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El reino de la amoralidad política

El reino de la amoralidad política

por Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner es periodista cubano residenciado en Madrid.

Hoy la amoralidad corre por cuenta de los latinoamericanos. Quienes antes, justamente, criticaban a EE.UU. por abrazarse con los dictadores durante la época de la Guerra Fría, y por negar fuera del país los principios y valores que sostenían dentro de él, hoy están haciendo exactamente eso mismo.

Esto es lo que se observa en gobernantes como el ecuatoriano Rafael Correa, Hugo Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales cuando respaldan la satrapía criminal siria de Bachar al Asad, condenada por la ONU, e ignorada por el Brasil de Dilma Rousseff, como poco antes echaron pie en tierra por la de Gadaffi.

Esta actitud, o una variante de ella, es la que asombrosamente prevalece en las propuestas del colombiano Juan Manuel Santos, más preocupado en restaurar las buenas relaciones entre la dictadura de los Castro y EE.UU., que en condenar los excesos de esa tiranía y ayudar a sus víctimas.

Ese es el espíritu que recorre la CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, creada recientemente no solo para excluir de ella a Canadá y EE.UU., sino para no tener que sujetarse al rigor de un compromiso democrático que obligue a sus miembros a defender la libertad y condenar las violaciones de los derechos humanos.

Esa es la triste atmósfera que se respiró en Cartagena en los días en que se reunió la VI Cumbre de las Américas, pese a que en la de Quebec, celebrada en el 2001, se fijó un marco moral y político que tomaba en cuenta los valores democráticos, hoy lamentablemente ignorados por muchos gobernantes latinoamericanos.

Durante más de cuarenta años los políticos estadounidenses eligieron la seguridad nacional por encima de las consideraciones morales. Era la lógica de la Guerra Fría. Casi cualquier cosa resultaba mejor que un triunfo de los comunistas o de algún gobernante que les abriera la puerta.

Los espadones, si se comportaban como genuinos anticomunistas, eran respaldados por Washington aunque violaran sistemáticamente los derechos humanos y civiles de sus compatriotas. “El enemigo de mi enemigo es mi amigo, aunque sea un sinvergüenza”, es un vil proverbio que se encuentra en todas las lenguas.

La izquierda y muchos demócratas consecuentes bramaban contra esa disonancia estadounidense. La más vieja y próspera democracia moderna del planeta, paladín de la libertad, debía ser congruente con sus ideales. Era un acto de cinismo defender esos valores en EE.UU. y abrazarse con dictadores desalmados en el resto del mundo. Los políticos estadounidenses lo sabían y se excusaban alegando que se trataba de un mal menor. Ni siquiera estaban ante un dilema nuevo: durante la Segunda Guerra habían sido aliados de Stalin para combatir a Hitler.

Pero en 1991 terminó la Guerra Fría. Ya se podía escoger a los amigos escrupulosamente. El rigor moral había dejado de ser peligroso. Mientras tanto, en América Latina ocurrió un fenómeno paralelo a la disolución del bloque comunista. Entre 1983, cuando terminó la dictadura militar argentina, y 1990, cuando le tocó el turno a la chilena, todos los gobiernos latinoamericanos, menos Cuba, fueron el resultado de las urnas.

A partir de ese punto, los organismos que surgieron incorporaron una cláusula democrática: sólo podían pertenecer las democracias plurales en las que se respetaban los derechos humanos y civiles de los pueblos. Eso es lo que se lee en los documentos fundacionales del Grupo de Río y de MERCOSUR.

Finalmente, el 11 de septiembre del 2001, mientras ardían las Torres Gemelas en Nueva York, todos los miembros de la OEA firmaban en Lima la Carta Democrática. Era la apoteosis de la coherencia ética. Nunca más se recurriría al cínico doble estándar de defender la democracia en casa y abrazarse a las dictaduras fuera de ella.

