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El Senado argentino aprueba la expropiación de YPF

El Senado argentino aprueba la expropiación de YPF

El proyecto de ley recibe 63 votos a favor, 3 en contra y 4 abstenciones

Cristina Fernández consigue arrastrar a la mayoría con el argumento de que Repsol devuelve a Argentina la soberanía sobre sus hidrocarburos

Buenos Aires
El presidente del senado argentino, Amado Boudou, muestra el proyecto de ley aprobado por la Cámara. / JUAN MABROMATA (AFP)

La presidenta argentina, Cristina Fernández, ha logrado hoy el apoyo del Senado para expropiar la petrolera YPF al grupo español Repsol tras cerca de 15 horas de debate que permitieron a la oposición advertir que su respaldo no supone un cheque en blanco para la gestión de la mayor empresa del país.

El proyecto de ley ha sido aprobado por 63 votos a favor, 3 en contra y 4 abstenciones, en una jornada maratoniana en la que las acciones de la petrolera cayeron un 5,11 %.

El texto, que la próxima semana se someterá a votación en la Cámara de Diputados, declara de utilidad pública y sujeto a expropiación un 51% de las acciones de YPF propiedad de Repsol, titular de una participación total del 57,43% en la petrolera argentina. También prevé la expropiación de las acciones de Repsol en YPF Gas, la mayor distribuidora minorista de gas licuado de petróleo envasado de Argentina.

El oficialismo ha arrastrado a la mayoría del Senado con el argumento de que la expropiación de YPF a Repsol devuelve a Argentina la soberanía sobre sus hidrocarburos, aunque la oposición ha matizado su postura, ha cargado contra la política energética del Gobierno y ha advertido sobre la necesidad de garantizar un buen manejo de la petrolera.

Críticas a la familia Fernández

Las críticas han salpicado a Cristina Fernández, y a su esposo, el fallecido expresidente Néstor Kirchner, a quien varios senadores recordaron como uno de los defensores de la privatización impulsada por el expresidente Carlos Menem, aunque uno de los más cuestionados de la jornada fue el ministro de Planificación, Julio de Vido, que encabeza al equipo de interventores de YPF, y al que la oposición responsabiliza del problema energético del país.

El presidente del bloque radical, el principal partido de oposición, Luis Naidenoff, ha apoyado la propuesta oficialista pero ha sido tajante sobre los motivos que precipitaron la decisión del Gobierno de hacerse con el control de YPF: “Se avanzó con el proyecto porque la caja no cierra”. “Fue la coyuntura energética asfixiante la que motivó al oficialismo a iniciar este debate”, ha agregado el senador radical refiriéndose a los 14.000 millones de dólares que Argentina gastará este año en la importación de gas y petróleo.

Mario Cimadevilla, también radical, ha pedido una revisión de las concesiones petroleras y ha recordado que en su provincia, Chubut, la mayor productora de petróleo del país, y pese al conflicto que enfrenta a Buenos Aires con Londres por la soberanía de Malvinas, la británica British Petroleum (BP) explota el yacimiento más importante de Argentina como socia de Panamerican Energy (PAE). Según el senador, BP consiguió prórrogas y concesiones del Gobierno argentino en 2005 por 40 años “violentando la ley de hidrocarburos”.

Entre las voces más críticas se ha alzado la de María Eugenia Estenssoro, de la Coalición Cívica, hija de José Estenssoro, expresidente de YPF, que ha decidido abstenerse tras alertar contra un modelo de “hiperconcentración de la riqueza y el poder” y recordar que Kirchner apoyó “enérgicamente” la privatización de la petrolera en 1992. “No podemos subsanar ese grave error con otro acto de corrupción”, ha advertido Estenssoro, para quien “culpar a la gestión de Repsol por la mayor crisis petrolera de nuestra historia, es una simplificación y una trampa”.

En contra del proyecto ha votado Liliana de Alonso, de la Alianza Compromiso Federal, convencida de que “el fin no justifica los medios” y “la seguridad jurídica es un valor que debe ser preservado”.

Desde el oficialismo, los senadores cargaron con dureza contra la gestión de Repsol, e insistieron, como explicó Daniel Filmus, en que la aprobación de la iniciativa marca “un cambio de patrón de desarrollo, de soberanía y de modelo de Estado”.

La expropiación de YPF es un acto “derivado de una consecuente e imperiosa necesidad de concretar en materia energética la reversión fundamental de paradigmas que caracterizaron el neoliberalismo”, ha dicho el oficialista Marcelo Fuentes, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado.

Tras la aprobación del Senado, el proyecto de ley cumplirá el último trámite parlamentario en la Cámara de Diputados, previsiblemente el próximo 3 de mayo.

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Argentina: Con la soberanía se come, se educa y se cura

Argentina: Con la soberanía se come, se educa y se cura… – por Gabriela Pousa

¿Por qué florece el nacionalismo de los argentinos con la expropiación de YPF? ¿Cómo se explica la aparición de banderas en los balcones?

Guste o no, la semana que pasó vuelve a confirmar que quién sigue marcando la agenda es la Presidente. Magnifica o silencia un tema como y cuando le place. No hay límites en el horizonte, y sabe que puede hacer oscilar el humor social de manera que, aquellas especulaciones planteadas por algunos acerca de la preocupación de mandataria por la baja en las encuestas, no halla asidero en el marco de una sociedad volátil y pendular.

Es paradójico por otra parte, el comportamiento social, pues cuando los números son favorables a la jefe de Estado pocos confían en los datos, pero cuando éstos la muestran debilitada, se convierten en fervientes creyentes de la opinión popular. Hasta que no se acepte que nos movemos en microclimas que se mantienen cual ghettos, alejados de los demás, toda percepción del cauce político será una especulación más.

En ese contexto, muchos no comprenden la adhesión de un amplio margen del pueblo a la “expropiación” de YPF. Ciertamente no hay lógica que explique la repentina aparición de banderas en balcones, o esa creencia acaso infantil de ser ahora más soberanos que antes. Pero los sentimientos y las emociones no se explican con razones, y ante una ciudadanía dispersa y escindida, se beneficia el escenario para la manipulación de la autoridad.

Recuérdese que el “patrioterismo” comenzó a agitarse cuando la Presidente sacó de la galera a las islas Malvinas, en un claro testeo del clima imperante para otros avances. Una vez terminada la puesta en escena, se analizó fríamente la reacción de la gente. Se tuvo e cuenta que hasta gran parte de la llamada “oposición” se hizo eco de la causa, y lo que más gusta a la Presidente: la aplaudió en un salón de la Casa Rosada.

No había duda, el hábitat estaba presto para avanzar sobre Repsol YPF, y simultáneamente hacer el lanzamiento de la nueva estrella guía de la Presidencia: Axel Kicillof, irrumpió con todos los ingredientes del “estilo K”. Un heredero perfecto: soberbio, pagado de sí mismo, avieso y dispuesto a defender hasta la cuadratura del círculo. .

Lo que siguió a todo ello, fueron debates estériles y simplistas en demasía: estatizar o privatizar. La consigna se lanzó como todo en la Argentina, un Boca-River donde batirse a duelo por ideas que distan considerablemente de los móviles que llevaron al kirchnerismo a confiscar la petrolera. No coincidimos con quienes creen ver un avance del marxismo de la mano del viceministro, por el contrario, se deja ver sin sutilezas un oportunismo maestro.

Los Kirchner fueron gestores de la privatización de la empresa en los 90, ¿eso significa que en aquella década el matrimonio era adepto a Mises, Hayek o Ferguson? No, implica únicamente que les venía regio hacerse de los “morlacos” que dejaba la decisión de Carlos Menem.

Y lo mismo con éste. ¿Es hoy el ex presidente un convencido de la causa nacional y popular de los K? En absoluto, su convencimiento pasa por el deseo de mantener la libertad y ahuyentar las causas judiciales que lo podrían volver a rozar. Es cruda la realidad pero los patriotas en serio se extinguieron hace ya mucho tiempo…

Aunque aún hay capacidad de asombro, el kirchnerismo se maneja con una coherencia indiscutida desde el primer día. Avalaron la creación de AFJP para después mostrar como éxito el saqueo, vendieron en la campaña la imagen de Ella como componedora de relaciones internacionales, y terminó abriendo grietas allí donde la calma era profeta. Al perder las legislativas hablaron de diálogo, y muchos apostaron al mismo cuando, en rigor, los Kirchner jamás permitieron un pensamiento distinto. Hoy es justo decir que más allá de lo positivo o negativo que resulte este modismo, no hay otra fuerza en escena que demuestre mayor coherencia. Y es a partir de esta desde donde debe analizarse la coyuntura política.

¿Si la Presidente se le plantó a David Cameron por qué no lo haría frente a Mariano Rajoy? ¿No sabe acaso Cristina Fernández que la medida adoptada puede acarrear situaciones complejas en el mundo de las finanzas? Lo sabe con detalle pero su gobierno, desde que asumió, sólo atiende el “hoy”. Y hoy, la mandataria necesitaba el aplauso y las encuestas abultadas. En el trayecto verá cómo se tapan los baches que deja todo el resto. Durante 9 años les ha dado resultado. Ciertamente, nada es eterno pero hay una certeza que le da una ventaja inexpugnable a Cristina: nadie capitaliza errores y tropiezos. La orfandad de quienes optarían por una Argentina más racional, se mantiene sin que siquiera aparezca un tutor que los quiera adoptar.

Seguir debatiendo inútilmente si es conveniente o no el paso que ha dado el oficialismo, a esta altura carece de sentido, es casi como seguir polemizando si las AFJP deberían haber seguido en pie. El verdadero problema en todos los casos está en la falta de controles para que, estatales o privados, lleven a cabo una gestión. En síntesis, lo que falta, y en consecuencia hace que todo cambio sea al estilo gatopardo, es el cumplimiento a las reglas de juego. Pero también es absurdo esperarlo de parte de una gestión que no ha respetado siquiera la Constitución.

Todo hace prever que la nueva YPF terminará exactamente igual que la vieja, es decir operando sin inversión, sin lograr el cometido del autoabastecimiento que sirve hoy de bastión, es decir librada a la suerte de inexpertos sin control, cuya ideología no es marxista ni jacobina, ni siquiera kirchnerista: es lisa y llanamente, oportunista.

Patalear porque la Argentina se cierra al mundo, a esta altura es un poco cínico, el candado está puesto desde hace ya mucho tiempo. Rasgarse las vestiduras porque no vendrán inversiones a este suelo es dar por supuesto que, antes del proyecto de ley que se envió al Congreso, estaban llegando recursos a granel… Sincerémonos. Poco cambia en esencia, enfatiza en todo caso un modus operandi donde la hostilidad es método, el capricho demostración de fuerza, y el mediano-largo plazo una quimera.

La perspectiva energética es un enigma, en el “aquí y ahora” se la manejará metiendo mano en alguna caja oficial. El costo es incierto todavía, también lo es cómo se pagará, y nadie le ha puesto firma aún al cuento del “joint venture” chino. La certeza más fuerte es que aquel “Vamos por todo”, pasó de ser una consigna a ser raíz de una especie de fundamentalismo.

Cristina Kirchner necesitaba caja y poder, y fue por ambos. Habrá que ver, en lo sucesivo, cuáles son sus necesidades para saber qué rumbo tomará la Argentina, que no es sino la herramienta de la cuál se vale la Presidente, así como el tumbero se vale de una “chuza”, o el ladrón de una ganzúa.

Otra nacionalización argentina

Otra nacionalización argentina

Por MARY ANASTASIA O’GRADY

Nunca es una buena idea ceder a un chantaje. El extorsionista no estará satisfecho hasta sacar la última gota de sangre a su víctima. Pregúntele a Repsol, el gigante petrolero español. El historial de su relación con el gobierno de Argentina sugiere un crimen de naturaleza similar pero aplicado al riesgo soberano.

Hasta la semana pasada Repsol poseía 57% de la petrolera YPF de Argentina. Fue entonces cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció que su gobierno se apropiaría de 51% de la compañía. Todas las acciones que planea apropiarse pertenecen a Repsol.

Las nacionalizaciones en América Latina, en particular en el sector de la energía, no son nada nuevo. Sin embargo, las circunstancias que rodean la apropiación de Repsol por parte de Argentina podrían serlo. Demuestran de manera especial la naturaleza del kirchnerismo, un modelo económico que enriquece a los amigos del gobierno mientras conduce al país hacia la pobreza.

AFPCristina Fernandez de Kirchner comparte un chiste con el presidente de EE.UU. Barack Obama durante la Cumbre de las Americas en Cartagena.

Repsol se hizo con el control de YPF en una privatización en 1999. Parecía una buena idea en aquel momento. Pero luego ocurrió el colapso del peso en 2001-2002. La economía se contrajo profundamente y fue seguida de una crisis política. En 2003, Néstor Kirchner, esposo de Cristina y ex gobernador de la provincia de Santa Cruz fue elegido presidente con apenas 22% de los votos.

Kirchner necesitaba apuntalar su apoyo. Lo hizo mediante la demonización de las empresas y la promesa de redistribuir riqueza a los que no tenían, cuyo número había aumentado debido a la crisis. Denunció a los empresarios, condenó las ganancias y agitó la lucha de clases. Para contener la inflación tras la devaluación del peso, impuso controles de precios sobre los alimentos y el combustible. Los servicios públicos fueron golpeados con el congelamiento de las tarifas. Sin embargo, los salarios y los impuestos siguieron subiendo. Las empresas se referían a la lenta estrangulación provocada por el gobierno como a una “asfixia”.

Repsol estaba atrapada. El gobierno fijó el precio del barril de petróleo en US$42 y determinó que la producción petrolera de YPF no podría ser exportada hasta que la demanda argentina estuviera satisfecha. El negocio del gas natural era todavía más difícil. Repsol dice que los controles de precios combinados con los subsidios elevaron marcadamente la demanda, presionando al máximo los recursos de la compañía.

La relación entre el gobierno y la empresa española se volvió tensa. Pero después de haber realizado una gran inversión, Repsol no quería marcharse. De acuerdo con informes de la prensa apoyados por mis propias fuentes la empresa acordó permitir a Néstor Kirchner negociar para permitir el ingreso de un socio argentino, elegido por el mandatario. Ese socio, el Grupo Petersen, estaba encabezado por el banquero y magnate de la construcción Enrique Eskenazi, un aliado de Kirchner de larga data.

De acuerdo con los informes publicados en la prensa argentina y en The Wall Street Journal, la adquisición de casi 25,5% de YPF por parte de Petersen fue completada casi sin una cuota inicial. Repsol accedió a financiar la mayor parte de las acciones y préstamos bancarios financiaron el resto. Repsol dice que el Grupo Petersen aún le debe US$1.900 millones.

Repsol también acordó aumentar el pago de los dividendos a 90% de las ganancias. Mediante el uso de esos dividendos Petersen iba a pagar sus préstamos a Repsol, junto con unos US$680 millones en préstamos bancarios, según Bloomberg. La empresa pagó también un dividendo extraordinario sobre las ganancias retenidas para ayudar con el pago del préstamo.

¿Fue ese un intento para evitar la “asfixia”? Le pregunté a Repsol por qué había accedido a tal acuerdo y si estuvo de acuerdo con ello debido a que Kirchner, quien falleció en 2010, había intimidado a la compañía. Repsol, declinó hacer comentarios.

La adquisición de Petersen sin dinero inicial fue un negocio redondo y algunos argentinos se preguntaron si Kirchner lo había hecho motivado por la sola bondad de su corazón. Es una pregunta pertinente, ya que ambos gobiernos del matrimonio se han caracterizado por una falta de transparencia y han estado plagados por escándalos de corrupción. Es difícil responder porque no está claro quiénes son los propietarios de las acciones de Petersen Energy, con sede en Australia. Una fuente argentina dijo que esas acciones son emitidas al portador, lo que significaría que no hay ningún registro del a propiedad. Sin embargo, cuando consulté con Petersen si eso era cierto y además cómo financió la compra de las acciones de YPF, declinaron hacer comentarios. El gobierno argentino tampoco respondió a solicitudes de comentarios.

Cristina Kirchner, que asumió la presidencia en 2007, justifica la nacionalización acusando a Repsol de que no estaba cumpliendo con sus obligaciones de inversión. Repsol niega eso diciendo que desde 2006 “la inversión ha sido superior a las ganancias” y que la inversión en 2011 alcanzó un nivel récord.

Dado que YPF sólo mantiene 10% de sus ganancias después de los dividendos, esa inversión requirió un alto endeudamiento y la deuda de YPF se incrementó considerablemente entre 2007 y 2011. Sin embargo, Repsol afirma que hasta noviembre de 2011 el gobierno no tenía más que cosas buenas para decir de YPF.

Fue entonces cuando la compañía anunció que había descubierto la tercera reserva de gas de esquisto más grande del mundo en un lugar llamado Vaca Muerta. Seis meses más tarde, Kirchner anunció que Repsol perdería YPF. Aparentemente, ella decidió que Repsol había dejado de serle útil. Así es como funcionan las cosas en la Argentina de hoy.

 

No llores por mí, Argentina

No llores por mí, Argentina

Mariano Guindal
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Mi hija tiene un novio argentino que se llama Rodrigo y yo estoy orgulloso de que sea así. Argentina y los argentinos siempre me han caído bien, y no he cambiado de opinión porque Repsol haya sido expropiada por el Gobierno de aquel país. Esto no es la Guerra de las Malvinas, sino un problema comercial que deberá solventarse en los tribunales internacionales.

Que un Gobierno bisoño lo haya convertido en un problema diplomático no es razón para que olvidemos que somos dos países hermanos. Solo hay que pisar suelo argentino para sentirlo. Tampoco deberíamos olvidar que fueron los argentinos quienes nos aliviaron el hambre en el 39 y quienes acogieron a nuestros exiliados políticos y a nuestros emigrantes económicos que no tenían cabida en España. Porque tengo memoria histórica, cuando escucho a Madonna cantar ‘Don’t Cry for Me Argentina’ en el excelente musical Evita (1996) de Alan Parker se me sigue poniendo la piel de gallina: “No llores por mí, Argentina / Mi alma está contigo… / No te alejes, te necesito… / Mentiras dijeron de mí… / Abrir mi ventana y saber / Que nunca me vais a olvidar / No llores por mí, Argentina”.

Les pediría a los ministros de Industria, José Manuel Soria, y de Exteriores, José Manuel García-Margallo, que se lo piensen dos veces antes de seguir con esta espiral que no nos lleva a ninguna parte. Que piensen que en Argentina están instaladas cerca de quinientas empresas españolas y ninguna, que yo sepa, ha sido perseguida ni está haciendo las maletas para irse.

¿Qué pasaría si Endesa dejase de hacer las inversiones comprometidas y se generalizasen los cortes de luz? Enel, su accionista de referencia, siempre podría decir que está harto de perder dinero porque se le obliga a vender la electricidad por menos de lo que les cuesta producirla. Y entonces ¿qué?, señor Soria.

Mariano Guindal, periodista económico.

