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Ecuador: Consecuencias no deseadas

Ecuador: Consecuencias no deseadas

por Gabriela Calderón de Burgos

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

El presidente propuso recientemente una reforma al Código Civil que consiste en que los deudores, mediante la entrega como pago del inmueble prendado, consigan que se extinga la obligación a favor del banco acreedor. Por otro lado, el gobierno ha venido implementando una política de promoción agresiva de financiamiento subsidiado de viviendas a través del BIESS (Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social). Al respecto es posible observar lo siguiente:

1) Un banco presta dinero, no casas. El dinero que presta en su mayor parte es de los depositantes y, naturalmente, espera recibir en pago dinero y no inmuebles. Obligar al acreedor (el banco y los depositantes) a que acepte en pago inmuebles, en lugar de dinero, constituye una limitación a los derechos de propiedad. Además, así como el deudor se beneficia cuando gana plusvalía su propiedad, este también debe asumir el perjuicio cuando pierde valor. Es así como debe ser, que el deudor internalice los beneficios y pérdidas, no solamente lo primero.

2) Los acreedores no son tontos. Si se aprueba la reforma mencionada, los banqueros podrán ser obligados a acatar las nuevas reglas de cobro pero no podrán ser obligados a asumir riesgos que les podrían generar grandes pérdidas a ellos y a sus depositantes. Ellos se adaptarán a la nueva norma aumentando las cuotas de entrada, elevando las tasas de interés y reduciendo los plazos, de acuerdo a la eventual sobrevaloración de los inmuebles según su ubicación. En definitiva, se producirá una restricción en la concesión de créditos para los sujetos menos privilegiados: aquellos que buscan financiamiento de hasta $146.000 para vivienda única. De cualquier manera, esta medida tendrá un impacto limitado ya que es de suponer que no será de aplicación retroactiva, y solo se aplicará a los créditos según las condiciones anteriormente mencionadas.

3) Se está invirtiendo la plata de los afiliados al IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social) en un banco que concede créditos con criterios políticos. En tan solo un par de años el BIESS ha llegado a concentrar el 53% del mercado nacional de hipotecas.1 La asignación del crédito concedido por el BIESS obedece a fines políticos y de desarrollo económico (generación de “operaciones financieras con retorno social”, “impulsar la producción”, “garantizar nuevas fuentes de empleo”), más no de rentabilidad. Con esos objetivos en mente, el BIESS se dedica a prestar el dinero de los afiliados en condiciones extremadamente laxas, lo cual puede hacer mientras la economía continúe creciendo gracias a condiciones externas favorables, pero podría resultar en cuantiosas pérdidas para los afiliados una vez que las cosas ya no sean color de rosa. Algo similar ocurría con Fannie Mae y Freddie Mac (empresas patrocinadas por el Estado) y ya sabemos cómo eso contribuyó a inflar una burbuja inmobiliaria en EE.UU.

Cuando escasee el crédito para los sujetos de crédito menos privilegiados se culpará a los bancos privados, quienes simplemente reaccionan como cualquier depositante quisiera que su banco reaccione en aras de proteger su dinero. Y cuando los créditos concedidos por el BIESS generen pérdidas a los afiliados, veremos a los de siempre culpar al “mercado”.

Puede ser que los legisladores y el presidente estén llenos de buenas intenciones, no obstante, podrían terminar perjudicando a quienes pretenden beneficiar.

Santos emerge como líder regional en Cumbre de las Américas

Santos emerge como líder regional en Cumbre de las Américas

 

Juan M. Santos
Juan M. Santos

Fernando Vergara / AP

Vivian Sequera y Frank Bajak

AP

Cartagena, Colombia — El veto de Washington a la presencia de Cuba amenazaba con hacer fracasar la Cumbre de las Américas de este fin de semana en este puerto colonial colombiano.

El anfitrión Juan Manuel Santos, no obstante, tomó el toro por los cuernos y viajó a Cuba para explicarle personalmente a sus líderes que era imposible invitarlos al no haberse alcanzado un consenso regional. El gobierno cubano le agradeció el gesto y le dijo que no tenía la intención de arruinar la cumbre insistiendo en ser invitado.

