Bahía de Cochinos: decisiones para el fracaso

Bahía de Cochinos: decisiones para el fracaso

 

Integrantes de la Brigada 2505 se entrenan en la base Trax, en  Guatemala, en el manejo de morteros, poco antes de la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961.
Integrantes de la Brigada 2505 se entrenan en la base Trax, en Guatemala, en el manejo de morteros, poco antes de la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961.

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Pedro Roig

Bahía de Cochinos tiene su origen en el contexto de la Guerra Fría. Es evidente que la acelerada transformación de Cuba al modelo marxista, asociada a la Unión Soviética, creó un grave peligro a la seguridad de Estados Unidos, haciendo factible la posibilidad de que los soviéticos se decidieran a instalar cohetes nucleares en la isla.

Respondiendo a esta amenaza, el presidente Eisenhower advirtió: “Esta nación no tolerará el emplazamiento de un satélite de la Unión Soviética a 90 millas de nuestras costas”. El 17 de marzo de 1960, el presidente aprobó crear una fuerza de combate formada por exilados cubanos.

Eisenhower exigió encubrir la operación señalando: “los cubanos tienen que hacer lo que sea requerido… nuestras manos no pueden aparecer en nada de los que se haga”. Esta falsa premisa fue un error que limitó los recursos y equipos necesarios para cumplir la misión.

Al inicio la ayuda fue a la resistencia interna pero en el verano de 1960, la Casa Blanca resolvió dar un golpe decisivo con una Brigada de Combate. El desembarco se planeó originalmente en la Bahía de Casilda-Trinidad, junto a las montañas del Escambray.

En noviembre de 1960, John Kennedy fue elegido presidente de Estados Unidos. A los pocos días, Allen Dulles, director de la CIA, le informó al presidente-electo sobre los detalles secretos del desembarco en Trinidad. Especialmente se le explicó que el éxito dependía del control del espacio aéreo en la isla. El 4 de enero, la nueva administración recibió un informe que no dejaba lugar a la duda: “es crucial que la Fuerza Aérea Cubana sea destruida o neutralizada antes de que nuestras lanchas lleguen a la playa”.

El 30 de enero de 1961, el Pentágono y el presidente Kennedy aprobaron el desembarco pero en pocas semanas altos funcionarios presentaron objeciones al plan de acción.

En esta coyuntura, el secretario de Estado, Dean Rusk, propuso eliminar el plan de Trinidad porque hacía muy difícil encubrir la participación de Estados Unidos. Cuatro semanas antes del desembarco, Bahía de Cochinos fue apresuradamente seleccionada como playa alterna. Grave error.

Finalmente, el 4 de abril de 1961, Kennedy autorizó que todos los efectivos militares que integraban la Brigada 2506 entraran en acción para liberar la Patria. La fecha escogida fue el 17 de abril. Pocos días antes los grupos de infiltración penetraron clandestinamente en suelo cubano para ayudar a la resistencia interna. Los pilotos, tripulaciones navales, personal de apoyo y los batallones comenzaron a desplazarse hacia sus objetivos. Fue un momento de enorme emoción. Sentimos el orgullo de ser los soldados de la libertad.

El 14 de abril, el presidente cometió otro gravísimo error al ordenar reducir a la mitad los aviones que participarían, al día siguiente, en el ataque inicial. Decisión negativa porque limitó la pegada y se perdió el factor sorpresa. A Castro le quedaron siete aviones que incluían dos reactores T-33 más veloces que las naves aéreas de la Brigada. Después vino el error fatal: la cancelación de todos los ataques aéreos a las bases de Castro, antes de iniciar el desembarco.

El conjunto de hechos y decisiones que siguieron han sido discutidas ad infinitum, pero es evidente que durante la operación de Bahía de Cochinos, el presidente Kennedy exhibió una manifiesta ausencia de liderazgo. Su conducta errática fue factor esencial del desastre y contribuyó a estimular la decisión de los soviéticos para instalar, poco tiempo después, cohetes nucleares en Cuba. Posteriormente, John Kennedy y su hermano Robert fueron notables aliados de los cubanos que luchamos por derrocar la tiranía de Fidel Castro. Pero esa es otra historia.

Hoy quiero honrar la memoria de mis hermanos caídos en aquellos días gloriosos para la Patria. El coraje de la Brigada 2506 estará para siempre escrito junto a los nombres de los héroes nacionales. Ese es nuestro testamento de dignidad a las nuevas generaciones y sepa la resistencia en la isla que mientras quede en pie un miembro de la Brigada 2506, jamás abandonaremos la lucha por la libertad de Cuba.

Historiador, abogado y Asesor Principal del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami.

 

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