Daily Archives: abril 23, 2012

Historia de la pérdida de valor del dólar y cronología del oro desde el inicio de la civilización

Historia de la pérdida de valor del dólar y cronología del oro desde el inicio de la civilización

Dollars_gold

Por Carlo Fabrizzio Garmendia Wilson

Durante miles de años la humanidad comerció mayormente mediante el trueque, sistema imperfecto de comercio que sirvió antes de que se empiece a utilizar el oro como medio de intercambio aproximadamente 2500 años antes de Cristo.

Aproximadamente en el año 700 antes de Cristo el pueblo de Lydia inventa por primera vez las monedas las cuales empezó a acuñar de una aleación llamada “electrum” que es la mezcla entre el oro y la plata. Esto le dio la posibilidad a la gente de contar exactamente el valor de los bienes en vez de estimarlos por un peso de oro determinado. Otras naciones y pueblos empezaron a utilizar diferentes medios de pagos, pero el más aceptado inclusive entre pueblos lejanos siempre fue el oro tanto en monedas como en bruto al peso. Al no todos poseer oro o plata, no se dejó de utilizar el trueque ya que sustituía el intercambio por el metal precioso.

Entre los años 1870 y 1914, En el siglo XIX aparece el patrón oro. El patrón oro era la forma en que se organizaba el sistema financiero internacional en el siglo XIX. Consistía en algo tan simple como definir una divisa en términos de oro. Así, por ejemplo, el dólar americano estaba definido como una veinteava parte de una onza de oro, en otras palabras un dólar equivalía a 1.555 gramos ya que una onza troy son 31.10 gramos. La libra esterlina era aproximadamente una cuarta parte de una onza de oro o 7.775 gramos de oro. Tener un dólar en esa época equivalía literalmente a tener un “vale por 1/20 onzas de oro”, esto a su vez significa que una onza de oro valía 20 dólares. Tener una libra esterlina era casi como tener un “vale por 1/4 de onzas de oro”, una onza de oro costaba aproximadamente 4 libras.  Puesto que la definición de cada divisa en términos de oro era fija, bien podríamos decir que existía una moneda única mundial, que era el oro. Por motivos de comodidad la gente usaba billetes de papel para hacer las compras y ventas. Luego, uno podía ir al banco a que le cambiaran el papel (el vale) por su equivalente en oro. Por tanto, es lógico pensar que si hablamos de valor del material físico de estos dos elementos, jamás un pedazo de papel impreso de 6.5 por 15.5 centímetros podría valer 1.555 gramos de oro, salvo se le de un valor fiduciario o que creemos con fe que así es.

Gold Coin

Entre los años 1914 a 1918 se desata la primera guerra mundial. Se elimina el patrón oro temporalmente para que los países puedan afrontar sus gastos de guerra. En otras palabras imprimir billetes sin respaldo en oro. Sin importar que se genere inflación.

En 1919 se firma El Tratado de Versalles. Era un tratado de reparación económica y territorial bajo el cual Alemania tenía que devolver las tierras y una reparación económica a los aliados. Trayéndola al presente era equivalente a casi 400,000 millones de dólares que dicho sea de paso era un monto más grande que sus propias reservas. Era un monto tan grande que algunos dicen que llevó a Alemania a la hiperinflación, además de este dinero y tierras también tenían que pagar con embarcaciones y carbón en grandes cantidades.

Entre los años 1920 a 1923. Se desata la hiperinflación alemana a consecuencia de su emisión masiva de billetes para pagar los gastos de reparación de su gobierno. Después de la I Guerra Mundial, que causó el caos en la economía mundial, el Tratado de Versalles obligó a los vencidos a indemnizar a los vencedores. La incapacidad de pagar las reparaciones fue una de las causas de la hiperinflación. Esta llegó a alcanzar la cifra de 1.000.000.000.000% (10.000.000.000 veces) en 1923 durante la ocupación francesa del Ruhr.

Cuando finalizó la década de los 20s se restableció parcialmente el patrón oro.

Año 1929, inicia La Gran Depresión conocida como la crisis más larga y severa de la historia planetaria. Inició con el crack de 1929 o jueves negro 24/octubre/1929 seguido del 28 y 29 del mismo mes y año denominados lunes y martes negros respectivamente, fue la caída más grande de la historia de la bolsa americana 90% de caída hasta 1932. La Gran Depresión fue la caída de las naciones industrializadas de la época.

El índice industrial Dow Jones se empezó a recuperar recién a inicios de 1930 y volvió a caer en 1932  llegando a su nivel más bajo desde el año 1800. El Dow Jones tardó en recuperar el nivel de 1929 hasta el año 1954. El PBI americano cayó 60% y más de 4,000 bancos cerraron. Dependiendo del país que se analice, el final de esta crisis fue a fines de la década de los 30s y para otros países fue a fines de la década de los 40s.

La causa de esta crisis que fue detectada por economistas de la escuela austriaca 8 años antes de la crisis, fue el aumento irresponsable de la masa monetaria por parte de los gobiernos y sus bancos centrales (cosa que también pasa actualmente) que termina llevando al país a la crisis. Luego de esta instauran el famoso New Deal que era una suerte de paquetes de intervención keynesiana masiva gubernamental a la economía. Empieza con este un programa de controles, regulaciones y controles de precios, comienzan a inyectar más moneda en la economía (cosa que también está pasando actualmente en Estados Unidos). Esta intervención gubernamental hizo que la crisis se prolongara por 14 años cuando el promedio normal de recuperación era de 2 años. Esto pasó ya que el mercado no pudo encontrar los incentivos para recomponerse solo en el corto plazo y por las distorciones fabricadas por los gobiernos y sus paquetes intervencionistas.

En el año 1933, el presidente Theodore Roosevelt intenta eliminar el patrón oro inclusive llegando al extremo de prohibir a los americanos el tener sus ahorros en oro. Démonos cuenta que los políticos tratarán de manejar el monopolio de la emisión de billetes sin respaldo porque esto les da posibilidades de gasto irresponsable o populista, cosa que no se puede hacer bajo el patrón oro porque los bancos centrales no están permitidos de emitir billetes “vales” sin respaldo, la ley americana dice que los billetes son papeles que no implican ninguna responsabilidad jurídica al Estado, eso quiere decir que si pierden su valor de un día para el otro, el Estado no se hace responsable.

1934 USA restablece la convertibilidad del dólar por oro para tenedores oficiales, pero esta vez ya no a $20 por onza si no a $35 por onza.

Entre el año 1939 a 1945 se desarrolla la Segunda guerra mundial. Y se incrementa el riesgo de emisión de dólares sin respaldo por parte de USA para poder cubrir los altos gastos de la guerra.

1940 Suspensión de convertibilidad en oro en Europa.

En el año 1944 se crea el famoso tratado de Bretton Woods, mediante el cual se fija los tipos de cambio con el dólar en una banda de 1%. Se fija el precio del oro en $35 la onza troy.

Entre los años 1945 a 1989 y 1991 es el tiempo que duró La Guerra fría, desde el final de la segunda guerra mundial hasta la caída del muro de Berlín en 1989 y el golpe de Estado de la URSS en 1991.

En 1947 se aprueba el GATT y Plan Marshall – OECD. Que es una suerte de tratado de libre comercio y préstamos para la reconstrucción.

En 1956 comienza La Crisis Del Canal De Suez. Crisis de la libra esterlina.

En 1958 se firma el Tratado de Roma. Por el cual Europa elimina restricciones en la cuenta corriente.

En 1961 se inicia intervención en el mercado del oro. Se mantiene precio del oro y como resultado la cantidad de oro ya no era igual a la cantidad de dólares.

Entre 1963 y 1966. Se dan medidas de protección de la balanza de pagos de USA (IET, voluntaria préstamos, Q) Disuadir emisión en bonos americanos, limitación de bancos y tope de tasas.

En 1965 empieza La Guerra de Vietman y política social de Johnson. Más gasto de USA y aparece un déficit fiscal por la guerra y la política social.

1967: Devaluación de la libra esterlina.

1968: Separación del mercado del oro. Oficial / privado $35 a tenedores oficiales.

En Agosto de 1971. Richard Nixon suspende la convertibilidad del dólar en oro. Con esta decisión, tomada de forma unilateral, arbitraria y por decreto, Nixon incumple el compromiso establecido en los acuerdos de Bretton Woods, 25 años antes, mediante los cuales cada 35 dólares emitidos debían estar respaldados por una onza de oro. A raíz de esta decisión, por primera vez en la historia, las divisas carecían de respaldo alguno. También establecen sobretasas del 10% a la importación.

Diciembre de 1971. Acuerdo Smithsoniano, Bandas de 2.25 (1.125 para CEE) y el precio del oro sube a $38 por onza.

En Agosto de 1972. Estados Unidos devalúa oficialmente el dólar a 38 dólares frente a la onza de oro. Una devaluación oficial de 8.5%.

1972 CEE se expande a 9 (UK,IRL,DK)

En Marzo de 1973. El mundo se desafilia del patrón oro. La mayoría de las divisas adoptan el sistema de libre flotación.

En Mayo de 1973. Estados Unidos devalúa oficialmente el dólar a 42,22 dólares frente al oro. Una devaluación oficial de 11.1%. Cifra que se mantiene hasta la actualidad, ya que no se modificó esta oficialmente.

En 1979 Se crea sistema monetario europeo.

En 1980 Se libera el mercado de capitales de Japón.

En Enero de 1980. El oro alcanza máximos de 850 dólares la onza, como consecuencia de la elevada inflación y de los altos precios del petróleo. Eventos geopolíticos como la invasión por parte de la Unión Soviética de Afganistán y como la revolución iraní impulsan a los inversores a refugiar sus ahorros en metales preciosos.

Entre 1981 y 1986. CEE se expande a 12 (GR, E, P)

Entre 1991 y 1992. Se firma el Tratado de Mastricht. Por la unificación monetaria europea, Se crea el Euro y la Unión Europea.

En 1993. CEE se expande a 15 (S, F, Au)

En Mayo de 1998. Se establece quién cumple criterios de Mastricht y fijación de paridades.

En Junio de1998. Se inaugura el Banco Central Europeo.

En Diciembre de 1998. Se fijan definitivamente las paridades y el Euro se convierte en moneda oficial.

En Agosto de 1999. El precio del oro cae a mínimos de 251 dólares la onza ante los temores que los bancos centrales se desprendan de sus reservas y ante el hecho de que las compañías productoras de oro estaban vendiendo su producción en adelantado para protegerse de la caída de los precios.

En Octubre de 1999. El oro alcanza máximos no vistos en 2 años de 338 dólares la onza después de que en septiembre 1999, 15 bancos centrales europeos firmaran el Central Bank Gold Agreement I en Washington, en el cual se comprometían a limitar las ventas de oro conjuntas a 400 toneladas anuales durante 5 años.

Gold

En Enero de 2002. Empieza a circular el Euro y se retiran las monedas nacionales.

En Diciembre de 2003. El precio del oro supera los 400 dólares la onza, niveles no vistos desde 1988. Los inversores comienzan a comprar oro como protección.

En Septiembre del 2004. Se firma el Central Bank Gold Agreement II que era la renovación del anterior y mediante el cual 17 bancos centrales europeos deciden limitar las ventas de oro a 500 toneladas anuales hasta el 2009.

En Noviembre del 2005. El oro alcanza los 500 dólares la onza, hecho que no sucedía desde diciembre de 1987.

En Abril del 2006. El oro supera los 600 dólares la onza debido a la debilidad del dólar, los altos precios del petróleo y el riesgo geopolítico reinante. Inversores particulares como fondos de inversión empiezan a interesarse por la inversión en metales preciosos como forma de proteger el poder adquisitivo.

En Mayo del 2006. El oro supera los 730 dólares la onza.

En Junio del 2006. La cotización del oro cae 26% hasta los 543 dólares la onza.

En Noviembre del 2007. Los precios del oro alcanzan los 845 dólares la onza.

En Enero del 2008. El oro supera los máximos nominales alcanzados en 1980 de 850 dólares la onza.

En Marzo del 2008. Por 1º vez en la historia del mundo el oro cotiza en 1000 dólares la onza.

En Septiembre del 2008. Quiebra de Lehman Brothers, el oro sube 50 dólares en una sola sesión ante los temores de una quiebra en las bolsas.

En Abril del 2009. China anuncia que desde el 2003 había aumentado sus reservas de oro de 600 toneladas a 1.054 toneladas.

En Junio del 2009. El precio del oro toca su máximo histórico a 981 dólares la onza.

En Agosto del 2009. Los bancos centrales europeos firman el Central Bank Gold Agreement III y acuerdan limitar las ventas de oro en 400 toneladas anuales.

En Noviembre del 2009. El Banco Central de la India compra 200 toneladas de oro al Fondo Monetario Internacional.

En Diciembre del 2009. El precio del oro ante la debilidad del dólar vuelve a superar máximos históricos con 1212 dólares la onza.

En Mayo del 2010. La cotización del oro alcanza máximos de 1237 dólares la onza ante los temores sobre la crisis crediticia que azota Europa. Por 1º vez el oro marca los 1000 euros la onza.

En Junio del 2010. La onza de oro marca máximos de 1.264 dólares la onza, debido a la creciente demanda de inversión y a falta de confianza en la recuperación económica internacional.

Septiembre 2010. El oro vuelve a marcar máximos nominales de 1307 dólares la onza.

Noviembre 2010. El oro vuelve a marcar máximos nominales de 1384 dólares la onza.

Diciembre 2010. El oro vuelve a marcar máximos nominales de 1421 dólares la onza.

Gold II

Septiembre 2011. El oro vuelve a marcar máximos nominales de 1895 dólares la onza y al parecer no parará de subir su cotización en dólares. Dicho de otra manera el dólar parece que no va a dejar de perder su valor como moneda.

Algunos pronósticos estiman que si la irresponsabilidad fiscal y monetaria de Estados Unidos y los países de la unión europea persiste, el precio de la onza troy de oro pueden rebasar la barrera de los $5,000 y otros hablan hasta de $10,000.

Si el Gobierno de Estados Unidos devaluara el dólar a su valor real con respecto al oro ($1895 la onza al 2011), la devaluación tendría que ser 4388% ya que desde 1973 en que la onza de oro costaba $42.22 no hubo una devaluación oficial. Entonces para responder la pregunta del valor del papel moneda, cuánto vale realmente el  dólar? deberemos primero saber el valor de un dólar expresado en oro en 1971. Una onza troy pesa 31,10 gramos. Por lo tanto un gramo de oro de 1971 valía $ 1,12, si quisiéramos comprar la misma cantidad de oro hoy en Diciembre del 2011, necesitaríamos aproximadamente  $60.93. Esto significa que el dólar perdió 54.14 veces su valor o que su caída en el valor o devaluación nominal es como de 4388% mientras el oro que lo respalda sigue valiendo lo mismo. Nosotros como usuarios de estos papeles deberíamos seguir teniendo fe en su valor? le tenemos fe al gobierno de Estados Unidos que lo respalda?.

Haciendo el calculo con $1985 por onza de oro que fue el pico más alto de la historia en el 2011. Podemos estimar que el dólar perdió 98.15% de su valor desde 1971, a Septiembre del 2011 su valor real debería estar bordeando los 5 centavos de sol por dólar.

El capitalismo mercantilista en su afán populista de satisfacer a los votantes ignorantes está acostumbrado a utilizar salvatajes financieros de tipo keynesiano con dinero de los propios ciudadanos o mejor dicho con dinero que los propios ciudadanos deberán pagar. Cada vez que esto ocurre los bancos centrales irresponsables imprimen cientos de billones de dólares sin respaldo los cuales prestan a los gobiernos populistas. Estamos de acuerdo con que los gobierno le dé el dinero de la gente a las grandes corporaciones o países irresponsables?

La ingente impresión de billetes sin respaldo lleva a que el oro siga su tendencia al alza, cosa que es el simple reflejo de que es un activo (moneda) que mantiene su valor a través del tiempo, mientras los gobiernos populistas continúan sus políticas destructoras de países.

**********************************************

Abstract

El dólar perdió más de 54 veces su valor desde 1971  y su devaluación nominal frente al oro en el mismo tiempo fue de 4388%. Sin darnos cuenta, ahorrar en dólares se está convirtiendo en un problema financiero con alcance global, debido a que individuos y gobiernos arriesgamos nuestros ahorros en una moneda que tan solo tiene un valor virtual para comprar, pero en el fondo está perdiendo día a día su valor por las acciones populistas e intervencionistas de los gobiernos. En este artículo pretendemos explicar cronológicamente que es lo que pasó a través del tiempo con el dólar y el oro para poder entender algunos factores que afectan sus valores.

Carlo Fabrizzio Garmendia Wilson, Cusqueño de nacimiento, MBA del Incae Business School, Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Católica de Santa María en Arequipa, actualmente trabaja como docente universitario en carreras de negocios, es empresario en el sector turismo, conferencista y consultor empresarial.

Arquetipo del demagogo

Arquetipo del demagogo

Papel - Chávez

Por Diego Márquez Castro

Correo del Caroní

Ponte una corona, haz una libación a la estupidez y ataca a tu rival denodadamente“. – Demóstenes

 La demagogia desde los tiempos de la antigua Grecia se ha caracterizado por constituirse en una falsificación y una corrupción de la democracia. El centro, eje y motor de un proceso de esta naturaleza es el líder transformado en demagogo. Este personaje ha sido caracterizado por Emilio Temprano, investigador en este campo, como un centauro de la vida política, al cual se le distingue a mucha distancia.

Plantea el mencionado autor que el demagogo “apenas pronuncia sus primeras palabras, ya se sabe cuál es su intención: el mandato, la dominación, el lucimiento, pero, fundamentalmente, la permanencia en el torbellino del éxito”. En tal sentido, si hay algo que debe reconocerse en este tipo de líder es su tesón por figurar y estar en primera línea en el escenario político. Así como el vampiro de los relatos de terror vive de la succión de la sangre humana, el demagogo vive de la exaltación a su imagen, de los aplausos y los elogios. El demagogo es egocéntrico y no soporta que otro le “robe” el escenario.

El investigador consultado es de la opinión que uno de los elementos que forman parte de su personalidad es “su fluida oratoria provocativa contra sus oponentes y su habilidad para halagar al ‘pueblo”. Sin embargo, manifiesta que el demagogo no debería fiarse de tales lisonjas, pues la antigua sentencia latina ya advierte que: ‘No des fe a los cazadores de palabras demasiado halagadoras. El cazador atrae a los pájaros con el dulce sonido del caramillo’. De ahí que la facilidad de los demagogos para la adulación da mucho qué pensar”.

Temprano esboza un conjunto de rasgos propios de los demagogos de todos los tiempos, ante cuyos líderes y discursos “hay que tomar las debidas precauciones si no se quiere terminar preso en la telaraña urdida con la incansable elocuencia de estos demiurgos”. He aquí, pues, algunas de las características psicológicas esenciales de los demagogos:

– Autoritarismo.

– Insolencia y arrogancia.

– Fácil elocuencia, con un don innato a la persuasión.

– Excelente “comunicador” para convencer a las masas.

– No duda jamás, vive de afirmaciones y negaciones rotundas.

– Se alimenta generalmente de tópicos vulgares.

– Es violento y provocador nato.

– La difamación y la calumnia suelen ser a veces sus armas predilectas.

– Recurre, si es preciso, a la emoción inflamada.

– Utiliza la ironía retadora o el humor bufonesco.

– Su oratoria se asienta en los prejuicios más rastreros.

– Desprecia cualquier opción alternativa, aunque

hable difusamente de derechos humanos.

– El reduccionismo histórico está presente en su discurso.

– Emplea la mentira de forma descarada y sin
parpadear.

– Adulador de los sentimientos populares.

– Utiliza con naturalidad las técnicas de la intriga.

– Recurre a gestos y expresiones bajas y chabacanas.

– Manipula a su conveniencia el vocablo “pueblo”.

– Narcisismo unido a una pedantería insoportable.

– Le gusta rodearse de gente sumisa para que lo adulen y admiren.

Estas características las extrajo Temprano, como denominadores comunes, de la personalidad desplegada por líderes de la contemporaneidad, de quienes “unos creen que son gentes para escapar a kilómetros y otros, los consideran seres privilegiados, se arroban ante ellos y los aclaman”.

Dentro de este orden de ideas, el investigador destaca que “en el fondo del demagogo siempre se destaca, por mucho que lo disimule, una personalidad autoritaria que quiere imponerse a los demás: por medios violentos si es preciso. El germen del dictador se le puede detectar desde sus primeros años. Ante un público de admiradores, casi nunca se muestra con su verdadero rostro autoritario, salvo en épocas de fiero dogmatismo político. Según Le Bon, la multitud sólo puede ser impresionada por sentimientos excesivos, y el damagogo que desee seducirla debe abusar de las afirmaciones violentas. Su método consistirá en exagerar, asegurar, repetir y no intentar jamás demostrar nada mediante razonamientos”.

El demagogo se convierte en un hábil maestro en la utilización de los discursos falaces caracterizados por la lógica como argumentos de la fuerza, al pueblo, de la autoridad, contra la persona, de la misericordia, entre otros. Su habilidad consiste en convencer a otros de que lo falso es verdadero.

Finalmente, cabe destacar que, en opinión de Aristóteles: “Las democracias se alteran sobre todo por la insolencia de los demagogos”. A lo cual el autor consultado complementa: “¿Insolencia? He aquí la clave de su éxito”. Saque usted sus propias conclusiones.

¿Cómo se crea el dinero ? Parte 2 de 5

¿Cómo se crea el dinero ? Parte 1 de 5

FRAUDE A LA HUMANIDAD / ESTAFA GLOBAL

Noti Vértigo 23 de abril de 2012

RON PAUL HABLANDO DE LA CRISIS FINANCIERA MUNDIAL

“va p’a tras”

“va p’a tras” 
Por Denise Dresser

Ciudad de México, México 

Basta con ver la cara de los priistas en cualquier acto público. Basta con advertir las sonrisas compartidas, los rostros complacidos, los abrazos entusiastas. Están felices y se les nota; están rebosantes y no lo pueden ni lo quieren ocultar. Saben que vienen de vuelta, saben que están de regreso, saben que encuesta tras encuesta los coloca en el primer lugar de las preferencias en las elecciones y cada vez más cerca de recuperar el control del gobierno federal.

El PRI resurge, el PRI revive, el PRI resucita. Beneficiario del panismo incompetente y del perredismo auto-destructivo, el Revolucionario Institucional está a un paso de alcanzar el picaporte de Los Pinos tan sólo dos sexenios después de haber sido expulsado de allí.

Para muchos mexicanos esta posibilidad no es motivo de insomnio ni de preocupación. Hablan del retorno del PRI como si fuera un síntoma más de la normalidad democrática. Un indicio más de la alternancia aplaudible.

Un indicador positivo de la modernización que México ha alcanzado y que ya sería imposible revertir. “El país ya no es el mismo que ello gobernaron”, advierten quienes no se sienten alarmados por la resurrección priista. “El PRI no podría gobernar de manera autoritaria como lo hizo alguna vez”, sugieren quienes celebran los logros de la consolidación democrática. “Los priistas se verían obligados a instrumentar las reformas que hasta ahora han rechazado”, auguran los oráculos del optimismo. Y ojalá tuvieran razón las voces de aquellos a quienes no les quita el sueño la posibilidad de Enrique Peña Nieto en Los Pinos, Manlio Fabio Beltrones en la Secretaría de Gobernación y Emilio Gamboa en cualquier puesto del gabinete.

Ojalá fuera cierto que una nueva era de presidencias priistas sería señal de alternancia saludable y no de regresión lamentable. Ojalá fuera verdad que tanto el país como el PRI han cambiado lo suficiente como para prevenir el resurgimiento de las peores prácticas del pasado. Pero cualquier análisis del priismo actual contradice ese pronóstico, basado más en lo que sus proponentes quisieran ver que en la realidad circundante. Como lo escribe el columnista Tom Friedman en The New York Times, en México hoy coexisten tres grupos:

“Los Narcos, los No’s y los NAFTA’s”: los capos, los beneficiarios del statu quo y los grupos sociales que anhelan el progreso y la modernización. Y hoy el PRI es, por definición, “El Partido del No”. El que se opone a las reformas necesarias por los intereses rentistas que protege; el que rechaza las candidaturas ciudadanas por la rotación de élites que defiende; el que rehúye la modernización sindical por los “derechos adquiridos” que consagró; el que no quiere tocar a los monopolios porque fue responsable de su construcción. El PRI y sus bases son los “No’s” porque constituyen la principal oposición a cualquier cambio que entrañaría abrir, privatizar, sacudir, confrontar, airear o remodelar el sistema que los priistas concibieron, del cual vivieron y que quieren volver a tener.

A quien no crea que esto es así, le sugiero que escuche los discursos y que examine el perfil de Enrique Peña Nieto, creado por los que quieren volver a poseer el poder. Que reflexione sobre los intereses cuestionables de Manlio Fabio Beltrones. Que estudie los negocios multimillonarios de Emilio Gamboa. Allí está el PRI clientelar, el PRI corporativo, el PRI corrupto, el PRI que realmente no cree en la participación ciudadana o en los contrapesos o en la rendición de cuentas.

Ése PRI sera siempre. El PRI nuevo milenio y el que se apresta a gobernar a la República sigue siendo un club transexenal de corruptos acusados y corruptos exonerados; de cotos construidos sobre la intersección de la política y los negocios; de redes tejidas sobre el constante intercambio de favores y posiciones, negociadas a oscuras. Hay que recordar la conversación telefónica grabada y ampliamente diseminada – Emilio Gamboa le dice a Kamel Nacif: “va p’a tras”. Y ése es el mismo mensaje que el PRI envía a los que quiere gobernar de nuevo.

Si estás de acuerdo con mis planteamientos, te agradecería que los reenviaras a tus amigos, parientes y contactos, en el entendido de que trato de hacer conciencia y ciudadanos críticos y participativos. México lo hacemos todos los días ¡todos!..va pa’tras…..NO al PRI.

¡Gracias! 

 Votar por el ‘PRI’ seria votar contra mis hijos, mis nietos y contra Mexico. El Alzheimer todavia no me ha tocado, la memoria no me ha traicionado ni la conveniencia me ha convencido. Como dijo Antonio Plaza: Nunca ante el poder ni el oro me arrodillo, y aunque me agobie padecer tirano, me muero de hambre, pero no me humillo, seré cadaver, pero no gusano. 

Va pa’tras….NO AL PRI

Nacionalismo liberal (Jesús Huerta de Soto)

Nacionalismo liberal (Jesús Huerta de Soto)

Introducción.

Nacionalismo liberalEl problema del nacionalismo y la existencia de naciones produce, con carácter general, un gran desconcierto entre los pensadores liberales de hoy en día. Por un lado, se reconoce que el nacionalismo ha jugado un saludable papel protagonista, propiciando la caída de los regímenes comunistas del Este de Europa, y oponiéndose en muchas ocasiones históricas al estatismo intervencionista y centralizador. Además, importantes líderes liberales europeos han defendido recientemente el papel de la Nación como insustituible elemento equilibrador frente a las tendencias intervencionistas y centralizadoras que, por ejemplo, se están haciendo evidentes en el proceso de unificación europea. Finalmente, se observa en muchas circunstancias concretas cómo la descentralización nacionalista pone en funcionamiento un proceso espontáneo de competencia para reducir las medidas de regulación e intervencionismo que, en su mayor parte, tienen su origen en los órganos centrales de poder estatal (2).

Sin embargo, por otro lado, no deja de reconocerse que el nacionalismo ha tenido, en muchas ocasiones, importantes consecuencias contrarias a la libertad de los seres humanos. Así, sin ser preciso remontarse a la tragedia que supuso el auge del nacional socialismo en Alemania e Italia durante la primera mitad de este siglo, es fácil recordar la tragedia de la guerra que se desarrolla entre las naciones de la antigua Yugoslavia o, por ejemplo, el atropello a la libertad de elección de muchos ciudadanos que, en materia educativa, está realizando el actual gobierno de Cataluña.

Parece, por tanto, evidente que es preciso desarrollar una teoría sobre el nacionalismo que permita explicar estos problemas y haga posible que los liberales tomen una posición coherente respecto a la problemática que plantea el concepto de nación, el nacionalismo y la relación entre las diferentes naciones.

1. Concepto y características de la nación.

La nación puede definirse como un subconjunto de la sociedad civil. Es un orden espontáneo y vivo de interacciones humanas, que está constituido por una determinada serie de comportamientos pautados de naturaleza lingüística, cultural, histórica, religiosa y, con mucha menos importancia, racial. De entre todos los hábitos de comportamiento que constituyen la esencia nacional destaca, sobre todo, la lengua o idioma que comparten los miembros del grupo nacional y que constituye una de las muestras de identidad nacional más importantes.

