Venezuela: Los Juristas del hedor

Posted on April 27, 2012

Venezuela: Los Juristas del hedor – por Paulina Gamus

Las películas pueden ser comedias, dramas, musicales, de suspenso, históricas, de terror, de ciencia ficción y hasta vomitivas. En esta última categoría podríamos ubicar La piel que habito, de Almodóvar, un espectáculo revulsivo que descompone hasta los estómagos más resistentes al asco.  La televisión es más proclive a mostrarnos escenas que provocan nauseas, las podemos ver casi a diario en el recuento noticioso de asesinatos, actos terroristas o catástrofes naturales. Claro que quienes somos sensibles a ese tipo de imágenes tenemos la opción de cambiar el canal para evitar estropicios digestivos. Pero acaba de ocurrir un caso televisivo en el que hubiésemos querido tener a mano una de esas bolsitas que dan en los aviones para que los pasajeros vomiten (cuando hace falta) y sin embargo, por alguna extraña razón, estábamos como hipnotizados sin poder apartar los ojos de lo que sucedía en la pantalla, en este caso, de Globovisión.

Suponemos que el rating del canal más perseguido y hostigado por el gobierno malandro, debe haber roto todos los records en la noche del miércoles 18 de abril último. Los tweets  y los mensajes telefónicos anunciaron repetidamente que a las  8 y 30  el canal difundiría una entrevista del ex magistrado del Tribunal Supremo de Justicia y ex presidente de la Sala Penal del mismo, Eladio Aponte Aponte.  Lo que sucedió ante nuestros ojos y escucharon nuestros oídos es difícil e describir. Para nadie podía ser una sorpresa la manipulación grosera de la justicia que ha hecho este gobierno a lo largo de trece años, reconocida de manera abierta y desvergonzada por el destituido Aponte al cuadrado, pero no era fácil imaginar el grado de prostitución de quienes usan sin una pizca de pudor el calificativo de “magistrados”.

El profesor Carlos Armando Figueredo tradujo hace algunos años un libro imprescindible del eminente jurisconsulto alemán Ingo Müller: “Los Juristas del horror”. El autor investiga y revela con precisión admirable, cómo los más distinguidos maestros de las leyes dieron la base legal a los crímenes raciales y eutanásicos del nazismo alemán y, al mismo tiempo, la sumisión de los jueces alemanes (muchos de ellos de impecable trayectoria) a las órdenes y dictámenes de Hitler, sin importarles la monstruosidad de los mismos. Esos juristas, la mayoría por convicción y quizá algunos por miedo, cubrieron de legitimidad  todos los crímenes del nazismo alemán, incluido el exterminio de discapacitados, homosexuales, razas inferiores (gitanos o eslavos) y por supuesto los no-humanosjudíos. Tan horrorosos fueron que uno de los Juicios de Núremberg estuvo destinado a juzgarlos y varios de ellos recibieron penas de cadena perpetua.

Lo que reveló la entrevista de Aponte al cuadrado fue, en primer lugar, el analfabetismo funcional de alguien que llegó a ocupar el cargo de fiscal general militar y gracias a sus asqueantes servicios fue elevado al Tribunal Supremo de Justicia. Si nos dispusiéramos a conocer el verdadero curriculum de los demás magistrados designados por su obediencia perruna a Chávez, encontraríamos que no hay mayores diferencias con el hoy destituido Aponte (bis). Ninguno llegó a ese cargo por sus conocimientos y competencias,  todos son jueces del más alto tribunal de la República por su carencia absoluta de escrúpulos y decencia. Como bien lo reveló el vomitivo entrevistado, lo único que justificaba sus desmanes era la necesidad de conservar el cargo. Nada de convicciones revolucionarias ni ideología socialista del siglo XXI o de cualquier otro siglo. Ante la pregunta de la periodista sobre qué pasaría si alguna vez desobedecía las órdenes de Chávez o de quienes se las transmitían, respondió con el mayor desparpajo: “quedaba fuera”. Y allí estaría ejecutando privaciones arbitrarias de la libertad de decenas de venezolanos inocentes, extorsionando a otros y pisoteando la justicia, si por alguna razón que aún desconoce no hubiese sido destituido del cargo y execrado por sus cómplices de antaño.

Uno de los momentos risibles de la entrevista ocurrió cuando dijo que en medio de su perturbación por haber perdido la chamba, se juró a sí mismo no volver a leer un código. La pregunta que se  hicieron a un mismo tiempo decenas de twitteros es si alguna vez leyó alguno.  Podríamos ir un poco más allá y preguntarnos si en caso de haberlo leído entendió algo, porque hay que ver la calaña de abogados que gradúan algunas universidades venezolana. La periodista le insistió una y otra vez si tenía algo que decirles a las familias de las personas condenadas a pesar de su inocencia, y esperamos inútilmente que les dijera la palabra perdón. Sólo al final, sin estar demasiado seguro de haberse equivocado, dijo que estaba dispuesto a pagar por sus culpas.

Quizá dos veces Aponte no pague nada o muy poco por los crímenes que cometió. Fue lo suficientemente hábil para acogerse a la protección que ofrece la DEA a quienes delatan a sus compinches. Los demás juristas del hedor, esos que aún permanecen en sus cargos obedeciendo las órdenes de los maleantes que nos gobiernan, y los otros integrantes del Poder (IN) Moral, bien podrían ir pensando en seguir el mismo camino si es que quieren salvar sus pellejos del juicio que les espera y pronto.

Fuente: Analitica (Venezuela)

Ver entrevista completa a Eladio Aponte Aponte:

 

Colombia: Desde la cumbre, los buitres nos esperan

Posted on April 27, 2012

Colombia: Desde la cumbre, los buitres nos esperan – por Dayi Sedano

En un articulo que publicó ayer el régimen cubano en el periódico Granma, titulado “Por la segunda independencia”, nos queda claro que los hermanos Castro tenían planeado sabotear la Cumbre de las Américas desde un comienzo; que junto a Chávez continúan fortaleciendo el modelo del socialismo del siglo XXI en Latinoamérica, y que a raíz de esos dos hechos, programan a su antojo las agendas de política exterior de los países alineados en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

En primera medida, como en una lista de objetivos alcanzados, en el artículo se nombra y “se aprueba” cada uno de los “nobles” gestos de los presidentes que se solidarizaron con el tema de la participación de Cuba, considerando o exigiendo su inclusión en la Cumbre de las Américas realizada en Cartagena. Casi que con libreto en mano, señalan el rol de los presidentes indecisos, los enfermos y los trabajosos de última hora en un cronograma que comenzó en el pasado mes de febrero cuando se reunió el ALBA en Caracas. Además, como para no desentonar con el tono de amistad, también agradecen la visita a la isla por parte del ave de mal agüero y hasta elogian su papel como anfitrión de la cumbre.

Entre los escándalos y los shows mediáticos que tuvieron lugar en Cartagena resultó fácil dejar en segundo plano que hoy los cubanos sobreviven a una cruel dictadura que no respeta sus derechos fundamentales ni sus libertades individuales y que sus tiranos no tienen ninguna intención de transitar hacia la democracia, siendo éste el único requisito a cumplir para poder participar en las Cumbres de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

En ese sentido, la dictadura cubana manifiesta que la Cumbre de las Américas sólo ha beneficiado al “Norte”, e insiste una y otra vez con su discurso antiamericano, igualmente promulgado por todos sus seguidores, de que todos sus males son producto de un supuesto bloqueo (bastante diferente del embargo que en realidad existe) de los Estados Unidos a la isla. Al respecto Chávez exigió “el fin del vergonzoso y criminal bloqueo a la hermana República de Cuba: Bloqueo que, desde hace más de 50 años, ejerce el imperio, con crueldad y sevicia, contra el heroico pueblo de José Martí”.

A esta altura, y con muchos de los países miembros siguiendo órdenes de los Castro, el Granma ordena: “de la OEA, ese cadáver insepulto, ni hay que hablar”.

Como segunda medida, si bien el tema de la despenalización del consumo y venta de drogas ilegales sentó algún precedente en esta cumbre, comparto que no tiene sentido discutirlo si no están presentes todos los representantes de los países responsables del narcotráfico en la región. Por ejemplo, entre los que aún dicen no tener posición definida en el debate se encuentra Venezuela, país que constituye un punto estratégico en la cadena de distribución de drogas ilegales, especialmente en camino hacia Europa. Y con Chávez en el poder, entre su enfermedad, su patrocinio a Cuba y sus esfuerzos e intereses impulsando el socialismo del siglo XXI, lo que más se necesita son recursos, y las drogas legalizadas no dejarían la misma utilidad.

Por último, es necesario reconocer que el escenario regional les ha facilitado las cosas a los hermanos Castro. Los pronósticos acerca de un consenso son bastante precarios, motivo por el que no fue posible la firma de un documento final de la cumbre. El intercambio económico entre pares ha sido desmotivado por altas deudas, inseguridad reglamentaria para la inversión, políticas proteccionistas, y la integración regional ha sido sustituida por tratados de libre comercio bilaterales, firmados especialmente con los Estados Unidos. Los reclamos territoriales, tales como las islas Malvinas por parte de Argentina o la salida al mar que exige Bolivia, vuelven a mojar prensa convirtiendo el anhelado debate constructivo en una mera búsqueda de votos de apoyo. Además, Colombia, el país que por su ubicación geográfica conecta las Américas y que durante el gobierno de Uribe combatió las guerrillas, atacó los cultivos de coca y fue especialmente reacio a la política de sus vecinos; ahora parece empezar a contagiarse de la misma enfermedad de la que padecen todos sus nuevos mejores amigos.

Hoy por hoy, en nuestra colorida región la libre circulación de personas se aprovecha para cruzar drogas o esconderse de la justicia en otros territorios; las empresas no se privatizan si no que son víctimas de la expropiación y estatización por parte de los gobiernos (como si “todo su desarrollo” les alcanzara para meterse con esos chicharrones); la supuesta integración regional sólo alcanza para la foto grupal; la política exterior incluye falsos voluntariados para la liberación de rehenes y preocupantes capítulos de negociación con terroristas; y hasta salen figuritas desubicadas que se atreven a sugerir en territorio ajeno que los terroristas de las FARC deberían consolidarse en un partido político… Venimos aprendiendo bien de los Castro.

Curioso que el Granma nos diga que “de Cuba se deben ocupar los cubanos”; porque “aquellos cubanos” andan ocupados en cosas que inmiscuyen a toda nuestra región latinoamericana.

 

Ecuador: ¿Es “esto” una revolución social?

Posted on April 27, 2012

Ecuador: ¿Es “esto” una revolución social? – por Lula Garay de Gilbert

Las ocho lucas de Ochoa, los contratos del “ñaño”, los come cheques, el mal uso de la fuerza pública, las cadenas sabatinas, el sánduche y la cola, la manipulación de los jueces, la centralización de poderes, la dependencia de asambleístas, la valija diplomática, la gordita horrorosa, su rodilla adolorida (de agacharse a… perdonar), la abolición del rol de primera dama, el insulto diario, la paliza económica –dolor agónico a la billetera-, la delincuencia, la “corruggggccción”, los viajes, la colcha blindada, las camisas bordadas, el sableado alfarino, el patrimonio inflamado, el 30 de septiembre, las canciones truchas, la masificación de la pobreza, si la cuca la meca o la tortoleca, es lo que hemos visto en esta revolución social.

Cómo pueden abrir la boca para decir que existe una revolución “social”, cuando el agro está inundado, las escuelas están destruídas, los hospitales tienen todo menos médicos para que atiendan; cuando no hay empleo; cuando hay gente que muere en las veredas por 0.25 centavos o un celular turro.

Debería ser algo más que fanático del Che; algo más que amarrarse un pañuelo o ponerse una boina. Debió hacer conciencia de lo que Ernesto Guevara de la Serna dijo: “En la tierra hacen falta personas que trabajen más y critiquen menos; que construyan más y destruyan menos, que prometan menos y resuelvan más…”. Cada “microfonazo” que se pega, debería tener a alguien que le recuerde esto.

Y lo peor, al mero estilo de Quico, el del pelota cuadrada, lo vimos que convocó a las calles bajo la premisa de “ah, ustedes tienen su marcha… Yo también”. Y en las calles de nuestra capital se vivió la marcha vs. marcha, según parece, olvidándose por completo que en ambos bandos, estaban ecuatorianos enfrentándose unos a otros. Claro, no debería asombrarnos, viniendo de quien se pelea con su hermano como entretenimiento familiar. Abuso de las personas con discapacidad. Los obligó a salir, los expuso. Esto no es defensa, es “subsistencia”, escuché a uno decir.

Quisiera saber cuál es el concepto que él tiene acerca de Democracia y Libertad. Me encantaría preguntarle si para él “Democracia” y “Libertad” son algo más que la tortuga y la amiga pequeñita de Mafalda.

Cuánta razón tiene cuando dice “No volvamos al pasado jamás”…  El pasado inmediato son ustedes, que en cinco años y más, con todos los poderes y los recursos, con el precio del petróleo que han tenido, nos tienen viviendo el Ecuador más violento y confrontado del que tengo memoria.

Regresar al pasado, ¡jamás! Eso también lo incluye.

 

Mexico: Señores candidatos: las instituciones y el capitalismo sí importan

Posted on April 27, 2012

Mexico: Señores candidatos: las instituciones y el capitalismo sí importan – por Godofredo Rivera

La semana pasada el Presidente Calderón afirmó en Colombia que la libertad económica, la libertad de comercio internacional, el régimen de libre empresa, los derechos privados de propiedad y la existencia de un sólido Estado de Derecho son la base para que las naciones prosperen, y que no se requiere de buscar pruebas complejas de ello, que la experiencia práctica y hasta el sentido común dan cuenta de ello. Y tiene razón el Presidente. Lástima que ya lo recordó cuando su sexenio va a terminar, lástima que no se lo dijo a los dictadores hermanos Castro cuando visitó Cuba (también la semana pasada).

Yo no sé si tienen caso las cumbres entre países, lo que sí sé es que sólo en la medida en que los presidentes entiendan la importancia de la libertad, es que se avanzará. Lo demás es puro rollo demagógico y declaraciones de buenas intenciones.

A diferencia de EU y Canadá, la historia institucional en América Latina proviene de profundas raíces estatistas y ello es palpable, por ejemplo, en los candidatos a la presidencia en México. Todos ven la salida a los problemas económicos de México en el intervencionismo estatal, en la redistribución del ingreso (quitarle a unos para darle a otros). Todos y cada uno desea intervenir, sea en la educación, sea en la salud, sea en la economía (Quadri y Vázquez Mota, en ese orden, tal vez sean los menos estatistas, pero están lejos de ser liberales. López Obrador y Peña Nieto, también en ese orden, son los más estatistas).

Las instituciones son cruciales para que todo capitalismo se desarrolle, pero ello no pasa por obesas y clientelares burocracias y menos por los políticos. Las instituciones, nos recuerda el gran Douglas North, son formales e informales. Las instituciones formales se expresan en constituciones y leyes que protegen sólidamente los derechos privados de propiedad y también son informales, como códigos no escritos, ética, principios convencionales, el derecho consuetudinario, etc. North agrega al contexto institucional lo que él llama “organismos” y que se constituyen en iglesias, partidos políticos, sindicatos, colegios profesionales, universidades, etc.

La importancia de las instituciones en el desarrollo económico ha sido reconocida por varias vertientes sociológicas y económicas que subrayan que ellas constituyen las reglas del juego que orientan las acciones de los ciudadanos. Las instituciones garantizan los derechos de propiedad, generan la cooperación o el conflicto entre la población y permiten o impiden la depredación sobre la producción que pueden ejercer distintos grupos sociales, ya sea en forma lícita o ilícita (escudo contra los buscadores de rentas o vividores del presupuesto).

Las instituciones son las reglas de juego de una sociedad: encausan el desarrollo económico, pero son también un resultado histórico o “dependen del pasado”. Las instituciones están influidas por las ideologías legales y religiosas que dan lugar a una ética pública, a un comportamiento de respeto u odio por el capitalismo, a un respeto u odio por la libre empresa y al respeto o violación de la propiedad privada.

En México y América Latina, las instituciones formales e informales y los llamados organismos son en su mayoría estatistas, anticapitalistas; al espíritu emprendedor se le llama codicia; al espíritu de ser mejor se le denomina ambición enfermiza; al régimen de libre empresa se le denomina capitalismo salvaje. Las instituciones en América Latina han impedido que el capitalismo o régimen de libre empresa florezca y se convierta en prosperidad para todos. Por el contrario, aunque hay mercados privados, se caracterizan por un muy amplio intervencionismo gubernamental y ello pasa por los monopolios gubernamentales y los oligopolios privados. Tenemos capitalismo de Estado y de compadres, no capitalismo de libre empresa, como pasó en su momento con el capitalismo anglosajón. Por ello me sorprende gratamente que sea el candidato Quadri el único que habla de hacer de PEMEX una empresa privada, un PEMEX como sociedad anónima. La verdad se sale de la lógica colectivista y estatista del PRI y del PRD.

Otro ejemplo de la importancia de las instituciones y cómo se les desdeña en México, es el caso de Mexicana de Aviación.

Lejos de que las leyes faciliten la quiebra de una empresa para que los derechos privados de propiedad de accionistas y trabajadores sean respetados, un juez estatista (un tal juez Consuelo, que más bien necesita consuelo) se ha interpuesto y ha pospuesto la quiebra ordenada de la aerolínea Mexicana de Aviación, y en cambio, cada día que pasa, los activos de la empresa pierden valor. ¿Cuál es la apuesta de dicho juez estatólatra? Sencillo, bien sabe que si se deja operar al mercado, Mexicana ya hubiera quebrado desde hace mucho tiempo. Ah, pero el juez se siente omnipresente y quisiera que fuera el intervencionismo estatal el que salvara de la quiebra a Mexicana (es decir, que los contribuyentes financiemos a empresas que pierden dinero, qué gandalla); el juez quiere llevar el proceso hasta que termine el sexenio del Presidente Calderón y que sea el peje (enfermo de estatismo al más puro estilo tabasqueño de Tomás Garrido Canabal) o Peña Nieto quienes desde el escritorio gubernamental rescaten a Mexicana (a Peña ya le salió de su corazoncito su espíritu estatista, y declaró que si es elegido Presidente -al menos eso dio a entender-, rescataría a Mexicana de Aviación, claro con los recursos del contribuyente). Vaya juez, quiere estar por encima de los accionistas legítimos. Vaya instituciones estatistas que impiden que los mercados libres funcionen.

Las instituciones son vitales para el desarrollo económico, y por desgracia la gran mayoría de los políticos lo ignora.

Si en México las instituciones siguen apostando por el estatismo, simplemente no dejaremos el subdesarrollo económico. Ojalá lo entiendan los candidatos. Por lo pronto los que más se alejan del respeto institucional y el capitalismo son López Obrador y Peña Nieto.

 

La élite bajo el capitalismo

Posted on April 27, 2012

La élite bajo el capitalismo

Una larga lista de autores eminentes, empezando por Adam Ferguson, trató de encontrar la característica que distingue la moderna sociedad capitalista, la economía de Mercado, de los antiguos sistemas de disposición de la cooperación social. Distinguen entre naciones belicistas y naciones comerciales, entre sociedades de estructura militarista y de libertad individual, entre la sociedad basada en el estatus y la basada en el contrato. La apreciación de cada uno de los dos “tipos ideales” era, por supuesto, distinta en los distintos autores. Pero todas estaban de acuerdo en establecer el contraste entre los do tipos de cooperación social, así como en el reconocimiento de que no es pensable ni viable ningún tercer principio de disposición de los asuntos sociales.#

Uno puede estar en desacuerdo con algunas de las características que atribuyeron a cada uno de los dos tipos, pero debe admitir que la clasificación como tal nos hace abarcar los factores sociales de la historia, así como de los conflictos sociales contemporáneos.

Hay varias razones que impiden una comprensión completa del significado de la distinción entre estos dos tipos de sociedades. Está en primer lugar la repugnancia popular a asignar a la desigualdad innata de los distintos individuos su debida importancia. Está además el no apreciar la diferencia fundamental que existe entre el significado y los efectos de la propiedad privada de los medios de producción en las sociedades precapitalista y capitalista. Finalmente, hay una seria confusión producida por el empleo ambiguo del término “poder económico”.

Desigualdad innata

La doctrina que atribuye todas las diferencias entre individuos a influencias postnatales es insostenible. El hecho de que los seres humanos nacen desiguales en capacidades físicas y mentales no lo niega ninguna persona razonable, indudablemente tampoco los pediatras. Algunos individuos sobrepasan a sus iguales en salud y vigor, en poder mental y aptitudes para distintas cosas, en energía y resolución. Algunas personas están más preparadas para los asuntos mundanos, otras menos.

Desde este punto de vista, podemos (sin realizar ningún juicio de valor) distinguir entre hombres superiores e inferiores. Karl Marx se refería a “la desigualdad de atributos individuales y por tanto de capacidad productiva (Leistungsfähigkeit) como privilegios naturales” y era plenamente consciente de que lso hombres “no serían individuos diferentes si no fueran desiguales”.#

En las eras precapitalista, los mejor dotados, la gente “superior”, aprovechaba su superioridad apropiándose del poder y cautivando a las mases de hombres más débiles, es decir, “inferiores”. Los guerreros victoriosos se apropiaban para sí todo el territorio disponible para la caza y la pesca, la ganadería y la agricultura. No quedaba nada para el resto de la gente, salvo servir a los príncipes y su séquito. Eran siervos y esclavos, subordinados sin tierra ni dinero.

Ése era en buena medida el estado de cosas en la mayoría del mundo en la época en la que los “héroes”# eran supremos y el “comercialismo” estaba ausente. Pero luego, en un proceso que, aunque se veía frustrado una y otra vez por un renacimiento del espíritu de violencia, duraría siglos y sigue vigente, el espíritu empresarial (es decir, la cooperación pacífica bajo el principio de la división del trabajo) socavó la mentalidad de los “buenos viejos tiempos”. El capitalismo (la economía de mercado) transformó radicalmente la organización económica y política de la humanidad.

En la sociedad precapitalista, los hombres superiores no conocían ningún otro método de utilizar su propia superioridad que someter a las masas de gente inferior. Pero bajo el capitalismo, los más capaces y dotados solo pueden beneficiarse de su superioridad sirviendo de la mejor manera los deseos y querencias de la mayoría de hombres menos dotados.

En la economía de mercado, los consumidores son supremos. Los consumidores determinan, comprando o absteniéndose de comprar, lo que debería producirse, por quién y cómo, de qué calidad y en qué cantidad. Los empresarios, capitalistas y terratenientes que no satisfagan de la forma mejor y más barata los deseos más urgentes aún no satisfechos de los consumidores se ven obligados a salir del mercado y perder su puesto preferente.