Mentira. Hoy, sin ningún pudor, casi todos los países latinoamericanos han dejado de defender la libertad y los atributos de la democracia liberal. El chavismo hace y deshace en Venezuela y a nadie le importa. Correa o Evo Morales conculcan los derechos fundamentales en Ecuador y Bolivia y ningún gobernante latinoamericano los censura. La dinastía militar cubana reprime ferozmente y los países “hermanos” miran a otra parte. Daniel Ortega se roba las elecciones parciales en Nicaragua y corrompe y adultera las generales, y no hay una voz que lo condene.

América Latina es hoy el reino de la amoralidad política. Todo vale.

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El reino de la amoralidad política

El reino de la amoralidad política

Carlos Alberto Montaner

Hoy la amoralidad corre por cuenta de los latinoamericanos. Quienes antes, justamente, criticaban a Estados Unidos por abrazarse con los dictadores durante la época de la Guerra Fría, y por negar fuera del país los principios y valores que sostenían dentro de él, hoy están haciendo exactamente eso mismo.

Esto es lo que se observa en gobernantes como el ecuatoriano Rafael Correa, Hugo Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales cuando respaldan la satrapía criminal siria de Bachar al Asad, condenada por la ONU, e ignorada por el Brasil de Dilma Rousseff, como poco antes echaron pie en tierra por la de Gadaffi.

Esta actitud, o una variante de ella, es la que asombrosamente prevalece en las propuestas del colombiano Juan Manuel Santos, más preocupado en restaurar las buenas relaciones entre la dictadura de los Castro y Estados Unidos, que en condenar los excesos de esa tiranía y ayudar a sus víctimas.

Ese es el espíritu que recorre la CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, creada recientemente no solo para excluir de ella a Canadá y Estados Unidos, sino para no tener que sujetarse al rigor de un compromiso democrático que obligue a sus miembros a defender la libertad y condenar las violaciones de los derechos humanos.

Esa es la triste atmósfera que se respira en Cartagena en estos días en que se reúne la VI Cumbre de las Américas, pese a que en la de Quebec, celebrada en el 2001, se fijó un marco moral y político que tomaba en cuenta los valores democráticos, hoy lamentablemente ignorados por muchos gobernantes latinoamericanos.

Durante más de cuarenta años los políticos norteamericanos eligieron la seguridad nacional por encima de las consideraciones morales. Era la lógica de la Guerra Fría. Casi cualquier cosa resultaba mejor que un triunfo de los comunistas o de algún gobernante que les abriera la puerta.

Los espadones, si se comportaban como genuinos anticomunistas, eran respaldados por Washington aunque violaran sistemáticamente los derechos humanos y civiles de sus compatriotas. “El enemigo de mi enemigo es mi amigo, aunque sea un sinvergüenza”, es un vil proverbio que se encuentra en todas las lenguas.

La izquierda y muchos demócratas consecuentes bramaban contra esa disonancia norteamericana. La más vieja y próspera democracia moderna del planeta, paladín de la libertad, debía ser congruente con sus ideales. Era un acto de cinismo defender esos valores en Estados Unidos y abrazarse con dictadores desalmados en el resto del mundo. Los políticos norteamericanos lo sabían y se excusaban alegando que se trataba de un mal menor. Ni siquiera estaban ante un dilema nuevo: durante la Segunda Guerra habían sido aliados de Stalin para combatir a Hitler.

Pero en 1991 terminó la Guerra Fría. Ya se podía escoger a los amigos escrupulosamente. El rigor moral había dejado de ser peligroso. Mientras tanto, en América Latina ocurrió un fenómeno paralelo a la disolución del bloque comunista. Entre 1983, cuando terminó la dictadura militar argentina, y 1990, cuando le tocó el turno a la chilena, todos los gobiernos latinoamericanos, menos Cuba, fueron el resultado de las urnas.

A partir de ese punto, los organismos que surgieron incorporaron una cláusula democrática: sólo podían pertenecer las democracias plurales en las que se respetaban los derechos humanos y civiles de los pueblos. Eso es lo que se lee en los documentos fundacionales del Grupo de Río, y de MERCOSUR.