La esencia del concepto de nación que acabamos de describir engarza perfectamente con la teoría sobre el origen, naturaleza y desarrollo de las instituciones sociales que debemos a la Escuela Austriaca de Economía (3). En efecto, la Escuela Austriaca explica el surgimiento evolutivo y espontáneo de las instituciones sociales (éticas, morales, económicas y lingüísticas) como resultado de un proceso descentralizado de interacciones humanas, liderado por aquellos hombres que en cada circunstancia histórica gozan de más perspicacia empresarial a la hora de descubrir los comportamientos más adecuados para conseguir sus particulares objetivos. Estos comportamientos que se experimentan en un proceso social de prueba y error, a través de los mecanismos sociales de aprendizaje e imitación se van extendiendo a lo largo del cuerpo social. Significa ello que las instituciones sociales se encuentran en un proceso constante de evolución y que, en el caso concreto de la nación, y de todas las manifestaciones lingüísticas y culturales que la constituyen, estás se encuentran en constante cambio, solapamiento y competencia con otros órdenes nacionales que también, de manera continua, surgen, crecen, se desarrollan y, eventualmente, pueden llegar a estancarse o incluso a desaparecer siendo englobadas por otras nacionalidades y lenguas más avanzadas, ricas o amplias. En suma, las naciones no son sino realidades sociales evolutivas, básicamente unidas por una lengua común y otras características históricas o culturales, que surgen de manera espontánea y selectiva, y que constantemente compiten en un “mercado” mucho más amplio (de ámbito mundial) de naciones, sin que pueda llegar a saberse a priori cuál será el destino histórico de cada nación, ni mucho menos qué naciones concretas habrán de preponderar o subsistir en el futuro (4).

Es importante reconocer las íntimas relaciones que existen entre las instituciones jurídicas, económicas y el subconjunto de la sociedad civil que hemos denominado nación. En efecto, la sociedad no es sino un complejísimo proceso de interacciones humanas, que básicamente son relaciones de intercambio que los seres humanos efectúan utilizando un lenguaje o idioma muchas veces común, que constituye el substrato básico de toda nación. Además, las interacciones humanas se efectúan de acuerdo con unas normas, reglas o hábitos de conducta, que constituyen no sólo el derecho en su sentido material, sino toda una constelación de comportamientos pautados de tipo moral, normas de educación, de cortesía, de hábitos en el vestir, de creencias, etc., que en última instancia se constituyen y se engloban en el concepto de nación. Aquellos grupos sociales que adoptan unos comportamientos pautados más adecuados a la consecución de los objetivos que persiguen preponderan sobre los demás a través de un proceso selectivo y espontáneo que se encuentra en constante cambio y evolución. El ser humano carece de la información necesaria como para diseñar conscientemente estos complejos procesos sociales, pues los mismos incorporan un enorme volumen de información y conocimientos prácticos constituido por el que continuamente están aprendiendo y descubriendo los seres humanos que actúan en la sociedad. Por ello, la utilización de la coacción o violencia física para imponer determinados comportamientos pautados de tipo nacional está condenada al fracaso, precisamente por las mismas razones que hacen imposible desde el punto de vista teórico que mediante mandatos coactivos se pueda coordinar la vida en sociedad. Es decir, el teorema de la imposibilidad del socialismo descubierto por los teóricos de la Escuela Austriaca (Mises y Hayek) es plenamente aplicable al objetivo de forzar o imponer por la violencia un determinado resultado del proceso social en el campo de las nacionalidades.

La anterior explicación, junto con el carácter constantemente dinámico de la realidad nacional, impide que se pueda aceptar el principio de que a cada nación deba corresponder un Estado político con unas fronteras fijas y determinadas. En efecto, si entendemos la nación como un subconjunto de la sociedad civil en continua evolución y experimentación, es evidente que siempre existirá un volumen importante de seres humanos en proceso de experimentación nacional, es decir, más o menos influidos por distintos comportamientos nacionales, sin que pueda conocerse si en última instancia terminarán siendo absorbidos por la cultura e idioma de una nación, por la de otra, o si terminarán constituyendo una nueva. Sabemos que las naciones se encuentran en constante competencia, cambio, evolución y solapamiento, lo que impide que, desde la concepción de la nacionalidad como una realidad histórica de carácter dinámico, pueda la misma atarse a un determinado espacio geográfico de una manera rígida y congelada. Todo intento de fijar violentamente dentro de unas fronteras preestablecidas a una realidad tan cambiante y social como es la de la nación tan sólo generará irresolubles conflictos y guerras, de gran coste humano y social que, en última instancia, pondrán en peligro la propia existencia de la realidad nacional. Por el contrario, las nacionalidades entendidas como subconjuntos de la sociedad civil sólo pueden tener garantías de pervivencia en un proceso competitivo inter-nacional desarrollado en un entorno de libertad cuyos principios reguladores esenciales analizamos en el apartado siguiente.

2. Principios esenciales del nacionalismo liberal.

Son tres los principios esenciales que han de regir la relación sana, pacífica y armoniosa entre las diferentes naciones: el principio de autodeterminación, el principio de completa libertad de comercio entre las naciones, y el principio de libertad de emigración e inmigración. Analizaremos a continuación cada uno de estos principios.

El principio de autodeterminación significa que cada grupo nacional ha de tener, en todo momento, la posibilidad de decidir libremente en qué Estado político quiere encuadrarse. O, dicho de otra forma, que cada subconjunto de la sociedad civil ha de tener la libertad para decidir a qué grupo político pertenecer. Así, es posible que una misma nación se encuentre, en función de la voluntad libremente expresada de sus miembros, dispersa en varios Estados. Esto es lo que sucede, por ejemplo, en relación con la nación anglosajona, quizá la más avanzada, viva y fructífera en los momentos históricos actuales, y que se encuentra dispersa en distintos Estados políticos, dentro de los cuales los Estados Unidos de América y el Reino Unido son, sin duda, los más importantes. También cabe mencionar el ejemplo de la nación de lengua alemana, cuyos más de cien millones de miembros se encuentran distribuidos a lo largo de tres Estados importantes de Europa, la Alemania Federal, Austria y parte de Suiza.

También es posible que distintas naciones decidan componer un mismo Estado. Así, Suiza incorpora a una serie de cantones que pertenecen a tres naciones distintas, la alemana, francesa e italiana. Igualmente, en el caso de España cabría considerar la existencia de al menos tres grupos nacionales, el castellano, el catalán y el vasco (5).

En relación con el principio de autodeterminación es preciso realizar, no obstante, dos matizaciones. En primer lugar, que la decisión de formar o no parte de un determinado Estado político no tiene que ser forzosamente una decisión de tipo explícito (aunque tampoco se descarte que en determinadas circunstancias históricas, por vía de referéndum, se decida una secesión, como recientemente ha ocurrido en relación con las naciones checa y eslovaca). En muchas ocasiones, la determinación de formar parte de un determinado Estado se manifiesta de manera consuetudinaria, es decir, por la voluntad implícita históricamente mantenida por la mayoría de los miembros de una determinada nación de formar parte y vivir dentro de un Estado específico. La segunda observación es que el principio de autodeterminación no se refiere exclusivamente a la posibilidad de que, de acuerdo con el criterio mayoritario, los seres humanos que residan en un determinado entorno geográfico deban decidir si quieren estar o no en un determinado Estado en función de su adscripción nacional, sino que tal principio ha de aplicarse con carácter general en todos los niveles y para todos los subconjuntos de la sociedad civil, se encuentren o no los mismos ligados por un nexo de tipo nacional. Significa ello que es perfectamente compatible con el principio de autodeterminación la existencia de naciones que libremente decidan dispersarse en distintos Estados y, por otro lado, que debe aceptarse también que dentro de una misma nación y dentro de un mismo Estado, grupos minoritarios decidan secesionarse, separarse o incorporarse a otro Estado en función de sus particulares intereses. Por tanto, ha de evitarse que un determinado grupo nacional, que haya decidido secesionarse de un Estado en el que se encontraba en minoría, utilice igualmente la coacción sistemática que antes sufría para sojuzgar a otros grupos nacionales minoritarios que se encuentren dentro de su propio seno.

El segundo principio esencial que ha de regir la relación entre las distintas naciones es el de la completa libertad de comercio entre las mismas. En efecto, si las naciones se empeñan en fijar fronteras geográficas específicas que las separen estableciendo dificultades a la libertad de comercio y medidas de tipo proteccionista entonces, inevitablemente, surgirá, en mayor o menor medida, la necesidad de organizar su economía y sociedad en base al principio de la autarquía. La autarquía no es viable desde el punto de vista económico porque hoy en día, con el alto grado de desarrollo de la división internacional del trabajo, ninguna zona geográfica dispone de la totalidad de los recursos necesarios para mantener una economía moderna, por lo que una nación proteccionista se vería abocada continuamente a forzar la expansión de sus fronteras con la finalidad de ganar más recursos económicos, materiales y humanos.

Significa ello que el proteccionismo en el campo nacional genera inevitablemente la lógica del conflicto y la guerra, que se justifican con la finalidad de expandir las fronteras y ganar más mercados y recursos productivos. Por tanto, el proteccionismo nacional, en última instancia, destruye y sacrifica las propias realidades nacionales en una inevitable guerra de todas las naciones contra todas las naciones. Es fácil comprender que los grandes conflictos bélicos han tenido siempre su origen en el nacionalismo proteccionista y que, por otro lado, los conflictos nacionales que hoy conocemos (Yugoslavia, Oriente Medio, etc.) desaparecerían en un entorno en el que existiera un mercado común con completa libertad de comercio entre todas las naciones implicadas.

En relación con este principio hay que tener en cuenta la siguiente ley económica. A igualdad de circunstancias, conforme una nación se encuentre adscrita a un Estado político más pequeño, mucho más difícil le será imponer el proteccionismo centralista generador de conflicto bélicos y más se verá forzada a aceptar la libertad de comercio. Esto es así porque conforme más pequeño sea el Estado en cuestión, más sentirán sus habitantes la imposibilidad de acceder a mercados y recursos del extranjero si es que no existe una completa libertad de comercio. Y al contrario, conforme mayor sea geográfica y humanamente la organización estatal, más fácilmente se podrá organizar su economía desde el punto de vista autárquico sin que los ciudadanos sean capaces de identificar todo aquello que pierden por no existir libertad de comercio. Esta importante ley económica es, sin duda alguna, un argumento prima facie a favor de la descentralización y la localización política de las naciones en unidades administrativas cuanto más pequeñas mejor (6).

La libertad de comercio no es suficiente sin que exista una paralela y completa libertad de emigración e inmigración. Si no existe la libertad para emigrar e inmigrar, se pueden mantener de manera continuada importantes disparidades de renta entre unos grupos sociales y otros, que tienen su origen en la existencia de un monopolio proteccionista en el mercado de trabajo (constituido, precisamente, por las fronteras y regulaciones que impiden la libertad de inmigración), todo lo cual, en última instancia, puede dar lugar a importantes trastornos y violencias entre unos grupos sociales y otros. Ahora bien, la libertad de emigración e inmigración debe estar, a su vez, sometida a una serie de reglas y principios que impidan que la misma sea utilizada con fines coactivos e intervencionistas contrarios a la libre interacción entre las naciones. Así, la inmigración no debe estar subvencionada por el “Estado del Bienestar”. Aquéllos que inmigren deben hacerlo a su propio riesgo. Si esto no es así, las transferencias forzadas de renta de determinados grupos sociales a otros atraerán como un imán una inmigración artificial que, no sólo abortará los procesos redistributivos sino que, además, dará lugar a importantes conflictos sociales. Se entiende perfectamente la gran amenaza que la inmigración constituye para el “Estado del Bienestar”, y que éste sea el principal responsable del levantamiento de muros a la inmigración en los tiempos modernos. La única solución para la cooperación pacífica de las naciones consiste, por tanto, en desmantelar el “Estado del Bienestar” y establecer una completa libertad de inmigración (7).

En segundo lugar, la libertad de emigración no ha de implicar, en ningún caso, la rápida concesión de voto político a los emigrantes, con la finalidad de evitar la explotación política por parte de las nacionalidades implicadas en los correspondientes flujos de emigración. Aquéllos que emigren han de ser conscientes de que lo hacen trasladándose a un nuevo entorno cultural, en el que presumiblemente mejorarán sus condiciones de vida, pero sin que ello les dé derecho a utilizar los mecanismos de la coacción política (plasmados mediante el voto democrático) para intervenir y modificar los procesos espontáneos de los mercados nacionales a los que llegan. Solamente cuando, después de un dilatado período de tiempo, ya se considere que han absorbido plenamente los principios culturales de la sociedad receptora, se podrá considerar la concesión del correspondiente derecho político al voto (8).

En tercer lugar, los emigrantes o inmigrantes han de poder demostrar que acceden al grupo social que les recibe con la finalidad de aportar su capacidad laboral, técnica o empresarial. Es decir, que van a contar con medios de vida independiente, de manera que no sean una carga para la beneficencia y puedan, como principio general, mantenerse por sí mismos.

Y en cuarto y último lugar, y éste es el principio más importante que ha de regular la emigración, los emigrantes han de respetar escrupulosamente, en general, el derecho material (especialmente penal) del grupo social que les reciba y, en particular, el derecho de propiedad privada vigente en la sociedad a la que lleguen. De esta manera, se evitarán los fenómenos de ocupación masiva (como, por ejemplo, el de las favelas en Brasil, que se han construido siempre sobre terrenos de propiedad ajena). Y es que los problemas más visibles a que da lugar la inmigración suelen tener su origen en que no hay, con carácter preexistente, una clara definición y/o defensa de los derechos de propiedad implicados, por lo que aquéllos que llegan causan inevitablemente un importante número de costes externos a los que allí ya residían, lo cual termina dando lugar a brotes de xenofobia y violencia que tienen un gran coste social. Estos conflictos se minimizan y evitan en su totalidad precisamente en la medida en que se avance en el proceso de privatización de todos los recursos que existan en el cuerpo social.

3. Ventajas económicas y sociales del nacionalismo liberal.

Siempre y cuando se cumplan los principios que hemos explicado en el apartado anterior, las ideas de nación y de nacionalidad, lejos de ser perjudiciales para el proceso de interacción social, son altamente positivas desde el punto de vista liberal, pues enriquecen, refuerzan y ahondan el proceso espontáneo y pacífico de cooperación social. Así, por ejemplo, consideremos un entorno en el que se den los tres principios básicos mencionados, y en concreto los principios de libertad de comercio y libertad de emigración, como es el caso de la actual Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea). Es claro que, en este entorno, ningún Estado-nación por sí sólo puede adoptar medidas intervencionistas o de coacción institucional. Así, por ejemplo, vemos cómo en Europa el nacionalismo actúa como una verdadera válvula de escape en contra de las fuerzas socialistas e intervencionistas defendidas por importantes sectores de la eurocracia, como son los representados por Jacques Delors y otros eurofanáticos. Recordemos que, en cuanto en un determinado Estado o región se intenta establecer una regulación más restrictiva o unos impuestos más altos, inmediatamente las inversiones y los ciudadanos tienden a huir de esa zona y se trasladan hacia otros Estados o naciones con una regulación menos intervencionista y más favorable, en virtud de la existencia de los principios de libertad de comercio y libertad de inmigración. Esto es lo que, por ejemplo, sucedió recientemente con las regulaciones laborales y fiscales en Dijon, Francia, que dieron lugar a que las empresas y fábricas más importantes de esa zona la abandonaran y cerraran sus instalaciones para trasladarse a otras zonas más favorables de la Comunidad Económica Europea, en Escocia y en otras partes del Reino Unido. No es, por tanto, ningún capricho ni contradicción el hecho de que una liberal tan conspicua como Margaret Thatcher, líder de los denominados liberales euroescépticos (entre los que me encuentro) haya defendido el modelo del nacionalismo liberal dentro de la Comunidad Económica Europea frente al del centralismo de Bruselas, puesto que la competencia entre las naciones en un entorno de libertad de comercio tiende a hacer que las medidas y regulaciones más liberales de cada una de ellas se extiendan y apliquen a las demás, por la propia fuerza de la competencia entre unas y otras (9). Por el contrario, se entiende ahora perfectamente que sea correcta la intuición de los socialistas e intervencionistas que consideran imprescindible la creación de un poderoso Estado federal europeo fuertemente centralizado en Bruselas. En efecto, ninguna medida intervencionista (en el campo laboral, social o fiscal) tendrá éxito si es que no se impone simultáneamente a todos los Estados y naciones miembros de la Comunidad Europea, por lo que los socialistas no tienen más remedio que mover el centro de gravedad de las decisiones políticas desde los Estados-naciones hacia el centro de Europa, dando cada vez más poderes y prerrogativas a los organismos de Bruselas en detrimento de los Estados-naciones que componen la Comunidad. Es curioso, además, la gran miopía de muchos políticos socialistas que, como Felipe González, aún no se ha dado cuenta de que en un Estado federal fuertemente centralizado la importancia de sus propios Estados y naciones se reduce a la mínima expresión. ¿Alguien ha oído hablar alguna vez del jefe del Estado de Tejas? Pues igualmente absurdo será pensar en el papel de un jefe de Estado o rey en el Reino Unido o en España dentro de pocos decenios, si es que las fuerzas centralizadoras en favor de Bruselas que son movidas por el espíritu del socialismo intervencionista europeo terminan, en última instancia, preponderando.

Otro ejemplo que podemos poner de un entorno de libertad de comercio en el que existen diferentes naciones compitiendo entre sí es el de la propia España. Es evidente que se da la libertad de comercio y de inmigración entre las diferentes regiones y nacionalidades de España, lo cual ha dado lugar a que en muchos ámbitos la competencia entre unas zonas y otras haya producido una cierta desregulación que si no ha avanzado más ha sido debido al gran peso que el partido socialista, fuertemente intervencionista y centralizador, ha tenido hasta ahora en todas las regiones de España. Así, recientemente, la Hacienda Foral vasca ha eliminado el impuesto sobre sucesiones, al que se encuentra sometido el resto de los ciudadanos de España (con la excepción de Navarra) y también ha permitido una regularización de balances en flagrante desafío con la voracidad fiscal manifestada por el centralismo socialista de Madrid. También es preciso señalar el caso de Navarra que por razones históricas posee una administración foral única y recauda sus propios impuestos y que, aunque hasta ahora ha utilizado sus prerrogativas históricas con gran timidez, es, en última instancia, el modelo de “administración única” que debería extenderse cuanto antes al resto de las regiones y nacionalidades de España.

4. El Papel del Estado en el Nacionalismo Liberal

El modelo de competencia entre naciones dentro de un entorno sometido a los tres principios mencionados (autodeterminación, libertad de comercio y de inmigración) ha de profundizarse tanto hacia arriba como hacia abajo en la escala de los diferentes niveles de la organización estatal. Así sucede, hacia arriba, en relación con los Estados-naciones que constituyen la Comunidad Económica Europea dentro del modelo de competencia liberal entre los mismos defendido, como hemos visto, por Margaret Thatcher. Esta competencia entre las naciones llevará, ineludiblemente, a liberalizar cada vez más, y a poner cada vez más cotas y dificultades al centralismo dirigista de Bruselas. Pero la aplicación del modelo ha de defenderse, además, hacia abajo, es decir, en relación con las regiones y naciones que constituyen los diferentes Estados de Europa. Tal sería el caso, por ejemplo, de España, y del proceso de las autonomías que, en nuestra opinión, ha de culminar con la administración única para todas las regiones y naciones de España que opten por la misma (siguiendo en cuanto a su contenido el modelo de la Comunidad Foral de Navarra que es, sin duda, el más descentralizado de los posibles).

¿Cuál sería, por tanto, el papel del Estado en el sistema liberal de nacionalidades en competencia que defendemos? Si el Estado ha de tener algún papel, ha de ser, precisamente, el de suponer la encarnación jurídica de los tres principios básicos que hacen posible la cooperación voluntaria y pacífica entre las distintas naciones. Así, en el caso de España, la Corona y el Estado solamente encontrarán en el futuro su razón de ser si garantizan y aseguran los principios esenciales del liberalismo, es decir, de la libertad completa de comercio, de empresa y de emigración, dentro de una zona y entre unas zonas y otras. Y lo mismo, en un ámbito más amplio, puede decirse respecto a la única legítima razón de ser de la Unión Europea enteramente acorde con el originario espíritu fundacional de la misma incluido en el Tratado de Roma. Además, ha de defenderse el principio de que ninguna organización estatal ha de tener atribuciones y competencias que puedan ser desarrolladas por organizaciones estatales más pequeñas e inferiores en la escala política, por lo que, de acuerdo con el principio que defendemos, conforme nos elevemos en dicha escala el contenido político concreto de las organizaciones estatales más tendrá que disminuirse, pasando las mismas a tener competencias cada vez de tipo más estrictamente jurisdiccional (tribunal de derechos humanos, dedicado básicamente a la defensa y la garantía de los principios de la libertad de empresa y de comercio). A estas competencias de tipo jurisdiccional han de añadirse, igualmente, y como válvula adicional de seguridad, unas competencias respecto al establecimiento de los límites máximos de regulación y de gravamen fiscal que puedan ser efectuados por los organismos políticos inferiores. Se trata, en suma, de evitar que las regiones y nacionalidades descentralizadas puedan sojuzgar, como ha ocurrido en Cataluña, a sus ciudadanos de forma impune, a pesar de la existencia formal de libertad de comercio y de inmigración entre unas zonas y otras. Por eso, a los procesos espontáneos de competencia entre unas y otras naciones que normalmente llevarán a un desmantelamiento de las medidas de intervención, es conveniente añadir unos topes máximos de regulación y gravamen fiscal que sean fijados por los Estados y organizaciones políticas superiores, de manera de que éstas tan sólo permitan la competencia hacia abajo en lo que a impuestos y regulación se refiere, pero jamás que los entes descentralizados sobrepasen, en ningún caso, los niveles máximos de carga fiscal y regulación que se establezcan por cada Estado.(10) Por eso, debe abandonarse el proceso de armonización legal establecido en la Comunidad Económica Europea, a través del cual en la mayoría de la ocasiones las medidas intervencionistas de cada país son impuestas en todos los demás, sustituyéndolo por un proceso de competencia desregularizadora entre las diferentes naciones, en el que la Comunidad Económica Europea tan sólo tenga un papel de tipo jurisdiccional (protección de los derechos personales y vigilancia de la libertad de comercio y de inmigración) y, en todo caso, de establecimiento de máximos en cuanto a la capacidad de intervención y regulación económica, social y fiscal de cada Estado.

5. Nacionalismo liberal versus nacionalismo socialista.

Es fácil entender, por tanto, que el origen de los males actuales que generalmente se asocian con el nacionalismo, más que tener su causa en la idea de nacionalidad, tienen su origen en que no se cumplen los tres principios básicos ya analizados del nacionalismo liberal. O dicho de otra forma, que el nacionalismo deja de ser una fuerza positiva para el proceso pacífico de cooperación social y se convierte, como en mayor o menor medida ha sucedido en relación con el actual gobierno de Cataluña, en un semillero de conflictos y sufrimientos precisamente cuando deja de ser liberal y se convierte en un nacionalismo intervencionista o dirigista. Es decir, el error se encuentra en el socialismo, en el intervencionismo y en el ejercicio sistemático de la coacción, y no en el nacionalismo per se. Si bien es preciso reconocer que, en muchas ocasiones, los intervencionistas y socialistas recurren, prostituyéndola, a la idea de nación para alimentar y justificar sus medidas de coacción. Que el origen de los problemas y conflictos se encuentre en el socialismo y en el intervencionismo, y no en el nacionalismo, puede entenderse plenamente analizando cualquier caso que se elija de conflicto nacional. Así, la guerra yugoslava desaparecería de inmediato si se estableciera una completa libertad de inmigración y un mercado común de bienes y servicios en el que se respetasen los derechos de propiedad. También el conflicto establecido por el gobierno de Cataluña en el ámbito de la educación tiene su origen en que ésta es pública, se financia con cargo a impuestos, y se decide políticamente en qué idioma va a efectuarse la enseñanza, coaccionando de manera sistemática a amplísimas capas de la población. En un entorno de libertad de enseñanza (con un bono escolar o algún sistema parecido que garantizara la libertad de elección de los ciudadanos), todo el conflicto que ha creado la Generalitat de Cataluña en el ámbito idiomático desaparecería por completo (11).

6. ¿Es posible que los nacional socialistas se conviertan al nacionalismo liberal?

El análisis del nacionalismo liberal que hemos efectuado hasta ahora posee, además, la virtualidad de permitir dar argumentos muy poderosos a aquellos defensores del ideal nacionalista que, hasta ahora, y malinterpretando las exigencias del mismo, lo han plasmado, en mayor o menor medida, de forma intervencionista o socialista.

Así, a un nacionalista, verdadero amante de la idea de la nación, se le puede argumentar que tan sólo existen dos modelos de cooperación entre las diferentes naciones: o bien el basado en los principios de libertad de comercio, inmigración y autodeterminación ya vistos, o bien el que se basa en el proteccionismo, la intervención y la coacción sistemática. Es, además, fácil de explicar a cualquier nacionalista que el modelo de protección coactiva e intervención frente a otras naciones está abocado ineludiblemente al fracaso. La autarquía a la que da lugar genera una dinámica de guerra y destrucción que, en última instancia, debilitará enormemente aquella nación a la que se quiera defender. No existe, por tanto, viabilidad alguna para el modelo proteccionista de relación entre las distintas naciones. La única alternativa viable, que con carácter general está empezando a ser reconocida entre los propios nacionalistas, es que las naciones han de competir en un plano de igualdad basado en los principios de libertad de comercio y de inmigración.

Ahora bien, suponiendo que se acepta y aplica la libertad de comercio y de inmigración entre las naciones, puede darse un paso más en la argumentación teórica con el nacionalista, y explicarle que si opta por ser, dentro del ámbito de su propia nación, un nacionalista intervencionista y regulador (es decir, en mayor o menor medida, socialista), sus medidas dirigistas se verán abocadas al fracaso si es que por algún procedimiento no logra que se apliquen simultáneamente en todas las naciones con las que compite en un amplio ámbito geográfico. Es decir, que es absurdo establecer medidas de regulación e intervención en un solo Estado-nación (por ejemplo, de la Comunidad Económica Europea) si es que no se logra que a través de una directiva o norma emanada de Bruselas se imponga la misma intervención al resto de los Estados- naciones y regiones de la Comunidad. Por tanto, aquel nacionalista de veleidades intervencionistas y socialistas, en última instancia, si persigue con ahínco y eficacia sus objetivos de intervención, lo único que logrará será traspasar el centro de gravedad de las decisiones políticas y económicas desde la nación que dice defender hasta el centro político del Estado u organización política más amplia a la que pertenezca (Madrid o Bruselas). Es decir, volvemos a darnos cuenta de cómo es correcta la intuición socialista de los Jacques Delors, Felipe González y otros eurofanáticos que, en última instancia, pretenden un reforzamiento continuo de los poderes de Bruselas. Pero lo que parece paradójico y contradictorio es que también muchos líderes nacionalistas hayan defendido, en perjuicio de sus propias naciones, el engrandecimiento de los centros estatales de poder, cuando han perseguido políticas de corte intervencionista.

Desde esta perspectiva no es atrevido afirmar que gran parte de la responsabilidad, por ejemplo, del centralismo madrileño en España, tiene su origen en el propio nacionalismo catalán que, históricamente, a la hora de conseguir y lograr privilegios en su favor (de tipo proteccionista, etc.) no ha dudado jamás en acudir a Madrid para “pactar” y conseguir leyes de ámbito estatal que obligaran a todas las regiones, incrementando, en última instancia, el poder de la capital en perjuicio de la propia nación a la que decían defender. (12) No hay, por tanto, históricamente mayores responsables del centralismo madrileño que los propios miopes nacionalistas catalanes (13). Y este paradójico resultado histórico parece que está volviéndose a repetir de nuevo en relación con el ámbito más amplio de la Comunidad Económica Europea, a la que ingenuamente recurren los líderes de las distintas regiones y nacionalidades pensando que con ello disminuyen el poder de los Estados-naciones, sin darse cuenta de que el reforzamiento federal de la Comunidad da lugar al engrandecimiento de un poder centralista, el de Bruselas, que eventualmente puede llegar a ser mucho peor. Así se convierten en extraños “compañeros de viaje” los nacionalistas ingenuos que defienden el engrandecimiento de Bruselas en perjuicio de los Estados-naciones, y los ingenuos entusiastas europeístas (como Felipe González y otros) cuya intuición socialista les lleva a reforzar el poder de Bruselas, sin que unos y otros se den cuenta de que ello se efectúa tanto a costa de una continua debilitación de la idea nacional española, y de sus símbolos más esenciales, como es el constituido por la propia monarquía, como a costa de un progresivo debilitamiento del ideal nacional de ámbito regional (cuyas decisiones cada vez cuentan menos en comparación con las que se toman en la Comunidad).

En este campo, como en otros, vemos cómo confluyen los erróneos e ingenuos intereses de nacionalistas y socialistas, todos ellos en perjuicio del verdadero espíritu liberal que ha de regular las relaciones pacíficas, armoniosas y fructíferas entre las distintas naciones.

En todo caso, no hemos de renunciar a utilizar la argumentación racional con los nacionalistas de tipo intervencionista, puesto que aquéllos en los que prepondere el ideal nacionalista sobre la ideología intervencionista o de coacción, puede ser que lleguen a terminar de entender que lo más contrario a la propia idea de nación que defienden son las políticas intervencionistas en todos los órdenes (económico, cultural, lingüístico, etc.) que hasta ahora han venido preconizando.

