

Así excusada, entonces, la industria continúa como antes, sin alterarse por ningún hecho o acontecimiento pasado o futuro.

Pero los embarazosos hechos no son accidentes o coincidencias y podrían haberse previsto de forma sistemática, si solamente uno hubiera comprendido mejor la naturaleza del Estado, y no creyera en milagros.

Como monopolio territorial de legislación y de impresión de dinero, el Estado tiene una tendencia natural a crecer: a utilizar sus leyes “fiat” y su dinero “fiat” para hacerse a un creciente control de la sociedad y de las instituciones sociales. Con sus leyes “fiat”, el Estado tiene el poder especial de amenazar y castigar o incentivar y premiar a quien quiera que le venga en gana. Y con su dinero “fiat”, puede comprar apoyo, sobornar y corromper con mayor facilidad que cualquier otro.

Ciertamente, una institución tan extraordinaria como ésta contará con los medios a su alcance, legales y financieros, para hacer frente al desafío planteado por la industria del gobierno limitado. Históricamente, el Estado ha afrontado con éxito oponentes mucho más formidables – como la religión organizada, por ejemplo!

A diferencia de la Iglesia o las iglesias, sin embargo, la industria del gobierno limitado está ubicada o concentrada convenientemente cerca, o en el centro, del poder del Estado, y la única razón de ser de la industria es la de hablar con, y tener acceso, al Estado. Eso es lo que sus donantes financieros normalmente esperan.

Sin embargo para el Estado, así ha sido mucho más fácil, entonces, señalar y efectivamente controlar esta industria. El Estado sólo tuvo que desplegar su propia burocracia para que estuviera a cargo de las relaciones con el “mercado libre” y atraer a las ONGs del “gobierno limitado” con conferencias, invitaciones, patrocinios, subvenciones, dinero y perspectivas de empleo. Sin tener que recurrir a amenazas, estas medidas por sí solas fueron suficientes para garantizar acatamiento por parte de la industria del Think Tank del mercado libre y de sus intelectuales asociados. La demanda del mercado de servicios intelectuales es baja e inconsistente y, por tanto los intelectuales se pueden comprar a bajo precio!

Por otra parte, a través de su cooperación con la industria de mercado libre, el Estado podría aumentar su propia legitimidad y respetabilidad intelectual como una institución “económicamente progresista“, abriendo así aún más espacio de crecimiento para el Estado.

En esencia, como con todas las llamadas ONG [organizaciones no gubernamentales], el Estado logró transformar la industria del gobierno limitado justo en un vehículo más para su propio engrandecimiento.

Lo que aprendí de mi experiencia con la Sociedad Mont Pelerin, entonces, fue que había que elegir una estrategia completamente diferente si se quería limitar el poder del Estado. Para los socialistas o los social-demócratas, es perfectamente racional hablar y buscar acceso al Estado y tratar de “marchar a través de sus instituciones “, ya que la Izquierda quiere aumentar el poder del Estado. Es decir, la Izquierda quiere lo que el Estado esta dispuesto a hacer de todos modos, en virtud de su carácter de monopolio territorial de ley y orden.

Pero la misma estrategia es ineficaz o incluso contraproducente si se quiere reducir el poder del Estado – independientemente de si uno quiere reducirlo totalmente y establecer un orden natural sin estado, o sólo reducirlo, rápida o drásticamente, hasta lograr el statu quo de una época “gloriosa” o “dorada” anterior.

En cualquier caso, este objetivo sólo puede alcanzarse si, en vez de hablar y solicitar acceso al Estado, abiertamente lo ignoramos, lo evitamos y lo repudiamos; y sus agentes y propagandistas son explícitamente excluidos de nuestros procedimientos. Hablar al Estado, incluyendo a sus agentes y propagandistas, es dar legitimidad y fuerza al Estado mismo. El ignorarlo, evitarlo y repudiarlo ostentosamente, y excluir a sus agentes y propagandistas como indeseables, es restarle autoridad al Estado y debilitar su legitimidad.

En agudo contraste con la Sociedad Mont Pelerin y su múltiple descendencia, que quiso reformar y liberalizar desde adentro el sistema estatal de bienestar y de guerra siguiendo una estrategia de cambio “inmanente” al sistema, como dirían los marxistas – y la cual falló precisamente por esta razón y fue, en cambio cooptada por el Estado como parte del establecimiento político, en mi imaginada sociedad, la Sociedad “Propiedad y Libertad” iba a perseguir una estrategia que “trascendiera” el sistema.

Es decir, trataría de reformar, y en última instancia, revolucionar, desde afuera, el cada vez más invasivo sistema del Estado de bienestar y guerra, a través de una contracultura anti-estatista que podría atraer a un número cada vez mayor de desertores – intelectuales, laicos educados e incluso al tan citado “hombre de la calle” – alejándolos de la cultura dominante e instituciones del Estado. La Sociedad Propiedad y Libertad iría a ser la punta de lanza internacional, el avant-garde, de dicha contracultura intelectual.

Como eje de esta contracultura estaba el concepto de la perversidad de la institución del Estado: Un monopolio territorial de ley y orden que puede hacer y cambiar las leyes a su favor no protege ni puede, sin hacer milagros, proteger la vida y bienes de sus subordinados (clientes), en cambio para ellos es, y será siempre, un peligro permanente – el más seguro camino a la servidumbre y a la tiranía.

Basado en esta idea, entonces, la Sociedad “Propiedad y Libertad” tenía que tener un doble objetivo.

Por un lado, positivamente, tenía que explicar y aclarar las exigencias y requerimientos jurídicos, económicos, cognitivos y culturales y las características de un orden natural libre, sin participación del estado.

Por otro lado, negativamente, se quería desenmascarar al Estado y mostrarlo como lo que realmente es: una institución manejada por grupos de asesinos, saqueadores y ladrones, rodeado de ávidos verdugos, propagandistas, aduladores, malhechores, mentirosos, payasos, charlatanes, majaderos e idiotas útiles – una institución que ensucia y mancha todo lo que toca.

A efecto de divulgar la verdad completa debo añadir lo siguiente: Ante la insistencia de mi amigo Jesús Huerta de Soto, – quien había sido reclutado a una edad temprana, por Hayek, personalmente, – con cierta reluctancia, solicité ser miembro de la Sociedad Mont Pelerin en cierto momento, a mediados de la década de 1990. Además de Huerta de Soto, había apoyado mi membresía el difunto Arthur Seldon, quien era entonces Presidente Honorario de la Sociedad Mont Pelerin. Sin embargo, fuí rechazado y, tengo que admitir que, merecidamente, porque simplemente no encajaba en tal sociedad.

De fuentes confiables me han dicho que fue, particularmente, Leonard Liggio, un antiguo amigo de Murray Rothbard, quien al haberse dado cuenta de ello se opuso vigorosamente a mi membresía; apoyado por Christian Watrin, del contingente de líderes y activistas alemanes de la Sociedad Mont Pelerin. Ambos, Liggio y Watrin, más tarde se convertirían en presidentes de la Sociedad Mont Pelerin.

Mi segunda experiencia con sociedades intelectuales fue con el Club John Randolph [CJR], que había sido fundado en 1989 por el libertario Murray Rothbard y el conservador Thomas Fleming.

