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La despedida

La despedida

Francisco Martín Moreno*

Mi estancia en Excélsior ha concluido. En la vida se abren y se cierran ciclos, por lo que mi presencia en estas páginas no podía escapar a dicha sentencia. Desde aquí, desde esta plataforma periodística, he tratado de combatir, sobre todo, la corrupción, ese cáncer feroz que nos consume por los cuatro costados en sus más diversas formas y manifestaciones, echando mano de mi imaginación y coraje, disponiendo de toda la tinta a mi alcance y del último aliento de pasión existente en mi interior, un ingrediente indispensable en la construcción de cualquier proyecto y actividad personal.

Saberme inaccesible a la más robusta de las carteras, tengan éstas el origen que tengan; saberme libre de cualquier chantaje; saberme intocable a cualquier censura que pudiera agredir mis principios éticos o impedir la divulgación de mis ideas, han sido constantes en mi actividad profesional a lo largo de los años en que he publicado más de tres mil columnas en diarios nacionales y extranjeros. Pienso continuar por esa línea hasta el final de mis días en el entendido de que en el momento mismo en que yo me falte el respeto que me debo habré perdido toda la fuerza, la energía y la autenticidad con las que me he conducido durante mi desarrollo como escritor y columnista. Nadie que cuente con la más elemental vertebración moral podría señalarme ni con el dedo meñique algún desvarío en mis principios. He ahí la fuente de mi orgullo y el origen de mi fortaleza profesional.

De aquí, desde estas páginas editoriales, expuse que el supuesto “Honorable  Congreso de la Unión” no es honorable porque ha traicionado a la misma patria, ni es Congreso porque no representa a la nación, sino a sus gerifaltes, unos más cínicos que los otros, ni es de la Unión porque sólo tienen cabida los partidos políticos. El sólo hecho de que en 12 años no se hayan podido ejecutar las reformas estructurales que el país demanda de la misma manera en que un moribundo suplica la colocación de una mascarilla de oxígeno, y que, en cambio, por ejemplo, en tan sólo 90 días se haya modificado la Constitución para satisfacer a los intereses clericales, representa una evidencia incontestable no sólo en el sentido de que la República volverá a ser gobernada desde los altares, con todas las consecuencias que la historia ya nos ha enseñado, sino que evidencia la magnitud de los intereses inconfesables que prevalecen en la máxima asamblea mexicana. Hemos ignorado las grandes lecciones de nuestros abuelos y fue traicionada la carísima tradición liberal mexicana a cambio de sobornos o de deleznables cargos públicos… Se encuentra en el poder una de las generaciones de legisladores mexicanos más despreciables y venales de nuestra historia.

Dejé en claro que todos los mexicanos nos apellidamos Gordillo, sí, sí, Gordillo, en la misma medida que continuemos permitiendo el secuestro de la educación en México por una pandilla de líderes sindicales que han comprometido y comprometen el futuro de nuestros hijos, lo más preciado de nuestra sociedad. ¿Qué futuro nos espera o qué presente ya nos acosa, si 52% de los niños que asisten a la escuela la abandona antes de terminar la primaria y sólo 2% de los estudiantes llega a contar con un título profesional? La mayoría de los niños de secundaria no saben explicar lo que leen ni pueden ejecutar las operaciones aritméticas más elementales, lo anterior sin compararlos con los hijos de nuestros socios del TLC, sólo para demostrar que somos y seremos empleados y no socios de las potencias de América del Norte.

