Peña Nieto puede ser muy buen presidente

Cubículo Estratégico

Carlos Mota

La mayor parte de la gente que votó en el año 2000 por Vicente Fox quiso experimentar, generacionalmente, que sí era posible que en México dejáramos de hacer trampas: que dejáramos de simular votos y que podíamos desechar conceptos priistas, como la cargada, el carro completo, el robo de urnas, el ratón loco, las rasuradas del padrón electoral, etcétera. Ese cometido se cumplió.

Muchos electores que no quieren que regrese el PRI a Los Pinos temen que, con Enrique Peña Nieto como presidente, ese pasado oscuro de la vida pública esté de regreso. Piensan que el dinosaurio priista volverá para acaparar todos los espacios que hemos ganado los ciudadanos, y más. Y por ello niegan, a toda costa, la posibilidad de votar por Peña. Sienten que ya lo vivieron en carne propia y por ello tienen la experiencia para descalificar en esos términos al candidato puntero. Error.

Lo que es cierto es que nadie tiene una prueba fehaciente de que Peña institucionalizará un autoritarismo sutil, como el que existía cuando el presidente dictaba hasta la hora del reloj. Las descalificaciones a Peña, cuando uno las escucha, se sustentan en lo que el PRI ha sido, mas no en lo que el candidato ejecutará. A nadie escucha uno desacreditando sus potenciales acciones de gobierno.

Quienes refutan la idea de un priismo de regreso a Los Pinos se están pasando la película incorrecta: creen que sus amigos y familia escucharán sus anécdotas pasadas y mirarán en ellas la gravedad de lo que ese pasado significa. Craso error.

¿Cuáles son los pecados más grandes de Peña? ¿Juntarse acaso con el líder de los pepenadores? Cierto, esa puede ser la prueba más fehaciente de que el priismo corporativista sigue ahí. Pero más allá de eso, no hay mucho que achacarle, menos aun lo que su partido hizo anteriormente. ¿Los acarreados y el reparto de tortas? ¡Bah!, todos los partidos lo hacen.

Peña puede ser un buen presidente, y hay que aceptar esa idea. Si los seguidores del PAN anclan su discurso en el “terrible” pasado priista para descalificar a Peña, fracasarán. En todo caso, la campaña de Josefina más bien tendría que incluir un mensaje cien veces más aspiracional que el de Peña, si quiere superarlo.

 

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