En oficinas y laboratorios, las mentes más sagaces se ocupan haciendo fructificar los logros más complejos de la investigación científica para la producción de mejores instrumentos y dispositivos para gente que no conoce las teorías científicas que hicieron posible la fabricación de esas cosas. Cuanto mayor sea la empresa, más se ve obligada a ajustar sus actividades de producción a los caprichos y modas cambiantes de las masas. Son las compras de las masas las que hacen que las iniciativas se conviertan en negocios. El hombre común es supremo en la economía de mercado. Es el cliente “que siempre tiene la razón”.

En el ámbito político, el gobierno representativo es el corolario de la supremacía de los consumidores en el mercado. Los cargos dependen de los votantes de una forma similar a la que los empresarios e inversores dependen de los consumidores. El mismo proceso histórico que sustituyó los métodos precapitalistas por el modo de producción capitalista, sustituyó el absolutismo real y otras formas de gobierno de unos pocos por el gobierno popular (democracia).

Y allí donde la economía de mercado se ve sustituida por el socialismo, retorna la autocracia. No importa que el despotismo socialista o comunista se camufle mediante el uso de alias como “dictadura del proletariado” o “democracia popular” o “principio del Führer (el líder)”. Siempre equivale al sometimiento de muchos a pocos.

Es difícil reflejar de una forma menos apropiada el estado de cosas que prevalece en la sociedad capitalista que calificar a capitalistas y empresarios como una clase “gobernante” que busca “explotar” a las masas de hombres decentes. No tenemos que hacer la pregunta de cómo los hombres que bajo el capitalismo son hombres de negocios habrían tratado de aprovechar sus talentos superiores en cualquier otra organización concebible de las actividades de producción. Bajo el capitalismo, compiten entre sí en servir a las masas de hombres menos dotados. Todo su pensamiento se dirige a perfeccionar los métodos de atender a los consumidores. Todos los años, todos los meses, todas las semanas, alguien del que no se había oído hablar hasta entonces aparece en el mercado y pronto se hace accesible para muchos. Precisamente porque producen para obtener beneficios, los empresarios producen para uso de los consumidores.

Confusión acerca de la propiedad

La segunda deficiencia del tratamiento habitual de los problemas de la organización económica de la sociedad es la confusión que produce el empleo indiscriminado de conceptos jurídicos, sobre todo el concepto de propiedad privada.

En las épocas precapitalistas prevalecía en buena medida la autosuficiencia económica, primero de cada familia, después (con el progreso gradual hacia el comercialismo) de pequeñas unidades regionales. La mayor parte de los productos no llegaban al mercado. Se consumían sin venderse y comprarse. Bajo esas condiciones, no había ninguna diferencia esencial entre propiedad privada de los bienes de producción y consumo. En todos los casos la propiedad servía exclusivamente al propietario. Poseer algo, ya fuera un bien de producción o de consumo, significaba tenerlo solo para sí mismo y utilizarlo para la propia satisfacción.

Pero es diferente en el marco de la economía de mercado. El propietario de bienes de producción, el capitalista, puede obtener ventajas por sus propiedades solo empleándolas para la mejor satisfacción posible de los deseos de los consumidores. En la economía de mercado, la propiedad de los medios de producción se adquiere y mantiene sirviendo al público y se pierde si éste se ve insatisfecho con la forma en que se proporciona el servicio. La propiedad privada de los factores materiales de producción es una obligación pública, por decirlo así, que se pierde tan pronto como los consumidores piensen que otra gente emplearía los bienes de capital más eficientemente en su beneficio (es decir, el de los consumidores).

Por medio del sistema de pérdidas y ganancias, los capitalistas se ven obligados a ocuparse de “su” propiedad como si fuera de otra gente que se la confiara para utilizarla para la mejor provisión posible de los beneficiarios virtuales, los consumidores. Este significado real de la propiedad privada de los factores materiales de producción bajo el capitalismo podría ignorarse y malinterpretarse porque todos (economistas, juristas y ciudadanos) ha ido por mal camino por el hecho de que el concepto legal de propiedad tal y como se ha desarrollado en las prácticas y doctrinas legales de las eras precapitalistas se ha mantenido inalterado o solo ligeramente alterado, mientras que su significado efectivo se ha transformado radicalmente.#

En una sociedad feudal, la situación económica de cada individuo estaba determinada por la porción que le asignaban los poderes de entonces. El hombre pobre, lo era porque se le había dado poco terreno o ninguno en absoluto. Podría con razón pensar (decirlo abiertamente habría sido demasiado peligroso): “Soy pobre porque otra gente tiene más que su parte justa”.

Pero en el marco de una sociedad capitalista, la acumulación de capital adicional por parte de aquéllos que tuvieron éxito utilizando sus fondos para la mejor provisión posible de los consumidores no solo enriquece a los propietarios, sino a todo el pueblo, aumentando por un lado la productividad marginal del trabajo y por tanto los salarios y aumentando por el otro la cantidad de bienes producidos y aportados al mercado. Los pueblos de los países económicamente subdesarrollados son más pobres que los estadounidenses porque a sus países les falta un número suficiente de capitalistas y empresarios de éxito.

Solo puede prevalecer una tendencia hacia una mejora en el nivel de vida cuando y donde la acumulación de capital supere el aumento en las cifras de población.

La formación de capital es un proceso que se lleva a cabo con la cooperación de los consumidores: solo aquellos pueden obtener beneficios los empresarios que mejor satisfagan al público. Y la utilización de capital acumulado se dirige por la previsión de los deseos más urgentes y aún no satisfechos de los consumidores. Así que el capital se crea y emplea de acuerdo con los deseos de los consumidores.

Dos tipos de poder

Cuando al ocuparnos de los fenómenos del mercado, les aplicamos el término “poder”, debemos ser completamente conscientes del hecho de que lo estamos empleando con una connotación que es completamente distinta de la tradicionalmente asociada a él al ocuparse de asuntos del gobierno y el estado.

El poder gubernamental es la facultad de someter por la fuerza a todos los que se atreven a desobedecer las órdenes emitidas por las autoridades. Nadie calificaría al gobierno como una entidad que no posee esta facultad. Toda acción gubernamental está respaldada por policías, guardas de prisiones y verdugos. Por muy beneficiosa que pueda parecer una acción gubernamental, ésta es posible en último término solo por el poder del gobierno de obligar a sus súbditos a hacer lo que muchos de ellos no harían si no se vieran amenazados por la policía y los tribunales penales.

Un hospital público sirve a finas caritativos. Pero los impuestos recaudados que permiten a las autoridades gastar dinero en el mantenimiento de los hospitales no se pagan voluntariamente. Los ciudadanos pagan impuestos porque no pagarlos les llevaría a prisión y la resistencia física a los recaudadores les llevaría al patíbulo.

Es verdad que la mayoría de la gente está de acuerdo de una u otra forma con este estado de cosas y, como dijo David Hume “renuncia a sus propios sentimientos y pasiones ante los de sus gobernantes”. Actúan así porque piensan que a largo plazo sirve mejor a su propio interés ser leales a su gobierno que derrocarlo. Pero esto no altera el hecho de que el poder gubernamental signifique la facultad exclusiva de frustrar cualquier desobediencia por el recurso a la violencia. Tal y como es la naturaleza humana, la institución del gobierno es un medio indispensable para hacer posible la vida civilizada. La alternativa es la anarquía y la ley del más fuerte. Pero persiste el hecho de que el gobierno es el poder de encarcelar y matar.

El concepto de poder económico aplicado por los socialistas significa algo completamente distinto. El hecho al que se refiere es a la capacidad de influir en el comportamiento de otra gente al ofrecerle algo cuya adquisición consideran más deseable que evitar el sacrificio que tienen que hacer. En términos sencillos, significa la invitación a hacer un trato, un acto de intercambio. Te doy a si me das b. No existe ninguna obligación o amenaza. El comprador no “gobierna” al vendedor y el vendedor no “gobierna” al comprador.

Por supuesto, en la economía de mercado, el estilo de vida de todos se ajusta a la división del trabajo y está fuera de lugar un retorno a la autosuficiencia. La mera supervivencia de cada uno se vería en peligro si se les obligara repentinamente a experimentar la autarquía de épocas pasadas. Pero en el transcurso regular de las transacciones de mercado no hay peligro de esa vuelta a las condiciones de la economía familiar primigenia. Una tenue imagen de los efectos de cualquier perturbación en el desarrollo normal de los intercambios del mercado se nos ofrece cuando la violencia de los sindicatos, tolerada benevolentemente o incluso animada abiertamente por el gobierno, detiene las actividades de sectores básicos de los negocios.

En la economía de mercado, todos los especialistas (y solo existen los especialistas) dependen de otros especialistas. Esta mutualidad es la característica de las relaciones interpersonales bajo el capitalismo. Los socialistas ignoran el hecho de la mutualidad y hablan de poder económico. Por ejemplo, según ellos, “la capacidad de determinar la producción” es uno de los poderes del empresario.# Uno difícilmente puede malinterpretar más radicalmente las características esenciales de la economía de mercado. No son las empresas, sino los consumidores los que acaban determinando lo que debería producirse.

Es una estupidez que las naciones vayan a la guerra porque haya una industria armamentística y que la gente se emborrache porque las destilerías tengan “poder económico”. Si uno llama poder económico a la capacidad de elegir (o, como los socialistas prefieren decir “determinar”) el producto, uno debe señalar el hecho de que este poder se atribuye totalmente a compradores y consumidores.

“La civilización moderna, casi toda la civilización”, decía el gran economista británico Edwin Cannan, “se basa en el principio de hacer agradables las cosas para quienes agradan al mercado y desagradables para quienes no lo hacen”.# El mercado significa los compradores; los consumidores significan toda la gente. Por el contrario, bajo la planificación o el socialismo los objetivos de producción están determinados por la autoridad planificadora suprema: los individuos obtienen lo que la autoridad cree que tienen que obtener. Toda esta palabrería acerca del poder económico de las empresas pretende eliminar esta diferencia fundamental entre libertad y esclavitud.

El “poder” del empresario

La gente se refiere al poder económico también al describir las condiciones internas que prevalecen dentro de las distintas empresas. El propietario de una empresa privada o el presidente de una gran empresa, se dice, disfruta de un poder absoluto dentro de su organización. Es libre de imponer sus caprichos y modas. Todos los empleados dependen de su arbitrariedad. Deben rebajarse y obedecer o si no afrontar el despido y el hambre.

También estas observaciones atribuyen al empresario poderes que tienen los consumidores. El requisito de superar a sus competidores sirviendo al público de la forma más barata y mejor posible implica que cada empresa ha de emplear el personal más apropiado para la realización de las distintas funciones a él confiadas. La empresa individual debe tratar de superar a sus competidores no solo mediante el empleo de los métodos de producción y la compra de los materiales más apropiados, sino asimismo contratando el tipo correcto de trabajadores.

Es verdad que el jefe de una empresa tiene la facultad de dar rienda suelta a sus simpatías y antipatías. Es libre de preferir a un hombre inferior a uno mejor, puede despedir a un ayudante valioso y contratar en su lugar a un sustituto incompetente e ineficiente. Pero todas las faltas que cometa en este aspecto afectan a la rentabilidad de su empresa. Tiene que pagar por todas ellas. Es la misma supremacía del mercado la que penaliza ese comportamiento caprichoso. El mercado obliga a los empresarios a ocuparse de cualquier empleado exclusivamente desde el punto de vista de los servicios que ofrece para la satisfacción de los consumidores.

Lo que impide a todas las tradiciones del mercado la tentación de dedicarse a la maldad y la malevolencia son precisamente los costes que implica ese comportamiento. El consumidor es libre de boicotear por algunas razones, llamadas popularmente no económicas o irracionales, al proveedor que satisfaga de forma mejor y más barata sus deseos. Pero entonces tiene que soportar las consecuencias: o estará menos perfectamente servido o tendrá que pagar un precio superior. El gobierno civil aplica sus órdenes recurriendo a la violencia o la amenaza de violencia. El mercado no necesita recurrir a la violencia, porque olvidar su racionalidad le penaliza.

Los críticos del capitalismo reconocen totalmente este hecho al apuntar que para la empresa privada no cuenta nada salvo la búsqueda de beneficios. Los beneficios solo pueden obtenerse satisfaciendo a los clientes mejor o más barato, o mejor y más barato, que otros. El consumidor como tal tiene derecho a estar lleno de caprichos y modas. El empresario como productor tiene un solo objetivo: proveer al consumidor. Si uno deplora la preocupación sin sentimientos del empresario por la búsqueda del beneficio, tiene que darse cuenta de dos cosas.

Primero, que esta actitud la prescriben al empresario los consumidores que no están dispuestos a aceptar ninguna excusa por un mal servicio. Segundo, que es precisamente este olvido del “ángulo humano” lo que impide que la arbitrariedad y parcialidad afecten a esta relación empresario-empleado.

Indicar estos hechos no equivale tampoco a un elogio o condena de la economía de mercado o su corolario político, el gobierno del pueblo (gobierno representativo, democracia). La ciencia es neutral respecto de cualquier juicio de valor. Ni aprueba ni condena: solo describe y analiza qué es.

Una tarea de la élite

Destacar el hecho de que bajo un capitalismo no intervenido los consumidores son supremos en determinar los objetivos de la producción no implica ninguna opinión acerca de las capacidades morales e intelectuales de estos individuos. Los individuos como consumidores, igual que como votantes, son hombres mortales capaces de equivocarse y puede que muy a menudo elijan lo que les dañará a largo plazo. Los filósofos pueden tener razón en criticar severamente la conducta de sus conciudadanos.

Pero en una sociedad libre no hay otro medio para evitar los males que produce un mal juicio de un conciudadano que inducirle a alterar voluntariamente su modo de vida. Donde haya libertad, ésta es la tarea que incumbe a la élite.

Los hombres son desiguales y la inferioridad inherente de la mayoría se manifiesta asimismo en la forma en que disfrutan de la riqueza que les produce el capitalismo. Sería bueno para la humanidad, dicen muchos autores, que el hombre común empleara menos tiempo y dinero en la satisfacción de apetitos vulgares en favor de gratificaciones más altas y nobles.

¿Pero no deberían los eminentes críticos echarse a sí mismos las culpas en lugar de a las masas? ¿Por qué ellos, cuyo destino y naturaleza se ha visto bendecido con eminencia moral e intelectual no han tenido más éxito en convencer a las masas de gente inferior en abandonar sus gustos y costumbres vulgares? Si algo va mal en el comportamiento de muchos, la culpa no reside tanto en la inferioridad de las masas como en la incapacidad o indisposición de la élite a inducir a todos los demás a aceptar sus propios estándares más altos de valor. La seria crisis de nuestra civilización no la causan los defectos de las masas. No es menos importante el efecto de un fracaso de la élite.

Herbert Spencer: ¿Darwinista social o profeta libertario?

Posted on April 27, 2012

Herbert Spencer: ¿Darwinista social o profeta libertario?

El año pasado se celebró el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin. Pero este ensayo no trata de Charles Darwin. Trata de un contemporáneo de éste, Herbert Spencer, que estaba desarrollando una teoría de la evolución antes que Darwin y al que se atribuye la expresión “supervivencia de los mejor adaptados”. Sus libros se vendieron en grandes cifras a lo largo de su vida y fue indudablemente el filósofo más famoso de la era victoriana. Charles Darwin se refirió a él como “nuestro gran filósofo”.#

Mientras que la mayoría de los filósofos no consiguen muchos seguidores fuera del ámbito académico de sus iguales en la profesión, en las décadas de 1870 y 1880 Spencer había alcanzado una popularidad sin parangón, como indica sencillamente el volumen de sus ventas. Fue probablemente el primer filósofo en la historia, y posiblemente el único, en vender más de un millón de ejemplares de sus obras durante su vida.#

El único filósofo inglés que ha logrado una popularidad similar ha sido Bertrand Russell y eso fue en el siglo XX.
A mediados y finales del siglo XIX, Herbert Spencer era tan famoso como Darwin y era reconocido entre muchos de los principales intelectuales del momento: John Stuart Mill, Mary Ann Evans (George Eliot), Thomas Henry Huxley (“el bulldog de Darwin”) y George Henry Lewes, por nombrar unos pocos.

La teoría de Darwin se centraba principalmente en la biología, concentrándose en la flora y la fauna, y expresando su idea original del mecanismo por el que funciona la evolución, es decir, la selección natural, mientras que la obra de Spencer tenía un ámbito más amplio, incluyendo biología, psicología, sociología, ética y política, así como filosofía.

Así que creo que es interesante ver por qué, más de 100 años después, se conoce mucho mejor a Charles Darwin que a su ilustre contemporáneo, Herbert Spencer que hoy está prácticamente olvidado.

La razón por la que Herbert Spencer ha caído en desgracia se debe en buena parte a la etiqueta que se le ha colocado, una etiqueta que curiosamente lleva el nombre de Darwin, y que es “darwinista social”. Lo que insinúa es que Spencer tomó la teoría de Darwin y la aplicó a la evolución social en las sociedades humanas.

¿Un darwinista social?

La responsabilidad del mancillamiento y virtual destrucción de la reputación de Herbert Spencer puede atribuirse a un solo hombre, el autor de Social Darwinism in American Thought 1860-1915, Richard Hofstadter. Su libro, una crítica hostil de la obra de Spencer, publicado en 1944, se vendió muy bien y fue muy influyente, especialmente en círculos académicos. Afirmaba que Spencer había utilizado la evolución para justificar la desigualdad económica y social y apoyar una postura política de extremo conservadurismo, que llevó, entre otras cosas, al movimiento eugenésico. En términos sencillos, es como si la expresión de Spencer, “la supervivencia de los mejor adaptados”, hubiera sido reclamada por éste como base de una doctrina política.

Pero hay un problema con la celebrada obra de Hofstadter: Sus afirmaciones no se asemejan en casi nada al verdadero Herbert Spencer. De hecho, como argumenta el economista de la Universidad de Princeton, Tim Leonard, en su provocador nuevo título “Orígenes del mito del darwinismo social”, que aparecerá en el próximo Journal of Economics Behavior and Organization, Hofstadter es culpable de distorsionar las posiciones de libre mercado de Spencer y calumniarlas con la mancha de un colectivismo darwiniano racista.#

Y aún así permanece la influencia de Hofstadter. Su visión de Spencer se repite a menudo en libros académicos, como apunta Roderick T. Long:

Los libros de texto resumen a Spencer en unas pocas líneas como un “darwinista social” que predicaba que “el poder crea el derecho” y defendía dejar morir de hambre a los pobres para eliminar a los peor adaptados, una descripción que es poco probable que le haga ganar lectores.#

Estos comentarios son tremendamente injustos, como explica Long:

Por supuesto, el resumen del libro de texto es absurdo. Lejos de ser un defensor de “el poder crea el derecho”, Spencer escribió que el “deseo de mandar es esencialmente un deseo bárbaro”, porque “implica una apelación a la fuerza”, que es “inconsistente con la primera ley de la moralidad” y “radicalmente erróneo”. Aunque Spencer se oponía a los programas sociales financiados con impuestos, apoyaba fuertemente la caridad voluntaria y de hecho dedica diez capítulos de sus Principios de ética a una explicación de la “beneficencia positiva”.#

Creo que es útil en este momento ver el historial e inclinaciones de Hofstadter. Éste nació en 1916 en Estados Unidos, se graduó en la Universidad de Buffalo y obtuvo su doctorado en la Universidad de Columbia. Se unió al partido comunista en 1938 y, aunque acabó desilusionado con los marxistas, continuó oponiéndose al libre mercado, diciendo: “Odio el capitalismo y todo lo que conlleva”.# Fue un historiador que simpatizaba con la izquierda estadounidense durante la época política estadounidense del New Deal. Por consiguiente muchos escritores progresistas de izquierdas han citado las referencias de Hofstadter a Spencer sin preocuparse por estudiar la obra original de Spencer, perpetuando así el error.

Como apunta George H. Smith:

Probablemente, ningún intelectual ha sufrido más distorsión y abuso que Spencer. Es condenado continuamente por cosas que nunca dijo (de hecho, se le aprovecha para cosas que negó explícitamente). El objetivo de la crítica académica es normalmente el Spencer mítico en lugar del Spencer real y aunque algunos críticos pueden obtener una inmensa satisfacción por sus devastadoras refutaciones de un Spencer que nunca existió, estos tratamientos dificultan en lugar de avanzar la causa del conocimiento.#

El pasaje más citado de la obra de Spencer, por parte de Hofstadter y otros que quieren arruinar la reputación de Spencer es:

Si son suficientemente completos como para vivir, viven y está bien que deban vivir. Si no son suficientemente completos como para vivir, mueren y es mejor que deban morir.#

Esto suena duro, pero lo que los que atacan a Spencer olvidan citar es la primera frase del siguiente párrafo, que transforma su sentido:

Por supuesto, en la medida en que la severidad de este proceso se mitiga por la simpatía espontánea de los hombres entre sí, es apropiado que deba mitigarse.#

Así que su argumento es que la mitigación de la selección natural por la benevolencia humana triunfa sobre el beneficio que resulte de la muerte de los peor adaptados. En otras palabras, que es mejor responder a nuestra simpatía natural y salvar a los inadaptados en lugar de dejarles morir. Esto supone un significado bastante distinto de la frase original cuando se cita sola.

No sorprende por tanto que desde que se empañó la reputación de Spencer (injustamente en mi opinión), no se le considere con el mismo respeto que el que tenía en su propio tiempo y de hecho raramente se estudia hoy en las universidades. La crítica más condenatoria de todas es que sus ideas llevaron al movimiento eugenésico, lo que también es absolutamente falso.

Como explica Damon W. Root:

La eugenesia, que se basa en el racismo, la coacción y el colectivismo, era extraña a todo lo que creía Spencer.#

También los sitios de Internet dan a menudo a Herbert Spencer una mala reputación. En un sitio web dedicado a explicar la evolución, y descrito por Richard Dawkins como “profundamente impresionante”, se nombra a Herbert Spencer como el “padre del darwinismo social como teoría ética”.# Continúa describiendo las aplicaciones del darwinismo social:

El darwinismo social se usó para justificar numerosas explotaciones que clasificamos hoy como de dudoso valor moral. El colonialismo se veía como natural e inevitable y se justificaba mediante la ética del darwinismo social (la gente veía a los nativos como más débiles y menos adaptados para sobrevivir y por tanto se sentía justificada para apropiarse del terreno y los recursos. El darwinismo social se aplicaba también a la acción militar: el argumento era que el ejército más fuerte ganaría y por tanto sería el mejor adaptado. Por supuesto, las bajas en el bando perdedor se consideraban resultado natural de su estado de inadaptación. Finalmente, daba aprobación ética a los brutales gobiernos coloniales que utilizaban tácticas opresivas sobre sus súbditos.#

He aquí lo que Herbert Spencer tenía que decir acerca del colonialismo:

Además, el gobierno colonial, llamado apropiadamente así, no puede llevarse a cabo sin transgredir los derechos de los colonos. Pues si, como generalmente ocurre, los colonos están dirigidos por autoridades enviadas desde la metrópoli, entonces se vulnera la ley de igual libertad en sus personas, tanto como en cualquier otro tipo de gobierno autocrático.#

Esta claro en esta cita que Spencer se oponía al colonialismo.

