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Bolivia: Jugando con lo ajeno

Bolivia: Jugando con lo ajeno

 por Javier Paz

Javier Paz cuenta con una maestría en Economía y es columnista de El Deber (Bolivia).

El presidente Evo Morales dijo recientemente que “el sector privado no sirvió para administrar”, refiriéndose a los problemas financieros y la posible quiebra de la empresa Aerosur. Morales usa el ejemplo de una empresa en particular para afirmar que el Estado es mejor administrador que los privados. Lo que Morales hace es utilizar un ejemplo anecdótico y sacar conclusiones generales del mismo. Lo cierto es que todos los días en todas partes del mundo, empresas privadas cierran o quiebran. Sin embargo esto no invalida el hecho de que en general el sector privado es más eficiente que el sector público en la administración de empresas. No invalida el hecho de que el crecimiento económico y la reducción de la pobreza ocurren en los países donde el Estado respeta y protege la iniciativa privada y que los países más pobres son precisamente los que siguen recetas socialistas y estatistas.

Pero, más allá de los resultados (que apabullantemente hablan a favor del sector privado y en contra del capitalismo de estado), existe otra razón de carácter ético para desaprobar las declaraciones de Morales. El empresario que invierte en una empresa, lo hace con su dinero. Si esa empresa quiebra, el empresario pierde su propio dinero. El empresario asume riesgos y a veces gana, otras pierde y otras veces lo pierde todo. En cambio los gobernantes cuando invierten, lo hacen con plata ajena y si esas inversiones fracasan, “los inversionistas” no pierden un solo centavo.

El presidente Morales puede despertar con deseos de comprarse un avioncito o crear una empresa de aviación, puede poner a cargo de los hospitales a una persona que tardó casi tres décadas en graduarse de médico o en la empresa de hidrocarburos a un individuo cuyo acto más notorio fue ponerse a repartir garrafas en persona y puede mandar construir ingenios azucareros donde no se siembra caña a sabiendas de que aunque estas empresas lo hagan bien o mal, él no va a perder un solo peso. El presidente toma decisiones con plata ajena (de hecho con mi plata y la de todos los bolivianos) y por ello no pierde el sueño si una empresa no funciona o se va al descalabro. El presidente no hipoteca su propia casa, ni saca el dinero de su bolsillo para crear una empresa y puede decidirse por inversiones millonarias con la misma facilidad con la que un niño compra hoteles cuando juega Monopolio.

Cada quien tiene el derecho de hacer con lo suyo lo que le plazca y si un empresario privado pierde su dinero, ya sea por mala suerte, o porque el tipo enloqueció y decidió echarle fuego, no tenemos nada que reprocharle; es su dinero y su problema. El presidente Morales y los políticos no tienen ninguna autoridad moral para juzgar las malas decisiones que otros hacen con sus propios recursos cuando él y la mayoría de los políticos toman a menudo malas decisiones con recursos ajenos, sin que les cueste un solo centavo.

¿Quién va ser el próximo presidente?

Luis Gutiérrez Poucel

Consultor Económico:  Economista en Jefe en LEGS Consultores y Asociados.  Anteriormente, durante 11 años, Economista Principal en el Banco Mundial.  Educado en Harvard University.

El tema de actualidad en el país es:

¿Quién va ser el próximo presidente?

Cada seis años a los mexicanos nos gusta jugar al presidencialismo, como si esto pudiera cambiar el pasado, o mejorar los resultados de la administración que está a punto de concluir. En efecto, lo último que muere en los mexicanos es el sentimiento de la esperanza, la esperanza de que el próximo presidente vaya a ser mejor del que está por terminar.

Por el momento tenemos a tres candidatos de los tres principales partidos con posibilidades presidenciables, por orden alfabético de los partidos: Josefina Vázquez Mota (PAN), Andrés Manuel López Obrador (PRD) y Enrique Peña Nieto (PRI). Las encuestas sugieren que Enrique es el puntero, a pesar de los descalabros que le han causado las muestras que ha dado de falta de cultura y preparación. Sin embargo, Andrés Manuel y Josefina están mejorando su posición en las encuestas.

¿Qué tal si pudiéramos evaluar a los tres presidenciables desde el punto de vista del bienestar nacional, de lo que le importa al pueblo de México, considerando la trayectoria que han tenido y su desempeño en el pasado? Eso es lo que pretendemos hacer en este artículo: evaluarlos de la manera más objetiva posible, lo cual es muy difícil, porque hay mucho de subjetividad en cualquier evaluación; pero a riesgo de pecar de sesgos ideológicos y políticos, aquí les va mi modesta evaluación.

Índice de la Esperanza

Pero antes de calificarlos, tenemos que ponernos de acuerdo sobre qué bases los vamos a evaluar. Si tomamos el Índice de Desarrollo Humano propuesto por los organismos internacionales, los tres indicadores relevantes serían (1) el PIB per cápita, (2) la educación y (3) la esperanza de vida. Pero como nosotros sabemos, el bienestar de una nación requiere de otros elementos, tales como la seguridad, combate a la corrupción y la efectividad del gobierno para gobernar, entre otros.