Desde estas páginas he denunciado al clero voraz y podrido que viste ropajes bordados en oro y plata —distintos a la humilde túnica y a las sandalias utilizadas por Jesús—, ostenta cruces pectorales y anillos pastorales con los que se podrían construir cientos de escuelas o ayudar a miles de niños desamparados; he exigido que la alta jerarquía católica detentadora de una gran riqueza, pague impuestos como todo ciudadano en todo aquello que no sea la materialización de obras filantrópicas, mismas que debe exhibir públicamente, o de lo contrario, abstenerse de utilizar los servicios públicos para impedir seguir siendo etiquetados como parásitos sociales desde que no ayudan al financiamiento del presupuesto como todos los mexicanos. ¡Qué diferencia de los sacerdotes que con una sotana de manta y unos huaraches se perdían en la sierra para divulgar el Evangelio! Es la hora de acabar con el fuero tributario y judicial de los que disfrutan indebidamente y obligarlos a cumplir no sólo con sus votos de pobreza, sino sentarlos en el banquillo de los acusados de cargos de pederastia, entre otros más…

Expuse mi grave preocupación porque el 1 de julio el electorado vote por el “menos malo” de los aspirantes a la Presidencia de la República. ¡Cuánta miseria política! ¿Dónde se encuentra el estadista mexicano con las luces necesarias para construir el México del futuro que no viva de las remesas enviadas por los muertos de hambre que huyeron de México en busca de una mejor vida que la patria no podía proporcionarles ni que dependa de los veneros de petróleo que nos escrituró el diablo? Ahí están los 50 millones de mexicanos sepultados en la miseria, 50 millones de bombas de tiempo que puede detonar cualquier líder populista para volver a convertir a México en astillas.

¡Por supuesto que seguiré luchando por la construcción de un México mejor!

Wikipedia: “La Despedida” is a single by Puerto Rican Reggaeton singer Daddy Yankee.

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Los señores del narco

EL CARTEL NEGRO

¿Honorable Congreso..? ¡Ja!

¿Honorable Congreso..? ¡Ja!

El artículo 24 no fue modificado antes de la visita de Benedicto XVI ni durante ella porque, al decir de algunos senadores, no era conveniente que dicha reforma se entendiera como un obsequio al papa Ratzinger, de ahí que decidieran reformarlo discretamente días después.

Francisco Martín Moreno*

¿Sabe usted, respetable lector que pasa distraídamente la mirada por estas páginas, en cuánto tiempo reformó el “honorable”, así, con minúsculas y entre comillas, Congreso de la Unión las reformas al artículo 24 de la Constitución? ¿No..? Pues la Cámara de Diputados reformó clandestinamente, en una sola noche, dicho dispositivo en condiciones ignominiosas que harían sonrojar al más humilde legislador pueblerino (con el debido respeto para los legisladores pueblerinos). La alta jerarquía católica, en abierto contubernio político con Enrique Pena Nieto, logró presionar, chantajear y hasta sobornar a los presuntos representantes populares de la Cámara baja. Una vez ejecutada la felonía, ésta continuó su camino alevoso y ventajoso hacia el ostentoso recinto de la actual Cámara de Senadores, cuyos integrantes, en su conjunto, no valen más allá del precio de un escaño de ese gigantesco edificio que en la actualidad simboliza el gran monumento a la desvergüenza y a la sinrazón. El artículo 24 no fue modificado antes de la visita de Benedicto XVI ni durante ella porque, al decir de algunos senadores, no era conveniente que dicha reforma se entendiera como un obsequio al papa Ratzinger, de ahí que decidieran reformarlo discretamente unos días después de que el jefe del Estado Vaticano hubiera abandonado territorio nacional. ¿De quién se estarán burlando..?

Claro que los presuntos senadores adujeron, en su defensa, para no ser calificados a su vez de traidores a la patria (calificativo que también les viene como anillo al dedo) que instrumentarían un candado, al reformar el artículo 40, para dejar en claro que México era una República federal y laica, entre otras definiciones políticas y jurídicas. Se les olvidó a dichos “representantes populares” que la jerarquía católica invariablemente opera a largo plazo y que los purpurados festejaron, entre carcajadas, esa gran conquista política, sabedores como lo son de que, en el futuro cercano, por cierto, habrán de lograr que la educación que imparta el Estado sea católica, como en los viejos tiempos que hundieron a México en un atraso que todavía no hemos logrado superar. Paso a paso. A lo largo del tiempo asistiremos a una demanda de controversia constitucional o de plano, ¿por qué ocultarlo?, a la reforma integral del 3 constitucional para volver a dar marcha atrás a las sangrientas manecillas de la historia. ¿Cuál candado? Es mera demagogia legislativa propia de una de las generaciones de políticos mexicanos más despreciables y venales de nuestra historia.

