El presidente Obama vs. la Constitución

El presidente Obama vs. la Constitución

 

Una multitud de personas se manifiesta frente al Tribunal Supremo en Washington, a fines de marzo, mientras la alta corte escucha argumentos sobre la reforma del sistema de salud del presidente Obama.
Una multitud de personas se manifiesta frente al Tribunal Supremo en Washington, a fines de marzo, mientras la alta corte escucha argumentos sobre la reforma del sistema de salud del presidente Obama.

KAREN BLEIER / AFP/Getty Images

Armando González

Yo confío que la Corte Suprema no tomará un paso extraordinario, sin precedentes, de rechazar una ley que fue aprobada por una mayoría abrumadora de un Congreso electo democráticamente.

Pres. Obama, 2 de abril de 2012

“¿Sin precedentes?” El principio de “Revisión Judicial” ha sido el centro del sistema constitucional norteamericano desde Marbury vs Madison en 1803.

“¿Mayoría abrumadora?” La Cámara de Representantes tiene 435 miembros. En marzo de 2010, cuando aprobó Obamacare, los demócratas tenían una mayoría de 75 escaños (255 – 180). Obamacare pasó por 7 votos (219-212 ), sin un voto republicano y con 36 votos demócratas en contra.

Al día siguiente de su declaración del 2 de abril, tratando de aliviar la inesperada reacción negativa, el presidente indicó que estaba simplemente hablando de la deferencia normal que las cortes le deben al poder legislativo. Esta “preocupación presidencial” podría ser tomada en serio si no viniera del líder de un partido tan profundamente dedicado a la máxima usurpación judicial –Roe vs Wade que rechazó las leyes antiaborto de 46 estados– que requiere el apoyo a esa decisión por parte de todos los jueces nominados a la Corte Suprema.

La advertencia presidencial a la Corte Suprema de no rechazar Obamacare contrasta con la declaración del entonces senador Barack Obama en 2005 cuando, como uno de 22 senadores opuestos a la confirmación de John Roberts como Magistrado Jefe de la Corte Suprema, declaró: “Yo apoyaré la nominación de un juez que apoye el rol histórico de la Corte como chequeo a los impulsos mayoritarios del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo”.

Claro que, a los efectos de “Revisión Judicial”, la votación congresional es irrelevante. El deber de la Corte es determinar la constitucionalidad de la ley en cuestión. Ese deber no es atenuado por el tamaño de la mayoría que aprobó la ley.

El presidente Obama en su declaración pública también dijo: “Durante años hemos oído que el principal problema con las cortes es ‘activismo judicial’o falta de un freno judicial. Que un grupo de funcionarios no electos pueda frenar y rechazar una ley debidamente aprobada. Bueno, este es un buen ejemplo, y confío en que esta corte lo reconocerá y no la rechazará”.

Sin embargo el presidente, que ha sido profesor de Ley Constitucional, sabe muy bien que “activismo judicial” no se define como “jueces rechazando una ley”. Se define sobre la base de derechos o deberes nunca aprobados por legislaturas. Por contraste, rechazar una ley que viola la Constitución no puede considerarse “activismo judicial”.

Por otra parte, The New York Times, en su eterna sabiduría, advierte a la Corte Suprema que perdería su legitimidad si falla en contra de Obamacare, porque “con 5 jueces nominados por presidentes republicanos apoyando la demanda de 26 gobernadores republicanos, la Corte luciría guiada por la política”.

¿De veras? El caso de la administración Obama por la constitucionalidad de Obamacare fue tan sólidamente demolido en el argumento oral que un observador liberal lo describió como un “tren descarrilado”. Es perfectamente natural, entonces, que la mayoría de la Corte vote por el caso que se mantuvo por sus propios méritos. Eso no es partidarismo. Eso es lógica. Partidarismo es cuando cuatro jueces nominados por presidentes demócratas marchen al son de una ley aprobada por un congreso de mayoría demócrata y un presidente demócrata después que su constitucionalidad ha sido reducida a polvo.

En los últimos días, el presidente ha manifestado una seria vulnerabilidad en su interpretación de la Constitución, pero no fue su ataque al principio de “revisión judicial”. Fue su ataque al principio que la Cláusula de Comercio de la Constitución tiene un límite determinado judicialmente. La razón que al Solicitor General, el abogado presidencial, le fue tan mal ante la Corte no fue que tosió frecuentemente o que estaba nervioso. Es que no pudo contestar la pregunta del juez Scalia: “Si el gobierno te puede obligar a comprar un seguro de salud, ¿a qué no puede obligarte?”. No pudo contestarla porque no hay respuesta.

El presidente no hubiera podido contestarla tampoco. Y esa es la pregunta que debemos hacer al presidente una y otra vez. Es ahí donde el argumento entre el abogado presidencial y los jueces de la Corte Suprema debe llevarse a un argumento entre el presidente y el pueblo americano.

 

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