El Banco Mundial ha propuesto el Índice de Gobernabilidad, compuesto por los siguientes indicadores: (1) voz y rendición de cuentas, (2) estabilidad política, (3) efectividad del gobierno, (4) calidad regulatoria, (5) imperio de la ley y (6) control de la corrupción.

Para el caso de México, vamos a tropicalizar dichos índices para aterrizar más de cerca a nuestra realidad, construyendo el Índice de la Esperanza. ¿En qué consiste este índice?, se preguntarán. Este índice se compone de seis indicadores: (1) el PIB per cápita, (2) distribución del ingreso, (3) educación, (4) efectividad para gobernar (gobernabilidad en corto), (5) seguridad y (6) corrupción.

Pasemos ahora a la evaluación de cada presidenciable.

Josefina Vázquez Mota
La administración de JVM probablemente mantendría el blindaje económico de la economía, respetaría la autonomía del Banco Central y conservaría la prudencia fiscal. El Producto Interno Bruto per cápita crecería a igual ritmo o un punto porcentual por arriba del PIB per cápita de los Estados Unidos, que es nuestro principal punto de referencia. Tendríamos estabilidad económica durante todo su sexenio.

La distribución del ingreso seguramente se mantendría igual que como estamos ahora, no habría grandes avances en la reducción de la pobreza, no se lograría la reforma fiscal y la gestión del Ejecutivo Federal tendría el mismo impacto sectorial que el gobierno de Felipe Calderón.

El gobierno de Josefina evitaría confrontaciones con el sindicato de la maestra Gordillo; mantendría los mismos niveles de gasto e inversión en educación que la de los gobiernos panistas recientes. En suma, en el campo de la educación no habría grandes avances, mantendríamos nuestros bajos niveles educativos que observamos cuando nos comparamos con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El gobierno panista tendría las mismas dificultades para alcanzar acuerdos con el Congreso que sus predecesores para llevar a cabo las reformas estructurales que el país requiere y para controlar los excesos de los gobiernos estatales. El nivel de gobernabilidad sería equivalente al de los gobiernos panistas del 2000 al 2012.

En cuanto a la seguridad, su gobierno mantendría las mismas líneas de confrontación militar contra el crimen y la delincuencia organizada, no legalizaría las drogas cuyo tráfico hacia EUA ocasionan más daño al país en términos de violencia e inseguridad.

Finalmente, en la lucha contra la corrupción el gobierno de Josefina Vázquez Mota no iría contra los presidentes, gobernadores de los estados ni secretarios de Estado que robaron en el pasado. Mantendría los mismos niveles de monitoreo y control de la corrupción tan suaves para los niveles altos como los que mantuvieron los gobiernos panistas que la antecedieron. La corrupción en los altos niveles de los gobiernos estatales continuaría con algunos de ellos endeudándose masivamente para financiar proyectos cuestionables. Los elementos de control de la corrupción y abuso de confianza de los niveles medios y bajos probablemente mejorarían un poco.

 

Andrés Manuel López Obrador
¿Qué tal le iría al gobierno de AMLO con el Índice de la Esperanza? Para empezar, el ingreso per cápita probablemente crecería por debajo del ritmo del de los EUA, difícilmente alcanzaría en promedio durante el sexenio el nivel americano, por las siguientes razones: el gobierno de AMLO eliminaría el blindaje económico, terminaría con la autonomía del Banco de México, no seguiría una política de prudencia fiscal e iniciaría una confrontación abierta contra los inversionistas privados nacionales y extranjeros; su administración introduciría nuevamente el financiamiento deficitario, acelerando la inflación y devaluando el valor del peso; la inversión privada disminuiría; el déficit comercial aumentaría junto con el proteccionismo comercial y los precios de los productos nacionales e importados aumentarían en el mercado interno. En otras palabras, la economía perdería competitividad, tendríamos una crisis económica durante la mayor parte del sexenio y aumentaría la dependencia a las exportaciones de petróleo crudo.

La distribución del ingreso se deterioraría por los efectos inflacionarios, por la disminución en la tasa de crecimiento económica, por la confrontación entre clases de diferente ingreso, por la reducción de la inversión privada y por la disminución en la creación de empleos. La administración mejoraría los programas de reducción de la pobreza extrema, aumentando el gasto para necesidades sociales del 7.2% del PIB al 10%, pero este esfuerzo no sería suficiente para contrarrestar la reducción del ingreso de la clase media y de los más pobres por la inflación y el aumento del desempleo. Seguramente no habría reforma fiscal, y si la hubiera, sería en contra del crecimiento económico y de la inversión, su énfasis sería en mayores ingresos fiscales penalizando la inversión y favoreciendo al consumo. El ejecutivo federal tendría un fuerte impacto sectorial, a través de grandes proyectos públicos, habría gran participación de contratistas, en especial aquellos que apoyasen financieramente al PRD y de nuevos contratistas que nacerían al amparo de los contratos del gobierno. Los mexicanos terminaríamos pagando doble por estos grandes proyectos populistas, primero porque para desarrollarlos se necesitarían de los impuestos que pagamos, y segundo por las molestias que ocasionarían su construcción y por el impuesto inflacionario que eventualmente tendríamos que pagar todos los mexicanos.