¿Cómo puede entenderse que las reformas estructurales como la petrolera, una de fondo, claro está, o la eléctrica o la laboral o la tributaria o la del Estado o la de seguridad pública o hasta la turística, no hayan podido ser instrumentadas a lo largo de este sexenio y, sin embargo, la reforma al artículo 24 constitucional, que nadie solicitó, salvo la Iglesia católica, amafiada con Peña Nieto, haya sido aprobada en tan sólo 90 días? ¡Un récord! ¿Qué les importa a estos seudolegisladores, voraces, presupuestívoros, embusteros profesionales, la sangre derramada por tantas generaciones de mexicanos, animados y convencidos de la importancia de contar con un Estado laico, tal y como lo diseñaron Juárez, Melchor Ocampo, Ponciano Arriaga e Ignacio Ramírez, entre otros tantos perínclitos mexicanos más? ¿Qué interés inconfesable estará escondido detrás de esta aviesa reforma a dicho dispositivo constitucional que ya regulaba todo lo relativo a la libertad religiosa, al igual que la propia ley de la materia? Sólo percibo un objetivo evidente en un año electoral: que la candidatura de Peña Nieto sea promovida y apoyada desde los púlpitos a cambio de que los niños mexicanos sean educados en la religión católica y volver a empezar el ciclo económico que va del bautismo hasta la extremaunción, servicios muy onerosos, todos ellos, que cobra la Iglesia sin pagar impuestos. Se inicia una inercia involutiva hacia el atraso como aconteció en el siglo XIX y anteriores.

¿Y la sociedad mexicana protestó por este atropello? No, la sociedad mexicana estaba celebrando las posadas mientras se apuñalaba por la espalda a la República… ¿Luego protestó? No, en pocas ocasiones protesta hasta que vuelve a despertar el México bronco con todas sus consecuencias… ¿Protestará cuando estos legisladores, criminales políticos, sean premiados con elevados cargo en la próxima administración? No, tampoco lo hará, porque estará a punto de iniciarse el puente Guadalupe-Reyes cuando se conozca el futuro gabinete…

El solo hecho de que en seis años no se hayan podido ejecutar las reformas estructurales y que en 90 días se haya modificado la Constitución para satisfacer a los intereses clericales, representa una evidencia incontestable de que la República volverá a ser gobernada desde los altares, con todas las consecuencias que la historia ya nos ha enseñado. El Congreso no es honorable porque ha traicionado a la misma patria, ni es Congreso porque no representa a la nación, sino a sus gerifaltes, ni es de la Unión porque sólo tienen cabida los partidos políticos. Hemos ignorado las grandes lecciones de nuestros abuelos y cancelamos la carísima tradición liberal mexicana a cambio de sobornos o de deleznables cargos públicos… ¡Pobre México!

Espiaos los unos a los otros

Cada actor denuncia el espionaje telefónico o lo aplaude, lo difunde o lo oculta, de acuerdo a su conveniencia…

Jorge Fernández Menéndez

   
   

Con el espionaje telefónico ocurre algo muy típico en nuestra vida política: cada actor lo denuncia o lo aplaude, lo difunde o lo oculta, de acuerdo a su conveniencia. Todos condenan públicamente el espionaje telefónico y todos lo usan y las autoridades no castigan a nadie, pese a que es un delito federal que puede causar sanciones económicas y prisión de seis a 12 años. Pero no hay ni un solo caso que sea realmente castigado y, en los pocos en los que se ha tratado de hacerlo, la presión política ha terminado enterrándolos.

