Obama se burla de sus críticos mientras los precios de la gasolina suben

ESTADOS UNIDOS: POR MIKE BROWNFIELD

Al manejar por las serpenteantes autopistas de Estados Unidos, desde California a la isla de Nueva York, hay una realidad ineludible: los precios del combustible siguen subiendo sin fin a la vista…
 
 Al manejar por las serpenteantes autopistas de Estados Unidos, desde California a la isla de Nueva York, hay una realidad ineludible: los precios del combustible siguen subiendo sin fin a la vista. Pero, en lugar de tomar medidas para dar un respiro al pueblo americano, la Administración Obama anda felicitándose por un trabajo bien hecho mientras que se burla de aquellos que están pidiendo una política energética de sentido común.

Esta semana se vio el precio medio del combustible más alto que se recuerda en marzo: unos enormes $3.87 por galón. Eso es una subida de 4 centavos desde hace una semana, y 30 centavos más que el año pasado. En la costa oeste, ha llegado a $4.23 el galón, pero no importa adonde vaya por Estados Unidos, pues sentirá la misma quemazón.

Gasolina en Estados UnidosMientras tanto, el presidente todavía está proclamando su estrategia energética, que ayer destacó en una visita las instalaciones de Copper Mountain Solar 1 en Boulder City, Nevada. Anticipándose a las obvias críticas (que su financiación de la planta solar de Solyndra ha fracasado, costándole $535 millones al contribuyente americano), el presidente se burló de aquellos que cuestionan sus ideas, al decir que “carecen de imaginación” y recurrió a las ofensas para desviar las legítimas preocupaciones acerca de la viabilidad de su utopía verde y del hecho de que no ha producido los empleos que él prometió:

“Un miembro del Congreso al que mantendré en el anonimato llamó a estos empleos “falsos”, los llamó falsos empleos. Quiero decir, piensen en esa mentalidad, esa actitud que dice que porque algo es nuevo, debe ser irreal. Si estos tipos hubieran vivido en el tiempo en el que Colón zarpó, habrían sido miembros fundadores de la Sociedad Tierra Plana”.

Pero como el experto de la Fundación Heritage Nick Loris señala, aquellos que critican las acciones políticas del presidente no se oponen a nuevas ideas. El historial de la administración malgastando miles de millones de dólares del contribuyente para, de algún modo, llevar a Estados Unidos a una transición hacia una nueva economía energética no ha producido unos resultados como para ganarse nuestra confianza. El dinero del pueblo americano está siendo usado para compensar inversiones del sector privado y sostener artificialmente industrias hasta que se vayan a la quiebra, como Solyndra, Beacon, Ener1, Abound, etc. Los consumidores sólo adoptarán tecnologías como la solar, la eólica y los biocombustibles cuando sean asequibles y fiables.

Mientras el presidente está de viaje por el Oeste americano vendiendo su gasto y sus subidas de impuestos, aquí en Washington su secretario de Energía, Steven Chu, anda autofelicitándose por un trabajo bien hecho. Esta semana, en su declaración ante el Congreso, a Chu se le preguntó si se daría a sí mismo un “muy bien” en el control del costo de la gasolina. ¿Cuál fue su respuesta?: “Diría que me daría a mí mismo algo más en esa materia; desde que soy secretario de Energía he estado haciendo todo lo que puedo para conseguir soluciones a largo plazo”. Para que quede constancia, este es el mismo Steven Chu que dijo “De algún modo necesitamos ingeniárnosla para subir los precios de la gasolina en Estados Unidos a los niveles de Europa” (que normalmente están por encima de los $8 por galón). Quizás en ese contexto, él se merezca un “excelente”.

El analista de la Fundación Heritage Rob Bluey informa de que “la administración Obama está supervisando un acusado descenso en la producción de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) en terrenos federales, que acaban de marcar su nivel más bajo en nueve años”. Esas acciones incluyen retirar las áreas ofrecidas a 77 arriendos usufructuarios de perforaciones petrolíferas y de gas en Utah, cancelar las ventas de esos arriendos en el Golfo de México occidental y en la costa atlántica, retrasar la exploración en el mar de Alaska, mantener vedadas otras áreas ricas en recursos, finalizar las normativas que establecen más obstáculos a la producción de petróleo y de gas natural en terrenos federales del litoral y retirar 61 arriendos más en Montana como parte de un acuerdo compensatorio de una demanda sobre el cambio climático.

Y luego está el asunto del oleoducto Keystone  XL, que transportaría 830,000 barriles de petróleo al día desde Alberta, Canadá, hasta las refinerías de la costa del Golfo. Cuando se dio la oportunidad de aprobar el proyecto, el presidente Obama enseguida dijo “no”.

Sin embargo, ahora él está tratando de sacar provecho de una manera u otra y se espera que anuncie planes para acelerar la parte sur del oleoducto. Pero esto es todo de cara a la galería, ya que su anuncio no cambiará nada. TransCanada comentó a Bloomberg News que el anuncio del presidente no afectará en absoluto a su calendario, en el que la construcción de la parte sur ya está programada para que comience en junio.

Si el presidente apoyase verdaderamente el proyecto, no habría cabildeado personalmente con los demócratas en el Senado hace dos semanas para votar contra una enmienda que habría autorizado la construcción del oleoducto al completo. Ahora no puede decir que esté agilizando nada. El presidente Obama simplemente está poniendo retórica política sobre la acción política inteligente para apaciguar a sus bases ambientalistas y simultáneamente elevar sus hundidas encuestas electorales.

Según Gallup, los que están siguiendo el asunto están a favor del oleoducto por un margen porcentual de 78 a 22. E incluso incluyendo a aquellos que no están siguiendo el asunto de cerca, el oleoducto todavía tiene el apoyo del 57% de la nación.

El presidente Obama usa un lenguaje del tipo “sí a todo”, pero sus acciones son muy reveladoras. Más que darse a sí mismos un “excelente” por los precios del combustible y burlarse de sus oponentes, la administración Obama debería acelerar inmediatamente los procesos de permisos y arriendos, eliminar los riesgos de litigios, reformar los regímenes reguladores punitivos y dejar de botar miles de millones en dinero del contribuyente en compañías quebradas como Solyndra y encima llamarlo solución.

 

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