Desde el principio, esta sociedad fue mucho más de mi gusto. Durante un tiempo, jugué un papel preponderante en el Club John Randolph. Pero también desempeñé un papel importante en su ruptura, que se produjo poco después de la muerte de Rothbard en 1995, y que esencialmente resultó en la salida del ala rothbardiana de la sociedad.

Sin embargo, mi recuerdo de los primeros años del John Randolph Club es de grata evocación. Así, no es de extrañar que un buen número de mis viejos compañeros del Club John Randolph también hayan aparecido aquí en Bodrum, en las reuniones de la Sociedad “Propiedad y Libertad”: Peter Brimelow, Tom DiLorenzo, Paul Gottfried, Walter Block, Justin Raimondo, Yuri Maltsev, David Gordon. Además, debo mencionar a mi amigo Joe Sobran, quien habría querido aparecer en nuestra reunión inaugural, pero no pudo asistir debido a problemas de salud.

En contraste con la internacional Sociedad Mont Pelerin, el Club John Randolph fue una Sociedad americana. Esto no significa sinembargo que el CJR fuera más provinciano. Por el contrario. No sólo tenía numerosos miembros “extranjeros” el CJR, sino también, mientras que la Sociedad Mont Pelerin estaba dominada por economistas profesionales, el Club John Randolph representaba un espectro mucho más amplio, interdisciplinario y trans-disciplinario, de intereses y esfuerzos intelectuales.

En promedio, el número de miembros del Club John Randolph con conocimiento de idiomas extranjeros era bastante mayor de lo encontrado en el círculo de la Sociedad Mont Pelerin. En sus hábitos y maneras, la Sociedad Mont Pelerin era multi-cultural, igualitaria y no discriminatoria, si bien era altamente restrictiva e intolerante con respecto a la variedad admisible de temas y tabúes intelectuales. En marcado contraste, el CJR era decididamente una sociedad burguesa, anti-igualitaria y discriminatoria, pero al mismo tiempo una sociedad mucho más abierta y tolerante intelectualmente, sin ningún tipo de tabú.

Además, mientras que las reuniones de la Sociedad Mont Pelerin eran grandes e impersonales – podrían superar los 500 participantes – en las reuniones del Club John Randolph rara vez había más de 150 asistentes y eran reuniones pequeñas e íntimas.

Me gustaban de todos estos aspectos del Club John Randolph. (No me importaban tanto las sedes de las reuniones: por lo general algún hotel de negocios en las afueras de una gran ciudad. En este sentido, las reuniones de la Sociedad Mont Pelerin tenían claramente más que ofrecer, aunque a un precio muy elevado.)

Pero, como he indicado, no todo estaba bien con el Club John Randolph, y mi encuentro con él también me enseñaron unas cuantas lecciones sobre aquello que no se debe imitar.

La desintegración del Club John Randolph, poco después de la muerte de Rothbard, había sido provocada en parte por razones personales. Tom Fleming, el sobreviviente principal del Club, era, para decirlo diplomáticamente, un hombre difícil, como pueden dar testimonio todos los que han tratado con él. Además, hubo disputas dentro de la organización. Las reuniones del Club John Randolph se organizaban anualmente alternativamente por el Centro de Estudios Libertarios, que representaba a Murray Rothbard y sus hombres, y por el Instituto Rockford, que representaba a Thomas Fleming y los suyos. Este acuerdo había quizás inevitablemente conducido a varios cargos de gorreo. En última instancia, sin embargo, la ruptura tuvo razones más fundamentales.

El John Randolph Club fue una coalición de dos grupos distintos de intelectuales. Por un lado había un grupo anarco-capitalista de austro-libertarios, encabezados por Rothbard, en su mayoría economistas, pero también filósofos, juristas, historiadores y sociólogos (en su mayoría mentes del tipo analítico-teórico). Yo era miembro de este grupo. Por otro lado había un grupo de escritores relacionados con la conservadora Revista mensual Crónicas: Una Revista de la Cultura Estadounidense y su editor, Tom Fleming. Paul Gottfried era un miembro de ese grupo. El grupo conservador no tenía ningún economista de nota y, en general revelaban un tipo más empírico de mente. Aparte de los historiadores y sociólogos, incluía también en particular, hombres de letras: filólogos, escritores literarios y críticos culturales.

Por el lado libertario, la cooperación con los conservadores fue motivada por la idea de que mientras el libertarismo puede ser lógicamente compatible con muchas culturas, sociológicamente requiere una cultura de núcleo burgués conservador. La decisión de formar una alianza intelectual con los conservadores suponía para los libertarios una doble ruptura con el “Libertarianismo del Establecimiento”, representado, por ejemplo, por el Instituto CATO del “mercado libre“, de Washington DC.

Este Libertarianismo del Establecimiento no sólo estaba teóricamente en un error, por su compromiso con el objetivo imposible de un gobierno limitado (y gobierno centralizado, además): también estaba sociológicamente errado, con su mensaje cultural “cosmopolita” anti-burgués, sin duda adolescente: de multiculturalismo e igualitarismo, de “no respeto a ninguna autoridad”, de “y vivir y dejar vivir”, de hedonismo y de libertinaje.

Los austro-libertarios anti-establecimiento trataron de aprender más del lado conservador acerca de los requisitos culturales de una comunidad libre y próspera. Y en general así lo hicieron y aprendieron la lección. Al menos, creo que yo lo hice.

Por el lado conservador de la alianza, la cooperación con los anarco-capitalistas Austríacos significó una ruptura total con el llamado movimiento neoconservador, que había llegado a dominar el conservadurismo organizado en los EE.UU. y el cual estaba representado, por ejemplo, por Think Tanks tales como el American Enterprise Institute y la Fundación Heritage en Washington DC. Los paleo-conservadores, como llegaron a ser conocidos, se opusieron a la meta neo-conservadora de un Estado de bienestar y de guerra cada vez más centralizado y “eficiente económicamente”- como incompatible con el núcleo de los valores conservadores tradicionales de propiedad privada, de familia y hogares familiares, y de comunidades locales y su protección. Había algunos puntos de la discordia entre los paleo-conservadores y los libertarios: sobre cuestiones de aborto e inmigración y sobre la definición y la necesidad del gobierno. Sin embargo, estas diferencias podrían acomodarse al acordar que su resolución no se debía intentar a nivel de Estado central o incluso de alguna institución supra-nacional tal como la ONU, sino siempre al menor nivel de organización social: a nivel de familias y comunidades locales.

Para los paleo-conservadores, la secesión de un Estado central no era un tabú, y para los austro-libertarios la secesión tenía la condición de ser un derecho natural de los seres humanos (mientras que los libertarios del Establecimiento normalmente lo tratan como un tema tabú), por lo cual la cooperación era posible. Por otra parte, la cooperación con los austro-libertarios iría a proporcionar a los conservadores la posibilidad de aprender economía sana (la de la escuela austríaca), que reconocían como un déficit y una debilidad en su armadura intelectual, especialmente frente a sus oponentes los neo-conservadores. Sin embargo, con algunas excepciones notables el grupo conservador no estuvo a la altura de estas expectativas.

Esta fue, pues, la razón última de la ruptura de la alianza libertaria-conservadora lograda con el Club John Randolph: que mientras los libertarios estuvieron dispuestos a aprender su lección cultural los conservadores no quisieron aprender la suya de economía.