Quizá una de las explicaciones más plausibles para el nacionalismo intervencionista se encuentre en el complejo de inferioridad y en la falta de seguridad en sí mismas que tienen muchas naciones. Y por eso son precisamente las naciones más en retrogresión y, por tanto, más inseguras, las que de manera más violenta reaccionan contra su propio sino. En principio, podríamos afirmar que conforme una nación se encuentre en un estado de mayor retrogresión (habiendo sido absorbida por otras más ricas y dinámicas), más violentos serán los últimos estertores de su agonía (como lo prueba el caso de la nación vasca y, en menor medida, el de las manifestaciones intervencionistas en el campo lingüístico de la nación catalana). Una nación que esté segura de sí misma, que crea en su futuro y que no tema a la competencia con otras naciones en un plano de igualdad será una nación en la que más fácilmente preponderará el espíritu de cooperación liberal que hemos venido describiendo en este artículo (14).

7. Conclusión: por un nacionalismo liberal

La conclusión del análisis sobre el nacionalismo liberal que hemos efectuado en este artículo ha permitido dilucidar hasta qué punto es coherente y acertada la política de los euroescépticos iniciada por Margaret Thatcher en relación con la Comunidad Económica Europea, frente al ingenuo euroentusiasmo de los políticos europeos de tendencia socialista (Felipe González, Jacques Delors, etc.). Defendamos, por tanto, las naciones en un entorno de libertad de comercio, mercado e inmigración, pues ello es el mejor seguro de vida en contra del dirigismo, la coacción y el intervencionismo. Igualmente, hagamos ver a los miopes nacionalistas de cada Estado que todo lo que no sea el desarrollo del ideal nacional en un entorno de completa libertad va, en última instancia, en perjuicio de la propia idea de nación que ellos dicen defender. La falta de seguridad en sí mismos y de confianza en el valor de los principios culturales e idiomáticos de su nacionalidad les lleva a imponer por la fuerza un proteccionismo idiomático, cultural y económico que, en última instancia, debilita a su propia nación y la hace peligrar en el proceso de competencia liberal con las otras naciones. La nación sólo puede desarrollarse y reforzarse en un entorno de libertad y cuanto antes los nacionalistas se den cuenta de estos principios esenciales, antes abandonarán las trágicas políticas que han adoptado hasta ahora, en perjuicio de sus propias naciones y de las otras naciones con las que forzosamente han de convivir. El nacionalismo liberal, no es sólo la única concepción del nacionalismo compatible con el desarrollo de las naciones, sino que además constituye de cara al futuro el único principio de cooperación armoniosa, pacífica y fructífera entre todos los grupos sociales.

(2) Así, por vía de ejemplo, cabe señalar como la Hacienda autonómica vasca, y siguiendo el ejemplo de la regulación foral Navarra, ha eliminado de facto para los vascos el impuesto de sucesiones entre parientes, lo cual supone una muy importante mejora comparativa respecto de los ciudadanos del resto de España.
(3) Sobre la teoría austriaca de las instituciones sociales y el concepto de sociedad, entendida como un proceso espontáneo, puede consultarse a Jesús Huerta de Soto, Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, Unión Editorial, Madrid, 1992, especialmente las pp. 68-73 y 84-85.
(4) Sobre la consideración de las naciones como órdenes espontáneos o subconjuntos de la sociedad civil que compiten en el proceso social con otros órdenes nacionales debe consultarse el libro de Ludwig von Mises, Nation, State and Economy: Contributions to the Politics and History of our Time, New York University Press, Nueva York y Londres, 1983. Este libro es la traducción al inglés del originariamente publicado por Ludwig von Mises justo después de la I Guerra Mundial con el título de Nation, Staat und Wirtschaft: Beiträge zur Politik und Geschichte der Zeit, Manzsche Verlags-und Universitäts-Buchhandlung, Viena y Leipzig, 1919. Es muy significativo que este importante libro haya sido también publicado hace muy poco en italiano con el título de Stato, Nazione ed Economia, Bollati Boringhieri, Turín, 1994. Las sugestivas ideas de Mises sobre el nacionalismo fueron posteriormente desarrolladas en su notable libro Omnipotent Government: The Rise of the Total State and Total War, Arlington House, Nueva York, 1969 (la primera edición es de 1944 y fue publicada por Yale University Press; existe una traducción al castellano de Pedro Elgóibar publicada con el título de Omnipotencia Gubernamental por Editorial Hermes en Méjico en el año 1946). Ludwig von Mises fue testigo único especialmente cualificado de los graves acontecimientos que desembocaron en las dos guerras mundiales de este siglo y que, con su habitual perspicacia, explica y comenta con gran profundidad en los dos libros mencionados.
(5) Quizá sea más exacto el diagnóstico de Fernando Pessoa que considera que en Iberia existen tres naciones distintas, Castilla, Cataluña y la nación galaico-portuguesa, encuadradas en dos Estados diferentes: España y Portugal. Pessoa no se refiere a la nación vasca, quizá porque la considera una nación en retrogresión casi ya totalmente desaparecida y englobada en otras. Véanse sus artículos “Para o ensaio ‘Iberia’” y “Principios do Nacionalismo Liberal”, incluidos en Fernando Pessoa, Obra Poética e em Prosa, vol. III, Lello & Irmâo -editores, Oporto, 1986, pp. 979-1009 y 1125-1136.
(6) Véase, en este sentido, el interesante artículo de Hans-Hermann Hoppe, “Against Centralization”, publicado en The Salisbury Review, junio de 1993, pp. 26-28.
(7) Sobre las beneficiosas consecuencias del crecimiento de la población y de la inmigración deben consultarse los trabajos de Julian L. Simon y, en concreto, su Population Matters: People, Resources, Environment and Immigration, Transaction Publishers, Londres, 1990.
(8) En esta circunstancia se encuentra la mayoría de la población de Cataluña y, sobre todo, del País Vasco cuya nacionalidad es básicamente castellana y cuyos derechos políticos nadie puede discutir, pues llevan muchos años, e incluso generaciones, residiendo en dichas zonas geográficas.
(9) Este fenómeno es el que precisamente pretenden evitar los líderes socialistas europeos, y en concreto Felipe González, cuando critican despectivamente a “la Europa de los mercaderes” que se diseñó en el Tratado de Roma, y pretenden la creación de un “espacio social” e intervencionista europeo.
(10) Es misión, por tanto, de los Estados, encuadrada dentro del ámbito exclusivamente jurisdiccional de defensa de los derechos personales y de libertad de comercio, el prohibir, por ejemplo, las limitaciones a los horarios comerciales y otras medidas de intervención coactiva que han sido recientemente tomadas en Cataluña y en otras regiones españolas, y que, por su especial y propia naturaleza, se encuentran más al abrigo de los beneficiosos efectos de la competencia inter-regional.
(11) En palabras de Mises: “The way to eternal peace does not lead through strengthening state and central power, as socialism strives for. The greater the scope the state claims in the life of the individual and the more important politics becomes for him, the more areas of friction are thereby created in territories with mixed population. Limiting State power to a minimum, as liberalism sought, would considerably soften the antagonisms between different nations that live side by side in the same territory. The only true national autonomy is the freedom of the individual against the state and society. The ‘statification’ of life and of the economy leads with necessity to the struggle of nations”. Véase Nation, State and Economy, ob. cit., p. 96.
(12) Esto es lo que históricamente sucedió cuando se impuso el proteccionismo catalán a la Castilla librecambista, o en el caso de la promulgación de la ley de quiebras, hecha a medida de las exigencias de Cataluña tras la quiebra del Banco de Barcelona, o más recientemente, en el apoyo político al régimen dirigista y corrompido que actualmente ocupa el poder en Madrid en perjuicio del resto de España, gracias al soporte que recibe del nacionalismo catalán.
(13) Como muy bien ha demostrado Ludwig von Mises, “within a system of interventionism the absence of inter-State trade barriers shifts the political centre of gravity to the federal government.” Véase Omnipotent Government, ob. cit., pp. 268 y ss. en las que se explica con todo detalle las razones de teoría económica que llevan a que, en un entorno de libertad de comercio, las medidas de intervención y socialización siempre sean en perjuicio de las naciones que constituyen el Estado y a favor del centro político del mismo.
(14) “A nation that believes in itself and its future, a nation that means to stress the sure feeling that its members are bound to one another not merely by accident of birth but also by the common possession of a culture that is valuable above all to each of them, would necessarily be able to remain unperturbed when it saw individual persons shift to other nations. A people conscious of its own worth would refrain from forcibly retaining those who wanted to move away and from forcibly incorporating into the national community those who were not joining it of their own free will. To let the attractive force of its own culture prove itself in free competition with other peoples – that alone is worthy of a proud nation, that alone would be true national and cultural policy. The means of power and of political rule were in no way necessary for that.” Ludwig von Mises, Nation, State and Economy, ob. cit., p. 76. Pocas veces se han escrito unas palabras de mayor contenido, valentía y exactitud que éstas de Ludwig von Mises en relación con el concepto y el ideal del nacionalismo liberal.

 

Por qué no soy conservador, de Friedrich A. Hayek

Por qué no soy conservador, de Friedrich A. Hayek

Por qué no soy un conservador
Friedrich A. Hayek

“Siempre fue reducido el número de los auténticos amantes de la libertad; por eso, para triunfar, frecuentemente hubieron de aliarse con gentes que perseguían objetivos bien distintos de los que ellos propugnaban. Tales asociaciones, siempre peligrosas, a veces han resultado fatales para la causa de la libertad, pues brindaron a sus enemigos argumentos abrumadores”. Lord Acton, History of Freedom.

1. El conservador carece de objetivo propio
Cuando, en épocas como la nuestra, la mayoría de quienes se consideran progresistas no hacen más que abogar por continuas menguas de la libertad individual, aquellos que en verdad la aman suelen tener que malgastar sus energías en la oposición, viéndose asimilados a los grupos que habitualmente se oponen a todo cambio y evolución. Hoy por hoy, en efecto, los defensores de la libertad no tienen prácticamente más alternativa, en el terreno político, que apoyar a los llamados partidos conservadores. La postura que he defendido a lo largo de esta obra suele calificarse de conservadora, y, sin embargo, es bien distinta de aquella a la que tradicionalmente corresponde tal denominación. Encierra indudables peligros esa asociación de los partidarios de la libertad con los conservadores, en común oposición a instituciones igualmente contrarias a sus respectivos ideales. Conviene, pues, trazar una clara separación entre la filosofía que propugno y la que tradicionalmente defienden los conservadores.

El conservadurismo implica una legítima, seguramente necesaria y, desde luego, bien difundida actitud de oposición a todo cambio súbito y drástico. Nacido tal movimiento como reacción frente a la Revolución Francesa, ha desempeñado, durante siglo y medio, un importante papel político en Europa. Lo contrario del conservadurismo, hasta el auge del socialismo, fue el liberalismo. No existe en la historia de los Estados Unidos nada que se asemeje a esta oposición, pues lo que en Europa se llamó liberalismo constituyó la base sobre la que se edificó la vida política americana; por eso, los defensores de la tradición americana han sido siempre liberales en el sentido europeo de la palabra. La confusión que crea esa disparidad entre ambos continentes ha sido últimamente incrementada al pretenderse trasplantar a América el conservadurismo europeo, que, por ser ajeno a la tradición americana, adquiere en los Estados Unidos un tinte hasta cierto punto exótico. Aun antes de que esto ocurriera, los radicales y los socialistas americanos comenzaron a atribuirse el apelativo de liberales. Pese a ello, yo continúo calificando de liberal mi postura, que estimo difiere tanto del conservadurismo como del socialismo. Sin embargo, últimamente siento graves dudas acerca de la conveniencia de tal denominación, y más adelante examinaremos el problema de la que mejor convendría al partido de la libertad. Mi recelo ante el término liberal brota no sólo de que su empleo, en los Estados Unidos, es causa de constante confusión, sino del hecho de que el liberalismo europeo de tipo racionalista, lejos de propagar la filosofía realmente liberal, desde hace tiempo viene allanando los caminos al socialismo y facilitando su implantación.

Permítaseme ahora pasar a referirme al mayor inconveniente que veo en el auténtico conservadurismo. Es el siguiente: la filosofía conservadora, por su propia condición, jamás nos ofrece alternativa ni nos brinda novedad alguna. Tal mentalidad, interesante cuando se trata de impedir el desarrollo de procesos perjudiciales, de nada nos sirve si lo que pretendemos es modificar y mejorar la situación presente. De ahí que el triste sino del conservador sea ir siempre a remolque de los acontecimientos. Es posible que el quietismo conservador, aplicado al ímpetu progresista, reduzca la velocidad de la evolución, pero jamás puede hacer variar de signo al movimiento. Tal vez sea preciso “aplicar el freno al vehículo del progreso”3; pero yo, personalmente, no concibo dedicar con exclusividad la vida a tal función. Al liberal no le preocupa cuán lejos ni a qué velocidad vamos; lo único que le importa es aclarar si marchamos en la buena dirección. En realidad, se halla mucho más distante del fanático colectivista que el conservador. Comparte este último, por lo general, todos los prejuicios y errores de su época, si bien de un modo moderado y suave; por eso se enfrenta tan a menudo al auténtico liberal, quien, una y otra vez, ha de mostrar su tajante disconformidad con falacias que tanto los conservadores como los socialistas mantienen.

2. Relación triangular de los partidos
La esquemática descripción de la respectiva posición que ocupa cada uno de los tres partidos oscurece más que aclara las cosas. Se suele suponer que, sobre una hipotética línea, los socialistas ocupan la extrema izquierda y los conservadores la opuesta derecha, mientras los liberales quedan ubicados más o menos en el centro; pero tal representación encierra una grave equivocación. A este respecto, sería más exacto hablar de un triángulo, uno de cuyos vértices estaría ocupado por los conservadores, mientras socialistas y liberales, respectivamente, ocuparían los otros dos. Así situados, y comoquiera que, durante las últimas décadas, los socialistas han mantenido un mayor protagonismo que los liberales, los conservadores se han ido aproximando paulatinamente a los primeros, mientras se apartaban de los segundos; los conservadores han ido asimilando una tras otra casi todas las ideas socialistas a medida que la propaganda las iba haciendo atractivas. Han transigido siempre con los socialistas, para acabar robando a éstos su caja de truenos. Esclavos de la vía intermedia, sin objetivos propios, los conservadores fueron siempre víctimas de aquella superstición según la cual la verdad tiene que hallarse por fuerza en algún punto intermedio entre dos extremos; por eso, casi sin darse cuenta, han sido atraídos alternativamente hacia el más radical y extremista de los otros dos partidos.

Así, pues, la posición conservadora siempre ha dependido de la ubicación de las demás tendencias a la sazón operantes. Puesto que, por lo general, las cosas han marchado durante las últimas décadas hacia el socialismo, puede parecer a algunos que tanto conservadores como liberales no pretenden sino retrasar la evolución del género humano. Sin embargo, los liberales tienen objetivos específicos hacia los cuales se orientan continuamente, repugnándoles como al que más la quietud y el estancamiento. El que otrora la filosofía liberal tuviera más partidarios y algunos de sus ideales casi se consiguieran da lugar a que haya quienes crean que los liberales sólo saben mirar hacia el pasado. Pero la verdad es que el liberalismo ni ahora ni nunca ha mirado atrás. Aquellos objetivos a los que los liberales aspiran jamás en la historia fueron enteramente conseguidos. De ahí que el liberalismo siempre mirará hacia adelante, deseando continuamente purgar de imperfecciones las instituciones sociales. El liberalismo nunca se ha opuesto a la evolución y al progreso. Es más: allí donde el desarrollo libre y espontáneo se halla paralizado por el intervencionismo, lo que el liberal desea es introducir drásticas y revolucionarias innovaciones. Muy escasas actividades públicas de nuestro mundo actual perdurarían bajo un auténtico régimen liberal. En su opinión, lo que hoy con mayor urgencia precisa el mundo es suprimir, sin respetar nada ni a nadie, esos innumerables obstáculos con que se impide el libre desarrollo.

No oscurece la diferencia entre liberalismo y conservadurismo el que en los Estados Unidos sea posible abogar por la libertad individual defendiendo tradicionales instituciones formadas hace tiempo. Tales instituciones, para el liberal, no resultan valiosas por ser antiguas o americanas, sino porque convienen y apuntan hacia aquellos objetivos que él desea conseguir.

3. Conservadurismo y liberalismo
Antes de pasar a ocuparnos de los puntos en que más difieren las posiciones liberal y conservadora, me parece oportuno resaltar cuánto podían haber aprendido los liberales en las obras de algunos pensadores netamente conservadores. Los profundos y certeros estudios (ajenos por completo a los temas económicos) que tales pensadores nos legaron, demostrando la utilidad que encierran las instituciones natural y espontáneamente surgidas, vienen a subrayar hechos de enorme trascendencia para la mejor comprensión de lo que realmente es una sociedad libre. Por reaccionarias que fueran en política figuras como Coleridge, Bonald, De Maistre, Justus Möser o Donoso Cortés, lo cierto es que advirtieron claramente la importancia de instituciones formadas espontáneamente tales como el lenguaje, el derecho, la moral y diversos pactos y contratos, anticipándose a tantos modernos descubrimientos, de tal suerte que habría sido de gran utilidad para los liberales estudiar cuidadosamente sus escritos. Por lo general, los conservadores reservan para la evolución del pasado la admiración y el respeto que los liberales sienten por la libre evolución de las cosas. Carecen del valor necesario para dar la alegre bienvenida a esos mismos cambios engendradores de riqueza y progreso cuando son coetáneos.

He aquí la primera gran diferencia que separa a liberales y conservadores. Lo típico del conservador, según una y otra vez se ha hecho notar, es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo5; la postura liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole, en principio, todo lo que sea libre transformación y evolución, aun constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas. La posición de los conservadores no sería, en verdad, demasiado criticable si limitaran su oposición a la excesiva rapidez en la modificación de las instituciones sociales y políticas. Existen poderosas razones que aconsejan ser precavidos y cautos en tales materias. Pero los conservadores, cuando gobiernan, tienden a paralizar la evolución o, en todo caso, a limitarla a aquello que hasta el más tímido aprobaría. Jamás, cuando avizoran el futuro, piensan que puede haber fuerzas desconocidas que espontáneamente arreglen las cosas; mentalidad ésta en abierta contraposición con la filosofía de los liberales, quienes, sin complejos ni recelos, aceptan la libre evolución, aun ignorando a veces hasta dónde puede llevarles el proceso. Tal actitud mental contribuye a que, por principio, estos últimos confíen en que, sobre todo la economía, gracias a las fuerzas autorreguladoras del mercado, se irá acomodando espontáneamente a cualquier nueva circunstancia, aun cuando con frecuencia nadie pueda prever con detalle cómo se realizará esa acomodación. La incapacidad de la gente para percibir por qué tiene que ajustarse la oferta a la demanda, por qué han de coincidir las exportaciones con las importaciones y otros extremos parecidos tal vez sea la razón fundamental que les hace oponerse al libre desenvolvimiento del mercado. Los conservadores sólo se sienten tranquilos si piensan que hay una mente superior que todo lo vigila y supervisa; ha de haber siempre alguna autoridad que vele por que los cambios y las mutaciones se lleven a cabo “ordenadamente”.

Ese temor a que operen unas fuerzas sociales aparentemente incontroladas explica otras dos características del conservador: su afición al autoritarismo y su incapacidad para comprender el mecanismo de las fuerzas que regulan el mercado. Como desconfía tanto de las teorías abstractas como de los principios generales6, no logra percatarse de cómo funcionan esas fuerzas espontáneas que constituyen el fundamento de la libertad, ni puede, por tanto, trazarse directrices políticas. Para el conservador el orden es, en todo caso, fruto de la permanente atención y vigilancia ejercida por las autoridades; éstas, a tal fin, deben disponer de los más amplios poderes discrecionales, actuando en cada circunstancia según estimen mejor, sin tener que sujetarse a reglamentos rígidos. El establecer normas y principios generales presupone haber comprendido cómo operan aquellas fuerzas que coordinan las respectivas actuaciones de los componentes de la sociedad. Ahora bien, esta teoría general de la sociedad, y sobre todo del mundo económico, es lo que les falta a los conservadores. Han sido hasta tal punto incapaces de formular una doctrina acerca del orden social, que últimamente, en su deseo de conseguir una base teórica, han tenido que recurrir a los escritos de autores que siempre se consideraron a sí mismos liberales. Macaulay, Tocqueville, Lord Acton y Locke, indudablemente, eran liberales de los más puros. El propio Edmund Burke fue siempre un “viejo whig” y, al igual que cualquiera de los personajes antes citados, se habría horrorizado ante la posibilidad de que alguien le tomara por tory.

Pero no nos desviemos del tema que ahora nos interesa. Lo típico del conservador, decíamos, es el conferir siempre el más amplio margen de confianza a las autoridades constituidas y el procurar invariablemente que los poderes de éstas, lejos de debilitarse, se refuercen. Es ciertamente difícil, bajo tal clima, preservar la libertad. El conservador, por lo general, no se opone a la coacción ni a la arbitrariedad estatal cuando los gobernantes persiguen aquellos objetivos que él considera acertados. No se debe coartar –piensa– con normas rígidas y prefijadas la acción de quienes están en el poder, si son gentes honradas y rectas. El conservador, esencialmente oportunista y carente de principios generales, se limita, al final, a recomendar que se encomiende la jefatura del país a un gobernante sabio y bueno, cuyo imperio no proviene de esas sus excepcionales cualidades –que todos desearíamos adornaran a la superioridad–, sino de los autoritarios poderes que ejerce7. Al conservador, como al socialista, lo que le preocupa es quién gobierna, desentendiéndose del problema relativo a la limitación de las facultades atribuidas al gobernante; y, como el marxista, considera natural imponer a los demás sus valoraciones personales.

Al decir que el conservador no tiene principios, en modo alguno pretendemos afirmar que carezca de convicciones morales; todo lo contrario, ordinariamente las tiene y muy arraigadas. De lo que adolece es de falta de principios políticos que le permitan colaborar lealmente con gentes cuyas valoraciones morales difieran de las suyas, con miras a así, entre todos, organizar una sociedad en la que cada uno pueda ser fiel a sus propias convicciones. Ahora bien, sólo tal filosofía permite la pacífica coexistencia de personas de mentalidad diferente y la pervivencia de agrupaciones humanas que puedan prescindir sustancialmente de la coacción y la fuerza. Ello exige estar todos dispuestos a tolerar muchas cosas que personalmente tal vez nos desagraden. Los objetivos de los conservadores, en términos generales, me agradan mucho más que los de los socialistas; para un liberal, sin embargo, por mucho que valore determinados fines, jamás es lícito obligar a quienes aprecien de otro modo las cosas a esforzarse por la consecución de las metas apetecidas. Estoy seguro de que algunos de mis amigos conservadores se sobresaltarán por las concesiones que al parecer hago a las tendencias modernas en la parte tercera de esta obra. Tales tendencias, a mí, personalmente, en gran parte, me gustan tan poco como a ellos, y, llegado el caso, incluso votaría en contra de las mismas; pero no puedo invocar argumento alguno de tipo general para demostrar a quienes mantienen un punto de vista distinto al mío que esas medidas son incompatibles con aquella sociedad que tanto ellos como yo deseamos. El convivir y el colaborar fructíferamente en sociedad exige por tanto respeto para aquellos objetivos que pueden diferir de los nuestros personales, presupone permitir a quienes valoren de modo distinto al nuestro tener aspiraciones diferentes a las que nosotros abrigamos, por mucho que estimemos los propios ideales.

Por tales razones, el liberal, en abierta contraposición a conservadores y socialistas, en ningún caso admite que alguien tenga que ser coaccionado por razones de moral o religión. Pienso con frecuencia que la nota que tipifica al liberal, distinguiéndole tanto del conservador como del socialista, es precisamente esa su postura de total inhibición ante las conductas que los demás adopten siguiendo sus creencias, siempre y cuando no invadan ajenas esferas de actuación legalmente amparadas. Tal vez ello explique por qué el socialista desengañado, con mucha mayor facilidad y frecuencia, tranquiliza sus inquietudes haciéndose conservador en vez de liberal.

La mentalidad conservadora, en definitiva, entiende que dentro de cada sociedad existen personas patentemente superiores, cuyas valoraciones, posiciones y categorías deben protegerse, correspondiendo a tales excepcionales sujetos un mayor peso en la gestión de los negocios públicos. Los liberales, naturalmente, no niegan que hay personas de superioridad indudable; en modo alguno son igualitaristas. Pero no creen que haya nadie que por sí y ante sí se halle facultado para decidir subjetivamente quiénes, entre los ciudadanos, deban ocupar esos puestos privilegiados. Mientras el conservador tiende a mantener cierta predeterminada jerarquía y desea ejercer la autoridad para defender la posición de aquellos a quienes él personalmente valora, el liberal entiende que ninguna posición otrora conquistada debe ser protegida contra los embates del mercado mediante privilegios, autorizaciones monopolísticas o intervenciones coactivas del Estado. El liberal no desconoce el decisivo papel que ciertas élites desempeñan en el progreso cultural e intelectual de nuestra civilización; pero estima que quienes pretenden ocupar en la sociedad una posición preponderante deben demostrar esa pretendida superioridad acatando las mismas normas que se aplican a los demás.

La actitud que el conservador suele adoptar ante la democracia está íntimamente relacionada con lo anterior. Ya antes hice constar que no considero el gobierno mayoritario como un fin en sí, sino sólo como un medio, o incluso quizá como el mal menor entre los sistemas políticos entre los que tenemos que elegir. Sin embargo, se equivocan, en mi opinión, los conservadores cuando atribuyen los males de nuestro tiempo a la existencia de regímenes democráticos. Lo malo es el poder político ilimitado. Nadie tiene capacidad suficiente para ejercer sabiamente poderes omnímodos8. Las amplias facultades que ostentan los modernos gobiernos democráticos resultarían aún más intolerables en manos de un reducido grupo de privilegiados. Es cierto que sólo cuando la potestad quedó íntegramente transferida a las masas mayoritarias dejó por doquier de reclamarse la limitación de los poderes estatales. En este sentido, la democracia guarda íntima relación con la expansión de las facultades gubernamentales. Lo recusable, sin embargo, no es la democracia en sí, sino el poder ilimitado del que dirige la cosa pública, sea quien fuere. ¿Por qué no se limita el poder de la mayoría, como se intentó siempre hacer con el de cualquier otro gobernante? Dejando a un lado tales circunstancias, las ventajas que la democracia encierra, al permitir el cambio pacífico de régimen y al educar a las masas en materia política, se me antojan tan grandes, en comparación con los demás sistemas posibles, que no puedo compartir las tendencias antidemocráticas del conservadurismo. Lo que en esta materia importa no es tanto quién gobierna, sino qué poderes ha de ostentar el gobernante.

La esfera económica nos sirve para constatar cómo la oposición conservadora al exceso de poder estatal no obedece a consideraciones de principio, sino que es pura reacción contra determinados objetivos que ciertos gobiernos pueden perseguir. Los conservadores rechazan, por lo general, las medidas socializantes y dirigistas cuando del terreno industrial se trata, postura ésta a la que se suma el liberal. Ello no impide que al propio tiempo suelan ser proteccionistas en los sectores agrarios. Si bien la mayor parte del dirigismo que hoy domina en la industria y el comercio es fruto del esfuerzo socialista, no es menos cierto que las medidas restrictivas en el mercado agrario fueron, por lo general, obra de conservadores que las implantaron aun antes de imponerse las primeras. Es más: muchos políticos conservadores no se mostraron inferiores a los socialistas en sus esfuerzos por desacreditar la libre empresa.

4. La debilidad del conservador
Ya hemos aludido a las diferencias que separan a conservadores y liberales en el campo estrictamente intelectual. Conviene, no obstante, volver sobre el tema, pues la postura conservadora en tal materia no sólo supone grave quiebra para el conservadurismo como partido, sino que, además, puede perjudicar gravemente a cualquier otro grupo que con él se asocie. Intuyen los conservadores que son sobre todo nuevos idearios los agentes que provocan las mutaciones sociales. Y teme el conservador a las nuevas ideas precisamente porque sabe que carece de pensamiento propio que oponerles. Su repugnancia a la teoría abstracta, y la escasez de su imaginación para representarse cuanto en la práctica no ha sido ya experimentado, le dejan por completo inerme en la dura batalla de las ideas. A diferencia del liberal, convencido siempre del poder y la fuerza que, a la larga, tienen las ideas, el conservador se encuentra maniatado por los idearios heredados. Como, en el fondo, desconfía totalmente de la dialéctica, acaba siempre apelando a una sabiduría particular que, sin más, se atribuye.

Donde mejor se aprecia la disparidad entre estos dos modos de pensar es en su respectiva actitud ante el progreso de las ciencias. El liberal no comete el error de creer que toda evolución implica mejora; pero estima que la ampliación del conocimiento constituye uno de los más nobles esfuerzos del hombre y piensa que sólo de este modo es posible resolver aquellos problemas que tienen humana solución. No es que lo nuevo, por su novedad, le atraiga; pero sabe que es típico del hombre buscar siempre cosas nuevas antes desconocidas, y por eso está siempre dispuesto a examinar todo desarrollo científico, aun en aquellos casos en que le disgustan las consecuencias inmediatas que la novedad parezca implicar.