También comparaba el tipo de sociedad militante (basada en la guerra) y el tipo de sociedad industrial (basada en el comercio), criticando a la primera por su énfasis en el autoritarismo y alabando la segunda porque lleva a la libertad individual.

He aquí lo que Herbert Spencer tenía que decir acerca de la sociedad militante:

Luego, en resumen, bajo el tipo militante, el individuo es propiedad del estado. Mientras que la preservación de la sociedad sea el fin principal, la preservación de cada miembro es un fin secundario, un fin del que se preocupa principalmente sirviendo al fin primario.#

Y he aquí cómo compara Spencer los dos tipos de sociedad:

En una sociedad organizada para la acción militante, la individualidad de cada miembro tiene que subordinarse en vida, libertad y propiedad, ya que es propiedad, en buena parte o en todo, del estado; pero en una sociedad organizada industrialmente, no se requiere esa subordinación del individuo.#

No son palabras de un hombre que promueva la acción militar basándose en “el poder crea el derecho”. Lo que le preocupan son los derechos individuales y ve al colonialismo y la sociedad militante como condiciones que socavan los derechos individuales.

El sitio web antes referido es solo un ejemplo más de la afirmación repetida a menudo de que Herbert Spencer era un darwinista social, lo que, basándonos en su definición, es completamente falso.

¿Profeta libertario?

Pese al hecho de que en tiempos de Herbert Spencer no existía el término libertario, creo que a Spencer puede clasificarle como temprano portavoz y visionario del movimiento libertario, o, por usar la expresión de Roderick T. Long, puede describírsele como un “profeta libertario”. Creo que Spencer no solo expresó ideas libertarias, sino que asimismo presentó una visión libertaria del futuro. Daré algunos ejemplos.

En ética, Spencer expuso una “ley de igual libertad” que reza que

todo hombre tiene libertad para hacer lo que desee, siempre que no limite la igual libertad de cualquier otro hombre.#

Esto es libertarismo en estado puro. Roderick T. Long lo explica:

Spencer procede a deducir de la Ley de Igual Libertad la existencia de derechos a la libertad de expresión, prensa y religión, a la integridad corporal, a la propiedad privada y al intercambio comercial: prácticamente todo el menú de los libertarios actuales.#

La visión de los impuestos de Spencer es también bastante libertaria, como demuestra este pasaje:

Pues lo que se indica junto a cada exacción adicional es: “Hasta ahora has sido libre de disponer de esta porción de tus ganancias de la forma que quiera; a partir de ahora no serás libre de gastarla, sino que la gastaremos para el beneficio general”. Así, directa o indirectamente, y en la mayoría de los casos de ambas formas a la vez, el ciudadano está cada vez un paso más lejos en el crecimiento de esta legislación obligatoria, privado de alguna libertad que antes tenía.#

Al considerar la esfera adecuada del gobierno, Spencer se pregunta cuáles son los requisitos de una comunidad para un gobierno formado naturalmente.

¿Para qué quieren entonces un gobierno? No para regular el comercio, no para educar al pueblo, no para enseñar religión, no para administrar la caridad, no para hacer caminos o vías férreas, sino simplemente para defender los derechos naturales del hombre: para proteger a la persona y la propiedad, para impedir las agresiones de los poderosos a los débiles, en una palabra, para administrar justicia. Esta es la misión natural y original de un gobierno. No se pretende que haga menos: no tendría que permitírsele hacer más.#

Esto coincide con la opinión de muchos libertarios minarquistas/de estado mínimo de hoy en día.

Otro hecho interesante es que Spencer argumentó a favor de los derechos de las mujeres mucho antes de que se estableciera legalmente. Por ejemplo, en sus Principios de ética, con su capítulo sobre “Los derechos de las mujeres”, indicaba que:

Por tanto, si hombres y mujeres son considerados severamente como miembros independientes de la sociedad y cada uno de los cuales tiene que hacer lo mejor para él o ella, de esto se deduce que no pueden establecerse equitativamente limitaciones a las mujeres con respecto a ocupaciones, profesiones u otras carreras que puedan querer seguir. Deben tener igual libertad para prepararse e igual libertad para beneficiase de esa información y habilidades que adquieran.#

Esto está de nuevo de acuerdo con la visión libertaria.

La importancia del Herbert Spencer para el libertarismo ha sido reconocida por Tibor R. Machan:

Lo que Spencer hizo por el libertarismo es lo que Marx hizo por el comunismo: proporcionarle lo que iba a ser una completa justificación científica, siguiendo el modelo de ciencia apropiada predominante en su tiempo.#

Pero indica que

ninguno de ambos pensadores tuvo éxito. Pero mientras que Marx es alabado en todas partes como un mesías (con ropa secular), aunque sus teorías se hayan parcheado desesperadamente para ajustarse a los hechos, Herbert Spencer, un científico mejor y, en su teoría moral y política más astuto que Marx, es rechazado ampliamente como un insensato o un darwinista puro y duro.#

Lo que sí reconoció Spencer fue que muchos liberales de su tiempo estaban abandonando sus principios (tanro que les llamó los “nuevos tories”. Apuntaba que

han perdido de vista la verdad de que en tiempos pasados el liberalismo propugnaba la libertad individual frente a la coacción del estado.#

No sabía que estos “nuevos tories” se convertirían en los nuevos “liberales” y que los liberales originales o clásicos necesitarían un nuevo nombre para identificarlos: ese nombre iba a ser el de “libertarios”.

Spencer fue profético en que vio la llegada de una era militante en los gobiernos, que llevaría a la guerra y el colectivismo. La llegada del nazismo y el comunismo en el siglo XX demostró que sus temores eran fundados.

Sin embargo, el optimismo de Spencer para el futuro a largo plazo, en el que creía que acabaría prevaleciendo la sociedad industrial, basada en la cooperación voluntaria y el intercambio pacífico, sigue proporcionando esperanza y de hecho una visión positiva del futuro, que inspira hoy a los libertarios.

Conclusión

A Herbert Spencer se le presenta a menudo erróneamente en libros de texto y sitios web como un “darwinista social”, pero estas afirmaciones describen a un Spencer mítico que nunca existió. El Spencer real fue muy diferente. El Spencer real expresó a menudo opiniones bastante similares a las de los libertarios modernos y de hecho su optimismo en el futuro del mundo a largo plazo, basado en la cooperación voluntaria justifica el calificativo de “profeta libertario”.

España: El Gobierno subirá el IVA y los impuestos especiales en 2013 para recaudar 8.000 millones

Posted on April 27, 2012

España: El Gobierno subirá el IVA y los impuestos especiales en 2013 para recaudar 8.000 millones

elEconomista.es | Agencias
  • Recurre a esta medida para reducir el déficit al 3% el próximo año
  • Es una petición que han realizado tanto Bruselas como el FMI
  • Este alza se acompañará de una rebaja de las cotizaciones sociales
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El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos

El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, ha anunciado hoy que en 2013 subirán los impuestos que gravan el consumo. Reducir el déficit público al 3% el próximo año, como exige Bruselas, requiere un importante ajuste. Por eso el Gobierno ha decidido recurrir a esta medida para recaudar alrededor de 8.000 millones de euros adicionales. Consulte el Plan de Estabilidad 2012-2015 (.pdf).

¿Implicará esto una subida del IVA? De Guindos ha evitado expresamente referirse a ello, pero recaudar una cantidad tan elevada se presume complicado solo con una subida de los impuestos especiales como los que gravan el alcohol, la gasolina o el tabaco. Según De Guindos, este alza irá acompañado de una reducción de las cotizaciones sociales.

El Gobierno ha presentado este viernes el Plan de Estabilidad 2012-2015 que debe enviar a Bruselas antes de que acabe el mes. Y ha decidido abrir la puerta en él a una de las eternas recomendaciones de la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI): un repunte del IVA para compensar el desvío fiscal.

“Lo que estamos planteando es, en un momento en el cual debemos dar el salto definitivo desde el punto de vista de la competitividad, reducir las cargas sobre el trabajo … y por otro lado incrementar lo que sería la imposición sobre el consumo, con un incremento neto de recaudación que estaría en el entorno de los 8.000 millones”, ha señalado De Guindos.

En cualquier caso, el ministro no ha sido más explícito al respecto, ni ha concretado si la mayor carga sobre el consumo consistirá en un incremento del IVA, una medida hasta ahora desmentida por varios miembros del Gobierno.

“La imposición indirecta no es sólo el IVA, existen otras posibilidades como los impuestos especiales”. “El planteamiento es de imposición indirecta”, ha señalado De Guindos. El titular de Economía ha recordado que “el problema de la elevación de la imposición indirecta en entornos depresivos es que acelera la caída, por eso se hace en 2013″.

La subida del IVA que realizó el Gobierno socialista en 2010, del 16 al 18%, generó unos ingresos extras al Estado de 6.500 millones de euros.

Cerca de dos millones de empleos

Por otro lado, el ministro de Economía ha detallado que el Gobierno prevé crear cerca de dos millones de empleos entre 2012 y 2020 por efecto del Plan Nacional de Reformas.

De los dos millones de nuevos empleos previstos de aquí a 2020, 1,7 millones se crearían gracias a la reforma laboral, 96.000 empleos por la reforma financiera, 39.000 vendrían de la directiva de servicios, 71.000 saldrían de la reforma de pensiones y 18.000 de la Ley de Estabilidad, según los cálculos del Ejecutivo.

Según ha detallado De Guindos, los objetivos del Plan Nacional son el fomento del crecimiento y la competitividad, la lucha contra el desempleo, la reactivación del crédito, la consolidación fiscal, la mejora y eficiencia en la prestación de servicios públicos esenciales y la modernización de las administraciones públicas.

Así, el texto repasa todas las medidas aprobadas hasta ahora y las que se pondrán en marcha, como la Ley de Estabilidad Presupuestaria, el Proyecto de Ley de Transparencia, las líneas ICO y el plan de pago a proveedores, la reforma educativa y la sanitaria, los cambios fiscales y los planes de ajuste de comunidades y ayuntamientos.

Además, da cuenta de la reforma laboral aprobada por el Gobierno, la del sector financiero y el plan de fomento de la Competencia, que incluye la liberalización de servicios profesionales o la garantía de la unidad de mercado, entre otras cosas.

De la misma forma, se incluye información sobre la reducción del número de empresas públicas y fundaciones, el plan integral de gestión del patrimonio del Estado, la racionalización y eficiencia del empleo público y del número de Ayuntamientos y la supresión de organismos duplicados.

El Plan contiene además datos sobre la reforma de la Justicia, los cambios que afectan a la Seguridad Social (viabilidad de pensiones, lucha contra el fraude y mejora de la eficiencia) y las modificaciones realizadas en las televisiones autonómicas.

Prepara un plan de privatizaciones

Durante su intervención, De Guindos también ha anunciado que el Gobierno presentará en las “próximas semanas” un plan de privatizaciones.

El objetivo es “racionalizar” los diferentes entes administrativos para facilitar una simplificación de los mismos, y que “de alguna forma presentan interés de lo que es la demanda de sector privado”. También se recogerá lo relacionado con el sector inmobiliario “en manos de las administraciones públicas”.

El PIB de EEUU creció un 2,2% en el primer trimestre, menos de lo previsto

Posted on April 27, 2012

El PIB de EEUU creció un 2,2% en el primer trimestre, menos de lo previsto

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La economía de Estados Unidos creció un 2,2% anualizado en el primer trimestre del año, según ha informado este viernes el Departamento de Comercio del país. El dato, el primero de los tres que difunde el organismo, es ligeramente inferior a lo previsto por el consenso del mercado, un avance del 2,7%.

El crecimiento del primer trimestre es también inferior al registrado en el último cuarto de 2011, cuando la economía estadounidense avanzó un 3%.

Según los primeros datos, este freno se debió al retroceso en las inversiones en inventarios privados y a la caída en la inversión fija no residencial, además de al menor gasto del sector público. Este mal comportamiento fue compensado parcialmente por un repunte más fuerte de lo esperado de las exportaciones y, sobre todo, del gasto privado.

El gasto de los consumidores, que representa en torno al 60% del PIB estadounidense creció un 2,9% frente al 2,3% esperado por el mercado y por encima del 2,1% del último trimestre de 2011.

La Casa Blanca ha calificado el avance del Producto Interior Bruto de Estados Unidos en el primer trimestre del 2012 como una señal “alentadora”, pero sostiene que hace falta más crecimiento para mantener la firmeza de la economía.

La Fed sigue sin cerrar la puerta a más estímulos

En su reunión mensual, celebrada esta semana, la Reserva Federal de Estados Unidos ha reafirmado su compromiso de mantener “niveles excepcionalmente bajos” de los tipos de interés por lo menos hasta finales de 2014 para respaldar la recuperación económica.

El organismo se ha mostrado más optimista que hace tres meses y ha mejorado su previsión de crecimiento para 2012. Estima que la economía estadounidense crecerá en un rango entre el 2,4 y el 2,9% este año.

No obstante, y pese a la mejora, el organismo sigue sin cerrar la puerta a la posibilidad de emprender más estímulos si las condiciones económicas así lo requieren.

 

Por qué no soy conservador, de Friedrich A. Hayek

Posted on April 27, 2012

Por qué no soy conservador, de Friedrich A. Hayek

Este texto es el post scriptum de Los fundamentos de la libertad, publicado por primera vez en 1959.

Por qué no soy un conservador
Friedrich A. Hayek

“Siempre fue reducido el número de los auténticos amantes de la libertad; por eso, para triunfar, frecuentemente hubieron de aliarse con gentes que perseguían objetivos bien distintos de los que ellos propugnaban. Tales asociaciones, siempre peligrosas, a veces han resultado fatales para la causa de la libertad, pues brindaron a sus enemigos argumentos abrumadores”. Lord Acton, History of Freedom.

1. El conservador carece de objetivo propio
Cuando, en épocas como la nuestra, la mayoría de quienes se consideran progresistas no hacen más que abogar por continuas menguas de la libertad individual, aquellos que en verdad la aman suelen tener que malgastar sus energías en la oposición, viéndose asimilados a los grupos que habitualmente se oponen a todo cambio y evolución. Hoy por hoy, en efecto, los defensores de la libertad no tienen prácticamente más alternativa, en el terreno político, que apoyar a los llamados partidos conservadores. La postura que he defendido a lo largo de esta obra suele calificarse de conservadora, y, sin embargo, es bien distinta de aquella a la que tradicionalmente corresponde tal denominación. Encierra indudables peligros esa asociación de los partidarios de la libertad con los conservadores, en común oposición a instituciones igualmente contrarias a sus respectivos ideales. Conviene, pues, trazar una clara separación entre la filosofía que propugno y la que tradicionalmente defienden los conservadores.

El conservadurismo implica una legítima, seguramente necesaria y, desde luego, bien difundida actitud de oposición a todo cambio súbito y drástico. Nacido tal movimiento como reacción frente a la Revolución Francesa, ha desempeñado, durante siglo y medio, un importante papel político en Europa. Lo contrario del conservadurismo, hasta el auge del socialismo, fue el liberalismo. No existe en la historia de los Estados Unidos nada que se asemeje a esta oposición, pues lo que en Europa se llamó liberalismo constituyó la base sobre la que se edificó la vida política americana; por eso, los defensores de la tradición americana han sido siempre liberales en el sentido europeo de la palabra. La confusión que crea esa disparidad entre ambos continentes ha sido últimamente incrementada al pretenderse trasplantar a América el conservadurismo europeo, que, por ser ajeno a la tradición americana, adquiere en los Estados Unidos un tinte hasta cierto punto exótico. Aun antes de que esto ocurriera, los radicales y los socialistas americanos comenzaron a atribuirse el apelativo de liberales. Pese a ello, yo continúo calificando de liberal mi postura, que estimo difiere tanto del conservadurismo como del socialismo. Sin embargo, últimamente siento graves dudas acerca de la conveniencia de tal denominación, y más adelante examinaremos el problema de la que mejor convendría al partido de la libertad. Mi recelo ante el término liberal brota no sólo de que su empleo, en los Estados Unidos, es causa de constante confusión, sino del hecho de que el liberalismo europeo de tipo racionalista, lejos de propagar la filosofía realmente liberal, desde hace tiempo viene allanando los caminos al socialismo y facilitando su implantación.

Permítaseme ahora pasar a referirme al mayor inconveniente que veo en el auténtico conservadurismo. Es el siguiente: la filosofía conservadora, por su propia condición, jamás nos ofrece alternativa ni nos brinda novedad alguna. Tal mentalidad, interesante cuando se trata de impedir el desarrollo de procesos perjudiciales, de nada nos sirve si lo que pretendemos es modificar y mejorar la situación presente. De ahí que el triste sino del conservador sea ir siempre a remolque de los acontecimientos. Es posible que el quietismo conservador, aplicado al ímpetu progresista, reduzca la velocidad de la evolución, pero jamás puede hacer variar de signo al movimiento. Tal vez sea preciso “aplicar el freno al vehículo del progreso”3; pero yo, personalmente, no concibo dedicar con exclusividad la vida a tal función. Al liberal no le preocupa cuán lejos ni a qué velocidad vamos; lo único que le importa es aclarar si marchamos en la buena dirección. En realidad, se halla mucho más distante del fanático colectivista que el conservador. Comparte este último, por lo general, todos los prejuicios y errores de su época, si bien de un modo moderado y suave; por eso se enfrenta tan a menudo al auténtico liberal, quien, una y otra vez, ha de mostrar su tajante disconformidad con falacias que tanto los conservadores como los socialistas mantienen.

2. Relación triangular de los partidos
La esquemática descripción de la respectiva posición que ocupa cada uno de los tres partidos oscurece más que aclara las cosas. Se suele suponer que, sobre una hipotética línea, los socialistas ocupan la extrema izquierda y los conservadores la opuesta derecha, mientras los liberales quedan ubicados más o menos en el centro; pero tal representación encierra una grave equivocación. A este respecto, sería más exacto hablar de un triángulo, uno de cuyos vértices estaría ocupado por los conservadores, mientras socialistas y liberales, respectivamente, ocuparían los otros dos. Así situados, y comoquiera que, durante las últimas décadas, los socialistas han mantenido un mayor protagonismo que los liberales, los conservadores se han ido aproximando paulatinamente a los primeros, mientras se apartaban de los segundos; los conservadores han ido asimilando una tras otra casi todas las ideas socialistas a medida que la propaganda las iba haciendo atractivas. Han transigido siempre con los socialistas, para acabar robando a éstos su caja de truenos. Esclavos de la vía intermedia, sin objetivos propios, los conservadores fueron siempre víctimas de aquella superstición según la cual la verdad tiene que hallarse por fuerza en algún punto intermedio entre dos extremos; por eso, casi sin darse cuenta, han sido atraídos alternativamente hacia el más radical y extremista de los otros dos partidos.

Así, pues, la posición conservadora siempre ha dependido de la ubicación de las demás tendencias a la sazón operantes. Puesto que, por lo general, las cosas han marchado durante las últimas décadas hacia el socialismo, puede parecer a algunos que tanto conservadores como liberales no pretenden sino retrasar la evolución del género humano. Sin embargo, los liberales tienen objetivos específicos hacia los cuales se orientan continuamente, repugnándoles como al que más la quietud y el estancamiento. El que otrora la filosofía liberal tuviera más partidarios y algunos de sus ideales casi se consiguieran da lugar a que haya quienes crean que los liberales sólo saben mirar hacia el pasado. Pero la verdad es que el liberalismo ni ahora ni nunca ha mirado atrás. Aquellos objetivos a los que los liberales aspiran jamás en la historia fueron enteramente conseguidos. De ahí que el liberalismo siempre mirará hacia adelante, deseando continuamente purgar de imperfecciones las instituciones sociales. El liberalismo nunca se ha opuesto a la evolución y al progreso. Es más: allí donde el desarrollo libre y espontáneo se halla paralizado por el intervencionismo, lo que el liberal desea es introducir drásticas y revolucionarias innovaciones. Muy escasas actividades públicas de nuestro mundo actual perdurarían bajo un auténtico régimen liberal. En su opinión, lo que hoy con mayor urgencia precisa el mundo es suprimir, sin respetar nada ni a nadie, esos innumerables obstáculos con que se impide el libre desarrollo.

No oscurece la diferencia entre liberalismo y conservadurismo el que en los Estados Unidos sea posible abogar por la libertad individual defendiendo tradicionales instituciones formadas hace tiempo. Tales instituciones, para el liberal, no resultan valiosas por ser antiguas o americanas, sino porque convienen y apuntan hacia aquellos objetivos que él desea conseguir.

3. Conservadurismo y liberalismo
Antes de pasar a ocuparnos de los puntos en que más difieren las posiciones liberal y conservadora, me parece oportuno resaltar cuánto podían haber aprendido los liberales en las obras de algunos pensadores netamente conservadores. Los profundos y certeros estudios (ajenos por completo a los temas económicos) que tales pensadores nos legaron, demostrando la utilidad que encierran las instituciones natural y espontáneamente surgidas, vienen a subrayar hechos de enorme trascendencia para la mejor comprensión de lo que realmente es una sociedad libre. Por reaccionarias que fueran en política figuras como Coleridge, Bonald, De Maistre, Justus Möser o Donoso Cortés, lo cierto es que advirtieron claramente la importancia de instituciones formadas espontáneamente tales como el lenguaje, el derecho, la moral y diversos pactos y contratos, anticipándose a tantos modernos descubrimientos, de tal suerte que habría sido de gran utilidad para los liberales estudiar cuidadosamente sus escritos. Por lo general, los conservadores reservan para la evolución del pasado la admiración y el respeto que los liberales sienten por la libre evolución de las cosas. Carecen del valor necesario para dar la alegre bienvenida a esos mismos cambios engendradores de riqueza y progreso cuando son coetáneos.