El más reciente y un poco obvio ha sido el de Josefina Vázquez Mota. La grabación es de hace semanas (por lo que se dice, aparentemente de mediados de enero) y se divulga con un solo objetivo: hacer públicos los comentarios de la ahora candidata presidencial y uno de sus colaboradores sobre otros funcionarios federales, y aunque esos comentarios se hacen en un tono por lo menos festivo, el mensaje queda. Para el PRI y el PRD lo escuchado sirve para condenar el espionaje telefónico que el gobierno federal estaría haciendo de su candidata presidencial. Para el PAN, el responsable fue el PRI, que dicen que ha espiado hasta a Angélica Rivera, la esposa de Peña Nieto. Según López Obrador, ahora ya no hay espionaje telefónico sino de todo un cuarto o una vivienda y recomienda entonces portarse bien. Pero lo cierto es que no pasa nada y, pese a que hay más de 45 denuncias sobre espionaje telefónico archivadas en la Procuraduría General de la República, ni en un solo caso se ha castigado a quien espía o a quien difunde (lo que está considerado también un delito).

En realidad parece que tendremos que vivir mucho tiempo con el espionaje telefónico, por lo menos hasta que nos topemos con un caso como el de News of the World, en Gran Bretaña, que después de años de espiar a estrellas de cine y televisión, e incluso de la realeza británica, se topó con historias mucho más duras, que incluyeron el caso del secuestro de una niña en el que manipularon su teléfono celular  para que pareciera que seguía enviando y recibiendo mensajes. El caso desató tal indignación y exhibió hasta dónde llegaba la red de corrupción para poder realizar esas intercepciones telefónicas, que el periódico, uno de los más vendidos en el Reino Unido y parte del imperio Murdoch, debió cerrar y sus principales editores, además de numerosos funcionarios y agentes policiales, están siendo procesados por el tema.

Pero en México no es así. El espionaje telefónico y su utilización como arma política es algo común y ni siquiera se tiene claridad sobre casos en los cuales evidentemente no sólo existe espionaje sino también edición de las grabaciones para acomodarlas al gusto del consumidor. En algún momento se tendrá que hacer coincidir la aplicación de la ley con la realidad y se tendrá que castigar a los responsables. Hoy no ocurre así, entre otras razones, porque todos acuden al mismo expediente y la autoridad no quiere castigar ni terminar, quizá, castigándose.

Por cierto, y como consecuencia, me imagino, de la divulgación de esas pláticas, el martes comieron Josefina Vázquez Mota y Margarita Zavala en un muy concurrido restaurante de Polanco. Se trata de restañar heridas en el PAN, pero también, como hemos dicho, es hora de que el blanquiazul, si quiere remontar la ventaja que le lleva el PRI, comience a presentar, por lo menos, un frente unido, aunque en ocasiones pareciera que el cansancio del poder se ha apoderado de ese partido.

Benedicto y la política

De la misma forma que no me gustó que se mezclara tanto la política con la religión con motivo de la misa del papa Benedicto XVI en León, a la que concurrieron, más como un acto proselitista que de fe, todos los candidatos y la mayoría de los principales actores políticos, tampoco me gustó que, en Cuba, Benedicto no se reuniera con la acosada oposición cubana ni con las Madres de Blanco. Se dirá que en sus intervenciones el Papa condenó al régimen y llamó a los cubanos a construir una sociedad abierta. El único problema es que de eso nos enteramos en México y otros países, pero no en Cuba, donde los medios oficiales, los únicos de la isla, simplemente no lo reportaron. Pero con los hermanos Castro todo funcionó de maravilla.