Uno de los aspectos para mí más recusables de la mentalidad conservadora es su oposición, por principio, a todo nuevo conocimiento, por temor a las consecuencias que, a primera vista, parezca haya de producir; digámoslo claramente: lo que me molesta del conservador es su oscurantismo. Reconozco que, mortales al fin, también los científicos se dejan llevar por modas y caprichos, por lo que siempre es conveniente recibir sus afirmaciones con cautela y hasta con desconfianza. Ahora bien, nuestra crítica deberá ser siempre racional, y, al enjuiciar las diferentes teorías, habremos de prescindir necesariamente de si las nuevas doctrinas chocan o no con nuestras creencias preferidas. Siempre me han irritado quienes se oponen, por ejemplo, a la teoría de la evolución o a las denominadas explicaciones mecánicas del fenómeno de la vida simplemente por las consecuencias morales que, en principio, parecen deducirse de tales doctrinas, así como quienes estiman impío o irreverente el mero hecho de plantear determinadas cuestiones. Los conservadores, al no querer enfrentarse con la realidad, sólo consiguen debilitar su posición. Las conclusiones que el racionalista deduce de los últimos avances científicos encierran frecuentemente graves errores y no son las que en verdad resultan de los hechos; ahora bien, sólo participando activamente en la discusión científica podemos, con conocimiento de causa, atestiguar si los nuevos descubrimientos confirman o refutan nuestro anterior pensamiento. Si llegamos a la conclusión de que alguna de nuestras creencias se apoyaba en presupuestos falsos, estimo que sería incluso inmoral seguir defendiéndola pese a contradecir abiertamente la verdad.

Esa repugnancia que el conservador siente por todo lo nuevo y desusado parece guardar cierta relación con su hostilidad hacia lo internacional y su tendencia al nacionalismo patriotero. Esta actitud también resulta perjudicial para la postura conservadora en la batalla de las ideas. Es un hecho incuestionable para el conservador que las ideas que modelan y estructuran nuestro mundo no respetan fronteras. Y pues no está dispuesto a aceptarlas, cuando tiene que luchar contra las mismas advierte con estupor que carece de las necesarias armas dialécticas. Las ideas de cada época se desarrollan en lo que constituye un gran proceso internacional; y sólo quienes participan activamente en el mismo son luego capaces de influir de modo decisivo en el curso de los acontecimientos. En estas lides de nada sirve afirmar que cierta idea es antiamericana, antibritánica o antigermana. Una teoría torpe y errada no deja de serlo por haberla concebido un compatriota.

Aunque mucho más podría decir sobre el conservadurismo y el nacionalismo, creo que es mejor abandonar el asunto, pues algunos tal vez pensarán que es mi personal situación lo que me induce a criticar todo tipo de nacionalismo. Sólo agregaré que esa predisposición nacionalista que nos ocupa es con frecuencia lo que induce al conservador a emprender la vía colectivista. Después de calificar como nuestra tal industria o tal riqueza, sólo falta un paso para demandar que dichos recursos sean puestos al servicio de los intereses nacionales. Sin embargo, es justo reconocer que aquellos liberales europeos que se consideran hijos y continuadores de la Revolución Francesa poco se diferencian en esto de los conservadores. Creo innecesario decir que el nacionalismo nada tiene que ver con el patriotismo, así como que se puede repudiar el nacionalismo sin por ello dejar de sentir veneración por las tradiciones patrias. El que me agrade mi país, sus usos y costumbres, en modo alguno implica que deba odiar cuanto sea extranjero y diferente.

Sólo a primera vista puede parecernos paradójico que la repugnancia que el conservador siente por lo internacional vaya frecuentemente asociada a un agudo imperialismo. El repugnar lo foráneo y el hallarse convencido de la propia superioridad inducen al individuo a considerar como misión suya civilizar a los demás y, sobre todo, civilizarlos, no mediante el intercambio libre y deseado por ambas partes que el liberal propugna, sino imponiéndoles “las bendiciones de un gobierno eficiente”. Es significativo que en este terreno encontremos con frecuencia a conservadores y socialis-tas aunando sus fuerzas contra los liberales. Ello aconteció no sólo en Inglaterra, donde fabianos y webbs fueron siempre abiertamente imperialistas, o en Alemania, donde fueron de la mano el socialismo de Estado y la expansión colonial, también en los Estados Unidos, donde ya en tiempos del primer Roosevelt pudo decirse: “Los jingoístas y los reformadores sociales habían aunado sus esfuerzos formando un partido político que amenazaba con ocupar el poder y utilizarlo para su programa de cesarismo paternalista; tal peligro, de momento, parece haber sido evitado, pero sólo a costa de haber adoptado los demás partidos idéntico programa, si bien en forma más gradual y suave”.

5. ¿Por qué no soy conservador?
En un solo aspecto puede decirse con justicia que el liberal se sitúa en una posición intermedia entre socialistas y conservadores. En efecto, rechaza tanto el torpe racionalismo del socialista, que quisiera rehacer todas las instituciones sociales a tenor de ciertas normas dictadas por sus personales juicios, como del misticismo en que con tanta facilidad cae el conservador. El liberal se aproxima al conservador en cuanto desconfía de la razón, pues reconoce que existen incógnitas aún sin desentrañar; incluso duda a veces que sea rigurosamente cierto y exacto todo aquello que se suele estimar definitivamente resuelto, y, desde luego, le consta que jamás el hombre llegará a la omnisciencia. El liberal, por otra parte, no deja de recurrir a instituciones o usos útiles y convenientes aunque no hayan sido objeto de organización consciente. Difiere del conservador precisamente en este su modo franco y objetivo de enfrentarse con la humana ignorancia y reconoce lo poco que sabemos, rechazando todo argumento de autoridad y toda explicación de índole sobrenatural cuando la razón se muestra incapaz de resolver determinada cuestión. A veces puede parecernos demasiado escéptico, pero la verdad es que se requiere un cierto grado de escepticismo para mantener incólume ese espíritu tolerante típicamente liberal que permite a cada uno buscar su propia felicidad por los cauces que estima más fecundos.

De cuanto antecede en modo alguno se sigue que el liberal haya de ser ateo. Antes al contrario, y a diferencia del racionalismo de la Revolución Francesa, el verdadero liberalismo no tiene pleito con la religión, siendo muy de lamentar la postura furibundamente antirreligiosa adoptada en la Europa decimonónica por quienes se denominaban liberales. Que tal actitud es esencialmente antiliberal lo demuestra el que los fundadores de la doctrina, los viejos whigs ingleses, fueron en su mayoría gente muy devota. Lo que en esta materia distingue al liberal del conservador es que, por profundas que puedan ser sus creencias, aquél jamás pretende imponerlas coactivamente a los demás. Lo espiritual y lo temporal son para él esferas claramente separadas que nunca deben confundirse.

6. ¿Qué nombre daríamos al partido de la libertad?
Lo dicho hasta aquí basta para evidenciar por qué no me considero conservador. Muchos, sin embargo, estimarán dificultoso el calificar de liberal mi postura, dado el significado que hoy se atribuye generalmente al término; parece, pues, oportuno abordar la cuestión de si tal denominación puede ser, en la actualidad, aplicada al partido de la libertad. Con independencia de que yo, durante toda mi vida, me he calificado de liberal, vengo utilizando tal adjetivo, desde hace algún tiempo, con creciente desconfianza, no sólo porque en los Estados Unidos el vocablo da lugar a continuas confusiones, sino porque cada vez voy viendo con mayor claridad el insoslayable valladar que me separa de ese liberalismo racionalista típico de la Europa continental y aun del de los utilitaristas británicos.

Si por liberalismo entendemos lo que entendía aquel historiador inglés que en 1827 definía la revolución de 1688 como “el triunfo de esos principios hoy en día denominados liberales o constitucionales”; si se atreviera uno, con Lord Acton, a saludar a Burke, Macaulay o Gladstone como los tres grandes apóstoles del liberalismo, o, con Harold Laski, a decir que Tocqueville y Lord Acton fueron “los auténticos liberales del siglo xix”, sería para mí motivo del máximo orgullo el adjudicarme tan esclarecido apelativo. Me siento inclinado a llamar verdadero liberalismo a las doctrinas que los citados autores defendieron. La verdad, sin embargo, es que quienes en el continente europeo se denominaron liberales propugnaron en su mayoría teorías a las que estos autores habrían mostrado su más airada oposición, impulsados más por el deseo de imponer al mundo un cierto patrón político preconcebido que por el de permitir el libre desenvolvimiento de los individuos. Casi otro tanto cabe predicar del sedicente liberalismo inglés, al menos desde la época de Lloyd George.

En consecuencia, debemos reconocer que actualmente ninguno de los movi-mientos y partidos políticos calificados de liberales puede considerarse liberal en el sentido en que yo he venido empleando el vocablo. Asimismo, las asociaciones mentales que, por razones históricas, hoy en día suscita el término seguramente dificultarán el éxito de quienes lo adopten. Planteadas así las cosas, resulta muy dudoso si en verdad vale la pena intentar devolver al liberalismo su primitivo significado. Mi opinión personal es que el uso de tal palabra sólo sirve para provocar confusión si previamente no se han hecho todo género de salvedades, siendo por lo general un lastre para quien la emplea.

Por resultar imposible, de hecho, en los Estados Unidos, servirse del vocablo en el sentido en que yo lo empleo, últimamente se está recurriendo al uso del término libertario. Tal vez sea ésa una solución; a mí, de todas suertes, me resulta palabra muy poco atractiva. Me parece demasiado artificiosa y rebuscada. Por mi parte, también he pretendido hallar una expresión que reflejara la afición del liberal por lo vivo y lo natural, su amor a todo lo que sea desarrollo libre y espontáneo. Pero en verdad que he fracasado.

7. Apelación a los old whigs
Lo más curioso de la situación es que esa filosofía que propugnamos, cuando apareció en Occidente, tenía un nombre, y el partido que la defendía también poseía un apelativo por todos admitido. Los ideales de los whigs ingleses cristalizaron en aquel movimiento que, más tarde, toda Europa denominó liberal, movimiento en el que se inspiraron los fundadores de los actuales Estados Unidos para luchar por su independencia y al redactar su carta constitucional. Whigs se denominaron, entre los anglosajones, los partidarios de la libertad, hasta que el impulso demagógico, totalitario y socializante que nace con la Revolución Francesa viniera a transmutar su primitiva filosofía.

El vocablo desapareció en su país de origen, en parte, debido a que el pensamiento que había representado durante cierta época dejó de ser patrimonio exclusivo de un determinado partido político y, en parte, porque quienes se agrupaban tras esa denominación traicionaron sus originarios ideales. Su facción revolucionaria acabó desacreditando, a lo largo del siglo pasado, tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, a los partidos whig. Si tenemos en cuenta que el movimiento deja de denominarse whig para adoptar el calificativo de liberal precisamente cuando queda infectado del racionalismo rudo y dictatorial de la Revolución Francesa –correspondiendo a nosotros la tarea de destruir ese racionalismo nacionalista y socializante que tanto daño ha hecho al partido–, creo que la palabra whig es la que mejor refleja tal conjunto de ideas. Mis estudios sobre la evolución política me hacen ver cada vez con mayor claridad que, durante toda mi vida, siempre fui “un viejo whig” (y subrayo lo de “viejo”).
Lo anterior, sin embargo, en modo alguno quiere decir que desee retornar a la situación en que el mundo se hallaba al finalizar el siglo xvii. Uno de los objetivos de este libro consiste precisamente en demostrar cómo ideas que se gestaron en aquel momento histórico no dejaron de desarrollarse y progresar desde entonces hasta hace unos setenta u ochenta años, generalizándose y dejando de constituir patrimonio exclusivo de un determinado partido. Después hemos ido paulatinamente descubriendo trascendentes verdades otrora desconocidas, a cuya luz podemos hoy patentizar mejor lo acertado y fecundo de aquel ideario. Tal vez nuestros modernos conocimientos nos obliguen a dar nueva presentación a la doctrina, pero sus fundamentos básicos siguen siendo los mismos que intuyeran los viejos whig. Es cierto que la postura que más tarde adoptaron algunos de sus representantes ha hecho dudar a algunos historiadores de que, efectivamente, el partido whig profesara la filosofía que le atribuimos; pero, como acertadamente escribe Lord Acton, aunque es indudable “la torpeza de algunos de los patriarcas de la doctrina, la idea de una ley suprema, que se halla por encima de nuestros ordenamientos y códigos –idea de la que parte toda la filosofía whig– es la gran obra que el pensamiento británico legó a la nación”… y al mundo entero, agregamos nosotros. He ahí el ideario en que por entero se basa la tradición anglosajona, la doctrina que proporcionó al liberalismo continental europeo lo que de bueno encierra, la filosofía en que se fundamenta el sistema político de los Estados Unidos. No coincidían con el ideario en cuestión ni el radicalismo de un Jefferson ni el conservadurismo de un Hamilton o incluso de un John Adams. Sólo un James Madison, el “padre de la Constitución”, sabría brindarnos la correspondiente formulación americana.

No sé realmente si vale la pena infundir nueva vida al viejo vocablo whig. El que en la actualidad, tanto en los países anglosajones como fuera de ellos, la gente sea incapaz de dar al vocablo un contenido preciso, más que un inconveniente, me parece una ventaja. Para las personas preparadas y conocedoras de la evolución política, en cambio, posiblemente sea el único término que refleja cumplidamente lo que implica este modo de pensar. Harto elocuente es el malestar y la desazón que al conservador, y aún más al socialista arrepentido, convertido a los ideales conservadores, produce todo lo auténticamente whig. Demuestran con ello un agudo instinto político, pues fue la filosofía whig el único conjunto de ideas que opuso un racional y firme valladar a la opresión y a la arbitrariedad política.

8. Principios teóricos y posibilidades prácticas
Pero ¿acaso tiene tanta trascendencia la cuestión del nombre? Allí donde, como acontece en los Estados Unidos, las instituciones son aún sustancialmente libres y la defensa de la libertad, por tanto, las más de las veces coincide con la defensa del orden imperante, no parece que haya de encerrar grave peligro el denominar conservadores a los partidarios de la libertad, aun cuando, en más de una ocasión, a estos últimos ha de resultar embarazosa tan plena identificación con quienes sienten tan intensa aversión al cambio. No es lo mismo defender una determinada institución por el mero hecho de existir que propugnarla por estimarla fecunda e interesante. El hecho de que el liberal coincida con otros grupos en su oposición al colectivismo no debe hacer olvidar que mira siempre hacia adelante, hacia el futuro; ni siente románticas nostalgias, ni desea idealmente revivir el pasado.

Es, pues, imprescindible trazar una clara separación entre estos dos modos de pensar, sobre todo cuando, como ocurre en muchas partes de Europa, los conservadores han aceptado ya gran parte del credo colectivista. En efecto, las ideas socialistas han dominado la escena política europea durante tanto tiempo, que muchas instituciones de indudable signo colectivista son ya por todos aceptadas, siendo incluso motivo de orgullo para aquellos partidos conservadores que las implantaron. En estas circunstancias, el partidario de la libertad no puede menos de sentirse radicalmente opuesto al conservadurismo, viéndose obligado a adoptar una actitud de franca rebeldía ante los prejuicios populares, los intereses creados y los privilegios legalmente reconocidos. Los errores y los abusos no resultan menos dañinos por el hecho de ser antiguos y tradicionales.

Tal vez sea sabio el político que se atiene a la máxima del quieta non movere; pero dicha postura repugna en principio al estudioso. Reconoce éste, desde luego, que en política conviene proceder con cautela, no debiendo el estadista actuar en tanto la opinión pública no esté debidamente preparada y dispuesta a seguirle; ahora bien, lo que aquél jamás hará es aceptar determinada situación simplemente porque la opinión pública la respalde. En este nuestro mundo actual, donde de nuevo, como en los albores del siglo xix, la gran tarea estriba en suprimir todos esos obstáculos e impedimentos, arbitrados por la insensatez humana, que coartan y frenan el espontáneo desarrollo, es preciso buscar el apoyo de las mentes progresistas; es decir, de aquellos que, aun cuando posiblemente estén hoy moviéndose en una dirección equivocada, desean no obstante enjuiciar de modo objetivo lo existente, a fin de modificar todo lo que sea necesario.

Creo que a nadie habré confundido por utilizar en varias ocasiones el término partido al referirme a la agrupación de quienes defienden cierto conjunto de normas morales y científicas. No he querido, desde luego, asociarme con ninguno de los partidos políticos existentes. Dejo en manos de ese “hábil y sinuoso animal, vulgarmente denominado estadista o político, que sabe siempre acomodar sus actos a la situación del momento”, el problema de cómo incorporar a un programa que resulte atractivo a las masas el ideario que en el presente libro he querido exponer hilvanando retazos de una tradición ya casi perdida. El estudioso en materia política debe aconsejar e ilustrar a la gente; pero no le compete organizarla y dirigirla hacia la consecución de objetivos específicos. El teórico sólo desempeñará eficazmente aquella función si prescinde de que sus recomendaciones sean o no, por razones políticas, plasmables en la práctica. Debe atender sólo a los “principios generales que jamás varían”. Dudo mucho, por ello, que ningún auténtico investigador político pueda jamás ser de verdad conservador. La filosofía conservadora puede ser útil en la práctica, pero no nos brinda norma alguna que nos indique hacia dónde, a la larga, debemos orientar nuestras acciones.

 

La competencia como proceso de descubrimiento (Hayek)

La competencia como proceso de descubrimiento (Hayek)

 

Este es uno de los ensayos clásicos de Friedrich A. von Hayek. Quizás el que mayor influencia haya tenido en el pensamiento posterior. Su idea central consiste en que el conocimiento necesario para el desarrollo económico no es algo que esté dado de antemano, sino que sólo se descubre en el marco de la libre competencia. El mercado es, entonces, un mecanismo de extracción y transmisión de la información no substituible por la planificación central.

La Competencia

La competencia economía Es difícil defender a los economistas del cargo de haber discutido la competencia, por cerca de 40 o 50 años, basándose en conjeturas que si reflejaran la verdad del mundo real harían que la competencia fuera algo sin interés e inútil. Si alguien conociera efectivamente todo lo concerniente a aquello que la teoría económica llama datos, la competencia sería, en realidad, un método inútil para asegurar un ajuste a estos hechos. No es sorprendente, por tanto, que algunos se hayan visto inducidos a concluir que podemos prescindir totalmente del mercado, o que los resultados de éste sólo deberían usarse como un primer paso para garantizar una producción de bienes y servicios que podamos manejar, corregir o redistribuir del modo que queramos. Otros, cuya idea de la competencia pareciera derivar únicamente de los textos modernos, han concluido, naturalmente, que ésta no existe.
Contra esto es útil recordar que dondequiera que se pueda justificar racionalmente el uso de la competencia, ello será sólo sobre la base de que no conocemos anticipadamente los hechos que determinan las acciones de los competidores. Ya sea en los deportes como en los exámenes, y no menos en la adjudicación de contratos gubernamentales o de premios a la poesía, sería obviamente inútil organizar competencias si supiéramos de antemano quién será el ganador. Como se indica en el título de la conferencia, propongo que la competencia sea considerada como un procedimiento para descubrir hechos que, de no recurrir a ella, serían desconocidos para todos o, por lo menos, no serían utilizados.

Esto puede parecer tan obvio e irredargüible a primera vista como para que no merezca ninguna atención. No obstante, de la formulación explícita del aparente axioma anterior se siguen de inmediato algunas interesantes consecuencias, las que no son tan obvias. Una de ellas es que la competencia es valiosa sólo porque, y en tanto, sus resultados son imprevisibles y diferentes, en general, de aquellos que alguien pudiera haber perseguido deliberadamente. Y, aún más, que los efectos generalmente provechosos de la competencia deben incluir el desilusionar o derrotar algunas expectativas o intenciones particulares.
En estrecha conexión con esto hay una interesante consecuencia metodológica, la que es de gran utilidad para explicar el descrédito en que ha caído el enfoque microeconómico de la teoría. A pesar de que esta teoría, a mi juicio, pareciera ser la única capaz de explicar el papel de la competencia, ya no es comprendida ni siquiera por algunos supuestos economistas. Por consiguiente, vale la pena decir inicialmente algunas palabras acerca de la peculiaridad metodológica de la teoría de la competencia, cualquiera ésta sea, puesto que ella ha hecho que sus conclusiones resulten sospechosas para muchos de los que aplican habitualmente una prueba sobresimplificada para decidir qué es lo que están dispuestos a aceptar como algo científico. La consecuencia necesaria de la razón por la que utilizamos la competencia es que en aquellos casos en que es relevante nunca puede demostrarse la validez empírica de la teoría. Podemos someterla a pruebas en modelos conceptuales y podríamos examinarla en situaciones reales, creadas artificialmente, donde los hechos que deberían ser descubiertos por la competencia son ya conocidos por el observador. Pero en tales casos ello no tiene ningún valor práctico, de modo que llevar a cabo el experimento no justificaría su costo. Si no podemos conocer los hechos que esperamos descubrir por medio de la competencia, nunca podremos comprobar cuán efectiva ha sido ésta para descubrir aquellos hechos que podrían revelarse. Lo único que podemos descubrir es que, en general, las sociedades que se atienen a la competencia para lograr este propósito han alcanzado sus objetivos más exitosamente que las otras. Esta es una conclusión que la historia de la civilización parece haber confirmado fehacientemente.

La peculiaridad de la competencia —lo que tiene en común con el método científico— es que su desempeño no puede ser sometido a pruebas en los casos particulares en que es significativa, sino que se demuestra sólo por el hecho de que en comparación con otras disposiciones alternativas será el mercado el que prevalecerá. Las ventajas de los procedimientos científicos aceptados nunca pueden ser probadas científicamente; únicamente la experiencia común puede demostrar que, en general, dichos proce-
dimientos son más aptos para suministrar los bienes que los enfoques alternativos.

La diferencia entre la competencia económica y los exitosos procedimientos de la ciencia consiste en que la primera es un método para descubrir hechos particulares que son relevantes para alcanzar objetivos específicos temporales, en tanto que la ciencia aspira al descubrimiento de lo que se denomina a veces “hechos generales”, que son regularidades de los acontecimientos. La ciencia se ocupa de hechos particulares únicos, sólo hasta el punto en que éstos ayudan a confirmar o refutar teorías. Dado que ellos se refieren a rasgos permanentes y generales del mundo, los descubrimientos de la ciencia disponen de mucho tiempo para probar su valor. En contraste, los beneficios de los hechos particulares, cuya utilidad se descubre mediante la competencia en el mercado, son en gran medida transitorios. En lo que concierne a la teoría del método científico, sería tan fácil desacreditarla, basándose en que ésta no lleva a predicciones comprobables respecto a lo que puede descubrir la ciencia, como lo sería desacreditar la teoría del mercado sobre la base de que no logra predecir los resultados particulares que éste alcanzará. Dada la naturaleza del caso, la teoría de la competencia no puede hacerlo en ninguna situación en que fuera razonable utilizarla. Como veremos, su capacidad de predecir está necesariamente limitada a vaticinar el tipo de patrón o el carácter abstracto del orden que se forma, pero no se extiende a la predicción de hechos particulares.

II
Habiéndome despojado de esta enojosa preocupación, volveré al tema central de esta conferencia, señalando que la teoría económica parece cerrarse a veces, desde un principio, el camino hacia una evaluación del carácter del proceso de la competencia, ya que parte de la suposición de una oferta “dada” de los bienes escasos. Pero, cuáles son éstos o qué cosas constituyen mercaderías y cuán escasas o valiosas son éstas es lo que la competencia, precisamente, debe descubrir. Unicamente los resultados provisorios, que resultan del proceso del mercado en cada etapa, indican a los individuos lo que deben buscar. La utilización del conocimiento, ampliamente disperso en una sociedad que tenga una distribución extensiva del trabajo, no puede descansar en el hecho de que los individuos conozcan todos los usos particulares a los cuales pueden aplicarse las cosas que les son familiares dentro de su propio medio ambiente individual. Los precios dirigen su atención a aquello que vale la pena descubrir respecto de lo que el mercado ofrece en materia de ciertos bienes y servicios. Esto significa que las combinaciones de conocimientos y habilidades individuales —en alguna medida, siempre únicas—, que el mercado permite usar, no constituyen, ni siquiera en una mera primera instancia, un conocimiento de los hechos que los individuos puedan registrar y comunicar, si alguna autoridad así lo solicitase. El conocimiento al cual me refiero consiste más bien en una capacidad para descubrir las circunstancias especiales, lo que sólo será efectivo si los poseedores de este conocimiento son informados por el mercado acerca de qué clase de bienes o servicios son requeridos y cuál es la urgencia de esta necesidad.

Esto debe bastar para indicar a cuál tipo de conocimiento me refiero cuando llamo a la competencia “un método de descubrimiento”. Habría mucho que agregar para revestir con carne concreta los huesos desnudos de esta afirmación, y, de este modo, poder demostrar toda su importancia práctica. Pero debo contentarme con indicar brevemente, en esta forma, lo absurdo que es el procedimiento usual de iniciar el análisis con una situación en que todos los hechos son supuestamente conocidos. Esta es una situación que la teoría económica, curiosamente, denomina la competencia perfecta. Esta no deja lugar, en parte alguna, a la actividad llamada competencia, la que se supone que ya ha ejecutado su tarea. Sin embargo, debo apresurarme para examinar una cuestión en la que existe aún mayor confusión, a saber, el significado del argumento de que el mercado ajusta espontáneamente las actividades a los hechos que descubre, o la cuestión de la finalidad con que el mercado utiliza esta información.

La confusión que aquí predomina se debe principalmente a la manera errónea de considerar el orden que produce el mercado como una “economía”, en el estricto sentido de la palabra, y al hecho de juzgar los resultados del proceso del mercado con criterios que son apropiados solamente para una específica comunidad organizada, al servicio de una jerarquía determinada de fines. Pero tal jerarquía de fines no es relevante para la compleja estructura compuesta por innumerables disposiciones económicas individuales. A esta última, desafortunadamente, también la describimos con la misma palabra: “economía”, pese a que es fundamentalmente diferente y debe ser juzgada, entonces, por patrones distintos. Una economía, en estricto sentido, es una organización u ordenamiento en el que alguien adjudica deliberadamente recursos a un orden unitario de fines. El orden espontáneo producido por el mercado no es de esta especie, y en muchos aspectos importantes no se comporta como una economía propiamente tal. En particular, el orden espontáneo es diferente porque no garantiza que aquellas necesidades que la opinión general considera más importantes serán siempre satisfechas, antes que las escaseces menos trascendentes. Esta es la razón principal por la cual la gente objeta este orden. En efecto, el socialismo no es otra cosa que un requerimiento para que el orden del mercado (o “catalaxia”, como prefiero llamarlo, para evitar toda confusión con una economía propiamente dicha) se transforme en una economía en su sentido estricto, en la que una escala común de prioridades determine cuáles de las diversas necesidades deben ser satisfechas y cuáles no.
El problema que presenta este objetivo socialista es doble. Así como ocurre en toda organización deliberada, sólo el conocimiento del organizador puede participar en el diseño de la economía propiamente tal, y todos los miembros de dicha economía —concebida como una organización intencional— deben guiarse en sus acciones por la jerarquía unitaria de los fines que ésta sirve. Por otro lado, las ventajas del orden espontáneo del mercado, o de la “catalaxia” son, respectivamente, dos: 1) el conocimiento que se usa en el mercado es aquel que poseen todos sus miembros, y 2) los fines que sirve son los objetivos propios de aquellos individuos, en toda su variedad y desacuerdo.

De esta realidad surgen ciertas dificultades intelectuales que inquietan no solamente a los socialistas sino también a la totalidad de los economistas que quieren cuantificar los logros del orden del mercado, ya que si éste no está al servicio de un orden determinado de fines, y si, en realidad, al igual que todo orden formado espontáneamente no puede estimarse legítimamente que tenga fines particulares, tampoco es posible, por tanto, expresar el valor de sus resultados como una suma de sus productos individuales determinados. ¿Qué entendemos, entonces, cuando afirmamos que el orden del mercado produce, en cierto sentido, lo máximo o lo óptimo?

A pesar de que no puede decirse que la existencia de un orden espontáneo, no creado para un fin particular, tenga propiamente una finalidad, dicho orden puede, sin embargo, conducir en gran medida al logro de muchos fines particulares diferentes, los que no son conocidos, en su conjunto, por ninguna persona singular ni por grupos relativamente pequeños de individuos. En efecto, la acción racional sólo es posible en un mundo totalmente ordenado. Por consiguiente, es lógico intentar crear las condiciones bajo las cuales será sumamente probable que un individuo, tomado el azar, alcance sus fines en forma tan efectiva como le sea posible, aun cuando no pueda predecirse cuáles serán los objetivos particulares favorecidos y cuáles no.

Como hemos visto, los resultados de un método de descubrimiento son, por naturaleza, imprevisibles, y lo único que podemos esperar de la adopción de un método efectivo de descubrimiento es mejorar las oportunidades de los individuos que no conocemos. El único objetivo común que podemos perseguir al elegir esta técnica de ordenamiento de los asuntos sociales es la clase general de patrón o el carácter abstracto del orden que se formará.