En el terreno de la educación, si Andrés Manuel no puede controlar al sindicato de Elba Esther Gordillo, luchará en su contra, tratando de crear su propio sindicato incondicional a sus políticas. Habría un fuerte aumento en los niveles de gasto e inversión para la educación, pero tendría poco impacto en la calidad de la educación, así como en el nivel de calificación de la mano de obra, pues el énfasis sería más en la cantidad que la calidad, sería una educación politizada.

En cuanto a gobernabilidad habría una abierta confrontación con el Congreso, las reformas que se aprobarían serían populistas, no para mejorar la efectividad del gobierno, sino para vender la imagen de buen gobierno a la opinión pública. El estilo de gobernar produciría un diálogo aguerrido con los estados gobernados por la oposición. Habría inestabilidad política durante la mayor parte de su sexenio.

En lo que toca la seguridad, el gobierno de Andrés Manuel trataría de pactar y dirigir a la delincuencia organizada: su lema sería “si no es posible combatirlos, preferible controlarlos y dirigirlos”. Seguramente legalizaría algunas de las drogas cuyo tráfico más perjudican al país: la marihuana y la cocaína.

En cuanto al control de la corrupción, el gobierno de Andrés Manuel mantendría muy abierto los ojos monitoreando y criticando a los gobernadores de los partidos de oposición y cerrando sus ojos a los excesos en los estados manejados por sus correligionarios y de los que apoyan a su administración. Los mecanismos de manejo y castigo de la corrupción de los niveles medios y bajos probablemente no serían efectivos.

 

Enrique Peña Nieto
Finalmente, ¿cómo saldría la evaluación del candidato puntero EPN? Seguramente la administración de Enrique trataría de manipular el blindaje económico, socavaría la autonomía del Banco Central y se alejaría de la prudencia fiscal cuando así le conviniera y fuera necesario para sus fines políticos o personales. El ingreso per cápita de los mexicanos posiblemente crecería al mismo ritmo que el de los americanos, quizás un poco por encima. Habrían grandes proyectos y mucha participación de especuladores y contratistas, por lo que los mexicanos terminaríamos pagando triplemente por estos gigantescos proyectos de desarrollo: primero para financiar su desarrollo con nuestros impuestos, segundo por las molestias durante su construcción y tercero terminaríamos pagando peaje por el uso de los servicios de infraestructura que generarían. Posiblemente habría una crisis económica al final del sexenio cuando el gobierno tratase de apurar la terminación de sus grandes proyectos con financiamiento deficitario.

La distribución del ingreso probablemente empeoraría por los efectos inflacionarios de su oportunista política fiscal. No habría grandes avances en la reducción de la pobreza, manteniéndose los niveles actuales de 52 millones de pobres. Indudablemente no habría acuerdos para llevar a cabo una reforma fiscal.

En cuanto a la educación, el gobierno de Peña Nieto continuaría apoyando al sindicato de Elba Esther Gordillo. Habría un aumento en los niveles de gasto e inversión dedicados a la educación pero con poco impacto en la calidad educativa, probablemente habría inclusive un retraso en los indicadores de calidad de la educación debido al mayor énfasis que se daría a la cantidad más que a la calidad, favoreciendo y compensando la trayectoria política de los maestros y oponiéndose a su evaluación y premiación de sus conocimientos.

En términos de gobernabilidad habría una mejora, dada la mayor experiencia que tienen los priistas para manejar al país, pero continuarían las dificultades de entendimiento con el Congreso y para llevar a cabo las reformas estructurales que necesita el país. El nivel de control y supervisión en los gobiernos estatales mejoraría un poco, pero el cambio no sería sustancial.

En términos de seguridad, el gobierno de Enrique trataría de pactar con los criminales y la delincuencia organizada lo que a la postre, nos resultaría muy caro. Es ridículo e infantil pensar que se puede negociar y pactar con pillos que por definición no tienen palabra ni honor. Precisamente por ello son criminales, porque no tienen escrúpulos ni respeto al derecho ajeno. Probablemente no logre legalizar las drogas para sacar de la ecuación de la oferta al elemento criminal.

Finalmente en lo que toca al control de la corrupción, el gobierno de Peña Nieto no iría contra los gobernadores, secretarios de estados ni presidentes ladrones; trataría de pactar para que a él y a sus allegados, al terminar su administración, no les hicieran lo mismo. Los mecanismos de control de la corrupción y abuso de confianza de los niveles medios y bajos probablemente mejorarían.

Boletas de calificaciones:

En la evaluación comparativa de los presidenciables, considerando las calificaciones a cada uno de los indicadores del Índice de la Esperanza, ninguno de los tres candidatos aparece como la mejor opción para México, pero la opción menos mala parece ser Josefina Vázquez Mota con un promedio de 6.5. El presidenciable más malo sería Andrés Manuel López Obrador con una calificación promedio de reprobado de 3.6. Enrique Peña Nieto pasaría de panzaso con un 6 de promedio. Ninguno de los dos candidatos aprobados figuraría en el cuadro de honor.

