AMLO, desesperado

AMLO, desesperado

¿Por qué razón, al tiempo que la candidata del PAN recupera terreno, el del PRI continúa creciendo y ratifica que es un aspirante teflón?

Ricardo Alemán

Si hemos de creer en las encuestas, por lo menos en las recientes de Excélsior y Milenio, podemos decir que la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, cometió un acierto —porque no sólo los errores se cometen, sino también los aciertos— con el “golpe de timón” que anunció en la semana reciente. ¿Por qué?

Porque no sólo detuvo la tendencia de su candidatura a la baja —muy cercana a la caída libre—, que había provocado la cadena de errores y horrores que cometieron sus colaboradores y ella misma, sino que todas las encuestas marcan claros números al alza, al grado que se alejó hasta colocarse a casi diez puntos del tercer lugar, que ocupa el candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador.

Y es que, como aquí lo dijimos en su momento, el primer objetivo del “golpe de timón” de la aspirante azul debía ser —por supervivencia elemental— alejarse lo más rápido posible del tercer lugar para, de esa manera, alejar de la percepción de los ciudadanos y potenciales electores la idea de que la señora Vázquez Mota pudiera ser alcanzada y, eventualmente, enviada a la tercera posición.

Y el cambio de estrategia resultó tan exitoso que, en las encuestas de ayer lunes, la señora Vázquez Mota se aleja casi diez puntos de su perseguidor, López Obrador, al tiempo que se aproxima a 20 puntos de distancia del puntero, Enrique Peña Nieto. Y sin duda que 20 puntos son lo más parecido a un abismo —sobre todo en una campaña a la que sólo le restan menos de 80 días—, pero al menos la candidata del PAN ya logró detener la tendencia a la baja y revertir los números, que eran de tragedia.

Lo curioso del asunto, sin embargo, es que si bien la candidata del PAN recupera terreno y se consolida con 30% de las preferencias electorales, ese avance no se produce a costa de reducir simpatizantes al candidato del PRI, lo que sería lo deseable. No, la realidad es terca y ratifica que los puntos que gana Vázquez Mota se los quita tanto a López Obrador como a la masa de indecisos.

Es decir, que si bien el “manotazo” funcionó para impedir que la aspirante del PAN cayera a un tobogán sin regreso, también es cierto que la guerra de lodo lanzada contra el candidato Peña Nieto no sirvió para restarle simpatías al aspirante del PRI quien, a querer o no, sigue creciendo en la intención efectiva del voto.

Por eso la pregunta obligada. ¿Por qué razón, al tiempo que la candidata del PAN recupera terreno, el del PRI, Enrique Peña Nieto, continúa creciendo y ratifica que es un  aspirante teflón?

Una primera respuesta podría señalar que las preferencias electorales en torno al desempeño electoral del PRI y del PAN son el mejor ejemplo de la esquizofrenia político-electoral.

Pero no, lo cierto es que asistimos al mejor ejemplo de que sí es posible ver el sentido común en los procesos electorales. Primero, porque las reparaciones del barco azul dieron resultado —al evitar errores, cambiar el discurso y modificar la imagen de la candidata— y, segundo, porque la campaña de lodo contra Peña Nieto no logró hacer ver al mexiquense como mentiroso —que es el objetivo del PAN—, sino que para no pocos electores el priista es visto como víctima de la supuesta perversidad azul.

Y en donde han prendido todos los focos rojos y hasta aparecen signos de desesperación es en la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador. ¿Por qué? Porque luego de haber alcanzado a Vázquez Mota en el segundo lugar —en los diez días recientes, justo cuando la candidata del PAN vivía los peores momentos de su caída—, hoy el candidato de las izquierdas se rezaga de nueva cuenta y se queda con 20 puntos porcentuales, a diez puntos de la candidata del PAN y a 30 del puntero del PRI.

El retroceso y el nerviosismo que se perciben en el candidato que ocupa el tercer lugar en las encuestas tampoco es algo casual. Resulta que AMLO ha empezado a dibujar lo que sería su gobierno —con una fuerte dosis de populismo—, lo que al parecer no es bien visto por una amplia mayoría de electores que, por esa razón, le dan la espalda al señor López Obrador.

Acaso por eso AMLO vuelve a mostrar su verdadero rostro: el del político que inventa y difama al puntero en las encuestas, al tiempo que siembra minas que le permitirán argumentar que lo derrotará “el fraude que viene”. Así, por ejemplo, y sin más pruebas que su dicho, dice que el IFE, los medios, las encuestas y hasta el Espíritu Santo “favorece a Enrique Peña Nieto”. Si AMLO no hace algo realmente contundente, ya desde hoy está muerto. Al tiempo.

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