Candidato a dictador

Pablo Hiriart

Para quienes le han dado el beneficio de la duda a López Obrador, ahí está su discurso en el IFE del pasado jueves para sacarlos del error. Es el mismo de siempre.
 
 
A los consejeros del instituto que se encontraban presentes les dijo: “Espero que no se repita lo que sucedió en 2006, que no se vuelvan a pisotear los derechos de los ciudadanos, que se respete la voluntad del pueblo”.
 
 
No ha cambiado un ápice. Es el mismo de hace uno, tres, seis, nueve, quince y 21 años.
 
 
Si alguien no respetó la voluntad popular en las elecciones de 2006 fue él.
 
 
Nunca pudo probar uno solo de sus dichos, que fue cambiando y acomodando hasta armar una falacia: el fraude de 2006.
 
 
Esa noche del dos de julio dijo que tenía una encuesta que le daba el triunfo por 10 por ciento de los votos.
 
 
Tal encuesta nunca existió.
 
 
Cristina Covarrubias, su encuestadora, ha aclarado que ella no le dio tal resultado. Que le informó que de acuerdo al PREP “vamos perdiendo”. Esa noche del dos de julio de 2006 se proclamó triunfador “por una diferencia de 500 mil votos”.
 
 
¿De dónde sacó esa cifra de medio millón de votos? La inventó. Todo fue una mentira.
 
 
Culpó a los representantes de su coalición en las casillas de haberse vendido para permitir un fraude.
 
 
Luego arremetió contra el IFE sin datos ni pruebas. Pura falsedad. Y ahora se presenta en el instituto, cual patrón perdonavidas, con el discurso de que “no se vuelva a repetir lo que sucedió en 2006”. Ahí está el que dice que ha cambiado. En los spots de televisión que comienzan a fin de mes ofrecerá disculpas a los que agravió con sus protestas post-electorales en 2006.
 
 
Se disculpa porque así se lo recomiendan sus publicistas. Es un ardid de campaña.
 
 
Su verdad ya la ha repetido hasta el cansancio, aderezada de ofensas y acusaciones. La refrendó al momento de inscribirse, el jueves, como candidato presidencial.
 
 
En efecto, que no se repita la historia del 2006. Que reconozca a quien gane. Que respete las reglas del juego. Que, si pierde, no boicotee la voluntad mayoritaria de la población.
 
 
Pero lo anterior no va a ocurrir, porque nunca ha reconocido el triunfo de un adversario. Jamás.
 
 
Ahí mismo, en el patio del IFE, el jueves, violó la ley electoral con un discurso en el que hizo promesas de campaña y la exposición de su programa de gobierno resumido en diez puntos.
 
 
Que se entienda de una vez: López Obrador no respeta las leyes. No las respeta como candidato ni las respetará como gobernante si es que gana.
 
 
Para él no hay más ley que su palabra. Así son los dictadores. Y aquí tenemos un aspirante a serlo.

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