La batalla que Argentina sí ganó

La batalla que Argentina sí ganó

Treinta años después de la guerra de Las Malvinas, Cristina Fernández expropia YPF enarbolando la soberanía nacional. Estas son las claves de la decisión

Buenos Aires
La mano de la presidenta de Argentina sujetando un tubo con una muestra de petróleo de YPF. / AP

A lo largo de su andadura como presidente de Repsol, Antonio Brufau ha negociado con líderes mundiales en situaciones un tanto peculiares. Muamar el Gadafi lo atendió varias veces en su jaima de Trípoli mientras en la puerta ordeñaban las cabras y pastoreaban los camellos; el boliviano Evo Morales lo recibió a las cinco de la mañana en La Paz; con el presidente Hugo Chávez departió mientras el mandatario venezolano conducía un Mercedes desde la Gran Vía de Madrid hasta el aeropuerto de Barajas, y Fidel Castro le concedió audiencia a las dos de la madrugada en La Habana.

En la Casa Rosada, sede del Gobierno argentino, Brufau tuvo que esperar a veces varias horas para acceder al despacho presidencial. Pero cuando llegaba acompañado de Sebastián Eskenazi, el hombre al que vendió el 25% de Repsol-YPF cuando Néstor Kirchner le obligó a argentinizar la compañía, no esperaba ni un minuto. Eskenazi era íntimo amigo de los Kirchner. Néstor y Cristina vieron con muy buenos ojos en 2008 que los Eskenazi pagaran solo el 10% de las acciones que compraron. Para el resto, pedirían créditos. ¿Y cómo pensaban los Eskenazi pagar los créditos? Con el dinero que les abonase la empresa en el reparto de dividendos. “Así me compro yo también la Coca-Cola”, dijo esta semana el periodista argentino Jorge Lanata. La operación le pareció un tanto extraña entonces a algunos analistas argentinos, y les sigue pareciendo extraña. Pero entonces, casi todo el mundo parecía contento: Brufau, los Kirchner y, por supuesto, los Eskenazi.

Brufau trabó relaciones muy fluidas con el ministro de Planificación, Julio de Vido, responsable de la política energética del país en los últimos nueve años. El presidente de Repsol conocía bien a la gente que era necesario conocer bien: los empresarios, los periodistas más influyentes, los gobernadores de las provincias petroleras, los consultores de energía más prestigiosos… Y cuando murió Néstor Kirchner, en 2010, no perdió la brújula en los laberínticos pasillos del poder peronista. Unos ministros llegaban, otros se iban, pero Julio de Vido seguía ahí. Y los Eskenazi continuaban manteniendo buenas relaciones con la presidenta. Hasta el año pasado, ella elogiaba su gestión empresarial en público y lo trataba de Antonio ante las cámaras.

De pronto, a principios de 2011, lo que era blanco se volvió negro

De pronto, a principios de diciembre de 2011, todo lo que era blanco se volvió negro. De Vido empezó a pedir que la empresa invirtiera más en explorar y producir petróleo. De Vido había acudido con su esposa en varias ocasiones a la casa porteña de Brufau. Pero el trato se enfrió de pronto. El fino olfato de Brufau no tuvo que esmerarse mucho para darse cuenta de que las cosas estaban cambiando. Las cuentas no cuadraban en el país. El año pasado Argentina tuvo que importar hidrocarburos por valor de 10.000 millones de dólares (7.500 millones de euros), y para este año se prevé que sean por lo menos 9.000 millones. ¿Responsable? Repsol-YPF, que solo representa un tercio de la producción en Argentina. ¿Por qué nunca denunció De Vido esa situación y el representante en la dirección de YPF por parte del Estado, Roberto Baratta, vino aprobando todas las decisiones del directorio durante los últimos años? La situación recordaba demasiado a la escena de Casablanca en la que el oficial francés que solía jugar en el casino cierra el local porque de pronto descubre que ahí se juega.

Repsol aportó cifras en las que mostraba que en 2001 tenía 8.867 empleados directos y el año pasado 16.048. Enseñó cuadros con datos del propio Gobierno en los que se veía cómo el año 1999, cuando compró YPF, invirtió 1.000 millones de dólares, y desde entonces había venido aumentando la cifra casi todos los años hasta los 2.990 millones de 2011. Para 2012 prometía 3.500 millones de dólares. Pero sus interlocutores decían que eso no era suficiente, que había descendido mucho su producción. Antonio Brufau viajó varias veces desde Madrid a Buenos Aires para explicar que la mayoría de los pozos eran maduros, es decir, muy explotados y con pocas reservas.

De Vido, responsable de la política energética de los últimos años, debía saberlo. Pero de pronto, el interlocutor válido ya no era De Vido. Ahora se presentaba a las reuniones un hombre de 41 años y patillas de hacha, vestido sin corbata, que nunca antes había puesto un pie en el complejo mundo de la industria petrolera. Se trataba de Axel Kicillof, el viceministro de Economía. Su discurso estaba en las antípodas de lo que Brufau representaba, pero era amigo de Máximo Kirchner, hijo de la presidenta. Y, sobre todo, era el hombre a quien la presidenta parecía escuchar. Brufau creía que Kicillof estaba preparando un borrador para expropiarle. Quería negociar directamente con la presidenta, pero ella no le atendía. Los gobernadores petroleros empezaron a revertir áreas de explotación y Repsol-YPF fue perdiendo valor en Wall Street.

Finalmente, el lunes 16 de abril, después de cuatro meses de acoso y derribo, Cristina Fernández anunció la expropiación de YPF. No había que encargar muchas encuestas para darse cuenta de que nueve de cada diez argentinos se mostrarían favorables a la medida. En España no hay ninguna empresa que se pueda comparar ni remotamente con YPF en cuanto a la carga identitaria y sentimental que esa marca representa para los argentinos. YPF fue la primera explotación estatal petrolera del mundo. Estuvo presente en la mitad de los 200 años de vida que tiene el país y representa la nostalgia de la soberanía energética perdida, de todo lo que se podía haber sido y no se es.

Ante esos sentimientos, poco podían hacer las cifras de Brufau. El presidente de Repsol insistía en que la empresa solo representaba un tercio de la producción y se la estaba discriminando. Pero Kicillof la responsabilizó del 71% de la caída en la producción del petróleo en el último año y del 70% en la producción de gas.

Axel Kicillof toma las riendas de la política energética

Al día siguiente de la expropiación, Kicillof expuso el proyecto de ley, durante dos horas y media ante todos los senadores de Argentina. No faltaron en su discurso menciones a España y a elefantes. También a cerdos. “Los llamados PIGS. PIGS es el nombre con el que bautizó el stablishment económico… pigs, ¡cerdos!, a algunas economías europeas como Portugal, Italia, Grecia, España. Pigs, hay peipers [papers, documentos] de grandes economistas llamándolos cerdos. Le pido a España que recupere la dignidad en este sentido, que mire lo que le están recomendando la derecha y los guitarristas de libre mercado. ¡Y cómo los llaman! Después de haber cumplido con esas recetas tienen grandes problemas económicos. Pero los grandes problemas económicos no es ese default de la deuda externa en el que iba a caer Grecia exclusivamente. Los problemas económicos que mira este Gobierno y que no están en los libros de texto son el desempleo, el nivel salarial, el nivel de las jubilaciones, el bienestar de la gente. Esos son los problemas, los grandes y gravísimos problemas económicos. No lo que hace el Estado argentino con una empresa… ¡argentina!”.

Manifestación a favor de la expropiación de YPF. / REUTERS

Con un evidente dominio de la oratoria, Kicillof escenificó lo que ya se venía comentando en Argentina. La Cámpora, la asociación juvenil que lidera Máximo Kirchner, se estaba afianzando en el poder. De Vido había sido nombrado interventor de YPF, pero Kicillof será su director adjunto y jugará un papel clave en el sector energético. De entrada, ya advirtió que los empresarios como Brufau no tienen nada que enseñarle. “Cuando se trata de empresarios extranjeros, ¿qué van a saber de lo que estamos haciendo acá? ¿Qué van a creer, en que estamos convencidos de lo que estamos haciendo y que lo estamos llevando por una senda responsable y que ha dado frutos completamente distintos de lo que está ocurriendo en situaciones de países europeos como la propia España? Que nosotros ya hemos probado el gusto amargo de ajuste. Y ya sabemos que cuando hay una profunda crisis, lo peor que se puede hacer es pensar que el Estado es malo, que el Estado es el problema. El Estado es la solución. Y lo hemos visto en la Argentina. No estoy dándole consejos a España. Simplemente digo que cuando hay recesión y crisis el Estado se vuelve en un actor clave para revitalizar la demanda y la producción. Entonces, el ajuste del poder adquisitivo de los jubilados lo hemos vivido nosotros. (…) ¿Cómo vamos a retirar al Estado de funciones vitales? Estos empresarios como Brufau, ¿qué va a entender lo que estamos haciendo, cuando está pensando en la expansión trasnacional de un grupo que lo ha hecho en buena medida a expensas de los dividendos girados por nuestra compañía petrolera?”.

Un analista argentino subraya el atractivo de la figura de Kicillof. “Seguramente, en España, con la crisis que atraviesa, esas palabras contra los excesos del libre mercado pueden resultar muy atractivas. Y como personaje literario es muy interesante: un profesor de economía de aspecto juvenil que le planta cara al gigante de Repsol y habla más de dos horas en el Senado con el dedo índice levantado. Pero ese señor va a estar al frente de YPF. A los españoles les puede resultar muy simpático y atractivo un personaje así. Pero seguro que no querrían tenerlo al frente de Repsol”.

Nueve de cada diez argentinos apoyan la medida, según las encuestas

Algunos analistas se muestran apesadumbrados por la decisión de expropiar. Creen que una vez más Argentina ha vivido un sentimiento malvinero de euforia nacional colectiva que terminará pagando caro. Pero esas voces son muy escasas. Mientras arreciaban el viernes los mensajes de reprobación internacional de la Unión Europea y de EEUU, Cristina Fernández de Kirchner seguía envolviéndose en los grandes sentimientos de la bandera de Argentina. En su cuenta de Twitter, con un millón de seguidores, se pudo leer: “Desde allá, desde Casa Rosada, miramos al país de frente, hacia el Norte, el Sur, el Centro, toda esa inmensa geografía que estaba esperando”. Y después: “Quiero agradecer porque es hora de que la Argentina inicie una etapa diferente, de grandeza, donde los que están en la oposición también apoyen”. En efecto, casi toda la oposición en pleno apoyó la medida en el Senado. Hasta uno de los hombres más defenestrados del país, el senador peronista Carlos Menem, que fue quien privatizó YPF votó a favor de la expropiación.

“La gente siente que recuperó algo que le pertenece”, señala Víctor Bronstein, director del centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad. “Es un sentimiento popular y hay que respetarlo. Ahora queda por saber si la empresa estatal puede hacerse cargo del problema. Yo creo que contamina el funcionamiento de la empresa el hecho de que las provincias tengan poder en el directorio. La presidenta compara a Petrobras como empresa mixta que funciona bien. Pero en Brasil, donde los Estados tienen más autonomía que en Argentina, los recursos de petróleo y gas pertenecen a la nación, no se negocian con las provincias, no tiene sentido”.

Bronstein cree que la crítica que se le hace a Repsol en cuanto a que decidió invertir más en producir que en explorar es relativa, porque va en contra de los propios intereses de la compañía. “Toda empresa petrolera sabe que tiene que mantener un nivel de reserva, porque si no se le acaba el negocio”. Sin embargo, Bronstein cree que Repsol decidió explorar menos porque priorizó inversiones internacionales. “Solo actuó cuando le apretaron el zapato. Y ya era demasiado tarde”.

Jorge Lapeña, secretario de Energía de Raúl Alfonsín (1983-1989), también coincide en que “faltó exploración”. Pero no culpa tanto a la empresa como al Gobierno que lo toleró. “Todas las empresas privadas exploran menos pozos en Argentina que la mitad de lo que exploraba la YPF estatal ella sola en la década de los ochenta. El Estado ha fracasado como fiscalizador y planificador”, señala. El antiguo secretario de Alfonsín es una de las pocas voces que se han pronunciado en Argentina contra las formas en que las provincias quitaron concesiones a YPF: “Creo que se tenía que haber hecho una auditoría integral de todos los permisos de exploración y concesiones de todas las empresas”.

En cuanto, a la forma sincronizada en que se ejecutó la expropiación, obligando a los directivos de Repsol-YPF a desalojar la empresa en el mismo momento en que la presidenta anunciaba el proyecto de ley, Kicillof aportó sus razones: había que descubrir los secretos mejor guardados de la empresa. No había nada personal. Solo negocios.

Argentina: dan ganas de llorar

Dr. Ray Walser 2012-04-22

Argentina: dan ganas de llorar

&quote&quoteComo su amigo y patrón Hugo Chávez (y como Evita) la presidenta Fernández cree que los recursos, ahorros y propiedades de una nación existen para servir fines partidistas.
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Parada ante un mural de Eva Duarte Perón (esposa del legendario hombre fuerte de Argentina Juan Domingo Perón y “primera dama del populismo”) la recientemente reelegida presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner desvelaba un plan para hacerse con la mayoría de la propiedad de la principal compañía energética de Argentina, YPF, y devolverla al control estatal.

“Somos el único país de Latinoamérica, y casi del mundo, que no maneja sus recursos naturales”, dijo. “Esto es la recuperación de la soberanía de los recursos naturales de Argentina”.

El país tomaría el control mayoritario de YPF, que actualmente tiene como su propietario mayoritario a Repsol, una empresa energética española. La principal queja presentada contra Repsol es que no ha hecho suficientes inversiones en desarrollo energético. Como su amigo y patrón Hugo Chávez (y como Evita) la presidenta Fernández cree que los recursos, ahorros y propiedades de una nación existen para servir fines partidistas.

Altos cargos europeos advirtieron de que la nacionalización tendría un escalofriante efecto sobre la inversión extranjera en Argentina. Por ejemplo, Catherine Ashton, alta representante de la Unión Europea para asuntos exteriores, se “inquietó al fijarse en que la presidenta se refirió en su discurso a las inversiones en otros sectores tales como las telecomunicaciones y la banca”. El presidente de México Felipe Calderón fue incluso más categórico: “Nadie en sus cinco sentidos invierte en un país que expropia las inversiones”. El presidente del gobierno español, el conservador Mariano Rajoy, que está batallando con unos desafíos económicos nacionales de gran magnitud, prometió represalias justificadas mientras Madrid lucha por conservar la calma financiera.

El movimiento contra Repsol llega en un momento en el que Argentina se ha dedicado a una estrategia igualmente nacionalista y depredadora, aplicando presiones diplomáticas y económicas en un intento de obligar a Gran Bretaña a abandonar las islas Malvinas. Además del tradicional nacionalismo argentino, uno de los factores subyacentes que motivan la actual agresividad ha sido la exploración petrolífera en torno a las Malvinas.

La repercusión de este movimiento sigue siendo incierta. Algunos comentaristas reconocen la capacidad de las naciones poseedoras de energía de nacionalizar, de romper contratos o de gravar con penalizaciones con relativa impunidad dada la gran demanda y las inmensas cantidades de capital global que buscan un lugar para invertir. The Economist observó que la presidenta Fernández “ya había arruinado la reputación de Argentina como un lugar seguro para hacer negocios mucho antes de la nacionalización de YPF”. The Wall Street Journal denominó la medida como “matonesca” y pidió la expulsión de Argentina del G-20.

Al igual que con su postura de neutralidad sobre las Malvinas (o las Maldivas como las llamó Obama por error) la primera inclinación de la administración Obama es la de negar que existe un problema. Como recitó el portavoz de prensa del Departamento de Estado el 17 de abril: “La importancia de que nos suscribimos o adscribimos a la diversidad de los recursos energéticos. Creemos que es el mejor camino a tomar”.

Mientras la administración baila su particular tango con otro espinoso asunto argentino, respecto a una cosa hay relativa certeza: cuando se trata de operar con la economía, tanto Fernández de Kirchner como Obama comparten la creencia en sus capacidades para desafiar las leyes de la gravedad en economía.

Otra nacionalización argentina

Otra nacionalización argentina

Por MARY ANASTASIA O’GRADY

Nunca es una buena idea ceder a un chantaje. El extorsionista no estará satisfecho hasta sacar la última gota de sangre a su víctima. Pregúntele a Repsol, el gigante petrolero español. El historial de su relación con el gobierno de Argentina sugiere un crimen de naturaleza similar pero aplicado al riesgo soberano.

Hasta la semana pasada Repsol poseía 57% de la petrolera YPF de Argentina. Fue entonces cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció que su gobierno se apropiaría de 51% de la compañía. Todas las acciones que planea apropiarse pertenecen a Repsol.

Las nacionalizaciones en América Latina, en particular en el sector de la energía, no son nada nuevo. Sin embargo, las circunstancias que rodean la apropiación de Repsol por parte de Argentina podrían serlo. Demuestran de manera especial la naturaleza del kirchnerismo, un modelo económico que enriquece a los amigos del gobierno mientras conduce al país hacia la pobreza.

AFPCristina Fernandez de Kirchner comparte un chiste con el presidente de EE.UU. Barack Obama durante la Cumbre de las Americas en Cartagena.

Repsol se hizo con el control de YPF en una privatización en 1999. Parecía una buena idea en aquel momento. Pero luego ocurrió el colapso del peso en 2001-2002. La economía se contrajo profundamente y fue seguida de una crisis política. En 2003, Néstor Kirchner, esposo de Cristina y ex gobernador de la provincia de Santa Cruz fue elegido presidente con apenas 22% de los votos.

Kirchner necesitaba apuntalar su apoyo. Lo hizo mediante la demonización de las empresas y la promesa de redistribuir riqueza a los que no tenían, cuyo número había aumentado debido a la crisis. Denunció a los empresarios, condenó las ganancias y agitó la lucha de clases. Para contener la inflación tras la devaluación del peso, impuso controles de precios sobre los alimentos y el combustible. Los servicios públicos fueron golpeados con el congelamiento de las tarifas. Sin embargo, los salarios y los impuestos siguieron subiendo. Las empresas se referían a la lenta estrangulación provocada por el gobierno como a una “asfixia”.

Repsol estaba atrapada. El gobierno fijó el precio del barril de petróleo en US$42 y determinó que la producción petrolera de YPF no podría ser exportada hasta que la demanda argentina estuviera satisfecha. El negocio del gas natural era todavía más difícil. Repsol dice que los controles de precios combinados con los subsidios elevaron marcadamente la demanda, presionando al máximo los recursos de la compañía.

La relación entre el gobierno y la empresa española se volvió tensa. Pero después de haber realizado una gran inversión, Repsol no quería marcharse. De acuerdo con informes de la prensa apoyados por mis propias fuentes la empresa acordó permitir a Néstor Kirchner negociar para permitir el ingreso de un socio argentino, elegido por el mandatario. Ese socio, el Grupo Petersen, estaba encabezado por el banquero y magnate de la construcción Enrique Eskenazi, un aliado de Kirchner de larga data.

De acuerdo con los informes publicados en la prensa argentina y en The Wall Street Journal, la adquisición de casi 25,5% de YPF por parte de Petersen fue completada casi sin una cuota inicial. Repsol accedió a financiar la mayor parte de las acciones y préstamos bancarios financiaron el resto. Repsol dice que el Grupo Petersen aún le debe US$1.900 millones.