He aquí la primera gran diferencia que separa a liberales y conservadores. Lo típico del conservador, según una y otra vez se ha hecho notar, es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo5; la postura liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole, en principio, todo lo que sea libre transformación y evolución, aun constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas. La posición de los conservadores no sería, en verdad, demasiado criticable si limitaran su oposición a la excesiva rapidez en la modificación de las instituciones sociales y políticas. Existen poderosas razones que aconsejan ser precavidos y cautos en tales materias. Pero los conservadores, cuando gobiernan, tienden a paralizar la evolución o, en todo caso, a limitarla a aquello que hasta el más tímido aprobaría. Jamás, cuando avizoran el futuro, piensan que puede haber fuerzas desconocidas que espontáneamente arreglen las cosas; mentalidad ésta en abierta contraposición con la filosofía de los liberales, quienes, sin complejos ni recelos, aceptan la libre evolución, aun ignorando a veces hasta dónde puede llevarles el proceso. Tal actitud mental contribuye a que, por principio, estos últimos confíen en que, sobre todo la economía, gracias a las fuerzas autorreguladoras del mercado, se irá acomodando espontáneamente a cualquier nueva circunstancia, aun cuando con frecuencia nadie pueda prever con detalle cómo se realizará esa acomodación. La incapacidad de la gente para percibir por qué tiene que ajustarse la oferta a la demanda, por qué han de coincidir las exportaciones con las importaciones y otros extremos parecidos tal vez sea la razón fundamental que les hace oponerse al libre desenvolvimiento del mercado. Los conservadores sólo se sienten tranquilos si piensan que hay una mente superior que todo lo vigila y supervisa; ha de haber siempre alguna autoridad que vele por que los cambios y las mutaciones se lleven a cabo “ordenadamente”.

Ese temor a que operen unas fuerzas sociales aparentemente incontroladas explica otras dos características del conservador: su afición al autoritarismo y su incapacidad para comprender el mecanismo de las fuerzas que regulan el mercado. Como desconfía tanto de las teorías abstractas como de los principios generales6, no logra percatarse de cómo funcionan esas fuerzas espontáneas que constituyen el fundamento de la libertad, ni puede, por tanto, trazarse directrices políticas. Para el conservador el orden es, en todo caso, fruto de la permanente atención y vigilancia ejercida por las autoridades; éstas, a tal fin, deben disponer de los más amplios poderes discrecionales, actuando en cada circunstancia según estimen mejor, sin tener que sujetarse a reglamentos rígidos. El establecer normas y principios generales presupone haber comprendido cómo operan aquellas fuerzas que coordinan las respectivas actuaciones de los componentes de la sociedad. Ahora bien, esta teoría general de la sociedad, y sobre todo del mundo económico, es lo que les falta a los conservadores. Han sido hasta tal punto incapaces de formular una doctrina acerca del orden social, que últimamente, en su deseo de conseguir una base teórica, han tenido que recurrir a los escritos de autores que siempre se consideraron a sí mismos liberales. Macaulay, Tocqueville, Lord Acton y Locke, indudablemente, eran liberales de los más puros. El propio Edmund Burke fue siempre un “viejo whig” y, al igual que cualquiera de los personajes antes citados, se habría horrorizado ante la posibilidad de que alguien le tomara por tory.

Pero no nos desviemos del tema que ahora nos interesa. Lo típico del conservador, decíamos, es el conferir siempre el más amplio margen de confianza a las autoridades constituidas y el procurar invariablemente que los poderes de éstas, lejos de debilitarse, se refuercen. Es ciertamente difícil, bajo tal clima, preservar la libertad. El conservador, por lo general, no se opone a la coacción ni a la arbitrariedad estatal cuando los gobernantes persiguen aquellos objetivos que él considera acertados. No se debe coartar –piensa– con normas rígidas y prefijadas la acción de quienes están en el poder, si son gentes honradas y rectas. El conservador, esencialmente oportunista y carente de principios generales, se limita, al final, a recomendar que se encomiende la jefatura del país a un gobernante sabio y bueno, cuyo imperio no proviene de esas sus excepcionales cualidades –que todos desearíamos adornaran a la superioridad–, sino de los autoritarios poderes que ejerce7. Al conservador, como al socialista, lo que le preocupa es quién gobierna, desentendiéndose del problema relativo a la limitación de las facultades atribuidas al gobernante; y, como el marxista, considera natural imponer a los demás sus valoraciones personales.

Al decir que el conservador no tiene principios, en modo alguno pretendemos afirmar que carezca de convicciones morales; todo lo contrario, ordinariamente las tiene y muy arraigadas. De lo que adolece es de falta de principios políticos que le permitan colaborar lealmente con gentes cuyas valoraciones morales difieran de las suyas, con miras a así, entre todos, organizar una sociedad en la que cada uno pueda ser fiel a sus propias convicciones. Ahora bien, sólo tal filosofía permite la pacífica coexistencia de personas de mentalidad diferente y la pervivencia de agrupaciones humanas que puedan prescindir sustancialmente de la coacción y la fuerza. Ello exige estar todos dispuestos a tolerar muchas cosas que personalmente tal vez nos desagraden. Los objetivos de los conservadores, en términos generales, me agradan mucho más que los de los socialistas; para un liberal, sin embargo, por mucho que valore determinados fines, jamás es lícito obligar a quienes aprecien de otro modo las cosas a esforzarse por la consecución de las metas apetecidas. Estoy seguro de que algunos de mis amigos conservadores se sobresaltarán por las concesiones que al parecer hago a las tendencias modernas en la parte tercera de esta obra. Tales tendencias, a mí, personalmente, en gran parte, me gustan tan poco como a ellos, y, llegado el caso, incluso votaría en contra de las mismas; pero no puedo invocar argumento alguno de tipo general para demostrar a quienes mantienen un punto de vista distinto al mío que esas medidas son incompatibles con aquella sociedad que tanto ellos como yo deseamos. El convivir y el colaborar fructíferamente en sociedad exige por tanto respeto para aquellos objetivos que pueden diferir de los nuestros personales, presupone permitir a quienes valoren de modo distinto al nuestro tener aspiraciones diferentes a las que nosotros abrigamos, por mucho que estimemos los propios ideales.

Por tales razones, el liberal, en abierta contraposición a conservadores y socialistas, en ningún caso admite que alguien tenga que ser coaccionado por razones de moral o religión. Pienso con frecuencia que la nota que tipifica al liberal, distinguiéndole tanto del conservador como del socialista, es precisamente esa su postura de total inhibición ante las conductas que los demás adopten siguiendo sus creencias, siempre y cuando no invadan ajenas esferas de actuación legalmente amparadas. Tal vez ello explique por qué el socialista desengañado, con mucha mayor facilidad y frecuencia, tranquiliza sus inquietudes haciéndose conservador en vez de liberal.

La mentalidad conservadora, en definitiva, entiende que dentro de cada sociedad existen personas patentemente superiores, cuyas valoraciones, posiciones y categorías deben protegerse, correspondiendo a tales excepcionales sujetos un mayor peso en la gestión de los negocios públicos. Los liberales, naturalmente, no niegan que hay personas de superioridad indudable; en modo alguno son igualitaristas. Pero no creen que haya nadie que por sí y ante sí se halle facultado para decidir subjetivamente quiénes, entre los ciudadanos, deban ocupar esos puestos privilegiados. Mientras el conservador tiende a mantener cierta predeterminada jerarquía y desea ejercer la autoridad para defender la posición de aquellos a quienes él personalmente valora, el liberal entiende que ninguna posición otrora conquistada debe ser protegida contra los embates del mercado mediante privilegios, autorizaciones monopolísticas o intervenciones coactivas del Estado. El liberal no desconoce el decisivo papel que ciertas élites desempeñan en el progreso cultural e intelectual de nuestra civilización; pero estima que quienes pretenden ocupar en la sociedad una posición preponderante deben demostrar esa pretendida superioridad acatando las mismas normas que se aplican a los demás.

La actitud que el conservador suele adoptar ante la democracia está íntimamente relacionada con lo anterior. Ya antes hice constar que no considero el gobierno mayoritario como un fin en sí, sino sólo como un medio, o incluso quizá como el mal menor entre los sistemas políticos entre los que tenemos que elegir. Sin embargo, se equivocan, en mi opinión, los conservadores cuando atribuyen los males de nuestro tiempo a la existencia de regímenes democráticos. Lo malo es el poder político ilimitado. Nadie tiene capacidad suficiente para ejercer sabiamente poderes omnímodos8. Las amplias facultades que ostentan los modernos gobiernos democráticos resultarían aún más intolerables en manos de un reducido grupo de privilegiados. Es cierto que sólo cuando la potestad quedó íntegramente transferida a las masas mayoritarias dejó por doquier de reclamarse la limitación de los poderes estatales. En este sentido, la democracia guarda íntima relación con la expansión de las facultades gubernamentales. Lo recusable, sin embargo, no es la democracia en sí, sino el poder ilimitado del que dirige la cosa pública, sea quien fuere. ¿Por qué no se limita el poder de la mayoría, como se intentó siempre hacer con el de cualquier otro gobernante? Dejando a un lado tales circunstancias, las ventajas que la democracia encierra, al permitir el cambio pacífico de régimen y al educar a las masas en materia política, se me antojan tan grandes, en comparación con los demás sistemas posibles, que no puedo compartir las tendencias antidemocráticas del conservadurismo. Lo que en esta materia importa no es tanto quién gobierna, sino qué poderes ha de ostentar el gobernante.

La esfera económica nos sirve para constatar cómo la oposición conservadora al exceso de poder estatal no obedece a consideraciones de principio, sino que es pura reacción contra determinados objetivos que ciertos gobiernos pueden perseguir. Los conservadores rechazan, por lo general, las medidas socializantes y dirigistas cuando del terreno industrial se trata, postura ésta a la que se suma el liberal. Ello no impide que al propio tiempo suelan ser proteccionistas en los sectores agrarios. Si bien la mayor parte del dirigismo que hoy domina en la industria y el comercio es fruto del esfuerzo socialista, no es menos cierto que las medidas restrictivas en el mercado agrario fueron, por lo general, obra de conservadores que las implantaron aun antes de imponerse las primeras. Es más: muchos políticos conservadores no se mostraron inferiores a los socialistas en sus esfuerzos por desacreditar la libre empresa.

4. La debilidad del conservador
Ya hemos aludido a las diferencias que separan a conservadores y liberales en el campo estrictamente intelectual. Conviene, no obstante, volver sobre el tema, pues la postura conservadora en tal materia no sólo supone grave quiebra para el conservadurismo como partido, sino que, además, puede perjudicar gravemente a cualquier otro grupo que con él se asocie. Intuyen los conservadores que son sobre todo nuevos idearios los agentes que provocan las mutaciones sociales. Y teme el conservador a las nuevas ideas precisamente porque sabe que carece de pensamiento propio que oponerles. Su repugnancia a la teoría abstracta, y la escasez de su imaginación para representarse cuanto en la práctica no ha sido ya experimentado, le dejan por completo inerme en la dura batalla de las ideas. A diferencia del liberal, convencido siempre del poder y la fuerza que, a la larga, tienen las ideas, el conservador se encuentra maniatado por los idearios heredados. Como, en el fondo, desconfía totalmente de la dialéctica, acaba siempre apelando a una sabiduría particular que, sin más, se atribuye.

Donde mejor se aprecia la disparidad entre estos dos modos de pensar es en su respectiva actitud ante el progreso de las ciencias. El liberal no comete el error de creer que toda evolución implica mejora; pero estima que la ampliación del conocimiento constituye uno de los más nobles esfuerzos del hombre y piensa que sólo de este modo es posible resolver aquellos problemas que tienen humana solución. No es que lo nuevo, por su novedad, le atraiga; pero sabe que es típico del hombre buscar siempre cosas nuevas antes desconocidas, y por eso está siempre dispuesto a examinar todo desarrollo científico, aun en aquellos casos en que le disgustan las consecuencias inmediatas que la novedad parezca implicar.

Uno de los aspectos para mí más recusables de la mentalidad conservadora es su oposición, por principio, a todo nuevo conocimiento, por temor a las consecuencias que, a primera vista, parezca haya de producir; digámoslo claramente: lo que me molesta del conservador es su oscurantismo. Reconozco que, mortales al fin, también los científicos se dejan llevar por modas y caprichos, por lo que siempre es conveniente recibir sus afirmaciones con cautela y hasta con desconfianza. Ahora bien, nuestra crítica deberá ser siempre racional, y, al enjuiciar las diferentes teorías, habremos de prescindir necesariamente de si las nuevas doctrinas chocan o no con nuestras creencias preferidas. Siempre me han irritado quienes se oponen, por ejemplo, a la teoría de la evolución o a las denominadas explicaciones mecánicas del fenómeno de la vida simplemente por las consecuencias morales que, en principio, parecen deducirse de tales doctrinas, así como quienes estiman impío o irreverente el mero hecho de plantear determinadas cuestiones. Los conservadores, al no querer enfrentarse con la realidad, sólo consiguen debilitar su posición. Las conclusiones que el racionalista deduce de los últimos avances científicos encierran frecuentemente graves errores y no son las que en verdad resultan de los hechos; ahora bien, sólo participando activamente en la discusión científica podemos, con conocimiento de causa, atestiguar si los nuevos descubrimientos confirman o refutan nuestro anterior pensamiento. Si llegamos a la conclusión de que alguna de nuestras creencias se apoyaba en presupuestos falsos, estimo que sería incluso inmoral seguir defendiéndola pese a contradecir abiertamente la verdad.

Esa repugnancia que el conservador siente por todo lo nuevo y desusado parece guardar cierta relación con su hostilidad hacia lo internacional y su tendencia al nacionalismo patriotero. Esta actitud también resulta perjudicial para la postura conservadora en la batalla de las ideas. Es un hecho incuestionable para el conservador que las ideas que modelan y estructuran nuestro mundo no respetan fronteras. Y pues no está dispuesto a aceptarlas, cuando tiene que luchar contra las mismas advierte con estupor que carece de las necesarias armas dialécticas. Las ideas de cada época se desarrollan en lo que constituye un gran proceso internacional; y sólo quienes participan activamente en el mismo son luego capaces de influir de modo decisivo en el curso de los acontecimientos. En estas lides de nada sirve afirmar que cierta idea es antiamericana, antibritánica o antigermana. Una teoría torpe y errada no deja de serlo por haberla concebido un compatriota.

Aunque mucho más podría decir sobre el conservadurismo y el nacionalismo, creo que es mejor abandonar el asunto, pues algunos tal vez pensarán que es mi personal situación lo que me induce a criticar todo tipo de nacionalismo. Sólo agregaré que esa predisposición nacionalista que nos ocupa es con frecuencia lo que induce al conservador a emprender la vía colectivista. Después de calificar como nuestra tal industria o tal riqueza, sólo falta un paso para demandar que dichos recursos sean puestos al servicio de los intereses nacionales. Sin embargo, es justo reconocer que aquellos liberales europeos que se consideran hijos y continuadores de la Revolución Francesa poco se diferencian en esto de los conservadores. Creo innecesario decir que el nacionalismo nada tiene que ver con el patriotismo, así como que se puede repudiar el nacionalismo sin por ello dejar de sentir veneración por las tradiciones patrias. El que me agrade mi país, sus usos y costumbres, en modo alguno implica que deba odiar cuanto sea extranjero y diferente.

Sólo a primera vista puede parecernos paradójico que la repugnancia que el conservador siente por lo internacional vaya frecuentemente asociada a un agudo imperialismo. El repugnar lo foráneo y el hallarse convencido de la propia superioridad inducen al individuo a considerar como misión suya civilizar a los demás y, sobre todo, civilizarlos, no mediante el intercambio libre y deseado por ambas partes que el liberal propugna, sino imponiéndoles “las bendiciones de un gobierno eficiente”. Es significativo que en este terreno encontremos con frecuencia a conservadores y socialis-tas aunando sus fuerzas contra los liberales. Ello aconteció no sólo en Inglaterra, donde fabianos y webbs fueron siempre abiertamente imperialistas, o en Alemania, donde fueron de la mano el socialismo de Estado y la expansión colonial, también en los Estados Unidos, donde ya en tiempos del primer Roosevelt pudo decirse: “Los jingoístas y los reformadores sociales habían aunado sus esfuerzos formando un partido político que amenazaba con ocupar el poder y utilizarlo para su programa de cesarismo paternalista; tal peligro, de momento, parece haber sido evitado, pero sólo a costa de haber adoptado los demás partidos idéntico programa, si bien en forma más gradual y suave”.

5. ¿Por qué no soy conservador?
En un solo aspecto puede decirse con justicia que el liberal se sitúa en una posición intermedia entre socialistas y conservadores. En efecto, rechaza tanto el torpe racionalismo del socialista, que quisiera rehacer todas las instituciones sociales a tenor de ciertas normas dictadas por sus personales juicios, como del misticismo en que con tanta facilidad cae el conservador. El liberal se aproxima al conservador en cuanto desconfía de la razón, pues reconoce que existen incógnitas aún sin desentrañar; incluso duda a veces que sea rigurosamente cierto y exacto todo aquello que se suele estimar definitivamente resuelto, y, desde luego, le consta que jamás el hombre llegará a la omnisciencia. El liberal, por otra parte, no deja de recurrir a instituciones o usos útiles y convenientes aunque no hayan sido objeto de organización consciente. Difiere del conservador precisamente en este su modo franco y objetivo de enfrentarse con la humana ignorancia y reconoce lo poco que sabemos, rechazando todo argumento de autoridad y toda explicación de índole sobrenatural cuando la razón se muestra incapaz de resolver determinada cuestión. A veces puede parecernos demasiado escéptico, pero la verdad es que se requiere un cierto grado de escepticismo para mantener incólume ese espíritu tolerante típicamente liberal que permite a cada uno buscar su propia felicidad por los cauces que estima más fecundos.

De cuanto antecede en modo alguno se sigue que el liberal haya de ser ateo. Antes al contrario, y a diferencia del racionalismo de la Revolución Francesa, el verdadero liberalismo no tiene pleito con la religión, siendo muy de lamentar la postura furibundamente antirreligiosa adoptada en la Europa decimonónica por quienes se denominaban liberales. Que tal actitud es esencialmente antiliberal lo demuestra el que los fundadores de la doctrina, los viejos whigs ingleses, fueron en su mayoría gente muy devota. Lo que en esta materia distingue al liberal del conservador es que, por profundas que puedan ser sus creencias, aquél jamás pretende imponerlas coactivamente a los demás. Lo espiritual y lo temporal son para él esferas claramente separadas que nunca deben confundirse.

6. ¿Qué nombre daríamos al partido de la libertad?
Lo dicho hasta aquí basta para evidenciar por qué no me considero conservador. Muchos, sin embargo, estimarán dificultoso el calificar de liberal mi postura, dado el significado que hoy se atribuye generalmente al término; parece, pues, oportuno abordar la cuestión de si tal denominación puede ser, en la actualidad, aplicada al partido de la libertad. Con independencia de que yo, durante toda mi vida, me he calificado de liberal, vengo utilizando tal adjetivo, desde hace algún tiempo, con creciente desconfianza, no sólo porque en los Estados Unidos el vocablo da lugar a continuas confusiones, sino porque cada vez voy viendo con mayor claridad el insoslayable valladar que me separa de ese liberalismo racionalista típico de la Europa continental y aun del de los utilitaristas británicos.

Si por liberalismo entendemos lo que entendía aquel historiador inglés que en 1827 definía la revolución de 1688 como “el triunfo de esos principios hoy en día denominados liberales o constitucionales”; si se atreviera uno, con Lord Acton, a saludar a Burke, Macaulay o Gladstone como los tres grandes apóstoles del liberalismo, o, con Harold Laski, a decir que Tocqueville y Lord Acton fueron “los auténticos liberales del siglo xix”, sería para mí motivo del máximo orgullo el adjudicarme tan esclarecido apelativo. Me siento inclinado a llamar verdadero liberalismo a las doctrinas que los citados autores defendieron. La verdad, sin embargo, es que quienes en el continente europeo se denominaron liberales propugnaron en su mayoría teorías a las que estos autores habrían mostrado su más airada oposición, impulsados más por el deseo de imponer al mundo un cierto patrón político preconcebido que por el de permitir el libre desenvolvimiento de los individuos. Casi otro tanto cabe predicar del sedicente liberalismo inglés, al menos desde la época de Lloyd George.

En consecuencia, debemos reconocer que actualmente ninguno de los movi-mientos y partidos políticos calificados de liberales puede considerarse liberal en el sentido en que yo he venido empleando el vocablo. Asimismo, las asociaciones mentales que, por razones históricas, hoy en día suscita el término seguramente dificultarán el éxito de quienes lo adopten. Planteadas así las cosas, resulta muy dudoso si en verdad vale la pena intentar devolver al liberalismo su primitivo significado. Mi opinión personal es que el uso de tal palabra sólo sirve para provocar confusión si previamente no se han hecho todo género de salvedades, siendo por lo general un lastre para quien la emplea.

Por resultar imposible, de hecho, en los Estados Unidos, servirse del vocablo en el sentido en que yo lo empleo, últimamente se está recurriendo al uso del término libertario. Tal vez sea ésa una solución; a mí, de todas suertes, me resulta palabra muy poco atractiva. Me parece demasiado artificiosa y rebuscada. Por mi parte, también he pretendido hallar una expresión que reflejara la afición del liberal por lo vivo y lo natural, su amor a todo lo que sea desarrollo libre y espontáneo. Pero en verdad que he fracasado.

7. Apelación a los old whigs
Lo más curioso de la situación es que esa filosofía que propugnamos, cuando apareció en Occidente, tenía un nombre, y el partido que la defendía también poseía un apelativo por todos admitido. Los ideales de los whigs ingleses cristalizaron en aquel movimiento que, más tarde, toda Europa denominó liberal, movimiento en el que se inspiraron los fundadores de los actuales Estados Unidos para luchar por su independencia y al redactar su carta constitucional. Whigs se denominaron, entre los anglosajones, los partidarios de la libertad, hasta que el impulso demagógico, totalitario y socializante que nace con la Revolución Francesa viniera a transmutar su primitiva filosofía.