Después de todo, sin el presidente Barack Obama no hay cumbre, le comentó en broma el gobernante cubano Raúl Castro, según funcionarios que pidieron no ser identificados.

Se evitó así un desastre y se afianzó la imagen del presidente colombiano Santos como diplomático astuto y hábil mediador.

“Hay pocas dudas de que Santos ha emergido como un líder regional. Esta fue su aspiración desde el día que asumió el cargo”, indicó Michael Shifter, presidente del centro Diálogo Inter-Americano, en Washington.

Santos ha probado, desde que asumió la presidencia en agosto del 2010, su pragmatismo político y habilidades diplomáticas perfilándose así como un nuevo líder regional en una América Latina que aún no llena la vacante dejada por el ex mandatario de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva y que ve palidecer al presidente venezolano Hugo Chávez, quien sufre de cáncer.

A pesar de algunos éxitos diplomáticos, con impacto mayormente doméstico, a Santos le queda todavía un largo trecho para ser el indiscutible líder latinoamericano que se mueva como pez en el agua, como lo hizo Lula, entre Washington, La Habana, Caracas o La Paz, entre otras capitales, apagando fuegos o resolviendo problemas ya sea por disputas bilaterales o multilaterales e incluso nacionales, coincidieron analistas consultados por la Associated Press.

Después de jurar como presidente Santos, de 60 años, enmendó las relaciones diplomáticas con Venezuela y Ecuador, participó en un acuerdo para el regreso a Honduras del depuesto mandatario Manuel Zelaya y ha continuado apoyando la lucha contra el narcotráfico, enviando agentes a México y ofreciendo una asistencia similar a naciones de Centroamérica.

También ha abierto su país para incrementar la inversión de China, y todo eso mientras sigue siendo el más cercano aliado de Washington en Latinoamérica.

Este egresado de la Universidad de Kansas, y miembro de una de las familias más influyentes de Colombia –su tío abuelo, Eduardo Santos, fue mandatario de Colombia entre 1938 y 1942–, aún debe probarse aún más alla de temas de impacto doméstico y con sus vecinos.

Y emular a Lula no será tarea sencilla.

Lula no sólo fue un interlocutor eficiente que auxilió a Chávez en medio de la crisis desatada con la revuelta militar de abril del 2002 y la posterior huelga del sector petrolero, enviando embarques brasileños de combustibles, sino que medió entre Chávez y otros dirigentes de la región cuando Colombia, presidida entonces por Alvaro Uribe, quedó en una encrucijada y era intensamente criticada por un plan de ampliar la presencia de militares estadounidenses en bases en el país en el 2009.

El ex mandatario brasileño (2003-2010) además jugó en las grandes ligas cuando Brasil era el más fuerte representante de los países en desarrollo latinoamericanos en el llamado Grupo de los 20 (G-20), que negociaba un acuerdo comercial global con Estados Unidos y la Unión Europea en la llamada Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Además, se resistió a abrir los mercados de este lado del mundo sin que las naciones industrializadas abrieran los suyos y cortaran los subsidios a sus productores agrícolas.

Por decisión de las Naciones Unidas, Brasil además se convirtió en una de las patas más importantes de la mesa para auxiliar a Haití, la más nación más pobre del hemisferio, al encabezar un contingente militar de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah) desde la creación de esa misión en 2004.

“Lula tenía un enorme carisma y en su ausencia realmente no hay mucha competencia”, afirmó Cynthia Arnson, directora para América Latina del Centro Woodrow Wilson, en Washington.

Santos trataría de aprovechar el hecho de que a la sucesora de Lula, Dilma Rousseff “no le interesa tanto el candelero y se preocupa más de los asuntos domésticos”, según Shifter.

Arnson, no obstante, señala que “Colombia no tiene el peso económico, ni de cerca, que tiene Brasil”, la sexta economía del mundo.

Pero a Santos no le faltan ambiciones y el fin de semana pasado, en una entrevista publicada en el diario bogotano El Tiempo, cuya propiedad fue de su familia hasta hace muy poco, el mandatario declaró que Estados Unidos y Cuba debían acercase y cambiar sus relaciones, y que estaba dispuesto a aportar su granito de arena para ese fin.