Repsol también acordó aumentar el pago de los dividendos a 90% de las ganancias. Mediante el uso de esos dividendos Petersen iba a pagar sus préstamos a Repsol, junto con unos US$680 millones en préstamos bancarios, según Bloomberg. La empresa pagó también un dividendo extraordinario sobre las ganancias retenidas para ayudar con el pago del préstamo.

¿Fue ese un intento para evitar la “asfixia”? Le pregunté a Repsol por qué había accedido a tal acuerdo y si estuvo de acuerdo con ello debido a que Kirchner, quien falleció en 2010, había intimidado a la compañía. Repsol, declinó hacer comentarios.

La adquisición de Petersen sin dinero inicial fue un negocio redondo y algunos argentinos se preguntaron si Kirchner lo había hecho motivado por la sola bondad de su corazón. Es una pregunta pertinente, ya que ambos gobiernos del matrimonio se han caracterizado por una falta de transparencia y han estado plagados por escándalos de corrupción. Es difícil responder porque no está claro quiénes son los propietarios de las acciones de Petersen Energy, con sede en Australia. Una fuente argentina dijo que esas acciones son emitidas al portador, lo que significaría que no hay ningún registro del a propiedad. Sin embargo, cuando consulté con Petersen si eso era cierto y además cómo financió la compra de las acciones de YPF, declinaron hacer comentarios. El gobierno argentino tampoco respondió a solicitudes de comentarios.

Cristina Kirchner, que asumió la presidencia en 2007, justifica la nacionalización acusando a Repsol de que no estaba cumpliendo con sus obligaciones de inversión. Repsol niega eso diciendo que desde 2006 “la inversión ha sido superior a las ganancias” y que la inversión en 2011 alcanzó un nivel récord.

Dado que YPF sólo mantiene 10% de sus ganancias después de los dividendos, esa inversión requirió un alto endeudamiento y la deuda de YPF se incrementó considerablemente entre 2007 y 2011. Sin embargo, Repsol afirma que hasta noviembre de 2011 el gobierno no tenía más que cosas buenas para decir de YPF.

Fue entonces cuando la compañía anunció que había descubierto la tercera reserva de gas de esquisto más grande del mundo en un lugar llamado Vaca Muerta. Seis meses más tarde, Kirchner anunció que Repsol perdería YPF. Aparentemente, ella decidió que Repsol había dejado de serle útil. Así es como funcionan las cosas en la Argentina de hoy.

 

Argentina, una lección de lo que no se debe hacer

Argentina, una lección de lo que no se debe hacer

GODOFREDO RIVERA

En 1895 el ingreso per cápita de la Argentina  era similar al de Bélgica, Alemania y Holanda, y superior al de Austria, Italia, Noruega, España, Suecia y Suiza. Durante las tres décadas siguientes, Argentina prosperó de manera espectacular que llegó a ser considerado de entre los 10 países más ricos del orbe. Sus ricas planicies, ideales para la producción agrícola, hacía muy rentable invertir en ese país. Los salarios eran tan atractivos que los trabajadores del sur de Europa atravesaban el Atlántico para trabajar aunque fuera unos cuantos meses en la Argentina durante la temporada de cosechas.

 

Impulsado por sólidas exportaciones agrícolas, capitales extranjeros (esos que ahora huyen y huirán más a medida que avance el socialismo en esa nación) y por la masiva inmigración desde Italia y España, el crecimiento económico argentino figuró de entre los más altos del mundo entre 1870 y 1930.

 

¿Cuál fue el secreto que llevó al desarrollo pleno de la Argentina? Sencillo, en esta página lo hemos demostrado contundentemente: la sólida definición de los derechos privados de propiedad, el mínimo intervencionismo gubernamental y una economía de libre mercado abierta al resto del mundo. Argentina era un país capitalista con instituciones y leyes que garantizaban la prosperidad.

 

Lamentablemente, llegó la gran depresión de los años treintas y el proteccionismo comercial se impuso de modo tan implacable en EU y Europa, que sembraron el caldo de cultivo para la llegada de regímenes populistas totalitarios como las dictaduras militares y el llamado peronismo (por Juan Domingo Perón, un  populista y fascista de la derecha). Durante los años cincuentas estos regímenes represores y socialistas convirtieron al sano capitalismo argentino de libre mercado, en uno de capitalismo de Estado, en donde éste expropió a la industria de los ferrocarriles, de aviación, a los bancos y a otras muy diversas empresas del sector privado (muy al estilo de lo que quiere hacer el peje si llega al poder).

 

Aunado al estatismo enfermizo, las políticas fiscales y monetarias irresponsables llevaron a ese país a niveles de elevado endeudamiento e hiperinflaciones crónicas. Fue el proceso perfecto para involucionar del desarrollo al subdesarrollo. Argentina ya no era más la nación rica sudamericana (y una de las más prósperas en América junto con EU y Canadá), sino un país latinoamericano más del tercer mundo.

 

Definitivo, en donde se impone el socialismo (el Estado asume el control total o cuasi total de los medios de producción), se termina la prosperidad y se asfixian las libertades económicas y políticas más esenciales.

 

En los años noventas, del siglo pasado, el colapso soviético reavivó el ánimo capitalista, y bajo el régimen del presidente argentino, Saúl Menem, se reiniciaron diversas reformas de mercado. Después de la hiperinflación de 1989, Argentina comenzó un proceso de estabilización monetaria (se instauró una especie de caja de conversión, para supuestamente evitar que el gobierno  imprimiera billetes irresponsablemente a través del banco central), se reprivatizaron numerosas empresas paraestatales y se liberalizaron los mercados con el resto del mundo. Resultado de estas medidas capitalistas, Argentina regresó a la vía del crecimiento. Entre 1991 y 1994 la economía tuvo un espectacular crecimiento promedio de 30% y la productividad creció en promedio a una tasa del 6% anual.  Parecía el regreso de la Argentina al primer mundo. Lamentablemente, jamás hubo candados sólidos al equilibrio fiscal y los gobiernos de las provincias comenzaron a gastar irresponsablemente, de tal modo que para finales de los noventas y principios del actual siglo, Argentina se encontraba muy endeudada, y lo peor, el gobierno rompió el candado monetario y discrecionalmente se puso nuevamente a imprimir billetes, lo que aunado a la fuga de capitales, llevó a la devaluación (de golpe) del peso argentino en más de 200%. Para el año 2001, Argentina tuvo una caída en el ingreso per cápita a niveles de los años de 1992 y 1993. Otra vez el subdesarrollo.

 

¿El culpable? Como siempre, la superficialidad aflora en los políticos (y se refleja en los mismos electores), y lo más fácil era culpar al mal llamado neoliberalismo (que para la izquierda significa capitalismo de libre mercado; lo detestan porque achica al Estado que tanto adoran) de todos los males y regresar nuevamente al populismo estatista.

 

A los argentinos se les olvida que la caída de su economía no se debió a las reformas de libre mercado, sino a factores externos como la crisis de México de 1994 que contagió a otros mercados y las secuelas de la crisis de Asia, y sobre todo, la crisis argentina fue causada por gobiernos gastalones que se tragaron toda la riqueza creada por las reformas de libre mercado. Las causas de la debacle argentina están en la irresponsabilidad fiscal, en el rompimiento del orden monetario, así como en el estatismo enfermizo (vía los numerosos controles de precios impuestos a las empresas privadas energéticas), no en las reformas de libre mercado.

 

Lamentablemente ello llevó al país sudamericano a revivir el socialismo ramplón mediante la llegada al poder de los socialistas Kirchner.

 

Durante la etapa de los Kirchner, el gobierno ha impuesto numerosos controles de precios, ha elevado los subsidios y el gasto público, ha elevado los impuestos a las empresas más prosperas, ha regresado al proteccionismo comercial (retomando los sofismas del argentino Raúl Prebish), ha robado el ahorro de los trabajadores (la confiscación de las pensiones privadas, vil robo), ha reestatizado empresas, ha revivido la inflación, ha maquillado las cifras macroeconómicas (Argentina crece pero con inflación elevada, lo que es tramposamente negado por el gobierno) y la última, ha realizado el robo accionario a la empresa petrolera española Repsol (empresa privada).

 

Si el gobierno argentino cree que el descubrimiento de grandes yacimientos de gas, justifica que el Estado se apropie del recurso natural para volverse una nación rica, se equivoca rotundamente. Deberían de revisar el caso mexicano de la expropiación petrolera. De cómo el petróleo, lejos de ser un factor que haya llevado a México al desarrollo económico pleno, lo ha mantenido en el subdesarrollo; la propiedad estatal es el principal obstáculo para que ésta empresa opere de manera rentable. Si no fuera por el precio altísimo y por la ventaja comparativa que permite extraer crudo a bajo costo, desde hace años Pemex ya habría desaparecido. Hoy su quiebra técnica sólo es sostenida por los contribuyentes. Sin impuestos que mantengan a Pemex ya habría quebrado y salido del mercado.

 

Para los mexicanos el caso argentino debe ser una lección, debemos votar por el candidato menos estatista (que definitivo, no es el socialista López Obrador), tener la conciencia de jamás regresar al populismo monetario y fiscal, y por sobre todo, saber de la importancia de la sólida protección de los derechos privados de propiedad, Recordar (lo que olvida el gobierno argentino) que cuando un país otorga, vía un marco institucional vigoroso, sólidos derechos de propiedad, entonces se crea un escenario que favorece el surgimiento de patentes, innovaciones, que hace que todos los activos económicos se vuelvan muy valiosos. Lo anterior se traduce en que los bancos e inversionistas, nacionales y extranjeros, buscan adquirir estos activos y/o expandirlos vía créditos, lo que se traduce en cuantiosas inversiones que hacen que las naciones prosperen y se vuelvan desarrolladas. Hacer lo contrario, como expropiar empresas sólo siembra las semillas del subdesarrollo.

 

Definitivo, Argentina, una lección para México. Una lección sobre lo que NO hay que hacer en materia económica.

Argentina contra España

Argentina contra España

 

Un grupo de manifestantes expresa en Buenos Aires su apoyo a la propuesta de la presidenta argentina, Cristina Fernández, de expropiar las acciones de Repsol en la petrolera YPF.
Un grupo de manifestantes expresa en Buenos Aires su apoyo a la propuesta de la presidenta argentina, Cristina Fernández, de expropiar las acciones de Repsol en la petrolera YPF.

Natacha Pisarenko / AP

Carlos Alberto Montaner

España no tiene cómo lograr que los argentinos compensen adecuadamente a Repsol por la expropiación de la empresa. Es una batalla perdida. Los argentinos pagarán lo que les dé la gana y cuando les dé la gana. Hace una década declararon la suspensión de pagos de la deuda soberana, algo mucho más grave, y no pasó nada. Impunidad total. Borges opinaba que los peronistas no eran ni buenos ni malos. Eran incorregibles. Tenía razón. Este episodio lo demuestra.

Al gobierno de Cristina Fernández le es políticamente rentable mostrarse duro “contra la arrogante empresa extranjera que se llevaba los beneficios y dilapidaba los recursos nacionales”. Ése es un discurso que los argentinos vienen escuchando desde hace setenta años y la mayor parte se lo cree. Trae votos y genera simpatías. Incluso, tiene algunos partidarios en España. A los comunistas españoles les parece muy bien que el estado nacionalice y estatice las empresas. Es una cuestión de principios.

Ya algunos políticos y funcionarios argentinos han advertido en un tono amenazante, deliberadamente ambiguo, que en el país hay otras grandes empresas españolas que pueden ser afectadas por la posición que adopte España. Entre las compañías rehenes están Telefónica y los bancos Santander y Bilbao Vizcaya. O Madrid se porta bien con Buenos Aires, o ellas pagan la estatización de Repsol. Es muy fácil presionarlas. Basta una pinza entre el acoso sindical y los inspectores fiscales para que cunda el pánico.

Pero hay más. Queda la posibilidad de solicitarle a Repsol miles de millones de dólares por daños ecológicos. Si en Ecuador, a la petrolera Chevron, pese a los acuerdos firmados hace veinte años para poner fin a cualquier litigio, un juez local la condenó a pagar 6 300 millones de euros, o 13 600 si no se disculpaba, es muy probable que a Repsol le impongan una multa mucho más severa. En Ecuador, 30 000 firmas acompañaron la querella. En Argentina, a Doña Cristina le será muy fácil recoger un millón. El ambientalismo antiempresarial tiene muchos adeptos en el país. Es muy popular.

Nadie debe sorprenderse de este episodio. En Argentina los derechos de propiedad son muy frágiles. Si el gobierno es capaz de robarse los ahorros de sus propios ciudadanos, como sucedió con el famoso corralito, o de saquear las cajas de jubilación, y continuar ganando elecciones, ¿cómo puede nadie extrañarse de que una empresa extranjera sea despojada de sus activos ilegalmente si le conviene al mandatario de turno? Los clásicos lo decían con un tonillo barroco: “el que con infante pernocta, escarmentado alborea”. O sea, lo orinan.

Cuando vino el periodo de privatizaciones en Argentina, en torno al año 1990, algunas empresas extranjeras se beneficiaron del clima de corrupción con que se llevaron a cabo esas transacciones. Así se hicieron grandes fortunas por encima y por debajo de la mesa. Precedente que convierte en hipocresía cualquier invocación actual del Estado de Derecho. Argentina no es Suecia. Nunca lo fue. Eso se sabía.

Hay dos lecciones relacionadas al derecho que pueden aprenderse de todo esto. La primera, es que resulta enormemente riesgoso invertir en donde no existe seguridad jurídica. La ganancia fácil de hoy se convierte en una pérdida colosal cuando cambian las tornas. Tiene mucho más sentido competir en el difícil primer mundo, con reglas claras y árbitros imparciales, aunque la tasa de beneficios sea menor, que llevar los ahorros a donde, de la noche a la mañana, todo el esfuerzo empresarial desaparece por la venalidad o la conveniencia de los políticos.

La segunda lección es que si nos dan alguna ventaja injusta para entrar en un mercado (y no me refiero a Repsol, pues le supongo rectitud y transparencia), esa facilidad que hoy disfrutamos mañana la tendrá otro que, gracias a sus conexiones, también nos desplazará injustamente. Aquella frase de Groucho Marx, en la que expresaba su decisión de no pertenecer a ninguna asociación o club tan degradado que fuera capaz de aceptarlo, puede aplicarse al mundo empresarial: no vale la pena ganar hoy haciendo trampas de la mano del gobierno. Mañana nos tocará perder del mismo modo. El que a trampa mata, a trampa muere.

Periodista y escritor. Su último libro es la novela La mujer del coronel.

 

Una expropiación anunciada

Una expropiación anunciada

Por Enrique Aguilar

El Imparcial, Madrid

Finalmente Cristina se salió con la suya. Recuerdo, a este respecto, una expresión de Raymond Aron que me resulta por demás oportuna: “La acción política es pura nada (dijo en el prólogo a El político y el científico) cuando no es un esfuerzo inagotable para obrar con claridad y no verse traicionado por las consecuencias de las iniciativas adoptadas.”

¿Imaginará la presidenta las consecuencias que traerá aparejadas la expropiación de YPF? ¿Las imaginarán sus allegados más íntimos e incondicionales que no parecen sino inducirla a llevarse todo puesto sin levantar el pie del acelerador? ¿No hay acaso riesgo de que terminemos todos estrellados?

A Cristina las cosas no le han salido bien últimamente. La economía está ingresando en una zona peligrosa mientras arrecian las denuncias de corrupción contra funcionarios de su gobierno (empezando por su mismísimo vicepresidente). Los índices de confianza comienzan a darle la espalda, algunos gremios se fastidian y la inseguridad acecha a la vuelta de cualquier esquina. Por si fuera poco, debió adelantar su regreso de la Cumbre de las Américas aparentemente ofuscada por su fracaso en instalar la cuestión Malvinas.

Sin embargo, nada de esto haría retroceder a quien minimiza todo cuanto escapa a su decisión. Ahora se trató de la expropiación de YPF, que se creía había sido momentáneamente suspendida en razón de las fuertes críticas recibidas del gobierno y los medios españoles, a las que se sumaron otras varias voces europeas que, por lo visto, tampoco intimidaron a Cristina. ¿Quién invertirá en un país donde las reglas de juego cambian como cambia su presidenta de vestido? ¿Qué restos de seguridad jurídica nos quedarán para atraer capitales después del destrato que hemos dado a nuestro principal inversor extranjero?

Suele decirse que nadie resiste un archivo. En este sentido, es bueno recordar cómo el matrimonio Kirchner avaló sin objeciones la privatización de
YPF durante los noventa. “No hay nada más soberano que conseguir inversiones”, afirmó Néstor en un discurso del ’92, siendo gobernador de Santa Cruz. Su esposa, por entonces diputada, agregaba que la privatización posibilitaría “la mejora de nuestras cuentas”, volviéndonos “creíbles y respetables”. Palabras nada más que se llevaría el viento.

“Bienvenidos a Argenzuela”, escribió un lector de La Nación al enterarse de esta decisión apresurada, tan tristemente aplaudida como lo fue en su momento el default, que de seguro dará al oficialismo otra caja política para financiar un proyecto hegemónico que viene demoliendo nuestras instituciones y dejándonos internacionalmente solos o, lo que es peor, en malas compañías.

Argentina: Cristina ya es más peligrosa que Chávez

Argentina: Cristina ya es más peligrosa que Chávez – por Jorge Oviedo

Si es por el ranking de los países donde los inversores tienen más miedo de no recuperar sus inversiones, la Argentina ya está peor que Venezuela. En realidad, está en un más que poco honroso puesto entre los primeros cuatro o cinco más riesgosos, según cómo se haga la estadística.

La atribulada España, a la que el gobierno de Cristina Kirchner le gusta poner como ejemplo de lo que es estar en problemas, ocupa el puesto 10° u 11°, según quién haga los reportes sobre los seguros contra default. De hecho, si se toman los reportes de los seguros más líquidos, la Argentina puede estar en segundo lugar.

Podría pensarse que la situación es producto de la confiscación de las acciones de Repsol en YPF, pero la Argentina ya estaba en mala situación en el primer trimestre y sólo empeoró un poco en el mes en curso. El clima de negocios ha empeorado muchísimo. La Presidenta sigue confiando en que los empresarios ganan mucho dinero aquí. Pero las cosas han cambiado, en particular para las empresas extranjeras. “Hasta octubre de 2011 podíamos «explicar» a nuestras casas matrices las extravagancias argentinas”, dice un alto ejecutivo, que reconoce que “las ganancias eran buenas y entonces se facilita la tolerancia”. Pero admite que las cosas cambiaron: “¿Qué les digo ahora que las ganancias no se pueden girar y ni siquiera se pueden dejar aquí en dólares?”

DINEROS ATRAPADOS

Hay quienes se quejan de que el Gobierno no sólo está trabando las compras de dólares y las importaciones, y además las remesas de utilidades. También, cuando autoriza, elige a las compañías que mejor se llevan con el Gobierno. “Vemos cómo a nosotros no nos dejan importar equipos que son imprescindibles y a nuestros competidores sí”, indicó un alto directivo de otra compañía.

