El problema latino de Romney

El problema latino de Romney

 

El candidato republicano Mitt Romney habla con partidarios en un centro de investigación energética en South Park, Pennsylvania, dos días antes de las primarias en ese estado.
El candidato republicano Mitt Romney habla con partidarios en un centro de investigación energética en South Park, Pennsylvania, dos días antes de las primarias en ese estado.

Jeff Swensen / Getty Images

Guillermo Descalzi

Amanecerá el día de la elección, esta vez con el Partido Republicano arrinconado por la campaña de rechazo en su ultraderecha. Es un rechazo que afecta a los hispanos en el tema migratorio. Es difícil que no perciban sus consecuencias electorales. El rechazo a un arreglo cosecha un rechazo equivalente en toda la comunidad, con o sin papeles, ciudadanos y residentes por igual. Romney podría proponer una vía a la legalización. Es dudoso que lo haga. Tendría primero que convencer a los conservadores de al menos quedarse callados. Hay un argumento para ellos, el económico. Millones de indocumentados, consumidores a escondidas, gastan su dinero a cuentagotas. Los indocumentados son un problema, sí, pero también pueden ser una solución. Su sola oficialización con papeles crearía un inmenso grupo de consumo con todas las garantías de la ley. Darían una inyección de vitalidad a la economía. Legalizarlos no será fácil, primero por renuencia a favorecer a quienes han violado la ley. Segundo, porque la inmensa mayoría de indocumentados son latinos, y hay latinofobia en la ultraderecha anglosajona.

No ofrecer una vía de arreglo al indocumentado mantiene a Romney distanciado de los casi 50 millones de hispanos en el país. Abrirles una vía a la legalización quizás sea demasiado pedirle. Ha soltado una idea intermedia, no deportarlos, esperando más bien que se vayan en una especie de auto-deportación voluntaria y amable. Su idea podrá parecer absurda, pero él la adelanta porque “necesitamos que los hispanos voten republicano”. Las encuestas indican que el voto latino se orienta abrumadoramente hacia Obama. ¿Cómo revertir esto? Será difícil porque Romney necesita apaciguar su ultraderecha, con gente como Joe Arpaio, el sheriff latinofóbico del condado de Maricopa, y Tom Tancredo, ex representante de Colorado, para quien Miami es “un país del tercer mundo” al que volverá, dijo, “cuando haya sido liberado”. Mexicanos, argentinos, cubanos, peruanos y demás latinoamericanos por igual, incluyendo los hispano-estadounidenses, somos todos un factor de espanto en la ultraderecha. Les espanta la galopante latinización del país. Somos la minoría más grande. Llegaremos a ser mayoría en las primeras décadas del siglo XXII. Entre el 2000 y el 2010 la población hispana creció 43%. En el mismo periodo los anglosajones bajaron del 62% de la población al 53%, una rebaja de 9%.

Kris Kobach, consejero de Romney en inmigración, es el arquitecto de la ley de Arizona que exige a empleadores y dueños de viviendas que denuncien a los indocumentados, y que la policía los arreste. Ese es Kris Kobach, consejero de Romney. Por otro lado, el partido tiene a Marco Rubio. El senador prepara un proyecto que permitiría a algunos jóvenes indocumentados quedarse en el país. Es un intento por salvar partes del Dream Act, que hubiese dado residencia a cientos de miles traídos por sus padres cuando eran muy niños. Ileana Ros-Lehtinen y Mario Diaz-Balart apoyan el Dream Act. Romney ha prometido vetarlo. La campaña ve un salvavidas potencial en el proyecto de Rubio, confeccionado para saltar sobre las objeciones del conservadorismo con una metodología rebuscada que en esencia dice ‘no pero sí’ a que se queden aquí, y ‘sí pero no’ también. La siguiente opinión fue escrita con el pseudónimo de Caballero de París. “Rubio sabe que su partido nunca aprobará esto, pero estamos en elecciones, necesitan el voto hispano y tratan de entretener a los votantes para dar la impresión de que los republicanos no son antihispanos”. Es una opinión compartida por muchos. Eso no obstante, es difícil ver otra cosa que sinceridad en la búsqueda de una solución por parte de la delegación congresional de Florida. El congresista David Rivera ha anunciado un proyecto similar al de Rubio.

El problema latino de Romney no es único. Obama ha deportado medio millón por año. Para fines del 2012 habrá sacado dos millones de indocumentados. Bate todos los récords en deportaciones. Más aún, nunca presentó proyecto alguno de reforma migratoria, algo que prometió hacer en su primer año en la presidencia. Culpa de esto al rechazo republicano. Romney acusa que “Obama prometió resolver el problema de la inmigración ilegal. Falló. La verdad es que ni trató”. Parecerá hipocresía, pero hay que recordar que él es el candidato de la auto-deportación amable. La amabilidad es importante para Romney. Quiere ser visto como un político a la Reagan, con don de gentes. Debiese usar ese don, si en realidad lo tiene, para que la ultraderecha coopere con él. Tiene que ganar su cooperación. Si no es capaz de hacerlo, menos capaz será de ganar la presidencia. Mientras tanto en la ultraderecha derecha permanece, y allí vive, el problema latino de Romney.

 

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