La elección por omisión de Francia

La elección por omisión de Francia

Por Dominique Moisi

Philosophie

Diario Las Americas

PARIS. – Rousseau versus Hobbes: en la tapa de la revista francesa Philosophie, los dos principales rivales en la inminente elección presidencial de Francia, el mandatario en funciones, Nicolas Sarkozy, y el candidato socialista François Hollande, están vestidos en consecuencia. “La verdadera contienda presidencial”, según la revista, enfrenta la visión consensual y contractual de Rousseau (Hollande) con la visión violenta de “todo hombre es un lobo para su prójimo” de Hobbes (Sarkozy).

La mirada de Philosophie sobre la elección presidencial francesa puede contener algo de verdad, pero la realidad es mucho más prosaica -y mucho menos intelectual-. Para entender las complejidades de la contienda y del reciente (aunque todavía relativo) ascenso de Sarkozy, el deporte puede ser un mejor punto de referencia que la filosofía.

Consideremos la estrategia de Hollande en términos de fútbol. Tras haber abierto el tanteador tempranamente (estableciendo una ventaja en las encuestas de opinión pública), se descubrió a sí mismo en la posición de un entrenador italiano llevando a la práctica la táctica de “catenaccio” de hace 20 años -una estrategia puramente defensiva para evitar que Sarkozy recupere terreno-. Quizá funcione, pero también contribuyó al tedio de la campaña de Hollande y a la creciente falta de entusiasmo por su persona.

Tanto quería Hollande destacar su “normalidad” comparada con los excesos del carácter de Sarkozy que terminó pareciendo banal. Como resultado, se descubrió rodeado por el aura cripto-revolucionaria del candidato de extrema izquierda, Jean-Luc Melenchon, y el dinamismo híper-energético de Sarkozy.

El desenfreno asesino de Mohammed Merah en Toulouse en marzo también obró a favor de Sarkozy, que se alegró al hacer virar el debate electoral de la injusticia social a cuestiones de seguridad.

Pero, si bien Sarkozy se ve más fuerte ahora que al inicio de la campaña electoral, los desafíos que enfrenta siguen siendo formidables, y tal vez imposibles de superar.

Nunca en la historia de la Quinta República la misma mayoría partidaria ganó una contienda presidencial más de tres veces consecutivas. La reelección de Sarkozy, tras su victoria en 2007 y los triunfos de Jacques Chirac en 1995 y 2002, implicaría una cuarta victoria consecutiva para la derecha gaullista, que sería mucho más remarcable en vista de la situación económica en Francia, Europa y el mundo.

Más allá de estos factores estructurales e históricos, está la cuestión de las personalidades. En este sentido, la contienda no es tanto entre Hobbes y Rousseau como entre Bonaparte y Clement Attlee, el primer ministro británico de postguerra, famoso por su abulia (de quien Churchill alguna vez dijo “tiene mucho sobre lo cual ser modesto”). En otras palabras, la elección simplemente podría convertirse en una contienda entre el rechazo hacia Sarkozy y la falta de pasión por Hollande. Como resultado, la abstención -por lo general, considerablemente baja en las elecciones presidenciales francesas- puede desempeñar un papel importante.

Mientras tanto, en todo el espectro político predomina una sensación de lamento. “Si tan sólo pudiéramos tener un candidato más presentable que Sarkozy”, farfullan los conservadores. “Si tan sólo pudiéramos tener un candidato más carismático que Hollande”, es el estribillo del campo socialista.

En resumidas cuentas, esta campaña se destacará por la falta de atención que se les presta a los programas de los candidatos. Los franceses no perciben ninguna diferencia real entre un candidato en funciones que no cumplió con sus promesas y un retador cuyas premisas son insostenibles. Una negación suicida de la realidad parece unir a los candidatos y a sus seguidores, que no puede estar mejor formulada que de esta manera: “No aborden cuestiones serias, como el debate nacional, durante la campaña electoral, y nosotros no esperaremos que las confronten seriamente cuando estén en el poder”.

Consideremos la reciente tapa de The Economist, que muestra a Sarkozy y a Hollande como los dos personajes masculinos de la famosa pintura de Manet “Desayuno sobre la hierba”. Rodeados de mujeres desnudas, se supone que ilustran el “arte francés de vivir” que Francia ya no puede permitirse.

¿Dónde está Churchill y su llamado a las armas, al esfuerzo y al sacrificio? ¿Francia se está preparando para despilfarrar otros cinco años, sin importar el resultado de la elección?

Por supuesto, cuando soplan vientos fuertes y se está en altamar, la experiencia del capitán del barco cuenta. Sin embargo, dados los problemas de la economía francesa y las dificultades de la Unión Europea, para no mencionar las de la economía mundial en una era global, ningún presidente tendrá demasiado espacio de maniobra.

De manera que, en gran medida, los franceses votarán en base a la personalidad y al estilo personal, y no de acuerdo con los programas políticos de los candidatos. Aunque las probabilidades todavía favorecen a Hollande, el resultado puede ser más ajustado de lo imaginado. Pero, en términos generales, será “una elección por omisión”, disputada entre un retador aburrido que se niega a atacar y un candidato en funciones voluble que prefiere ponerse a sí mismo de espaldas contra la pared.

Dominique Moisi es el autor de The Geopolitics of Emotion (La geopolítica de la emoción).

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