Colombia: Nostalgia del mamertismo

Colombia: Nostalgia del mamertismo – por Jaime Castro Ramírez

A la hora de cobrar cuentas políticas cuyos resultados no hayan sido favorables a las aspiraciones de sus actores, a quienes se les puede identificar como mamertos en ejercicio de su nostalgia de poder, no importa el argumento al que haya que recurrir para dramatizar ese impase que les representa un vacío en sus aspiraciones, muchas veces soterradas, de querer aparecer en el escenario político, donde difícilmente pueden estar por sus excesos de dialéctica convertida en hechos en contra de la institucionalidad, pero además, haciéndole el juego a los enemigos de la democracia.

Por estos días, después del 2 de abril de 2012, cuando se dieron las liberaciones de diez militares secuestrados, se escuchan comentarios con tinte de resentimiento por el supuesto “mal tratamiento” que el gobierno les dio a quienes esperaban el show político publicitario de ocasiones anteriores donde hacían política abiertamente con la liberación de secuestrados. Incluso en la gran prensa se observan protestas, caso concreto, Daniel Samper Pizano en su columna “Prohibido mencionar su nombre” de abril 8, donde habla de mezquindad de parte del presidente de la república al no mencionar específicamente a la señora Piedad Córdoba como autora de dichas liberaciones. Se sienten “ignorados”. Y agrega Samper refiriéndose a Piedad Córdoba: “sin cuya intermediación hubiera sido imposible el rescate”. Esto último es cierto, porque Piedad Córdoba hace de “intermediaria” de las FARC, y la reciprocidad que ha recibido ha sido la campaña política que le han hecho al Congreso de la república poniéndola como su vocera en las liberaciones a cuenta gotas, y exigiendo, a manera de chantaje, que solo a ella le hacían la entrega de los secuestrados. Qué mejor campaña, pero a costa de manipular el sentimiento humano de la gente.

Es apenas natural que los secuestrados fueran liberados, pues nunca debieron cometer esa ignominia contra ellos. Todo el mundo exigía que esas personas fueran devueltas a sus familias y a la sociedad. Entonces, el cuestionamiento obedece es a razones filosóficas fundamentales. No se puede interpretar como un favor de las FARC el hecho de devolverle la libertad individual a unas personas, pues simplemente la libertad es un derecho fundamental del ser humano, y como tal hay que respetarlo; pues lo que ocurrió fue un delito de lesa humanidad, en este caso llamado secuestro.

Sin embargo, hace falta un agregado muy diciente que tiene que ver con quienes fueron secuestrados y que nunca regresarán porque fueron asesinados por los secuestradores. Para solo citar unos ejemplos, tal es el caso de los once diputados del Valle del Cauca, los militares eliminados con tiros de gracia, el ex gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria, el ex ministro de defensa Gilberto Echeverri, y tantos otros colombianos anónimos.

Como se puede observar, no se trata de acusaciones infundadas, y ni siquiera de verdades apriorísticas, pues los argumentos están sustentados con pleno conocimiento de causa y plena prueba; luego, en esta instancia del análisis, tal vez vamos llegando al plano de entender esa razón filosófica por la cual no se puede permitir que se violen los derechos humanos en una forma tan oprobiosa y luego salir a plantearle al Estado y a la sociedad un desafío, que consiste en que les devolvemos a unos secuestrados, pero a cambio de que el mismo Estado haga unas concesiones, es decir, negociar la ley dictando un paz y salvo judicial a favor de los criminales, pues a eso le apuntan en el paso siguiente donde exigen diálogos de negociación. Este planteamiento obedece a un elemental raciocinio que solo acude a la lógica que es propia del Estado de Derecho.

La sociedad puede perdonar, pero la ley no puede admitir la impunidad.

La solución al conflicto debe ser la que conlleva a que los actores del terrorismo se acojan a la desmovilización y consiguiente dejación de las armas. La Seguridad Democrática los había llevado a tal estado de derrota que no les quedaba otra alternativa. Alguien desprevenido podría preguntar ¿y qué ha pasado después? ¿Por qué ahora se habla de negociación política? Buenas preguntas para el actual gobierno.

AL MARGEN: La frase de “alta filosofía” política: “Álvaro Uribe es el pasado, yo soy el futuro”: Juan Manuel Santos.

 

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