Además Santos indicó que carecía de todo sentido que Cuba siguiera excluida de cumbres como la de las Américas.

Ya países como Brasil han dicho que se ausentarán si Cuba nuevamente queda por fuera del cónclave. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, fue más allá. Aunque agradeció la invitación de Colombia a la cita dijo que no podía asistir, después de todo fue él quien propuso hacer un boicot y ausentarse de Cartagena en caso La Habana quedara por fuera de la VI edición de la reunión hemisférica.

Entre los logros que más se le reconocen a Santos está la reanudación de relaciones con Venezuela.

Cuatro días después de asumir el cargo en agosto del 2010, Santos y Chávez se reunieron en la ciudad colombiana de Santa Marta y anunciaron la reanudación de lazos.

Santos declaró a Chávez como su “nuevo mejor amigo” y con el paso de los meses ha logrado que Caracas, con cooperación de la policía colombiana, detenga y entregue a Bogotá o extradite a Estados Unidos a narcotraficantes buscados en ese país. También que Venezuela capture a miembros medios de las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y algunos sean deportados a Colombia, aunque otros aún aguarden una medida similar.

Entre Quito y Bogotá ya venía produciéndose una lenta normalización de las relaciones desde fines del gobierno de Uribe, tras la ruptura declarada por Ecuador por un ataque militar colombiano en marzo del 2008 en su territorio a un campamento de las guerrillas de las FARC, en el que fue abatido Raúl Reyes, uno de los siete miembro de la jefatura insurgente. Santos y el presidente Rafael Correa se encontraron primero en los actos de posesión del mandatario colombiano y luego en una visita de Correa a Colombia en diciembre del 2010.

Como reflejo de la buena relación con sus vecinos, Santos, explicando que Caracas lo había solicitado antes que Washington, entregó a Venezuela a Walid Makled, un narcotraficante venezolano buscado por Washington.

“En contraste con la relación solícita que tenía Uribe, Santos ha adoptado un posición más pragmática y distante”, señaló Arnson, del Centro Woodrow Wilson.

Pero además Santos archivó un pacto sellado por Uribe con EEUU para ampliar la presencia de militares estadounidense en bases colombianas.

Aunque Santos ha admitido que aún tienen dificultades, Colombia está lejos de ser aquel campo de batalla de fines de los años 80 y los 90, cuando los grandes carteles de la droga asesinaban a candidatos presidenciales, ministros, magistrados y periodistas, entre otros, mientras la guerrilla y el paramilitarismo se regodeaban en su control territorial.

Ese era un escenario que hacía sentir poca confianza a los mandatarios de Estados Unidos para quedarse a dormir en Colombia una noche.

En el caso de Obama serán dos noches las que se quede en Cartagena.

 

Ecuador: Abrir las fronteras no es cooperar con terroristas

Ecuador: Abrir las fronteras no es cooperar con terroristas

por Gabriela Calderón de Burgos

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

En uno de los blogs de la revista Foreign Policy Otto Reich, ex asistente del Secretario de Estado de EE.UU., y Ezequiel Vásquez, colaborador de Americas Forum, afirman que la política migratoria del gobierno de Rafael Correa “ha permitido que las organizaciones criminales transnacionales  y grupos terroristas…potencialmente usen al país como una base de operaciones con el objetivo de eventualmente perjudicar a EE.UU.”1 Contrario a lo que piensan los autores, señalar una vulnerabilidad no es un argumento suficiente como para imponer restricciones.