De cómo Peña enterró el caso Montiel

Leo Zuckermann

   
   

Al parecer, la apuesta de Enrique Peña Nieto le funcionó. Aproximadamente un año después de que tomó posesión como gobernador del Estado de México, por allá de finales de 2006, el hoy candidato presidencial del PRI le dio “carpetazo” al caso de su antecesor en el gobierno mexiquense, Arturo Montiel. Lo hizo de manera rápida apelando a la memoria de corto plazo de la gente para minimizar un futuro costo político. Hasta ahora, el escándalo Montiel no ha sido un tema de campaña que haya dañado las intenciones de voto a favor de Peña en las encuestas.

Recordemos que fue Roberto Madrazo, quien competía en contra de Montiel para conseguir la candidatura presidencial del PRI en 2006, quien destapó, en el noticiero de Joaquín López-Dóriga, el asunto de las propiedades del gobernador del Edomex, su esposa y familiares cercanos. Investigaciones periodísticas posteriores demostraron que Montiel habitaba en lujosas mansiones en Metepec, Las Brisas, Careyes y España.

Ya como gobernador del Edomex, Peña formó una Fiscalía Especial para investigar la fortuna de su antecesor. El Ministerio Público investigó y, de acuerdo a sus conclusiones, la Procuraduría de Justicia del Estado de México resolvió que “no hubo incremento al patrimonio” de Montiel durante su gestión como gobernador y por tanto recomendó “el no ejercicio de la acción penal”. De esta forma, Peña exoneró a su padrino político, el que lo escogió para que fuera candidato a la gubernatura mexiquense, el que lo catapultó en la política del Estado de México, plataforma para eventualmente convertirse en candidato presidencial del PRI.

¿Cómo es posible que los fiscales de Peña no hayan encontrado pruebas cuando el mismo Montiel había reconocido la propiedad de su residencia en Careyes en enero de 2006? ¿Acaso Roberto Madrazo se equivocó cuando le había dicho a López-Dóriga en televisión nacional que Montiel y su familia se habían enriquecido misteriosamente durante su gestión como gobernador mexiquense? ¿No encontró la Fiscalía Especial las múltiples propiedades? ¿No hallaron a posibles testaferros?

Hace seis años me quedó claro, y aún tengo esa idea, de que los fiscales de Peña sólo buscaron por encimita. Que el entonces gobernador mexiquense estaba solapando la presunta corrupción de su antecesor en el cargo comportándose como miembro de una familia política que, en lugar de cumplir la ley, se tapan las espaldas entre ellos. Así ocurrió: Montiel fue exonerado, cosa que nunca perdonó, y con toda razón, el gran columnista y escritor Germán Dehesa quien, hasta el último de sus artículos, nos recordó la impunidad en la que quedó este escándalo de políticos priistas.

Lo increíble es que, seis años después, todo indica que Peña se salió con la suya: el asunto Montiel se ha olvidado. Poco se habla de él. Ni siquiera Josefina Vázquez Mota ni Andrés Manuel López Obrador se han encargado de recordárselo al electorado. ¿Por qué? ¿Acaso se la van a perdonar al joven y carismático priista quien, a la hora de la verdad, prefirió solapar la corrupción en lugar de castigar?

Hoy, mientras Peña navega con pocas dificultades hacia la Presidencia, Arturo Montiel se pasea tranquilamente por el país. Incluso asistió a la toma de posesión de Eruviel Ávila quien sustituyó a Peña como gobernador del Estado de México. Ahí, en el Teatro Morelos de Toluca, la clase política mexiquense lo ovacionó y la cúpula priista nacional lo abrazó. Él, muy campante, sonreía: se había salido con la suya. Nunca le investigaron a profundidad los millones de dólares de su fortuna, el tráfico de influencias durante su gestión, la corrupción rampante en los permisos de construcción en la zona conurbada de la Ciudad de México y, desde luego, las mansiones y palacios en los que habitaba.

Todo bajo la complicidad implícita o explícita de su sucesor en el palacio de gobierno de Toluca: Enrique Peña Nieto. Ahora que este viernes comienzan las campañas presidenciales, habría que preguntarse, como lo hizo en tantas ocasiones Germán Dehesa, ¿y Montiel?