El vocablo desapareció en su país de origen, en parte, debido a que el pensamiento que había representado durante cierta época dejó de ser patrimonio exclusivo de un determinado partido político y, en parte, porque quienes se agrupaban tras esa denominación traicionaron sus originarios ideales. Su facción revolucionaria acabó desacreditando, a lo largo del siglo pasado, tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, a los partidos whig. Si tenemos en cuenta que el movimiento deja de denominarse whig para adoptar el calificativo de liberal precisamente cuando queda infectado del racionalismo rudo y dictatorial de la Revolución Francesa –correspondiendo a nosotros la tarea de destruir ese racionalismo nacionalista y socializante que tanto daño ha hecho al partido–, creo que la palabra whig es la que mejor refleja tal conjunto de ideas. Mis estudios sobre la evolución política me hacen ver cada vez con mayor claridad que, durante toda mi vida, siempre fui “un viejo whig” (y subrayo lo de “viejo”).
Lo anterior, sin embargo, en modo alguno quiere decir que desee retornar a la situación en que el mundo se hallaba al finalizar el siglo xvii. Uno de los objetivos de este libro consiste precisamente en demostrar cómo ideas que se gestaron en aquel momento histórico no dejaron de desarrollarse y progresar desde entonces hasta hace unos setenta u ochenta años, generalizándose y dejando de constituir patrimonio exclusivo de un determinado partido. Después hemos ido paulatinamente descubriendo trascendentes verdades otrora desconocidas, a cuya luz podemos hoy patentizar mejor lo acertado y fecundo de aquel ideario. Tal vez nuestros modernos conocimientos nos obliguen a dar nueva presentación a la doctrina, pero sus fundamentos básicos siguen siendo los mismos que intuyeran los viejos whig. Es cierto que la postura que más tarde adoptaron algunos de sus representantes ha hecho dudar a algunos historiadores de que, efectivamente, el partido whig profesara la filosofía que le atribuimos; pero, como acertadamente escribe Lord Acton, aunque es indudable “la torpeza de algunos de los patriarcas de la doctrina, la idea de una ley suprema, que se halla por encima de nuestros ordenamientos y códigos –idea de la que parte toda la filosofía whig– es la gran obra que el pensamiento británico legó a la nación”… y al mundo entero, agregamos nosotros. He ahí el ideario en que por entero se basa la tradición anglosajona, la doctrina que proporcionó al liberalismo continental europeo lo que de bueno encierra, la filosofía en que se fundamenta el sistema político de los Estados Unidos. No coincidían con el ideario en cuestión ni el radicalismo de un Jefferson ni el conservadurismo de un Hamilton o incluso de un John Adams. Sólo un James Madison, el “padre de la Constitución”, sabría brindarnos la correspondiente formulación americana.

No sé realmente si vale la pena infundir nueva vida al viejo vocablo whig. El que en la actualidad, tanto en los países anglosajones como fuera de ellos, la gente sea incapaz de dar al vocablo un contenido preciso, más que un inconveniente, me parece una ventaja. Para las personas preparadas y conocedoras de la evolución política, en cambio, posiblemente sea el único término que refleja cumplidamente lo que implica este modo de pensar. Harto elocuente es el malestar y la desazón que al conservador, y aún más al socialista arrepentido, convertido a los ideales conservadores, produce todo lo auténticamente whig. Demuestran con ello un agudo instinto político, pues fue la filosofía whig el único conjunto de ideas que opuso un racional y firme valladar a la opresión y a la arbitrariedad política.

8. Principios teóricos y posibilidades prácticas
Pero ¿acaso tiene tanta trascendencia la cuestión del nombre? Allí donde, como acontece en los Estados Unidos, las instituciones son aún sustancialmente libres y la defensa de la libertad, por tanto, las más de las veces coincide con la defensa del orden imperante, no parece que haya de encerrar grave peligro el denominar conservadores a los partidarios de la libertad, aun cuando, en más de una ocasión, a estos últimos ha de resultar embarazosa tan plena identificación con quienes sienten tan intensa aversión al cambio. No es lo mismo defender una determinada institución por el mero hecho de existir que propugnarla por estimarla fecunda e interesante. El hecho de que el liberal coincida con otros grupos en su oposición al colectivismo no debe hacer olvidar que mira siempre hacia adelante, hacia el futuro; ni siente románticas nostalgias, ni desea idealmente revivir el pasado.

Es, pues, imprescindible trazar una clara separación entre estos dos modos de pensar, sobre todo cuando, como ocurre en muchas partes de Europa, los conservadores han aceptado ya gran parte del credo colectivista. En efecto, las ideas socialistas han dominado la escena política europea durante tanto tiempo, que muchas instituciones de indudable signo colectivista son ya por todos aceptadas, siendo incluso motivo de orgullo para aquellos partidos conservadores que las implantaron. En estas circunstancias, el partidario de la libertad no puede menos de sentirse radicalmente opuesto al conservadurismo, viéndose obligado a adoptar una actitud de franca rebeldía ante los prejuicios populares, los intereses creados y los privilegios legalmente reconocidos. Los errores y los abusos no resultan menos dañinos por el hecho de ser antiguos y tradicionales.

Tal vez sea sabio el político que se atiene a la máxima del quieta non movere; pero dicha postura repugna en principio al estudioso. Reconoce éste, desde luego, que en política conviene proceder con cautela, no debiendo el estadista actuar en tanto la opinión pública no esté debidamente preparada y dispuesta a seguirle; ahora bien, lo que aquél jamás hará es aceptar determinada situación simplemente porque la opinión pública la respalde. En este nuestro mundo actual, donde de nuevo, como en los albores del siglo xix, la gran tarea estriba en suprimir todos esos obstáculos e impedimentos, arbitrados por la insensatez humana, que coartan y frenan el espontáneo desarrollo, es preciso buscar el apoyo de las mentes progresistas; es decir, de aquellos que, aun cuando posiblemente estén hoy moviéndose en una dirección equivocada, desean no obstante enjuiciar de modo objetivo lo existente, a fin de modificar todo lo que sea necesario.

Creo que a nadie habré confundido por utilizar en varias ocasiones el término partido al referirme a la agrupación de quienes defienden cierto conjunto de normas morales y científicas. No he querido, desde luego, asociarme con ninguno de los partidos políticos existentes. Dejo en manos de ese “hábil y sinuoso animal, vulgarmente denominado estadista o político, que sabe siempre acomodar sus actos a la situación del momento”, el problema de cómo incorporar a un programa que resulte atractivo a las masas el ideario que en el presente libro he querido exponer hilvanando retazos de una tradición ya casi perdida. El estudioso en materia política debe aconsejar e ilustrar a la gente; pero no le compete organizarla y dirigirla hacia la consecución de objetivos específicos. El teórico sólo desempeñará eficazmente aquella función si prescinde de que sus recomendaciones sean o no, por razones políticas, plasmables en la práctica. Debe atender sólo a los “principios generales que jamás varían”. Dudo mucho, por ello, que ningún auténtico investigador político pueda jamás ser de verdad conservador. La filosofía conservadora puede ser útil en la práctica, pero no nos brinda norma alguna que nos indique hacia dónde, a la larga, debemos orientar nuestras acciones.

 

La competencia como proceso de descubrimiento (Hayek)

Posted on April 27, 2012

La competencia como proceso de descubrimiento (Hayek)

Este es uno de los ensayos clásicos de Friedrich A. von Hayek. Quizás el que mayor influencia haya tenido en el pensamiento posterior. Su idea central consiste en que el conocimiento necesario para el desarrollo económico no es algo que esté dado de antemano, sino que sólo se descubre en el marco de la libre competencia. El mercado es, entonces, un mecanismo de extracción y transmisión de la información no substituible por la planificación central.

 

La Competencia

La competencia economía

Es difícil defender a los economistas del cargo de haber discutido la competencia, por cerca de 40 o 50 años, basándose en conjeturas que si reflejaran la verdad del mundo real harían que la competencia fuera algo sin interés e inútil. Si alguien conociera efectivamente todo lo concerniente a aquello que la teoría económica llama datos, la competencia sería, en realidad, un método inútil para asegurar un ajuste a estos hechos. No es sorprendente, por tanto, que algunos se hayan visto inducidos a concluir que podemos prescindir totalmente del mercado, o que los resultados de éste sólo deberían usarse como un primer paso para garantizar una producción de bienes y servicios que podamos manejar, corregir o redistribuir del modo que queramos. Otros, cuya idea de la competencia pareciera derivar únicamente de los textos modernos, han concluido, naturalmente, que ésta no existe.
Contra esto es útil recordar que dondequiera que se pueda justificar racionalmente el uso de la competencia, ello será sólo sobre la base de que no conocemos anticipadamente los hechos que determinan las acciones de los competidores. Ya sea en los deportes como en los exámenes, y no menos en la adjudicación de contratos gubernamentales o de premios a la poesía, sería obviamente inútil organizar competencias si supiéramos de antemano quién será el ganador. Como se indica en el título de la conferencia, propongo que la competencia sea considerada como un procedimiento para descubrir hechos que, de no recurrir a ella, serían desconocidos para todos o, por lo menos, no serían utilizados.

Esto puede parecer tan obvio e irredargüible a primera vista como para que no merezca ninguna atención. No obstante, de la formulación explícita del aparente axioma anterior se siguen de inmediato algunas interesantes consecuencias, las que no son tan obvias. Una de ellas es que la competencia es valiosa sólo porque, y en tanto, sus resultados son imprevisibles y diferentes, en general, de aquellos que alguien pudiera haber perseguido deliberadamente. Y, aún más, que los efectos generalmente provechosos de la competencia deben incluir el desilusionar o derrotar algunas expectativas o intenciones particulares.
En estrecha conexión con esto hay una interesante consecuencia metodológica, la que es de gran utilidad para explicar el descrédito en que ha caído el enfoque microeconómico de la teoría. A pesar de que esta teoría, a mi juicio, pareciera ser la única capaz de explicar el papel de la competencia, ya no es comprendida ni siquiera por algunos supuestos economistas. Por consiguiente, vale la pena decir inicialmente algunas palabras acerca de la peculiaridad metodológica de la teoría de la competencia, cualquiera ésta sea, puesto que ella ha hecho que sus conclusiones resulten sospechosas para muchos de los que aplican habitualmente una prueba sobresimplificada para decidir qué es lo que están dispuestos a aceptar como algo científico. La consecuencia necesaria de la razón por la que utilizamos la competencia es que en aquellos casos en que es relevante nunca puede demostrarse la validez empírica de la teoría. Podemos someterla a pruebas en modelos conceptuales y podríamos examinarla en situaciones reales, creadas artificialmente, donde los hechos que deberían ser descubiertos por la competencia son ya conocidos por el observador. Pero en tales casos ello no tiene ningún valor práctico, de modo que llevar a cabo el experimento no justificaría su costo. Si no podemos conocer los hechos que esperamos descubrir por medio de la competencia, nunca podremos comprobar cuán efectiva ha sido ésta para descubrir aquellos hechos que podrían revelarse. Lo único que podemos descubrir es que, en general, las sociedades que se atienen a la competencia para lograr este propósito han alcanzado sus objetivos más exitosamente que las otras. Esta es una conclusión que la historia de la civilización parece haber confirmado fehacientemente.

La peculiaridad de la competencia —lo que tiene en común con el método científico— es que su desempeño no puede ser sometido a pruebas en los casos particulares en que es significativa, sino que se demuestra sólo por el hecho de que en comparación con otras disposiciones alternativas será el mercado el que prevalecerá. Las ventajas de los procedimientos científicos aceptados nunca pueden ser probadas científicamente; únicamente la experiencia común puede demostrar que, en general, dichos proce-
dimientos son más aptos para suministrar los bienes que los enfoques alternativos.

La diferencia entre la competencia económica y los exitosos procedimientos de la ciencia consiste en que la primera es un método para descubrir hechos particulares que son relevantes para alcanzar objetivos específicos temporales, en tanto que la ciencia aspira al descubrimiento de lo que se denomina a veces “hechos generales”, que son regularidades de los acontecimientos. La ciencia se ocupa de hechos particulares únicos, sólo hasta el punto en que éstos ayudan a confirmar o refutar teorías. Dado que ellos se refieren a rasgos permanentes y generales del mundo, los descubrimientos de la ciencia disponen de mucho tiempo para probar su valor. En contraste, los beneficios de los hechos particulares, cuya utilidad se descubre mediante la competencia en el mercado, son en gran medida transitorios. En lo que concierne a la teoría del método científico, sería tan fácil desacreditarla, basándose en que ésta no lleva a predicciones comprobables respecto a lo que puede descubrir la ciencia, como lo sería desacreditar la teoría del mercado sobre la base de que no logra predecir los resultados particulares que éste alcanzará. Dada la naturaleza del caso, la teoría de la competencia no puede hacerlo en ninguna situación en que fuera razonable utilizarla. Como veremos, su capacidad de predecir está necesariamente limitada a vaticinar el tipo de patrón o el carácter abstracto del orden que se forma, pero no se extiende a la predicción de hechos particulares.

II
Habiéndome despojado de esta enojosa preocupación, volveré al tema central de esta conferencia, señalando que la teoría económica parece cerrarse a veces, desde un principio, el camino hacia una evaluación del carácter del proceso de la competencia, ya que parte de la suposición de una oferta “dada” de los bienes escasos. Pero, cuáles son éstos o qué cosas constituyen mercaderías y cuán escasas o valiosas son éstas es lo que la competencia, precisamente, debe descubrir. Unicamente los resultados provisorios, que resultan del proceso del mercado en cada etapa, indican a los individuos lo que deben buscar. La utilización del conocimiento, ampliamente disperso en una sociedad que tenga una distribución extensiva del trabajo, no puede descansar en el hecho de que los individuos conozcan todos los usos particulares a los cuales pueden aplicarse las cosas que les son familiares dentro de su propio medio ambiente individual. Los precios dirigen su atención a aquello que vale la pena descubrir respecto de lo que el mercado ofrece en materia de ciertos bienes y servicios. Esto significa que las combinaciones de conocimientos y habilidades individuales —en alguna medida, siempre únicas—, que el mercado permite usar, no constituyen, ni siquiera en una mera primera instancia, un conocimiento de los hechos que los individuos puedan registrar y comunicar, si alguna autoridad así lo solicitase. El conocimiento al cual me refiero consiste más bien en una capacidad para descubrir las circunstancias especiales, lo que sólo será efectivo si los poseedores de este conocimiento son informados por el mercado acerca de qué clase de bienes o servicios son requeridos y cuál es la urgencia de esta necesidad.

Esto debe bastar para indicar a cuál tipo de conocimiento me refiero cuando llamo a la competencia “un método de descubrimiento”. Habría mucho que agregar para revestir con carne concreta los huesos desnudos de esta afirmación, y, de este modo, poder demostrar toda su importancia práctica. Pero debo contentarme con indicar brevemente, en esta forma, lo absurdo que es el procedimiento usual de iniciar el análisis con una situación en que todos los hechos son supuestamente conocidos. Esta es una situación que la teoría económica, curiosamente, denomina la competencia perfecta. Esta no deja lugar, en parte alguna, a la actividad llamada competencia, la que se supone que ya ha ejecutado su tarea. Sin embargo, debo apresurarme para examinar una cuestión en la que existe aún mayor confusión, a saber, el significado del argumento de que el mercado ajusta espontáneamente las actividades a los hechos que descubre, o la cuestión de la finalidad con que el mercado utiliza esta información.

La confusión que aquí predomina se debe principalmente a la manera errónea de considerar el orden que produce el mercado como una “economía”, en el estricto sentido de la palabra, y al hecho de juzgar los resultados del proceso del mercado con criterios que son apropiados solamente para una específica comunidad organizada, al servicio de una jerarquía determinada de fines. Pero tal jerarquía de fines no es relevante para la compleja estructura compuesta por innumerables disposiciones económicas individuales. A esta última, desafortunadamente, también la describimos con la misma palabra: “economía”, pese a que es fundamentalmente diferente y debe ser juzgada, entonces, por patrones distintos. Una economía, en estricto sentido, es una organización u ordenamiento en el que alguien adjudica deliberadamente recursos a un orden unitario de fines. El orden espontáneo producido por el mercado no es de esta especie, y en muchos aspectos importantes no se comporta como una economía propiamente tal. En particular, el orden espontáneo es diferente porque no garantiza que aquellas necesidades que la opinión general considera más importantes serán siempre satisfechas, antes que las escaseces menos trascendentes. Esta es la razón principal por la cual la gente objeta este orden. En efecto, el socialismo no es otra cosa que un requerimiento para que el orden del mercado (o “catalaxia”, como prefiero llamarlo, para evitar toda confusión con una economía propiamente dicha) se transforme en una economía en su sentido estricto, en la que una escala común de prioridades determine cuáles de las diversas necesidades deben ser satisfechas y cuáles no.
El problema que presenta este objetivo socialista es doble. Así como ocurre en toda organización deliberada, sólo el conocimiento del organizador puede participar en el diseño de la economía propiamente tal, y todos los miembros de dicha economía —concebida como una organización intencional— deben guiarse en sus acciones por la jerarquía unitaria de los fines que ésta sirve. Por otro lado, las ventajas del orden espontáneo del mercado, o de la “catalaxia” son, respectivamente, dos: 1) el conocimiento que se usa en el mercado es aquel que poseen todos sus miembros, y 2) los fines que sirve son los objetivos propios de aquellos individuos, en toda su variedad y desacuerdo.

De esta realidad surgen ciertas dificultades intelectuales que inquietan no solamente a los socialistas sino también a la totalidad de los economistas que quieren cuantificar los logros del orden del mercado, ya que si éste no está al servicio de un orden determinado de fines, y si, en realidad, al igual que todo orden formado espontáneamente no puede estimarse legítimamente que tenga fines particulares, tampoco es posible, por tanto, expresar el valor de sus resultados como una suma de sus productos individuales determinados. ¿Qué entendemos, entonces, cuando afirmamos que el orden del mercado produce, en cierto sentido, lo máximo o lo óptimo?

A pesar de que no puede decirse que la existencia de un orden espontáneo, no creado para un fin particular, tenga propiamente una finalidad, dicho orden puede, sin embargo, conducir en gran medida al logro de muchos fines particulares diferentes, los que no son conocidos, en su conjunto, por ninguna persona singular ni por grupos relativamente pequeños de individuos. En efecto, la acción racional sólo es posible en un mundo totalmente ordenado. Por consiguiente, es lógico intentar crear las condiciones bajo las cuales será sumamente probable que un individuo, tomado el azar, alcance sus fines en forma tan efectiva como le sea posible, aun cuando no pueda predecirse cuáles serán los objetivos particulares favorecidos y cuáles no.

Como hemos visto, los resultados de un método de descubrimiento son, por naturaleza, imprevisibles, y lo único que podemos esperar de la adopción de un método efectivo de descubrimiento es mejorar las oportunidades de los individuos que no conocemos. El único objetivo común que podemos perseguir al elegir esta técnica de ordenamiento de los asuntos sociales es la clase general de patrón o el carácter abstracto del orden que se formará.

III
Los economistas suelen referirse al orden que produce la competencia como un equilibrio; un término poco feliz, ya que tal equilibrio presupone que los hechos ya han sido descubiertos, y que ha cesado, por tanto, la competencia. El concepto de “orden”, que prefiero al de equilibrio —por lo menos para la discusión de los problemas de la política económica—, tiene la ventaja de que podemos hablar significativamente de un orden que hasta cierto punto es abordable, en diversos grados, y que puede ser conservado a través de un proceso de cambios. Si bien el equilibrio económico no existe, hay cierta justificación para afirmar que la clase de orden, del cual nuestra teoría describe un tipo ideal, llega a ser alcanzado en alto grado.

Este orden se manifiesta, en primer lugar, en la circunstancia de que las expectativas en torno a las transacciones que logren efectuarse con otros miembros de la sociedad —sobre las cuales se basan los planes de los diversos asuntos económicos— pueden ser satisfechas en su mayor parte. Este ajuste mutuo de los planes individuales es originado por aquello que —desde que las ciencias físicas comenzaron también a preocuparse de los órdenes espontáneos o sistemas auto-organizativos— hemos aprendido a llamar “retroalimentación negativa”. En efecto, como lo reconocen inteligentes biólogos: “[M]ucho antes que Claude Bernard, Clark Maxwell, Walter B. Cannon o Norbert Wiener hubieran desarrollado la cibernética, Adam Smith, en La Riqueza de las naciones, usó esta idea en forma igualmente clara. La ‘mano invisible’ que regula los precios hasta el último detalle está manifiestamente contenida en esta idea. En un mercado libre, dice Smith, los precios se regulan por la retroalimentación negativa”.

Veremos que es de crucial importancia para la comprensión del funcionamiento del mercado el hecho de que un alto grado de coincidencias de expectativas tenga por causa la desilusión sistemática de algún tipo de expectativas. Pero lo que logra el mercado no es sólo un ajuste mutuo de los planes individuales; también garantiza que todo lo que se produce lo será por la gente que puede hacerlo a menos precio (o por lo menos igualmente barato) que otros que no lo producen (y que no pueden dedicar su energía a elaborar algo que sea comparativamente más barato), y que todo producto será vendido a un precio inferior a aquel que pudiera suministrar otra persona que, de hecho, no lo produce. Esto, por supuesto, no excluye la posibilidad de que algunos obtengan ganancias considerables sobre sus costos si éstos son muy inferiores a aquellos del productor potencial más eficiente. Pero ello significa que, de la combinación de mercaderías que de hecho se producen, conseguiremos producir la cantidad que nos lo permita algún método conocido. Por supuesto que no será tanto como lo que pudiéramos producir si el conocimiento que alguien tuviera o pudiera adquirir fuese dirigido por una entidad y puesto en un computador (el costo de descubrirlo, sin embargo, sería considerable). Pero no somos ecuánimes con los logros del mercado si lo juzgamos desde lo alto, comparándolo con un patrón ideal que no podemos conocer de manera alguna. Si juzgamos al mercado, como debería ser, desde abajo, entonces deberíamos contrastarlo con lo que podríamos alcanzar por cualquier otro método, especialmente en relación a lo que podría ser producido si se le impidiese hacerlo a la competencia, es decir, si sólo aquellos a quienes alguna autoridad hubiera dado el derecho de producir o vender algunas cosas particulares estuvieran autorizados para hacerlo. Sólo debemos tener presente cuán difícil es, dentro de un sistema competitivo, descubrir formas de abastecer a los consumidores con bienes de mejor calidad o más baratos que los que ya obtienen. Dondequiera que detectemos la existencia de esas oportunidades no aprovechadas, descubriremos por lo general que ellas no se han desarrollado, no son utilizadas, porque su uso es impedido ya sea por el poder de la autoridad (incluso por la imposición de privilegios de patentes) o por algún mal uso personal del poder que la ley debería prohibir.

Al respecto, no debe olvidarse que el mercado sólo ocasiona una aproximación hacia algún punto de esa superficie multidimensional, en virtud de lo cual la teoría económica pura representa el horizonte de todas las posibilidades hacia las cuales puede intentarse llevar la producción de cualquier combinación proporcional de mercancías y servicios. El mercado deja, en gran medida, la combinación particular de bienes y su distribución entre los individuos a circunstancias imprevisibles y, en este sentido, a la casualidad. Esto es, según lo había comprendido ya Adam Smith, como si hubiéramos aceptado participar en un juego, parcialmente de habilidad y también, en parte, de suerte. Este juego competitivo, al precio de dejar a la casualidad, en alguna medida, la cuota de cada individuo, garantiza que el equivalente real de lo que resultará ser su cuota será tan grande como sepamos hacerlo. El juego no es, como se dice hoy, uno de suma-cero, sino uno a través del cual, si se juega conforme a las reglas, se amplía el pozo compartible, dejando las cuotas individuales en el pozo, en gran medida, a la suerte. Una mente que comprenda todos estos hechos podría seleccionar de la superficie el punto que deseara y distribuir este producto del modo que estimase más adecuado. Pero el único punto presente (o tolerablemente cercano) en el horizonte de las posibilidades que podemos alcanzar es aquel al cual llegaremos si dejamos su determinación al mercado. El así llamado “máximo” que alcanzamos en forma natural no puede ser definido como una suma de cosas singulares, sino sólo en función de la oportunidad que ofrece a gente desconocida de obtener el más amplio y efectivo equivalente posible para sus cuotas relativas, las que serán determinadas en parte por la casualidad. Puesto que sus resultados no pueden simplemente evaluarse en términos de una escala única de valores, como es el caso en una economía propiamente tal, resulta muy engañoso intentar evaluar los resultados de la “catalaxia” como si ésta fuera una economía.