 

Evaluación de los presidenciables: Un ejercicio en razón a la esperanza

 

JVM

AMLO

EPN

PIBPC

8.0

2.0

7.8

Distribución del ingreso

6.0

4.0

5.2

Educación

5.5

4.0

4.2

Gobernabilidad

6.5

3.5

7.8

Seguridad

7.5

5.0

4.7

Corrupción

5.5

3.0

6.3

Índice de la Esperanza

6.5

3.6

6.0

Resultado de la evaluación

Seguramente otro evaluador modificaría alguna que otra calificación, pero dudo mucho que el resultado final cambiara mucho en lo fundamental: en las próximas elecciones no vamos a votar por el mejor candidato, sino por el menos malo.

Los líderes políticos que tenemos son los que merecemos. Si algo nos dice nuestra historia es que los mexicanos generalmente votamos por sentimiento, por interés propio y para alcanzar beneficios a corto plazo. Los mexicanos no contemplamos el beneficio a largo plazo, el interés de nuestros hijos y nietos, el bienestar del pueblo. ¿Por qué desde la independencia hasta hoy hemos tenido mayoritariamente entre malos y pésimos líderes que han llevado al país a estadios económicos muy por debajo de los niveles que hubiéramos podido alcanzar? Y no es porque no haya buenos líderes, los hay, es porque nosotros, los votantes no sabemos meditar nuestro voto.

El votante mexicano desgraciadamente es egoísta, no altruista, por lo que existe la posibilidad de que vayamos a votar mayoritariamente en las próximas elecciones, no por el menos malo, sino por el más malo, el que más promesas haga, el que más despensas reparta.

Efectivamente, lo que queda de los hermanos Castro agoniza en el pasado

Al escuchar a Castro el menor, no puede uno menos que agradecer la poquita madurez adquirida a punta de golpes.

Ángel Verdugo

   
   

La ceremonia de la llegada de Benedicto XVI a Cuba y el discurso que Castro el menor pronunció con ese motivo, comprobaron lo que muchos hemos dicho desde hace años: lo que queda de los hermanos Castro agoniza, sin remedio alguno a la vista, en el antepasado.

Para los que nos formamos durante los años 60, una ceremonia como ésa nos lleva a recordar una etapa de nuestra vida que disfrutamos a plenitud; en ella, abundaron experiencias y posibilidades de desarrollo personal junto con una riqueza ideológica y política que a muchos marcó de por vida.

No dudo que algunos hayan recordado —al ver a Castro el menor en ese túnel del tiempo en el que ambos hermanos han convertido a Cuba—, a Leonid Brezhnev oficiar de anfitrión cuando los dirigentes soviéticos, soberbios afirmaban, que el socialismo era el futuro luminoso de la humanidad y no pocos —por aquellos años—, asentíamos acríticamente.

Otros, seguidores de “la línea china”, quizás recordamos al escuchar ese retazo de antepasado que fue el discurso de Castro el menor, al Gran Timonel pasar revista a centenas de miles de guardias rojos que con el Libro Rojo como arma letal en contra del imperialismo y el revisionismo soviético, se veían y nos veíamos en un planeta qué digo rojo, rojísimo.

Ese era el nivel de nuestra ingenuidad política e ideológica hace medio siglo; hoy, al escuchar a Castro el menor, no puede uno menos que agradecer la poquita madurez adquirida a punta de golpes de la realidad para no caer en las muestras de demencia senil que le vimos a aquél.

La pregunta, al escucharlo como si estuviere pronunciando un discurso en la Plaza Roja a mediados de los años 60, surge obligada: ¿Hay en Cuba hoy en día, alguien fuera de la nomenklatura que tome en serio sus palabras? ¿Quién no se da cuenta del proceso de degradación que sufre ese país desde hace años que lo llevará, en pocos más, a la quiebra total que repetirá lo que vimos en Europa, la República Popular China y Vietnam: la construcción de una economía de mercado?

¿Quién se equivocaría hoy, si al ver lo que ahí sucede, afirmare que en pocos años habrá una reedición de lo sucedido en Polonia, donde la Iglesia Católica y la religión jugaron un papel clave en la caída del régimen?

El alejamiento del gobierno cubano de la realidad, similar a lo que ha hecho por decenios la pandilla de los Kim en Corea del Norte, no es buen augurio para lo que queda de los hermanos Castro. El discurso del menor al recibir al papa Benedicto XVI, deja ver sin matiz alguno, la inevitable debacle.

El pasado es, no hoy sino siempre, el tiempo que las sociedades no deberían comprar como si fuere el mejor de los futuros, no importa que venga envuelto como el mejor de los regalos. Ese tiempo no es la solución, es el problema que no debemos repetir, el tiempo del que debemos alejarnos.

Hoy, lo que queda de los hermanos Castro no está solo; dos o tres malos imitadores venden el pasado como futuro sin darse cuenta que éste, sigilosa pero efectivamente, socava el piso en el que creen estar sólidamente parados. A Chávez, Morales, Ortega, Fernández y Correa, les haría bien analizar lo sucedido con el pasado que venden como futuro, tanto en la extinta URSS como en Europa Oriental, China y Vietnam.