Este veredicto, y la consiguiente lección, no fueron claros de inmediato, por supuesto. Fue tomando forma sólo en el curso de los acontecimientos. En el caso del Club John Randolph, el evento tuvo un nombre. Fue Patrick Buchanan, personalidad de la televisión, comentarista, columnista, autor de libros best-sellers, incluyendo trabajos serios sobre la historia revisionista, un hombre muy carismático, ingenioso y con gran encanto personal, pero también un hombre con una larga y profunda implicación en la política del Partido Republicano, primero como escritor de discursos de Nixon y luego como Director de Comunicaciones de la Casa Blanca en tiempos de Ronald Reagan.

Pat Buchanan no participó directamente en el Club John Randolph, pero tenía vínculos personales con varios de sus principales miembros (en ambos lados del Club, pero especialmente dentro del grupo de Crónicas, que incluía algunos de sus asesores más cercanos) y él era considerado parte prominente del movimiento contra-cultural representado por el Club John Randolph.

En 1992, Buchanan desafió al entonces presidente George Bush por la nominación republicana a la presidencia. (Él lo haría de nuevo en 1996, desafiando el senador Bob Dole para la nominación republicana, y en 2000 se postularía como candidato presidencial por el Partido de la Reforma.) El reto de Buchanan fue impresionante al principio, casi sacando a Bush en las primarias de Nueva Hampshire, y en un principio causó gran entusiasmo en los círculos del Club John Randolph. Sin embargo, en el curso de la campaña de Buchanan, y en reacción a ella, estalló la discordia abierta entre los dos campos del Club John Randolph en cuanto a la estrategia “correcta”.

Buchanan siguió una campaña populista con su “America Primero”. Quería dirigirse y atraer al llamado “Estadounidense Medio”, quien se sentía traicionado y desamparado por las élites políticas de ambos partidos. Tras el colapso del comunismo y el fin de la guerra fría, Buchanan quería traer todas las tropas estadounidenses de vuelta a casa, disolver la OTAN, dejar las Naciones Unidas, y llevar a cabo una política exterior no-intervencionista (que sus enemigos-neo conservadores le refregaban como “aislacionista”). Quería cortar todos los vínculos económicos con Israel en particular, y criticaba abiertamente la influencia “anti-estadounidense” del lobby judío-americano organizado, algo que requería considerable coraje en la América contemporánea.

Quería eliminar toda “acción afirmativa “, las leyes de no-discriminación y de cuotas que había impregnado todos los aspectos de la vida americana, y que eran leyes esencialmente anti-blanco y especialmente leyes anti-blanco-masculino. En particular, prometió poner fin a la política no-discriminatoria de inmigración que había dado lugar a la inmigración masiva de personas del tercer mundo de clase baja y la correspondiente integración forzada o, eufemísticamente, “multiculturalismo.” Además, él quería terminar con toda “la podredumbre cultural” que sale de Washington DC cerrando el Ministerio de Educación y una multitud de otras agencias federales de adoctrinamiento.

Pero en lugar de enfatizar esas inquietudes culturales “derechistas” ampliamente populares, Buchanan, en el curso de su campaña, discutía, cada vez más, otros asuntos y preocupaciones económicas, sin importar que su conocimiento sobre la economía fuera más bien escaso.

Concentrándose en la que era su peor faceta, entonces, cada vez más abogaba por un programa económico “izquierdista” de nacionalismo económico y social. Abogaba por aranceles para proteger industrias “esenciales” de América y salvar empleos en los Estados Unidos de la “desleal” competencia extranjera, y proponía “proteger” al estadounidenses medio salvaguardando e incluso ampliando los programas existentes del Estado-Benefactor como las leyes de salario mínimo, el seguro de desempleo, el Seguro Social, Medicaid y Medicare.

Cuando expliqué, en un discurso ante el Club, que el programa de derecha-cultural y de izquierda-económica de Buchanan era teóricamente inconsistente y que su estrategia consecuentemente tenía que fallar en alcanzar la meta propuesta, que nadie podía traer de regreso a América a la cordura cultural y al fortalecimiento de familias y comunidades y al mismo tiempo, mantener los pilares institucionales que eran la causa central del malestar cultural, que los aranceles proteccionistas no podían lograr que los estadounidenses fuesen más prósperos, sino menos, y que un programa de nacionalismo económico tenía que alienar a la indispensable burguesía intelectual y cultural mientras atraía al (para nosotros y para nuestros propósitos) “inútil” proletariado, casi llegó a un éclat. El grupo conservador se levantó en armas a consecuencia de esta crítica a uno de sus héroes.

Tenía la esperanza de que, pese a los sentimientos de amistad o de lealtad personal, después de algún tiempo de reflexión la razón prevalecería, sobre todo después de que había quedado claro por los acontecimientos subsiguientes que la estrategia de Buchanan también había fracasado numéricamente en las urnas. Yo creía que los conservadores del Club John Randolph, tarde o temprano vendrían a darse cuenta de que mi crítica a Buchanan era una crítica “inmanente”, es decir, que no había criticado, ni que yo mismo me había distanciado, del objetivo del Club John Randolph, y presumiblemente tampoco del de Buchanan, de una contrarrevolución cultural conservadora, sino que, sobre la base de elementales razones económicas, yo había encontrado simplemente que los medios – la estrategia – escogidos por Buchanan para lograr este objetivo eran inadecuados e ineficaces. Pero no pasó nada. No hubo ningún intento de refutar mis argumentos. Tampoco hubo ninguna señal de que uno estaba dispuesto a expresar cierta distancia intelectual con Buchanan y su programa.

De esta experiencia aprendí una lección doble. En primer lugar, se reforzó la lección que ya había aprendido en mi encuentro con la Sociedad Mont Pelerin: No pongas tu confianza en los políticos y no te dejes distraer por la política. Buchanan, a pesar de sus muchas y atractivas cualidades personales, era todavía, de corazón, un político que creía en el gobierno, sobre todo como medio para propiciar el cambio social. En segundo lugar y, más en general, sin embargo, he aprendido que es imposible tener una asociación intelectual duradera con gentes que, o bien, no están dispuestas o, son incapaces de captar los principios de la economía. La Economía – la lógica de la acción – es la reina de las ciencias sociales. No es de manera alguna suficiente para comprender la realidad social, pero es necesaria e indispensable. Sin un conocimiento sólido de los principios económicos, por ejemplo al nivel de Henry Hazlitt en Economía en Una Lección, uno se ve obligado a cometer errores graves de explicación e interpretación histórica.

Así, llegué a la conclusión de que la Sociedad “Propiedad y Libertad” no sólo tenía que excluir a todos los políticos, y agentes y propagandistas del gobierno como objetos de burla y desprecio, como a emperadores sin ropa y blanco de todas las bromas, en lugar de objetos de admiración y de emulación, sino que también tenía que excluir a todos los ignorantes en economía.