III
Los economistas suelen referirse al orden que produce la competencia como un equilibrio; un término poco feliz, ya que tal equilibrio presupone que los hechos ya han sido descubiertos, y que ha cesado, por tanto, la competencia. El concepto de “orden”, que prefiero al de equilibrio —por lo menos para la discusión de los problemas de la política económica—, tiene la ventaja de que podemos hablar significativamente de un orden que hasta cierto punto es abordable, en diversos grados, y que puede ser conservado a través de un proceso de cambios. Si bien el equilibrio económico no existe, hay cierta justificación para afirmar que la clase de orden, del cual nuestra teoría describe un tipo ideal, llega a ser alcanzado en alto grado.

Este orden se manifiesta, en primer lugar, en la circunstancia de que las expectativas en torno a las transacciones que logren efectuarse con otros miembros de la sociedad —sobre las cuales se basan los planes de los diversos asuntos económicos— pueden ser satisfechas en su mayor parte. Este ajuste mutuo de los planes individuales es originado por aquello que —desde que las ciencias físicas comenzaron también a preocuparse de los órdenes espontáneos o sistemas auto-organizativos— hemos aprendido a llamar “retroalimentación negativa”. En efecto, como lo reconocen inteligentes biólogos: “[M]ucho antes que Claude Bernard, Clark Maxwell, Walter B. Cannon o Norbert Wiener hubieran desarrollado la cibernética, Adam Smith, en La Riqueza de las naciones, usó esta idea en forma igualmente clara. La ‘mano invisible’ que regula los precios hasta el último detalle está manifiestamente contenida en esta idea. En un mercado libre, dice Smith, los precios se regulan por la retroalimentación negativa”.

Veremos que es de crucial importancia para la comprensión del funcionamiento del mercado el hecho de que un alto grado de coincidencias de expectativas tenga por causa la desilusión sistemática de algún tipo de expectativas. Pero lo que logra el mercado no es sólo un ajuste mutuo de los planes individuales; también garantiza que todo lo que se produce lo será por la gente que puede hacerlo a menos precio (o por lo menos igualmente barato) que otros que no lo producen (y que no pueden dedicar su energía a elaborar algo que sea comparativamente más barato), y que todo producto será vendido a un precio inferior a aquel que pudiera suministrar otra persona que, de hecho, no lo produce. Esto, por supuesto, no excluye la posibilidad de que algunos obtengan ganancias considerables sobre sus costos si éstos son muy inferiores a aquellos del productor potencial más eficiente. Pero ello significa que, de la combinación de mercaderías que de hecho se producen, conseguiremos producir la cantidad que nos lo permita algún método conocido. Por supuesto que no será tanto como lo que pudiéramos producir si el conocimiento que alguien tuviera o pudiera adquirir fuese dirigido por una entidad y puesto en un computador (el costo de descubrirlo, sin embargo, sería considerable). Pero no somos ecuánimes con los logros del mercado si lo juzgamos desde lo alto, comparándolo con un patrón ideal que no podemos conocer de manera alguna. Si juzgamos al mercado, como debería ser, desde abajo, entonces deberíamos contrastarlo con lo que podríamos alcanzar por cualquier otro método, especialmente en relación a lo que podría ser producido si se le impidiese hacerlo a la competencia, es decir, si sólo aquellos a quienes alguna autoridad hubiera dado el derecho de producir o vender algunas cosas particulares estuvieran autorizados para hacerlo. Sólo debemos tener presente cuán difícil es, dentro de un sistema competitivo, descubrir formas de abastecer a los consumidores con bienes de mejor calidad o más baratos que los que ya obtienen. Dondequiera que detectemos la existencia de esas oportunidades no aprovechadas, descubriremos por lo general que ellas no se han desarrollado, no son utilizadas, porque su uso es impedido ya sea por el poder de la autoridad (incluso por la imposición de privilegios de patentes) o por algún mal uso personal del poder que la ley debería prohibir.

Al respecto, no debe olvidarse que el mercado sólo ocasiona una aproximación hacia algún punto de esa superficie multidimensional, en virtud de lo cual la teoría económica pura representa el horizonte de todas las posibilidades hacia las cuales puede intentarse llevar la producción de cualquier combinación proporcional de mercancías y servicios. El mercado deja, en gran medida, la combinación particular de bienes y su distribución entre los individuos a circunstancias imprevisibles y, en este sentido, a la casualidad. Esto es, según lo había comprendido ya Adam Smith, como si hubiéramos aceptado participar en un juego, parcialmente de habilidad y también, en parte, de suerte. Este juego competitivo, al precio de dejar a la casualidad, en alguna medida, la cuota de cada individuo, garantiza que el equivalente real de lo que resultará ser su cuota será tan grande como sepamos hacerlo. El juego no es, como se dice hoy, uno de suma-cero, sino uno a través del cual, si se juega conforme a las reglas, se amplía el pozo compartible, dejando las cuotas individuales en el pozo, en gran medida, a la suerte. Una mente que comprenda todos estos hechos podría seleccionar de la superficie el punto que deseara y distribuir este producto del modo que estimase más adecuado. Pero el único punto presente (o tolerablemente cercano) en el horizonte de las posibilidades que podemos alcanzar es aquel al cual llegaremos si dejamos su determinación al mercado. El así llamado “máximo” que alcanzamos en forma natural no puede ser definido como una suma de cosas singulares, sino sólo en función de la oportunidad que ofrece a gente desconocida de obtener el más amplio y efectivo equivalente posible para sus cuotas relativas, las que serán determinadas en parte por la casualidad. Puesto que sus resultados no pueden simplemente evaluarse en términos de una escala única de valores, como es el caso en una economía propiamente tal, resulta muy engañoso intentar evaluar los resultados de la “catalaxia” como si ésta fuera una economía.

IV
La interpretación errónea del orden del mercado, como una economía que puede y debe satisfacer necesidades diversas en un cierto orden de prioridad, aparece especialmente en los esfuerzos de las políticas destinadas a corregir los precios e ingresos, en función de lo que se denomina “justicia social”. Cualquiera sea el significado que los filósofos sociales hayan atribuido a este concepto, en la práctica de la política económica éste ha implicado siempre la protección de ciertos grupos, para evitar que éstos desciendan necesariamente de la posición material absoluta o relativa que han disfrutado durante cierto tiempo. No obstante, éste no es un principio sobre cuya base se puede actuar en forma general, sin destruir con ello los fundamentos del orden del mercado. No sólo el incremento continuo, sino que en ciertas circunstancias aun la mera mantención del nivel existente de ingresos, depende de la adaptación a ciertos cambios imprevisibles. Esto implica necesariamente que la cuota relativa y, quizás también la absoluta, de algunos deberá reducirse, aunque éstos no sean responsables en manera alguna de su reducción.

El punto que siempre debe tenerse presente es que todo ajuste económico se hace necesario a raíz de cambios imprevisibles; y que la razón, en rigor, para emplear el mecanismo de precios es la de señalar a los individuos que lo que están haciendo o pudieran hacer ha llegado a ser menos o más requerido, por motivos de los que ellos no son responsables. La adaptación de todo el orden de actividades a las nuevas circunstancias descansa en la remuneración (remuneration) que deriva del cambio en estas diversas actividades, independientemente de los méritos o faltas de aquellos que han sido afectados.

El término “incentivos” es usado frecuentemente, en este contexto, con connotaciones en cierto modo engañosas, como si el problema principal fuera inducir a la gente a esforzarse suficientemente. Sin embargo, la indicación más importante que ofrecen los precios no consiste tanto en cómo se debe actuar, sino en qué es lo que se debe hacer. En un mundo que cambia continuamente, incluso la mera mantención de un nivel determinado de riqueza requiere de incesantes modificaciones en la dirección de los esfuerzos de algunas personas, las que sólo tendrán lugar si se aumentan las remuneraciones de ciertas actividades y disminuyen las de otras. Con estos ajustes, que en condiciones relativamente estables sólo son necesarios para mantener la corriente de ingresos, no hay ningún “excedente” (surplus) disponible que pueda ser usado para compensar a aquellos contra los cuales se revierten los precios. Sólo en un sistema que crezca rápidamente podemos esperar que se eviten descensos absolutos en las posiciones de ciertos grupos.

Al respecto, los economistas modernos frecuentemente pasan por alto el hecho de que aun la relativa estabilidad que muestran algunos de los conjuntos que la macroeconomía considera como datos, es en sí el resultado de un proceso microeconómico del que los cambios en los precios relativos son una parte esencial. Es sólo en virtud del mecanismo del mercado que las personas se sienten motivadas para entrar a éste y llenar la brecha provocada por el fracaso de algunos en satisfacer las expectativas de sus asociados. En efecto, todas aquellas curvas agregadas de demanda y oferta, con las cuales nos gusta operar, no constituyen en realidad hechos objetivamente determinados, sino resultados del proceso de competencia que continúa ininterrumpidamente. Tampoco cabe esperar que, a través de la información estadística, podamos llegar a saber cuáles son los cambios necesarios en los precios o ingresos para que se originen ajustes en los cambios inevitables.

El punto principal es, sin embargo, que en una sociedad democrática es totalmente imposible crear por mandato cambios que no son considerados justos, y cuya necesidad nunca podrá ser claramente demostrada. La regulación premeditada en dicho sistema político siempre tenderá a asegurar aquellos precios que parecen ser justos. Esto significa, en la práctica, la conservación de la estructura tradicional de ingresos y precios. Un sistema económico en que cada uno obtiene lo que otros piensan que merecen será un sistema altamente ineficiente; aparte de ser también intolerablemente opresivo. Toda “política de ingresos”, por consiguiente, se inclina más a prevenir que a facilitar aquellos cambios en las estructuras de precios e ingresos que son necesarios para adaptar el sistema a circunstancias nuevas.

Una de las paradojas del mundo actual es que los países comunistas están probablemente más libres de la pesadilla de la “justicia social” y, a la vez, más dispuestos que los países capitalistas a dejar recaer el peso en aquellos para quienes el desarrolllo ha sido desfavorable. Para ciertos países occidentales, al menos, la situación no parece tener remedio, precisamente, porque la ideología que domina su políticas hace imposibles los cambios que son necesarios para que la condición de la clase trabajadora se eleve lo suficientemente rápido como para provocar la desaparición de esta ideología.

V
Si en los sistemas económicos altamente desarrollados la competencia es importante como proceso de sondeo, en el que los exploradores buscan oportunidades no aprovechadas, las que al ser descubiertas pueden ser utilizadas también por otras personas, lo es aún más en los países subdesarrollados. Mi atención se ha volcado principalmente, en forma deliberada, a los problemas de la preservación de un orden que sea capaz de proveer con eficacia las condiciones que se precisan para conocer la mayoría de los recursos y las técnicas, y donde las adaptaciones constantes de las actividades se hacen necesarias sólo a través de cambios menores inevitables, los que posibilitan la mantención de un nivel determinado de ingresos. No consideraré aquí el papel indudable que juega la competencia en el avance del conocimiento tecnológico. Pero sí quiero señalar que éste es cuanto más importante donde no ha habido antes una competencia activa, y donde la tarea principal consiste en descubrir las posibilidades aún desconocidas de la sociedad. La creencia de que podemos prever y controlar la estructura de la sociedad que emergerá en los países altamente desarrollados, en virtud del desarrollo tecnológico, tal vez no sea del todo absurda, aunque es en gran medida errónea. Pero es simplemente irreal creer que podemos determinar anticipadamente la estructura social de un país cuyo problema principal es todavía descubrir cuáles son los recursos materiales y humanos disponibles, o que seamos capaces de predecir las consecuencias particulares de cualquiera medida que podamos tomar respecto a tal país.

Aparte del hecho de que en esas sociedades existe tanto más por descubrirse, hay además otra razón por la cual la mayor libertad de competencia parece ser más importante en tales países que en otros más avanzados. Esta es, que los cambios requeridos en los hábitos y costumbres tendrán lugar sólo si algunos pocos, que desean y son capaces de experimentar con métodos nuevos, consiguen que la mayoría se vea, por necesidad, obligada a seguirlos, y si son capaces, al mismo tiempo, de mostrarle a esa mayoría el camino a seguir. El necesario proceso de descubrimiento será impedido u obstaculizado si la mayoría logra mantener a la minoría sujeta a los hábitos tradicionales. Una de las razones principales de la aversión a la competencia es, evidentemente, el que ésta no sólo muestra cómo pueden hacerse las cosas en forma más efectiva, sino que enfrenta a aquellos que dependen del mercado para sus ingresos con la sola alternativa de imitar a los más exitosos o perder parte de sus ingresos. La competencia produce, de esta manera, una especie de coacción impersonal que obliga a numerosos individuos a ajustar su estilo de vida de un modo que ningún precepto o mandato lograría hacerlo. La dirección centralizada, al servicio de la así llamada “justicia social”, talvez sea un lujo que sólo pueden permitirse las naciones ricas, por un período largo quizás, sin que se perjudiquen mayormente sus ingresos. Pero éste no es ciertamente un método mediante el cual los países pobres puedan acelerar su adaptación a las circunstancias rápidamente cambiantes, de lo cual depende su crecimiento.

Talvez merezca aquí mencionarse que las posibilidades de crecimiento tenderán a ser mayores cuanto más extensas sean las posibilidades aún no utilizadas de un país. Aunque esto parezca extraño a primera vista, una alta tasa de crecimiento es, con frecuencia, prueba de que las oportunidades han sido descuidadas en el pasado. En esta forma, una alta tasa de crecimiento puede testimoniar, a veces, las políticas erróneas del pasado antes que las buenas políticas del presente. En consecuencia, no es razonable esperar en los países altamente desarrollados una tasa tan alta de crecimiento como la que puede alcanzarse en los países donde la utilización efectiva de los recursos fue impedida durante mucho tiempo por obstáculos legales e institucionales.
Por lo que he observado en el mundo, la proporción de personas privadas que están preparadas para ensayar nuevas posibilidades —cuando éstas parecen prometer mejores condiciones, y cuando sus congéneres no se lo impiden— es muy similar en todas partes. La tan lamentada ausencia de un espíritu de empresa en muchos de los países nuevos no es una característica inalterable de los habitantes individuales, sino la consecuencia de las restricciones que ejercen sobre ellos las costumbres e instituciones existentes. Por esta razón, sería fatal que en tales sociedades se permitiese que la voluntad colectiva dirija los esfuerzos de los individuos; el poder del gobierno, en cambio, debiera confinarse a defender a los individuos de las presiones de la sociedad. Tal protección de las iniciativas y empresas individuales solamente puede lograrse mediante la institución de la propiedad privada y el conjunto total de las instituciones libertarias contenidas en la ley.

 

EE.UU. debería aprender de los errores de Europa

EE.UU. debería aprender de los errores de Europa

por Daniel J. Mitchell

Dan Mitchell es académico titular del Cato Institute.

Nuestro panorama a largo plazo es sombrío, pero al menos estamos a tiempo de reformar nuestros programas de ayudas estatales y rescatar a EE.UU. de un colapso fiscal al estilo griego.

La sabiduría convencional entre los economistas es que una nación se mete en graves problemas cuando la deuda pública alcanza el 90 por ciento del PIB. Eso es generalmente cierto, pero sería mucho más preciso decir que una nación se mete en graves problemas cuando la deuda pública se acerca a 90 por ciento del PIB y las proyecciones fiscales muestran todavía más números en rojo.

Pero esta distinción no importa mucho para EE.UU. y Europa. Gracias a una combinación de programas de ayudas estatales y poblaciones que envejecen, ambos se enfrentan a un futuro fiscal nefasto. Un estudio de 2010 del Banco de Pagos Internacionales muestra que la deuda pública en la gran mayoría de las naciones industrializadas se elevará por encima de 200 por ciento del PIB (en algunos casos, mucho más) dentro de las próximas décadas.

La única gran diferencia es que las naciones europeas están más cerca del colapso fiscal. El Estado de Bienestar fue adoptado antes en Europa y el gasto público en las naciones de la Eurozona ahora consume un impresionante 49 por ciento del PIB. La pesada carga fiscal, especialmente cuando va de la mano de un costoso sistema tributario, ayuda a explicar por qué el crecimiento es débil.

Pero EE.UU. está solamente un par de décadas detrás de Europa. De acuerdo a las proyecciones a largo plazo de la Oficina para el Presupuesto del Congreso, la carga del gasto público llegará a niveles europeos tan pronto se jubile la generación “baby boom”.

En algún momento, los inversores se darán cuenta que EE.UU. está en un camino insostenible. Esto puede ocurrir en 10 o en 20 años, nadie sabe en qué momento exactamente.

Lo que si sabemos, sin embargo, es que Grecia, Portugal e Irlanda ya han metido sus manos en el fondo de rescates y probablemente es solo cuestión de tiempo antes de que Italia, España y Bélgica estén en la misma situación. De hecho, ya están recibiendo rescates indirectos por parte del Banco Central de Europa, que está comprando su dudosa deuda con la esperanza de posponer la catástrofe.

El único hecho rescatable dentro este sombrío diagnóstico es que EE.UU. todavía puede evitarlo. Grecia, Italia y otros Estados de Bienestar probablemente ya pasaron el punto de no-retorno pero todavía es posible que los políticos estadounidenses resuelven la crisis de las ayudas estatales transfiriendo Medicaid a los estados, modernizando Medicare para que sea un sistema respaldado con una prima, y migrando hacia un sistema de cuentas individuales de jubilación para los trabajadores más jóvenes.

Si esas reformas no se realizan, las consecuencias no serán agradables. Para ser franco, no habrá un FMI que pueda rescatar a EE.UU.

Dentro de la angustia económica en EE.UU.

Dentro de la angustia económica en EE.UU.

por Daniel J. Mitchell

Dan Mitchell es académico titular del Cato Institute.

¿Porqué los votantes de todas las tendencias  ven, por lo general, a la economía como anémica? Más de tres millones de empleos han sido creados en los últimos dos años, el índice Dow Jones ha aumentado de 8.000 a más de 13.000 y la recesión terminó hace tres años. Parecen ser buenas noticias. ¿Será que el presidente Obama está recibiendo un trato injusto?

La respuesta depende de con qué está comparando usted la economía estadounidense. Si usted simplemente compara la economía actual a como se encontraba en enero de 2009, el trabajo del presidente se ve bien. Y si usted cree que sus afirmaciones de que el tal llamado estímulo y los rescates eran necesarios para salvar a la economía del colapso, entonces él se ve muy bien.

Sin embargo, Obama aún enfrenta una batalla cuesta arriba este noviembre —porque los que no son ricos no sienten que su situación haya mejorado. Hay varias razones:

  • La tasa de desempleo aún supera el 8%, a pesar de que la Casa Blanca prometió que bajaría al 6% hoy si el estímulo se ejecutaba.
  • Varios millones menos de estadounidenses tienen empleos hoy que hace cinco años.
  • La tasa de pobreza ha aumentado a más del 15%, con un número récord de estadounidenses subsistiendo con ingresos por debajo del nivel de pobreza.
  • De acuerdo con los datos más recientes, el ingreso medio por hogar es menor que cuando comenzó la recesión.
  • La carga de gasto público sigue siendo alta y la creciente cantidad de números rojos es un síntoma de la inflación en Washington.
  • La amenaza de mayores impuestos es omnipresente y constituye una espada de Damocles sobre la economía.
  • La continua debilidad en los sectores de vivienda y financiero funciona como un recordatorio a las personas de que los rescates e intervención han dejado muchos problemas sin resolver.

Los que trabajan en la Casa Blanca afirman que todo esto simplemente ilustra la debilidad económica que les fue heredada. Es un argumento plausible, al menos en teoría —pero muchos votantes no están convencidos.

Hay buenas razones para el escepticismo. No se necesita ser versado en estadísticas económicas para comprender que EE.UU. está experimentando una recuperación económica anémica.

De hecho, la nación sufre su peor periodo de recuperación tras una crisis desde la Gran Depresión. Los amantes de las estadísticas pueden observarlo por sí mismos: El sitio interactivo de la Reserva Federal de Minneapolis permite comparar entre los ciclos de negocios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, basado en el empleo o el PIB.

Así que hay fuertes argumentos para afirmar que las políticas de Obama han retrasado el rebote normal que una economía debería experimentar al salir de una crisis —y los votantes sienten que algunos en Washington son parcialmente culpables de esta situación.

Además, a medida de que la economía respira, es incierto si la Casa Blanca debería obtener algún crédito por ello.

Por ejemplo:

  • La recuperación comenzó justo cuando el estímulo de Obama terminó, lo que confirmó las sospechas de que una gran cantidad de dinero se estaba desperdiciando en un proceso que impedía el crecimiento de la economía.
  • Las cifras de empleo comenzaron a mejorar a final de 2010, justo cuando los republicanos tomaron el control del congreso y, presumiblemente, la capacidad de Obama de cambiar el curso de la nación.

Quizás lo más importante, es que los votantes pueden ver lo que sucede en Europa, donde los estados de bienestar colapsan tras décadas de exceso de gasto público e impuestos. Tienen una vaga idea de que EE.UU. está en el mismo camino debido a la demografía y a programas de ayuda social mal diseñados.

Pero el problema para la Casa Blanca no son solo las cifras: Hay una creciente inquietud de que las reglas han cambiado para mal. Escándalos como el de Solyndra provocan sospechas de que el capitalismo de compadres ha reemplazado al capitalismo. El número sin precedentes de personas utilizando cupones para alimentos hace reflexionar acerca de las consecuencias a largo plazo de tener más y más personas subsistiendo de ayuda, y menos personas generando ingresos.

Ninguno de estos problemas comenzó con Obama, muchos de ellos existían incluso antes de Bush. Pero Obama ha ampliado estas malas políticas en lugar de cambiarlas. Él prometió esperanza y cambio, pero ha profundizado las fracasadas políticas estatales de su predecesor.

Es por eso que la Casa Blanca no está recibiendo mucho crédito por un aumento en la bolsa de valores y una caída en la tasa de desempleo. Las buenas noticias que estamos recibiendo, las estamos recibiendo a pesar de las personas que ocupan la Casa Blanca.

Argentina, más allá del punto sin retorno

Cristina anuncia nacionalización YPFEl acontecimiento más importante de esta semana en América Latina es la decisión del gobierno argentino de tomar control de YPF, la petrolera más grande del país. El lunes, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció la expropiación de la participación mayoritaria de YPF, que es propiedad de la compañía española Repsol. El gobierno español, con el apoyo de la Unión Europea, ha anunciado que tomará medidas de represalia contra Argentina, señalando que “todas las opciones están sobre la mesa”. La Economist Intelligence Unit tiene un muy buen análisis (en inglés) sobre el caso y las implicaciones para Argentina.

La gran pregunta tras la abrumadora reelección de Fernández en octubre pasado giraba en torno a si profundizaría el modelo económico que ella y su difunto esposo (y predecesor) implementaron desde su llegada al poder en 2003 —caracterizado por un alto gasto público, controles estrictos sobre las industrias y nacionalizaciones selectivas de empresas— o si cambiaría el rumbo, dadas las crecientes señales de agotamiento del modelo: una inflación alta, un déficit fiscal cada vez mayor, una creciente fuga de capitales, la caída de la inversión extranjera directa, el debilitamiento del peso, etc.

Cualquier duda ha sido despejada. Con la nacionalización de YPF, Argentina se une decididamente a Venezuela, Ecuador y Bolivia en el club de naciones latinoamericanas que defienden el más puro de los populismos económicos. Durante los próximos meses, podemos esperar más medidas proteccionistas, más controles sobre la economía, más nacionalizaciones y, una vez que al gobierno se le acabe el dinero tomado en los últimos tres años de los fondos de pensiones privados y de las reservas del Banco Central, no debería sorprendernos si toma control de los bancos.

Las cosas solo van a empeorar para Argentina.

Publicado por Juan Carlos Hidalgo

El Ibex 35 baja el 2,76% pero mantiene los mínimos de 2009 tras una sesión política

El Ibex 35 baja el 2,76% pero mantiene los mínimos de 2009 tras una sesión política

elEconomista.es
cierre.gif

El selectivo español perdió el 2,76% y cerró en 6.846,6 puntos tras haber llegado a tocar los 6.811,2 por la mañana, lo que quiere decir que los mínimos de marzo de 2009 siguen a salvo aunque sea por muy poco. Los inversores negociaron 3.276,6 millones de euros en una jornada en la que hasta el todopoderoso DAX alemán salió escaldado con un desplome del 3,4%.

“Los bajistas han conseguido dar un golpe de efecto importante y han logrado poner en serios aprietos al todopoderoso DAX 30 alemán, que hasta el momento había capeado a la perfección la tormenta bajista”, destaca Joan Cabrero en Ecotrader.

Ataque demoledor de los bajistas tras la primera vuelta de las elecciones de Francia, donde la izquierda de François Hollande ha ganado la partida a la derecha de Nicolas Sarkozy. Así las cosas, y a la espera de la segunda y definitiva vuelta del 6 de mayo, al actual esquema político europeo parece tambalearse y los mercados se muestran nerviosos ante la probable ruptura del eje Merkozy.

Y por si fuera poco, el Gobierno de Holanda ha dimitido tras no conseguir apoyo suficiente para tomar más medidas de austeridad. Además, desde el lado macro también vinieron malas noticias con los datos de PMI.

“Empeoraría el escenario técnico europeo si el toro alemán sucumbe ante el zarpazo bajista, aunque para esto habrá que esperar a ver la sesión de mañana martes o, cuando menos, atender al cierre del futuro del selectivo alemán a las 22h, en cuanto cierre sus puertas Wall Street”, añade este experto.

Y es que el DAX ha cedido ligeramente el soporte decreciente que discurría a la altura de los 6.540 puntos pero el futuro todavía se mantiene por encima de ese mismo soporte, siendo esto a lo que aún pueden agarrarse unos alcistas que hoy han quedado seriamente tocados. “Todo ello invita a no seguir descartando la posibilidad de ver todavía un reversal alcista, algo que la sobreventa vuelve a pedir a gritos, especialmente en los índices periféricos europeos”, concluía el experto.

Niño Becerra: “España, haciendo cosas por su cuenta, sólo conseguirá morirse

Niño Becerra: “España, haciendo cosas por su cuenta, sólo conseguirá morirse”

elEconomista.es
Mapa de España

El Catedrático de Estructura Económica de la Universidad Ramón Llul ha vuelto a realizar una análisis exhaustivo de la situación en la que se encuentra España después de las previsiones lanzadas la semana pasada por el FMI. Ante estos datos, el economista propone varias posibles soluciones que puede acatar el país para superar la crisis.

Después de repasar todos los datos clave que el FMI puso sobre la mesa – el crecimiento español no superará el 2% hasta el 2017, la deuda seguirá su tendencia ascendente y las exportaciones continuarán teniendo un “ritmo famélico”-, el experto pone de manifiesto que lo único que le sucede a España es que “está muy enferma”.

Para Niño Becerra esto “se manifiesta en su déficit porque su economía no muestra signo alguno de recuperación: la tendencia es una seguir ‘estancadamente en declive’, explica en su artículo de La Carta de la Bolsa, al tiempo que aclara que “sus posibilidades son verdaderamente muy reducidas debido a que ni crece para atender su enfermedad ni puede crecer lo suficiente para nutrir su recuperación”.

“En resumen, la imagen que se forma en mi cerebro cuando veo estas cifras sobre España es la de uno de esos esqueletos que debía haber sido un edificio y de los que nuestra geografía está hoy repleta” continúa el economista.

En este sentido, señala que con la situación actual, lo más sencillo es que le echemos la culpa al Gobierno “cuando otro tampoco tendría ninguna opción”. Por ello, lo que el economista quiere dejar en evidencia es que “España, haciendo cosas por su cuenta, lo único que va a conseguir es morirse toda ella (todos los países, pero España antes porque está peor)”.

Un futuro para España

El economista tiene muy claras las dos prioridades que tiene el país: superaligerar la deuda total y limpiar los bancos de forma conjunta. “España tiene mucho que decir y que hacer aquí. Y sí habrá gente que no cobrará lo que se les debe, pero de todos modos hoy ya no cobra” destaca.

Asimismo, el experto recomienda que se debe hacer un inventario de recursos y de puntos fuertes que tiene la economía y después, “hay que decidir algo crucial: que como no hay recursos para todo y el café para todos se acabó, lo que supone centrar esfuerzos y recursos en aquellas zonas con auténticas posibilidades, en aquellas actividades con auténtico futuro, en aquellas compañías que puedan desenvolverse solventemente en un escenario de escasez”.

“Esto implicará cosas: agrupaciones de municipios, segregación de territorios, planificación de necesidades, intervención y regulación de decisiones” apunta el experto, para quien la idea es muy sencilla: “no hay de todo para todos de forma continuada, luego es imprescindible que lo que haya sea utilizado de la forma más eficiente. Empiécese a trabajar por aquí, lo del déficit se resolverá sólo”, sentencia.

Krugman y la desigualdad en América Latina

Análisis & Opinión

Krugman y la desigualdad en América Latina

Juan Carlos Hidalgo

Juan Carlos Hidalgo es analista de políticas públicas sobre América Latina en el Cato Institute. Escribe frecuentemente sobre temas de actualidad y sus artículos han sido publicados en los principales periódicos latinoamericanos como La Nación (Argentina), El Tiempo (Colombia), El Universal (México) y El Comercio (Perú). También ha sido entrevistado en medios internacionales como BBC News, Al Jazeera, CNN en Español, Univisión, Telemundo, Voice of America, Bloomberg TV, entre otros. Se graduó en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Costa Rica y sacó su maestría en Comercio y Política Pública Internacional en George Mason University.

