Un referendo sobre Obama

Un referendo sobre Obama

STANFORD – Los candidatos políticos de éxito tratan de poner en práctica las propuestas para las que fueron electos. En Estados Unidos, el presidente Barack Obama y los demócratas, con el control de la Cámara de Representantes y el Senado (a prueba de obstruccionismo), tenían el poder de hacer prácticamente lo que quisieran en 2009, y así fue.

Obama y sus aliados en el Congreso promulgaron una ley de “estímulo” de 800 mil millones de dólares cargada con programas dirigidos a los principales grupos del electorado demócrata (como los ambientalistas y los empleados públicos), adoptaron una reforma de salud radical y muy impopular (cuya constitucionalidad será determinada por la Corte Suprema este año), impusieron vastas y nuevas normas a amplios sectores de la economía, adoptaron una política industrial que selecciona algunas empresas para darles un un trato especial, se dedicaron a tomar préstamos y gastar a niveles sólo superados en la Segunda Guerra Mundial, y centralizaron el poder en Washington, DC (y, dentro del gobierno federal, en el poder ejecutivo y los organismos reguladores).

La última elección que produjo un cambio así de radical en la dirección de la política ocurrió en 1980, cuando el presidente Ronald Reagan rediseñó los impuestos, el gasto y las normativas, y apoyó claramente a la Reserva Federal y su rumbo desinflacionario. Si bien las elecciones de 1988, 1992 y 2000 también tuvieron importantes consecuencias, los cambios de política no fueron tan significativos como en 1980 y 2008.

El país se rebeló contra Obama y los movimientos de los demócratas hacia la izquierda con victorias históricas de los republicanos en las elecciones legislativas de 2010. Desde entonces, muchos republicanos se han visto profundamente decepcionados por el hecho de que la Cámara de Representantes no haya sido capaz de revertir gran parte de la agenda de Obama. Sin embargo, el sistema político de EE.UU. está diseñado para que sea mucho más difícil lograr algo que bloquearlo. No es fácil hacer mucho si se controla sólo la mitad de una tercera parte del gobierno federal.

Las elecciones de 2012 se perfilan como un referendo sobre las políticas y el desempeño de Obama. La economía está mejorando lentamente, pero sigue en mal estado, con un alto desempleo y millones de personas obligadas a abandonar la fuerza de trabajo. Se espera que los republicanos mantengan el control de la Cámara de Representantes y recuperen la mayoría en el Senado.

El ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney, el republicano favorito para desafiar a Obama en noviembre, y otros candidatos del partido, entre ellos el ex presidente de la Cámara Newt Gingrich, quieren reducir el gasto, aplicar reformas importantes a los programas de gobierno, reducir los  impuestos, expandir el comercio y establecer normas menos abundantes y más específicas que la que aplica Obama.

Romney, por ejemplo, ha detallado un programa económico de 59 puntos, incluido un límite al gasto federal del 20% del PIB, lo que requeriría una reducción similar a las de los años 80 y 90. Gingrich y otros republicanos tienen planes todavía más agresivos de reducción de impuestos y el tamaño y alcance del gobierno. El candidato final haría bien en incorporar las mejores ideas de sus oponentes e integrar a su campaña a los mejores de sus equipos.

Un triunfo republicano, junto con el control de la Cámara y el Senado, podría llevar a la reducción, revocación y sustitución sustanciales de muchas de las iniciativas de Obama, intentos de reforma de impuestos y derechos, así como medidas para imponer una mayor disciplina fiscal. Una importante prioridad en la agenda de Romney es la reducción del impuesto a las corporaciones, del 35% al 25%, el nivel promedio de la OCDE (los demás candidatos republicanos la reducirían aún más), lo que compensaría una gran desventaja competitiva mundial de las multinacionales estadounidenses.

También es probable que una victoria republicana conduzca a un gran esfuerzo por abrir muchas más oportunidades de exploración energética en Estados Unidos, frustradas por Obama. Romney ha prometido negociaciones más duras sobre comercio y divisas con China, pero en general es mucho más proclive a impulsar nuevos acuerdos comerciales que la administración actual, apoyada por los sindicatos. Sin embargo, si los demócratas mantienen el control del Senado, será mucho más difícil de lograr. Un presidente republicano también puede hacer muchos nombramientos políticos clave en entidades como la Reserva Federal, el Tesoro y los organismos reguladores.

Si Obama es reelecto y los republicanos controlan la Cámara de Representantes y el Senado, su agenda legislativa será en esencia letra muerta, y pasará al menos los próximos dos años negociando su reforma y restitución. En este escenario, el centro de gravedad política en el Partido Republicano pasaría a John Boehner, portavoz de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara, Eric Cantor, líder de la mayoría de la Cámara y otros representantes clave, como David Camp, Kevin Brady y Kevin McCarthy, junto con varios senadores.

En ese caso, Obama haría bien en moverse hacia el centro (como hiciera Bill Clinton después de que los demócratas perdieran el control del Congreso en 1994) y trabajar en conjunto con los republicanos del Congreso para dar forma a derechos y reformas fiscales sensatas. Pero parece poco probable: desde la gran derrota de los demócratas en 2010, Obama se ha movido aún más a la izquierda, adoptando una agenda más populista.

Independientemente del resultado de las elecciones presidenciales y legislativas de este año, es probable que varios gobernadores republicanos logren una mayor visibilidad nacional. Todos ellos -como Mitch Daniels de Indiana, Chris Christie de Nueva Jersey, Bob McDonnell de Virginia y el ex gobernador Jeb Bush de Florida- declinaron buscar la nominación presidencial republicana, pero estarán en la lista corta para el 2016 si Obama triunfa en noviembre.

El juez de la Corte Suprema Louis Brandeis describió famosamente los estados como “laboratorios”: se les debe permitir experimentar y aprender unos de otros, para ver qué políticas funcionan. Por ejemplo, Clinton y el Congreso republicano tuvieron como referencia para la importante reforma del estado de bienestar de 1996 las políticas originadas por el gobernador de Wisconsin Tommy Thompson y emuladas con éxito por el alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, ambos republicanos reformistas. El grupo actual de gobernadores republicanos ofrece igualmente innovadoras soluciones a nivel estatal -por ejemplo, sobre el gasto, la deuda y los pasivos no financiados de pensiones y sanidad- como modelos para el país.

Hasta noviembre, lo más probable es que las divisiones en el seno del gobierno y una campaña llena de polémicas impidan movimientos de política importantes. Pero después de las elecciones, los impuestos y el gasto, la política comercial, el federalismo, la regulación y la defensa serán objeto de un curso de acción diferente (su nivel de radicalismo dependerá de quién gane) con implicaciones importantes para la posición fiscal de EE.UU., el equilibrio externo y mucho más, incluidas las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo.

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