Cuando el Club John Randolph se disolvió, esto no significó que las ideas que habían inspirado su creación se hubieran extinguido o que ya no encontraran una audiencia. De hecho, en los EE.UU., había crecido un Think Tank dedicado a las mismas ideas e ideales. El Ludwig von Mises Institute, fundado en 1982 por Lew Rockwell, con Murray Rothbard como su cabeza académica, había comenzado como cualquier otro Think Tank del gobierno limitado, a pesar de que Rothbard y todos los demás socios principales del Instituto Mises eran anarco-capitalistas austríacos. Sin embargo, a mediados de la década de 1990-y me enorgullece haber desempeñado un papel importante en este desarrollo-Lew Rockwell había transformado el instituto, significativamente localizado lejos de Washington DC, en la provinciana Auburn, en Alabama, en el primer y único Think Tank del mercado libre que había renunciado abiertamente, por imposible, al objetivo de un gobierno limitado y salía en cambio, como defensor imperturbable del anarco-capitalismo, desviándose por lo tanto de la interpretación estrecha, “literal” de su nombre y, sin embargo manteniéndose fiel a su espíritu en la búsqueda del método riguroso, praxeológico misesiano, hasta sus últimas consecuencias. Este movimiento fue financieramente costoso al principio, pero bajo la brillante e inteligente dirección de Rockwell eventualmente se convirtió en un enorme éxito, al sobrepasar a sus rivales, mucho más ricos, – los Libertarios del Gobierno Limitado – tales como los del Instituto CATO, en términos de alcance e influencia. Por otra parte, además del Mises Institute, que se centraba más estrechamente en los asuntos económicos, y a raíz de la decepcionante experiencia con el Club John Randolph y su ruptura, Lew Rockwell había creado, en 1999, una página web anti-estado, anti- guerra, pro-mercado,- http://www.lewrockwell.com/ – la cual agregó una dimensión interdisciplinaria, cultural, a la empresa austro-libertaria y resultó ser aún más popular, preparando el terreno intelectual para el actual movimiento de Ron Paul.

La Sociedad “Propiedad y Libertad”, por supuesto, no tenía que competir con el Instituto Mises o con LewRockwell.com. Ni tampoco que fuera un Think Tank, ni un canal más de publicación. Más bien, era para complementar sus esfuerzos, y los de otros, al adicionar otro componente importante para el desarrollo de una contracultura intelectual anti-estatista. Lo que había desaparecido con la desintegración del Club John Randolph original fue una Sociedad intelectual dedicada a la causa. Sin embargo, todo movimiento intelectual requiere una red de amistades personales, de amigos y compañeros de armas para tener éxito, y para que este tipo de red se establezca y crezca, se necesita un lugar de encuentro permanente, una sociedad. La Sociedad “Propiedad y Libertad” se supone que es dicha sociedad.

Quise crear un lugar donde personajes de todo el mundo con ideas afines pudieran reunirse periódicamente para estímulo mutuo y disfrute de un radicalismo intelectual sin censura y sin rival. La sociedad se supone que es internacional e interdisciplinaria, burguesa, sólo por invitación, exclusiva y elitista: para unos pocos “elegidos”, que puedan ver a través de la cortina de humo levantada por nuestras clases dirigentes de delincuentes, estafadores, charlatanes y payasos.

Después de nuestro primer encuentro, hace 5 años, aquí mismo, en el Princesa Karia, mi plan llegó a ser más específico todavía. Inspirado por el encanto del lugar y su hermoso jardín, decidí adoptar el modelo “salón” para las reuniones de la Sociedad “Propiedad y Libertad”. El diccionario define “salón” como “un encuentro de intelectuales, de élites sociales, políticas y culturales bajo el techo de una anfitriona de inspiración, en parte para divertirse entre sí y en parte para refinar el gusto y aumentar los conocimientos mediante la conversación”. Saque la palabra “política” de esta definición – y ahí tiene lo que he tratado de lograr durante los últimos años, junto con Guelcin, mi esposa y colega misesiana, sin cuyo apoyo nada de esto sería posible: ser anfitriona y dar acogida a un salón anual grande y extenso, y convertirlo, con la ayuda de ustedes, en el más atractivo e ilustre salón que pueda existir.

Espero – y de hecho estoy seguro – que ésta, nuestra quinta reunión, marcará un paso más hacia tal fin.

La reelección de Obama no sería el fin de la libertad

La reelección de Obama no sería el fin de la libertad

por Gene Healy

Gene Healy es Vice Presidente de Cato Institute.

No cedo ante nadie en mi convicción de que la presidencia de Barack Obama ha sido un desastre para la República. Recientemente, incluso sugerí que algunas de sus ofensas alcanzaron el nivel de “graves crímenes y delitos”.

Sin embargo, por mucho que lo intento, no puedo convencerme de que las elecciones de 2012 son una “piedra angular en la historia” y que serían el “fin del juego” para la libertad a menos que él sea vencido. Si Obama gana, la lucha continúa; si pierde, no es motivo para celebrar todavía.

Tenga en cuenta que, desde Franklin Delano Roosevelt, pocos presidentes de segundo periodo han sido capaces de realizar grandes diabluras. Obama podría ya haber hecho la mayor parte del daño del que es capaz.

Por supuesto, todavía queda la cuestión de deshacer los graves daños que ya se han hecho.

Mitt Romney se ha comprometido a firmar la derogación de Obamacare (para la cual Romneycare sirvió de modelo) si resulta electo. El veto de Obama sería un obstáculo difícil de superar, pero no sería necesariamente imposible de hacer, en función de lo que determine la Corte Suprema.

Le pregunté a Michael Cannon, el gurú de política sanitaria de Cato, “¿Cuánto se puede lograr desfinanciando Obamacare si Obama es reelecto?” Bastante, afirmó, dado que los intercambios de seguros de salud “son fundamentales para Obamacare. Si los estados se niegan a crearlos, la ley dice que los federales pueden. Pero no ofrece presupuesto alguno. Y buena suerte consiguiéndolos en un Congreso dirigido por el Partido Republicano”.

En caso de que el Partido Republicano asuma la presidencia, un gobierno republicano unificado presenta sus propios desafíos. El difunto Bill Niskanen, presidente por un largo periodo del Cato Institute, señaló que EE.UU. “prospera más cuando los excesos son moderados, y, si los números de los últimos 50 años sirven de referencia, un gobierno dividido es lo que los modera”.

Según los cálculos de Niskanen, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el gasto de los gobiernos unificados ha sido casi tres veces superior al de los gobiernos divididos y lo primeros han sido más propensos a derrochar recursos y vidas en el extranjero.

Tal vez los días del “Proyecto de la Calle K” pasaron, gracias al movimiento Tea Party energizado por los abusos de Obama —pero necesitarán mantener la presión sobre los republicanos.

Como los profesores de derecho Eric Posner y Adrian Vermuele señalan en su libro Executive Unbound: “La continuidad a través de las presidencias es sorprendente. Richard Nixon respetó y apoyó el avance de programas liberales de la Gran Sociedad… [Y] durante el gobierno de Reagan, el gasto público continuó su avance también”.

Obama continuó con los rescates de Bush, señalan más adelante, y él ha “conservado las principales características de prácticamente cada herramienta contra el terrorismo utilizada por la administración de Bush”.

De hecho, hay algo extrañamente mecánico en la forma en que el Estado moderno se expande constantemente sin importar cuál partido o presidente se encuentre en el poder.

El verano pasado la Ley Patriota fue renovada de forma automática por la presidencia, pocas semanas después de que el Equipo SEAL 6 acabara con la vida de Osama bin Laden. A medida de que la amenaza terrorista disminuyó, la guerra perpetua contra el terrorismo continuó, incluso siendo ahora los ciudadanos estadounidenses blanco de robots que asesinan a control remoto.

En julio, una de las luchas perennes del presupuesto en Washington presentó un matiz interesante: Resulta que, si el Congreso fallaba en aumentar el techo de la deuda en el plazo reglamentario, el Poder Ejecutivo no podía detener el gasto, aunque lo intentara.

