¿Honorable Congreso..? ¡Ja!

¿Honorable Congreso..? ¡Ja!

El artículo 24 no fue modificado antes de la visita de Benedicto XVI ni durante ella porque, al decir de algunos senadores, no era conveniente que dicha reforma se entendiera como un obsequio al papa Ratzinger, de ahí que decidieran reformarlo discretamente días después.

Francisco Martín Moreno*

¿Sabe usted, respetable lector que pasa distraídamente la mirada por estas páginas, en cuánto tiempo reformó el “honorable”, así, con minúsculas y entre comillas, Congreso de la Unión las reformas al artículo 24 de la Constitución? ¿No..? Pues la Cámara de Diputados reformó clandestinamente, en una sola noche, dicho dispositivo en condiciones ignominiosas que harían sonrojar al más humilde legislador pueblerino (con el debido respeto para los legisladores pueblerinos). La alta jerarquía católica, en abierto contubernio político con Enrique Pena Nieto, logró presionar, chantajear y hasta sobornar a los presuntos representantes populares de la Cámara baja. Una vez ejecutada la felonía, ésta continuó su camino alevoso y ventajoso hacia el ostentoso recinto de la actual Cámara de Senadores, cuyos integrantes, en su conjunto, no valen más allá del precio de un escaño de ese gigantesco edificio que en la actualidad simboliza el gran monumento a la desvergüenza y a la sinrazón. El artículo 24 no fue modificado antes de la visita de Benedicto XVI ni durante ella porque, al decir de algunos senadores, no era conveniente que dicha reforma se entendiera como un obsequio al papa Ratzinger, de ahí que decidieran reformarlo discretamente unos días después de que el jefe del Estado Vaticano hubiera abandonado territorio nacional. ¿De quién se estarán burlando..?

Claro que los presuntos senadores adujeron, en su defensa, para no ser calificados a su vez de traidores a la patria (calificativo que también les viene como anillo al dedo) que instrumentarían un candado, al reformar el artículo 40, para dejar en claro que México era una República federal y laica, entre otras definiciones políticas y jurídicas. Se les olvidó a dichos “representantes populares” que la jerarquía católica invariablemente opera a largo plazo y que los purpurados festejaron, entre carcajadas, esa gran conquista política, sabedores como lo son de que, en el futuro cercano, por cierto, habrán de lograr que la educación que imparta el Estado sea católica, como en los viejos tiempos que hundieron a México en un atraso que todavía no hemos logrado superar. Paso a paso. A lo largo del tiempo asistiremos a una demanda de controversia constitucional o de plano, ¿por qué ocultarlo?, a la reforma integral del 3 constitucional para volver a dar marcha atrás a las sangrientas manecillas de la historia. ¿Cuál candado? Es mera demagogia legislativa propia de una de las generaciones de políticos mexicanos más despreciables y venales de nuestra historia.

¿Cómo puede entenderse que las reformas estructurales como la petrolera, una de fondo, claro está, o la eléctrica o la laboral o la tributaria o la del Estado o la de seguridad pública o hasta la turística, no hayan podido ser instrumentadas a lo largo de este sexenio y, sin embargo, la reforma al artículo 24 constitucional, que nadie solicitó, salvo la Iglesia católica, amafiada con Peña Nieto, haya sido aprobada en tan sólo 90 días? ¡Un récord! ¿Qué les importa a estos seudolegisladores, voraces, presupuestívoros, embusteros profesionales, la sangre derramada por tantas generaciones de mexicanos, animados y convencidos de la importancia de contar con un Estado laico, tal y como lo diseñaron Juárez, Melchor Ocampo, Ponciano Arriaga e Ignacio Ramírez, entre otros tantos perínclitos mexicanos más? ¿Qué interés inconfesable estará escondido detrás de esta aviesa reforma a dicho dispositivo constitucional que ya regulaba todo lo relativo a la libertad religiosa, al igual que la propia ley de la materia? Sólo percibo un objetivo evidente en un año electoral: que la candidatura de Peña Nieto sea promovida y apoyada desde los púlpitos a cambio de que los niños mexicanos sean educados en la religión católica y volver a empezar el ciclo económico que va del bautismo hasta la extremaunción, servicios muy onerosos, todos ellos, que cobra la Iglesia sin pagar impuestos. Se inicia una inercia involutiva hacia el atraso como aconteció en el siglo XIX y anteriores.

¿Y la sociedad mexicana protestó por este atropello? No, la sociedad mexicana estaba celebrando las posadas mientras se apuñalaba por la espalda a la República… ¿Luego protestó? No, en pocas ocasiones protesta hasta que vuelve a despertar el México bronco con todas sus consecuencias… ¿Protestará cuando estos legisladores, criminales políticos, sean premiados con elevados cargo en la próxima administración? No, tampoco lo hará, porque estará a punto de iniciarse el puente Guadalupe-Reyes cuando se conozca el futuro gabinete…

El solo hecho de que en seis años no se hayan podido ejecutar las reformas estructurales y que en 90 días se haya modificado la Constitución para satisfacer a los intereses clericales, representa una evidencia incontestable de que la República volverá a ser gobernada desde los altares, con todas las consecuencias que la historia ya nos ha enseñado. El Congreso no es honorable porque ha traicionado a la misma patria, ni es Congreso porque no representa a la nación, sino a sus gerifaltes, ni es de la Unión porque sólo tienen cabida los partidos políticos. Hemos ignorado las grandes lecciones de nuestros abuelos y cancelamos la carísima tradición liberal mexicana a cambio de sobornos o de deleznables cargos públicos… ¡Pobre México!

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