IV
La interpretación errónea del orden del mercado, como una economía que puede y debe satisfacer necesidades diversas en un cierto orden de prioridad, aparece especialmente en los esfuerzos de las políticas destinadas a corregir los precios e ingresos, en función de lo que se denomina “justicia social”. Cualquiera sea el significado que los filósofos sociales hayan atribuido a este concepto, en la práctica de la política económica éste ha implicado siempre la protección de ciertos grupos, para evitar que éstos desciendan necesariamente de la posición material absoluta o relativa que han disfrutado durante cierto tiempo. No obstante, éste no es un principio sobre cuya base se puede actuar en forma general, sin destruir con ello los fundamentos del orden del mercado. No sólo el incremento continuo, sino que en ciertas circunstancias aun la mera mantención del nivel existente de ingresos, depende de la adaptación a ciertos cambios imprevisibles. Esto implica necesariamente que la cuota relativa y, quizás también la absoluta, de algunos deberá reducirse, aunque éstos no sean responsables en manera alguna de su reducción.

El punto que siempre debe tenerse presente es que todo ajuste económico se hace necesario a raíz de cambios imprevisibles; y que la razón, en rigor, para emplear el mecanismo de precios es la de señalar a los individuos que lo que están haciendo o pudieran hacer ha llegado a ser menos o más requerido, por motivos de los que ellos no son responsables. La adaptación de todo el orden de actividades a las nuevas circunstancias descansa en la remuneración (remuneration) que deriva del cambio en estas diversas actividades, independientemente de los méritos o faltas de aquellos que han sido afectados.

El término “incentivos” es usado frecuentemente, en este contexto, con connotaciones en cierto modo engañosas, como si el problema principal fuera inducir a la gente a esforzarse suficientemente. Sin embargo, la indicación más importante que ofrecen los precios no consiste tanto en cómo se debe actuar, sino en qué es lo que se debe hacer. En un mundo que cambia continuamente, incluso la mera mantención de un nivel determinado de riqueza requiere de incesantes modificaciones en la dirección de los esfuerzos de algunas personas, las que sólo tendrán lugar si se aumentan las remuneraciones de ciertas actividades y disminuyen las de otras. Con estos ajustes, que en condiciones relativamente estables sólo son necesarios para mantener la corriente de ingresos, no hay ningún “excedente” (surplus) disponible que pueda ser usado para compensar a aquellos contra los cuales se revierten los precios. Sólo en un sistema que crezca rápidamente podemos esperar que se eviten descensos absolutos en las posiciones de ciertos grupos.

Al respecto, los economistas modernos frecuentemente pasan por alto el hecho de que aun la relativa estabilidad que muestran algunos de los conjuntos que la macroeconomía considera como datos, es en sí el resultado de un proceso microeconómico del que los cambios en los precios relativos son una parte esencial. Es sólo en virtud del mecanismo del mercado que las personas se sienten motivadas para entrar a éste y llenar la brecha provocada por el fracaso de algunos en satisfacer las expectativas de sus asociados. En efecto, todas aquellas curvas agregadas de demanda y oferta, con las cuales nos gusta operar, no constituyen en realidad hechos objetivamente determinados, sino resultados del proceso de competencia que continúa ininterrumpidamente. Tampoco cabe esperar que, a través de la información estadística, podamos llegar a saber cuáles son los cambios necesarios en los precios o ingresos para que se originen ajustes en los cambios inevitables.

El punto principal es, sin embargo, que en una sociedad democrática es totalmente imposible crear por mandato cambios que no son considerados justos, y cuya necesidad nunca podrá ser claramente demostrada. La regulación premeditada en dicho sistema político siempre tenderá a asegurar aquellos precios que parecen ser justos. Esto significa, en la práctica, la conservación de la estructura tradicional de ingresos y precios. Un sistema económico en que cada uno obtiene lo que otros piensan que merecen será un sistema altamente ineficiente; aparte de ser también intolerablemente opresivo. Toda “política de ingresos”, por consiguiente, se inclina más a prevenir que a facilitar aquellos cambios en las estructuras de precios e ingresos que son necesarios para adaptar el sistema a circunstancias nuevas.

Una de las paradojas del mundo actual es que los países comunistas están probablemente más libres de la pesadilla de la “justicia social” y, a la vez, más dispuestos que los países capitalistas a dejar recaer el peso en aquellos para quienes el desarrolllo ha sido desfavorable. Para ciertos países occidentales, al menos, la situación no parece tener remedio, precisamente, porque la ideología que domina su políticas hace imposibles los cambios que son necesarios para que la condición de la clase trabajadora se eleve lo suficientemente rápido como para provocar la desaparición de esta ideología.

V
Si en los sistemas económicos altamente desarrollados la competencia es importante como proceso de sondeo, en el que los exploradores buscan oportunidades no aprovechadas, las que al ser descubiertas pueden ser utilizadas también por otras personas, lo es aún más en los países subdesarrollados. Mi atención se ha volcado principalmente, en forma deliberada, a los problemas de la preservación de un orden que sea capaz de proveer con eficacia las condiciones que se precisan para conocer la mayoría de los recursos y las técnicas, y donde las adaptaciones constantes de las actividades se hacen necesarias sólo a través de cambios menores inevitables, los que posibilitan la mantención de un nivel determinado de ingresos. No consideraré aquí el papel indudable que juega la competencia en el avance del conocimiento tecnológico. Pero sí quiero señalar que éste es cuanto más importante donde no ha habido antes una competencia activa, y donde la tarea principal consiste en descubrir las posibilidades aún desconocidas de la sociedad. La creencia de que podemos prever y controlar la estructura de la sociedad que emergerá en los países altamente desarrollados, en virtud del desarrollo tecnológico, tal vez no sea del todo absurda, aunque es en gran medida errónea. Pero es simplemente irreal creer que podemos determinar anticipadamente la estructura social de un país cuyo problema principal es todavía descubrir cuáles son los recursos materiales y humanos disponibles, o que seamos capaces de predecir las consecuencias particulares de cualquiera medida que podamos tomar respecto a tal país.

Aparte del hecho de que en esas sociedades existe tanto más por descubrirse, hay además otra razón por la cual la mayor libertad de competencia parece ser más importante en tales países que en otros más avanzados. Esta es, que los cambios requeridos en los hábitos y costumbres tendrán lugar sólo si algunos pocos, que desean y son capaces de experimentar con métodos nuevos, consiguen que la mayoría se vea, por necesidad, obligada a seguirlos, y si son capaces, al mismo tiempo, de mostrarle a esa mayoría el camino a seguir. El necesario proceso de descubrimiento será impedido u obstaculizado si la mayoría logra mantener a la minoría sujeta a los hábitos tradicionales. Una de las razones principales de la aversión a la competencia es, evidentemente, el que ésta no sólo muestra cómo pueden hacerse las cosas en forma más efectiva, sino que enfrenta a aquellos que dependen del mercado para sus ingresos con la sola alternativa de imitar a los más exitosos o perder parte de sus ingresos. La competencia produce, de esta manera, una especie de coacción impersonal que obliga a numerosos individuos a ajustar su estilo de vida de un modo que ningún precepto o mandato lograría hacerlo. La dirección centralizada, al servicio de la así llamada “justicia social”, talvez sea un lujo que sólo pueden permitirse las naciones ricas, por un período largo quizás, sin que se perjudiquen mayormente sus ingresos. Pero éste no es ciertamente un método mediante el cual los países pobres puedan acelerar su adaptación a las circunstancias rápidamente cambiantes, de lo cual depende su crecimiento.

Talvez merezca aquí mencionarse que las posibilidades de crecimiento tenderán a ser mayores cuanto más extensas sean las posibilidades aún no utilizadas de un país. Aunque esto parezca extraño a primera vista, una alta tasa de crecimiento es, con frecuencia, prueba de que las oportunidades han sido descuidadas en el pasado. En esta forma, una alta tasa de crecimiento puede testimoniar, a veces, las políticas erróneas del pasado antes que las buenas políticas del presente. En consecuencia, no es razonable esperar en los países altamente desarrollados una tasa tan alta de crecimiento como la que puede alcanzarse en los países donde la utilización efectiva de los recursos fue impedida durante mucho tiempo por obstáculos legales e institucionales.
Por lo que he observado en el mundo, la proporción de personas privadas que están preparadas para ensayar nuevas posibilidades —cuando éstas parecen prometer mejores condiciones, y cuando sus congéneres no se lo impiden— es muy similar en todas partes. La tan lamentada ausencia de un espíritu de empresa en muchos de los países nuevos no es una característica inalterable de los habitantes individuales, sino la consecuencia de las restricciones que ejercen sobre ellos las costumbres e instituciones existentes. Por esta razón, sería fatal que en tales sociedades se permitiese que la voluntad colectiva dirija los esfuerzos de los individuos; el poder del gobierno, en cambio, debiera confinarse a defender a los individuos de las presiones de la sociedad. Tal protección de las iniciativas y empresas individuales solamente puede lograrse mediante la institución de la propiedad privada y el conjunto total de las instituciones libertarias contenidas en la ley.

 

Un alto a la inmigración mexicana en Estados Unidos

Posted on April 27, 2012

Un alto a la inmigración mexicana en Estados Unidos

Por primera vez son tantos los que salen de México como los que regresan, según un estudio

Washington

Por primera vez desde que los mexicanos comenzaron a emigrar masivamente hacia Estados Unidos, son hoy tantos o más los que regresan que los que llegan, un cambio histórico que puede afectar de forma muy profunda a la conformación social de este país, así como a las relaciones políticas, económicas y culturales en una de las fronteras en las que, de forma más cruda, se encuentran el mundo rico y un pueblo en desarrollo.

Esto no significa que la comunidad latina va a perder peso en EE UU. Los hispanos de todas las razas son ya cerca de 50 millones, constituyen la primera minoría del país, tras la mayoría blanca no latina, y su índice de natalidad les garantiza un aumento de su proporción en las próximas décadas.

Lo que demuestra el estudio elaborado por el Instituto Pew y presentado esta semana es que se está produciendo un reacomodo del fenómeno migratorio que es consecuencia de un mundo en transformación y que puede ser el anuncio de una nueva era para este continente. Un México que consiga retener a su fuerza de trabajo y recuperar algunas energías perdidas, puede ser otro México. Una América en la que cruzar hacia el norte deje de ser el mejor recurso para el progreso, sería otra América. Un EE UU que prescinda del impulso vital de millones de espíritus ambiciosos, puede ser otro EE UU.

De acuerdo al estudio de Pew, la reducción a cero del flujo de inmigración procedente de México en los últimos años de la pasada década se explica tanto por causas coyunturales como estructurales. La crisis económica norteamericana de 2008, la aprobación de leyes para perseguir a los indocumentados, el incremento del número de deportaciones desde 2009, la mejora de los sistemas de vigilancia fronteriza, la disminución del índice de natalidad en México, la creación de nuevas oportunidades económicas dentro de ese país, el clima general de hostilidad a los inmigrantes que se ha creado en EE UU y, probablemente, una mayor identificación de los mexicanos con su sistema político y su nación, han contribuido a la nueva realidad que recoge este estudio.

Hay que esperar para ver si esa tendencia se mantiene o el simple aumento de las ofertas de trabajo en EE UU es suficiente para volver a atraer inmigrantes de forma masiva

Hay que esperar para ver si esa tendencia se mantiene o el simple aumento de las ofertas de trabajo en EE UU es suficiente para volver a atraer inmigrantes de forma masiva. Los autores del informe no descartan un repunte migratorio en algún momento futuro, pero creen que se puede asegurar la ruptura del patrón de comportamiento que se había mantenido desde hace medio siglo. “No sabemos si la oleada migratoria se reanudará en algún momento, pero sí podemos determinar que el estancamiento actual es algo más que pausa temporal”, afirma Paul Taylor, director del centro Pew Hispanic.

Douglas Massey, profesor de la Universidad de Princeton y codirector del Proyecto de Emigración Mexicana, uno de los mayores expertos en la materia, asegura que “el boom de emigración mexicana se ha acabado. Eso no quiere decir que no vaya a haber emigración, pero no veo un retorno al crecimiento masivo de indocumentados que se observó en los años noventa y en la primera década de este siglo”.

Una disminución de las tensiones migratorias podría ayudar a una nueva forma de relación positiva en una frontera de enorme potencial

Entre 1995 y el año 2000, más de tres millones de mexicanos cruzaron la frontera, mientras que sólo 700.000 regresaron a su país. Entre 2005 y 2010, vinieron 1,4 millones y se fueron otros tantos, o quizá más, según apunta el informe de Pew, que cita fuentes oficiales de ambos países. En los últimos 40 años, cuando la emigración mexicana se hizo constante, más de 12 millones de personas atravesaron el río Grande (o Bravo, como le llaman los norteamericanos). En estos momentos se calcula que viven en EE UU cerca de 32 millones de mexicanos.

Una disminución de las tensiones migratorias podría ayudar a una nueva forma de relación positiva en una frontera de enorme potencial. Mexicanos y norteamericanos, tan peleados en su historia, comportan intereses y costumbres en una amplia geografía donde en algún momento ondeó el Águila Azteca y hoy se siembran las semillas de un gran poder futuro.

 

Pemex admite una “necesidad crítica” de la tecnología de que dispone Repsol

Posted on April 27, 2012

Pemex admite una “necesidad crítica” de la tecnología de que dispone Repsol

EE UU pidió explicaciones a México por la alianza con Sacyr

A Washington le preocupan las prospecciones de la española en Cuba

Repsol y Pemex han firmado una alianza estratégica industrial

Madrid Vista de las instalaciones de YPF en la provincia de Buenos Aires. / EFE

El aumento de participación de la mexicana Pemex en Repsol y su interés en una alianza con la española se deben a su “necesidad crítica” de contar con tecnología de exploración petrolífera en aguas profundas como la que ha desarrollado Repsol. La compañía mexicana lo reconoce así en respuesta a un requerimiento realizado por la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos (la SEC, por sus siglas en inglés), que pidió explicaciones a Pemex a raíz de su alianza con Sacyr y su aumento de participación en Repsol hasta el 9,8%.

Tras la ruptura del pacto Sacyr-Pemex y la recomposición de las relaciones entre la mexicana y Repsol, ambas compañías firmaron una alianza industrial estratégica por 10 años en diferentes ámbitos cuyos términos han sido validados por sendos informes de los asesores BCG y de la Comisión de Nombramientos y Retribuciones del consejo de Repsol que han sido puestos a disposición de los accionistas ante la próxima junta de accionistas.

A Washington le preocupaba que Pemex usara su alianza con Repsol para invertir conjuntamente en la búsqueda de petróleo en Cuba. Una carta de la Oficina de Riesgo para la Seguridad Global de la SEC enviada a Pemex en octubre de 2011, y desvelada ahora, advertía a la compañía mexicana de que Repsol “tiene operaciones en Cuba, una oficina en Irán y contactos con Siria”. La SEC se hacía eco de informaciones sobre los planes de prospección de crudo de Repsol en Cuba y de informaciones sobre el malestar de algunos congresistas al respecto. En ese sentido, pedía explicaciones a Pemex sobre el posible “daño reputacional” de su relación con Repsol.

En anteriores ocasiones, Repsol ya había sido inquirido por la SEC sobre sus relaciones con lo que EE UU considera países “patrocinadores del terrorismo”. En su respuesta al supervisor de los mercados estadounidenses, firmada por Eduardo Raúl Calvo Barbeau, director adjunto de asuntos financieros y legales, la compañía mexicana se hizo eco de las contestaciones que Repsol había dado a la SEC en su día sobre la falta de importancia cuantitativa y cualitativa de su presencia en Cuba, Irán o Siria en el conjunto del negocio de Repsol.

La conclusión de Pemex es que si para Repsol esa presencia no es relevante, para la compañía mexicana lo es mucho menos dada su participación minoritaria en la española y el hecho de que Pemex no toma parte en las actividades que Repsol planea en Cuba.

Para terminar su respuesta a Washington, Pemex revela su verdadero interés en Repsol: “También queremos señalar que el interés de Pemex en una futura cooperación con Repsol se justifica por la necesidad crítica de Pemex de desarrollar la pericia tecnológica, conocimientos y experiencia en la perforación en aguas profundas, y no por un deseo de invertir recursos en exploración y producción fuera del territorio mexicano”. Y añade que “Repsol ha obtenido una valiosa pericia, conocimiento y experiencia en la perforación en aguas profundas a través de su actividades de exploración y producción en aguas estadounidenses del Golfo de México y en la costa brasileña”.

Pemex, por tanto, concluye que la inversión de Pemex en Repsol es beneficiosa en la medida en que puede conducir a una mayor cooperación con Repsol, como así ha sido, y al desarrollo por parte de Pemex de una mayor experiencia en exploración en aguas profundas que a medio plazo le ayude a desarrollar las reservas de petróleo en aguas mexicanas.

Tras el encontronazo inicial con los gestores de la compañía que supuso la alianza de Pemex y Sacyr, las relaciones entre la mexicana y Repsol pasan por uno de sus mejores momentos. La alianza entre ambas y el apoyo cerrado de México a las posiciones españolas tras la expropiación de YPF lo demuestran.

“Temo una ruptura entre el norte y el sur de Europa”

Posted on April 27, 2012

“Temo una ruptura entre el norte y el sur de Europa”

El presidente del Parlamento Europeo (PE) advierte de los riesgos que enfrenta la UE

Madrid

Martin Schulz, de 56 años, socialdemócrata alemán, presidente del Parlamento Europeo (PE) desde comienzos de año, tiene fama bien ganada de ser un político de verbo directo y brillante. A pesar de los estrictos límites de su cargo institucional, este antiguo librero suele llamar al pan pan y al vino vino. Schulz viajó ayer a España para mantener reuniones con los dirigentes del Gobierno, del Congreso de los Diputados y de la oposición, pero quiso también mantener una larga reunión con 26 jóvenes españoles de todos los sectores (parados, trabajadores y estudiantes). “He quedado impresionado y deprimido por los efectos de la crisis en la juventud española”, comentó tras ese encuentro.

Tiene muy claro Schulz que existen claras diferencias para salir de la crisis entre las políticas conservadoras y socialistas en Europa y recuerda que la izquierda se ha opuesto en los últimos dos años a una receta de austeridad pura y dura. “Hay que combinar”, señala en una entrevista con este diario, “las políticas de recortes y austeridad, como las que preconiza el Gobierno de Angela Merkel, con políticas de crecimiento y estímulo del empleo. Es evidente que el debate sobre esta cuestión se ha reforzado tras la victoria del socialista François Hollande en la primera vuelta de las presidenciales en Francia. Si Hollande se convierte en presidente, Merkel tendrá que ajustarse a un Gobierno socialista”.

A juicio de Schulz, “Europa vive una grave contradicción porque contamos con una unión monetaria y económica, pero no tenemos una unión política”. “Necesitamos, por tanto”, añade, “un Gobierno económico europeo que responda de la política del euro y de toda la actuación económica”. Ahora bien, no se fía en absoluto el presidente del PE de las agencia de calificación norteamericanas y ayer se encargó de subrayar la importancia de crear una agencia de calificación dependiente de la Unión Europea. “En el caso de las agencias norteamericanas”, explica, “no sabemos ni quiénes son sus propietarios ni qué criterios aplican para sus calificaciones ni con quién firman los contratos para elaborar sus informes. Además quiero recordar que las tres principales agencias de EE UU consideraron buenas las actuaciones de Lehman Brothers antes del estallido de la crisis. O sea, que no me inspiran ninguna confianza”.

Martin Schulz aspira a devolver el PE a un lugar central en la escena política de Europa. “Mi empeño pasa por hacer más visible y más audible al Parlamento y que sea el foro donde se legitimen también los Gobiernos nacionales. En los últimos días he invitado a comparecer en el Parlamento al primer ministro húngaro, Viktor Orbán; y al titular del Gobierno italiano, Mario Monti, porque representan a países con dificultades y en la UE hemos de saber que los éxitos y los fracasos nos afectarán a todos. Mi estrategia apunta a que los temas relevantes se debatan en el Parlamento Europeo”.

Este extrovertido alemán se queda pensativo cuando el periodista le pregunta por la posibilidad de que se abra una brecha entre los países del norte y del sur de Europa. “Confieso que temo una ruptura entre el norte y el sur de Europa. Es un riesgo evidente que llevaría a una situación muy peligrosa porque podría desmoronarse la UE y la zona euro. En esa línea me indigna ese tópico de que todo funciona bien en el norte y, por el contrario, todo marcha muy mal en el sur. Que yo sepa, Irlanda no pertenece a los países del sur y sufre una profunda crisis, y Holanda arrastra un déficit del 8%. Los problemas están en todas partes y las soluciones han de ser comunes. Claro que existen grandes diferencias entre Laponia y Andalucía, pero no mayores que las que separan a Massachusetts y Tejas”.

Nacido cerca de Aquisgrán —en una región alemana de confluencia con Francia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo—, el presidente del PE se toma su tiempo antes de responder a la última pregunta en su calidad de librero. “Para comprender esta terrible crisis no recomendaría un ensayo económico, sino un libro de historia, El último verano de Europa, escrito por el estadounidense David Fromkin, sobre las vísperas de la I Guerra Mundial. Todos los Gobiernos europeos coincidían entonces en las medidas a adoptar, pero al final todos pensaron solo en sus intereses nacionales. Tomaron las decisiones incorrectas y no evitaron la catástrofe”. Se despide Schulz con un toque optimista: “Espero que ahora no pase lo mismo”.

 

Argentina contra España

Posted on April 27, 2012

Argentina contra España

por Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner es periodista cubano residenciado en Madrid.

España no tiene cómo lograr que los argentinos compensen adecuadamente a Repsol por la expropiación de la empresa. Es una batalla perdida. Los argentinos pagarán lo que les dé la gana y cuando les dé la gana. Hace una década declararon la suspensión de pagos de la deuda soberana, algo mucho más grave, y no pasó nada. Impunidad total. Borges opinaba que los peronistas no eran ni buenos ni malos. Eran incorregibles. Tenía razón. Este episodio lo demuestra.