De cualquier forma, agradezco a Castro el menor la recreación de ese pasado que hoy, es un vívido recuerdo de la ingenuidad, pasión y entrega con la que viví esos años, los dorados sesenta.

El Papa pide en Cuba que a nadie se limite ‘sus libertades fundamentales’

 

Pope Benedict XVI waves to faithful from his popemobile as he arrives at Revolution Square for a Mass in Havana, Cuba,AFP

LA HABANA — El papa Benedicto XVI pidió este miércoles a las autoridades cubanas respetar el ejercicio pleno de las “libertades fundamentales” de los cubanos y condenó el embargo estadounidense contra la isla, antes de irse de La Habana, donde habló con el ex presidente Fidel Castro y ofició una misa pública.

Al destacar en su discurso de despedida en el aeropuerto de La Habana la necesidad de “cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada”, el papa declaró: “Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales”.

A su llamado a respetar las libertades siguió una condena al embargo impuesto por Estados Unidos a Cuba hace medio siglo.

La situación en Cuba “se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país pesan negativamente sobre la población”, dijo el Papa en presencia del presidente cubano Raúl Castro antes de abordar, bajo la lluvia, el avión para regresar a Roma, que despegó hacia las 17H40 locales (22H40 GMT).

“La hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales, remarcó el papa, en un llamado indirecto a Estados Unidos y Cuba a dialogar.

Al despedirlo Raúl Castro dijo al Papa: ”Santidad, hemos encontrado muchas y profundas coincidencias, aunque como es natural, no pensemos lo mismo sobre todas las cuestiones“.

El encuentro entre Fidel Castro y Benedicto XVI tuvo lugar –por pedido de éste, según destacó el Vaticano– poco después del mediodía en la Nunciatura Apostólica, en el barrio diplomático de Miramar, oeste de La Habana, y duró media hora, dijo el portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi.

”Fidel hizo preguntas al Papa para saber su pensamiento sobre diversos temas“, ”fue un “diálogo intenso, cordial y sereno” con la ayuda de intérpretes, dijo Lombardi, quien contó que Castro consultó al pontífice “sobre los cambios litúrgicos en la misa”, entre otros puntos.

Esta fue la primera entrevista entre el líder comunista, de 85 años, y el papa alemán, de 84, que combatió a la teología de la liberación, una corriente de la Iglesia latinoamericana que profesa la “opción preferencial por los pobres”. Muchos de sus seguidores, sacerdotes y laicos, se integraron en los grupos guerrilleros apoyados por La Habana, en las décadas del 70 y del 80.

Fidel Castro se había reunido dos veces con Juan Pablo II, en 1996 en el Vaticano, y luego en su histórica visita a Cuba, en 1998.

Antes de su encuentro con Fidel Castro, Benedicto XVI ofició una misa ante unas 300.000 personas –según estimación del Vaticano– en la Plaza de la Revolución, en la que llamó a “seguir adelante” con la libertad religiosa en Cuba.

“Es de reconocer con alegría que en Cuba se han ido dando pasos para que la Iglesia lleve a cabo su misión insoslayable de expresar pública y abiertamente su fe”, dijo en su homilía, en presencia de Raúl Castro, el canciller Bruno Rodríguez y la jerarquía católica cubana.

“Para poder ejercer esta tarea, (la Iglesia) ha de contar con la esencial libertad religiosa”, dijo. El Estado cubano era ateo hasta 1991, ahora es laico.

“Es preciso seguir adelante, y deseo animar a las instancias gubernamentales de la nación a reforzar lo ya alcanzado y a avanzar por este camino de genuino servicio al bien común de toda la sociedad cubana”, añadió el Papa en la Plaza, sitio de grandes manifestaciones comunistas.

Benedicto XVI pidió que la Iglesia pueda dar su “testimonio” no sólo en la catequesis, sino también en el ámbito de la educación. Las escuelas católicas y todos los colegios privados fueron “nacionalizados” tras la llegada al poder de Fidel Castro, en 1959.

En 1998, en ese mismo lugar y en presencia de Fidel Castro, Juan Pablo II, el único papa que visitó la isla antes de Benedicto, celebró una histórica misa con un millón de asistentes, en que pidió que “Cuba se abra al mundo para que el mundo se abra a Cuba”. Esa visita marcó el deshielo en las relaciones Iglesia-Estado.

Benedicto XVI fue escuchado bajo el sol radiante de la mañana por católicos, comunistas, ateos y adeptos a la santería, rito afrocubano que mezcla el espiritualismo africano con el catolicismo.

El cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, hizo un llamado por la “paz y la reconciliación” entre los cubanos en la misa, a la que en un hecho inédito asistieron cientos de peregrinos cubanos procedentes de Miami, bastión del anticastrismo.

Benedicto XVI se reunió el martes en privado durante 40 minutos con Raúl Castro, unas horas después que un alto funcionario afirmara que “no va a haber una reforma política” en Cuba y un día después de que el Papa llamara a los cubanos a construir “una sociedad abierta y renovada”.