En todas las empresas hay temor. “Si hicieron lo que hicieron con YPF, qué queda para los demás”, señaló otro empresario que cree que el Gobierno no reconoce límites.

El semanario inglés The Economist dedicó esta semana varios artículos a la incautación de acciones de Repsol. “Primero fueron por las AFJP, luego por las reservas del Central”, dijo en uno que tituló con una metáfora: “Feed me, Seymour”. El “Aliméntame, Seymour” refiere a la comedia La tiendita del horror, en que una monstruosa planta extraterrestre exige a su propietario víctimas para comer y poder continuar creciendo. El monstruo es, en la metáfora, el descontrolado gasto público argentino.

 

Argentina: Rizar el rizo

Argentina: Rizar el rizo – por Vicente Massot & Agustín Monteverde

¿Es mejor privatizar que estatizar? —Depende. Nadie que no fuese un cabezadura podría inclinarse por la variante enunciada en primer término teniendo como referente a la familia Eskenazi. Porque cuando Néstor Kirchner buscó y consagró a un socio privado, pensó en ese clan empresario. Pero nadie que no fuese un ignorante podría abrazar la segunda variante, asociada —como está ahora— la propiedad estatal de YPF a la discrecionalidad de Julio De Vido y Axel Kicillof. Estatizar o privatizar no es la discusión que deben entablar los argentinos. En todo caso el núcleo duro de la cuestión es cómo autoabastecernos, lo cual significa, en buen romance, de dónde salen la decisión y los recursos para explorar, incrementar reservas y aumentar la producción.

Cristina Fernández —virando en redondo respecto de la postura asumida junto a su marido en 1992, en oportunidad de la privatización impulsada por el gobierno menemista, y de la defensa cerrada que hizo en 2008, apenas asumida, del ingreso de los Eskenazi— optó el lunes por la expropiación lisa y llana de la tenencia accionaria del grupo Repsol.

Lo que llama la atención y pone de manifiesto las razones en virtud de las cuales el kirchnerismo ha ganado —salvo en su disputa contra el campo y en las elecciones legislativas del 2009— todas las batallas de orden táctico o estratégico —indistintamente— que dio en el curso de estos años, ha sido la forma como resolvió el asunto. Por de pronto no ocultó nunca su intención de avanzar a expensas de los españoles. Dos semanas atrás dijimos que en su habitual columna de los domingos, en Página 12, Horacio Verbitsky había dado por concluidas las dudas que aún existían en el seno del Poder Ejecutivo sobre el tema. Nada como leer al ex miembro de la organización Montoneros y las notas de fondo de Tiempos del Sur para interpretar hacia dónde apunta la Casa Rosada.

El kirchnerismo sabe lo que quiere y una vez determinado el rumbo vertebra un plan que pone en ejecución casi de inmediato. No hay que tener la bola de cristal a los efectos de darse cuenta de ello. Sin embargo, bastó que un borrador lanzado desde quién sabe dónde —adelantando la expropiación en marcha— fuese negado por un portavoz del oficialismo, para que prácticamente todos los analistas de fuste, el establishment económico en su totalidad y los peninsulares involucrados, con Brufau a la cabeza, hicieran una interpretación más cercana a sus deseos que a la realidad que se recortaba frente a sus narices.

Entre el sábado y el domingo pasados se dijo hasta el hartazgo que las amenazas españolas y las presuntas sanciones europeas y norteamericanas habían hecho entrar en razón a la presidente.

Que el costo de llevar adelante una estatización así sobrepasaba de tal manera los eventuales beneficios de la medida, que Cristina Fernández había ordenado desensillar hasta que aclarase.

Los motivos de la inventada postergación eran otros: el viaje a Cartagena. Regresar al país y sorprender a los bienpensantes con el anuncio del lunes al mediodía fue todo uno.

Poco importan aquí los detalles de la ley que será aprobada. Ni el determinar si la posesión en manos estatales de 51 % será mejor o peor que la dupla Brufau-Eskenazi. Lo trascendente desde el punto de vista político —el único que aquí interesa— es esto: la facilidad con que el gobierno ejecuta sus decisiones de carácter estratégico y la incapacidad de sus opugnadores para entender la naturaleza del kirchnerismo. Primero creyeron que el santacruceño iba a cambiar cuando afianzase su poder a costa de Duhalde. Presunción falsa. Después se entusiasmaron con la posibilidad de que su mujer, al colocarse la banda, mostraría el rostro humano y conciliador del matrimonio. A los pocos meses estallaba la guerra con el campo. En 2009, después de la derrota electoral, confiaron en que Néstor Kirchner finalmente se allanaría al diálogo, menos por convicción que por necesidad. Nuevo chasco. Ahora se comieron el amague de la solución negociada de YPF. Por eso unos han ganado y otros han perdido inclusive cuando obtuvieron dos triunfos de no poca monta.

Bien, ¿qué hay entonces hacia adelante? Si se tiene en cuenta que el kirchnerismo es, básicamente, cortoplacista, cuanto acaba de hacer no debe medirse en términos del año próximo o 2015, sino del año en curso. Por de pronto levantó una bandera y se envolvió en ella, que los argentinos veneran: la de la retórica nacionalista. No es poco para un pueblo tan sensiblero.

Además, calibró correctamente que cualquier reacción de las autoridades de Madrid no le harán mella a nuestro país. Romper relaciones o retirar al embajador no sirve de nada si la medida no va acompañada de sanciones. ¿Sanciones de la Unión Europea? —Seamos honestos, tal cosa no existe como instrumento de castigo. ¿El CIADI? —Pero si este gobierno es un experto en hacerle pito catalán a ese organismo, válido para los países con instituciones que tienen algo que perder en el mundo pero, al mismo tiempo, intrascendente para países parias con soja como la Argentina.

Es cierto que es imposible saber hoy cómo se le pagará la indemnización a Repsol; cuál será el programa de inversiones de YPF; qué destino tendrá la familia Eskenazi; si los chinos harán un joint venture con la nueva conducción de la empresa o cuánto costará importar energía en 2012. El largo plazo energético luce escalofriante. En el corto siempre se puede, con golpes de efecto y cajas confiscadas por el Estado, atenuar el costo de la fiesta y engañar a las masas que se mueven por emociones, a menos que flaquee el bolsillo.

Que se esta cebando una bomba es cierto pero también lo es que los mecanismos de retardo son muchos y algunos de los más importantes están en manos del gobierno. Cristina Fernández no huye hacia adelante convencida que frente al desbarajuste de su administración carece de otra alternativa que no sea quemar las naves y ponerle el pecho a las balas. Si lo hiciese supondría, al menos, que ha entendido el problema en el cual se ha metido, no sólo con la expropiación sino con la irracional política energética pergeñada por su marido y continuada alegremente por ella. Antes al contrario supone que está haciendo bien los deberes y cambiando el eje del capitalismo argentino. No es una mujer empeñada en dar batalla a caballo de unas convicciones que hacen agua. Es una fundamentalista que piensa siempre de manera binaria. Todo lo que hace está bien porque siempre le ha ido bien. Otro parámetro de medida no tiene y mientras la relación de fuerzas no sufra un cambio, imaginar alguna moderación de su parte en la consecución de su estrategia de dominación sería como estar en la luna de Valencia. Hasta la próxima semana.

Lo que está detrás del caso Repsol-YPF

Lo que está detrás del caso Repsol-YPF

Eduardo Olier
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Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina.

YPF era hasta la fecha de la intervención política del Gobierno Kirchner la filial argentina de la multinacional española Repsol, que poseía el 57,43% de su capital. Formando parte de este relevante grupo petrolero, YPF realizó en Argentina en 2011 inversiones superiores a los 3.000 millones de dólares y pagó 6.400 millones en impuestos, lo que la convirtió en el primer contribuyente del país, además de ser el mayor productor de hidrocarburos, gestionando el 32% de la explotación de petróleo y el 23% de gas: nada más lejos, sin embargo, de constituir un monopolio, pues allí operan también Esso, Oil Combustibles y Shell.

Repsol-YPF ha sido el objetivo fácil de unos dirigentes sin escrúpulos que, al hilo de una demagogia populista, pretenden tapar sus muchas faltas y, probablemente, enriquecerse con ello. Sin embargo, les será difícil ocultar que Argentina tiene la economía destrozada. La política de subsidios que los encumbró al poder ha llegado a su fin. Lo que empezó con una subida del 30% de los salarios de los funcionarios, y se acompañó con un caudal de subvenciones a múltiples sectores que superó, en 2011, la enorme cifra de 63.000 millones de pesos, se ha terminado. Subsidios que incluso llegaban al metro de la capital -el subte- cuyo precio se ha incrementado un 127% después de que el Gobierno actual lo traspasara a la ciudad de Buenos Aires quitándole la subvención. Un país que sin subsidios verá crecer la inflación y, con ello, la pobreza, que estadísticas fiables sitúan ya en el 44% de la población.

A lo anterior se añade la liberalización de los precios de los combustibles, que llevó a incrementos del precio del gasoil cercanos al 50% en 2011. Una situación que empeorará con la llegada del invierno, a lo que habrá que sumar los habituales cortes de electricidad. Un problema tradicional en Argentina, necesitada aún de cuantiosas inversiones en infraestructuras, que se completa con unos hábitos de consumo desproporcionados. Sin olvidar el precio del gas, cuyas compras realiza la sociedad pública Enarsa que, sorprendentemente, importa gas a un precio muy superior al obtenido localmente. Una empresa creada por Néstor Kirchner en diciembre de 2004 con el objetivo aparente de introducir la presencia estatal en un mercado privatizado desde los años noventa por Carlos Menem.

Argentina, ¿un Estado fallido?

Además, la crisis internacional aumenta las incertidumbres. A lo que se añaden otros factores como la actual sequía, la política de fuerte ajuste fiscal y, últimamente, las restricciones a las importaciones. Un escenario en el que ya se anuncia una contracción de la economía y, por tanto, menores ingresos para el Estado. La economía dejó de crecer hace meses, y las estimaciones para 2012 prevén un crecimiento del 3,4%, muy lejos del 9% de 2011. De ahí que el populismo del actual Gobierno le haya llevado a reclamar de nuevo las Malvinas, y a intervenir Repsol-YPF sin ningún soporte legal, utilizando para ello una incomprensible decisión política.

Un país que, según The Economist de marzo de 2011, estaría ya en la cabecera de los cinco Estados fallidos mundiales. Una sufrida Argentina dominada por una facción peronista que, al decir de este medio de comunicación, no tiene ningún interés en seguir las reglas del juego democrático y se opone violentamente a cualquier avance en este sentido; como tampoco le importa mejorar las condiciones de vida de los argentinos, muchos de los cuales tratan de huir del país. Un grupo donde la corrupción masiva se practica con total impunidad, y donde la justicia, según esta revista, está repleta de jueces politizados que incluso por orden del Gobierno negaron el año pasado un requerimiento de un alto tribunal suizo que investigaba un asunto de blanqueo de capitales proveniente de Argentina.

Y no sólo son los ingleses. También los Estados Unidos en este mes de marzo retiraron a Argentina la calificación de país preferente, sacándola del GSP (Generalized System of Preferences), con la justificación de que “Argentina no ha actuado de buena fe para reforzar las decisiones de arbitraje en favor de ciudadanos o empresas americanas”. A lo que han añadido el embargo de importaciones de vino y aceite de oliva.

Repsol ha sido la fácil excusa y la demostración palpable de la corrupción generalizada del Gobierno argentino actual, al cual no le serán suficientes las movilizaciones que en su favor realice la organización juvenil La Cámpora dirigida por el hijo de la presidenta, Máximo Kirchner, cuyo lema La fuerza de la juventud, la fuerza de un pueblo son huecas palabras que no evitarán el aislamiento internacional y el aumento de la pobreza del sufrido pueblo argentino.

Eduardo Olier, presidente del Instituto Choiseul España.

Wall Street Journal propone la expulsión de Argentina del G-20

Wall Street Journal propone la expulsión de Argentina del G-20

Piden que sea hasta que Cristina Fernández se digne a ‘comportarse como un jefe de Estado de verdad, y no como un matón’

 

El presidente Felipe Calderón enfatizó que la apertura y no el proteccionismo son el camino para el progreso económico del área

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de abril.- Los “países civilizados” del mundo deberían expulsar a Argentina del G20 hasta que la presidenta argentina, Cristina Fernández, se digne a “comportarse como un jefe de Estado de verdad, y no como un matón”, según The Wall Street Journal.

En un editorial, el influyente diario financiero neoyorquino sostiene que tal expulsión supondría la mejor forma de llamarle la atención, ya que “la señora de Kirchner no está por acatar cualquier tribunal internacional”.

El diario profundiza en lo perjudicial para Argentina que resultaría la expropiación de YPF de la multinacional española Repsol, ya que va a “animar la fuga de capitales, que los controles severos y los perros rastreadores en los transbordadores que cruzan el Río de la Plata al Uruguay no han podido frenar”.

La decisión de la presidenta “tiene sentido cero para Argentina, tomando en cuenta su necesidad de capital extranjero para desarrollar reservas de crudo y de gas que se creen muy extensas”.

“Pero – continúa el editorial- si la Historia sirve de guía, eso a la señora de Kirchner le da igual. Está intentando salvar su presidencia mientras que el modelo económico que heredó de su marido, el fallecido Néstor Kirchner, pierde fuelle”.

El periódico recuerda que al asumir el cargo en 2003, tras el fracaso de la paridad entre el peso y el dólar, “Kirchner impuso controles sobre los precios, derogó contratos, renunció a pagar las deudas, expropió bienes y ahuyentó a los inversores extranjeros”.

En la recuperación económica que se obtuvo después, “el crecimiento partió de una base reducida y se alimentaba de un tipo de cambio para el peso que era artificialmente bajo y un mayor proteccionismo, dirigido a generar demanda interna”.

Al mismo tiempo, Argentina se vio beneficiada por los bajos tipos de interés dictados por la Reserva Federa de EE. UU., que dieron lugar a un “boom en los precios de las materias primas que suponen una gran parte del PIB de Argentina”.

“Ahora -advierte el Wall Street Journal- el crash parece inevitable; la economía se ralentiza y las reservas internacionales se fugan”.

“Al robar Repsol -argumenta- la señora de Kirchner pretende aprovecharse de los sentimientos nacionalistas” y hacerse con los suministros de petróleo y los medios para alimentar “la maquinaría del clientelismo político”.

Sin embargo, -sostiene el editorial- está impulsando la fuga de capitales.

 

Argentina: Ya vimos la película

Argentina: Ya vimos la película

1968-2012

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Diario de América 

Me recibí en la facultad de economía en 1964, el 28 de diciembre, día de los inocentes. En 1968, recién llegado de una beca en la Foundation for Economic Education de New York, el entonces presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires me invitó a que dictara un curso en el recinto principal de esa institución. Elegí como tema la necesidad de privatizar empresas estatales, circunstancias en las que esos centros políticos estaban desangrando al país, a pesar de lo cual, en esa instancia, la opinión dominante era que la sola propuesta de traspasar activos a manos privadas se consideraba traición a la patria. Mientras dictaba el curso, entre el público, mi mujer y uno de mis cuñados escucharon de boca de algunos de los asistentes -disgustados por mis reflexiones- referencias injuriosas y muy poco elegantes respecto a mi madre. Con el correr del tiempo se fue entendiendo y aceptando la idea, especialmente en ámbitos universitarios, pero en un momento dado se bastardeó tanto la privatización traspasando monopolios estatales a monopolios privados en el contexto de una alarmante corrupción y ensanchamiento del gasto público que ahora, cuarenta y cuatro años después de mi aludido curso, la Argentina vuelve a fojas cero, por eso remarco aquello del día de los inocentes.

Se acaba de anunciar la re-estatización de la petrolera YPF, expropiando la mayoría accionaria en manos privadas y ha sido designado como interventor un ministro acusado de corrupción secundado por un ideólogo marxista, una combinación ideal a ojos de los dromedarios estatistas de turno.

En esta ocasión me veo obligado a repetir lo que dije hace más de cuatro décadas en la referida Bolsa de Comercio de Buenos Aires, lo cual naturalmente produce una buena dosis de cansancio moral, por no decir extenuación intelectual al repasar puntos que en toda buena universidad se enseñan en seminarios introductorios al estudio de la economía, pero antes de eso formulo algunas consideraciones específicas sobre el rubro energético.

La situación argentina en esta área (y en otras) se debe principalmente a la machacona política de manipular compulsivamente tarifas. Cuando un precio se mantiene artificialmente deprimido, la demanda se expande mientras que la oferta se contrae (y, consecuentemente, las inversiones disminuyen hasta que, en su caso, debe recurrirse a la importación de energía para suplir el zafarrancho). En un arranque tragicómico, el gobierno argentino pretende resolver el problema con lo dicho y a la situación deficitaria de caja del momento agrega la necesidad de indemnizar a los accionistas (con o sin juicios) y hacer frente a los pasivos de la empresa confiscada en su porción mayoritaria.

Estas señales horrendas son recibidas por los proveedores del otro setenta por ciento del mercado energético, ya que la empresa de marras solo abastece el treinta por ciento. Esos signos de inseguridad jurídica mayúscula hacen que esas otras empresas naturalmente se abstengan de invertir, todo lo cual agrava el problema de la energía argentina.

En la era de Carter en Estados Unidos (quien se hacía sacar fotografías en mangas de camisa en verano al efecto de mostrar que no usaba aire acondicionado “para ahorrar energía”), se fijó un techo a los precios del petróleo lo cual hizo acelerar el consumo y aparecieron colas en las estaciones de servicio al tiempo que se obstruyeron las señales para encarar fuentes alternativas de energía, es decir, el peor de los mundos, lo cual fue criticado, entre otros, por el premio Nobel en economía Milton Friedman, el ex secretario del tesoro William Simon y el entonces presidente de Citicorp Walter Wriston quienes señalaron enfáticamente los peligros y contribuyeron a modificar drásticamente la política.

Hasta el modo en que algunos burócratas se refieren a temas energéticos revela desconocimiento de magnitud respecto a cuestiones elementales, como cuando aluden a las reservas petroleras extrapolando al futuro el precio y la tecnología presentes, sin percibir que la provisión de energía y su consumo se modifican completamente al modificarse el precio respectivo, consecuencia de situaciones cambiantes que refleja el mercado. En otros términos, como ha destacado Friedman “si quieren sobrantes de petróleo el gobierno debe fijar precios mínimos, si quiere faltantes debe imponer precios máximos, pero si se desea que oferta y  demanda se equilibren y las cosas funcionen bien, hay que dejar los precios libres”.