Cuando se trata de comentar sobre América Latina, Paul Krugman tiene una relación escabrosa con los hechos. Echemos un vistazo a un post (en inglés) que escribió la semana pasada sobre la caída de la desigualdad en la región en la última década, fenómeno que, según él, se debe a que América Latina “está dándole parcialmente la espalda al Consenso de Washington” (un término que erróneamente se identifica con políticas de libre mercado). ¿Será ese el caso?

En primer lugar, nótese cómo el gráfico que Krugman comparte en su post, de hecho muestra a la desigualdad aumentando sostenidamente en América Latina durante la década de los 80, antes de la implementación de las políticas relacionadas con el Consenso de Washington (que para la mayoría de países comienza a principios de los 90), y luego muestra una caída brusca de la desigualdad antes del arribo de lo que él llama el “nuevo enfoque político” de los gobiernos de centro-izquierda.

1112

El aumento de la desigualdad en América Latina en la década de los 80 coincide con los períodos de hiperinflación que afectaron a las economías de Argentina, Brasil, Nicaragua, Perú y Bolivia. Los bancos centrales en América Latina estaban muy ocupados en esos años financiando los agudos desequilibrios fiscales de sus gobiernos a través de la emisión monetaria. Y los países latinoamericanos estaban en números rojos precisamente porque sus abotagados sectores públicos se volvieron insostenibles, lo que desembocó en la grave crisis de la deuda de 1982. Por lo tanto, fue una inflación fuera de control, causada por la crisis de las políticas estatistas de décadas anteriores, la que exacerbó la desigualdad en la región. Krugman convenienrtemente omite mencionar esto.

Chile es el país con el récord más impresionante de reducción de la pobreza en América Latina (la tasa de pobreza cayó del 45% a mediados de los ochenta a únicamente el 15% en el 2011), que ha triplicado su ingreso per cápita desde 1990 a $16.000 (el más alto en América Latina), y que está camino a convertirse en la primer nación desarrollada de América Latina en menos de una década. ¿Qué será lo que disgusta tanto a Paul Krugman de este exitoso récord chileno?

¿Se le puede achacar la reciente disminución de la desigualdad en América Latina a alguna ideología en particular? Un estudio reciente de Kenneth Roberts de la Universidad de Cornell sobre la política de la desigualdad en América Latina, examinó las tendencias del 2000 al 2010 y descubrió que, “los países que experimentaron un descenso neto en la desigualdad estaban gobernados por administraciones tanto de izquierda, centro y derecha, incluyendo gobiernos no izquierdistas en Colombia, México, Perú, Paraguay, El Salvador, Guatemala y Panamá”. Según Roberts, “no existe una relación estricta entre la disminución de la desigualdad o el perfil ideológico de los gobiernos nacionales o ningún conjunto específico de políticas redistributivas”.

En segundo lugar, es una exageración afirmar que América Latina, como región, se apartó del Consenso de Washington. No voy a entrar aquí a discutir las virtudes de las recomendaciones políticas que identificara John Williamson en 1989, o a comentar el alcance en que éstas fueron implementadas por los diferentes gobiernos latinoamericanos. Sin embargo, a pesar de que en los últimos años algunos países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, le han dado la espalda a políticas macroeconómicas responsables, la mayoría de los gobiernos de la región, incluso los llamados “de centro-izquierda”, continúan poniendo en práctica políticas macroeconómicas relacionadas con el Consenso de Washington, tales como una mayor apertura comercial, disciplina monetaria y fiscal, y la atracción de inversión extranjera directa.

Es revelador que, a pesar de los graves retrocesos de países como Venezuela, Ecuador y Argentina, la libertad económica ha aumentado — ligeramente— en la última década en América Latina como región. De acuerdo al índice de Libertad Económica en el Mundo, América Latina pasó de tener una calificación promedio regional de 6,56 (sobre 10) en el 2000 a 6,62 en el 2009. Insinuar que América Latina le ha dado la espalda de alguna manera a las políticas de mercado resulta tendencioso.

En tercer lugar, Krugman analiza el desempeño económico de los gobiernos latinoamericanos basándose en su filiación ideológica, y sugiere que los regímenes socialdemócratas tienen un mejor desempeño que los gobiernos no izquierdistas. Sin embargo, el estudio en el que fundamenta su post comete el error de analizar a los gobiernos únicamente por su identificación ideológica, sin prestar atención a sus verdaderas políticas económicas. Esto puede prestarse para serias confusiones. Por ejemplo, durante el período comprendido por el estudio (la década de los 2000), Chile es catalogado como “de centro-izquierda”, a pesar que durante esa década el país aumentó su nivel de libertad económica, pasando en el índice de Libertad Económica en el Mundo del puesto 28 en el 2000 al 5to lugar en el 2009.

Finalmente, Krugman cierra su comentario cuestionando el modelo de libre mercado y el sistema privado de pensiones de Chile (a pesar de que el estudio al que se refirió cataloga a Chile como “de centro-izquierda” y por lo tanto acredita a esa tendencia ideológica por los saludables indicadores económicos chilenos). Krugman no brinda evidencia para fundamentar su crítica más que hacer una referencia velada a las recientes protestas estudiantiles de Chile. Si hubiese analizado los hechos, habría visto un panorama distinto. Vería que Chile es el país con el récord más impresionante de reducción de la pobreza en América Latina (la tasa de pobreza cayó del 45% a mediados de los ochenta a únicamente el 15% en el 2011), que ha triplicado su ingreso per cápita desde 1990 a $16.000 (el más alto en América Latina), y que está camino a convertirse en la primer nación desarrollada de América Latina en menos de una década. ¿Qué será lo que disgusta tanto a Paul Krugman de este exitoso récord chileno?

A propósito de YPF: callar, la otra peligrosa forma de hablar de Humala

Análisis & Opinión

A propósito de YPF: callar, la otra peligrosa forma de hablar de Humala

Gerardo Figueroa

Gerardo Figueroa es socio fundador de Figueroa & Asociados (F&A), está en el negocio de las comunicaciones corporativas desde 1983. Ha sido director creativo de JWT y Ogilvy. Consultor internacional del Johns Hopkins Center for Communication. Catedrático de comunicación y medios en la escuela de Post Grado de la Universidad San Ignacio de Loyola (Perú).

Ante el despropósito de Cristina Fernandez, la presidenta argentina de turno, de “expropiar” las acciones de YFP en poder de Repsol, algunos mandatarios de la región han corrido a marcar distancia cuando no a enmendarle la plana. Sin embargo, es lamentable que otros hayan guardado silencio, pues lo peor es que nosotros pagaremos las consecuencias.

El caso del presidente peruano, por su cercanía al presidente de Venezuela, y por ende, a sus camaradas de ideología en la región, exigía y sigue exigiendo de él un rotundo deslinde de posiciones y un claro y contundente rechazo a la actitud asumida por Argentina a través de su presidenta.

El presidente peruano, como cualquier otro presidente del mundo, no es más que un empleado de paso por el sector público y no puede en el ejercicio de sus funciones arrogarse atribuciones que perjudican a toda una nación y le pasan la factura a millones de ciudadanos durante décadas. ¿No aprendimos nada del 68?

En el caso de quienes gobiernan países como el Perú, tienen la obligación de repudiar este tipo de hechos, mucho más allá de su opinión personal, pues es una obligación del mandatario velar por la imagen de la nación que gobierna.

Si Argentina deseaba cambiar las reglas del juego tenía en su Constitución y sus leyes las herramientas para intentar hacerlo y debió hacer uso de ellas antes de tomar una decisión de semejante naturaleza y consecuencias.

En el caso de quienes gobiernan países como el Perú, tienen la obligación de repudiar este tipo de hechos, mucho más allá de su opinión personal, pues es una obligación del mandatario velar por la imagen de la nación que gobierna.

En este sentido, Ollanta Humala ha perdido un valiosa oportunidad y al hacerlo ha mandado un nefasto mensaje, sin decir una sola palabra.

Debo manifestar que al repetir el eufemismo “expropiar” para referirse al robo, la prensa se convierte en cómplice de este tipo de personajes y contribuye a sembrar la confusión y a deteriorar los valores entre las comunidades que los acogen. Creo que es un deber fundamental llamar a las cosas por su nombre y reconocer que, cuando un asalto de esta naturaleza se consuma, sin importar cuál sea la vía utilizada para ello, no deja de ser lo que es. Un robo es un robo, con decreto o con pistola.

Los amigos de los Kirchner

Análisis & Opinión

Los amigos de los Kirchner

Gabriela Calderón

Editora de ElCato.org y columnista del diario El Universo (Ecuador). Se graduó en 2004 con un título de Ciencias Políticas con concentración en Relaciones Internacionales de la York College of Pennsylvania. Sus artículos han sido reproducidos en otros periódicos de Latinoamérica y España como El Tiempo (Colombia), La Prensa Gráfica (El Salvador), Libertad Digital (España), El Deber (Bolivia), El Universal (Venezuela), entre otros. En 2007 obtuvo su maestría en Comercio y Política Internacional de la George Mason University.

En este artículo Xavier Sala-i-Martín comenta la re-estatización de YPF en Argentina. Lo más interesante de este artículo es el relato de cómo los Eskenazi, gracias a su estrecha relación con los Kirchner, llegaron a ser dueños de 25% de Repsol. Aquí un extracto del artículo:

“En 2007, y ya con Antoni Brufau al frente de la petrolera, el presidente Néstor Kirchner pidió a Repsol que un grupo argentino entrara a formar parte de la compañía. Se trataba del grupo Petersen de la familia de Enrique Eskenazi. La familia Eskenazi era una familia de la alta burguesía de Santa Cruz, región que había sido presidida (oh! casualidad!) por Néstor Kirchner, antes de ser presidente de Argentina. De hecho, Enrique Eskenazi era amigo íntimo de don Néstor. Es decir, el presidente Kirchner obligó en 2007 a Repsol a aceptar un socio argentino que, casualmente, era un amigo íntimo de toda la vida. Antoni Brufau aceptó porque sabía que siempre es bueno tener inversores locales con conexiones políticas. Es bueno que los insiders te señales la existencia de luces ámbar antes de que se vuelvan rojas. Por esto aceptó que la familia Eskenazi tenga primero el 15% y luego el 25% de la compañía.

Pero había un pequeño problema: los Eskenazi eran los ricos del pueblo en Santa Cruz, pero una cosa es que tus niños se paseen por el pueblo en lujosos horteras Ferraris rojos o que chuleen por las discotecas de moda de la zona y otra cosa muy distinta es comprar el 25% de una compañía que vale decenas de miles de millones de dólares. Los Eskenazi no eran tan ricos!

¿Cómo consigue la familia amiga de Kirchner comprar el 25% de Repsol-YPF? Pues obligando a YPF a PRESTARLE EL DINERO! Repito, Néstor Kirchner obliga a Repsol a prestar el dinero a una familia amiga para que ésta compre el 25% de Repsol. ¿Y cómo va a pagar esa familia semejante millonaria cantidad? Pues con los dividendos de la propia Repsol. Es decir, Repsol, el gobierno de Kirchner y el grupo Petersen de la familia Eskenazi firman un contrato (depositado en la Security Exchange Comission de New York) que obliga a Repsol a dar el 25% de su capital a la familia Eskenazi y ésta se compromete a pagar de vuelta con los dividendos de Repsol. Para garantizar que Repsol pueda cobrar ese “crédito” (o quizá deberíamos calificarlo de extorsión), se obliga a Repsol a distribuir en forma de dividendos el 90% de sus beneficios.

Es decir, cuando la señora de Kirchner acusa a Repsol de no destinar una mayor parte de sus beneficios a inversiones y prospecciones petrolífera, no explica que su marido (repito, SU MARIDO) había obligado a Repsol a utilizar el 90% de los beneficios a pagar dividendos para que sus amigos (repito, SUS AMIGOS) se apropiaran del 25% de Repsol cuando no tenían ni un dólar para comprar semejante cantidad de acciones(*).

Pero la cosa no acaba aquí. El señor Enrique Eskenazi coloca a sus hijos en la compañía (en particular, coloca a su hijo Sebastián como vicepresidente) y en lugar de actuar como el socio local que juega el importante papel de alertar de las luces ámbar antes de que aparezcan las luces rojas, se comporta como un auténtico mafioso incompetente que hace poco para defender los intereses de la compañía que dirige.

Poco a poco, Repsol ve que se ha metido en un buen lío y que los socios locales juegan más a favor de los políticos que les han colocado en el cargo que a favor de la compañía a la que representan y pronto aparecen rumores de nacionalización. Son los últimos días de 2011 y Repsol ha descubierto los potencialmente millonarios yacimientos de Vaca Muerta. El resto de la historia ya es conocida. Cristina Fernández de Kirchner, teledirigida por el economista Axel Kicillof (**), académico marxista, mentor de la época de Cámpora (asociación creada por Néstor Kirchner) y amigo íntimo del hijo de la presidenta, Máximo Kirchner Fernández, anuncia la expropiación del 51% de Repsol-YPF. “Curiosamente” el 51% de las acciones expropiadas provienen del 57% que es propiedad de los socios españoles. Exactamente el 0% proviene del 25% que tienen los socios argentinos, amigos del papá Kirchner, la familia Eskenazi (y también se expropia el 0% del fondo de inversión norteamericano propietario del 17%… y recordad que eso pasa tres días después de que la señora Cristina se reuniera con Obama para “negociar” el tema)”.

Nada más y nada menos que el típico ejemplo del mercantilismo que todavía impera en varios países de América Latina, sistema en el cual se hacen fortunas gracias a favores concedidos por amigos que llegaron al poder.

Fox asegura que la imagen del país está hecha pedazos

Fox asegura que la imagen del país está hecha pedazos

El ex mandatario reprocha que en el actual sexenio van “60 mil cadáveres” como resultado de la lucha antidrogas.

El servicio secreto del presidente más custodiado del mundo está inmerso en uno de los escándalos más grandes de toda su historia.

Ciudad de México, 23 de abril.- El ex presidente Vicente Fox consideró que debido a la inseguridad y la lucha contra las drogas que se libra en México “la imagen del país está hecha pedazos y es pésima”, en el extranjero.

En entrevista con Pedro Ferriz, para Grupo Imagen Multimedia, el ex mandatario criticó al gobierno del presidente Felipe Calderón por no atacar el origen del problema.

Según Fox Quesada, los decomisos de droga se redujeron a grado tal que “no hay destrucción de plantíos” en este sexenio, además de que aumentó el consumo de drogas en estos más de cinco años.
Contrastó también el número de presos durante los dos sexenios panistas y expuso que el suyo dejó 210 mil reclusos, mientras en el actual hay 220 mil; es decir, un crecimiento que juzgó magro en estos recientes años. Además, resaltó el “salto gigantesco” que se ha dado en el número de muertos en la lucha contra el crimen organizado, pues, señaló, en el último año de su administración hubo 2 mil, contra los “60 mil cadáveres” que según él van en el sexenio calderonista.

El ex presidente estuvo en cabina con el conductor, y allí reprochó también al gobierno de Estados Unidos un doble discurso en el tema de las drogas, pues a pesar de ser penalizado el consumo de drogas se trata del mercado más grande de estupefacientes en el mundo. “Clinton y Obama se echaron su carrujo de marihuana y no fueron castigados”, dijo.

Al insistir en su llamado a la paz, pidió a los candidatos presidenciales acabar con la “política de aniquilamiento” que se vive en el marco de la lucha antidrogas.

Análisis: diferencias políticas y protestas nublan inversiones en A. Latina

Análisis: diferencias políticas y protestas nublan inversiones en A. Latina

Latinoamérica

Nacionalizaciones a mansalva en Venezuela, rescisiones de proyectos de infraestructura en Bolivia, pleitos por contratos en Ecuador y protestas sociales que paralizan planes mineros en Perú dibujan un complejo panorama regional.

Argentina ya atemorizaba al capital extranjero con sus políticas intervencionistas, como las trabas a las importaciones.

México DF. Cuando Argentina rompió las reglas de juego y ordenó la expropiación de la mayor petrolera del país, dejó al desnudo un camino que se pone cada vez más cuesta arriba para los inversores en algunas zonas de América Latina.

Nacionalizaciones a mansalva en Venezuela, rescisiones de proyectos de infraestructura en Bolivia, pleitos por contratos en Ecuador y protestas sociales que paralizan planes mineros en Perú dibujan un complejo panorama regional.

Argentina ya atemorizaba al capital extranjero con sus políticas intervencionistas, como las trabas a las importaciones y un heterodoxo control de cambios cuando aún los mercados tienen fresco la cesación de pagos por más de US$100.000 millones del 2001-2002.

Dos décadas después de que Argentina privatizó desde servicios públicos hasta su aerolínea, la presidenta Cristina Fernández terminó de poner los pelos de punta de los inversores la semana pasada con el anuncio de que expropiará la filial de la española Repsol-YPF.

“Yo creo que genera un retroceso en una región que avanzó resueltamente las últimas décadas hacia a una integración a nivel mundial siendo muy respetuosa de la inversión y el capital extranjero”, dijo Pablo Longueira, ministro chileno de Economía, durante una reunión ministerial del G20 en Puerto Vallarta.

América Latina, con un crecimiento económico mucho mayor al del mundo desarrollado y el sostenido consumo de una creciente clase media, se convirtió en la última década en uno de los destinos favoritos para los inversionistas, después de superar años de crisis económicas e institucionales recurrentes.

Pero al patear el tablero, Argentina mostró que los inversores que buscan apostar en la región pero quieren dormir tranquilos tienen solo un puñado de opciones disponibles, lo que podría llevarlos a buscar nuevos horizontes.

“Con este tipo de medidas si bien es cierto que va a haber una reestructuración (de las inversiones) al interior de la región (…), también es cierto que puede beneficiar a otros países emergentes, específicamente a los asiáticos”, dijo Alfredo Coutiño, economista jefe para América Latina de Moody’s.com.

Algunos creen incluso que el capital extranjero podría temer que la actitud de Argentina comience a contagiar a otros vecinos generando un efecto dominó en una región dividida ideológicamente entre mandatarios de izquierda y conservadores.

Argentina justificó la medida en que necesita recuperar su autoabastecimiento de hidrocarburos porque las importaciones de combustible han lastimado su superávit comercial y Repsol-YPF no escuchó su demanda por más inversiones para incrementar la producción.

“El problema es que muchos inversores internacionales pueden pensar que lo que ha hecho el gobierno de Argentina pueden adoptarlo otros gobiernos latinoamericanos en el futuro. Y esto va a ser un factor de disuasión de la inversión internacional en América Latina”, dijo el secretario de Estado de Comercio español, Jaime García-Legaz, en Puerto Vallarta.

Pero la realidad no es tan simple como eso. Latinoamérica tiene dos caras.

Las dos América Latina

La región quedó dividida entre los países que tienden la alfombra roja a la inversión extranjera directa y los que son más proteccionistas.

Venezuela lidera el último grupo junto con sus aliados Bolivia, Ecuador y la ahora fustigada Argentina. Del otro lado del paisaje se alinean México, Brasil, Chile, Colombia y Perú.

Desde que asumió el poder en 1999, el presidente venezolano Hugo Chávez ha nacionalizado vastos sectores del país, como las empresas de cemento internacionales Lafarge o Cemex, multimillonarios proyectos petroleros y hasta supermercados y frigoríficos.

Bolivia anunció hace menos de dos semanas la rescisión de un contrato con la empresa brasileña OAS para construir una carretera en la selva amazónica por supuesto incumplimiento de la compañía, en medio de protestas de grupos de indígenas.

Ya otra empresa de Brasil que construía una carretera troncal ya se había marchado del país sin concluir la obra.

En Ecuador, las condiciones impuestas por el presidente Rafael Correa -un aliado de Chávez y del mandatario boliviano Evo Morales- llevaron a la petrolera brasileña Petrobras y a la francesa Perenco a abandonar sus operaciones en el país andino.

“Los puestos de trabajo requieren inversión, no obtienes nuevos trabajos sin inversión asociada”, dijo el ministro de Comercio de Nueva Zelanda, Tim Groser, en Puerto Vallarta. “Y si la gente quiere poner su dinero, quieren asegurarse que hay un marco estable para ellos durante un número de años”, agregó.

Incluso en Perú y Chile, considerados amigables con la inversión extranjera, han surgido problemas.

Perú lucha por conciliar los intereses de las grandes empresas extranjeras con las protestas sociales por la explotación de recursos, que han dejado en pausa a Minas Conga, el mayor proyecto minero en la historia peruana.

En otro dolor de cabeza para el Gobierno, unos 36 operarios de la firma sueca Skanska y de la peruana Ramsa que trabajaban en un campo de gas natural fueron secuestrados por la guerrilla Sendero Luminoso en una localidad remota de Cusco, para ser liberados sanos y salvos después de cinco días.

En Chile, en tanto, un pueblo de artesanos y pescadores frenó la construcción de la mayor termoeléctrica de Sudamérica, un plan del millonario brasileño Eike Batista, por temores de daños al medioambiente.

Pero cuando llegan los grandes anuncios de inversiones quedan al desnudo las diferencias.

Volkswagen anunció esta semana que construirá una planta en México para ensamblar camionetas deportivas de su marca de lujo Audi a partir del 2016, con una inversión calculada en poco menos de US$2.000 millones según el Gobierno.

En un intento por dejar en claro las diferencias dentro de la región -y retener las inversiones- algunos mandatarios de los países más abiertos no tuvieron pelos en la lengua para criticar la medida, aunque en sus propias naciones el sector petrolero está controlado por el Estado.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, se apuró a aclarar que su país continuará respetando las reglas del juego para los inversores y no expropiará ningún activo, al igual que lo hizo el ministro de Economía de Perú, Luis Castilla, durante un evento con inversores en Londres.

Y el mexicano Felipe Calderon, que recientemente apostó a elevar su exposición en Argentina al doblar la participación de la petrolera estatal Pemex en Repsol, no pudo ser más directo.

“Nadie en sus cinco sentidos invierte en un país que expropia las inversiones, es una cuestión de comportamiento racional”, dijo el mexicano Felipe Calderón la semana pasada en referencia a la medida de Argentina.

EL SALINISMO DE VUELTA

EL SALINISMO DE VUELTA

En la lógica que supone el apuntalamiento de la candidatura de Enrique Peña Nieto ante las muy limitadas capacidades políticas del candidato presidencial del PRI, tres tecnócratas salinistas operan como “cerebros” de su campaña. Se trata de Pedro Aspe, José Córdoba Montoya y Santiago Levy. El primero actúa como inspirador de la apertura total del sector energético; el segundo como promotor del fin de la representación proporcional y el tercero como estratega en materia de política social. Peña Nieto deja claro así su “embelesamiento” con el neoliberalismo heredado por Carlos Salinas de Gortari.

Jenaro Villamil / Proceso

Publicar en:
  