Finalmente, el 11 de septiembre del 2001, mientras ardían las Torres Gemelas en Nueva York, todos los miembros de la OEA firmaban en Lima la Carta Democrática. Era la apoteosis de la coherencia ética. Nunca más se recurriría al cínico doble estándar de defender la democracia en casa y abrazarse a las dictaduras fuera de ella.

Mentira. Hoy, sin ningún pudor, casi todos los países latinoamericanos han dejado de defender la libertad y los atributos de la democracia liberal. El chavismo hace y deshace en Venezuela y a nadie le importa. Correa o Evo Morales conculcan los derechos fundamentales en Ecuador y Bolivia y ningún gobernante latinoamericano los censura. La dinastía militar cubana reprime ferozmente y los países “hermanos” miran a otra parte. Daniel Ortega se roba las elecciones parciales en Nicaragua y corrompe y adultera las generales, y no hay una voz que lo condene.

América Latina es hoy el reino de la amoralidad política. Todo vale.

 

Uribe considera que “Venezuela es un paraíso para el narcotráfico”

Uribe considera que “Venezuela es un paraíso para el narcotráfico”

Foto: AP Photo/ Archivo

(Caracas, 13 de abril. Noticias24) En una entrevista de RCN La Radio, el expresidente de Colombia Álvaro Uribe afirmó que “Venezuela es un paraíso para el narcotráfico” y recalcó que “los líderes guerrilleros se encuentran refugiados en ese país”.

Uribe se refirió al cambio que tuvo el Presidente Juan Manuel Santos respecto a la política y las relaciones con Venezuela. “En nuestro gobierno, el entonces ministro Juan Manuel Santos era el más radical contra Venezuela”. En este sentido, criticó a Santos por sus “repentinos cambios de parecer”.

El exmandatario indicó que sus criticas y diferencias con el Jefe de Estado de Colombia se deben a la manera en que Santos está manejando el país.

Asimismo, admitió estar preocupado por las decisiones tomadas por el presidente Juan Manuel Santos porque él fue también autor determinante en su elección.

La política no puede depender de posiciones politiqueras, me preocupan esa cosas, jamás le he sugerido algún nombramiento a Santos.Él presenta las diferencias internacionales como si fueran diferencias burocráticas, son diferencias sobre la marcha del país”, destacó.

En relación a la Cumbre de las Américas en Cartagena, Uribe manifestó que “es un derroche de opulencia para un país como Colombia que tiene muchas necesidades y debe tener mucha austeridad en sus gastos”.

El alto costo de los presidentes-payasos

El alto costo de los presidentes-payasos

por Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner es periodista cubano residenciado en Madrid.

¿Cuánto cuestan los presidentes-payasos? Primero, ¿qué es un presidente-payaso? Se trata de esos tipos que tienen una idea circense de la función pública. Creen que han sido elegidos para entretener, no para servir y cumplir con las leyes. Hablan nueve horas, cantan, insultan, dicen barbaridades.

Fidel, por ejemplo, cuando actuaba en la pista mayor del gran circo habanero, acusó a EE.UU. de desviar los huracanes hacia la Isla. Muchos años más tarde, su discípulo Hugo Chávez aseguró que el terremoto que destruyó medio Haití fue un arma secreta probada por el Pentágono en el Caribe. Todo vale para salir en los papeles y para generar noticias.

Uno de los rasgos más notorios de los presidentes-payasos es su candorosa irresponsabilidad. No advierten, o no les importa, el daño que les hacen a sus países. Viven tan pendientes del aplauso y del titular de primera plana, que son incapaces de calcular o prever el costo de sus acciones. Incluso, sucede algo más grave: sus compatriotas suelen reírles las gracias sin percatarse de las adversas consecuencias económicas generales que acarrea tener como rostro visible de la sociedad a un presidente-payaso.