“El Crimen organizado no sobreviviría sin el gobierno”

TIJUANA, BC, 27 de marzo de 2012.- “En México, el crimen organizado no sobreviviría sin el contubernio del gobierno”, opinó este martes Adela Navarro, codirectora del semanario Zeta, uno de los medios de comunicación nacionales más agredidos por los delincuentes de elite.

Durante una charla con periodistas de 15 países, la comunicadora también dejó en claro que en los hechos, con sus acciones de gobierno, no existe ninguna diferencia entre autoridades emanadas del PRI, PAN y PRD, por lo menos de acuerdo con la experiencia social en esta Península.

“Sin el respaldo de los tres Poderes de gobierno no existiría el narco. Es el gobierno quien le brinda a los criminales hasta licencias y placas especiales para sus vehículos”, señaló, al tiempo de puntualizar, sin embargo, que por fortuna hay buenos policías y militares que hacen muy bien su trabajo y sirven a la sociedad.

Empero, en términos generales, “el sistema corrompe a hombres y partidos políticos por igual. Cambian los nombres, cambian lis rostros, pero las estructuras permanecen intactas”, apreció.

Adela Navarro y César René Blanco Villalón, el otro director de Zeta, recibieron en las instalaciones de la publicación al grupo de periodistas que participa en el taller ‘Mundos distintos, amenazas similares”, que organizan Artículo 19, Instituto de las Américas y la Asociación Mundial de Periódicos.

El semanario fue fundado en 1980 por el periodista Jesús Blancornelas, quien fue asesinado en 2006, y permanentemente ha sido objeto de amenazas y atentados; el amago más reciente ocurrió el pasado 22 de febrero, presuntamente por parte del cártel de los Arellano.

El medio se especializa en investigaciones y denuncias, y el crimen organizado es uno de sus principales temas, pero no el único, pues aborda también asuntos sociales, económicos, deportivos, etcétera, explicó Adela Navarro.

El semanario Zeta está plenamente consolidado y es autofinanciable en virtud de que tiene un tiraje de 30 mil ejemplares por número (a 15 pesos cada uno), y goza de anunciantes estables debido precisamente a su poderosa circulación y enorme influencia social

Los capos, amos de las cárceles mexicanas

AMÉRICA

Por Ted Galen Carpenter

Los acontecimientos parecen estar conspirando para confirmar los temores de que México podría acabar convertido en un Estado fallido.

El último desastre político y mediático del presidente Calderón tuvo lugar el 20 de febrero. Reclusos de la cárcel de Apodaca, no muy lejos de Monterrey –la principal ciudad industrial del país–, iniciaron un motín. La mayor parte de ellos pertenecía al cada vez más poderoso cártel de Los Zetas. Se valieron del motín para asesinar a 44 miembros del Cártel del Golfo, y finalmente escaparon de la prisión. Las autoridades ordenaron de inmediato que se investigara a los funcionarios que se encontraban de guardia en el momento en que se produjo la fuga, por si alguno de ellos estuviera compinchado con los criminales.

La matanza y fuga de Apodaca ya sería algo llamativo si estuviéramos ante un suceso inaudito, pero es que encima no es el caso. En enero, un motín en la ciudad costera de Altamira resultó en la muerte de 31 reclusos. En el registrado en Tamaulipas en octubre perdieron la vida 20 personas. Hace un año, en una batalla campal registrada en una cárcel de Durango murieron 23 personas; en 2009, en otra cárcel de la misma ciudad murieron, en otra pelea, 19 personas.

Lo más preocupante de la creciente violencia que asuela las prisiones mexicanas es que los baños de sangre tienen que ver con luchas entre organizaciones de narcos. En al menos dos de los casos referidos parece que hubo guardias que ayudaron a uno de los bandos, lo cual sugiere que la corrupción del sistema penitenciario, que arrastra el país desde hace décadas, está fuera de control. Sea cual sea el cártel imperante en tal o cual región, parece ejercer mayor control sobre las prisiones de su territorio que el Gobierno mexicano.