El gasto seguiría, según informó Reuters, porque la Tesorería no sería capaz de “reprogramar a las computadoras del gobierno que generan pagos automáticos en la fecha límite”.

En casa y en el extranjero, el gobierno federal está fuera de control y parece que no hay un interruptor manual capaz de apagarlo.

Como otros han observado, nuestro gobierno se ha convertido en un tren fuera de control —y las elecciones presidenciales parecen cada vez más una lucha por determinar quien podrá sentarse al frente y pretender que conduce.

El punto es hacer fracasar esta ofensiva y ninguna elección puede hacer eso. Pase lo que pase en noviembre, el trabajo aún debe continuar.

CISPA: La nueva SOPA contra la libertad y la privacidad en Internet

la proxima guerra Internet Censorship CISPA - Newest Cyber Security Bill

Algunos legisladores de Estados Unidos tienen la intención de ser capaces de supervisar la totalidad de su actividad online, al acecho en los internets como Pedobear en un patio de colegio. El proyecto de ley HR 3523, o Cyber Intelligence Sharing and Protection Act (CISPA), parece ser la última amenaza contra la privacidad y la libertad en Internet.

De acuerdo a la EFF, el proyecto de ley contiene un “lenguaje radical [que] daría a las empresas y al gobierno nuevos poderes para controlar y censurar las comunicaciones en caso de infracción de los derechos de autor. También puede ser una poderosa arma para usar contra sitios web de denunciantes como WikiLeaks“.

Mientras la “ciberseguridad” es citada como una causa por violación de sus derechos, al parecer, el proyecto de ley le daría luz verde a los gobiernos y las empresas que desean espiar la actividad del usuario. ISPs, buscadores y redes sociales serían capaces de hacer que sus datos estén disponibles para las agencias gubernamentales, dejándolos casi sin privacidad.

“Se crea efectivamente una exención por “ciberseguridad” a todas las leyes existentes”.

Un aspecto terrorífico de este proyecto de ley es que permite a una empresa bloquear o modificars sus comunicaciones.

¿Qué se necesita para que una entidad afirme que le espía a usted porque es una potencial “amenaza cibernética”? De acuerdo con la definición en el texto del proyecto:

(2) Amenaza cibernética: El término ‘amenaza cibernética’; la información en posesión de un elemento de la comunidad de inteligencia directamente relacionada con una vulnerabilidad de, o la amenaza de, un sistema o red de una entidad gubernamental o privada, incluida la información relativa a la protección de un sistema o red contra:


(A) los esfuerzos para degradar, interrumpir o destruir dicho sistema o red, o


(B) el robo o la apropiación indebida de información privada o pública, propiedad intelectual, o información de identificación personal.

Aparte de la posibilidad de censurar cualquier discurso que un determinado servicio no apruebe, la definición resume la intención de este proyecto de ley muy bruscamente. La (A) fue escrita para que sea más fácil cazar a cualquier persona sospechosa de participar en el activismo anónimo y (B) abre la temporada de caza de piratas de una variedad de intercambio de archivos.

No se sabe todavía si este proyecto de ley se topará con una resistencia significativa del público, pero si la gran respuesta del público a la SOPA y ACTA son una indicación, una gran mayoría del público no quiere sufrir una violación de sus derechos en beneficio de un pocos grupos elitistas anti-piratas. ¿Será el enmarcar el intercambio de archivos y los ataques DDoS como una gran amenaza para la “seguridad cibernética” suficiente para convencer al público para que renuncie a sus derechos? ¿O será otra campaña fallida que termine con Chris Dodd quejándose acerca de cómo Google y la Wikipedia tenían una esfera mayor de influencia en lo que era en realidad una protesta de base para preservar nuestros derechos y libertades? Tal vez se requieran mas análisis pero yo apuesto por lo  segundo.

Aterrados por la libertad

Tontería económica 

Carlos Rodríguez Braun

&quote&quoteLo más notable de estos economistas no es su visión económica –el rollo intervencionista habitual– sino su queja ante un liberalismo que no existe más que en su imaginación

Hay en Francia un grupo de 3.000 “economistas aterrados” ante la posibilidad de la libertad, y me parecen pocos. Lógicamente, al ser antiliberales sus mensajes han tenido bastante eco. Publican ahora un nuevo libro contra el “neoliberalismo” de Merkel, Sarkozy y Rajoy. Y proponen subir los impuestos… como si no lo hicieran los mismos políticos que ellos critican.

Lo más notable, en efecto, de estos economistas no es su visión económica –el rollo intervencionista habitual– sino su queja ante un liberalismo que no existe más que en su imaginación, y ante unos gobernantes que están haciendo lo que estos aterrados progresistas reclaman. Vea usted lo que exigen: acabar con los paraísos fiscales, luchar contra el fraude fiscal y subir los impuestos a las rentas más altas. Sarkozy y Rajoy los han pasado por la izquierda, pero los aterrados no se dan por enterados.

Naturalmente, quieren acabar con los malvados “especuladores”. ¿Cuál es su audaz propuesta de solución? Que el Banco Central Europeo se ocupe de financiar los desequilibrios de las Haciendas públicas de la eurozona, como si fuera algo radicalmente diferente de lo que hace el BCE.

En fin, no conviene cargar demasiado las tintas en los foráneos, porque en todas partes cuecen habas y prolifera el miedo a la libertad. Mucho mejor clima que en Francia hay en Canarias, pero no mejores ideas. Las ideas, en realidad, son las mismas. El PSOE ha propuesto también más impuestos sobre la renta (vamos, lo que ha hecho Rajoy, ese espejo de progresistas), un Tesoro europeo, y gravar a los “especuladores”. Y hay más, mucho más. Unos socialistas canarios plantearon, además de la gansada (esa sí, francesa) de reducir la jornada laboral para repartir el trabajo, que haya un chip en el DNI con el nivel de renta para que los ricos paguen más por los servicios públicos. Esta propuesta fue defendida por los mismos socialistas que despotrican contra Esperanza Aguirre cuando planteó el copago diferencial, de modo que los más ricos paguen más por los servicios públicos…

 

El Papa pide en Cuba que a nadie se limite ‘sus libertades fundamentales’

 

Pope Benedict XVI waves to faithful from his popemobile as he arrives at Revolution Square for a Mass in Havana, Cuba,AFP

LA HABANA — El papa Benedicto XVI pidió este miércoles a las autoridades cubanas respetar el ejercicio pleno de las “libertades fundamentales” de los cubanos y condenó el embargo estadounidense contra la isla, antes de irse de La Habana, donde habló con el ex presidente Fidel Castro y ofició una misa pública.

Al destacar en su discurso de despedida en el aeropuerto de La Habana la necesidad de “cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada”, el papa declaró: “Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales”.

A su llamado a respetar las libertades siguió una condena al embargo impuesto por Estados Unidos a Cuba hace medio siglo.

La situación en Cuba “se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país pesan negativamente sobre la población”, dijo el Papa en presencia del presidente cubano Raúl Castro antes de abordar, bajo la lluvia, el avión para regresar a Roma, que despegó hacia las 17H40 locales (22H40 GMT).

“La hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales, remarcó el papa, en un llamado indirecto a Estados Unidos y Cuba a dialogar.