  
Convertidos en consultores, accionistas o cabilderos de trasnacionales de los ramos energético, eléctrico y manufacturero; en asesores e intermediarios entre gobiernos estatales y la banca para “renegociar” las millonarias deudas locales, los dos colaboradores más importantes del sexenio salinista, Pedro Aspe y José Córdoba Montoya, están de vuelta.
Son los “cerebros” del candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto.
Pilares de la tecnocracia mexicana, sobrevivientes en la disputa entre Carlos Salinas y su sucesor Ernesto Zedillo, los dos integrantes del grupo compacto formado en la Secretaría de Programación y Presupuesto durante el sexenio de Miguel de la Madrid, operan fuera de reflectores.
Hoy, Aspe y Córdoba influyen en las principales propuestas de gobierno del candidato priísta.
Su trabajo consiste en convencer al empresariado para que apoye a Peña Nieto, pero sobre todo definen el tono ideológico del mexiquense que aspira a ser el presidente de los “compromisos cumplidos” y del “gobierno eficaz”.
El vínculo entre Aspe, autor de la frase “la pobreza es un mito genial”, y el equipo de Peña Nieto, viene de su relación con Luis Videgaray: el coordinador general de la campaña es su alumno, además de socio en la consultora Protego Asesores, rebautizada el lunes 2 de abril como Evercore Casa de Bolsa, “empresa líder en banca de inversión”.
Fundada en 1996 por Aspe, la firma ha restructurado más de 100 transacciones de banca de inversión como “colocaciones de capital privado, financiamiento de proyectos de energía, reestructuraciones financieras, fusiones y adquisiciones y financiamiento a estados y municipios”.
Entre esas entidades cuya deuda renegociaron están el Estado de México y el Distrito Federal, así como decenas de municipios importantes como Tijuana, sede del poder de Jorge Hank Rohn, el hijo incómodo del profesor Carlos Hank González.
Más discreto, desde una casona de la colonia Roma, en la Ciudad de México, Córdoba Montoya, jefe de la Oficina de la Presidencia durante el gobierno de Salinas y artífice de la estrategia política para lograr las reformas económicas y la apertura comercial, es el principal ideólogo del “gobierno eficaz” de Peña Nieto.
Defensor de un presidencialismo fuerte y enemigo de los “gobiernos divididos”, Córdoba menosprecia la necesidad de una reforma política para incorporar elementos parlamentarios al modelo mexicano; también es artífice de una propuesta para eliminar 100 diputados plurinominales, uno de los tres primeros compromisos que el candidato priista firmó al arrancar su campaña en Guadalajara el 30 de marzo último.
Un tercer “cerebro” en el equipo de Peña nieto es Santiago Levy, director del Seguro Social en el gobierno de Vicente Fox.
Antes, en el sexenio de Zedillo, fue subsecretario de Hacienda.
Junto con Luis Téllez, Francisco Gil Díaz, Agustín Carstens, Javier Lozano, Jesús Reyes Heroles y otros tecnócratas de origen priista, se sumó a la ola del cambio panista, pero ahora regresa para terminar su proyecto de política de combate a la pobreza.
Fue Levy quien le vendió a Peña Nieto la idea de crear el Sistema de Seguridad Universal, que supondría un costo total menor a 4% del Producto Interno Bruto (PIB), pero implicaría reformas constitucionales importantes, así como un IVA generalizado en medicamentos y medicinas, propuesta que hasta ahora no ha hecho pública el aspirante presidencial priista.
En sus mítines, Peña Nieto suele decir que mantendrá los programas para eliminar la pobreza, empezando por Progresa y Oportunidades, creados precisamente por Levy.
Desde el sábado 14 de abril, en Guanajuato y Morelos, Peña Nieto incorporó en este esquema al Pronasol, el programa consentido del sexenio de Salinas.
La cátedra de Aspe
“El candidato que tenga 22 prioridades no tiene ninguna.
Yo planteo sólo tres modernizaciones”: la del sector energético, la del sector educativo, y la de ciencia y tecnología; quizá le agregaría la reforma laboral, afirmó Aspe en una conferencia de tres horas la tarde del miércoles 18.
Operador de las modernizaciones de la era salinista –sinónimo de la política de privatizaciones–, el exsecretario de Hacienda dictó cátedra ante los integrantes de la Academia Mexicana de Auditoría Integral al Desempeño.
Ante ellos Aspe se explayó en su análisis de “La recuperación mexicana y el resto del mundo”.
No hubo prensa en el evento; sólo estuvo presente Proceso.
Seguro de que en el próximo sexenio habrá en México una “explosión de consumo”, el conferencista recomendó expandir el modelo de Tratado de Libre Comercio con las naciones emergentes de Asia-Pacífico y Latinoamérica; expuso también la necesidad de culminar la tarea iniciada hace un cuarto de siglo por el sexenio salinista: el “nuevo paradigma” de la liberalización y la productividad.
Aunque discreto en sus opiniones políticas, Aspe no ocultó sus coincidencias con Peña Nieto sobre la urgencia de aprobar una reforma energética, tal como el candidato la expone en su libro México, la gran esperanza.
No es casual el énfasis de Aspe y su consultora en relación con la privatización energética.
El 2 de marzo pasado, mediante una transacción de entre 45 y 50 millones de dólares, Protego-Evercore adquirió 20% de Grupo Diavaz, cuyas principales actividades son extracción de petróleo y gas, así como distribución de gas natural.
En 2008, Grupo Diavaz ganó la licitación para la explotación de crudo en un campo maduro en Ébano, San Luis Potosí.
En su conferencia Aspe palomeó a Peña Nieto y a Josefina Vázquez Mota por plantear la apertura en el sector energético.
Dijo que en materia de modernización educativa y de ciencia y tecnología “existe una baja productividad porque la cobertura y la calidad de la educación, así como la inversión en investigación, innovación y desarrollo tecnológico, son elementos que tienen un impacto directo en la productividad de la economía”.
Las mismas palabras que aparecen en la página 64 del libro de Peña Nieto.
No son las únicas coincidencias entre el peñismo y el exfuncionario salinista, quien ese día defendió ante los auditores el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), la herencia más importante del sexenio de Salinas; expuso también que México será más competitivo que China en la próxima década por sus salarios más bajos.
Cuestionado sobre la crisis de las deudas estatales, como la de Coahuila, Aspe afirmó que “es un tema importante, pero no es sistémico, no puede desequilibrar el país”.
Argumentó que la deuda histórica acumulada de los estados apenas representa 2.7% del PIB.
Algunos auditores le recordaron que su empresa Protego fue artífice de las renegociaciones en varios estados.
Ese es el origen del vínculo entre Aspe y el Estado de México.
Su socio en Protego Asesores, Luis Videgaray, fue contratado para reestructurar y refinanciar la deuda de la entidad en 2004, que ascendía 2 mil 500 millones de dólares.
A partir de 2006, Aspe pasó a formar parte del Consejo de Administración de Televisa, la empresa que ha impulsado de manera abierta la carrera presidencial del mexiquense.
Con el respaldo de Aspe, Videgaray se convirtió en secretario de Finanzas del gobierno peñista.
En 2009 llegó a la Cámara de Diputados, donde presidió la Comisión de Presupuesto.
Dos años después, buscó la candidatura de su partido al gobierno del Estado de México; tras perder, se sumó a Eruviel Ávila, el exalcalde de Ecatepec, e incluso coordinó su campaña.
Desde noviembre de 2011, Videgaray es el coordinador general de la campaña de Peña Nieto.
Es el responsable de la estructura paralela de 18 coordinadores sectoriales, 32 por entidad federativa, y cinco por cada circunscripción electoral.
La huella de Córdoba Montoya
La huella de Córdoba Montoya se dejó sentir desde el primer día de la campaña de Peña Nieto.
La propuesta de eliminar el principio de representación proporcional de ambos es idéntica.
En abril de 2010, el exasesor salinista escribió un extenso artículo sobre el tema en la revista Nexos y en el periódico Reforma, justo el año que se aprobó la Ley Peña en el Congreso mexiquense para bloquear las candidaturas comunes de los partidos opositores.
La tesis de Córdoba es muy simple: en regímenes presidencialistas como el mexicano, el principio de representación proporcional no ha permitido gobiernos eficaces, sino gobiernos divididos porque “fragmenta la representación partidaria y otorga a las minorías un poder excesivo”.
“El parlamentarismo puede convivir con el principio de mayoría, pero el presidencialismo no funciona eficazmente con el principio de representación proporcional.
La razón es clara: el incentivo para construir una coalición partidista es muy superior en un régimen parlamentario –puesto que de esa coalición sale el Ejecutivo– que en uno presidencial.
La historia de México en los últimos 13 años lo confirma”, sentenció Córdoba.
En el último párrafo, el asesor salinista e impulsor de las candidaturas de Luis Donaldo Colosio, primero, y de Ernesto Zedillo, después, lanzó incluso un juicio polémico en su colaboración para Reforma, titulada “Contra el proporcionalismo”, publicado el 11 de abril de 2010:
“El régimen político mexicano siempre ha sido presidencial.
Actualmente, el sistema electoral mexicano es de representación mixta con preponderancia mayoritaria.
Pero lo que hacen las fórmulas vigentes de integración de la Cámara de Diputados no es atemperar los excesos del principio de mayoría, sino violentar su esencia, que consiste en darle el derecho temporal de legislar al partido que obtiene la mayoría absoluta de diputados de mayoría…
“Lo artificial es topar la ‘sobrerrepresentación’ en 8%, como ocurre hoy, para forzar gobiernos divididos y despojar al partido más grande de su eventual derecho a legislar.
Ciertamente, la cláusula de gobernabilidad, que transforma mayoría relativa de votos en mayoría absoluta de escaños, tiene también un elemento arbitrario: fijar en 35% el porcentaje mínimo de votos para su aplicación.
Pero hay una manera obvia de enderezar este aparente artilugio: el reparto plurinominal debiera simplemente asegurar que conserva la mayoría absoluta de escaños en la Cámara el partido que, en su caso, alcance la mayoría absoluta de diputados de mayoría”.
Peña Nieto y su equipo de redactores del libro México, la gran esperanza tomaron al pie de la letra los textos de Córdoba e incluyeron en el apartado “Democracia con resultados” dos propuestas para restablecer el modelo presidencialista que defiende el exasesor de Salinas: eliminar la cláusula de 8% de sobrerrepresentación de los partidos en la Cámara de Diputados (proveniente de la reforma electoral de 1996) y “eliminar 100 diputados de representación proporcional”.
El exasesor del salinismo no sólo pretende eliminar 100 diputados plurinominales, sino que el próximo presidente tenga también el dominio en el Congreso para culminar las reformas económicas que iniciaron hace más de tres décadas.
Hace más de 20 años, en 1990, Córdoba publicó en la edición 128 de Nexos, en pleno salinismo, su ensayo “Diez lecciones de la reforma económica en México”, que en su parte medular plantea lo mismo que Aspe:
“La liberalización del comercio es fundamental para inducir la eficiencia microeconómica y consolidar la estabilidad macroeconómica… Acelerar el proceso de liberalización comercial resulta conveniente para asegurar su irreversibilidad y, también, para que las empresas introduzcan cambios necesarios e incrementen su productividad en poco tiempo”.
Córdoba también está interesado en acelerar la privatización del sector de energía.
“Obviamente, estaba metido con la empresa Mexicana de Mantenimiento y Alumbrado (MMA), de capital francés y español, filial del consorcio francés Citelum”, señalaba Manuel Bartlett, en un articulo publicado por La Jornada de Oriente el 21 de enero de 2004.
Según el diario, el contacto para ese nexo era Alejandro Parrodi, representante legal de la firma Basham Ringe y Correa, S.C., accionista de Citelum.
Córdoba trabajó como cabildero para esa y otras compañías extranjeras interesadas en el negocio de la energía eléctrica.
El IMSS de Levy
En materia de política social, Peña Nieto contrató los servicios de Santiago Levy, director del Seguro Social con Vicente Fox y promotor desde 2002 del esquema de subrogación de los servicios de guarderías del IMSS, cuyos vicios se materializaron en el incendio del 5 de junio de 2009 en la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora, a raíz del cual fallecieron 49 niños y 101 resultaron lesionados.
Durante su gestión Levy se enfrentó al Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social, encabezado por Roberto Vega Galina.
En esa época perdió la confianza de Fox por su incapacidad para mejorar el servicio del IMSS y por sus constantes roces con el secretario del Trabajo, Carlos Abascal, recuerda Gustavo Leal Fernández, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco.
Pese al desprestigio de los tecnócratas de la era de Salinas y Zedillo, asegura Leal Fernández, Peña Nieto está embelesado con ellos.
“Está completamente embrujado por los funcionarios de organismos internacionales, entre ellos Levy”, actual vicepresidente del Banco Interamericano de Desarrollo, desde donde escribe textos y recomendaciones para eliminar la pobreza.
El proyecto de Peña Nieto recuperó su propuesta de un Sistema de Seguridad Social Universal.
En el capítulo 5 de su libro México, la gran esperanza, cita la tesis de Levy: “La coexistencia de dos esquemas de protección social fomenta la economía informal”:
“Para corregir esta situación debemos construir un Sistema de Seguridad Social y Universal que otorgue un piso de protección social básico y gratuito a todos los mexicanos.
Este sistema debe incluir cuatro elementos fundamentales: acceso efectivo a los servicios de salud, prensión para la vejez, seguro de desempleo y seguro de riesgos de trabajo.
En este sentido, la condición de ciudadanía y no la participación en el mercado laboral debe ser el eje del nuevo sistema de seguridad social”.
Para lograrlo, se debe instrumentar una “reforma fiscal integral” basada en los planteamientos de Levy.
El problema, advierte Leal Fernández, “es que es intransitable para el PRI porque implicaría elevar impuestos, sobre todo generalizar a 16% el IVA en medicinas y alimentos y reducir prestaciones”.

China en YPF

China en YPF

Por: Juan Pablo Cardenal |

Esta tarde llevaba un buen rato preguntándome, como se hacen desde algunos medios argentinos, de dónde saldrá no sólo el dinero que pagará la nacionalización de YPF, sino sobre todo de dónde sacarán los miles de millones de euros en inversión (supuestamente, 25.000 millones) que son imprescindibles para que la petrolera -que en breve pasará a control del Gobierno argentino- pueda aumentar la producción de petróleo y gas. En las arcas del Estado argentino abundan las telarañas, dicho sea de paso.

El nombre de China se me ha pasado inmediatamente por la cabeza, porque claro, en los tiempos que corren, cuando de necesidades de financiación se trata el nuevo banquero del mundo está siempre presto al quite. Sobre todo, como es el caso, cuando tiene a tiro adquirir activos petroleros, los cuales son de importancia estratégica para Pekín. Además, el interés chino por la petrolera española no es nuevo y, de hecho, ya le compró en 2010 un 40 por ciento de su negocio en Brasil.

Argentinas-Gobierno-YPF-Cristina-Fernandez_CLAIMA20120417_0124_19

Ha sido entonces cuando la revista económica Caixin ha publicado en su edición digital que Repsol estaría negociando la venta de su 57 por ciento en YPF a la petrolera china Sinopec, por 15.000 millones de dólares. La noticia alude a fuentes de la propia petrolera china, lo que tiene un indudable valor teniendo en cuenta que Caixin es uno de los escasísimos medios de comunicación chinos que ha demostrado una y otra vez su solvencia periodística, atrevimiento y cierta independencia. La operación no es en absoluto descabellada.

Se trataría de una salida airosa -al menos económicamente- para Repsol, mientras que a China le permitiría adquirir unos valiosísimos activos que encajarían cabalmente en su estrategia nacional, al tiempo que sus inacabables recursos financieros servirían para afrontar las inversiones millonarias que exige el Gobierno de Cristina Fernández. Si la operación no fructifica, alternativamente los chinos podrían entrar en un acuerdo a posteriori con el Gobierno argentino (a saber con qué formato), porque los chinos parece que son los únicos que tienen la financiación que se requiere y el estómago para invertir en un país con tanto riesgo como Argentina.

Los chinos son maestros en el arte de pescar en río revuelto. Fuimos testigo de ello durante la investigación de nuestro libro La Silenciosa Conquista China, principalmente en Venezuela e Irán, segunda y tercera potencia petrolera del mundo en términos de reservas y producción. En lo político, les dan cobertura hasta el límite de la cólera estadounidense, por ejemplo dando una de cal y dos de arena en Naciones Unidas a propósito de las sanciones contra el régimen de Ahmadineyad, o haciéndole el juego a Hugo Chávez. Como nos dijo Héctor Ciavaldini, ex presidente de la petrolera venezolana PDVSA, “a los chinos tú les dices que eres fascista-leninista, y te lo compran a su favor”.

ChavezHu1

Realmente, China es demasiado avispada y lúcida como para involucrarse en la cruzada contra el Imperio –haciendo uso de la retórica chavista- que le proponen los Chávez, Evo Morales, Correa, Castro y compañía. Tampoco participaría –se supone- en la deriva populista de la señora Fernández de Kirchner. Pero lo que sí hace es aprovechar las turbulencias para conseguir sus objetivos comerciales y estratégicos, de ahí que es perfectamente factible que la expropiación de YPF haya levantado las orejas a más de uno en Pekín. Así se escribe la historia de la expansión china del mundo: con inteligencia y cálculo, pero también de forma camaleónica y sin escrúpulos.

Lo que, indudablemente, tiene su mérito, porque es capaz de implicarse en proyectos a largo plazo y muchísimo riesgo en países en los que casi nadie en su sano juicio se atrevería a invertir ni un duro. Quizá el mejor ejemplo es su inversión de ‘minerales por infraestructuras’ por valor de 6.000 millones de dólares en la República Democrática del Congo, uno de los países más problemáticos y jurídicamente inseguros del mundo. O en la propia Argentina, donde una empresa estatal china va a desembolsar –pese a su riesgo-país- 1.400 millones de dólares en la provincia de Río Negro para habilitar 320.000 hectáreas de tierra yerma al objeto de fertilizarlas y exportar la producción a China. Todo ello impulsado por otra necesidad estratégica del gigante: su seguridad alimentaria.

Si China se mete en un proyecto así, con la inseguridad jurídica de Argentina, sus históricos cuellos de botella logísticos y un sector agrario conflictivo y politizado, ¿cómo no va a meterse en una operación que le permita entrar en el pastel de YPF?

Por: Juan Pablo Cardenal |

Esta tarde llevaba un buen rato preguntándome, como se hacen desde algunos medios argentinos, de dónde saldrá no sólo el dinero que pagará la nacionalización de YPF, sino sobre todo de dónde sacarán los miles de millones de euros en inversión (supuestamente, 25.000 millones) que son imprescindibles para que la petrolera -que en breve pasará a control del Gobierno argentino- pueda aumentar la producción de petróleo y gas. En las arcas del Estado argentino abundan las telarañas, dicho sea de paso.

El nombre de China se me ha pasado inmediatamente por la cabeza, porque claro, en los tiempos que corren, cuando de necesidades de financiación se trata el nuevo banquero del mundo está siempre presto al quite. Sobre todo, como es el caso, cuando tiene a tiro adquirir activos petroleros, los cuales son de importancia estratégica para Pekín. Además, el interés chino por la petrolera española no es nuevo y, de hecho, ya le compró en 2010 un 40 por ciento de su negocio en Brasil.

Argentinas-Gobierno-YPF-Cristina-Fernandez_CLAIMA20120417_0124_19

Ha sido entonces cuando la revista económica Caixin ha publicado en su edición digital que Repsol estaría negociando la venta de su 57 por ciento en YPF a la petrolera china Sinopec, por 15.000 millones de dólares. La noticia alude a fuentes de la propia petrolera china, lo que tiene un indudable valor teniendo en cuenta que Caixin es uno de los escasísimos medios de comunicación chinos que ha demostrado una y otra vez su solvencia periodística, atrevimiento y cierta independencia. La operación no es en absoluto descabellada.

Se trataría de una salida airosa -al menos económicamente- para Repsol, mientras que a China le permitiría adquirir unos valiosísimos activos que encajarían cabalmente en su estrategia nacional, al tiempo que sus inacabables recursos financieros servirían para afrontar las inversiones millonarias que exige el Gobierno de Cristina Fernández. Si la operación no fructifica, alternativamente los chinos podrían entrar en un acuerdo a posteriori con el Gobierno argentino (a saber con qué formato), porque los chinos parece que son los únicos que tienen la financiación que se requiere y el estómago para invertir en un país con tanto riesgo como Argentina.

Los chinos son maestros en el arte de pescar en río revuelto. Fuimos testigo de ello durante la investigación de nuestro libro La Silenciosa Conquista China, principalmente en Venezuela e Irán, segunda y tercera potencia petrolera del mundo en términos de reservas y producción. En lo político, les dan cobertura hasta el límite de la cólera estadounidense, por ejemplo dando una de cal y dos de arena en Naciones Unidas a propósito de las sanciones contra el régimen de Ahmadineyad, o haciéndole el juego a Hugo Chávez. Como nos dijo Héctor Ciavaldini, ex presidente de la petrolera venezolana PDVSA, “a los chinos tú les dices que eres fascista-leninista, y te lo compran a su favor”.

ChavezHu1

Realmente, China es demasiado avispada y lúcida como para involucrarse en la cruzada contra el Imperio –haciendo uso de la retórica chavista- que le proponen los Chávez, Evo Morales, Correa, Castro y compañía. Tampoco participaría –se supone- en la deriva populista de la señora Fernández de Kirchner. Pero lo que sí hace es aprovechar las turbulencias para conseguir sus objetivos comerciales y estratégicos, de ahí que es perfectamente factible que la expropiación de YPF haya levantado las orejas a más de uno en Pekín. Así se escribe la historia de la expansión china del mundo: con inteligencia y cálculo, pero también de forma camaleónica y sin escrúpulos.

Lo que, indudablemente, tiene su mérito, porque es capaz de implicarse en proyectos a largo plazo y muchísimo riesgo en países en los que casi nadie en su sano juicio se atrevería a invertir ni un duro. Quizá el mejor ejemplo es su inversión de ‘minerales por infraestructuras’ por valor de 6.000 millones de dólares en la República Democrática del Congo, uno de los países más problemáticos y jurídicamente inseguros del mundo. O en la propia Argentina, donde una empresa estatal china va a desembolsar –pese a su riesgo-país- 1.400 millones de dólares en la provincia de Río Negro para habilitar 320.000 hectáreas de tierra yerma al objeto de fertilizarlas y exportar la producción a China. Todo ello impulsado por otra necesidad estratégica del gigante: su seguridad alimentaria.

Si China se mete en un proyecto así, con la inseguridad jurídica de Argentina, sus históricos cuellos de botella logísticos y un sector agrario conflictivo y politizado, ¿cómo no va a meterse en una operación que le permita entrar en el pastel de YPF?

Chávez gobierna en 140 caracteres

Chávez gobierna en 140 caracteres

El presidente venezolano, que no aparece en público desde el 14 de abril, anuncia nuevas leyes y medidas a través de la red social

Un hombre camina en Caracas frente a un mural pintado con la imagen del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. / MIGUEL GUTIÈRREZ (EFE)

Las únicas noticias que desde hace nueve días se tienen del presidente Hugo Chávez —de su salud y de cómo conduce el Gobierno de Venezuela a distancia— están escritas en los 32 mensajes que ha colgado en su cuenta de Twitter.

La última vez que Chávez se comunicó de viva voz con su pueblo fue el 14 de abril, cuando viajó a La Habana para someterse a dos semanas de tratamiento contra el cáncer que le fue detectado en junio de 2011.

En 140 caracteres por vez, el presidente venezolano anuncia la promulgación de leyes; aprueba medidas económicas; felicita a sus ministros por la labor cumplida y alienta a su partido a seguir adelante en la campaña electoral para su reelección. A pesar de su estado de salud, del cual se ha negado a brindar detalles, Chávez aspira competir por un tercer mandato consecutivo de seis años en las elecciones presidenciales de octubre de 2012. Sus ministros, entretanto, se encargan en Caracas de desmentir los rumores sobre su muerte que circulan cada cierto tiempo.

Desde que comenzó su tratamiento en Cuba, en julio del año pasado, Chávez se ha negado a delegar el poder y ha sido autorizado por el Parlamento para ejercer la presidencia a distancia.

El socialismo resucita en Francia

El socialismo resucita en Francia

Hollande saca ventaja en primera vuelta y supera a Sarkozy antes de la votación del 6 de mayo

Los franceses castigan con dureza al actual presidente

París

ATLAS

La deprimida izquierda europea ha empezado a salir del pozo esta noche en Francia. Alejados del poder presidencial desde 1995, los socialistas salieron de la primera vuelta de las presidenciales en una posición de ventaja para volver al Elíseo 17 años después. Con el 99% de los sufragios escrutados y una participación del 80%, el candidato socialista François Hollande obtenía el 28,6% de los votos, y se jugará en dos semanas como favorito la segunda vuelta con el actual presidente, Nicolas Sarkozy, que pagó su desgaste personal y político en las urnas. El líder conservador llegó segundo, rozando el 27,1%, cuatro puntos menos de los que logró hace cinco años, y con un récord negativo: es el primer presidente de la V República que no gana la primera ronda en su camino hacia la reelección.

Para salir reelegido, Sarkozy deberá conquistar a los votantes antisistema de la ultraderechista Marine Le Pen, segunda ganadora de los comicios, que lleva al Frente Nacional (FN) a su mejor resultado de siempre, con un 18% de los votos.

La tarea no se da por descontada, porque solo el 40% de los electores de Le Pen afirman que piensan apoyar en el desempate a Sarkozy. Las últimas encuestas para la segunda vuelta publicadas anoche apuntan hacia una derrota clara del presidente el 6 de mayo, por una distancia de ocho puntos: 54% para Hollande frente al 46% para Sarkozy.

Con un 18% de los votos a su favor, Le Pen apareció especialmente crecida, tras elevar la cuota de su partido en su primera cita con las presidenciales más allá de lo que nunca logró su padre y fundador de FN, Jean-Marie Le Pen, quien en 2002 se coló en la segunda vuelta con el 16,7% de los votos y en 2007 bajó hasta el 10% ante el avance de Sarkozy.

El resultado revela que Le Pen roba muchos apoyos a Sarkozy. Pese a que este ha hecho suyas diversas medidas y proclamas del Frente Nacional durante su campaña, el mensaje antisistema de Le Pen ha mantenido toda su pujanza: “Hemos hecho temblar a las élites del país, la batalla de Francia solo ha comenzado, nada será ya como antes”.

Fuente: Ministerio del Interior de Francia. / EL PAÍS

Su aspiración es “hacer explotar el sistema político” y, en un futuro no muy lejano, convertirse en la “jefa de la oposición”. Eso significa que prefiere a Hollande como presidente, y que fantasea con una derrota de Sarkozy que le abra la puerta a liderar todas las derechas francesas. El presidente dejará la política si pierde la reelección. Si la hipótesis se cumple, se abriría la madre de todas las batallas en la agitada derecha.

Con una participación estimada del 80%, solo cinco puntos menor que la de hace cinco años, Hollande sale reforzado de su primera apuesta presidencial. Consigue la victoria más estrecha que anunciaban las encuestas, pero mejora en dos puntos el resultado alcanzada por Ségolène Royal, su expareja y madre de sus cuatro hijos, hace cinco años. También logra la primera victoria de un candidato de la gauche en una primera vuelta desde la que obtuvo Lionel Jospin —que luego acabaría perdiendo contra Jacques Chirac— hace 17 años, y consigue el segundo mejor resultado alcanzado por un socialista en la primera vuelta, aunque se queda lejos del 34% de Mitterrand en 1988.

Tras votar en su feudo de Tulle (centro del país), Hollande compareció ante los suyos para atribuirse la victoria con la calma que le caracteriza. Vitoreado al grito de “François presidente”, mantuvo su estilo pragmático y su discurso de estadista, subrayó la masiva participación, y dijo con una leve sonrisa y sin el menor triunfalismo: “Estoy en cabeza del primer turno, y es una posición que me honra y me obliga”.

Hollande agregó que el segundo gran dato de esta elección “es que ha sido un castigo para el mandato” de Sarkozy, “que acaba con la reprobación del presidente saliente”. El candidato socialista subrayó que es el candidato de la unidad del país, llamó a los jóvenes a movilizarse por el cambio, y prometió que Europa “volverá a la senda del crecimiento y el empleo” si gana.

Sobre el resultado del Frente Nacional, lo calificó como “un sobresalto para la República”, y recordó que Sarkozy ha hecho el juego a Le Pen centrando la campaña en todos los temas que proponía el Frente Nacional.

Pese a ser tachado de blando por sus rivales, Hollande logró movilizar a sus seguidores con su mensaje de unidad y cambio tranquilo después de una campaña de más de un año, muy inspirada en la que llevó a Mitterrand al poder en 1981. Las apelaciones al voto útil del diputado de la Corrèze funcionaron, y logró rebajar las expectativas de Jean-Luc Mélenchon. El candidato del Frente de Izquierda, apoyado por el Partido Comunista Francés, rozó el 11% de los votos, doblando casi la cifra con la que partió al inicio de la campaña, pero se quedó lejos del 14% previsto en los sondeos.

Desde la plaza de Stalingrado, Mélenchon pidió a los franceses que voten el 6 de mayo “contra el eje Merkel-Sarkozy”, y se atribuyó el hecho de que la derecha haya sumado en 2012 menos votos que en 2007.

El gran perdedor fue el centrista François Bayrou, que con un 9% de los votos se quedó justo en la mitad de apoyos respecto a hace cinco años. Una estimación inicial daba anoche una suma del 45% de los votos a la izquierda y los ecologistas (Eva Joly alcanzó el 2,5%), mientras la derecha moderada sumaba un 37,6%.

La noche fue dura para la Unión por un Movimiento Popular (UMP) de Sarkozy, que siempre confió en llegar primero a la segunda vuelta. El primer ministro, François Fillon, dijo que el resultado “es injusto para los méritos de Nicolas Sarkozy”, pero agregó que el presidente “luchará con toda determinación por la victoria final”.

Sarkozy fue el último de los candidatos en comparecer ante las cámaras. Pero no tardó ni 30 segundos en girar todo a la derecha, convencido de que la ola de proclamas populistas que le ha hecho perder el primer turno será rentable en el segundo. Dijo que el voto había reventado todos los pronósticos de un viraje a la izquierda, y explicó que la cuestión central de estas elecciones son “el respeto de las fronteras, la lucha contra las deslocalizaciones, el control de la inmigración, la seguridad, la familia y el trabajo”.

Además retó a Hollande a celebrar tres debates entre los dos turnos para poder explicar toda la verdad a los franceses, oferta que el candidato socialista rechazó. El único cara a cara entre ambos candidatos será el día 2 de mayo.

Sarkozy no dedicó un segundo a analizar el avance de la ultraderecha y por supuesto ignoró el mensaje de las urnas sobre su propio retroceso. La lucha del segundo turno será apasionante. Nada está resuelto, y los franceses deberán elegir entre dos personalidades totalmente opuestas.

La partida medirá el malestar de muchos ciudadanos con la excesiva e hiperactiva personalidad del presidente saliente, y los feroces mordiscos que la crisis financiera ha dado a la economía gala en los últimos cinco años. ¿El miedo a que vuelva a ganar Sarkozy será más fuerte que el miedo de muchos franceses al mundo exterior y a una posible victoria de la izquierda?

La sensación en los colegios electorales de París, palpada por los enviados de este diario durante el día, era unánime, e incluso los votantes de Sarkozy afirmaban que los franceses están cansados de él y han decidido mandar a casa al presidente.

 

 

El suicidio económico de Europa

El suicidio económico de Europa

La austeridad fiscal que promueve Alemania está ahogando a sus socios europeos

La semana pasada, The New York Times informaba de un fenómeno que parece extenderse cada vez más en Europa: los suicidios “por la crisis económica” de gente que se quita la vida desesperada por el desempleo y las quiebras de las empresas. Era una historia desgarradora, pero estoy seguro de que yo no era el único lector, especialmente entre los economistas, que se preguntaba si la historia principal no será tanto la de las personas como la de la aparente determinación de los líderes europeos de cometer un suicidio económico para el continente en su conjunto.

Hace solo unos meses albergaba algo de esperanza respecto a Europa. Es posible que recuerden que a finales del pasado otoño Europa parecía estar al borde de la crisis financiera, pero el Banco Central Europeo, homólogo europeo de la Reserva Federal estadounidense, acudió al rescate. Ofreció a los bancos europeos unas líneas de crédito indefinidas siempre que presentaran bonos de los Gobiernos europeos como garantía, lo que ayudó directamente a los bancos e indirectamente a los Gobiernos, y puso fin al pánico.

La cuestión por aquel entonces era saber si esta acción valiente y eficaz sería el inicio de un replanteamiento más amplio, y si los líderes europeos usarían el oxígeno que el banco había insuflado para reconsiderar las políticas que llevaron las cosas a un punto crítico en primer lugar.

Pero no lo hicieron. En vez de eso, persistieron en sus políticas y en sus ideas que no dieron resultados. Y cada vez resulta más difícil creer que algo les hará rectificar el rumbo.

Ya no se puede hablar de recesión; España se encuentra en una depresión en toda regla

Piensen en la situación en España, que actualmente es el epicentro de la crisis. Ya no se puede hablar de recesión; España se encuentra en una depresión en toda regla, con una tasa de desempleo total del 23,6%, comparable a la de EE UU en el peor momento de la Gran Depresión, y con una tasa de paro juvenil de más del 50%. Esto no puede seguir así, y el hecho de haber caído en la cuenta de ello es lo que está incrementando cada vez más los costes de financiación españoles.

En cierta forma, no importa realmente cómo ha llegado España a este punto, pero por si sirve de algo, la historia española no se parece en nada a las historias moralistas tan populares entre las autoridades europeas, especialmente en Alemania. España no era derrochadora desde un punto de vista fiscal; en los albores de la crisis tenía una deuda baja y superávit presupuestario. Desgraciadamente, también tenía una enorme burbuja inmobiliaria, que fue posible en gran medida gracias a los grandes préstamos de los bancos alemanes a sus homólogos españoles. Cuando la burbuja estalló, la economía española fue abandonada a su suerte. Los problemas fiscales españoles son una consecuencia de su depresión, no su causa.

Sin embargo, la receta que procede de Berlín y de Fráncfort es, lo han adivinado, una austeridad fiscal aún mayor.

Esto es, hablando sin rodeos, descabellado. Europa ha tenido varios años de experiencia con programas de austeridad rigurosos, y los resultados son exactamente lo que los estudiantes de historia les dirían que pasaría: semejantes programas sumen a las economías deprimidas en una depresión aún más profunda. Y como los inversores miran el estado de la economía de un país a la hora de valorar su capacidad de pagar la deuda, los programas de austeridad ni siquiera han funcionado como forma de reducir los costes de financiación.

Lo que es realmente inconcebible es mantener el rumbo actual e imponer una austeridad cada vez más rigurosa

¿Cuál es la alternativa? Bien, en la década de 1930 —una época cuyos detalles la Europa moderna está empezando a reproducir de forma cada vez más fiel— el requisito fundamental para la recuperación fue una salida del patrón oro. La medida equivalente ahora sería una salida del euro, y el restablecimiento de las monedas nacionales. Pueden decir que esto es inconcebible, y que sin duda alguna sería enormemente perjudicial tanto económica como políticamente. Pero lo que es realmente inconcebible es mantener el rumbo actual e imponer una austeridad cada vez más rigurosa a países que ya están sufriendo un desempleo de la época de la Depresión.