Creo que en buena medida lo que anquilosa las mentes es la idea de soberanía. Bertrand de Jouvenel en Los orígenes del estado moderno explica que el concepto del soberano como sinónimo del rey fue derribado al señalar la limitación natural de todo ser humano, sin embargo al trasladarse la idea al pueblo parece que el límite se franqueó con el resultado de que, en definitiva, volvió a recaer en el gobernante con un áurea más contundente y más fuerte que en la época de las monarquías absolutas. Esta idea atrabiliaria se aplicó a distintos bienes y así se declama sin rubor alguno que el petróleo pertenece a la soberanía popular, lo cual es tan idiota como sostener la soberanía de la zanahoria o el garbanzo. En el caso argentino, se ha llegado al extremo en el que el secretario de cultura (subrayo el cargo) lanzó al ruedo la peregrina noción de la “soberanía cultural” al efecto de dictaminar sobre la lectura de lo que conviene y lo que no conviene leer, es decir, una nueva versión del Index y la inquisición cultural.

Solo parapetados en conceptos de esa laya es que puede envolverse empresas estatales en el pabellón nacional alegando que se trata de “bienes estratégicos”, sin percatarse que cuanto más vital un bien más razón para que funcione bien y para que se desarrolle con todos los rigores del mercado sin privilegios de ninguna naturaleza.

Por supuesto que hay empresas que la juegan de privadas pero llevan a cabo sus negocios en los despachos oficiales y las hay que están sometidas al manotazo en sus flujos de fondos por parte de los aparatos estatales. Ninguna de las dos cosas representa el benéfico proceso de mercado: en un caso con ladrones de guante blanco y en el otro son víctimas del atropello del Leviatán.

Empresa estatal es una denominación que constituye una contradicción en términos puesto que no resulta posible simular y hacerse pasar por empresario, el cual arriesga recursos propios en la administración de los factores productivos, y si tiene éxito en satisfacer los deseos de los consumidores obtiene ganancias y en la medida en que se equivoca incurre en quebrantos, a diferencia de lo que sucede cuando se politiza el proceso, situación en la que la asignación de activos y conveniencia de pasivos opera a espaldas del mercado.

Más aun, la sola constitución de la llamada empresa estatal o la estatización de una privada inexorablemente significa derroche de capital puesto que, como todo no puede hacerse al mismo tiempo,  se alteraran las prioridades de la gente (si se hace lo mismo que se hubiera decidido en el plebiscito diario del mercado, no tiene sentido intervenir y pueden ahorrarse los gastos administrativos correspondientes).

Incluso si por ventura la “empresa estatal” (en base a contabilidades confiables) arrojara ganancias, habría que preguntarse el por qué de ese resultado y si no estarán las tarifas demasiado altas. Por otra parte, la competencia tampoco es un simulacro: se está en el mercado con todo que ello implica o se está en la órbita política con todos los privilegios consiguientes (si se dijera que se abrogan todas las prebendas para “competir” no hay razón para mantener la empresa en el sector estatal).

Se suele argumentar la conveniencia de estatizar porque las privadas “no reinvierten lo suficiente” y las extrajeras giran sus utilidades al exterior. Toda actividad empresaria que se mantiene a flote en el mercado sin privilegios ofrece bienes y servicios que mejoran la situación de los consumidores. Lo que hacen con el resultado de esa mejora dependerá de las condiciones económicas del país en cuestión y, sobre todo, de su marco jurídico. De todos modos, como queda dicho, los beneficios para el consumidor ocurren, la contrapartida debe ser analizada por cuerda separada, ya se sabe que sería más atractivo que todos los capitales del orbe inviertan en cierto país, pero es harina de otro costal.

Todas estas consideraciones son aplicables a las empresas mixtas en la parte que corresponde al aporte estatal (léase compulsivamente de los contribuyentes) y si se recluta el capital privado en base a exenciones y otras canonjías debe extenderse el análisis también a esa parte.

No es que los burócratas sean malas personas y los que se desempeñan en el sector privado sean por su naturaleza buenas, ni que en un caso sean profesionales de menor calado que en el otro, se trata de incentivos. La forma en que se prenden las luces y se toma café es distinta en un caso que en otro. Lo que es de todos no es de nadie y aparece indefectiblemente la “tragedia de los comunes”.

El economista decimonónico Frédéric Bastiat nos recuerda que el análisis de estas cuestiones requieren de una visión muy amplia al efecto de prestar debida atención “a lo que se ve y a lo que no se ve”. Se ve un edificio estatal reluciente en mármoles y otras delicadezas para cobijar funcionarios en reparticiones varias (que, además, suelen emprenderla contra actividades pacíficas y voluntarias), pero, en cambio, lo que no se ve son los faltantes de biberones y leche como consecuencia que los recursos fueron a parar al mencionado edificio.

La transferencia de activos de las llamadas empresas estatales al sector privado puede realizarse a través de licitaciones abiertas al mejor postor, venta en el mercado de capitales si se encuadrara en la figura de la sociedad anónima o directamente la entrega sin cargo de acciones a residentes bajo diversos procedimientos que han sido aplicados en otros países.

Desde luego que lo dicho es aplicable a todas las empresas en manos del estado incluyendo bancos, los cuales en la medida en que otorgan créditos subsidiados acentúan el derroche de capital que hemos mencionado y, por tanto, contribuyen a reducir salarios e ingresos en términos reales puesto que éstos solo puedan elevarse como consecuencia de las tasas de capitalización.

En resumen, casi todo lo que viene ocurriendo en la Argentina es la repetición de políticas populistas que se enancan a la agresión al poder judicial y a la prensa independiente en la esperanza de poder arrasar con más facilidad con lo poquísimo que queda de la tradición alberdiana, que desde la organización nacional hasta la incursión del fascismo socialista hizo de la Argentina uno de los países más prósperos del orbe. Ya vimos la película de lo que hoy sucede, esperemos que se reaccione a tiempo antes de que sea tarde y nos convirtamos en otra Venezuela o Cuba.

YPF, genocidas y principios

YPF, genocidas y principios

Por Guillermo Luis Covernton 

ESEADE

Desde hacen 48 hs. todos los medios de comunicación que me conectan con el mundo que está fuera de mi mente hierven con gente que me pregunta mi opinión sobre la confiscación de YPF.

Por celular, por las redes sociales, por correo electrónico, por los pasillos de la universidad, clientes, proveedores, empresarios que se vinculan conmigo, todo el mundo quiere un análisis sobre esto.

Obviamente que cada uno debe formarse una opinión propia, para lo cual hace falta dar una profunda lectura de los antecedentes jurídicos, históricos y económicos del proceso de privatización y de re-estatización. Pueden haber también algunas consideraciones económicas. Pero por sobre todo, y dada la insistencia de tantísimas personas que me lo preguntan, porque creen en mí como persona, me siento en la obligación moral de dar una respuesta ética, antes de estudiar todos los detalles que alguien pueda considerar atendibles.

Para decirlo muy brevemente, porque estoy de viaje y me estoy conectando por celular: Hitler, cuando quería obtener dinero, mandaba a la Gestapo a la casa de un judío viejo, rico y feo. Lo apaleaban, le robaban todo y luego lo mandaban a Auschwitz. ¿Porque?

Porque era más aceptado por la mayoría que ir a asesinar a una rubia veinteañera y sacarle el equivalente a 50 pesos. Pero era un crimen aberrante, de igual modo.

Esta gente confisca YPF porque les puede dar una caja eficaz y rápida. No te expropian tu casa porque sacarían poca plata y mucha gente se solidarizaría contigo. Pero es un crimen aberrante, de igual modo.

Están robándole a una persona privada, a un civil cualquiera, argentino o extranjero, detalle que no hace ninguna diferencia, un activo que ha comprado genuinamente, pagando por él con el fruto de su trabajo, con sus ahorros, o con capital tomado a crédito, y que debe devolver a los ahorristas que se lo confiaron.

Un activo que le habían vendido ellos mismos, prometiéndole unas reglas que fijaron por contrato y que ahora no cumplen: QUIEN QUIERA COMPRAR DEBE OFRECER UN PRECIO POR EL 100 %. Es un crimen aberrante. Si aceptamos esto, desde el punto de vista moral, no vamos a tener argumentos éticos de ningún tipo para esgrimir, contra cualquier iniciativa que quiera confiscarte tu casa, tus ahorros, los depósitos bancarios o la vida de tus hijos.

Del mismo modo que se quedaron sin argumentos todos aquellos que marcharon a los hornos crematorios nazis, después de haber tolerado el genocidio de los judíos.

No importa si me gusta Repsol o Bruffau. No interesa si son extranjeros. Tampoco importaba si eran gordos, feos, ricos o judíos. NO MATARÁS. NO ROBARÁS. Eso es lo único que importa. Se podrán hacer muchísimos otros análisis, pero este es ineludible. Si no estamos de acuerdo en esto, es dificil que podamos integrar una sociedad civilizada, abierta, pluralista y respetuosa de las minorías y de la diversidad, sin xenofobia, racismo, prepotencia y sin violaciones a los derechos humanos.

Perdón por lo breve pero no tengo tiempo: Tengo que producir para poder seguir viviendo de mi propio trabajo y no hacerme Kirchnerista.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases.

Argentina: No llores por mí, llora por tí!

Argentina: No llores por mí, llora por tí! – por Xavier Sala-i-Martín

A ver si nos entendemos. Es verdad que el neonacionalismo Argentino ha jugado un papel en la expropiación de Repsol, es verdad que el nacionalismo aparece con furibunda violencia cada vez que el gobierno necesita camuflar problemas graves (y el gobierno argentino no es una excepción) y es verdad que la nacionalización va a perjudicar, esencialmente, a Argentina (y aquí el único que ha dado en el clavo es el alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, que parece que es el único político sensato de todo el país): ayer me preguntaba en público si quien se había pegado un tiro en el pie era Froilán, el rey Juan Carlos o Cristina Fernández de Kirchner. La respuesta es… ¡los tres a la vez!

Todo esto es verdad, pero me parece que los ciudadanos argentinos deberían empezar a ver que sus dirigentes políticos no solo utilizan el populismo nacionalista para ganarse sus simpatías, sino que son unos corruptos ladrones que roban la riqueza de su país. La nacionalización de YPF no tiene nada que ver con las necesidades energéticas del pueblo sino con la incompetencia de doña Cristina, las ansias de esconder una gestión nefasta y, sobre todo, con la CORRUPCIÓN de su entorno… y del de su hijo Máximo.

La historia empieza entre 1992 y 1999, cuando el gobierno peronista de Carlos Menem (del mismo partido de Kirchner) decide privatizar YPF debido a la enorme cantidad de pérdidas de la compañía. Era una época en que la empresa estaba mal gestionada (como casi todas las empresas públicas de todo el mundo) y el precio del petróleo rondaba los 15 dólares el barril. La empresa española REPSOL, entonces dirigida por Alfonso Cortina, compró YPF al gobierno de Menem (repito, del mismo partido que Kirchner).

1999 era una época en que “España iba bien”. ¿Lo recuerdan? Era la España del pelotazo, de los nuevo-ricos engominados que daban lecciones de gestión por todo el mundo y de los presidentes de gobierno que fumaban puros con los pies encima de la mesa. Esa arrogancia quedó grabada en las mentes de muchos latinoamericanos que han esperado años para cobrar sus deudas morales. A todo cerdo le llega su San Martín (que no su Sala i Martín, que es un fenómeno distinto) y parece que a España le ha llegado el momento de pagar la humillación a la que trató a los ciudadanos de América Latina.

Dicho esto, y aceptando la arrogancia de nuevo rico de los españoles, la verdad es que REPSOL pagó (repito, PAGÓ) el precio que le pedía el gobierno por la ruinosa compañía: 15.000 millones de dólares. La fusión fue ejemplar hasta el punto de que la revista Financial Times otorgó el premio anual a REPSOL por la mejor fusión del año.

Además de esos 15.000 millones iniciales, REPSOL ha invertido un total de 20.000 millones de dólares entre 1999 y 2012, incluyendo unos 3.200 millones en 2011. 20.000 millones en 12 años no es una inversión pequeña, diga lo que diga la presidenta Argentina. De hecho, uno de los resultados de esas inversiones ha sido el descubrimiento de los yacimientos de Vaca Muerta que pueden dar unos resultados económicos extraordinarios a pesar de que todavía está por verse la calidad del petróleo allí depositado.

En 2007, y ya con Antoni Brufau al frente de la petrolera, el presidente Néstor Kirchner pidió a REPSOL que un grupo argentino entrara a formar parte de la compañía. Se trataba del grupo Petersen de la familia de Enrique Eskenazi. La familia Eskenazi era una familia de la alta burguesía de Santa Cruz, región que había sido presidida (oh! casualidad!) por Néstor Kirchner, antes de ser presidente de Argentina. De hecho, Enrique Eskenazi era amigo íntimo de don Néstor. Es decir, el presidente Kirchner obligó en 2007 a REPSOL a aceptar un socio argentino que, casualmente, era un amigo íntimo de toda la vida. Antoni Brufau aceptó porque sabía que siempre es bueno tener inversores locales con conexiones políticas. Es bueno que los insiders te señalen la existencia de luces ámbar antes de que se vuelvan rojas. Por esto aceptó que la familia Eskenazi tenga primero el 15% y luego el 25% de la compañía.

Pero había un pequeño problema: los Eskenazi eran los ricos del pueblo en Santa Cruz, pero una cosa es que tus niños se paseen por el pueblo en lujosos horteras Ferraris rojos o que chuleen por las discotecas de moda de la zona y otra cosa muy distinta es comprar el 25% de una compañía que vale decenas de miles de millones de dólares. Los Eskenazi no eran tan ricos!

¿Cómo consigue la familia amiga de Kirchner comprar el 25% de REPSOL-YPF? Pues obligando a YPF a PRESTARLE EL DINERO! Repito, Néstor Kirchner obliga a REPSOL a prestar el dinero a una familia amiga para que ésta compre el 25% de REPSOL. ¿Y cómo va a pagar esa familia semejante millonaria cantidad? Pues con los dividendos de la propia REPSOL. Es decir, REPSOL, el gobierno de Kirchner y el grupo Petersen de la familia Eskenazi firman un contrato (depositado en la Security Exchange Comission de New York) que obliga a REPSOL a dar el 25% de su capital a la familia Eskenazi y ésta se compromete a pagar de vuelta con los dividendos de REPSOL. Para garantizar que REPSOL pueda cobrar ese “crédito” (o quizá deberíamos calificarlo de extorsión), se obliga a REPSOL distribuir en forma de dividendos el 90% de sus beneficios.

Es decir, cuando la señora de Kirchner acusa a REPSOL de no destinar una mayor parte de sus beneficios a inversiones y prospecciones petrolífera, no explica que su marido (repito, SU MARIDO) había obligado a REPSOL a utilizar el 90% de los beneficios a pagar dividendos para que sus amigos (repito, SUS AMIGOS) se apropiaran del 25% de REPSOL cuando no tenían ni un dólar para comprar semejante cantidad de acciones(*).

Pero la cosa no acaba aquí. El señor Enrique Eskenazi coloca a sus hijos en la compañía (en particular, coloca a su hijo Sebastián como vicepresidente) y en lugar de actuar como el socio local que juega el importante papel de alertar de las luces ámbar antes de que aparezcan las luces rojas, se comporta como un auténtico mafioso incompetente que hace poco para defender los intereses de la compañía que dirige.

Poco a poco, REPSOL ve que se ha metido en un buen lío y que los socios locales juegan más a favor de los políticos que les han colocado en el cargo que a favor de la compañía a la que representan y pronto aparecen rumores de nacionalización. Son los últimos días de 2011 y REPSOL ha descubierto los potencialmente millonarios yacimientos de Vaca Muerta. El resto de la historia ya es conocida. Cristina Fernández de Kirchner, teledirigida por el economista Axel Kicillof(**), académico marxista, mentor de la época de Cámpora (asociación creada por Néstor Kirchner) y amigo íntimo del hijo de la presidenta, Máximo Kirchner Fernández, anuncia la expropiación del 51% de REPSOL-YPF. “Curiosamente” el 51% de las acciones expropiadas provienen del 57% que es propiedad de los socios españoles. Exactamente el 0% proviene del 25% que tienen los socios argentinos, amigos del papá Kirchner, la familia Eskenazi (y también se expropia el 0% del fondo de inversión norteamericano propietario del 17%… y recordad que eso pasa tres días después de que la señora Cristina se reuniera con Obama para “negociar” el tema).

El gran problema de la expropiación de REPSOL es que la respuesta del gobierno de España, presidido por don Mariano Rajoy, va a ser necesariamente débil. España es un país empobrecido con muy poco poder de negociación y sin ninguna capacidad de presionar a sus (teóricos) aliados: la Unión Europea y los Estados Unidos. Tanto los unos como los otros tienen menos ganas de ayudar a sus “socios” españoles que de pasar cuentas por la arrogante actitud de los presidentes españoles (Aznar y Zapatero) que no hace mucho les daban leccioncillas cuando las cosas iban bien. Y digo que eso es el gran problema de España por dos razones. La primera es que los dirigentes argentinos al ver la débil reacción de España, verán crecer su ego a la misma velocidad que disminuyó cuando la Inglaterra de Thatcher les humilló en su estúpida campaña de las Malvinas y con su ego inflado, aumentará su sed expropiatoria y luego de su venganza antiespañola con REPSOL: pensarán seriamente en expropiar otras compañías españolas como Telefónica, Santander o BBVA. Ya veremos.

La segunda razón por la que el espectáculo de YPF es un problema para España es que los demás gobiernos latinoamericanos, igualmente heridos por la arrogancia neocolonialista española de los años noventa, están observando. Y las ansias de venganza argentinas se pueden contagiar al resto del continente. También tendremos que esperar a ver cómo evoluciona eso.

Mientras tanto, la crisis ha convertido a España en un cadáver económico que inducirá a los carroñeros de todo el mundo a alimentarse de su despojos: el gobierno Argentino seguirá sus chulescas amenazas, los del resto de una América Latina humillada no se quedarán atrás, pero eso no es todo: las compañías petroleras Chinas intentarán explotar los yacimientos que deja REPSOL y que Argentina no puede permitirse explorar, los bancos americanos van a llenar el vacío que deje el Santander y las multinacionales europeas, sí, sí, las de los socios y hermanos europeos, estarán al acecho, atentos a quedarse con cualquier parte del negocio que la incompetencia de los líderes españoles deje sin defender.

(*) Todo el mundo sabe que, por más que ahora doña Cristina haga caer la lagrimita cuando habla de su difunto marido, los señores Kirchner llevaban años viviendo vidas separadas y paralelas, muy mucho en la dirección de los reyes de España, donde el monarca se va a cazar elefantes (o eran elefantas?) a Botswana.

(**) Axel Kicillof  es el radical paleomarxista que ha conseguido eclipsar al ministro Amado Boudou, quien intentó prohibir los libros de Sachs o Samuelson en las universidades Argentinas por ser “neoliberales”. La vida profesional de Kicillof, un profesor de 41 años, ha sido la de un francotirador de la Universidad de Buenos Aires, donde se especializó en historia del pensamiento económico. Al doctorarse dijo que Keynes era un pensador radical tergiversado por el análisis burgués. Para él, Stiglitz o Krugman son casi tan neoliberales como Mankiw o Barro. Ya ven! El íntimo amigo de Máximo Kirchner y el ideólogo de la expropiación. Con estos líderes intelectuales dirigiendo la contrarrevolución kirchneriana uno debe decir que, a pesar que el episodio de YPF es un indicio de que España tiene problemas, el problema grave no lo tiene España sino Argentina!