Un caso reciente es el del presidente ecuatoriano Rafael Correa. Correa acaba de armar un espectáculo absolutamente mediático con su demanda triunfal de cuarenta millones de dólares contra un respetado diario, El Universo de Guayaquil, que acabará confiscado o clausurado por una crítica columna de opinión publicada por Emilio Palacio.

Los propietarios del diario, además, como el autor del artículo, fueron condenados a tres años de cárcel y tuvieron que exiliarse antes de acabar tras las rejas. Durante las semanas que duró el sainete, Correa mantuvo en vilo al país y a la prensa internacional, generando una enorme cantidad de información, culminada en una manifestación muy fotogénica encabezada por él el día de la sentencia, con velas incluidas.

¿Qué fue lo que trascendió de este lamentable show? Muy sencillo: que Ecuador es un país poco fiable en el que no vale la pena invertir. Es una sociedad amable, desgraciadamente administrada por un gobierno poco serio. Se trata de una nación “bananera”, de acuerdo con el editorial del Washington Post, en la que “tras cuatro cambios de jueces, un magistrado temporal asume el caso, ordena una vista, y 33 horas después emite una resolución de 156 páginas, probablemente escrita por un abogado de Correa”.

A los dos días de la trágica payasada contra El Universo, un panel especial administrado por la Corte Internacional de Arbitraje de La Haya, emitió un laudo provisional a favor de Chevron, a reserva de un fallo posterior, para detener una sentencia ecuatoriana que condenaba a la empresa petrolera a pagar miles de millones de dólares como compensación por un discutido daño ecológico infligido al país hace varias décadas por otra compañía.

Chevron, según su testimonio, descubrió pruebas de fraude, corrupción y, como en el caso de El Universo, que la sentencia había sido escrita por los demandantes y no por el juez encargado de dictarla. El sistema judicial ecuatoriano, presumiblemente, estaba podrido y funcionaba como un brazo de los deseos y caprichos de la presidencia de la República y como una fuente de enriquecimiento ilícito dentro de las alcantarillas del poder.

Todo eso es carísimo. En los tiempos de la globalización y de la información instantánea, los presidentes están obligados a cuidar la marca-país con el mismo celo con que los empresarios tratan de proteger el prestigio de las compañías que dirigen y los productos que manufacturan.

Los países y las ciudades proyectan ciertas imágenes muy importantes para la toma de decisiones. Existe un baremo internacional (The Anholt-GfK Roper Nation Brands Index) que mide y contrasta la calidad de la imagen de las naciones y, lógicamente, Ecuador aparece por los suelos. Por eso los capitales se refugian en Zurich y huyen de Quito.

Ello significa que cuando Rafael Correa gana 40 millones de dólares por medio de detestables trucos legales —aunque luego los asigne a una causa caritativa—, no sólo arruina a una familia y a centenares de trabajadores de El Universo, sino, además, perjudica a todos sus compatriotas. Con esos escándalos, los ecuatorianos pierden miles de millones en inversiones que nunca se van a hacer, o en negocios que no se llevarán a cabo, porque nada hay más importante que la seguridad jurídica para cualquier inversionista serio del planeta, y en Ecuador no hay siquiera vestigios de ese fundamental clima institucional.

Los payasos, sin duda, son criaturas adorables, pero es muy conveniente mantenerlos alejados de la política. Cuestan demasiado.

Ecuador: Abrir las fronteras no es cooperar con terroristas

Ecuador: Abrir las fronteras no es cooperar con terroristas

por Gabriela Calderón de Burgos

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

En uno de los blogs de la revista Foreign Policy Otto Reich, ex asistente del Secretario de Estado de EE.UU., y Ezequiel Vásquez, colaborador de Americas Forum, afirman que la política migratoria del gobierno de Rafael Correa “ha permitido que las organizaciones criminales transnacionales  y grupos terroristas…potencialmente usen al país como una base de operaciones con el objetivo de eventualmente perjudicar a EE.UU.”1 Contrario a lo que piensan los autores, señalar una vulnerabilidad no es un argumento suficiente como para imponer restricciones.