Al despedirlo Raúl Castro dijo al Papa: ”Santidad, hemos encontrado muchas y profundas coincidencias, aunque como es natural, no pensemos lo mismo sobre todas las cuestiones“.

El encuentro entre Fidel Castro y Benedicto XVI tuvo lugar –por pedido de éste, según destacó el Vaticano– poco después del mediodía en la Nunciatura Apostólica, en el barrio diplomático de Miramar, oeste de La Habana, y duró media hora, dijo el portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi.

”Fidel hizo preguntas al Papa para saber su pensamiento sobre diversos temas“, ”fue un “diálogo intenso, cordial y sereno” con la ayuda de intérpretes, dijo Lombardi, quien contó que Castro consultó al pontífice “sobre los cambios litúrgicos en la misa”, entre otros puntos.

Esta fue la primera entrevista entre el líder comunista, de 85 años, y el papa alemán, de 84, que combatió a la teología de la liberación, una corriente de la Iglesia latinoamericana que profesa la “opción preferencial por los pobres”. Muchos de sus seguidores, sacerdotes y laicos, se integraron en los grupos guerrilleros apoyados por La Habana, en las décadas del 70 y del 80.

Fidel Castro se había reunido dos veces con Juan Pablo II, en 1996 en el Vaticano, y luego en su histórica visita a Cuba, en 1998.

Antes de su encuentro con Fidel Castro, Benedicto XVI ofició una misa ante unas 300.000 personas –según estimación del Vaticano– en la Plaza de la Revolución, en la que llamó a “seguir adelante” con la libertad religiosa en Cuba.

“Es de reconocer con alegría que en Cuba se han ido dando pasos para que la Iglesia lleve a cabo su misión insoslayable de expresar pública y abiertamente su fe”, dijo en su homilía, en presencia de Raúl Castro, el canciller Bruno Rodríguez y la jerarquía católica cubana.

“Para poder ejercer esta tarea, (la Iglesia) ha de contar con la esencial libertad religiosa”, dijo. El Estado cubano era ateo hasta 1991, ahora es laico.

“Es preciso seguir adelante, y deseo animar a las instancias gubernamentales de la nación a reforzar lo ya alcanzado y a avanzar por este camino de genuino servicio al bien común de toda la sociedad cubana”, añadió el Papa en la Plaza, sitio de grandes manifestaciones comunistas.

Benedicto XVI pidió que la Iglesia pueda dar su “testimonio” no sólo en la catequesis, sino también en el ámbito de la educación. Las escuelas católicas y todos los colegios privados fueron “nacionalizados” tras la llegada al poder de Fidel Castro, en 1959.

En 1998, en ese mismo lugar y en presencia de Fidel Castro, Juan Pablo II, el único papa que visitó la isla antes de Benedicto, celebró una histórica misa con un millón de asistentes, en que pidió que “Cuba se abra al mundo para que el mundo se abra a Cuba”. Esa visita marcó el deshielo en las relaciones Iglesia-Estado.

Benedicto XVI fue escuchado bajo el sol radiante de la mañana por católicos, comunistas, ateos y adeptos a la santería, rito afrocubano que mezcla el espiritualismo africano con el catolicismo.

El cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, hizo un llamado por la “paz y la reconciliación” entre los cubanos en la misa, a la que en un hecho inédito asistieron cientos de peregrinos cubanos procedentes de Miami, bastión del anticastrismo.

Benedicto XVI se reunió el martes en privado durante 40 minutos con Raúl Castro, unas horas después que un alto funcionario afirmara que “no va a haber una reforma política” en Cuba y un día después de que el Papa llamara a los cubanos a construir “una sociedad abierta y renovada”.

En ese encuentro privado, el Papa pidió a Raúl Castro un mayor espacio para la Iglesia y sugirió que el Viernes Santo, día de la crucifixión de Cristo, sea feriado en la isla. Juan Pablo II obtuvo de Fidel Castro que el día de Navidad fuera declarado festivo.

Los opositores denunciaron al menos 150 arrestos para evitar protestas durante la visita del Papa, lo que fue criticado por Amnistía Internacional.

El Vaticano no programó ninguna reunión con disidentes ni familiares de presos políticos, una gran decepción para los círculos opositores.

 

Por qué Cuba socialista prohíbe las redes sociales

No es la comunicación con el mundo exterior lo que más teme el régimen, sino la de los propios cubanos en la isla.

Por MARY ANASTASIA O’GRADY

“Existe una razón detrás de la falta de acceso de los cubanos a Internet. Es porque el gobierno (no podría) sobrevivir”.

La declaración la hizo el senador estadounidense por el Partido Republicano Marco Rubio, del estado de Florida, la semana pasada en una conferencia en Washington titulada “Cuba necesita una revolución (tecnológica): Cómo Internet puede derretir una isla congelada en el tiempo”.

El evento fue patrocinado por Google Ideas, una iniciativa con fines de lucro del gigante de Internet, y la Heritage Foundation, un centro de estudios sin ánimo de lucro.

Se me pidió abrir el debate con una entrevista a Rubio, así que empecé preguntándole qué pensaba de la referencia militar que el gobierno de Cuba utilizó el año pasado para hablar de la tecnología que permite a los jóvenes intercambiar ideas de manera digital, a la que consideró un “campo de batalla permanente”.

Rubio contestó que no era la comunicación con el mundo exterior lo que el régimen más temía, sino las conversaciones entre los propios cubanos. “Creo que Raúl Castro entiende muy bien que su régimen no puede sobrevivir una realidad interna donde los cubanos pueden comunicarse entre sí sin restricciones”, dijo, agregando que el “acceso sin filtros a Internet y las redes sociales” era la “mejor esperanza” de Cuba para impedir “una dictadura estancada” por “los próximos 50 años que sobreviva incluso las muertes de Raúl y Fidel”.

A Rubio le gustaría que Estados Unidos se empeñara en convertir a Cuba en un punto de conexión Wi-Fi, es decir, encontrar la forma de proveer acceso inalámbrico a Internet para que los cubanos puedan recibir y mandar información en tiempo real. “Es en eso en lo que realmente debería concentrarse la política estadounidense, un esfuerzo del siglo XXI”, manifestó.

No será fácil dada la tecnología actual. Aunque expertos en Internet me dicen que es posible extender las comunicaciones Wi-Fi bidireccional a las personas a las que el gobierno no les permite acceder a su nuevo cable de fibra óptica, el acceso será bastante limitado. De todos modos, la propuesta de Rubio toca la fibra más fina de la vulnerabilidad del gobierno cubano.

El papa, que inicia hoy una visita a Cuba, verá y escuchará lo que la dictadura militar quiere que vea y escuche, no el tipo de debate público del que hubiera sido testigo en un país normal. No verá lo que Rubio señala, disidentes cubanos envalentonados para quienes una “revolución” de hace medio siglo no les sirve y que, de tener acceso a comunicaciones en tiempo real, unirían fuerzas para derrocar a sus opresores.

“Si los cubanos pudieran comunicarse entre sí, si los cubanos de Santiago (de Cuba) pudieran entender lo qué está pasando en La Habana y viceversa”, dice Rubio, habría una verdadera oportunidad de cambio. “Si estos grupos pudieran enlazarse unos con otros y coordinar esfuerzos y conversaciones… el gobierno cubano no duraría mucho. Colapsaría bajo el peso de esa realidad”.