Al gobierno de Cristina Fernández le es políticamente rentable mostrarse duro “contra la arrogante empresa extranjera que se llevaba los beneficios y dilapidada los recursos nacionales”. Ése es un discurso que los argentinos vienen escuchando desde hace setenta años y la mayor parte se lo cree. Trae votos y genera simpatías. Incluso, tiene algunos partidarios en España. A los comunistas españoles les parece muy bien que el estado nacionalice y estatice las empresas. Es una cuestión de principios.

Ya algunos políticos y funcionarios argentinos han advertido en un tono amenazante, deliberadamente ambiguo, que en el país hay otras grandes empresas españolas que pueden ser afectadas por la posición que adopte España. Entre las compañías rehenes están Telefónica y los bancos Santander y Bilbao Vizcaya. O Madrid se porta bien con Buenos Aires, o ellas pagan la estatización de Repsol. Es muy fácil presionarlas. Basta una pinza entre el acoso sindical y los inspectores fiscales para que cunda el pánico.

Pero hay más. Queda la posibilidad de solicitarle a Repsol miles de millones de dólares por daños ecológicos. Si en Ecuador, a la petrolera Chevron, pese a los acuerdos firmados hace veinte años para poner fin a cualquier litigio, un juez local la condenó a pagar 6.300 millones de euros, o 13.600 si no se disculpaba, es muy probable que a Repsol le impongan una multa mucho más severa. En Ecuador, 30.000 firmas acompañaron la querella. En Argentina, a Doña Cristina le será muy fácil recoger un millón. El ambientalismo antiempresarial tiene muchos adeptos en el país. Es muy popular.

Nadie debe sorprenderse de este episodio. En Argentina los derechos de propiedad son muy frágiles. Si el gobierno es capaz de robarse los ahorros de sus propios ciudadanos, como sucedió con el famoso corralito, o de saquear las cajas de jubilación, y continuar ganando elecciones, ¿cómo puede nadie extrañarse de que una empresa extranjera sea despojada de sus activos ilegalmente si le conviene al mandatario de turno? Los clásicos lo decían con un tonillo barroco: “el que con infante pernocta, escarmentado alborea”. O sea, lo orinan.

Cuando vino el periodo de privatizaciones en Argentina, en torno al año 1990, algunas empresas extranjeras se beneficiaron del clima de corrupción con que se llevaron a cabo esas transacciones. Así se hicieron grandes fortunas por encima y por debajo de la mesa. Precedente que convierte en hipocresía cualquier invocación actual del Estado de Derecho. Argentina no es Suecia. Nunca lo fue. Eso se sabía.

Hay dos lecciones relacionadas al derecho que pueden aprenderse de todo esto. La primera, es que resulta enormemente riesgoso invertir en donde no existe seguridad jurídica. La ganancia fácil de hoy se convierte en una pérdida colosal cuando cambian las tornas. Tiene mucho más sentido competir en el difícil primer mundo, con reglas claras y árbitros imparciales, aunque la tasa de beneficios sea menor, que llevar los ahorros a donde, de la noche a la mañana, todo el esfuerzo empresarial desaparece por la venalidad o la conveniencia de los políticos.

La segunda lección es que si nos dan alguna ventaja injusta para entrar en un mercado (y no me refiero a Repsol, pues le supongo rectitud y transparencia), esa facilidad que hoy disfrutamos, mañana la tendrá otro que, gracias a sus conexiones, también nos desplazará injustamente. Aquella frase de Groucho Marx, en la que expresaba su decisión de no pertenecer a ninguna asociación o club tan degradado que fuera capaz de aceptarlo, puede aplicarse al mundo empresarial: no vale la pena ganar hoy haciendo trampas de la mano del gobierno. Mañana nos tocará perder del mismo modo. El que a trampa mata, a trampa muere.

La reforma tributaria

Posted on April 27, 2012

La reforma tributaria

por Luis Larraín

Luis Larraín es Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo (Chile).

Al entregar esta columna no había aún anuncio oficial sobre reforma tributaria y muy probablemente todavía no lo hay, pero es inminente. Por lo que se ha sabido, la reforma incluiría un alza al 20% del impuesto a las empresas, una disminución de tasas y tramos del impuesto a las personas y además la posibilidad de deducir gastos en educación, reducción o eliminación del impuesto de timbres y estampillas, rebaja o eliminación de aranceles a productos importados, establecimiento de impuestos verdes a la contaminación y aumentos de impuestos a los alcoholes; y por último cambios legales que pretenden reducir lo que se ha llamado “loopholes” o filtraciones que redundan en menor recaudación de impuestos en materias como retiros en exceso, gastos rechazados, precios de transferencia, renta presunta, y fijación de márgenes de endeudamiento. En relación al impuesto a los combustibles, pese a que el proyecto inicial del gobierno no los contempla, es muy probable que se contenga alguna modificación dada la posición de la UDI (Unión Democrática Independiente).

Todo este conjunto recaudaría en términos netos entre US$ 700 millones y US$ 800 millones. Esta no es una cantidad demasiado relevante, menos de 0,5% del PIB, lo que confirma que la reforma no es necesaria desde el punto de vista de recaudación (es falso entonces afirmar que es para financiar reformas a la educación).

Si no se trata de un problema de recaudación, la razón de ser de la reforma, siempre en el campo del análisis técnico, tendría que ser entonces mayor eficiencia tributaria. Es muy discutible que la estructura tributaria resultante de la reforma sea más eficiente, porque si bien algunas de las rebajas que se proponen mejorarían la eficiencia, el alza al 20% en la tasa a las empresas afectaría la inversión y el empleo, especialmente en las empresas pequeñas y medianas. Además, las tasas que se suben son imposibles de bajar y las que se bajan pueden subirse con facilidad en el futuro.

Por otra parte, la importante recaudación que se pretende obtener por lo que se ha dado en llamar eliminación de “loopholes”, por lo que ha trascendido, afectaría especialmente a empresas pequeñas y medianas. Esto es así porque se aplicaría la legislación sobre gasto rechazado, cobrando un impuesto de 35% a empresas que no son sociedades anónimas (que ya tienen ese tratamiento) y que presumiblemente tienen propietarios que tributan con una tasa marginal de impuestos menor al 35%. Lo mismo ocurriría con el concepto de retiros en exceso, en que las sociedades anónimas ya tributan y sólo no lo hacen las empresas que están organizadas de otra manera y tienen pérdidas, que en adelante tendrían que tributar con estos cambios.

¿Por qué entonces querría el gobierno del presidente Piñera, sin tener necesidad de hacerlo, mandar esta reforma tributaria al Congreso? Por razones políticas, se dice. Porque corregiría inequidades y reduciría las brechas entre las tasas de impuestos de empresas y personas.

Lo de corregir inequidades es discutible, porque obviamente las rebajas en las tasas de impuestos a las personas y las deducciones favorecen a los más ricos (los otros no pagan impuestos). Las alzas de impuestos a las empresas y la eliminación de “loopholes” afectarán mayormente a las empresas pequeñas y medianas y con ello a sus trabajadores. ¿Dónde está la mayor equidad?

Por otra parte ya es un hecho que la Concertación, además de atacar estos flancos evidentes, insistirá en que la reforma es insuficiente. De “alcancía” la han llamado y postulan recaudar cifras de hasta diez veces.

Cualquiera sea el resultado de las negociaciones, que incluso pueden llevar a que la tasa a las empresas suba del 20%, el gobierno quedará como mezquino y como defensor de los poderosos frente a los débiles. Justamente lo contrario a lo que quiere proyectar.

Y no resiste análisis la tesis de que con esto se evita que las próximas campañas se centren en la reforma tributaria. Con todo el polvo que se levantará, ese será el tema predilecto de las próximas campañas.

Por qué aumentar los impuestos no afectará a los ricos

Posted on April 27, 2012

Por qué aumentar los impuestos no afectará a los ricos

por Daniel J. Mitchell

Dan Mitchell es académico titular del Cato Institute.

Ya sea a través de la regla de Buffet, las mayores tasas de impuestos sobre los ingresos altos o la tributación doble de los dividendos y las ganancias de capital, el presidente Obama a menudo exige que los contribuyentes “ricos” y las grandes corporaciones envíen más dinero a Washington.

Pero, a medida de que los estadounidenses pagaron sus impuestos para la fecha límite de este mes, podríamos notar que tratar de obtener más dinero de los contribuyentes con mayores ingresos es como disparar a ciegas. Siempre que los impuestos sean altos, los ricos buscarán formas de proteger sus ingresos.

No se necesita ser experto en impuestos; cualquier persona rica puede hacer una llamada telefónica o tocar un par de teclas de su computadora y enviar sus inversiones a fondos municipales, que son libres de impuestos. No es bueno para la economía cuando el capital se desvía a ayudar a financiar el gasto excesivo de Detroit o California, pero es una manera efectiva de escapar del Servicio de Impuestos Internos (IRS por sus siglas en inglés).

Los ricos también podrían utilizar el engaño de la energía verde, obteniendo todo tipo de créditos para compensar sus pasivos de impuestos. Esa es una de las formas en que General Electric generó ingresos y lo mantuvo todo para sus accionistas.

Los estatistas a menudo responden argumentando que deberíamos reformar el código tributario. Pero en lugar de un impuesto de tasa única, que nos libraría de los vacíos legales y reduciría las tasas de imposición, lo que quieren es acabar con las lagunas y mantener tasas altas de impuestos —o aumentarlas aún más.

Incluso si los legisladores derogaran las múltiples vías legales para evadir impuestos del código tributario, podríamos desilusionarnos de igual forma. La única manera segura que los ricos tienen para reducir su pago en impuestos es generando menos ingresos.

Esta es una pequeña lección de economía: Cuando el gobierno cobra impuestos sobre el ingreso, aumenta el precio del trabajo en comparación al ocio. Y como la legislación tributaria penaliza las ganancias de capital con tasas mayores, también eleva el precio del ahorro y la inversión en comparación al consumo.

Sin embargo el trabajo, la producción, el ahorro y la inversión son los medios para generar el ingreso nacional, por lo que no tiene sentido desalentar los ingresos imponibles con tasas impositivas más altas.

Esto no es una especie de revelación moderna. Andrew Mellon, secretario del Tesoro durante la década de 1920, señaló que “la historia de la imposición revela que los impuestos que son inherentemente excesivos no se pagan. Las tasas altas inevitablemente generan presión sobre el contribuyente para que retire su capital de los negocios productivos”.

A diferencia del resto de nosotros, los ricos tienen una gran habilidad para alterar la distribución, cantidad y composición de sus ingresos. Eso se debe a que, según datos del IRS, aquellos con más de $1 millón de ingreso bruto ajustado reciben solo 33% de ello en salario. Los más ricos (aquellos con un ingreso superior a los $10 millones) dependen de salarios solo para el 19% de sus ingresos.

En 1980, cuando la tasa impositiva máxima era 70%, los ricos (aquellos con ingresos de más de $200.000) reportaron aproximadamente $36 mil millones de ingresos; y el IRS recolectó cerca de $19 mil millones de esa cifra. Entonces, ¿Qué pasó cuándo el presidente Ronald Reagan disminuyó la tasa impositiva a 28% para 1988? ¿Acaso la recolección cayó proporcionalmente, al 8%?

Las personas de izquierda pensaron que eso iba a suceder, argumentando que “los recortes de impuestos a los ricos” de Reagan dejarían sin recursos al Estado y le darían un pase libre a los contribuyentes de mayores ingresos.

Pero si analizamos los datos de 1988 del IRS, los ricos pagaron más de $99 mil millones al Estado. Esto se debe a que, como los ricos estaban dispuestos a ganar y reportar un ingreso mucho mayor, el Estado recolectó cinco veces más ingresos con una menor tasa de imposición.

Sin duda, muchos otros factores ayudan a explicar la explosión de la base imponible, incluyendo la inflación, el crecimiento demográfico y otras políticas a favor del crecimiento. Así que no sabemos si las tasas impositivas más bajas para los ricos causaron que los ingresos solo se dupliquen, tripliquen o cuadrupliquen.

Pero si sabemos que los ricos pagaron mucho más cuando la tasa impositiva fue mucho menor.

Ahora Obama quiere realizar el experimento al revés. No ha propuesto elevar la tasa máxima de impuesto al 70%, afortunadamente, pero el resultado de la combinación de sus políticas de guerra de classes significarían un gran aumento en las tasas marginales de impuestos.

Eso podría ser bueno para los trabajadores en China, India o Irlanda, porque los trabajos estadounidenses y la inversión migrarían a esos lugares, pero no es la política adecuada para EE.UU.

AMLO, de cuerpo completo

Posted on April 27, 2012

AMLO, de cuerpo completo

López Obrador se aventó una más de sus frecuentes mentiras con las que intenta debilitar la imagen de su principal adversario…

Ricardo Alemán

Hace unas horas, durante su etapa de proselitismo por el municipio de Nezahualcóyotl, el candidato de las izquierdas descubrió el hilo negro al reconocer que ese sector político enfrenta serios problemas de unidad que ponen en riesgo su candidatura presidencial.

Por eso, a gritos, en la plaza pública, les dijo a los peleoneros: “Hagan una tregua, si quieren se siguen peleando luego que ganemos, pero hoy dejen de pelear”.

Eso sí, nada dijo del origen de los pleitos. Pero no era necesario, todos saben que en las llamadas izquierdas existe una gran inconformidad por el ingreso de priistas a quienes les han dado puestos de elección popular. Y el mejor ejemplo se llama Manuel Bartlett, entre muchos otros.

También hace unas cuantas horas, tanto en entrevista como en la plaza pública, López Obrador repudió la violencia que se vive en Nuevo León y, en especial, en Monterrey.

Y en alusión al gobernador estatal, el priista Rodrigo Medina, dijo a sus seguidores que, cuando sea presidente, “le voy a estar hablando todos los días a la seis de la mañana… para que me diga cómo están las cosas… y vamos a estar aquí cada 15 días, con todos los funcionarios del gabinete de seguridad, como medida para acabar con la inseguridad”.

Nada dijo de la división de poderes y, claro, menos explicó que un gobernador, como el de Nuevo León —o cualquier otro—, no es empleado del presidente en turno. Pero acaso lo peor del asunto es que, tanto el candidato López Obrador como Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota pregonan por todo el país que sus respectivos gobiernos emprenderán una cruzada contra el crimen, en la que pareciera que no existen los alcaldes y tampoco los gobernadores.

En pocas palabras, que si bien AMLO no actuará igual que lo hace Felipe Calderón, sí asumirá que la criminalidad es un problema sólo de la Federación, como si no existieran los tres órdenes de gobierno, los Tres Poderes de la Unión; como si no existiera el Congreso y como si todo se pudiera hacer por obra y gracia del centralismo. Es decir, que todo estará en manos de “papa gobierno”.

Pero, además, desde hace días, en distintas entidades del país, el señor López Obrador ha señalado que el candidato del PRI, el señor Enrique Peña Nieto, convertirá en secretaria de Educación a la señora Elba Esther Gordillo. ¿De dónde saca esa descocada versión el candidato de las izquierdas? Es evidente que eso no sale más que de su imaginación.

Y es que resulta descabellado suponer que, si Peña Nieto decidió romper con la señora Gordillo en la campaña, luego pretenda sumar a Gordillo a su potencial gabinete. En realidad, AMLO se aventó una más de sus frecuentes mentiras con las que intenta debilitar la imagen de su principal adversario. Y, claro, el objetivo único es ganar votos.

Vienen a cuento las tres anteriores “perlas” de la campaña de AMLO porque, conforme avanza la contienda presidencial, el candidato de las izquierdas eleva el nivel de mentiras, despropósitos y promesas disparatadas. Pero al mismo tiempo confirma su profundo autoritarismo, su desprecio por el equilibrio de los tres órdenes de gobierno, el desdén al Congreso y a la paridad de los Tres Poderes y, por si fuera poco, ofende la inteligencia elemental de los electores.

¿De verdad AMLO cree que los ciudadanos en general —más allá de sus feligreses— se tragarán tamañas mentiras?

En el fondo, queda claro que AMLO es capaz de cualquier cosa en sus afanes político-electorales. Y claro, cualquier cosa es… todo; mentiras, engaños, despropósitos y la gran simulación del amor. Sin embargo, vale recordar que el tabasqueño se localiza en la tercera posición, precisamente por los fantasmas que lo persiguen. ¿Y cuáles son esos fantasmas?

Todos los conocen: los escándalos de Bejarano, Ponce y Carlos Ímaz; el ocultamiento de los gastos de los segundos pisos; el “cállate, chachalaca”, que le recetó a Vicente Fox en los previos a la elección de 2006 y que le costó caro. El haberles llamado a los empresarios “ladrones de cuello blanco”, que provocó que la iniciativa privada lo crucificara como un peligro para México.

Además del plantón de Reforma, de haber “mandado al diablo a las instituciones”; de la ridícula y grotesca toma de posesión como presidente legítimo y la guerra que por seis años lanzó contra “el espurio”, Felipe Calderón. En realidad, AMLO construyó su propia tumba. O si se quiere, es autor de su propio retrato.

Y acaso por eso el más reciente spot de Enrique Peña Nieto responde a AMLO con un sonoro: “Yo no voy a dividir al país”. Al tiempo.

México: Pax mafiosa, imperio de la ley o cambio de paradigma?

Posted on April 27, 2012

 

Luis Astorga is a researcher at the Institute of Social Research, Universidad Nacional Autonoma de Mexico. Full profile

México: Pax mafiosa, imperio de la ley o cambio de paradigma?

Ciudad de Mxico – La muerte de Ignacio Villareal, un jefe de la coalicin de traficantes de drogas de Sinaloa, a manos de fuerzas especiales del ejrcito, impone preguntarse si es realmente eficaz la estrategia de eliminacin de los barones de la droga en Mxico.

El gobierno mexicano tiene varias opciones para terminar con la violencia mafiosa que asola el pas y debilita al sistema. Slo dos son recomendables. Pero no son fciles de implementar ni tienen una eficacia garantizada.

El presidente Caldern decidi emplear a las fuerzas armadas en operativos contra los traficantes de drogas ilegales en varios estados donde se han asentado las principales organizaciones. Busca contener su capacidad de generar violencia y mermar sus recursos econmicos. Pero an no ha logrado realizar un trabajo de inteligencia que combine economa de medios y xito.

Las dos grandes coaliciones de traficantes del pas, la de Sinaloa y la de Tamaulipas antes rivales, hoy estn presuntamente unidas contra otra coalicin: la de sus antiguos socios (Carrillo-Beltrn-Zetas), surgidos en la poca del sistema de partido nico de Estado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Ese partido, creado en 1929, perdi la presidencia del pas en el 2000 por primera vez en la historia. A partir de entonces, se dieron dos transiciones paralelas: la democrtica por un lado, y la del campo del trfico de drogas hacia un esquema mafioso-paramilitar, por el otro.

Fue la organizacin de traficantes de Tamaulipas la que inici ese proceso de transformacin cualitativa a finales de los aos noventa. Mostr muy pronto una tendencia a pasar de la presencia territorial y las relaciones de corrupcin con los polticos, al control y expansin territorial y al control de posiciones clave en las instituciones de seguridad, municipales y estatales; al escalamiento de la violencia armada contra policas, militares y periodistas; a la incursin en el campo poltico y a la diversificacin de la renta criminal (secuestros, extorsiones, piratera, trfico de indocumentados, etc.). Ese proceso fue paradjicamente acelerado y facilitado por algunos efectos de la nueva alternancia poltica: partidos sin pactos, sin consensos, sin visin compartida y corresponsable sobre los asuntos de seguridad del Estado.

Las zonas de produccin de plantas prohibidas, las de introduccin de cocana y las rutas de las drogas ilegales hacia Estados Unidos atraviesan territorios gobernados por los principales partidos polticos y ninguno est tica ni genticamente blindado contra la corrupcin. Tampoco son inmunes a las balas. Las probabilidades de corrupcin, o de proteccin ( a los traficantes), y las de ser blanco de la violencia criminal -que trata de revertir su histrica subordinacin al poder poltico- estn distribuidas segn los partidos que gobiernan en los estados y la federacin.

En las elecciones de 2010, en Tamaulipas, fueron asesinados dos candidatos a alcalde presuntamente por la delincuencia organizada. Otros candidatos a alcaldas, fueron amenazados de muerte. En Chihuahua, otros candidatos dijeron haber recibido amenazas y algunos solicitaron proteccin policiaca. En Tamaulipas, los antiguos socios Golfo-Zetas se pelean a muerte. Y en Chihuahua, el estado con mayor nmero de homicidios dolosos en el pas, se enfrentan tambin grupos poderosos antes unidos.

El PRI retuvo la gobernacin en esos estados -los votantes no le hicieron pagar a ese partido la parte de la responsabilidad que le corresponde en los ndices de violencia-. Pero el abstencionismo super el 60%

La clase poltica tiene por lo menos seis opciones en su lucha con los traficantes:

No hacer nada y dejar que los traficantes impongan su ley.

Considerar que la poltica antidrogas es un asunto exclusivo del gobierno federal, apostarle al fracaso mediante la inaccin o la obstruccin, y tratar de capitalizar los errores.

Asociarse de manera estratgica con los traficantes con la esperanza de stos cumplan un pacto de caballeros y se comprometan a disminuir los niveles de violencia y a evitar los enfrentamientos con policas y militares. Eso significara otorgarles un reconocimiento poltico y ceder ante algunas de sus demandas a cambio de una supuesta pax mafiosa.

Apoyar a medias y continuar la estrategia de la administracin actual, incluido el tipo de cooperacin acordada con Estados Unidos para combatir a la delincuencia organizada transnacional. El financiamiento de EU est destinado al combate al trfico de drogas, la violencia relacionada y el crimen organizado

Unir esfuerzos entre los partidos y el gobierno federal para disear una poltica de seguridad de Estado, consolidar las instituciones e imponer la autoridad en todo el territorio nacional sobre cualquier grupo armado ilegal.

Cambiar radicalmente la poltica sobre drogas vigente: legalizarlas y asumir las consecuencias en la ONU y en la relacin con Estados Unidos.

No hay nada que indique una tendencia de la clase poltica a optar por la ltima opcin. En la actualidad se observan modalidades de las otras opciones. Si por lo menos se lograra la cuarta, acompaada de medidas econmicas y sociales que impliquen mejores empleos y niveles de vida, habra mayores probabilidades de debilitar, contener y controlar a las organizaciones de traficantes que hoy en da crean los mayores problemas de violencia y gobernabilidad en el pas.

