La cumbre de las lloronas

La cumbre de las lloronas

El liderazgo de Hugo Chávez reside, fundamentalmente, en el dinero que reparte. Son muy pocos los que en Venezuela lo siguen sin que haya una relación clientelar de por medio. Los enlaces pueden ser: contratos, altos cargos, sencillos empleos, dádivas, “misiones”, licencias o promesas de conceder favores. Su tan cacareada Misión Vivienda consiste principalmente en asignar cupos y realizar censos de necesitados que sólo han visto maquetas. Los miles de damnificados por las lluvias tienen años sufriendo arrumados en refugios improvisados.

opinan los foristas

Con escasas excepciones, hasta las lágrimas derramadas por su salud son financiadas con el chorro de petrodólares de la larga bonanza que le ha tocado en suerte administrar. Los canales de TV repiten lastimeras promociones sobre su enfermedad a cada minuto. Pero la propaganda sola no hace el efecto, hay que pagarle a los que asisten al pre-velorio. Igual que se hace en la tradición de las lloronas, esas mujeres a quienes se les paga para que lloren en los velatorios, todavía vigente en algunas regiones del continente.

Así como en Venezuela el régimen chavista representa el mayor despilfarro, la corrupción más descarada y el clientelismo más grosero; hacia afuera, en América Latina, Hugo Chávez ha presidido el gobierno más generoso con sus vecinos del que se tenga noticia desde que se fundaron nuestras repúblicas.

Ni siquiera Estados Unidos actuó con tanta largueza en los años de la Alianza para el Progreso ni lo hace en la cooperación militar con sus aliados más cercanos. Porque hay que tomar en cuenta la dimensión de las economías. Proporcionalmente, el régimen chavista ha pagado y/o regalado a sus vecinos varias veces lo que los gringos han aportado en ayuda al sur del rio Grande.

Los gobiernos (y las economías) de Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Colombia, Argentina, Brasil, Uruguay y la mayoría de los países del Caribe angloparlante han sido beneficiados con contratos leoninos, inmensos descuentos, avales de deuda privada, proyectos irrealizables, importaciones infladas, pago de deuda sobrevaluada, convenios inequitativos, regalos de aviones, petróleo y pago de mano de obra esclava al estado que ofrece los servicios. Ha sido también Venezuela la chequera loca dispuesta a pagar cuanta reunión y sarao se les ocurra a los burócratas del subcontinente, siempre y cuando el verbo inagotable del caudillo llanero tenga escenario.

Ahora se reúne la VI cumbre de las Américas en la bella ciudad de Cartagena con la presencia de los jefes de Estado de todo el continente, menos el cubano. Y precisamente uno de los temas será la queja de los beneficiarios de los cheques venezolanos por la ausencia de la dictadura cincuentenaria. Hasta Correa, el aventajado alumno ecuatoriano de Chávez, dijo -al regreso de ¡Turquía!- que no iba porque para qué tanta cumbre y en protesta por el desaire a los Castro.

Háblese de lo que se hable en Cartagena, flotará en el ambiente un aire de triste despedida. Es la última vez que asistirá el dadivoso y estrafalario Chávez. Los cheques se agotan por la pronta ausencia del alegre pagador. A quien se le ha perdonado todo. Desde violaciones a la Carta Democrática de la OEA (incluyendo elementales derechos humanos) hasta insultos procaces, como los proferidos contra el presidente Santos y el secretario general Insulza.

Uno de los vejados, el sibilino anfitrión, acaba de darle un premio de consolación al dueño de la munificente chequera: lo ha llamado “factor de estabilidad en la región”. No importa que ese “factor de estabilidad” haya dado cobijo y apoyo a grupos terroristas que buscan aniquilar al gobierno colombiano. No importa que en Venezuela haya aumentado el narcotráfico y ocurran complicidades tan evidentes con capos como Walid Makled, ni que los dineros de Pdvsa financien campañas electorales foráneas ni que su gobierno pague las facturas de Tele Sur, propagandista de todos los grupos desestabilizadores de la región.

Cartagena será uno de los últimos escenarios donde la mayoría del club de gobernantes americanos agasaje al caudillo del socialismo del siglo XXI, en agradecimiento a sus servicios. La pesadumbre tendrá su lugar. Las lágrimas también se compran.

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