Algunos de los comentarios de Rubio sugieren que el legislador es demasiado optimista sobre la posibilidad de que la tecnología pueda crear puntos de conexión a Internet en la isla desde lejos. Pero si se pudiera, y cuando se pueda, no cabe duda de que los medios sociales jugarían un papel en fomentar el cambio, como lo hicieron, para bien o para mal, en el derrocamiento de Mubarak en Egipto.

En EE.UU., destacó Rubio, los medios sociales ya han hecho la diferencia. En referencia al movimiento del Tea Party dijo: “Hace 15 años, si uno quería organizar un grupo de personas para hacer prácticamente cualquier cosa política, necesitaba una organización grande y engorrosa para coordinarlo. Hoy cualquiera con acceso a Facebook y Twitter puede convertirse en un organizador, y está pasando en todo el país, está pasando en todo el mundo y pasará en Cuba”.

La crítica tradicional contra el embargo plantea que si una multitud de estadounidenses viaja a la isla, ello socavará el régimen. Los que están a favor del embargo, como Rubio, esgrimen, en cambio, que los extranjeros, al igual que todo en Cuba, están bastante controlados.

Mencioné que miles de estadounidenses ya visitan Cuba cada año en viajes “educacionales”, a lo que Rubio respondió secamente: “Clases de conga (y) charlas sobre ética ofrecidas por el gobierno de Castro, ese es el itinerario”.

Es un buen punto. Los turistas “educacionales” a Cuba son conducidos como manada a destinos pre-aprobados. Sus gastos durante las vacaciones van directamente a los bolsillos del ejército y regresan a casa encandilados con los campesinos educados que conocieron. Las empresas estadounidenses ahora también hacen negocios con Cuba, vendiéndole toda la comida y medicina que puede pagar. Aun así, este acuerdo no ha hecho nada para promover un cambio.

El régimen puede atacar físicamente muestras públicas de resistencia, como lo ha hecho con las Damas de blanco, que son golpeadas por matones contratados por Castro. Pero sería mucho más difícil aplacar protestas virales. Es por eso que Rubio quiere que nos “imaginemos qué pasaría si de pronto toda La Habana se convierte en una zona Wi-Fi”.

No es una mala idea, aunque la tecnología no esté disponible en la actualidad. Como dijo Rubio, si el pueblo de Cuba tiene acceso a la web, “Internet se encargará del resto, lo creo con todo mi corazón”.

Los Castro concuerdan, a juzgar por los extremos a los que están dispuestos a legar para evitar que eso suceda.

 

La apuesta del Papa en Cuba

por Mary Anastasia O’Grady

Mary Anastasia O’Grady es editora de la columna de las Américas del Wall Street Journal.

Cuando apenas falta una semana para la llegada de Benedicto XVI a Cuba, la segunda visita papal en 14 años, una alegría por anticipado debería estar embargando a los cristianos de la isla. Pero esos valientes soldados de Cristo que se han alzado contra la represión política, el estado de ánimo que prevalece es el de una profunda frustración.

Durante 53 años, el régimen totalitario de Cuba ha vuelto un infierno la vida de la población. Pero Castro no ha escatimado en gastos para poner en marcha una inteligente campaña de propaganda internacional. La supervivencia del régimen ha dependido de la represión al estilo de la Alemania Oriental cubierta por una cara sonriente para el consumo internacional. La estrategia ha funcionado y los defensores de los derechos humanos cubanos han sufrido sus humillaciones con poco apoyo moral del resto del mundo.

Los disidentes cubanos esperaban que la visita del Papa les ayudara a dejar al descubierto a los retorcidos carceleros que dirigen la prisión en la isla. Entonces, ¿ccómo interpretar el hecho de que el pontífice no se reunirá con ninguno de los defensores cristianos de los derechos humanos en la isla? Estas personas han soportado abominables actos de terror de estado para ser testigos de la fe. Se han ganado el reconocimiento papal. La palabra decepción ni siquiera empieza a describir sus frustradas esperanzas.

No es que no lo hayan pedido. Lo han rogado. Desde La Habana, el ex preso político cubano Ángel Moya calificó la situación de la siguiente manera: “[La dictadura cubana] tratará de manipular la presencia del sumo pontífice en Cuba”, dijo al sitio web “Pedazos de la isla”. “Por esa razón estamos haciendo un llamado a la opinión pública internacional y a nuestros hermanos exiliados, para que envíen un mensaje a Benedicto XVI para que se reúne (sic) con los opositores. De tal forma le dejaremos saber lo que realmente ocurre aquí en la isla…”, añadió.

Berta Soler, esposa de Moya y portavoz de las Damas de Blanco, quienes desde 2003 han resistido golpizas, arrestos y hostigamientos por parte del régimen por asistir a misa en grupo y protestar por los arrestos políticos fueron mucho más allá. A través del nuncio apostólico en La Habana, Soler hizo llegar una solicitud formal de las Damas de Blanco para ver al papa, “aunque sea un minuto”.

Muchos otros cristianos en la isla han hecho peticiones similares. Desde EE.UU., Carlos Eire, profesor de la Universidad de Yale, escribió un poderoso llamado en nombre de las Damas de Blanco para la edición del 5 de marzo de la revista National Review Online. “Como la mujer de Canaán que le gritó a Jesús, ‘Señor, ayúdame’, o la mujer que tocó el dobladillo de la túnica de Jesús con la esperanza de una cura, ellas intentan atraer la atención, llenas de fe, mendigando contra toda probabilidad. En una isla donde todos se han vuelto mendigos, ellas ruegan por el don más raro y precioso de todos: su presencia”. La oficina del cardenal cubano Jaime Ortega dijo a las Damas de Blanco que la agenda del papa es muy apretada.

Algunos disidentes se preguntan de qué lado está el cardenal. En los últimos años jugó un papel decisivo en ayudar al gobierno a deportar a decenas de presos políticos que se habían convertido en un lastre para la imagen del régimen. A pesar de que recientemente ofreció una misa para el dictador venezolano Hugo Chávez, enfermo de cáncer, los pedidos de Soler para una misa por los disidentes muertos han quedado sin respuesta.

El cardenal ha señalado que el propósito del viaje es “una nueva evangelización” y que, por supuesto, la difusión del evangelio es la obra del Señor. Pero cuesta ver cómo los conversos serán ganados si el Papa deja de lado a los marginados y se codea con los poderosos.

El jueves 15 de marzo, 13 cristianos que se refugiaron en la iglesia Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en La Habana, para exigir que el Papa escuchara sus quejas contra el régimen fueron sacados por la policía, según se informó a pedido del cardenal Ortega. Luego, el viernes, el Vaticano anunció que si Fidel Castro desea reunirse, “el Papa estará disponible”.

En caso de que todo esto no sea suficiente para destruir la confianza cubana en el Papa como un aliado, el diario gubernamental Granma expresó en un editorial de la semana pasada que “estamos seguros de que Su Santidad guardará con cariño el recuerdo de esta isla del Caribe, que valora su visita como una manifestación de confianza y expresión renovada de las excelentes e ininterrumpidas relaciones entre la Santa Sede y Cuba”.

Todos los cubanos saben que la “revolución” persiguió a los fieles. Fueron enviados a los pelotones de fusilamiento o a los calabozos, las escuelas e iglesias católicas fueron cerradas y la isla fue declarada un paraíso ateo.