 

Argentina: ¿a contramano del mundo?

Argentina: ¿a contramano del mundo?

Wrong

Por Andrés Oppenheimer

El Nuevo Herald

Lo haya querido así o no, la decisión de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner de nacionalizar la mayor compañía petrolera de su país ha hecho que Argentina sea vista en gran parte del mundo como un país que se ha pasado plenamente al bando populista “Bolivariano” de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

Pero lejos de integrarse a un club de países en plena expansión, la expropiación de YPF aislará aún más a Argentina en el campo económico y diplomático, porque se produce en un momento en el que bloque encabezado por Venezuela parece estar desinflándose, y en el que Brasil, Perú, Uruguay, El Salvador y otros países con gobiernos de centro-izquierda se están moviendo en la dirección opuesta.

Argentina ya había nacionalizado antes el correo en el 2003, la empresa de agua Aysa en el 2006, y la línea aérea Aerolíneas Argentinas en el 2009. Más recientemente, el gobierno de Fernández expropió los fondos de jubilación privados, y cambió las leyes para poder usar reservas del Banco Central, que hasta hace poco era independiente.

Pero YPF, cuyo 51 por ciento de las acciones estaban en manos de la empresa española Repsol, era considerada la mayor empresa de Argentina. Ante los ojos de los inversores extranjeros y la mayoría de los países industrializados, Fernández cruzó la raya.

En un artículo sobre la nacionalización de YPF titulado “Fernández imita al (presidente de Venezuela Hugo) Chávez”, la agencia de noticias Bloomberg dijo que “las semejanzas de las políticas argentinas con las de Chávez ha aumentado desde la reelección de Fernández” en octubre. Un día antes, el Fi nancial Times había dicho: “Argentina puede olvidarse de que los inversores la consideren un país serio durante una generación más”.

El gobierno español ha protestado duramente contra la acción de Argentina. La Union Europea seguramente suspenderá las retrasadas negociaciones para un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, y quizás pida sanciones internacionales contra Argentina.

Pero incluso dentro de Latinoamérica, el momento elegido por Argentina para desplazarse hacia el populismo radical es poco propicio. Argentina ingresa ante los ojos del mundo en un bloque en franco deterioro, y en momentos en que el anémico crecimiento económico mundial hace poco probable un alza de las materias primas que le de un segundo viendo a su economía.

Ya han pasado los días en que Chávez viajaba por el mundo distribuyendo petro-dólares en busca de apoyo para su modelo narcisista-leninista, anunciando oleoductos que unirían Caracas con Buenos Aires y otros proyectos faraónicos. Hoy, Chávez lucha por su vida contra un cáncer que lo obliga a pasar casi todo el tiempo en terapias en Cuba, y se enfrenta a una oposición cada vez mejor organizada en las elecciones del 7 de octubre de su país. No le queda dinero ni energias como para ayudar a otros.

Brasil -pese a su retórica de apoyo a Venezuela y Argentina- ha anunciado recientemente la privatización de sus cinco aeropuertos más importantes. Uruguay acaba de lograr la calificación de “grado de inversión”, que lo coloca junto a Chile, México, Brasil, Perú, Panamá y Colombia.

En México, el candidato favorito para las elecciones presidenciales de junio, Enrique Peña Nieto, ha dicho que quiere convertir el monopolio petrolero estatal en una industria con mayor participación privada, como Petrobras de Brasil. La empresa brasilera, a su vez, emprendió recientemente su mayor apertura al sector privado.

El gobierno de Fernández dice que Repsol no estaba invirtiendo en YPF, habia “vaciado” la empresa, y estaba llevando a Argentina a convertirse en importadora de energía.

La nacionalización de YPF goza de un amplio apoyo popular en el país, entre otras cosas porque -gracias a los altos precios internacionales de las materias primas- la falta de inversión externa no ha impedido al país un rápido crecimiento en los últimos años.

“Los argentinos hacen esto una y otra vez: rompen los contratos, no pagan las deudas”, dice Susan Kaufman Purcell, directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami. “Desafortunadamente, mientras la reacción inmediata es decir que los inversores ya no irán a Argentina, en realidad no dejan de ir”.

Mi opinión: Argentina no tendrá mucho problema para encontrar un inversor extranjero que compre una porción minoritaria de YPF. Los inversores de la industria del petróleo están acostumbrados a trabajar con países inestables, y siempre habrá alguien nuevo -tal vez los chinos- dispuesto a invertir en las fabulosas reservas petroleras argentinas.

El problema es que – además del hecho de que el control estatal hará más ineficiente a YPF, tal como ocurrió con PDVSA en Venezuela – aunque lleguen nuevos inversores al sector petrolero, se irán los pocos que había en el resto de la economía. Salvo un giro de 180 grados, Argentina sera un país aún más dependiente de las materias primas, lo que acelerará su proceso de desindustrialización, y hará aumentar la pobreza.

Argentina: Ya vimos la película

Argentina: Ya vimos la película

1968-2012

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Diario de América 

Me recibí en la facultad de economía en 1964, el 28 de diciembre, día de los inocentes. En 1968, recién llegado de una beca en la Foundation for Economic Education de New York, el entonces presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires me invitó a que dictara un curso en el recinto principal de esa institución. Elegí como tema la necesidad de privatizar empresas estatales, circunstancias en las que esos centros políticos estaban desangrando al país, a pesar de lo cual, en esa instancia, la opinión dominante era que la sola propuesta de traspasar activos a manos privadas se consideraba traición a la patria. Mientras dictaba el curso, entre el público, mi mujer y uno de mis cuñados escucharon de boca de algunos de los asistentes -disgustados por mis reflexiones- referencias injuriosas y muy poco elegantes respecto a mi madre. Con el correr del tiempo se fue entendiendo y aceptando la idea, especialmente en ámbitos universitarios, pero en un momento dado se bastardeó tanto la privatización traspasando monopolios estatales a monopolios privados en el contexto de una alarmante corrupción y ensanchamiento del gasto público que ahora, cuarenta y cuatro años después de mi aludido curso, la Argentina vuelve a fojas cero, por eso remarco aquello del día de los inocentes.

Se acaba de anunciar la re-estatización de la petrolera YPF, expropiando la mayoría accionaria en manos privadas y ha sido designado como interventor un ministro acusado de corrupción secundado por un ideólogo marxista, una combinación ideal a ojos de los dromedarios estatistas de turno.

En esta ocasión me veo obligado a repetir lo que dije hace más de cuatro décadas en la referida Bolsa de Comercio de Buenos Aires, lo cual naturalmente produce una buena dosis de cansancio moral, por no decir extenuación intelectual al repasar puntos que en toda buena universidad se enseñan en seminarios introductorios al estudio de la economía, pero antes de eso formulo algunas consideraciones específicas sobre el rubro energético.

La situación argentina en esta área (y en otras) se debe principalmente a la machacona política de manipular compulsivamente tarifas. Cuando un precio se mantiene artificialmente deprimido, la demanda se expande mientras que la oferta se contrae (y, consecuentemente, las inversiones disminuyen hasta que, en su caso, debe recurrirse a la importación de energía para suplir el zafarrancho). En un arranque tragicómico, el gobierno argentino pretende resolver el problema con lo dicho y a la situación deficitaria de caja del momento agrega la necesidad de indemnizar a los accionistas (con o sin juicios) y hacer frente a los pasivos de la empresa confiscada en su porción mayoritaria.

Estas señales horrendas son recibidas por los proveedores del otro setenta por ciento del mercado energético, ya que la empresa de marras solo abastece el treinta por ciento. Esos signos de inseguridad jurídica mayúscula hacen que esas otras empresas naturalmente se abstengan de invertir, todo lo cual agrava el problema de la energía argentina.

En la era de Carter en Estados Unidos (quien se hacía sacar fotografías en mangas de camisa en verano al efecto de mostrar que no usaba aire acondicionado “para ahorrar energía”), se fijó un techo a los precios del petróleo lo cual hizo acelerar el consumo y aparecieron colas en las estaciones de servicio al tiempo que se obstruyeron las señales para encarar fuentes alternativas de energía, es decir, el peor de los mundos, lo cual fue criticado, entre otros, por el premio Nobel en economía Milton Friedman, el ex secretario del tesoro William Simon y el entonces presidente de Citicorp Walter Wriston quienes señalaron enfáticamente los peligros y contribuyeron a modificar drásticamente la política.

Hasta el modo en que algunos burócratas se refieren a temas energéticos revela desconocimiento de magnitud respecto a cuestiones elementales, como cuando aluden a las reservas petroleras extrapolando al futuro el precio y la tecnología presentes, sin percibir que la provisión de energía y su consumo se modifican completamente al modificarse el precio respectivo, consecuencia de situaciones cambiantes que refleja el mercado. En otros términos, como ha destacado Friedman “si quieren sobrantes de petróleo el gobierno debe fijar precios mínimos, si quiere faltantes debe imponer precios máximos, pero si se desea que oferta y  demanda se equilibren y las cosas funcionen bien, hay que dejar los precios libres”.

Creo que en buena medida lo que anquilosa las mentes es la idea de soberanía. Bertrand de Jouvenel en Los orígenes del estado moderno explica que el concepto del soberano como sinónimo del rey fue derribado al señalar la limitación natural de todo ser humano, sin embargo al trasladarse la idea al pueblo parece que el límite se franqueó con el resultado de que, en definitiva, volvió a recaer en el gobernante con un áurea más contundente y más fuerte que en la época de las monarquías absolutas. Esta idea atrabiliaria se aplicó a distintos bienes y así se declama sin rubor alguno que el petróleo pertenece a la soberanía popular, lo cual es tan idiota como sostener la soberanía de la zanahoria o el garbanzo. En el caso argentino, se ha llegado al extremo en el que el secretario de cultura (subrayo el cargo) lanzó al ruedo la peregrina noción de la “soberanía cultural” al efecto de dictaminar sobre la lectura de lo que conviene y lo que no conviene leer, es decir, una nueva versión del Index y la inquisición cultural.

Solo parapetados en conceptos de esa laya es que puede envolverse empresas estatales en el pabellón nacional alegando que se trata de “bienes estratégicos”, sin percatarse que cuanto más vital un bien más razón para que funcione bien y para que se desarrolle con todos los rigores del mercado sin privilegios de ninguna naturaleza.

Por supuesto que hay empresas que la juegan de privadas pero llevan a cabo sus negocios en los despachos oficiales y las hay que están sometidas al manotazo en sus flujos de fondos por parte de los aparatos estatales. Ninguna de las dos cosas representa el benéfico proceso de mercado: en un caso con ladrones de guante blanco y en el otro son víctimas del atropello del Leviatán.

Empresa estatal es una denominación que constituye una contradicción en términos puesto que no resulta posible simular y hacerse pasar por empresario, el cual arriesga recursos propios en la administración de los factores productivos, y si tiene éxito en satisfacer los deseos de los consumidores obtiene ganancias y en la medida en que se equivoca incurre en quebrantos, a diferencia de lo que sucede cuando se politiza el proceso, situación en la que la asignación de activos y conveniencia de pasivos opera a espaldas del mercado.

Más aun, la sola constitución de la llamada empresa estatal o la estatización de una privada inexorablemente significa derroche de capital puesto que, como todo no puede hacerse al mismo tiempo,  se alteraran las prioridades de la gente (si se hace lo mismo que se hubiera decidido en el plebiscito diario del mercado, no tiene sentido intervenir y pueden ahorrarse los gastos administrativos correspondientes).

Incluso si por ventura la “empresa estatal” (en base a contabilidades confiables) arrojara ganancias, habría que preguntarse el por qué de ese resultado y si no estarán las tarifas demasiado altas. Por otra parte, la competencia tampoco es un simulacro: se está en el mercado con todo que ello implica o se está en la órbita política con todos los privilegios consiguientes (si se dijera que se abrogan todas las prebendas para “competir” no hay razón para mantener la empresa en el sector estatal).

Se suele argumentar la conveniencia de estatizar porque las privadas “no reinvierten lo suficiente” y las extrajeras giran sus utilidades al exterior. Toda actividad empresaria que se mantiene a flote en el mercado sin privilegios ofrece bienes y servicios que mejoran la situación de los consumidores. Lo que hacen con el resultado de esa mejora dependerá de las condiciones económicas del país en cuestión y, sobre todo, de su marco jurídico. De todos modos, como queda dicho, los beneficios para el consumidor ocurren, la contrapartida debe ser analizada por cuerda separada, ya se sabe que sería más atractivo que todos los capitales del orbe inviertan en cierto país, pero es harina de otro costal.

Todas estas consideraciones son aplicables a las empresas mixtas en la parte que corresponde al aporte estatal (léase compulsivamente de los contribuyentes) y si se recluta el capital privado en base a exenciones y otras canonjías debe extenderse el análisis también a esa parte.

No es que los burócratas sean malas personas y los que se desempeñan en el sector privado sean por su naturaleza buenas, ni que en un caso sean profesionales de menor calado que en el otro, se trata de incentivos. La forma en que se prenden las luces y se toma café es distinta en un caso que en otro. Lo que es de todos no es de nadie y aparece indefectiblemente la “tragedia de los comunes”.

El economista decimonónico Frédéric Bastiat nos recuerda que el análisis de estas cuestiones requieren de una visión muy amplia al efecto de prestar debida atención “a lo que se ve y a lo que no se ve”. Se ve un edificio estatal reluciente en mármoles y otras delicadezas para cobijar funcionarios en reparticiones varias (que, además, suelen emprenderla contra actividades pacíficas y voluntarias), pero, en cambio, lo que no se ve son los faltantes de biberones y leche como consecuencia que los recursos fueron a parar al mencionado edificio.

La transferencia de activos de las llamadas empresas estatales al sector privado puede realizarse a través de licitaciones abiertas al mejor postor, venta en el mercado de capitales si se encuadrara en la figura de la sociedad anónima o directamente la entrega sin cargo de acciones a residentes bajo diversos procedimientos que han sido aplicados en otros países.

Desde luego que lo dicho es aplicable a todas las empresas en manos del estado incluyendo bancos, los cuales en la medida en que otorgan créditos subsidiados acentúan el derroche de capital que hemos mencionado y, por tanto, contribuyen a reducir salarios e ingresos en términos reales puesto que éstos solo puedan elevarse como consecuencia de las tasas de capitalización.

En resumen, casi todo lo que viene ocurriendo en la Argentina es la repetición de políticas populistas que se enancan a la agresión al poder judicial y a la prensa independiente en la esperanza de poder arrasar con más facilidad con lo poquísimo que queda de la tradición alberdiana, que desde la organización nacional hasta la incursión del fascismo socialista hizo de la Argentina uno de los países más prósperos del orbe. Ya vimos la película de lo que hoy sucede, esperemos que se reaccione a tiempo antes de que sea tarde y nos convirtamos en otra Venezuela o Cuba.

Argentina desafía al mundo

Argentina desafía al mundo

La expropiación de Repsol levanta una ola de críticas en Europa, el FMI y Estados Unidos

 

UN HOMBRE camina junto a un afiche que hace referencia a la nacionalización de la petrolera YPF el miércoles, en Buenos Aires (Argentina). La intervención estatal en la petrolera argentina YPF ha puesto en tención las relaciones con España.
UN HOMBRE camina junto a un afiche que hace referencia a la nacionalización de la petrolera YPF el miércoles, en Buenos Aires (Argentina). La intervención estatal en la petrolera argentina YPF ha puesto en tención las relaciones con España.

LUIS ZABREG / EFE

Agence France Presse

BUENOS AIRES — La presidenta argentina Cristina Kirchner abrió varios frentes conflictivos al expropiar 51% de acciones de la española Repsol en la petrolera YPF, una medida que junto a trabas comerciales, busca salvar su modelo económico a pesar de duras críticas en todo el mundo.

Washington expresó este miércoles que está “muy preocupado” por el proyecto de ley de expropiación que afecta a Repsol.

Kirchner justificó la iniciativa por una caída de la producción de crudo y el aumento de las importaciones de hidrocarburos al doble en 2011 respecto de 2010, que el gobierno achaca a una falta de inversiones de la petrolera.

La decisión en tanto, fue duramente criticada en España, la Unión Europea, el FMI y los centros económicos mundiales.

“Argentina tiene un problema de conducta en su relacionamiento con el resto del mundo que ha ido agravándose en los últimos años”, dijo a la AFP Emilio Cárdenas, embajador argentino en Naciones Unidas en los años 90.

El ex diplomático cuestionó que un país que pertenece al G20 (países ricos y emergentes) aplique medidas proteccionistas “como el cierre de los mercados cambiario y la restricción al máximo de la circulación comercial”.

El país sudamericano había recibido cuestionamientos en una presentación ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) por Estados Unidos, la Unión Europea y países asiáticos como Japón y latinoamericanos como México por trabas al comercio.

Cárdenas advirtió que “el episodio de YPF va a acelerar esas reacciones” y no descartó represalias.

“No creo que Argentina vaya a ser expulsada del G20, pero si creo que puede ser suspendida”, sostuvo.

Con las medidas proteccionistas, el gobierno pretende mantener el superávit comercial que es su principal fuente de divisas, ante el cierre de los mercados financieros tras el default de 2001.

El politólogo Edgardo Mocca aseguró a la AFP que el tema en la OMC “está relacionado con un cierto grado de beligerancia de los países más desarrollados que se proponen descargar parte del peso de la crisis que atraviesan en el exterior”, ante lo cual los países en desarrollo adoptan “estrategias defensivas”.

Varios países expresaron en la OMC sus “inquietudes continuas y crecientes sobre la naturaleza y la aplicación de medidas restrictivas para el comercio” en Argentina.

El comunicado lo firmaron Estados Unidos, la Unión Europea, Australia, Israel, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Noruega, Panamá, Suiza, Taiwán, Tailandia y Turquía.

A mediados de marzo, Perú, Chile, México y Colombia también evaluaban demandar a Argentina ante la OMC. Sus socios en el Mercosur, Brasil, Paraguay y Uruguay, se quejaron por las medidas burocráticas de control de importaciones adoptadas por Buenos Aires.

En el caso de YPF, la decisión “tiene que ver con la estructura productiva del país”, porque es necesario producir más energía para sostener el vigoroso crecimiento de los últimos años y el ‘modelo kirchnerista’, que se funda en el “consumo (interno) masivo como motor de la economía”, los superávit comercial y fiscal y el desendeudamiento, explicó.

El gobierno argentino también otorga fuertes subsidios a sectores de la economía que favorecen el consumo como transporte público y energía.

El presidente de México, Felipe Calderón, cuyo país es accionista de Repsol, lamentó la decisión de Kirchner sobre YPF y dijo que “el camino correcto para el mundo es abrir mucho más las economías”.

El ex ministro de Economía Roberto Lavagna (2002-2005) dijo que “Repsol no invirtió lo que debía e hizo enormes distribuciones de beneficios y esto deberá considerarse al momento de fijar los valores de expropiación”.

Pero sobre la eficacia de la decisión, Lavagna advirtió: “Muchas veces los argentinos festejamos aquello de lo cual debemos arrepentirnos después”, algo que sucedió, por ejemplo, cuando el Congreso aclamó en pleno la declaración de moratoria de la deuda en 2001.