El hecho de que ciertas organizaciones dedicadas al narcotráfico controlen de hecho las cárceles mexicanas puede que impacte a muchos estadounidenses, pero la realidad está confirmando la impotencia o la venalidad del sistema penitenciario mexicano. Los capos dirigen las operaciones de sus organizaciones desde sus celdas con completa impunidad. A veces, un narco de menor rango puede ver cómo se demora su fuga de prisión, pero eso no deja de ser un pequeño inconveniente en sus planes.

En mayo de 2009, 53 reclusos, muchos de ellos miembros de Los Zetas, se fugaron sin la menor complicación de la prisión de Cieneguillas, en el estado de Zacatecas. Las grabaciones de las cámaras de seguridad revelaron que los carceleros se quedaron de brazos cruzados. El director y los 44 guardias del recinto fueron encarcelados.

Ahora bien, el caso de Cieneguillas fue menor si se lo compara con lo sucedido en la prisión Gómez Palacio de Durango, donde parece que los funcionarios hacían más que permitir a los presos fugarse: presuntamente los dejaban salir para que pudieran perpetrar los asesinatos que les ordenaban sus jefes; después, los asesinos volvían a sus celdas. Se sospecha que les procuraban incluso transporte y armas. Entre los beneficiarios de semejante trato se cuentan los autores de la matanza de Torreón, una fiesta de cumpleaños que acabó con la muerte de 17 inocentes.

Según Marc Lacey, del New York Times, los narcos han convertido las prisiones mexicanas en centros de reclutamiento y bases de operaciones. Las fugas son tan frecuentes que se han convertido en algo cotidiano. Quizá la más célebre fue la protagonizada en 2001 por Joaquín el Chapo Guzmán, jefe del Cártel de Sinaloa, la organización narcotraficante más poderosa de México, de nuevo ante la ceguera colectiva de los guardianes.

Los narcos suelen ser auténticas celebridades en prisión, los demás reclusos les rinden pleitesía y los guardias con frecuencia acaban trabajando para ellos. Antes se servían de los presos que salían en libertad para enviar mensajes al exterior; ahora, simplemente, utilizan teléfonos celulares. “[Los capos] son unos presos privilegiados –escribe Lacey–, visten ropa de diseño y disfrutan de privilegios especiales como el recibir visitas frecuentes de sus novias o el tener televisiones de gran tamaño en sus muy espaciosas celdas”. No es precisamente dura su situación, pues. El experto Pedro Arellano sentencia: “Ya no son las autoridades las que controlan las prisiones, sino los capos de la droga”.

La escandalosa corrupción del sistema penitenciario no es sino una de las razones por las que ha fracasado la controvertida ofensiva militar de Calderón contra los cárteles, apoyada por Washington de manera entusiasta.

México celebrará elecciones presidenciales en verano; entonces los mexicanos decidirán si dan continuidad a la estrategia antidroga que ha seguido Calderón en estos cinco años, a un coste de 47.000 vidas. La Constitución mexicana le prohíbe postularse para la reelección, lo que probablemente sea una buena noticia. Su guerra contra los cárteles, piedra angular de su Administración, ha sido un fiasco.

Será, pues, su sucesor quien haya de decidir si sigue por ese camino o si, por el contrario, emprende una estrategia diferente. Sea como fuere, lo que debe hacer el próximo presidente mexicano es limpiar de corrupción el horrible sistema penitenciario. Un país que ni siquiera es capaz de controlar sus prisiones corre el riesgo de sumirse en el abismo y convertirse en un Estado fallido. Y si su vecino del Sur se convirtiera en un Estado fallido, EEUU tendría un muy grave problema de seguridad nacional.

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