Vale la pena recordar que antes de que Correa anunciara en junio de 2008 su política de la “ciudadanía universal”, Ecuador ya tenía una política migratoria liberal comparado con otros países. El Estado ecuatoriano solo le pedía visa de turismo a 27 países.2

También es importante recordar que en Ecuador hay dos mundos paralelos desde antes de que Correa llegue al poder: aquel descrito en nuestra Constitución, leyes y documentos oficiales y lo que sucede en la práctica. Los autores asumen que si hubiese una ley migratoria con mayores restricciones se dificultara el ingreso de criminales internacionales a nuestro país y su capacidad de utilizar nuestro territorio como base de operaciones. Sin embargo, fue en 2004 que se capturó a Simón Trinidad de las FARC en Quito con documentos ecuatorianos falsos —pasaporte y cédula.3 También fue entre 2004 y 2007 que las Fuerzas Armadas ecuatorianas hallaron 117 campamentos de esa organización terrorista en nuestro territorio.4 Tampoco hay que olvidar que el número dos de las FARC, Raúl Reyes, estaba utilizando territorio ecuatoriano como base de operaciones hasta marzo de 2008. Todo esto ocurrió antes de que Correa implementara la política que los autores cuestionan.

Reich y Vásquez señalan como evidencia, por ejemplo, el incremento en un 550% (de 92 personas en 2006  a 518 en 2010) del ingreso de pakistaníes al Ecuador durante los últimos cuatro años y luego mencionan el caso del ciudadano pakistaní arrestado en 2011 por estar involucrado en tráfico de personas. Sin embargo, no explican por qué hay que asumir que cualquier pakistaní que ingresa a Ecuador es un potencial criminal o terrorista.

Las cifras mencionadas por Reich y Vásquez deben ser contextualizadas. El ingreso de extranjeros ha aumentado en general, un efecto natural de facilitarle a los extranjeros (de cualquier nacionalidad) visitar nuestro país. Un incremento de 550% fuese algo inusualmente extraño si fuese un caso aislado. Pero si analizamos las estadísticas de ingresos de extranjeros provenientes de todos los países entre 2006 y 2010, veremos que el incremento promedio fue de 318%.

Finalmente, Reich y Vásquez afirman que Ecuador se está volviendo un Estado fallido debido al demostrado ingreso de terroristas y criminales internacionales. Sucede que si seguimos esa misma argumentación habría que concluir que EE.UU. también va por el mismo camino debido a las múltiples detenciones de capos de drogas en territorio estadounidense y a que los que perpetraron la barbaridad del 9/11 tenían visa de turistas para estar en EE.UU. Pero eso sería una exageración, como la de los autores cuando expresaron que abrir las fronteras a turistas de cualquier nacionalidad es algo “anti-americano, anti-democrático, pro-Irán”.5

Aznar alerta sobre “Cuba y sus satélites” en su Informe sobre América Latina

Presentación el 10, en Cádiz

Los disidentes cubanos y opositores al régimen de Venezuela tendrán un lugar destacado en la presentación del Informe FAES.

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Miguel Ángel Cortes, Javier Zarzalejos y Cayetana Álvarez de Toledo, este miércoles en la sede de FAES.
 P. Montesinos 2012-03-28

América Latina como ejemplo de prosperidad y desarrollo, pero sin dejar de prestar atención a las “sombras” que suponen los regímenes de Cuba y Venezuela. Coincidiendo con el bicentenario de la Constitución de 1812, la Fundación FAES ha elaborado el informe estratégico ‘América Latina. Una agenda de libertad 2012’, un completísimo manual que ha contado con la ayuda de más de 1.400 expertos.

El laboratorio ideológico del PP da máxima importancia al documento, que ya pueden leer íntegramente en nuestro diario, y que será presentado por José María Aznar en la cuna de la Carta Magna liberal: el Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz, el próximo martes diez de abril. Además del expresidente, que prologa el texto, también tomarán la palabra el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo; el diputado popular y director del informe, Miguel Ángel Cortés, y la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez.