Argentina tiene además litigios pendientes en Estados Unidos, donde fondos de inversión adelantan procesos judiciales en busca de cobrar los adeudos en mora tras el default de 2001. Varios acreedores privados no se adhirieron a los canjes propuestos por Buenos Aires.

Otro frente abierto con los británicos

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Otro frente abierto es con Gran Bretaña, país con el cual escaló el enfrentamiento verbal en el marco del 30 aniversario de la guerra por las Malvinas de 1982.

En ese marco, la ministra de Industria, Débora Giorgi, propuso a gerentes de al menos 20 empresas que importan bienes e insumos desde Gran Bretaña que reemplacen ese origen por otros mercados.

El superávit comercial argentino bajó en 2011 a 10.000 millones de dólares, un 11% menos que en 2010, según el Ministerio de Economía.

Y las importaciones de hidrocarburos van en camino de triplicarse este año respecto de 2010, según el Instituto Argentino de Petróleo.

Argentina adoptó además restricciones cambiarias y afronta este año vencimientos de la deuda por más de 6.000 millones de dólares en un marco de escasez de divisas.

 

La trompa populista de Kirchner

La trompa populista de Kirchner

CKF

Por Alvaro Vargas Llosa

El Mundo.es

¿Cuándo baja la trompa un elefante que la tenía erguida? Por lo general, cuando se rinde o se somete. En cambio, la eleva cuando desafía o amenaza.

Pues bien: el modelo de Kirchner, que es el viejo modelo peronista de manual, se ha rendido. Ha sido derrotado otra vez, como ha sucedido invariablemente desde los tiempos de Perón, por la realidad, esa hija de puta. La expropiación de YPF, la filial de Repsol, no es otra cosa que el síntoma cruel y humillante de esa derrota. Cuando un modelo populista fracasa, son inevitables las expropiaciones: significan me rindo, bajo la trompa. En 1987, después de dos años de populismo desenfrenado, Alan García anunció la expropiación de todos los bancos y las compañías de seguros en el Perú. Era el elefante de su modelo económico que bajaba la trompa. La única diferencia es que a García le tardó sólo dos años bajar la trompa y al peronismo de Kirchner le ha tardado un poco más, sencillamente porque los precios internacionales de los bienes primarios, verdadero Viagra de los mamíferos placentarios, se la han mantenido erguida más de la cuenta.

Veamos. ¿En qué consiste el modelo? Básicamente en subvencionar, es decir narcotizar, el consumo de distintos sectores urbanos y beneficiar a determinadas empresas cercanas al Estado. Por eso los Kirchner controlaron los precios del transporte y la energía, por ejemplo, y entronizaron o hundieron a empresarios amigos y enemigos según el caso.

¿Y cómo se financia esto? En tiempos de altos precios internacionales para las materias primas, de dos formas: con el dinero que viene de esta fuente y con el que se exprime a los sectores productivos, que en el caso argentino es esencialmente la agroindustria. Pero se consume tanto y se gasta tanto, que en un momento dado no bastan estas dos fuentes. ¿Qué se hace entonces? Lo que hizo Kirchner en 2008: exprimir todavía más a los productivos, elevando los impuestos al campo. ¿Y cuando esto tampoco basta? Se nacionalizan las pensiones, como hizo Kirchner en 2008. ¿Y cuándo hace falta más? Se echa mano de las reservas del Banco Central. ¿Y si esto tampoco es suficiente? Se agita la bandera de Las Malvinas… y se expropia las principales empresas. He allí la razón, la verdadera razón, de la expropiación de YPF. Mientras tanto, se persigue a la prensa, se intimida a la oposición y se hace lo que haya que hacer para que nadie instale un pedacito de verdad en la conciencia del respetable. Narcotizar a la opinión pública para que no se dé cuenta de que su consumo está también narcotizado.

A nadie debe extrañar que Argentina haya pasado a ser, después de 17 años, importador neto de energía a pesar de tener lo que, a partir del descubrimiento del yacimiento de Vaca Muerta, se calcula que pueden ser las terceras mayores reservas de gas no convencional del mundo. En todos estos años, al controlar los precios y alimentar el consumo artificialmente el gobierno populista logró dos cosas en materia energética: que se consumiera mucho más (el consumo de petróleo aumentó más de 38% desde 2003 hasta 2010 y el de gas más de 25%) y que las empresas que tenían que vender el gas en el país vieran sus márgenes de ganancia muy reducidos: debían hacerlo a la mitad del precio que se pagaba en Estados Unidos y a la quinta o sexta parte del precio que imperaba en el resto del mundo. Por tanto, todas las empresas ?no sólo YPF? produjeron menos de lo que habrían producido sin estos impedimentos (la producción de petróleo cayó más de 12% y la de gas más de 2%). Y por eso también invirtieron menos de lo que habrían invertido. Pero aun así invirtieron. Si no, no se habría descubierto el yacimiento de Vaca Muerta, hallazgo que no fue obra del gobierno sino, jodida ironía, nada menos que de YPF.

La trompa populista, pues, ha caído estrepitosamente rendida. De allí que el gobierno haya declarado la guerra, ahora, a la misma empresa a la que hace apenas un año la Presidenta elogiaba en términos ditirámbicos y a la que apreciaba tanto que en 2007 el gobierno había ayudado a una familia amiga, los Eskenazi, a entrar en ella.

Aquí, claro, no se acaba el problema: se agrava mucho más. Sólo en los últimos cuatro años han fugado del país, verdadera estampida de quienes veían venir esto, 75.000 millones de dólares (en un país que hoy sólo tiene 47.000 millones de dólares de reservas porque se las gasta tratando de tapar agujeros). Los controles para evitar la salida de dólares alcanzan ya niveles de Estado policial. Como YPF no podrá producir lo que el gobierno quiere que produzca, habrá más chivos expiatorios nacionales y extranjeros (dos, tres, cien Malvinas, que diría el Che), y más expropiaciones (dos, tres, cien YPF). Ya no hay cómo endeudarse en el extranjero porque la decisión arbitraria de Kirchner, hace unos años, de infligir a los acreedores una quita de tres cuartas partes de lo que les debía el gobierno ha provocado un escenario de semi cuarentena crediticia. Por tanto sólo queda seguir expropiando. La rendición total y absoluta del modelo.

La pregunta no es por qué se le ha caído la trompa al populismo argentino, como se les cayó a todos los populismos latinoamericanos del siglo XX, desde la Revolución mexicana hasta Hugo Chávez. La pregunta es ¿por qué hay tontos que insisten en hacer negocios donde es obvio que tarde o temprano les van a dar la trompada del siglo?

Kirchner: «Argentina está cambiando la historia al recuperar YPF»

Economía

Kirchner: «Argentina está cambiando la historia al recuperar YPF»

La presidenta de Argentina recordó en televisión que su esposo y antecesor, el fallecido Néstor Kirchner, dijo en 2003 que «el gran problema energético fue la desnacionalización y la venta de las acciones de YPF»

EFE / BUENOS AIRES
 La presidenta argentina, Cristina Fernández, afirmó hoy que el país está “cambiando la historia”, al destacar la “recuperación” de YPF, en medio del proceso de expropiación de la petrolera a la española Repsol.

“Los argentinos estamos cambiando una historia que muchas veces no quisieron escribir y que lo hicieron otros por ellos”, pero “no hay que echarle la culpa a nadie”, manifestó Fernández durante el acto de presentación del canal estatal Tecnópolis TV. La mandataria dispuso el pasado lunes la intervención de YPF y envió al Parlamento un proyecto de ley para expropiar el 51 por ciento de las acciones de la petrolera a la española Repsol.

«Pasos muy importantes»

“Se están dando pasos muy importantes e impensados hacía muchos años. Se progresó mucho después del derrumbe producido antes de 2003”, insistió Fernández. Recordó además que su esposo y antecesor, el fallecido Néstor Kirchner, dijo en 2003 que “el gran problema energético fue la desnacionalización y la venta de las acciones de YPF”.

“Ahora se está recuperando ese instrumento estratégico”, pero “la historia no se construye como uno quiere sino como uno puede y a pesar de todos los obstáculos, porque no es un camino llano y sin tropiezos”, subrayó Fernández. Tanto Kirchner como la propia Fernández apoyaron la privatización de YPF en 1992 y, hasta que empezó la embestida gubernamental contra la empresa, el pasado diciembre, la presidenta citó en más de una ocasión a YPF, entonces bajo control de Repsol, como modelo de empresa en Argentina.

Debate en la Cámara Alta

El Senado aprobó hoy en comisiones el dictamen del proyecto de ley para expropiar un 51 por ciento de las acciones de YPF en manos de Repsol y la empresa YPF Gas, propiedad del grupo español, lo que habilita el debate de la iniciativa en el pleno de la Cámara Alta. El oficialismo se propone discutir el proyecto gubernamental en el pleno del Senado el miércoles de la semana próxima para luego girarlo a la Cámara de Diputados, donde se espera que los legisladores afines al Gobierno también hagan pesar su mayoría.

El viceministro de Economía, Axel Kicillof, anunció este martes que Argentina no pagará los 10.000 millones de dólares que reclamó el presidente de Repsol, Antonio Brufau, en compensación por las acciones que le serán expropiadas al grupo. El proyecto de ley gubernamental declara de interés “público nacional” el sector de los hidrocarburos y añade que la valoración de YPF dependerá del estatal Tribunal de Tasación, pero no explica de dónde saldrán los fondos para el pago de las acciones que se expropiarán.

Argentina anuncia también la expropiación de YPF Gas a Repsol

Argentina anuncia también la expropiación de YPF Gas a Repsol

Efe
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La expropiación de la petrolera YPF a la española Repsol alcanzará también a la empresa YPF Gas S.A, según ha anunciado hoy el senador oficialista Aníbal Fernández.

Fernández dijo que, al igual que la petrolera, YPF Gas será declarada de utilidad pública y sujeta a expropiación en el proyecto de ley que tramita el Congreso argentino.

Metrogas distribuye gas a unos 2,2 millones de clientes, la mayoría en la Ciudad de Buenos Aires. El 70% del capital de Metrogas está en manos de la empresa Gas Argentino, en la cual YPF tiene una participación de un 45%.

Gas Natural BAN, participada en un 50,4% por Gas Natural Fenosa, fue la primera distribuidora del grupo que operó fuera de España. La filial argentina desarrolla su actividad en el norte y el oeste de la provincia de Buenos Aires. Repsol tiene un 30% de las acciones de esta compañía.

El senador Fernández ha informado de que está a la espera de que el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner remita al Congreso el proyecto de ley incorporando la nueva expropiación para firmar el dictamen de mayoría y garantizar su debate en el pleno del Senado la próxima semana.

Dos comisiones del Senado argentino han aprobado este miércoles el dictamen que da luz verde al Gobierno para expropiar el 51% de la petrolera YPF, gracias al contundente apoyo de los partidos de la coalición gobernante. Se espera que el próximo miércoles sea debatido en el pleno del Senado para que después sea enviado a la Cámara de Diputados, donde el ‘kirchnerismo’ cuenta con una amplia mayoría.

Argentina: Dos enfoques sobre la cultura kirchnerista

Argentina: Dos enfoques sobre la cultura kirchnerista – por Nicolás Márquez

“No vamos a pagar la deuda a costa del hambre del pueblo” (Néstor Kirchner, mayo 2003); “Hemos depositado los fondos en la Reserva Federal de los Estados Unidos” (Néstor Kirchner, en la Conferencia Cumbre de las Américas en Monterrey, enero 2004); “Hoy podemos decir que le pagaremos al FMI toda la deuda antes de que termine el año” (Néstor Kirchner, octubre 2005); “El dinero estaba guardado en un placard. No tengo caja fuerte, por eso lo dejé ahí” (Felisa Miceli, Julio 2007); “El tren bala funcionará en tres años y no es sólo una obra pública con altísima tecnología, sino que estamos dando un salto importante hacia una Argentina distinta” (Cristina Kirchner, enero del 2008); “Eskenazi es un patriota y además es inteligente” (Cristina Kirchner, octubre 2008); “Como en las peores etapas del 55 y del 76 salen como comandos civiles y grupos de tareas, para agredir a los que no piensan como ellos, en forma vergonzosa” (Néstor Kirchner, en alusión a los a los campesinos durante la crisis por las retenciones de la resolución 125, julio 2008); “La inseguridad es una sensación” (Aníbal Fernández, febrero 2009); “Antonini Wilson jamás estuvo en la Casa Rosada” (Aníbal Fernández septiembre del 2009); “Néstor Kirchner no se enriqueció ilícitamente” (Juez Norberto Oyarbide, 20 diciembre 2009); “La carne de cerdo mejora la actividad sexual; mejor que el Viagra” (Cristina Kirchner, enero 2010); “No hay inflación sino un reacomodamiento de precios” (Amado Boudou, febrero 2010); “No sé ni lo que es un troquel de medicamentos” (Hugo Moyano, noviembre 2010); “La inflación es algo que sólo afecta a la clase media y la clase media alta” (Amado Boudou, noviembre 2010); “La Argentina es uno de los países más seguros de la región” (Héctor Timermann, marzo 2011); “En nuestra gestión hicimos 800 mil viviendas, el Estado recuperó ese rol indelegable” (Cristina Kirchner, junio 2011); “No le robé un mango a nadie con la construcción de viviendas” (Sergio Shocklender, septiembre 2011); “Los hijos de la señora de Noble provenían de la apropiación de los nietos nuestros” (Estela Carlotto, julio 2011); “La inflación del 2011 fue del 9,5 (informe anual del INDEC); “Emitir billetes no genera inflación” (Mercedes Marcó del Pont marzo, 2012); “No conozco a Vanderbruole” (Amado Boudou, abril 2012)

Este brevísimo e incompleto cúmulo de célebres pensamientos y aforismos textualmente transcriptos de los mas altos referentes de la cultura kirchnerista merece dos interpretaciones posibles acerca de la naturaleza de este singular movimiento político y gubernamental.

Una es la que ofrece Página 12 y los medios oficiales, la cual nos dice que  el kirchnerismo es una corriente de pensadores y dirigentes comprometidos tenazmente con una causa filosófica y política que, la cual más allá de eventuales imperfecciones, defiende con honestidad intelectual, coherencia y perseverancia una redentora causa nacional y popular.

Un enfoque alternativo podría decirnos que en rigor de verdad, el kirchnerismo no es más que una verdadera pandilla de protervos. Es decir, una ominosa recua integrada mayormente por caraduras y saqueadores que se enriquecen a cuatro manos lucrando con el Estado en el marco de negociados espurios y que encima nos toman por idiotas al mentirnos sin sutileza alguna con llamativa desvergüenza.

¿A Usted cual de ambos enfoque le resulta más convincente?.

Fuente: La Prensa Popular (Argentina)

Escuche la edicion de esta semana de “Contracorriente”, el programa de Radio de Nicolas Marquez y la Prensa Popular en Radio Nova Internacional aqui:

 

Argentina podría darse tiro en el pie con expropiación petrolera

Argentina podría darse tiro en el pie con expropiación petrolera

Un anuncio político hace referencia a la expropiación de la compañía YPF en Buenos Aires, Argentina, el martes. Natacha Pisarenko / AP

Rodrigo Orihuela/

Bloomberg

Buenos Aires — La expropiación de YPF SA por parte de Argentina amenaza con alejar aún más al país de su objetivo de autosuficiencia energética, a la vez que los inversionistas sopesan el mayor riesgo de expropiación en la segunda economía más importante de Sudamérica.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner nombró al ministro de Planificación, Julio De Vido, para encabezar la compañía petrolera con efecto inmediato y está enviando un proyecto de ley al Congreso para expropiar una participación del 51 por ciento, después de que las importaciones de petróleo se duplicaron. Argentina, que quiere producir suficiente crudo para satisfacer el consumo, corre el riesgo de tornarse “inviable” como país por el aumento de las importaciones, afirmó Fernández el lunes.

La expropiación de la participación de Repsol YPF SA, con sede en Madrid, se produce después de más de dos meses de presión del gobierno sobre YPF por la caída de la producción. El país podría duplicar la producción en el lapso de 10 años después del descubrimiento de pozos de petróleo shale en el sur, cuyo desarrollo demandará $25,000 millones anuales y para lo cual YFP tendrá que buscar socios para compartir los costos.

“No veo ninguna ventaja, especialmente porque esto sucedió en un momento en el que había un creciente interés en el potencial de recursos no convencionales”, afirmó ayer Daniel Kerner, analista en la firma de investigación de riesgo político Eurasia Group, en una entrevista telefónica. “Va a ser muy difícil atraer inversión porque no sólo se cambiaron las reglas de juego sino que se expropiaron los activos de la compañía principal”.

El máximo responsable ejecutivo de Repsol, Antonio Brufau, declaró que la Argentina apuntaba a apoderarse de YPF a precio de saldo. La expropiación es una manera de tapar la crisis social y económica que está sufriendo Argentina, aseguró en una conferencia de prensa en Madrid el martes.

“Si Argentina piensa que sus recursos no van a caer, se equivoca”, les dijo Brufau a los periodistas. “Caerán”.

Las reservas petroleras del país cayeron aproximadamente 18 por ciento entre 1998 y el 2010, según el Instituto Argentino de Petróleo y Gas. Los topes a los precios de las exportaciones de petróleo también hicieron que las inversiones resultaran menos atractivas.

Repsol es responsable de alrededor del 54 por ciento de la caída de las reservas y la producción del país desde que compró YPF en 1998, según una copia del proyecto de ley. La compañía tuvo una “actitud predatoria” hacia la Argentina que justificó la expropiación, según el texto.

“Es muy difícil revertir la situación cuando el problema viene sucediendo desde hace años”, afirmó Adrián Mayoral, analista y operador en la firma Mayoral Bursátil, con sede en Buenos Aires, en una entrevista telefónica el lunes desde la capital argentina. “El gobierno no tiene $20,000 millones al año que pueda dedicar a la exploración y a la producción”.

Repsol declaró que la expropiación es “claramente” ilegal y que podría solicitar protección bajo la ley estadounidense e internacional.

El costo de asegurarse contra un impago argentino subió 42 puntos básicos a 952 ayer, el mayor salto en el mundo, según datos proporcionados por CMA, después de que Fernández anunció que el gobierno tomaría control de YPF.

Las permutas de riesgo crediticio de Repsol YPF subieron 79 puntos básicos a 391 puntos, según revelan datos compilados por Bloomberg.

YPF perdió ocho potenciales inversores en los mayores depósitos de shale en Sudamérica después de que las medidas del gobierno hicieron que las inversiones petroleras resultaran menos atractivas, dijo una persona familiarizada con las conversaciones en febrero. Empresas de Estados Unidos, Canadá y Europa abandonaron las negociaciones después de que el gobierno retiró los incentivos financieros para los productores y obligó a las empresas a repatriar los ingresos por exportaciones, según la fuente.

