Obamacare, dos años después

Obamacare, dos años después

por Michael D. Tanner

 

Michael Tanner es Director del Proyecto del Cato Institute para la Privatización de la Seguridad Social.

En marzo se cumplieron dos años desde la aprobación de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible y si la administración Obama no ha ignorado el segundo aniversario de Obamacare, el resto de nosotros debería tomarse un momento para reflexionar sobre el monumental fracaso que ha sido la ley de reforma a la políticas de salud.

Es más, ha sido un fracaso de acuerdo a sus propias metas. Después de todo, cuando la reforma de salud fue aprobada, se nos prometió que haría tres cosas: 1) Proveer cobertura de seguro médico para todos los estadounidenses; 2) reducir los costos de los seguros para individuos, negocios y el Estado; e 3) incrementar la calidad de la atención médica y el valor de cada dólar invertido en salud. Al mismo tiempo, el presidente y los partidarios de la ley en el congreso prometieron que la ley no aumentaría el déficit en el presupuesto federal ni sería una carga excesiva para la economía. Y haría todo eso al mismo tiempo que se nos permitiría a todos los que nos encontramos contentos con nuestro seguro actual mantenerlo sin cambios. Dos años después, podemos ver que nada de esto fue cierto.

Por ejemplo, ahora sabemos que, contrario a lo que se dijo cuando se aprobó la ley, esta no llegará ni cerca de alcanzar una cobertura universal. De hecho, con el paso del tiempo, parece ser que cada vez menos personas de lo que se prometió serán cubiertas por la ley. De acuerdo a un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) publicado recientemente, Obamacare dejará a 27 millones de estadounidenses sin seguro médico para 2022. Esto representa un aumento de 2 a 4 millones de personas más sin seguro que en informes anteriores. Por otra parte, cabe señalar que de los 23 millones de estadounidenses que obtendrán la cobertura en virtud de Obamacare, 17 millones no tendrán una cobertura real, sino que simplemente serán cubiertos por el sistema de Medicaid, con todos sus problemas de acceso y calidad. Por lo tanto, solo aproximadamente 20 millones de estadounidenses recibirán una verdadera cobertura de seguro en virtud de Obamacare. Eso es sin duda una mejora en relación al status quo, pero también es muy lejano de la cobertura universal —y nada eficiente, tomando en cuenta el siempre creciente costo del programa.

Al mismo tiempo, la ley es un fracaso a la hora de controlar costos. Si bien se nos dijo una vez que la reforma de salud “reduciría los costos”, ahora todos sabemos que Obamacare en realidad va a aumentar el gasto en salud de EE.UU. Esto no debería ser una sorpresa: Si ofrece más beneficios a más personas, va a costar más dinero. La ley cuenta con muy pocos esfuerzos para contener efectivamente los costos de salud y la CBO ahora reporta que programas que estaban contemplados en la ley, tales como la administración de enfermedades y la coordinación de la atención médica, en realidad no reducirán los costos. Como la CBO señaló, “en casi cada programa que involucra la administración de enfermedades y la coordinación de la atención médica, el gasto se mantuvo igual o aumentó en relación al gasto en el que se habría incurrido ante la falta del programa, una vez que las tasas pagadas a la organización participante eran consideradas”.

Que la ley no logre controlar costos significa que la ley aumentará considerablemente la ya pesada carga del gasto público, los impuestos, y la deuda. De acuerdo a la CBO, Obamacare costará $1,76 billones para 2022. Para ser justos, algunos medios de comunicación mal informaron sobre esta estimación, afirmando que se trataba de una duplicación del costo original estimado de la ley de $940 mil millones. En realidad, la mayoría del incremento en la estimación del costo es el resultado, no del aumento de los costos del programa, sino de dos años adicionales en la implementación. Sin embargo, muchos observadores advirtieron en su momento que los $940 mil millones estimados eran una cifra engañosa, pues incluía únicamente seis años de gastos reales, con el período de un presupuesto de diez años. El nuevo estimado es, por lo tanto, una medida más precisa de lo costosa que será esta ley. Y este estimado solo cubre ocho años de implementación. Y deja por fuera más de $115 mil millones en costos de implementación importantes, como también los costos del tal llamado “doc-fix” (el costo de reembolsarle a los doctores un valor por sus servicios sin que este sea determinado por la fórmula de la Tasa de Crecimiento Sostenible o GSR por sus siglas en inglés). También cuenta dos veces los impuestos del Seguro Social y los ahorros de Medicare. Algunos estudios sugieren que una mejor estimación del costo real a diez años de Obamacare podría ser de hasta $2,3 o 3 billones. Y esto ni siquiera incluye los más de $4,3 billones en costos desplazados a las empresas, los individuos y los gobiernos a nivel de los estados.

Todo este gasto significa que vamos a pagar más en deuda e impuestos. Pero también pagaremos más en las primas de seguro. Érase una vez, el presidente nos prometió que la reforma de salud reduciría las primas de seguro en $2.500 anuales. Esta afirmación fue abandonada hace mucho tiempo. Las primas de seguro siguen aumentando a niveles sin precedente. Y si bien hay muchos elementos que las aumentan, Obamacare es uno de ellos. Según la Fundación Kaiser Family, las primas de seguro habían estado aumentando un 5% anual previo a Obamacare. Esa cifra saltó al 9% el año pasado. Y casi la mitad de ese aumento de cuatro puntos porcentuales se le puede atribuir al programa. Incluso Jonathan Gruber de MIT, uno de los arquitectos de Obamacare y Romneycare, ahora admite que muchos individuos terminarán pagando más por su seguro de lo que habrían pagado sin la reforma —incluso tomando en cuenta los subsidios del Estado— y que ese aumento será sustancial. De acuerdo con Gruber, “después de la implementación de los subsidios fiscales, 59% del mercado para particulares experimentará un aumento promedio en la prima de 31%”.

Por último, si los dos últimos años nos han enseñado algo, es que podríamos no ser capaces de mantener nuestro seguro actual, incluso si estamos contentos con él. La CBO sugiere que hasta 20 millones de trabajadores podrían perder el seguro provisto por su empleador como resultado de Obamacare. En su lugar, estarían a la merced de los seguros estatales. Y la reciente controversia acerca de los anticonceptivos es un claro ejemplo de cómo el Estado ahora diseñará planes de seguro para todos. Sin importar la opinión que uno tenga sobre el mandato de los anticonceptivos en sí, este es solo la punta del iceberg de cómo los mandatos del Estado le dictarán a los empleadores qué seguro proveer, y nos dirá a nosotros qué seguro debemos comprar, incluso si ese seguro es más costoso, contiene beneficios que no queremos, o viola nuestras conciencias.

Obamacare ahora está en manos de la Corte Suprema. La decisión de los jueces estará basada en el derecho constitucional. Su decisión fijará un precedente fundamental para establecer los límites entre el poder del Estado y los derechos individuales. Pero sin importar si la Corte sostiene o rechaza Obamacare, completa o fragmentada, deberíamos entender que, como reforma al sistema de salud, Obamacare es un fracaso peligroso y costoso.

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