Bajo el ideario de una “democracia liberal, el respeto a las libertades individuales, la vigencia del Estado de Derecho, el fortalecimiento institucional y la economía abierta”, FAES también quiere dar voz a quienes no pueden ser escuchados en sus países de origen, y de ahí que los disidentes cubanos y los opositores a Hugo Chávez vayan a tener un lugar destacado en el Oratorio. Otros asistentes serán los exministros de Exteriores José Pedro Pérez-Llorca, Abel Matutes, Josep Piqué y Ana Palacio, así como embajadores de países latinoamericanos, parlamentarios, empresarios e intelectuales.

Un nuevo evento político para un informe que ya cuenta con un prestigio incuestionable, desde que fuera publicado en 2007 por la Fundación. Hasta 100 instituciones de España y América Latina han contribuido a la actualización a través de debates y escritos, así como al uso de las nuevas tecnologías. En este sentido, cabe destacar el papel de Guillermo Hirschfeld, coordinador de Programas para Iberoamérica.

Y Cádiz solo será el inicio, aseguraron los responsables en un desayuno informativo, en el que también participó Cayetana Álvarez de Toledo, uno de los fichajes estrella de su remodelación tras la llegada del PP al Gobierno. Precisamente, Mariano Rajoy será uno de los receptores del documento. Además, se hará lo propio con mandatarios, think tanks y medios de comunicación en países iberoamericanos como México, Colombia, Argentina, Chile, Brasil, Perú, Guatemala y Ecuador.  Estados Unidos y varias ciudades europeas como Bruselas, Londres y Berlín también están en la agenda.

En voz de Aznar, “con la fuerza de las ideas de libertad y democracia, América Latina está en condiciones de situarse en la vanguardia de las naciones”. Eso sí, aún queda mucho por hacer: “Si bien la región ha resistido el embate del populismo, que ha retrocedido, escapan a este panorama la dictadura cubana y sus satélites, refractarios a la adopción de reformas e incompatibles con la idea de sociedad abierta”.

 

Ecuador: De la democracia a la dictadura

Es difícil explicarle a extranjeros cómo se destruyó la democracia desde adentro en Ecuador entre 2007 y 2012. No obstante, el ex presidente ecuatoriano Osvaldo Hurtado hace un excelente resumen en la segunda parte de su ensayo titulado “De la democracia a la dictadura”.

Consideremos este extracto donde se relatan los atropellos al Estado de Derecho en tan solo los primeros 6 meses del gobierno de Rafael Correa en 2007:

“Como ocurría en las dictaduras militares, la Constitución está vigente en cuanto no se oponga a los fines de la llamada ‘revolución ciudadana’. En la ceremonia en la que asumió la presidencia Correa se negó a jurar que en su ejercicio respetaría el orden constitucional, para luego, desconociéndolo, convocar a una consulta popular con el propósito de reemplazarlo mediante una Asamblea Constituyente a la que se le encargó expedir una nueva Carta Política. Al intentar el Congreso Nacional impedir que se consumara este atentado contra el estado de derecho, el Gobierno consiguió que el Tribunal Supremo Electoral destituyera a los 56 diputados que intentaban frenar el atropello; y cuando el Tribunal Constitucional se aprestaba a dejar sin efecto tamaño abuso de poder sus integrantes fueron cesados, primero mediante la acción violenta de un grupo de agitadores y luego con una írrita resolución de una mayoría que el Gobierno conformó en el Congreso con diputados suplentes”.

En el resto del ensayo Hurtado señala que en el Ecuador de hoy no existe la división de poderes y cita ejemplos de la falta de independencia de la justicia, la Asamblea Nacional y los órganos de control. El ensayo termina con un importante recordatorio de que esta tremenda concentración de poder en el Ejecutivo, incluso para “meter las manos en la justicia”, se logró con apoyo popular en las urnas.

Publicado por Gabriela Calderón de Burgos

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