Vale la pena recordar que antes de que Correa anunciara en junio de 2008 su política de la “ciudadanía universal”, Ecuador ya tenía una política migratoria liberal comparado con otros países. El Estado ecuatoriano solo le pedía visa de turismo a 27 países.2

También es importante recordar que en Ecuador hay dos mundos paralelos desde antes de que Correa llegue al poder: aquel descrito en nuestra Constitución, leyes y documentos oficiales y lo que sucede en la práctica. Los autores asumen que si hubiese una ley migratoria con mayores restricciones se dificultara el ingreso de criminales internacionales a nuestro país y su capacidad de utilizar nuestro territorio como base de operaciones. Sin embargo, fue en 2004 que se capturó a Simón Trinidad de las FARC en Quito con documentos ecuatorianos falsos —pasaporte y cédula.3 También fue entre 2004 y 2007 que las Fuerzas Armadas ecuatorianas hallaron 117 campamentos de esa organización terrorista en nuestro territorio.4 Tampoco hay que olvidar que el número dos de las FARC, Raúl Reyes, estaba utilizando territorio ecuatoriano como base de operaciones hasta marzo de 2008. Todo esto ocurrió antes de que Correa implementara la política que los autores cuestionan.

Reich y Vásquez señalan como evidencia, por ejemplo, el incremento en un 550% (de 92 personas en 2006  a 518 en 2010) del ingreso de pakistaníes al Ecuador durante los últimos cuatro años y luego mencionan el caso del ciudadano pakistaní arrestado en 2011 por estar involucrado en tráfico de personas. Sin embargo, no explican por qué hay que asumir que cualquier pakistaní que ingresa a Ecuador es un potencial criminal o terrorista.

Las cifras mencionadas por Reich y Vásquez deben ser contextualizadas. El ingreso de extranjeros ha aumentado en general, un efecto natural de facilitarle a los extranjeros (de cualquier nacionalidad) visitar nuestro país. Un incremento de 550% fuese algo inusualmente extraño si fuese un caso aislado. Pero si analizamos las estadísticas de ingresos de extranjeros provenientes de todos los países entre 2006 y 2010, veremos que el incremento promedio fue de 318%.

Finalmente, Reich y Vásquez afirman que Ecuador se está volviendo un Estado fallido debido al demostrado ingreso de terroristas y criminales internacionales. Sucede que si seguimos esa misma argumentación habría que concluir que EE.UU. también va por el mismo camino debido a las múltiples detenciones de capos de drogas en territorio estadounidense y a que los que perpetraron la barbaridad del 9/11 tenían visa de turistas para estar en EE.UU. Pero eso sería una exageración, como la de los autores cuando expresaron que abrir las fronteras a turistas de cualquier nacionalidad es algo “anti-americano, anti-democrático, pro-Irán”.5

Ecuador: De la democracia a la dictadura

Es difícil explicarle a extranjeros cómo se destruyó la democracia desde adentro en Ecuador entre 2007 y 2012. No obstante, el ex presidente ecuatoriano Osvaldo Hurtado hace un excelente resumen en la segunda parte de su ensayo titulado “De la democracia a la dictadura”.

Consideremos este extracto donde se relatan los atropellos al Estado de Derecho en tan solo los primeros 6 meses del gobierno de Rafael Correa en 2007:

“Como ocurría en las dictaduras militares, la Constitución está vigente en cuanto no se oponga a los fines de la llamada ‘revolución ciudadana’. En la ceremonia en la que asumió la presidencia Correa se negó a jurar que en su ejercicio respetaría el orden constitucional, para luego, desconociéndolo, convocar a una consulta popular con el propósito de reemplazarlo mediante una Asamblea Constituyente a la que se le encargó expedir una nueva Carta Política. Al intentar el Congreso Nacional impedir que se consumara este atentado contra el estado de derecho, el Gobierno consiguió que el Tribunal Supremo Electoral destituyera a los 56 diputados que intentaban frenar el atropello; y cuando el Tribunal Constitucional se aprestaba a dejar sin efecto tamaño abuso de poder sus integrantes fueron cesados, primero mediante la acción violenta de un grupo de agitadores y luego con una írrita resolución de una mayoría que el Gobierno conformó en el Congreso con diputados suplentes”.

En el resto del ensayo Hurtado señala que en el Ecuador de hoy no existe la división de poderes y cita ejemplos de la falta de independencia de la justicia, la Asamblea Nacional y los órganos de control. El ensayo termina con un importante recordatorio de que esta tremenda concentración de poder en el Ejecutivo, incluso para “meter las manos en la justicia”, se logró con apoyo popular en las urnas.

Publicado por Gabriela Calderón de Burgos

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