En ese encuentro privado, el Papa pidió a Raúl Castro un mayor espacio para la Iglesia y sugirió que el Viernes Santo, día de la crucifixión de Cristo, sea feriado en la isla. Juan Pablo II obtuvo de Fidel Castro que el día de Navidad fuera declarado festivo.

Los opositores denunciaron al menos 150 arrestos para evitar protestas durante la visita del Papa, lo que fue criticado por Amnistía Internacional.

El Vaticano no programó ninguna reunión con disidentes ni familiares de presos políticos, una gran decepción para los círculos opositores.

 

Por qué Cuba socialista prohíbe las redes sociales

No es la comunicación con el mundo exterior lo que más teme el régimen, sino la de los propios cubanos en la isla.

Por MARY ANASTASIA O’GRADY

“Existe una razón detrás de la falta de acceso de los cubanos a Internet. Es porque el gobierno (no podría) sobrevivir”.

La declaración la hizo el senador estadounidense por el Partido Republicano Marco Rubio, del estado de Florida, la semana pasada en una conferencia en Washington titulada “Cuba necesita una revolución (tecnológica): Cómo Internet puede derretir una isla congelada en el tiempo”.

El evento fue patrocinado por Google Ideas, una iniciativa con fines de lucro del gigante de Internet, y la Heritage Foundation, un centro de estudios sin ánimo de lucro.

Se me pidió abrir el debate con una entrevista a Rubio, así que empecé preguntándole qué pensaba de la referencia militar que el gobierno de Cuba utilizó el año pasado para hablar de la tecnología que permite a los jóvenes intercambiar ideas de manera digital, a la que consideró un “campo de batalla permanente”.

Rubio contestó que no era la comunicación con el mundo exterior lo que el régimen más temía, sino las conversaciones entre los propios cubanos. “Creo que Raúl Castro entiende muy bien que su régimen no puede sobrevivir una realidad interna donde los cubanos pueden comunicarse entre sí sin restricciones”, dijo, agregando que el “acceso sin filtros a Internet y las redes sociales” era la “mejor esperanza” de Cuba para impedir “una dictadura estancada” por “los próximos 50 años que sobreviva incluso las muertes de Raúl y Fidel”.

A Rubio le gustaría que Estados Unidos se empeñara en convertir a Cuba en un punto de conexión Wi-Fi, es decir, encontrar la forma de proveer acceso inalámbrico a Internet para que los cubanos puedan recibir y mandar información en tiempo real. “Es en eso en lo que realmente debería concentrarse la política estadounidense, un esfuerzo del siglo XXI”, manifestó.

No será fácil dada la tecnología actual. Aunque expertos en Internet me dicen que es posible extender las comunicaciones Wi-Fi bidireccional a las personas a las que el gobierno no les permite acceder a su nuevo cable de fibra óptica, el acceso será bastante limitado. De todos modos, la propuesta de Rubio toca la fibra más fina de la vulnerabilidad del gobierno cubano.

El papa, que inicia hoy una visita a Cuba, verá y escuchará lo que la dictadura militar quiere que vea y escuche, no el tipo de debate público del que hubiera sido testigo en un país normal. No verá lo que Rubio señala, disidentes cubanos envalentonados para quienes una “revolución” de hace medio siglo no les sirve y que, de tener acceso a comunicaciones en tiempo real, unirían fuerzas para derrocar a sus opresores.

“Si los cubanos pudieran comunicarse entre sí, si los cubanos de Santiago (de Cuba) pudieran entender lo qué está pasando en La Habana y viceversa”, dice Rubio, habría una verdadera oportunidad de cambio. “Si estos grupos pudieran enlazarse unos con otros y coordinar esfuerzos y conversaciones… el gobierno cubano no duraría mucho. Colapsaría bajo el peso de esa realidad”.

Algunos de los comentarios de Rubio sugieren que el legislador es demasiado optimista sobre la posibilidad de que la tecnología pueda crear puntos de conexión a Internet en la isla desde lejos. Pero si se pudiera, y cuando se pueda, no cabe duda de que los medios sociales jugarían un papel en fomentar el cambio, como lo hicieron, para bien o para mal, en el derrocamiento de Mubarak en Egipto.

En EE.UU., destacó Rubio, los medios sociales ya han hecho la diferencia. En referencia al movimiento del Tea Party dijo: “Hace 15 años, si uno quería organizar un grupo de personas para hacer prácticamente cualquier cosa política, necesitaba una organización grande y engorrosa para coordinarlo. Hoy cualquiera con acceso a Facebook y Twitter puede convertirse en un organizador, y está pasando en todo el país, está pasando en todo el mundo y pasará en Cuba”.

La crítica tradicional contra el embargo plantea que si una multitud de estadounidenses viaja a la isla, ello socavará el régimen. Los que están a favor del embargo, como Rubio, esgrimen, en cambio, que los extranjeros, al igual que todo en Cuba, están bastante controlados.