Ahora, sin embargo, Fidel está recordando a los cubanos que las relaciones con Roma nunca se rompieron y afirma que todo el tiempo se ha llevado fabulosamente bien con el Papa. ¿Permitirá el Papa Benedicto, que ciertamente no es un simpatizante de Castro, que el régimen se salga con la suya?
A menos que tenga algo bajo la manga, la visita puede llegar a ser un grave error de cálculo. Los cubanos saben que son rehenes en su propio país. Si el Papa es percibido como alguien que está de acuerdo con esta gran mentira, sólo aumentará el sentimiento de traición hacia el cardenal Ortega y no hará nada para fortalecer a la Iglesia en Cuba.

El Papa ruega a la Virgen de la Caridad por cubanos “privados de libertad”

  • Un portavoz del Vaticano indicó que es probable que se concrete una reunión entre el Papa y Fidel Castro.
Video: Youtube 27/03/2012

(Santiago de Cuba, 27 der marzo. AFP) -El Papa Benedicto XVI suplicó este martes a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, por los cubanos “privados de libertad”, rogándole que este país avance “por caminos de renovación y esperanza” en el futuro y también oró por el vecino pueblo de Haití.

El Papa dijo que ha “suplicado a la Virgen Santísima por las necesidades de los que sufren, de los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos o pasan por graves momentos de dificultad”, al finalizar su visita esta mañana al Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el más importante de la isla, donde se venera a la Virgen, muy popular entre los cubanos.

“He venido como peregrino hasta la casa de la bendita imagen de Nuestra Señora de la Caridad, ‘la Mambisa’, como ustedes la invocan afectuosamente”, dijo el pontífice ante cientos de fieles congregados fuera de la Basílica Menor de El Cobre.

Pidió a la vírgen para que los jóvenes “no sucumban a propuestas que dejan la tristeza tras de sí”, en alusión a la droga, el hedonismo, la prostitución y la permisividad sexual, que la Iglesia condena.

Evocó ante María a “los cubanos descendientes de aquellos que llegaron aquí desde África”.

También hizo un ruego especial por “la cercana población de Haití, que aún sufre las consecuencias del conocido terremoto de hace dos años”.

Según la tradición, una imagen de madera de ella, con la inscripción “yo soy la Virgen de la Caridad”, fue encontrada en el mar por dos pescadores indígenas y un esclavo negro en 1612. Fue llevada entonces a la mina de El Cobre, cerca de Santiago (sureste de la isla), y ha estado asociada a la historia de la liberación cubana, especialmente a la lucha contra la esclavitud en el siglo XIX.

“Su presencia (de la Virgen) en este poblado de El Cobre es un regalo del cielo para los cubanos”, agregó Benedicto XVI. Uno de los motivos de la visita papal es la celebración de los 400 años del hallazgo de la imagen de la Virgen.

“Reciban el cariño del Papa y llévenlo por doquier, para que todos experimenten el consuelo y la fortaleza en la fe. Hagan saber a cuantos se encuentran cerca o lejos que he confiado a la Madre de Dios el futuro de su Patria, avanzando por caminos de renovación y esperanza, para el mayor bien de todos los cubanos”, dijo.

“Que nada ni nadie les quite la alegría interior, tan característica del alma cubana. Que Dios los bendiga”, dijo.

El Papa viajará este martes a La Habana, donde tiene prevista en la tarde un encuentro con el presidente Raúl Castro. También podría reunirse con Fidel Castro, retirado del poder desde 2006 por problemas de salud.

El Papa Benedicto XVI tendrá la jornada más política en su visita a Cuba

Foto: OSSERVATORE ROMANO / VATICAN / AFP

El Papa Benedicto XVI tendrá este martes la jornada más política de su viaje a Cuba, en la que mantendrá un encuentro con el presidente Raúl Castro en el Palacio de la Revolución y tal vez con su hermano Fidel, mientras el régimen y los opositores esperan resultados contrapuestas de su visita.

El Papa, de 84 años, que el lunes terminó cansado al final de la primera misa pública que ofició debido al calor reinante en Santiago de Cuba (sureste), enfrenta un segundo día agotador en la isla.

Tiene previsto visitar el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, patrona de Cuba, en Cobre, a 30 kilómetros de Santiago, y luego viajará en avión a la capital, al otro extremo de la isla.

En el Palacio de la Revolución, centro del poder comunista, lo espera Raúl Castro, con quien debe abordar el estado de las relaciones entre el gobierno y una Iglesia convertida en interlocutor político privilegiado y muy activa en el terreno social, 14 años después de la histórica visita de Juan Pablo II.

Las especulaciones crecen en torno a la posibilidad de un encuentro entre el Papa y el presidente venezolano Hugo Chávez

Pero la expectativa estará puesta sobre todo en un posible y breve encuentro entre el Joseph Ratzinger y el padre de la revolución cubana, Fidel Castro, de 85 años, retirado del poder desde 2006. Aunque el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, advirtió prudentemente el martes en la noche que “no se sabe si sí, ni dónde” podría tener lugar, la reunión parece probable.

Exalumno de los jesuitas, Fidel Castro, que ha expresado su admiración por Juan Pablo II, manifestó su deseo de reunirse con el papa alemán, y el Vaticano manifestó la disponibilidad del Papa.

Las especulaciones también crecen sobre la posible presencia en esa cita del muy creyente presidente venezolano, Hugo Chávez, quien se trata de un cáncer en estos días en Cuba. Sin embargo, ninguna solicitud de audiencia ha sido formulada a la delegación del Papa, según el portavoz del Vaticano.

Aunque no hay ninguna reunión prevista entre el pontífice y la disidencia, su presencia en la isla eleva la temperatura en la oposición, y la Iglesia toma distancia de las protestas más llamativas.

Según un grupo de oposición, unos 150 activistas opositores han sido arrestados de manera preventiva en los últimos días para impedir que se manifiesten durante la visita del Papa.

La prudencia de Benedicto XVI, la ausencia de un llamado explícito por los presos políticos o por la libertad, son lamentadas por algunos de los disidentes.

El lunes, en la plaza de la Revolución de Santiago de Cuba, al inicio de la misa, un hombre vociferó “abajo el comunismo, abajo la dictadura”, antes de ser retirado por policías de civil. La muchedumbre, con recogimiento, pareció desaprobar ese grito que interrumpió el oficio religioso.

El fin de la visita es la “reconciliación”, insistió este martes el portavoz del Vaticano.

Asimismo, en el Palacio de la Revolución, está previsto un encuentro entre el secretario de Estado (número dos) del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, acompañado de su “ministro de relaciones exteriores”, monseñor Dominique Mamberti, y el vicepresidente cubano, José Ramón Machado Ventura.

Los temas candentes –presos políticos, levantamiento del embargo norteamericano contra Cuba, mayores derechos para los católicos en campos como la enseñanza- deben ser abordados en esta ocasión.

Pero la diplomacia vaticana, bajo Benedicto XVI, prefiere una acción discreta a declaraciones públicas.

Benedicto XVI dijo a su llegada desde México que lleva en su “corazón las justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos”, pero también pidió que los católicos luchen “con las armas de la paz, el perdón y la comprensión” para “construir una sociedad abierta y renovada”.

En el primer día, el presidente Raúl Castro estuvo presente en primera fila en la misa en Santiago de Cuba. En su discurso de bienvenida, incluso encontró un punto común con el papa: denunciar “la crisis moral” que afecta a la sociedad contemporánea.

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