Por eso, si los líderes europeos quisieran realmente salvar al euro estarían buscando un rumbo alternativo. Y la forma de dicha alternativa es en realidad bastante clara. Europa necesita más políticas monetarias expansionistas, en forma de buena disposición —una buena disposición anunciada— por parte del Banco Central Europeo para aceptar una inflación algo más elevada; necesita más políticas fiscales expansionistas, en forma de presupuestos en Alemania que contrarresten la austeridad en España y en otros países en apuros de la periferia europea, en vez de reforzarla. Incluso con esas políticas, los países periféricos se enfrentarían a años de tiempos difíciles, pero al menos existiría alguna esperanza de recuperación.

Sin embargo, lo que estamos viendo en realidad es una falta de flexibilidad absoluta. En marzo, los líderes europeos firmaron un pacto fiscal que establece de hecho la austeridad fiscal como respuesta ante todos y cada uno de los problemas. Mientras tanto, los principales directivos del banco central insisten en recalcar la voluntad del banco de aumentar los tipos a la más mínima señal de una inflación más elevada.

Por eso resulta difícil evitar una sensación de desesperación. En vez de admitir que han estado equivocados, los líderes europeos parecen decididos a tirar su economía —y su sociedad— por un precipicio. Y el mundo entero pagará por ello.

Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, es catedrático de la Universidad de Princeton.

La batalla que Argentina sí ganó

La batalla que Argentina sí ganó

Treinta años después de la guerra de Las Malvinas, Cristina Fernández expropia YPF enarbolando la soberanía nacional. Estas son las claves de la decisión

Buenos Aires
La mano de la presidenta de Argentina sujetando un tubo con una muestra de petróleo de YPF. / AP

A lo largo de su andadura como presidente de Repsol, Antonio Brufau ha negociado con líderes mundiales en situaciones un tanto peculiares. Muamar el Gadafi lo atendió varias veces en su jaima de Trípoli mientras en la puerta ordeñaban las cabras y pastoreaban los camellos; el boliviano Evo Morales lo recibió a las cinco de la mañana en La Paz; con el presidente Hugo Chávez departió mientras el mandatario venezolano conducía un Mercedes desde la Gran Vía de Madrid hasta el aeropuerto de Barajas, y Fidel Castro le concedió audiencia a las dos de la madrugada en La Habana.

En la Casa Rosada, sede del Gobierno argentino, Brufau tuvo que esperar a veces varias horas para acceder al despacho presidencial. Pero cuando llegaba acompañado de Sebastián Eskenazi, el hombre al que vendió el 25% de Repsol-YPF cuando Néstor Kirchner le obligó a argentinizar la compañía, no esperaba ni un minuto. Eskenazi era íntimo amigo de los Kirchner. Néstor y Cristina vieron con muy buenos ojos en 2008 que los Eskenazi pagaran solo el 10% de las acciones que compraron. Para el resto, pedirían créditos. ¿Y cómo pensaban los Eskenazi pagar los créditos? Con el dinero que les abonase la empresa en el reparto de dividendos. “Así me compro yo también la Coca-Cola”, dijo esta semana el periodista argentino Jorge Lanata. La operación le pareció un tanto extraña entonces a algunos analistas argentinos, y les sigue pareciendo extraña. Pero entonces, casi todo el mundo parecía contento: Brufau, los Kirchner y, por supuesto, los Eskenazi.

Brufau trabó relaciones muy fluidas con el ministro de Planificación, Julio de Vido, responsable de la política energética del país en los últimos nueve años. El presidente de Repsol conocía bien a la gente que era necesario conocer bien: los empresarios, los periodistas más influyentes, los gobernadores de las provincias petroleras, los consultores de energía más prestigiosos… Y cuando murió Néstor Kirchner, en 2010, no perdió la brújula en los laberínticos pasillos del poder peronista. Unos ministros llegaban, otros se iban, pero Julio de Vido seguía ahí. Y los Eskenazi continuaban manteniendo buenas relaciones con la presidenta. Hasta el año pasado, ella elogiaba su gestión empresarial en público y lo trataba de Antonio ante las cámaras.

De pronto, a principios de 2011, lo que era blanco se volvió negro

De pronto, a principios de diciembre de 2011, todo lo que era blanco se volvió negro. De Vido empezó a pedir que la empresa invirtiera más en explorar y producir petróleo. De Vido había acudido con su esposa en varias ocasiones a la casa porteña de Brufau. Pero el trato se enfrió de pronto. El fino olfato de Brufau no tuvo que esmerarse mucho para darse cuenta de que las cosas estaban cambiando. Las cuentas no cuadraban en el país. El año pasado Argentina tuvo que importar hidrocarburos por valor de 10.000 millones de dólares (7.500 millones de euros), y para este año se prevé que sean por lo menos 9.000 millones. ¿Responsable? Repsol-YPF, que solo representa un tercio de la producción en Argentina. ¿Por qué nunca denunció De Vido esa situación y el representante en la dirección de YPF por parte del Estado, Roberto Baratta, vino aprobando todas las decisiones del directorio durante los últimos años? La situación recordaba demasiado a la escena de Casablanca en la que el oficial francés que solía jugar en el casino cierra el local porque de pronto descubre que ahí se juega.

Repsol aportó cifras en las que mostraba que en 2001 tenía 8.867 empleados directos y el año pasado 16.048. Enseñó cuadros con datos del propio Gobierno en los que se veía cómo el año 1999, cuando compró YPF, invirtió 1.000 millones de dólares, y desde entonces había venido aumentando la cifra casi todos los años hasta los 2.990 millones de 2011. Para 2012 prometía 3.500 millones de dólares. Pero sus interlocutores decían que eso no era suficiente, que había descendido mucho su producción. Antonio Brufau viajó varias veces desde Madrid a Buenos Aires para explicar que la mayoría de los pozos eran maduros, es decir, muy explotados y con pocas reservas.

De Vido, responsable de la política energética de los últimos años, debía saberlo. Pero de pronto, el interlocutor válido ya no era De Vido. Ahora se presentaba a las reuniones un hombre de 41 años y patillas de hacha, vestido sin corbata, que nunca antes había puesto un pie en el complejo mundo de la industria petrolera. Se trataba de Axel Kicillof, el viceministro de Economía. Su discurso estaba en las antípodas de lo que Brufau representaba, pero era amigo de Máximo Kirchner, hijo de la presidenta. Y, sobre todo, era el hombre a quien la presidenta parecía escuchar. Brufau creía que Kicillof estaba preparando un borrador para expropiarle. Quería negociar directamente con la presidenta, pero ella no le atendía. Los gobernadores petroleros empezaron a revertir áreas de explotación y Repsol-YPF fue perdiendo valor en Wall Street.

Finalmente, el lunes 16 de abril, después de cuatro meses de acoso y derribo, Cristina Fernández anunció la expropiación de YPF. No había que encargar muchas encuestas para darse cuenta de que nueve de cada diez argentinos se mostrarían favorables a la medida. En España no hay ninguna empresa que se pueda comparar ni remotamente con YPF en cuanto a la carga identitaria y sentimental que esa marca representa para los argentinos. YPF fue la primera explotación estatal petrolera del mundo. Estuvo presente en la mitad de los 200 años de vida que tiene el país y representa la nostalgia de la soberanía energética perdida, de todo lo que se podía haber sido y no se es.

Ante esos sentimientos, poco podían hacer las cifras de Brufau. El presidente de Repsol insistía en que la empresa solo representaba un tercio de la producción y se la estaba discriminando. Pero Kicillof la responsabilizó del 71% de la caída en la producción del petróleo en el último año y del 70% en la producción de gas.

Axel Kicillof toma las riendas de la política energética

Al día siguiente de la expropiación, Kicillof expuso el proyecto de ley, durante dos horas y media ante todos los senadores de Argentina. No faltaron en su discurso menciones a España y a elefantes. También a cerdos. “Los llamados PIGS. PIGS es el nombre con el que bautizó el stablishment económico… pigs, ¡cerdos!, a algunas economías europeas como Portugal, Italia, Grecia, España. Pigs, hay peipers [papers, documentos] de grandes economistas llamándolos cerdos. Le pido a España que recupere la dignidad en este sentido, que mire lo que le están recomendando la derecha y los guitarristas de libre mercado. ¡Y cómo los llaman! Después de haber cumplido con esas recetas tienen grandes problemas económicos. Pero los grandes problemas económicos no es ese default de la deuda externa en el que iba a caer Grecia exclusivamente. Los problemas económicos que mira este Gobierno y que no están en los libros de texto son el desempleo, el nivel salarial, el nivel de las jubilaciones, el bienestar de la gente. Esos son los problemas, los grandes y gravísimos problemas económicos. No lo que hace el Estado argentino con una empresa… ¡argentina!”.

Manifestación a favor de la expropiación de YPF. / REUTERS

Con un evidente dominio de la oratoria, Kicillof escenificó lo que ya se venía comentando en Argentina. La Cámpora, la asociación juvenil que lidera Máximo Kirchner, se estaba afianzando en el poder. De Vido había sido nombrado interventor de YPF, pero Kicillof será su director adjunto y jugará un papel clave en el sector energético. De entrada, ya advirtió que los empresarios como Brufau no tienen nada que enseñarle. “Cuando se trata de empresarios extranjeros, ¿qué van a saber de lo que estamos haciendo acá? ¿Qué van a creer, en que estamos convencidos de lo que estamos haciendo y que lo estamos llevando por una senda responsable y que ha dado frutos completamente distintos de lo que está ocurriendo en situaciones de países europeos como la propia España? Que nosotros ya hemos probado el gusto amargo de ajuste. Y ya sabemos que cuando hay una profunda crisis, lo peor que se puede hacer es pensar que el Estado es malo, que el Estado es el problema. El Estado es la solución. Y lo hemos visto en la Argentina. No estoy dándole consejos a España. Simplemente digo que cuando hay recesión y crisis el Estado se vuelve en un actor clave para revitalizar la demanda y la producción. Entonces, el ajuste del poder adquisitivo de los jubilados lo hemos vivido nosotros. (…) ¿Cómo vamos a retirar al Estado de funciones vitales? Estos empresarios como Brufau, ¿qué va a entender lo que estamos haciendo, cuando está pensando en la expansión trasnacional de un grupo que lo ha hecho en buena medida a expensas de los dividendos girados por nuestra compañía petrolera?”.

Un analista argentino subraya el atractivo de la figura de Kicillof. “Seguramente, en España, con la crisis que atraviesa, esas palabras contra los excesos del libre mercado pueden resultar muy atractivas. Y como personaje literario es muy interesante: un profesor de economía de aspecto juvenil que le planta cara al gigante de Repsol y habla más de dos horas en el Senado con el dedo índice levantado. Pero ese señor va a estar al frente de YPF. A los españoles les puede resultar muy simpático y atractivo un personaje así. Pero seguro que no querrían tenerlo al frente de Repsol”.

Nueve de cada diez argentinos apoyan la medida, según las encuestas

Algunos analistas se muestran apesadumbrados por la decisión de expropiar. Creen que una vez más Argentina ha vivido un sentimiento malvinero de euforia nacional colectiva que terminará pagando caro. Pero esas voces son muy escasas. Mientras arreciaban el viernes los mensajes de reprobación internacional de la Unión Europea y de EEUU, Cristina Fernández de Kirchner seguía envolviéndose en los grandes sentimientos de la bandera de Argentina. En su cuenta de Twitter, con un millón de seguidores, se pudo leer: “Desde allá, desde Casa Rosada, miramos al país de frente, hacia el Norte, el Sur, el Centro, toda esa inmensa geografía que estaba esperando”. Y después: “Quiero agradecer porque es hora de que la Argentina inicie una etapa diferente, de grandeza, donde los que están en la oposición también apoyen”. En efecto, casi toda la oposición en pleno apoyó la medida en el Senado. Hasta uno de los hombres más defenestrados del país, el senador peronista Carlos Menem, que fue quien privatizó YPF votó a favor de la expropiación.

“La gente siente que recuperó algo que le pertenece”, señala Víctor Bronstein, director del centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad. “Es un sentimiento popular y hay que respetarlo. Ahora queda por saber si la empresa estatal puede hacerse cargo del problema. Yo creo que contamina el funcionamiento de la empresa el hecho de que las provincias tengan poder en el directorio. La presidenta compara a Petrobras como empresa mixta que funciona bien. Pero en Brasil, donde los Estados tienen más autonomía que en Argentina, los recursos de petróleo y gas pertenecen a la nación, no se negocian con las provincias, no tiene sentido”.

Bronstein cree que la crítica que se le hace a Repsol en cuanto a que decidió invertir más en producir que en explorar es relativa, porque va en contra de los propios intereses de la compañía. “Toda empresa petrolera sabe que tiene que mantener un nivel de reserva, porque si no se le acaba el negocio”. Sin embargo, Bronstein cree que Repsol decidió explorar menos porque priorizó inversiones internacionales. “Solo actuó cuando le apretaron el zapato. Y ya era demasiado tarde”.

Jorge Lapeña, secretario de Energía de Raúl Alfonsín (1983-1989), también coincide en que “faltó exploración”. Pero no culpa tanto a la empresa como al Gobierno que lo toleró. “Todas las empresas privadas exploran menos pozos en Argentina que la mitad de lo que exploraba la YPF estatal ella sola en la década de los ochenta. El Estado ha fracasado como fiscalizador y planificador”, señala. El antiguo secretario de Alfonsín es una de las pocas voces que se han pronunciado en Argentina contra las formas en que las provincias quitaron concesiones a YPF: “Creo que se tenía que haber hecho una auditoría integral de todos los permisos de exploración y concesiones de todas las empresas”.

En cuanto, a la forma sincronizada en que se ejecutó la expropiación, obligando a los directivos de Repsol-YPF a desalojar la empresa en el mismo momento en que la presidenta anunciaba el proyecto de ley, Kicillof aportó sus razones: había que descubrir los secretos mejor guardados de la empresa. No había nada personal. Solo negocios.

Bolsas a la baja por el frenazo chino y las dudas políticas en Europa

Bolsas a la baja por el frenazo chino y las dudas políticas en Europa

El Ibex cierra en 6.846,6 puntos, tras perder un 2,76%

Ell tipo del bono a 10 años toca el 6% durante el día y la prima de riesgo se coloca en 436 puntos

Madrid

Las Bolsas europeas no han aguantado el tirón del pasado viernes y han empezado la semana teñidas de rojo. La inquietud por la desaceleración de la economía china, una contracción inesperada en la actividad industrial y económica de la zona euro y la incertidumbre política en Francia y Holanda, que añade dudas a la capacidad de la zona para completar los ajustes fiscales que exige Bruselas, envuelven un panorama de ventas generalizadas.

Todos los mercados europeos han permanecido en pérdidas durante la sesión. El Ibex 35 ha llegado a caer un 3,25% en la primera hora de negociación, lo que lo ha colocado en 6.812 puntos, por debajo de la cotización de cierre del 9 de marzo de 2009 (6.817,4 puntos, aunque durante esa sesión marcó un mínimo intradía en 6.702,6 puntos), el nivel mínimo del índice desde el comienzo de la crisis que desencadenó la quiebra de Lehman Brothers.

Al cierre de la jornada, el Ibex ha perdido un 2,76%, hasta colocarse en 6.846,6 puntos. El valor más vapuleado ha sido Sacyr Vallehermoso, propietaria de un 10% del capital de Repsol, que sigue sufriendo las consecuencias de la expropiación de la filial argentina de la petrolera, YPF, decretada la semana pasada por Cristina Fernández de Kirchner. Le sigue en los retrocesos ACS (-10,09%), que la semana pasada vendió el 3,69% del capital de Iberdrola con una pérdida neta de 540 millones de euros. Londres ha retrocedido un 1,91%, París un 2,97%, Fráncfort un 3,41% y Milán un 3,83%.

La economía española se contrajo un 0,4% en el primer trimestre de 2012 respecto a los últimos tres meses de 2011, según datos publicados hoy por el Banco de España, lo que certifica su segunda recesión en los últimos cinco años. En comparación con el primer trimestre de 2011, el PIB cayó el 0,5% tras siete trimestres de subidas interanuales. El empleo siguió bajando, aunque de forma “ligeramente menos acusada” que en el cuarto trimestre de 2011, con un descenso interanual cercano al 4%.

En el corazón de Europa, a la victoria del socialista de François Hollande en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, se une la crisis del Gobierno holandés de liberales y democristianos, que han perdido el apoyo del partido de extrema derecha de Geert Wilders, imprescindible para aprobar un ajuste presupuestario de 16.000 millones de euros necesario para cumplir con el objetivo de déficit del 3% impuesto por la UE. El primer ministro, Mark Rutte, ha presentado su dimisión y se han convocado elecciones anticipadas en Holanda.

Todo lo anterior vivifica las turbulencias en el mercado de deuda soberana, donde se ha evidenciado más que nunca el carácter refugio de los títulos alemanes: el rendimiento del bono a cinco años ha llegado a caer hasta el 0,62%, el mínimo desde que existe la moneda única. Por el contrario, el coste de los Credit Default Swaps (CDS instrumentos que protegen del riesgo de impago) de la deuda holandesa ha ganado once puntos básicos, hasta 130. El coste de los seguros de impago de la deuda francesa también se ha anotado cinco puntos más, hasta 204,5.

La tensión se mantiene también en los mercados periféricos. La prima de riesgo española (diferencial entre la rentabilidad que se exige al bono a 10 años y su equivalente alemán), que ha iniciado la jornada en 425 puntos básicos, ha llegado a tocar los 437, aunque más tarde se relajaba a 432. El tipo del bono español a 10 años ha llegado a superar, igual que sucedió la semana pasada, el 6%. El diferencial italiano también está sufriendo la inestabilidad del mercado de deuda soberana y hoy ha llegado a los 409 puntos básicos, tras iniciar el día en 395.

La crisis de la deuda en la zona euro sigue pesando en los inversores. Según datos publicados hoy por Eurostat, el endeudamiento de los 17 países que comparten moneda se situó en el 87,2% del PIB en 2011, frente al 85,3% del año precedente, la mayor proporción desde que se adoptó el euro en 1999. Grecia encabeza la lista, con un 165,3%, seguida de Italia, con un 120,1%, mientras Estonia es el país con menor deuda, un 6% de su PIB. En el caso de España, pasó del 61,2% en 2010 al 68,5% el año pasado. Los Presupuestos Generales del Estado establecen una previsión de deuda del 79,8% para 2012.

Frente a las presiones que está recibiendo desde distintos frentes, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el Banco Central Europeo (BCE) se está resistiendo a las presiones de que intervenga aún más en la resolución de la deuda. De hecho, por sexto periodo consecutivo, en la semana finalizada el 20 de abril no realizó compras de bonos en el mercado secundario, como había venido haciendo desde 2010 en el marco de su programa de compras o Securities Markets Programme (SMP), por un importe que suma un total de 214.000 millones de euros.

La apertura de la negociación ha estado marcada por la contracción del sector industrial chino en abril por sexto mes consecutivo. El índice PMI de gestores de compras que elaboran HSBC y Markit Economics se queda, según su última lectura provisional, en 49,1 puntos, frente a los 48,3 de marzo. Un registro inferior a 50 puntos en este parámetro se debe interpretar como contractivo.

La fragilidad industrial no solo se está poniendo de manifiesto en Asia. El PMI manufacturero alemán ha retrocedido en abril hasta 46,3 puntos, frente a los 49 previstos, por debajo de los 48,4 puntos de marzo. Se trata de la mayor contracción desde julio de 2009. El componente de servicios, por el contrario, subió hasta 52,6 puntos en abril, frente a los 52,1 de marzo. Se esperaba un nivel de 52,3 puntos. El PMI conjunto cae hasta 50,9 puntos desde los 51,6 de marzo.

En Francia, el PMI manufacturero ha subido hasta 47,3 puntos desde 46,7 en marzo, en línea con lo esperado. Los servicios, sin embargo, caen hasta 46,4 puntos, desde 50,1 en marzo. El dato conjunto cede hasta 46,8 puntos (48,7 puntos en marzo), el nivel más bajo en seis meses.

Para el conjunto de la zona euro, el índice PMI compuesto (industria y servicios) cayó más de lo esperado en abril, hasta 47,4 puntos (49,1 en marzo), su nivel más bajo en cinco meses. Se esperaba un aumento de este registro hasta 49,3 puntos, según estimaciones de Bloomberg.

“Las fuerzas contractivas en el el sur de Europa son demasiado fuertes y la tracción de Alemania demasiado débil para devolver este indicador a territorio de crecimiento”, ha señalado a la citada agencia Martin van Vliet, economista de ING en Amsterdam.

 

Margallo: “Argentina está peleada con medio mundo en este momento”

explica sus peticiones a la ue

Margallo: “Argentina está peleada con medio mundo en este momento”

El ministro de Exteriores británico pide estudiar “muy seriamente” las peticiones del Gobierno español para responder a Buenos Aires.

  • GEES

    “No somos como los argentinos”

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha reclamado a sus homólogos europeos en Luxemburgo que la UE estudie elevar un caso contra Argentina en la Organización Mundial del Comercio (OMC) tras la expropiación del 51 por ciento del capital social de YPF -la filial argentina de la española Repsol- y que la UE ponga fin antes de tiempo a las ventajas arancelarias de las que se benefician las exportaciones argentinas en el mercado comunitario y que no concluya el acuerdo comercial con el Mercosur.

El jefe de la diplomacia española ha informado a sus homólogos sobre los detalles de la expropiación de YPF y les ha planteado diferentes medidas:

  • Activar todas las reclamaciones en materia comercial de la UE ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
  • Exclusión de Argentina de la zona de preferencias arancelarias antes de su caducidad natural en  2014.
  • Abrir una reflexión de si es posible seguir impulsando las negociaciones con MERCOSUR.

Margallo desconfía del cumplimiento de la ley de Argentina ya que dice haber “guiños” de que esto no se cumpla en otros conflictos de este tipo que tiene el país. “Argentina está peleada con medio mundo en este momento”, ha dicho el ministro. “No estamos discutiendo la soberanía energética de Argentina, puede decidir expropiar, a mí me parece un error, pero estarían en su derecho, pero si expropian lo deben hacer por los procedimientos legales y pagando el precio justo a la empresa”, ha insistido.

Apoyo pleno del Consejo

El ministro de Asuntos Exteriores británico, William Hague, cuyo país ha sido objeto de restricciones comerciales importantes en los últimos meses por parte de Buenos Aires por su conflicto por la soberanía de las islas Malvinas, ha defendido que los Veintisiete analicen “muy seriamente las medidas propuestas por España“, según han confirmado fuentes europeas.

La Alta Representante de Política Exterior y de Seguridad Común de la UE, Catherine Ashton, ha asegurado que “el Gobierno español tiene el apoyo pleno del Consejo” porque se trata de una decisión “muy negativa” que “crea inseguridad tanto para las inversiones de la UE como para otras inversiones extranjeras” en el país del Cono sur durante el debate “breve” que los Veintisiete han mantenido sobre la expropiación de YPF, han explicado fuentes próximas a la jefa de la diplomacia europea.

Ashton no ha querido que el debate de los Veintisiete sobre la expropiación de YPF se alargara durante mucho tiempo por la agenda “muy cargada” de la reunión de los Veintisiete y ha solicitado a los ministros que limitaran sus intervenciones y que intervinieran sólo en el caso de que no compartieran la postura de “pleno apoyo” al Ejecutivo español, han explicado fuentes europeas.

Portugal y República Checa apoyan a España

Además del ministro británico, los representantes de las delegaciones portuguesa y checa han intervenido en el debate de los Veintisiete sobre la expropiación de YPF para apoyar al Ejecutivo español.

El secretario de Estado de Exteriores portugués, Miguel Morais Leitao, ha defendido que “el Estado de Derecho es importante” para proteger las inversiones pero ha defendido que los Veintisiete “no metan en la misma cesta a todos los países latinoamericanos”, han explicado fuentes europeas.

El viceprimer ministro y titular de Exteriores checo, Karel Schwarzenberg, ha dejado claro que “este tipo de expropiaciones no se pueden tolerar” y ha reclamado que la Unión Europea reaccione de manera “muy clara” para dejar esto patente.

El Gobierno español, que el viernes aprobó limitar las importaciones de biodiésel argentino en respuesta a la expropiación de YPF, ha insistido en que “Argentina vuelva a la legalidad internacional” y “arregle este contencioso de forma amistosa” tras defender que no puede “expropiar sin pagar” la compensación preceptiva a los accionistas afectados. “Y si no, que cumpla lo que los tribunales arbitrales decidan”, ha avisado García-Margallo esta mañana. El jefe de la diplomacia española ha descartado esta mañana que los Veintisiete aprueben este lunes algunas medidas para responder a la expropiación de YPF por Argentina tras recordar que es la Comisión Europea la institución competente para adoptar las decisiones.

 

El Ibex se hunde un 2,76% y vuelve a niveles de 2003

El Ibex se hunde un 2,76% y vuelve a niveles de 2003

El selectivo español cierra con una caída de 194 puntos y se sitúa por debajo de los 6.900. En 2012, ha perdido más del 20% de su valor.

Ibex-35

Última actualización:
23/04/2012 – 17:38
Último:

6.846,60
Dif%:

-2,76
Inf. diferida 15 minutos © fuente infobolsa
 El Ibex 35 ha sufrido este lunes una nueva jornada negra con lo que continúa la senda bajista que inició la semana pasada. El selectivo español ha caído un 2,76% hasta situarse en la cota de los 6.846 puntos, el nivel más bajo desde 2003. En lo que va de año, el indicativo español ha perdido un 20,08% lo que le convierte en el peor índice del mundo, seguido por el Merval, el índice argentino.

En el mercado de deuda, la prima de riesgo –el diferencial entre la rentabilidad que ofrecen los bonos españoles a diez años con respecto al bund alemán- se ha situado al cierre del mercado bursátil en los 437 puntos y la rentabilidad ha repuntado hasta el 6,019%, lo que podría plantear dificultades en la subasta de letras de tres y seis meses que celebra mañana en Tesoro Público.

El resto de grandes plazas europeas han tenido durante la jornada la misma tendencia bajista que la española. La “inestabilidad política” en la Eurozona parece haber hecho mella en los inversores. Por un lado, no se sabe qué pasará en Francia, especialmente si el candidato socialista, François Hollande, confirma en la segunda vuelta su victoria del domingo. Por otro lado, la dimisión del primer ministro holandés ante las dificultades de acometer nuevos recortes en su país, tampoco ha ayudado a la estabilidad de los mercados.

En Europa hubo resultados peores, ya que Milán bajó el 3,83%; Fráncfort, al 3,36%; el índice Euro Stoxx 50, el 2,87%; París, el 2,83%; y Londres, el 1,85%.

A todo esto se han unido las malas previsiones de crecimiento presentadas por el FMI la semana pasada y que se han visto confirmadas por el informe que el Banco de España ha publicado este lunes. Según este organismo, la economía española se contrajo un 0,4% entre enero y marzo de este año, por lo que entra oficialmente en recesión (dos trimestres consecutivos de caídas). Si a todo esto se suman los problemas de empresas españolas estratégicas, como Repsol, el cóctel resultante está siendo difícil de digerir por los mercados. Además, esta semana presentan resultados los principales bancos españoles, y los analistas no tienen buenas expectativas.

La peor bolsa del mundo

La bolsa española ha sufrido este lunes su sexta mayor caída del año. En los primeros cuatro meses del 2012, el selectivo se ha devaluado un 20,08%, caída que le convierte en el peor índice de entre las principales bolsas del mundo. En un año, desde el 23 de abril del 2011, el indicador ha cedido más de un 30% de su valor.

Al principal indicador de la bolsa española le sigue, paradójicamente en caídas anuales, el selectivo argentino Merval con una pérdida de valor en lo que va de año del 8,94%. Más de diez puntos por debajo de la caída de la bolsa española se sitúan las caídas de los indicadores de Portugal e Italia con un descenso del 7,49% y el 6,81%.


Todos los grandes valores bajaron: Repsol, el 5,97%; Iberdrola, el 2,78%; Telefónica, el 2,76%; BBVA, el 1,92%, y Banco Santander, el 1,54%.

Sacyr Vallehermoso lideró las pérdidas del IBEX y de la bolsa con una bajada del 12,45%, seguida de ACS, que cedió el 10,09%, y de FCC, que descendió el 5,97%. Sólo una compañía del IBEX, Indra, consiguió ganancias en esta jornada al subir el 0,34%, en tanto que la menor bajada es del 0,6%.

Después de Sacyr, en el mercado continuo destacó la caída del 10,58% de Vértice 360, mientras que Zeltia comandó las subidas, el 13,26%, después de anunciar avances en el desarrollo de un fármaco contra el cáncer en los Estados Unidos.

La rentabilidad de la deuda española a largo plazo subía cuatro centésimas y se situaba antes del cierre en el 5,98 por ciento, mientras que el rendimiento de los títulos germanos bajaba seis centésimas y quedaba en el 1,64 por ciento.

El efectivo negociado se ha situado en 2.932 millones de euros, de los que cerca de 800 millones fueron intermediados por inversores institucionales.

 

A %d blogueros les gusta esto: