El Salvador: El chucho a tiempo

El Salvador: El chucho a tiempo – por Manuel Hinds *

Los salvadoreños estamos ya acostumbrándonos a que el presidente Mauricio Funes diga cosas extrañas. Sin embargo, no deja de ser perturbador que la tendencia a decirlas se ha ido acentuando con el tiempo. Considere, por ejemplo, las cosas que dijo en una entrevista concedida al diario La Jornada, de México, hace unos diez días, que comenzó con una asombrosa admisión de algo muy real pero que él nunca había aceptado: “Estoy consciente de que la gente se va a decepcionar. Nunca pensé utópicamente; sabía que me iba a distanciar de las aspiraciones históricas de la población. Entiendo que los sindicatos estén frustrados, entiendo la frustración de los maestros con los que pacté una mejora en su condición salarial y hoy no vamos a cumplir eso en los términos en los que acordamos. Sé que no tengo más recursos para mejorar el nivel de vida de muchos. Pero pese a todo, El Salvador ha cambiado”.

En este párrafo el presidente dijo varias cosas sorprendentes. Faltando tres años para terminar su período, cómodamente aceptó que su mandato va a decepcionar a la población salvadoreña y que eso se deberá a que no va a cumplir con lo que prometió en su campaña. Más sorprendente aún es que dijo que él ya sabía desde antes de las elecciones que no iba a cumplir esas promesas. Así, de esta manera tan casual, el presidente reconoció que engañó conscientemente a los que creyeron en las promesas que él hizo en su campaña. Aunque poco características de él, es posible ver en estas palabras un destello de la personalidad del presidente. El reconocimiento de haber engañado a los electores, que sería un motivo de vergüenza para cualquier político normal, para él es una ocasión para destacar algo que él considera una virtud personal: no ser utópico.

En el proceso, el presidente hizo algo que un político normal nunca haría: quemó a muchos de sus partidarios, quitándoles cualquier pretensión que ellos podrían tener de que lo habían apoyado por razones idealistas. El presidente dejó claro que en realidad lo apoyaron porque les iba a subir el sueldo.

En el mismo párrafo el presidente mantuvo algo que él siempre ha dicho: que sus problemas provienen en parte de que no tiene recursos. La gráfica adjunta muestra que él no ha tenido menos recursos para gastar que los de los gobiernos anteriores, sino, al contrario, muchos más. Lo que ha bajado son los ingresos del gobierno, pero eso no ha importado al gobierno porque ha seguido aumentando el gasto financiándolo con préstamos.

Es decir, nos queda claro de este párrafo que, a pesar de que va a dejar al país endeudado hasta las narices, el presidente no va a cumplir con sus promesas, y que esto es algo que él en realidad siempre supo que pasaría. Casi podemos oír su carcajada.

Pero, sabiendo (quizás subconscientemente) que su problema no ha sido la falta de recursos, el presidente buscó otro culpable por su falta de acción y dijo algo también asombroso. Le echó la culpa al FMLN. “No hice algo que debí haber hecho desde el principio. Tuve que haber construido un pacto social desde el primer día. No lo hice porque tuve que enfrentar al FMLN, que pensó que había ganado la presidencia y que se podía vaciar en el gobierno. Se encuentra con un presidente que les dice no, la población votó por un proyecto pero también por una persona; para que quien esté al frente del Ejecutivo haga lo que se puede hacer y eso requiere una gran dosis de sensatez, de pragmatismo, visión de mediano y largo plazo. Incluso una gran dosis de sinceridad, de reconocer que algunas de las viejas utopías no son posibles en El Salvador, dadas las circunstancias en que recibimos el país. En ese enfrentamiento con el partido, en esa discusión a veces pública, a veces privada, se me fue el tiempo”.

Yo, por lo menos, nunca había oído a un político reconocer que se le han ido dos años enteros ya en el poder por andar discutiendo con su propio partido cosas que debían haber definido desde antes de ir a las elecciones. Con estas palabras el presidente confirma la certeza que muchos teníamos de que él y su gobierno no tenían ni idea de lo que harían si ganaban. Con estas palabras, el presidente se definió como populista, algo que ya sabíamos pero no de su boca.

El presidente terminó la entrevista con una nota ominosa para el FMLN: “Si mi gobierno fracasa en los tres años que le quedan, en 2014 el FMLN no vuelve a ganar la elección presidencial. Ellos saben que tienen que hacer que el gobierno funcione. Al revés, ARENA sabe que si nosotros no fracasamos ellos no vuelven al gobierno. Entonces le apuestan al fracaso. Por eso es más difícil negociar con ellos”. Lo extraño en este párrafo es que, aunque el presidente le dio un tono condicional (si él fracasa, el FMLN va a perder), en realidad es determinista (el FMLN va a perder), porque ya antes había dicho que su gobierno ya fracasó.

En resumen, el presidente dijo en su entrevista con La Jornada que cuando subió al poder ni él ni el FMLN tenían la más mínima idea de lo que iban a hacer; que lo único que había hecho era promesas que él mismo (no siendo utópico) sabía que no iba a cumplir, y que desde ya, cuando todavía faltan tres largos años de su mandato, él sabe que lo que quedará de su mandato es pura y justificada decepción.

Todo esto es cierto… pero hasta da pena que lo diga enfrente de extranjeros.

Hay, sin embargo, algo todavía más extraño que todo esto. No habló con la amargura habitual. Y, al predecir que el FMLN perderá las elecciones de 2014, el presidente mandó un mensaje de genuina esperanza.

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