Fernando Henrique Cardoso was President of Brazil (1995-2003), overseeing widespread denationalization of industry and significant disinflation, thereby helping to jump-start subsequent growth. He cur Full profile

El fin de la interminable guerra contra las drogas

SAO PAULO La guerra contra las drogas es una guerra perdida y 2011 ser el momento para abandonar el enfoque punitivo y emprender una nueva serie de polticas que estn basadas en la salud pblica, los derechos humanos y el sentido comn. Estas fueron las principales conclusiones de la Iniciativa Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, que organic junto con los ex presidentes Ernesto Zedillo de Mxico y Csar Gaviria de Colombia.

Decidimos participar en este asunto por una razn de peso: la violencia y corrupcin asociadas con el trfico de drogas representa una grave amenaza a la democracia en nuestra regin. Este sentido de urgencia nos condujo a evaluar las polticas actuales y buscar alternativas viables. La evidencia es abrumadora. Es claro que el enfoque prohibitivo, basado en la represin de la produccin y criminalizacin del consumo, ha fracasado.

Despus de 30 aos de un enorme esfuerzo, lo nico que se ha logrado con el enfoque prohibitivo es cambiar los crteles y el cultivo de un pas a otro. Amrica Latina sigue siendo el exportador ms grande de cocana y marihuana.

Miles de jvenes siguen perdiendo la vida por las guerras entre pandillas. Los capos de la droga ejercen un control de miedo en comunidades enteras.

Nuestro informe concluye con un llamado para cambiar de paradigma. El comercio ilcito de drogas continuar mientras exista la demanda de drogas. En lugar de aferrarse a polticas intiles que no reducen la rentabilidad del comercio de drogas y por consiguiente su poder- debemos reorientar nuestros esfuerzos para lidiar con los daos que causan las drogas a las personas y sociedades, y para reducir el consumo.

A lo largo de la historia siempre ha existido un cierto tipo de consumo de drogas en las culturas ms diversas. Ahora, la sociedad es la que usa las drogas. Personas de todo tipo usan las drogas por diferentes razones: para aliviar el dolor o experimentar placer, para escapar de la realidad o para acentuar tal percepcin.

Sin embargo, el enfoque que se recomienda en la declaracin de la Iniciativa no contempla la satisfaccin. Las drogas son nocivas para la salud. Minan la capacidad de toma de decisiones de los consumidores. El uso compartido de agujas propaga el VIH/SIDA y otras enfermedades. La adiccin puede conducir a la ruina financiera y a la violencia personal, especialmente en los nios.

Por lo tanto, el objetivo principal debe ser la reduccin del consumo tanto como sea posible. No obstante, ello requiere tratar a los consumidores de drogas no como criminales que hay que encarcelar, sino como pacientes que hay que atender. Varios pases estn emprendiendo polticas que se centran en la prevencin y el tratamiento en lugar de la represin y sus medidas punitivas las reorientan a la lucha contra el verdadero enemigo: el crimen organizado.

El consenso global sobre el enfoque prohibitivo se est ampliando. Un nmero creciente de pases en Europa y en Amrica Latina se estn alejando del modelo meramente represivo.

Portugal y Suiza son buenos ejemplos del impacto positivo de las polticas centradas en la prevencin, el tratamiento y la reduccin de los daos. Los dos pases han despenalizado la posesin de drogas para uso personal. En lugar de dar lugar a una explosin del consumo de drogas, como muchos teman, el nmero de personas que buscan tratamiento se ha incrementado y el consumo de drogas en general ha cado.

Cuando el enfoque poltico cambia de la represin criminal a la salud pblica, los consumidores de drogas estn ms dispuestos a buscar tratamiento. La despenalizacin del consumo tambin reduce el poder de los traficantes para influir y controlar la conducta de los consumidores.

En nuestro informe recomendamos analizar los mritos de la despenalizacin de la posesin de cannabis para uso personal desde un punto de vista de salud pblica y sobre la base de la ciencia mdica ms avanzada.

La marihuana es con mucho la droga ms ampliamente utilizada. Hay un conjunto de evidencias que sugieren con ms contundencia que los daos que causa son por lo menos igual de graves que los del alcohol o el tabaco. Adems, muchos de los daos que estn relacionados con el uso de la marihuana desde el encarcelamiento indiscriminado de los consumidores hasta la violencia y corrupcin asociadas con el comercio de drogas- son el resultado de las actuales polticas prohibitivas.

La despenalizacin del cannabis sera por lo tanto un gran avance hacia la adopcin del uso de drogas como un enfoque de salud y no como un problema del sistema de justicia penal.

Para tener credibilidad y eficacia, la despenalizacin se tiene que acompaar de fuertes campaas de prevencin. La cada fuerte y sostenida del consumo del tabaco en dcadas recientes muestra que la informacin pblica y las campaas de prevencin pueden funcionar cuando estn basadas en mensajes que son consistentes con la experiencia de las personas a las que se dirigen. Al tabaco se le quit su lado glamoroso y se grav y regul; no se ha prohibido su uso.

Ningn pas ha diseado una solucin integral al problema de las drogas. Sin embargo, una solucin no requiere de una eleccin tajante entre la prohibicin y la legalizacin. La peor prohibicin es la prohibicin de pensar. Ahora, por fin, el tab que impeda el debate se ha superado. Se estn probando enfoques alternativos y hay que analizarlos cuidadosamente.

Al final del da, la capacidad de las personas para evaluar los riesgos y tomar decisiones informadas ser tan importante para regular el uso de las drogas, como el diseo de polticas y leyes ms humanas. S, las drogas socavan la libertad de las personas. Sin embargo, es momento de reconocer que las polticas represivas hacia los consumidores de drogas, fundamentadas en el prejuicio, el miedo y la ideologa, son tambin una amenaza a la libertad.

Denise Dresser is Professor of Political Science, Instituto Tecnolgico Autnomo de Mxico. Full profile

Las Dos Caras de Felipe Caldern

CommentsEl presidente mexicano Felipe Caldern finalmente logr lo que quera: la renuncia del embajador de Estados Unidos, Carlos Pascual. Mat al mensajero por incomodar al presidente al criticar la guerra contra las drogas que l desat cuatro aos atrs. Las crticas -contenidas en cables secretos, difundidos por Wikileaks- tambin molestaron al Ejrcito. El embajador dijo que las fuerzas armadas no suelen actuar con la eficacia o la rapidez necesarias y demuestran una gran aversion al riesgo. Tambin denunci que las agencias de seguridad emplean ms tiempo compitiendo entre ellas que confrontando al crimen organizado. Pascual perdi su trabajo por hacerlo bien, por decir la verdad que el presidente no quiere encarar y su gobierno preferira que no fuera cierta.

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CommentsPero la verdad recalcitrante que el diplomtico revel se asoma da tras da a pesar del nmero de capos arrestados, y la cantidad de armas y cocana confiscada. Mxico no est ganando la guerra contra el narcotrfico y el crmen organizado. La renuncia obligada del embajador estadounidense no puede ocultar los 34,000 muertos, el ascenso en la adicciones, la escalada de las ejecuciones, el incremento de los secuestros, la intransigencia de la impunidad.

CommentsLa narrativa oficial es que la violencia es una consecuencia inevitable. Pero otros pases han logrado prevenir que bandas de narcotraficantes desaten su furia sobre la poblacin civil. Y, mientras a los mexicanos se les dice que la violencia se trata tan solo de capos destazndose entre s, en realidad las ejecuciones rebasan el mundo del narcotrfico, Y se les exhorta a denunciar a los malosos, cuando 98.5 por ciento de los crmenes en el pas jams son resueltos. Una encuesta reciente demuestra que 59 por ciento de la poblacin cree que el gobierno est perdiendo la guerra que emprendi, mientras solo 23 por ciento apoya la ruta actual.

CommentsComo advierte Sun Tzu en El Arte de la Guerra, toda guerra entraa la decepcin y vaya que Mxico es vctima de ella. El gobierno mexicano no ha sido honesto con la poblacin del pas sobre la enormidad de los retos que enfrenta. Los errores contraproducentes que ha cometido. El tipo de ayuda estadounidense que ha solicitado. El grado de colaboracin que ha exigido. El nmero de agentes norteamericanos que ha permitido. Y de all las contradicciones, las evasiones, las incongruencias que demuestran los miembros del equipo de Felipe Caldern. Todos demandan que Estados Unidos asigne ms recursos, ms atencin, ms importancia a la guerra de Felipe Caldern, pero reculan cuando esa ayuda se hace pblica.

CommentsEn semanas recientes, el gobierno mexicano no ha sido capaz de explicar por qu autoriz vuelos de aviones espas no tripulados sobre su territorio para tareas de inteligencia.

CommentsY al mismo tiempo que Caldern insiste en que Estados Unidos asuma sus responsabilidades bilaterales, demanda que le sea entregada la cabeza del embajador por revelar las fallas de la guerra que promovi.

CommentsLa postura contradictoria de Caldern est enraizada en los hbitos reflexivos de una clase poltica entrenada para ganar puntos politicos pateando a los Estados Unidos. El president(E) mexicano, tambin ha buscado refugio bajo el paraguas del patriotismo, entre los pliegues de la bandera nacional, y detrs de las diatribas pronunciadas en nombre de la soberana. Acusa a Estados Unidos de intromisin, despus de que ha sido asiduamente pedida por su propio gobierno. Critica a Estados Unidos de intervencin, despus de que ha sido solicitada. Acusa a Carlos Pascual de ser Proconsul, despus de que las autoridades mexicanas por incompetencia o irresponsabilidad le han asignado ese papel. Destaza al embajador Pascual por su ignorancia, despus de que enva cables que contienen diagnsticos acertados. Duros de leer pero difciles de contradecir.

CommentsMs que matar al mensajero, Felipe Caldern debera reflexionar sobre los mensajes que envi. Contienen todo aquello que debera llevarlo a repensar la guerra y los trminos en los cuales la est librando. A rectificar la estrategia que hasta el momento ha aumentado la violencia sin disminuir el narcotrfico. A replantear la relacin con Estados Unidos sobre bases ms honestas, consigo mismo y con sus compatriotas. A redefinir el xito de su ofensiva para que la prioridad sea la reduccin de las ejecuciones. Porque si no hace eso, poco importar si Caldern consigui la cabeza de Carlos Pascual, si obtuvo aplausos cortoplacistas, si impuso su voluntad.

CommentsMaana, cuando el gringo feo haya empacado sus maletas, Ciudad Jarez seguir siendo la ciudad ms insegura del mundo. La tasa de homicidios seguir creciendo de manera alarmante. Las instituciones de seguridad pblica seguirn siendo incapaces de prevenir, detectar, investigar o sancionar la gran mayora de los hechos violentos que atemorizan al pas. El gobierno mexicano seguir pidiendo la ayuda del gobierno estadounidense de manera surrepticia, y negndolo cuando salga a la luz.

CommentsEl mensaje es claro: si los mexicanos no acabamos con esta guerra tan mal concebida, tan mal librada, tan mal explicada acabar con nosostros. Y no se necesita leer los cables de Carlos Pascual para entenderlo.

La mayor crisis econmica Europea necesaria para consolidar el control poltico

la proxima guerra crisis deuda europea amenaza consolidar poder politico

“Si la zona euro se dividiera, es difcil imaginar que la Unin Europea no se dividiera tambin. Es difcil imaginar que Europa fuera tan segura como lo es ahora, sin la Unin Europea”. – El ministro de Finanzas polaco Jacek Rostowski (AP)

El miedo se est azuzando de nuevo mientras otra “crisis” est siendo utilizada en un intento de consolidar el poder poltico. Esta tctica consagrada en el tiempo parece que est recibiendo ahora el empujn final en Europa, con los lderes financieros y presidentes por igual llamando a los Estados Unidos de Europa para evitar el colapso.

El mensaje es claro provenientes del establishment: Formen una unin ms centralizada, que controle la poltica y la economa o van a sufrir.

Por desgracia, eso no es una prediccin, sino una promesa.

Es obvio que este ha sido el plan desde el principio. “Si usted tiene una unin monetaria, sin duda tambin necesitar ms elementos de una poltica y de una unin econmica. Eso estaba claro desde el principio, cuando comenzamos este proyecto alrededor de hace 10 o 15 aos”, dijo el ministro de Finanzas luxemburgus Frieden.

Sin embargo, muchas naciones no han sido tan rpidas en renunciar a su soberana e independencia econmica. Por lo tanto, una buena crisis es necesaria, seguida por un coro de expertos coordinados para influir en la opinin pblica y la poltica.

A principios de este mes el ex canciller alemn, Gerhard Schroeder, sent las bases para una solucin llamando a los Estados Unidos de Europa.” La crisis actual hace que sea implacablemente claro que no podemos tener una zona monetaria comn sin una poltica comn fiscal, econmica y social”, y agreg: “Vamos a tener que renunciar a la soberana nacional. De la Comisin Europea, debemos hacer un gobierno que sera supervisado por el Parlamento Europeo. Y eso significa los Estados Unidos de Europa“.

La nueva jefa del FMI, Christine Lagarde, advirti que las economas desarrolladas han entrado en una “fase nueva y peligrosa” debido a un “crculo vicioso” de dbil crecimiento econmico y un liderazgo poltico dbil. Cantando la misma meloda, Lagarde recomienda una solucin colectiva: “Sin una accin colectiva, una accin audaz, hay un riesgo real de que las principales economas caigan en recesin en vez de avanzar.” Dicho sea de paso, la deuda no fue mencionada como parte del problema.

George Soros afirm recientemente que un tesoro europeo evitara una depresin. Soros advirti: “Incluso si una catstrofe se puede evitar, una cosa es cierta: la presin para reducir el dficit har que la zona euro caiga en recesin prolongada. Esto tendr incalculables consecuencias polticas”, sin dejar espacio para la discusin, afirma Soros. “No hay otra alternativa que dar a luz al ingrediente que falta: Un tesoro europeo con potestad tributaria y a quien pedir prestado.”

El secretario del Tesoro Geithner no ha respaldado pblicamente la poltica, pero es exigente con “ms medidas de fuerza”. Geithner, tambin hacindose eco de las llamadas a una mayor unidad, dijo: “Lo que es muy perjudicial, no es slo ver la divisin en el debate sobre la estrategia en Europa, sino el conflicto entre los pases y los Bancos Centrales Europeos. “En otras palabras, las naciones y el Banco Central Europeo deben unir las polticas.

Y la Reserva Federal seguir haciendo su parte para apoyar al Banco Central Europeo, para evitar el contagio global, mientras coordinan las polticas. A medida que el Washington Post informa, “Preocupada porque una crisis de deuda en Europa podra hacer tropezar la economa global, la Reserva Federal abri su caja fuerte el jueves a los bancos centrales de otros pases en un esfuerzo por evitar una escasez paralizante de dlares.” No se dio ninguna cifra en dlares para estos swaps de divisas a corto plazo, pero despus de las primeras decenas de billones, quien sigue contando?

Por lo tanto, los autores de la llamada crisis estn hablando con una sola voz para evitar el desastre; Danos un mayor control sobre los impuestos y la poltica y vamos a mantener la miseria en los niveles actuales. A pesar de la crisis financiera que ha sido fabricada especficamente para esta toma del poder, la amenaza del colapso sigue siendo muy real ya que los bancos pueden apagar las luces cuando quieran. Si las amenazas no traen todas las naciones disidentes al redil, simplemente se va a cumplir su promesa de apretar las tuercas de la deuda y de la austeridad hasta que el torturado se someta a sus exigencias. Este ciclo debe ser roto obviamente a menos que las naciones europeas prefieran una dictadura global tal como describi Nigel Farage durante un reciente debate en el Parlamento Europeo.

Una crisis econmica orquestada con resultados desastrosos

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Con el mundo preocupado por la credibilidad financiera de EEUU y las pobres perspectivas para su economa, ahora no es el momento para los republicanos de atrincherarse con la deuda pblica. El techo de la deuda debera ser levantado en silencio. En cambio, los republicanos provocan un incendio y luego arrojan gasolina sobre el, creando un infierno que puede quemar la red de seguridad social de EEUU, la calificacin de la deuda de EEUU y el papel del dlar como moneda de reserva mundial o lo que queda de la separacin de poderes.

En consecuencia, los mercados financieros mundiales, los mercados de divisas, mercados de materias primas, los bancos centrales, y el mercado de fondos de inversin y los fondos de bonos son un manojo de nervios.

Este nivel de irresponsabilidad rara vez ha sido visto, incluso en los polticos estadounidenses.Los republicanos han creado una crisis totalmente innecesaria y la han convertido en un teatro poltico. Quebrar Estados Unidos? Recortar Obama el poder del Congreso a fin de salvar el dlar y la calificacin crediticia de EEUU? No haca falta que ninguna de estas preguntas surgiera.

Mientras que los medios del mundo se fijan en la crisis orquestada del techo de la deuda, el gobierno de EEUU sigue bombardeando civiles en Afganistn, Libia, Irak, Pakistn, Yemen y Somalia, y contina con los preparativos para hacer la misma guerra en Siria e Irn.

Las violacines de las soberanas de otros pases, agresiones que constituyen crmenes de guerra, el asesinato de no combatientes, y el gasto terrible moral y econmico causado por la maximizacin de la seguridad militar no son de alguna manera una crisis. Estos son solo rutina, eventos normales, cosas de todos los das. Nada que notar o por lo que molestarse.

La deslocalizacin de puestos de trabajo en EEUU, el PIB, los impuestos, y la demanda del consumidor que han erosionado la economa de EEUU y la base de los impuestos del gobierno, elevando as el dficit, no es de alguna manera una crisis. Estos son slo los imperativos de la globalizacin y la maximizacin rutinaria de los beneficios de los accionistas y de gestores de bonos.

Los EEUU se han convertido en una coleccin tan ridcula de necios que no hay crisis real que pueda ser reconocida. En cambio, el pas est cautivado por una crisis falsa.

La falsa crisis orquestada puede fcilmente convertirse en una de verdad. Si los programas de apoyo a los ingresos son reducidos, tambin lo ser la demanda de los consumidores y la economa de EEUU se reducir an ms, se ampliar el dficit presupuestario y la deuda nacional.

Si los republicanos fuerzan a EEUU a la quiebra, el dlar va a sufrir. Por lo menos, los precios de importacin se elevarn y el dficit comercial con ellos. En el peor de los casos, el dlar perder su papel de moneda de reserva, y los EEUU ya no sern capaces de pagar su factura petrolera en su propia moneda. Con su balanza de pagos en nmeros rojos, no tiene moneda extranjera con la que comprar petrleo.

Si Obama tiene que recortar el poder de los Mercadoscon el fin de evitar una nueva crisis financiera aadida a la actual crisis financiera, la democracia se llevar otro gran golpe.

Los estadounidenses necesitan desesperdamente preguntarse por qu poner en un cargo poltico a personas absolutamente irresponsable e incompetentes capaces de crear una crisis totalmente innecesaria con resultados potencialmente desastrosos. Al parecer, la poblacin estadounidense es demasiado despreocupada como para usar el voto con algn tipo de cuidado.

No es de extraar que el presidente se est convirtiendo en un Csar.

La prxima Reunin del Grupo Bilderberg en 2012 ser en EEUU

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La especulacin de que la ubicacin de la reunin anual del Grupo Bilderberg sera elegida para que coincida con las elecciones presidenciales de este ao en EE.UU. parecen haber sido precisas con la probabilidad de que el Club Bilderbergcelebrar su cnclave en Chantilly, Virginia, del 31 de mayo al 3 de junio.

Como se inform ayer, los rumores de que Haifa, Israel seran el lugar de la conferencia parecen haber sido un error. El Westfields Marriott Washington Dulles Hotel, sede de la reunin del Bilderberg en 2002 y 2008, est lleno desde el jueves 31 de mayo hasta e incluyendo el 3 de junio, pero dispone de habitaciones a ambos lados de esas fechas, lo que sugiere casi con toda seguridad que va a ser en su propio terreno el encuentro crucial para el 2012 del Grupo Bilderberg.

“Las probabilidades eran bastante altas de que en el ao electoral la cara no tan pblica de la continuidad de Bormann continuity NATO P2 – tambin conocida como la conferencia de Bilderberg – se llevara a cabo en los EE.UU.”, seala Bilderberg.org.

El investigador del Bilderbergj, Gosling, seala que la eleccin de la ubicacin virtualmente garantiza que las personas que vuelen a Estados Unidos para cubrir la conferencia se encontrarn con “lo que se han convertido en los controles normales de los controles de aduanas fascitas pre-Tercera Guerra Mundial de EE.UU.”

De hecho, despus de las escenas del ao pasado en St. Moritz, Suiza, donde los miembros de Bilderberg se encontaron directamente con los manifestantes despus de una decisin extraa de tomar un “paseo por la naturaleza” por la ladera de la montaa hacia su hotel, se espera que la seguridad alrededor de la conferencia de este ao sea notablemente ms fuerte.

Aunque el Marriott Westfields es muy probable que sea el anfitrin de la reunin de este ao de Bilderberg, el grupo ha sido conocido en el pasado por reservar numerosos hoteles como gancho para tirar a los periodistas fuera de la pista.

La decisin de Bilderbergde celebrar la conferencia en los Estados Unidos est directamente relacionada con el papel fundamental de la camarilla secreta de los industriales, banqueros, lderes acadmicos y mascarones de proa de los medios que desempean el papel de influir en la eleccin presidencial de 2012.

Como se inform a principios de este mes, se espera que Bilderberg seleccione al compaero de carrera de Mitt Romney, el senador por Florida Marco Rubio, como el principal candidato a tomar la vicepresidencia. Bilderberg mostr su capacidad de hacer esto durante las dos ltimas elecciones presidenciales en Estados Unidos cuando seleccion al compaero de Barack Obama, Joe Biden, en el ao 2008, as como a John Edwards, para ser vicepresidente de John Kerry en 2004.Rubio se ha preparado como un candidato bien preparado e internacionalista, a raz de la talla de Hillary Clinton en torno a las cumbres internacionales, entre ellas la semana pasada en la Cumbre de las Amricas en Colombia.

La posibilidad de que el propio Obama haga una aparicin en el evento de este ao es tambin una posibilidad distinta dado lo ocurrido hace cuatro aos, cuando Obama y Clinton eludieron a la prensa y se reunieron con Bilderberg en Virginia a puerta cerrada. Un ao ms tarde en la reunin de Bilderberg en Grecia 2009, funcionarios de Obama entregaron iformes a la reunin privada de elitistas de Bilderberg, inform Ken Vogel de Politico.com

Aunque ninguna decisin final se ha tomado, es casi seguro que Alex Jones estar presente para protestar contra la reunin, habiendo estado justo en el mismo lugar en 2008. Mientras tanto, el veterano rastreador de Bilderberg, Jim Tucker, de American Free Press no tendr que viajar lejos – dada la cantidad de millas en el aire que Tucker ha acumulado a lo largo de las dcadas mientras cubrir la confabulacin Bilderberg de este ao que est prcticamente en su patio trasero.

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