La compañía dijo a comienzos de este mes que la formación Vaca Muerta de 30,000 kilómetros cuadrados en el sur de Argentina alberga por lo menos 23,000 millones de barriles de petróleo, según una auditoría externa que supervisó unos 8,000 kilómetros cuadrados del área. YPF tiene aproximadamente 13,000 barriles en esa zona, informó la compañía. Desarrollar los 23,000 millones de barriles costará aproximadamente $25,000 millones por año durante diez años, dijo la compañía.

“Atraer el capital internacional a Argentina como una fuente de financiamiento de los enormes recursos económicos que este proyecto demandará en los próximos años es una condición fundamental para un proyecto de semejante magnitud”, señaló YPF la semana pasada.

El auge de producción de gas y petróleo de pizarras en los últimos años colocó a Estados Unidos lo más cerca que estuvo en casi dos décadas de alcanzar la autosuficiencia energética.

“Argentina se está disparando a sí misma en el pie con una acción tan agresiva”, afirmó ayer Jason Kenney, analista de Banco Santander SA, en Edimburgo, en una entrevista telefónica.

La expropiación es “una decisión hostil contra Repsol y, por lo tanto, contra España y el gobierno español, y el gobierno actuará en consecuencia”, declaró ayer a los periodistas el ministro de Industria español, José Manuel Soria, en Madrid, agregando que el país está elaborando “medidas claras y decisivas”.

“La interrogante en lo que concierne a los inversionistas de Repsol es qué precio el gobierno podría pagar por la participación”, comentó Neill Morton, analista de la industria petrolera en Berenberg Bank, en Londres, en una entrevista telefónica. “Lo que asusta a los inversionistas de Repsol es la idea de que el gobierno no tiene el dinero, de manera que les van a hacer una oferta muy baja”.

 

Argentina no pagará a Repsol lo que pide por YPF

Argentina y los límites del mundo

Argentina y los límites del mundo

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Por Carlos Mira

Mira Quién Habla

(Este comentario fue subido antes del discurso de la Presidente)

¿Cuál será el poder del mundo como último recurso para que la Argentina retome la moderación (si es que alguna vez la tuvo) y el sentido común? En la Cumbre de las Américas en Cartagena, la presidente Cristina Fernández escuchó las admoniciones del presidente Obama respecto de la cuestión comercial que, previamente, su gobierno se había encargado de ventilar en la OMC, acompañado de más de 40 países del mundo.

Toda la diplomacia española le ha hecho saber con todas las letras que cualquier acto de hostilidad hacia YPF será considerado un acto de agresión hacia España, que responderá no solo con una ruptura económica, sino también “fraternal”.

Los socios latinoamericanos empezando por Brasil y Uruguay han planteado ya serios cuestionamientos por el cierre de las importaciones, y la Unión Europea se prepara para boicotear las compras de soja, carne y de aceites vegetales.

¿Hasta dónde llegará el quijotismo de Cristina y su gobierno de aislamiento?, ¿hasta dónde la paleolítica formación de Axel Kiciloff recibirá la atención presidencial?

El gobierno de Cristina Fernández se ha hecho cada vez más chico. Solo un número reducido de personas lo integran. Todas preparadas para decir que sí a las decisiones de la cumbre. Esas decisiones parecen estar, a su vez, cada vez más influidas por una mezcla de inexperiencia, escasa formación y ceguera, que son, por lejos, los adjetivos que mejor describen a La Campora. La designación de Daniel Reposo en la Procuraduría General -otra muestra de esa pequeñez- depende ahora de 4 o 5 senadores radicales filokirchenristas que podrían “ausentarse” de la sesión de aprobación del pliego para que los 2/3 sobre los miembros presentes le permita al oficialismo llevar a este abogado -cuyo único mérito consiste en haber sido un empleado público durante 30 años, sin otro brillo más que haberse hecho “militante” desde la llegada de los Kirchner- a ser el nuevo Procurador General, un nombramiento que avergüenza al país cuando se lo compara los nombres que han ocupado ese sillón en la historia judicial.

¿Podría Cristina acusar al mundo de “destituyente”? Se sabe que toda expresión manifiesta que contraríe el criterio del gobierno es considerada por ese solo hecho como “golpista”. El gobierno respeta a rajatabla la libertad de pensamiento pero siente una enorme repugnancia por la libertad de palabra.

Pero alzarse contra la opinión concordante de decenas de gobiernos democráticos y civilizados que no estén de acuerdo en seguir compartiendo con la Argentina en un pie de igualdad foros internacionales y presencias comunes, parece ser otro cantar.

Hace ya varias semanas que, en este mismo lugar, adelantamos la incipiente voluntad europea de expulsar al país del G20. Desde que lo dijimos hasta ahora, la Argentina no ha hecho otra cosa que entregar más argumentos contundentes como para que esos países profundicen su iniciativa. En este marco no se entiende cómo hará el país para atraer los dineros que necesita. El cierre de las importaciones, que ahoga ya las fuentes de trabajo, no puede convertirse en el método para juntar la plata que precisamos, porque la inanición de las fábricas dejará a la gente en la calle y la rueda productiva acabará por detenerse.

El corte de relaciones -al menos comerciales- con medio mundo no traerá otra consecuencia que no sea la pobreza, la escasez y la miseria. Miremos qué tipo de vida le dan a su gente las dictaduras socialistas para tener una imagen adelantada de cómo nos irá por ese camino.

¿Se bancará el pueblo la proyección de ese horizonte?, ¿hasta dónde llega realmente el apoyo al nacionalismo estúpido?. Cuando empiecen a escasear los enseres que hasta ahora dábamos por descontados, cuando no se pueda mover un dedo sin darle explicaciones a un comisario del pueblo, cuando la delación, la asfixia y el olvido se apoderen de la Argentina, como ya los han hecho en la Historia con decenas de países que han desafiado los confines de la lógica, ¿seguirá pagando el nacionalismo ciego?

Cuba lleva ya 53 años probando que, en última instancia, la estupidez colectiva es posible. El mundo no pudo contra el retorcido resentimiento de una isla que no llega a los 12 millones de habitantes. La dejó librada a su envidia, para que se siga consumiendo sola en el fuego de su odio. La Argentina no es Cuba, pero el mundo no tendría inconvenientes en vivir sin ella. Si el país está tan empecinado en demostrar que el sol sale por el Oeste, es probable que el mundo le suelte la mano para dejar que siga intentado probar sus utopías, sin molestar a los demás. Presentarse ante el Universo con los alardes de un profesor sabihondo que luego deja las cuentas sin pagar, está cansando a más de uno.

Por eso gran parte del futuro mediato del país dependerá de los humores que discurren fuera de nuestras fronteras. Paradójicamente una postura inflexible de países aburridos de aguantar a un rebeldón sin causa, puede convertirse en el camino más corto hacia el retorno del sentido común. Pero una vez más: será la sociedad argentina la que deba darle al gobierno una señal inequívoca de que está dispuesta a acompañarlo hasta la puerta del cementerio. Pero de que no tiene ninguna intención de entrar con él a ese sitio sin retorno.

Luego de las palabras de Cristina… una sociedad de soldados

Yo no soy gorila, soy soldado… de Cristina… (Cánticos del coro en la Casa Rosada)

La expropiación de YPF marca el comienzo de un camino final hacia la chavización del gobierno. Una sociedad regimentada, al mando militar de una Generala que dirige soldados en guerras inventadas es el horizonte que mejor describe el futuro inmediato de la Argentina. Un país en guerra con el Universo, que es más o menos lo mismo que decir un país en guerra consigo mismo. Los adalides de la privatización de YPF, ahora envueltos en la bandera de un rancio nacionalismo que roba la propiedad de la empresa más grande del país, le acaban de dar una señal inequívoca al mundo de que en la Argentina no están protegidos los derechos.

Quien quiera tener una descripción aproximada del tipo de país hacia el que vamos debería bucear en la dinosauresca mente de Axel Kiciloff, el marxista que le da letra a la presidente. YPF será colonizada por los buscasueldos de La Campora que meterá allí a sus ávidos muchachos, aun sueltos de sillones públicos.

Desde esas imposiciones el país seguirá recibiendo muestras de lo que debe ser: un ejército de soldados obedeciendo órdenes. El que desobedezca, muere civilmente o se va. No hay opciones en el reino del chavismo: se es soldado de Cristina o se es un gorila golpista y destituyente.

¿Podrá el mundo, como decíamos en nuestro comentario previo, convertirse en un límite al avasallamiento de la libertad en la Argentina?, ¿o solo será el refugio lejano de los que aun quieran seguir siendo libres?

MENSAJE DE CRISTINA

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El Gobierno de España da por rota la amistad con Argentina y prepara represalias

El Gobierno de España da por rota la amistad con Argentina y prepara represalias

García-Margallo: “La decisión rompe el clima de cordialidad y amistad”

Soria: “Es una decisión hostil contra España y el Gobierno de España”

El Ejecutivo anuncia medidas “claras y contundentes” en los próximos días

Exteriores convoca de nuevo al embajador argentino en España

El Gobierno español ha salido este lunes en tromba y ha condenado rotundamente la decisión del Gobierno argentino de nacionalizar el 51% de la filial argentina de Repsol. El ministro de Industria, José Manuel Soria, ha avanzado en conferencia de prensa que el Ejecutivo español trabajaba desde el mismo lunes por la tarde en unas medidas “claras y contundentes” que se darán a conocer en los próximos días, aunque no especificó ninguna. Soria ha denunciado que la medida decidida por la presidenta Cristina Fernández es un gesto de hostilidad contra España y contra el Gobierno de España. Tanto Soria como el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, han dedicado un rosario de descalificativos a la expropiación. García-Margallo, que ha convocado para este martes al embajador argentino, Carlos Bettini, ha declarado que se trata de una medida “arbitraria” y “dañina”, que supone la ruptura de “la relación de amistad y cordialidad” que había unido hasta ahora a ambos países y ha reprochado que España había acudido en socorro de Argentina, cuando el país latinoamericano se encontraba en sus peores momentos.

El Gobierno se ha puesto en contacto con las autoridades europeas, y ha pedido que se debata por la vía de urgencia en el pleno que se está celebrando en Estrasburgo. Ha lamentado que la nacionalización rompe el acuerdo verbal, alcanzado por ambos gobiernos el pasado 28 de febrero, de solventar cualquier conflicto respecto a las inversiones de Repsol con diálogo. El ministro ha advertido de que la decisión no solo es “pésima para España y para Argentina”, sino que también es “malísima para la seguridad jurídica”, con lo que perjudicará gravemente la llegada de inversiones a Argentina. La petrolera Repsol, por su parte, también ha anunciado medidas legales contra Argentina y su decisión de expropiar. Considera la medida “ilícita y gravemente discriminatoria”.

Soria confía en que este gesto hostil “no sea el principio de una situación grave”, ya que en Argentina operan otras importantes empresas españolas del sector financiero (BBVA y Santander), telecomunicaciones (Telefónica), y otros servicios. En esta línea, Soria ha advertido de que la expropiación de YPF “no solo afecta a una empresa aislada, sino que perjudica también a miles de accionistas y sus ahorros” y ha criticado que la medida supone una discriminación porque hay otros accionistas de YPF que no se ven afectados.

Soria había declarado el sábado que el conflicto con Repsol en Argentina se estaba encauzando, pero ayer aclaró que se refería a que Buenos Aires no había cumplido la amenaza de nacionalización, que parecía un hecho hacía tan solo unos días. El ministro lamentó que tras su viaje a Argentina, cuando se firmó el acuerdo verbal por el diálogo, el 28 de febrero, se dirigió por escrito al Gobierno de Kirchner, para fijar día y hora de reunión y jamás obtuvo respuesta.

“Allí donde haya una empresa española, allí estará el Gobierno defendiendo como propios sus intereses”. Rajoy, sin referirse directamente a Repsol ni a Argentina, tenía muy presente la amenaza de nacionalización en el discurso con el que clausuró la Asamblea General del Instituto de la Empresa Familiar (IEF) este lunes en Madrid. “No les quepa duda, este Gobierno va a estar al lado de quienes crean empleo y riqueza dentro y fuera de muestro país”, afirmó Rajoy tras señalar que “la excelencia de las empresas españolas requiere de una política económica que esté a su altura”.

Rajoy, informa Miguel González, inicia este lunes su primera gira por Iberoamérica como presidente que le llevará tres días a México y Colombia en plena ofensiva diplomática para intentar frenar el ya explícito plan de Cristina Fernández de arrebatar a Repsol el control de YPF y en medio de la polémica provocada por el accidente del Rey en Botsuana. El viaje estaba previsto antes de que la presidenta argentina anunciara la toma de control de la filial de la petrolera.

Precisamente el presidente de México ha lamentado este lunes la decisión “poco responsable y poco racional” de Cristina Fernández, a quien Felipe Calderón ha animado a rectificar su postura, “claramente violatoria de acuerdos y tratados”.

La primera valoración pública de un dirigente político español había llegado de la mano de Dolores de Cospedal minutos después del anuncio de Fernández, a media tarde. “No me cabe la menor duda de que el Gobierno va a dar cumplida respuesta a esta situación. Será la respuesta suficiente y completa para defender el interés de las empresas españolas en Argentina”, aseguró la secretaria general del PP.

Repsol acusa a Argentina

Repsol acusa a Argentina de expropiar YPF para tapar la crisis económica y social

El presidente de la petrolera afirma que la nacionalización no está justificada por utilidad pública

La compañía asegura que la medida no se traducirá en una subida de los carburantes

El grupo presentará un nuevo plan estratégico a finales de mayo y mantendrá el dividendo

/ Madrid

Brufau, durante la rueda de prensa en Madrid. / ATLAS

Repsol acusó hoy a Argentina de expropiar su filial YPF con el objetivo de tapar la crisis social y económica que azota el país latinoamericano, según ha dicho el presidente de la petrolera española, Antonio Brufau. La compañía, que pide 10.500 millones de dólares (unos 8.000 millones de euros) por su participación en YPF, considera la nacionalización ilegal y demandará a Buenos Aires en un arbitraje ante el Banco Mundial.

“Estos actos no quedarán impunes”, advirtió el primer ejecutivo de la petrolera en una conferencia de prensa convocada en la sede de Repsol en Madrid y que duró casi dos horas. “La presidenta de Argentina ha realizado un acto ilegítimo e injustificable tras una campaña de acusaciones dirigida a derrumbar la acción de YPF y permitir una expropiación a precio de saldo”, dijo Brufau, cuyo tono, directo pero campechano, contrastó con el aire de solemnidad que rodeó la víspera el anuncio de la presidenta Fernández de Kirchner.

En primer lugar, la compañía demandará a Buenos Aires ante el Banco Mundial por la expropiación, la mayor registrada en el sector de los hidrocarburos desde que Rusia se hiciera con los activos de Yukos hace una década. Los pleitos se dirimen a través del Centro Internacional sobre Diferencias relativas a Inversiones (Ciadi), donde ya han llevado sus quejas en el pasado otras compañías españolas presentes en Argentina, como Telefónica, Endesa, Gas Natural y Aguas de Barcelona.

El presidente de Repsol aseguró que la expropiación de la filial, que el año pasado representó un tercio del beneficio bruto de la compañía española, no está justificada por utilidad pública y rechazó las acusaciones del Gobierno argentino de que la petrolera tiene una actitud “depredatoria” sobre los recursos del país. “La decisión viola los más elementales principios de la igualdad de trato”, dijo. Pese a tratarse de una iniciativa que abarca todo el sector de los hidrocarburos, solo ha sido expropiada YPF y, dentro de esta empresa, solo las acciones de la petrolera española.

“A través de levantar la bandera de la expropiación y buscar un responsable en YPF se oculta la realidad”, afirmó Brufau, para quien la renacionalización responde simplemente a un intento del Gobierno argentino de “tapar la crisis social y económica que está enfrentando Argentina”, con una elevada inflación y conflictos en sectores como el transporte. El Gobierno “solo busca tomar el control de la petrolera sin ninguna opa, un compromiso asumido por el Gobierno en su privatización”, añadió.

El Gobierno español se ha comprometido a defender los intereses de Repsol. El ministro de Industria, José Manuel Soria, advirtió hoy que la expropiación tendrá consecuencias, que se conocerán en los próximos días, y que se materializarán a través de medidas de ámbito “diplomático, comercial, industrial y energético”. En Bruselas, la Comisión Europea suspendió un encuentro bilateral con Argentina previsto para esta semana y advirtió que la decisión envía una señal muy negativa a los inversores.

No subirá la gasolina

El presidente de Repsol ha enfatizado que en ningún momento la producción de YPF ha sido enviada a España por lo que no afectará de ninguna manera al precio de los carburantes. “La repercusión será cero en compras, precios y aprovisionamientos”, ha dicho. La expropiación, ha asegurado Brufau, no afectará a la política de dividendos de la empresa y que a finales de mayo presentará un nuevo plan estratégico.

Brufau ha añadido que Repsol no ha tenido ninguna respuesta del segundo accionista de la filial argentina, el grupo Petersen, de Enrique Eskenazi. Repsol tiene una participación del 57,43% en YPF. Adicionalmente, mantiene un préstamo con el grupo de la familia Eskenazi valorado en 1.542 millones de euros. Este grupo tiene más de un 25% del capital de YPF tras el acuerdo alcanzado entre Repsol y el Gobierno argentino, que adquirió con un préstamo de Repsol (45%) y de un grupo de entidades (el otro 55%). De hecho, esta empresa debe pagar 400 millones a sus bancos acreedores en mayo. O refinanciar. Para el Gobierno argentino, nacionalizar este paquete hubiese sido nacionalizar una deuda de unos 4.000 millones.

Respecto a la posibilidad de que la petrolera china Sinopec se haga con la participación expropiada, Brufau dijo: “Los chinos, por muy chinos que sean, son muy serios. Y nadie serio entra por la puerta falsa”. Respecto al ministro de Planificación argentino, Julio de Vido, el primer ejecutivo de Repsol añadió: “No creo que verle sentado al frente de YPF sea un plato de buen gusto para un inversor fino de Minesotta”. Y arremetió contra el concepto de seguridad jurídica del país: “No es de lo más fuerte”.

Ley Videla

Brufau fue duro con la manera de actuar de ayer del Gobierno argentino, que mandó a altos funcionarios a la sede de YPF en Buenos Aires para obligar a los ejecutivos a abandonarla de inmediato. “Entraron en nuestras instalaciones al amparo de una ley de Videla, que fue un dictador, antes incluso de que la presidenta acabase de explicar el decreto de intervención. No es propio de un país moderno, esta no es la Argentina querida. La gente de este país se merece otra cosa”, dijo.

Brufau hizo historia y recordó que el matrimonio Kirchner aproyó la privatización de YPF en 1999. Entonces, el expresidente Néstor Kirchner era gobernador de Santa Cruz.. “En 2008, escuchando los deseos del Gobierno argentino dimos entrada a un grupo argentino, con financiación bancaria y de la propia Repsol. Fue absolutamente aprobada por Kirchner y su señora y se aprobó el pago de dividendos” ahora criticado.

“Habría que mirarse un poquito en el recordatorio de cada uno”, reprochó en relación a las críticas de Kirchner contra la política de dividendos. “Hasta finales de 2011 solo recibíamos beneplácitos, ya ahora se nos acusa de una década de depreciación”.

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