Mencioné que miles de estadounidenses ya visitan Cuba cada año en viajes “educacionales”, a lo que Rubio respondió secamente: “Clases de conga (y) charlas sobre ética ofrecidas por el gobierno de Castro, ese es el itinerario”.

Es un buen punto. Los turistas “educacionales” a Cuba son conducidos como manada a destinos pre-aprobados. Sus gastos durante las vacaciones van directamente a los bolsillos del ejército y regresan a casa encandilados con los campesinos educados que conocieron. Las empresas estadounidenses ahora también hacen negocios con Cuba, vendiéndole toda la comida y medicina que puede pagar. Aun así, este acuerdo no ha hecho nada para promover un cambio.

El régimen puede atacar físicamente muestras públicas de resistencia, como lo ha hecho con las Damas de blanco, que son golpeadas por matones contratados por Castro. Pero sería mucho más difícil aplacar protestas virales. Es por eso que Rubio quiere que nos “imaginemos qué pasaría si de pronto toda La Habana se convierte en una zona Wi-Fi”.

No es una mala idea, aunque la tecnología no esté disponible en la actualidad. Como dijo Rubio, si el pueblo de Cuba tiene acceso a la web, “Internet se encargará del resto, lo creo con todo mi corazón”.

Los Castro concuerdan, a juzgar por los extremos a los que están dispuestos a legar para evitar que eso suceda.

 

El Papa ruega a la Virgen de la Caridad por cubanos “privados de libertad”

  • Un portavoz del Vaticano indicó que es probable que se concrete una reunión entre el Papa y Fidel Castro.
Video: Youtube 27/03/2012

(Santiago de Cuba, 27 der marzo. AFP) -El Papa Benedicto XVI suplicó este martes a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, por los cubanos “privados de libertad”, rogándole que este país avance “por caminos de renovación y esperanza” en el futuro y también oró por el vecino pueblo de Haití.

El Papa dijo que ha “suplicado a la Virgen Santísima por las necesidades de los que sufren, de los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos o pasan por graves momentos de dificultad”, al finalizar su visita esta mañana al Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el más importante de la isla, donde se venera a la Virgen, muy popular entre los cubanos.

“He venido como peregrino hasta la casa de la bendita imagen de Nuestra Señora de la Caridad, ‘la Mambisa’, como ustedes la invocan afectuosamente”, dijo el pontífice ante cientos de fieles congregados fuera de la Basílica Menor de El Cobre.

Pidió a la vírgen para que los jóvenes “no sucumban a propuestas que dejan la tristeza tras de sí”, en alusión a la droga, el hedonismo, la prostitución y la permisividad sexual, que la Iglesia condena.

Evocó ante María a “los cubanos descendientes de aquellos que llegaron aquí desde África”.

También hizo un ruego especial por “la cercana población de Haití, que aún sufre las consecuencias del conocido terremoto de hace dos años”.

Según la tradición, una imagen de madera de ella, con la inscripción “yo soy la Virgen de la Caridad”, fue encontrada en el mar por dos pescadores indígenas y un esclavo negro en 1612. Fue llevada entonces a la mina de El Cobre, cerca de Santiago (sureste de la isla), y ha estado asociada a la historia de la liberación cubana, especialmente a la lucha contra la esclavitud en el siglo XIX.

“Su presencia (de la Virgen) en este poblado de El Cobre es un regalo del cielo para los cubanos”, agregó Benedicto XVI. Uno de los motivos de la visita papal es la celebración de los 400 años del hallazgo de la imagen de la Virgen.

“Reciban el cariño del Papa y llévenlo por doquier, para que todos experimenten el consuelo y la fortaleza en la fe. Hagan saber a cuantos se encuentran cerca o lejos que he confiado a la Madre de Dios el futuro de su Patria, avanzando por caminos de renovación y esperanza, para el mayor bien de todos los cubanos”, dijo.

“Que nada ni nadie les quite la alegría interior, tan característica del alma cubana. Que Dios los bendiga”, dijo.

El Papa viajará este martes a La Habana, donde tiene prevista en la tarde un encuentro con el presidente Raúl Castro. También podría reunirse con Fidel Castro, retirado del poder desde 2006 por problemas de salud.

El Papa Benedicto XVI tendrá la jornada más política en su visita a Cuba

Foto: OSSERVATORE ROMANO / VATICAN / AFP

El Papa Benedicto XVI tendrá este martes la jornada más política de su viaje a Cuba, en la que mantendrá un encuentro con el presidente Raúl Castro en el Palacio de la Revolución y tal vez con su hermano Fidel, mientras el régimen y los opositores esperan resultados contrapuestas de su visita.

El Papa, de 84 años, que el lunes terminó cansado al final de la primera misa pública que ofició debido al calor reinante en Santiago de Cuba (sureste), enfrenta un segundo día agotador en la isla.

Tiene previsto visitar el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, patrona de Cuba, en Cobre, a 30 kilómetros de Santiago, y luego viajará en avión a la capital, al otro extremo de la isla.

En el Palacio de la Revolución, centro del poder comunista, lo espera Raúl Castro, con quien debe abordar el estado de las relaciones entre el gobierno y una Iglesia convertida en interlocutor político privilegiado y muy activa en el terreno social, 14 años después de la histórica visita de Juan Pablo II.

Las especulaciones crecen en torno a la posibilidad de un encuentro entre el Papa y el presidente venezolano Hugo Chávez

Pero la expectativa estará puesta sobre todo en un posible y breve encuentro entre el Joseph Ratzinger y el padre de la revolución cubana, Fidel Castro, de 85 años, retirado del poder desde 2006. Aunque el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, advirtió prudentemente el martes en la noche que “no se sabe si sí, ni dónde” podría tener lugar, la reunión parece probable.

Exalumno de los jesuitas, Fidel Castro, que ha expresado su admiración por Juan Pablo II, manifestó su deseo de reunirse con el papa alemán, y el Vaticano manifestó la disponibilidad del Papa.

Las especulaciones también crecen sobre la posible presencia en esa cita del muy creyente presidente venezolano, Hugo Chávez, quien se trata de un cáncer en estos días en Cuba. Sin embargo, ninguna solicitud de audiencia ha sido formulada a la delegación del Papa, según el portavoz del Vaticano.

Aunque no hay ninguna reunión prevista entre el pontífice y la disidencia, su presencia en la isla eleva la temperatura en la oposición, y la Iglesia toma distancia de las protestas más llamativas.

Según un grupo de oposición, unos 150 activistas opositores han sido arrestados de manera preventiva en los últimos días para impedir que se manifiesten durante la visita del Papa.

La prudencia de Benedicto XVI, la ausencia de un llamado explícito por los presos políticos o por la libertad, son lamentadas por algunos de los disidentes.

El lunes, en la plaza de la Revolución de Santiago de Cuba, al inicio de la misa, un hombre vociferó “abajo el comunismo, abajo la dictadura”, antes de ser retirado por policías de civil. La muchedumbre, con recogimiento, pareció desaprobar ese grito que interrumpió el oficio religioso.

El fin de la visita es la “reconciliación”, insistió este martes el portavoz del Vaticano.

Asimismo, en el Palacio de la Revolución, está previsto un encuentro entre el secretario de Estado (número dos) del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, acompañado de su “ministro de relaciones exteriores”, monseñor Dominique Mamberti, y el vicepresidente cubano, José Ramón Machado Ventura.

Los temas candentes –presos políticos, levantamiento del embargo norteamericano contra Cuba, mayores derechos para los católicos en campos como la enseñanza- deben ser abordados en esta ocasión.

Pero la diplomacia vaticana, bajo Benedicto XVI, prefiere una acción discreta a declaraciones públicas.

Benedicto XVI dijo a su llegada desde México que lleva en su “corazón las justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos”, pero también pidió que los católicos luchen “con las armas de la paz, el perdón y la comprensión” para “construir una sociedad abierta y renovada”.

En el primer día, el presidente Raúl Castro estuvo presente en primera fila en la misa en Santiago de Cuba. En su discurso de bienvenida, incluso encontró un punto común con el papa: denunciar “la crisis moral” que afecta a la sociedad contemporánea.

Fidel Castro fue el mejor anfitrión de Juan Pablo II

 BBC Mundo

Fidel Castro recibe a Juan Pablo II en el aeropuerto José Martí en 1998

Juan Pablo II visitó Cuba entre el 21 y el 25 de enero de 1998.

El ex presidente de Cuba Fidel Castro fue probablemente el jefe de Estado que “mejor se preparó” para recibir al papa Juan Pablo II, según le dijo el fallecido pontífice al actual Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone.

“Juan Pablo II me confesó que probablemente ningún jefe de Estado se había preparado para su visita tan concienzudamente. (Castro) se había leído las encíclicas y los principales discursos e incluso alguna poesía”, afirmó Bertone en referencia a la visita del Papa a Cuba en enero de 1998.

El cardenal lo adelantó así en un artículo publicado en el diario vaticano L’Osservatore Romano que recoge algunos extractos del libro “Un corazón grande. Homenaje a Juan Pablo II”.

Editado por la Librería Vaticana, el libro saldrá a la venta próximamente y es un homenaje de la Santa Sede al papa Wojtyla con motivo de su beatificación, el próximo 1 de mayo.

La beatificación de Juan Pablo II se realizará en un plazo excepcionalmente corto en la historia moderna. La Iglesia católica atribuye esta celeridad a una necesidad de reconocer un reclamo que había de parte de sus fieles desde la muerte de Juan Pablo II en 2005.

“Muy positiva”

Juan Pablo II, según Bertone, tuvo una impresión “muy positiva” de esa visita histórica, en la que recorrió la isla y se entrevistó con Fidel Castro, “sobre todo por el entusiasmo del pueblo que conoció una especie de respiro de liberación gracias a la visita”.

“Fidel Castro mostró afecto por el Papa, que ya estaba enfermo, y Juan Pablo II me confió que posiblemente ningún jefe de Estado se había preparado tan a fondo para una visita de un Pontífice”, recuerda Bertone en su libro.

En su visita, Juan Pablo II criticó el embargo económico impuesto por Estados Unidos a la isla, aunque también fue crítico con el sistema cubano.

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